Teruel ’11 – Capítulo V: Sierra de Albarracín (día 4)

La segunda mitad del viaje empezó con una larga y variada excursión por la Sierra de Albarracín. Habíamos planificado ir a ver un montón de cosas, así que el día empezó como el anterior: madrugando, con un colacao para entrar en calor y ya en la carretera a los pocos minutos de dar las nueve.

Teníamos un folleto con siete rutas por la sierra, así que decidimos mezclar un par de ellas para preparar un itinerario a nuestro gusto. La idea era visitar los principales atractivos alrededor del Puerto de Bronchales y más adelante ir en busca de algunos espacios naturales interesantes.

Teruel 118Así, la primera parada fue en la pequeña localidad de Orihuela del Tremedal. Como conjunto se ha conservado perfectamente, así que una visita al pueblo es un auténtico viaje a hace dos, tres o más siglos. Hay buenos ejemplos de arquitectura civil, destacadas muestras de forja y una iglesia que sobresale por encima de todo.

De hecho, lo primero que hicimos al aparcar el coche fue ir hacia la Iglesia Parroquial de San Millán de la Cogolla. Desde la carretera se aprecia como se alza, majestuosa, en medio del casco histórico. Data de finales del siglo XVIII, fue construida con pretensiones catedralicias y en su interior ofrece unos cuantos retablos interesantes. Esto último nos lo tenemos que creer, ya que, como nos ocurrió a lo largo de todo el día con otros muchos edificios, la iglesia estaba cerrada.

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Teruel 121En cualquier caso, no hace falta entrar a ningún sitio para extraer la esencia de un pueblo. Basta con pasear por sus calles, lo que en Orihuela del Tremedal supone comprobar de primera mano que se trata de un conjunto que parece haberse detenido en el tiempo. Orihuela no parece haber cambiado mucho en los últimos años, por no decir nada.

Teruel 122Todas las calles, de un modo o de otro, llevan a la parte baja del pueblo. Allí lo primero que destaca es la curiosa Fuente del Gallo, símbolo inequívoco de la localidad. Por cierto, es un pueblo muy vivo, pues en el rato que estuvimos por allí nos encontramos con varios comercios abiertos y con unas cuantas señoras por la calle.

Teruel 123Un poco más adelante de la Fuente del Gallo está la Casa Consistorial de Orihuela del Tremedal, del siglo XVI. Fue construida en estilo renacentista, y en su fachada destacan especialmente dos elementos: el escudo del pueblo, tallado con todo tipo de florituras en piedra; y el largo balcón, formado con unas excelentes rejas de forja.

Precisamente de eso queríamos hablaros: en Orihuela del Tremedal hay decenas de ejemplos de rejería, forja y aleros distribuidos por prácticamente todo el pueblo. Este tipo de elementos son muy comunes en toda la sierra de Albarracín, pues a través de ellos se ponía de manifiesto el poder económico de una familia. En los edificios de renombre la forja está asegurada de un modo o de otro, pero hasta las casas más pequeñas suelen ofrecer pequeñas pinceladas de este arte.

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En el mismo término municipal de Orihuela del Tremedal hay un santuario muy destacado, pero para visitarlo hay que coger el coche. Es una ruta muy chula bordeando una carretera serpenteante y ascendiendo por la montaña, desde la cual se pueden contemplar los populares ríos de piedra. Bajo ese nombre se esconden conjuntos de bloques de piedra formados durante las últimas glaciaciones. Hay varios distribuidos por toda la sierra, algunos minúsculos y otros que superan con creces los dos kilómetros. El que veis en las fotos de debajo es el Río de Piedra Berrocal, desde abajo y desde arriba.

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Teruel 129La carretera va a parar al Santuario de la Virgen del Tremedal, que data de mediados del siglo XVIII. En realidad, el templo actual fue rehecho casi por completo en 1880, pues las tropas francesas lo arrasaron durante la Guerra de Independencia y las ruinas fueron abandonadas hasta entonces. Pese a todo hoy en día es un lugar muy interesante.

Teruel 130Llegamos muy pronto, tanto que aún estaba cerrado. Sin embargo, aprovechamos para dar una vuelta por los alrededores, en los que nos encontramos un conjunto de pequeñas capillas. Algunas están en buen estado, tal y como se ve en la foto. Sin embargo, hay muchas casi abandonadas que hoy en día se usan para almacenar escombro.

Aunque era un día gris, de esos que amanecen entre nubes y que poco a poco van despejando, nada impedía comprobar que uno de los principales atractivos del santuario es la preciosa panorámica que ofrece de todo el entorno. Es un lugar privilegiado, tanto que a algún lumbreras se le ha ocurrido poner una antena para teléfonos justo al lado del santuario. Por tanto, las vistas son muy bonitas pero pierden encanto sabiendo que justo detrás hay una de esas horribles antenas.

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Por fin apareció un coche, del cual se bajaron dos señores mayores. No tardaron ni dos minutos en abrirlo todo e invitarnos a pasar, dejándonos recorrer el pequeño santuario a nuestro antojo. No hay que pagar entrada, aunque tratan de venderte lotería de navidad y alguna estampita. Quizá lo más destacado del interior sea la talla románica de la virgen del Tremedal, que supuestamente data del siglo XII. Es más, entorno a ella hay un supuesto milagro, de esos en los que un pastorcito manco encuentra la imagen, recupera su mano y por el mismo precio difunde el suceso para que empiece el culto.

