Valladolid ’13 – Capítulo II: Cena de ensueño en Bodegas Yllera (día 1)

Empezamos los relatos de este inolvidable viaje a Valladolid, en el que pudimos conocer la parte más enológica y gastronómica de la provincia gracias a la invitación de la Sociedad Mixta para la Promoción del Turismo de Valladolid y la Oficina de Enoturismo. Ambos organismos confiaron en nosotros y nos otorgaron una plaza en el blogtrip #saboreavalladolid, en el cual, junto a tres blogs más de viajes (En el Camino con MoonflowerMiguel en Ruta y El Rincón de Sele), confirmamos nuestras sospechas sobre Valladolid: ¡Vaya pasada! Uno de los sitios más diversos, versátiles y desconocidos de España, pese a estar a una hora en tren desde Madrid. Pero no adelantemos acontecimientos, ya iremos descubriendo poco a poco las bondades y los encantos vallisoletanos. Vayamos al principio.

Estábamos convocados en Valladolid a las 20:30, por lo que tomamos un tren Alvia a eso de las seis de la tarde. Son vagones modernos y cómodos, por lo que la horita de trayecto no se hizo pesada en absoluto. Además, íbamos pensando en la cantidad de sorpresas que nos esperaban en las próximas 48 horas…

Llegamos un poquito más tarde de las siete a la Estación de Valladolid-Campo Grande, donde nos estaba esperando Alex (uno de los responsables de que todo funcionase en el blogtrip, al cual ya habíamos conocido en FITUR 2013). En su coche nos trasladamos al Hotel AC Palacio de Santa Ana, uno de los más prestigiosos establecimientos hoteleros de la ciudad.

Ya hablaremos largo y tendido sobre él en su correspondiente artículo, pero de momento hay que decir que se trata de un antiguo Monasterio del siglo XVIII. Pertenecía a la Orden de San Jerónimo y todavía conserva muchos elementos propios de la vida monacal (como el claustro). Una pasada, pero apenas tuvimos tiempo de dejar las maletas en la habitación y saludar a nuestros compañeros de viaje.

 

Al poquito rato de estar allí nos montamos en un autobús de Grandoure (la compañía encargada de trasladarnos de un sitio a otro en este viaje) rumbo a Bodegas Yllera.

BODEGAS YLLERA

No podíamos empezar mejor, pues el cuartel general de Bodegas Yllera es uno de esos lugares que hay que visitar sí o sí estando en la provincia de Valladolid. Está en la localidad de Rueda, uno de esos pueblos cuyo nombre es sinónimo de vino. A través de sus gigantes instalaciones es posible conocer todo el proceso de elaboración del caldo de los dioses, bien sea a través de una visita guiada (7€ por persona, incluyendo degustación de vinos y tapa) o de visita + comida (entre 40€ y 55€ por persona). Ahora os hablaremos más de todo esto.

 

Lo primero que hay que decir es que la mayor parte de la visita guiada es bajo tierra. ¿Bajo tierra? Sí, tal cual: en Rueda, como en muchos otros puntos de Valladolid, tradicionalmente se elaboraba y almacenaba el vino en bodegas subterráneas. Poco a poco fueron cayendo en el olvido, pero, desde hace algunas décadas, el Grupo Yllera ha ido comprando, uniendo y poniendo en valor dichas bodegas bajo tierra. Al final se ha creado una ciudad subterránea, un enorme laberinto en el que sería muy fácil perderse si no se va bien acompañados.

Precisamente, la visita a Bodegas Yllera se plantea como un homenaje a la mitología de la Antigua Grecia. El protagonista de este viaje al pasado es El Hilo de Ariadna, uno de los elementos más reconocibles del mito del Minotauro. En él, la cretense Ariadna (hija de Minos y Pasífae) le entregaba a Teseo un ovillo para que pudiese entrar al laberinto en el que estaba el Minotauro, matarlo y encontrar el camino de vuelta gracias al hilo.

Siguiendo esa historia, en El Hilo de Ariadna de Bodegas Yllera se recorren diez grandes salas, a través de las cuales se va narrando el mito: el mar Mediterráneo, Dédalo, la isla de Naxos… Y, por supuesto, vino. Cada estancia vincula un tipo de vino a un pasaje del mito: por ejemplo, en la estancia de Ícaro los protagonistas son los rosados, en alusión a su atrevimiento y desparpajo.

Interesante, ¿verdad? Nosotros somos historiadores, por lo que os podéis imaginar lo mucho que nos gustó esta visita. Sin embargo, más nos gustó descubrir los entresijos de un auténtico gigante del vino a través de uno de sus principales responsables: tuvimos el honor de ser acompañados por Carlos Yllera, Director General de la compañía. Gracias a eso pudimos conocer un montón de anécdotas sobre la historia de Yllera, tanto de grandes sucesos (por ejemplo, el incendio que arrasó por completo las instalaciones en 1998) como de pequeñas cosas (mención aparte merece una estatua del Minotauro, que la pobre ha sido descabezada).

 

Hasta el último detalle ha sido cuidado, mezclando perfectamente todo lo relacionado estrictamente con el vino (barricas, botellas de añadas anteriores, útiles tradicionales para su elaboración…) y las referencias a la mitología clásica. Casi en cada rincón hay murales y objetos que hacen que el visitante se meta de lleno en el relato.

No nos vamos a ponernos aquí a dar una clase de enología, pero desde luego que aprendimos mucho en el recorrido por las profundidades de Bodegas Yllera. ¿Sabíais que las bodegas se ventilan a través de unos conductos verticales que dan a la superficie y que se llaman zarceras? ¿O que para que el vino se conserve en perfecto estado lo más importante es una temperatura estable? Si queréis saber más cosas, ya sabéis donde tenéis que ir.

La labor de recuperación y puesta en valor de todo este entramado de bodegas subterráneas tiene un componente arqueológico. Como todo buen yacimiento, El Hilo de Ariadna está en constante expansión, y seguro que dentro de unos años hay muchas más salas abiertas. De hecho, Carlos Yllera nos llevó por algunos espacios que aun no han sido abiertos al público. ¡Qué pasada! No os podéis imaginar la cantidad de posibilidades que tiene un lugar como este.

Y aquí va la fotito que nos hicimos todos al terminar la visita guiada. Una experiencia inolvidable y un genial punto de partida para el #saboreavalladolid.

Pero no acabó aquí la cosa, pues rematamos la noche con una deliciosa cena en un comedor mudéjar precioso. Al principio empezamos todos muy calladitos, pero la buena comida y el buen vino ayudaron a que se nos soltara la lengua. Hablamos de muchas cosas, aunque, como os podéis imaginar, los viajes fueron trending topic.

El menú (el mismo que podéis probar si hacéis visita + comida) empezó con unos embutidos ibéricos y una deliciosa sopa de ajo. Son dos propuestas muy sencillas, fáciles de hacer, pero que a nosotros nos encantan.

 

El plato estrella fue una auténtica montaña de chuletillas de lechazo a la brasa. Para ser justos, fueron varias montañas, pues era ya bastante tarde y todos teníamos mucha hambre. ¡Estaban riquísimas!

No hace falta decir que, estando donde estábamos, el vino también fue el protagonista de esa deliciosa cena. Probamos varios caldos, pero queremos destacar dos especialmente: el Yllera 30 aniversario y el Yllera 5.5. El primero es un tempranillo delicioso, un vino perfecto para cualquier ocasión. Por su parte, el segundo es un verdejo frizzante, un verdejo fácil de beber y que gustó sobretodo a los que habitualmente no beben vino.

 

Tras la cena pusimos rumbo a Valladolid, no sin antes agradecerle personalmente a Carlos Yllera y a todo su equipo lo bien que nos habían tratado. Lo habíamos pasado genial y la cena fue inolvidable, pero, por si eso fuera poco, nos regaló a todos una botella de Yllera “Autor” 2008. Vamos, que salimos de allí con una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando llegamos al hotel no era especialmente tarde, pero al día siguiente teníamos una agenda muy apretada. Total, que la mayor parte del grupo nos fuimos a dormir, aunque hubo unos pocos locos (no desvelaremos su nombre para no arruinar su imagen) que fueron a darlo todo en la noche pucelana. Dicho sea de paso, Valladolid es una ciudad con muuucha vida nocturna, por lo que también es un destino perfecto para salir de fiesta.

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