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Tras visitar el santuario seguimos con nuestra ruta, cuya siguiente parada era la Fuente Majada las Vacas. En realidad la fuente tampoco tiene mucho misterio, más bien lo interesante es lo que la rodea: un paisaje de pinos fascinante, de esos en los que la civilización parece una idea utópica; y otro río de piedra, menos llamativo que el que ya habíamos visto pero igualmente representativo de este tipo de formaciones.

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Teruel 136Fue una parada breve, aunque aun así recomendable. Y ya que estamos, queremos hacer una advertencia: ¡Cuidado con el coche! Las carreteras de Teruel, salvo alguna excepción, son de las peores que hemos visto en toda la Península Ibérica. Son estrechas, serpenteantes y, sobretodo, están muy mal cuidadas. Políticos, poneos las pilas que la seguridad vial es un tema muy serio.

Teruel 137Mensajes aparte, lo siguiente que visitamos fue Noguera. Es un pequeñísimo pueblo con una población de… ¡31 habitantes! Vamos, que te encuentras con un señor por la calle y estás viendo a más del 3% del pueblo. Su principal edificio de interés es la Iglesia de San Juan Evangelista, del siglo XVII. Los materiales con los que está realizado el templo -piedra y ladrillo, fundamentalmente- le confieren unos tonos rojizos muy característicos. Teóricamente en su interior hay una talla del siglo XVIII muy interesante, pero como estaba cerrado no lo pudimos ver.

Lo más característico de la iglesia es el calendario que tiene en la fachada principal y, como no podía ser de otra manera, los distintos ejemplos de forja distribuidos en cada una de las ventanas. El pueblo en sí no tiene mucho más que ofrecer, pero aun así la parada estuvo bien.

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Teruel 140Desde ahí pusimos rumbo al siguiente pueblo, Bronchales, a través de una de esas carreteras en las que gusta conducir: vistas excepcionales, curvas y paseo en medio de la naturaleza. Aunque estábamos a primeros de octubre el otoño empezaba a hacer acto de presencia, y poco a poco el verde dejaba paso al marrón en los bosques.

Teruel 141Llegar al centro de Bronchales es fácil, pues la carretera te lleva prácticamente sin quererlo a la Plaza de la Fuente. Desde ahí es fácil recorrer el pueblo a pie, aunque echamos de menos que la Oficina de Turismo estuviese abierta para hacernos con un mapita. Tuvimos que ir a ciegas, y seguro que nos dejamos alguna cosa por ver.

Teruel 142En el casco urbano el edificio más destacado es la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Está hecha con los mismos materiales que los de la iglesia de Noguera, por lo que tiene unos tonos rojizos muy similares. Tampoco pudimos entrar a verla, pues como de costumbre estaba cerrada.

Teruel 143Como no sabíamos muy bien hacia donde tirar, fuimos ascendiendo en busca de una pequeña ermita que se veía en lo alto del pueblo. Ya lo hemos dicho muchas veces: nos encantan las panorámicas y siempre que hay posibilidad de unas buenas vistas intentamos llegar a ellas. A veces hay que pagar la hazaña con unas pocas agujetas, pero siempre merece la pena.

El templo hacia el que estábamos yendo era la Ermita de Santa Bárbara, que pese a ser preciosa se encontraba en un estado malísimo. No podemos hablar de ruina, pero como no se cuide el edificio desaparecerá en muy poco tiempo. Por cierto, junto a él está un pequeño cementerio. Como siempre, aprovechamos para recomendaros visitar los cementerios que os encontréis, pues aunque a mucha gente le da yuyu suelen esconder auténticas obras de arte.

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Teruel 146En cualquier caso, el principal valor de Bronchales -al menos eso nos pareció a nosotros- está en su posición, pues es un auténtico mirador al Valle del Jiloca. De hecho, popularmente se conoce Bronchales como el Balcón de España por sus preciosas vistas. Hay que subir unas pocas cuestas, pero no hacerlo sería una locura.

¿Qué os parece? No nos negaréis que es un sitio espectacular:

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De vuelta a la parte baja del pueblo nos encontramos con algunas otras cosas destacables, como la pequeña Ermita de San Antonio o el Ayuntamiento. Por cierto, Bronchales forma parte del Camino del Cid, y aunque la Oficina de Turismo estaba cerrada conseguimos que nos pusieran el sello en un supermercado. A veces cuesta encontrarlos, pero en cada pueblo suele haber varios puntos de sellado.

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Desde Bronchales volvimos a coger el coche para ir hacia la Sierra Alta, que como su propio nombre indica es uno de los puntos más altos de la Sierra de Albarracín. Desde el pueblo hasta allí hay un par de kilómetros, no más, pero es por una pista forestal y se tarda bastante en llegar.

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Teruel 152Lo que se conoce como Sierra Alta es una especie de mirador en el que hay algún panel informativo, una estación meteorológica y alguna cosilla más. De todos modos, pese a la altura no hay que pensar en algo exigente, pues el coche se deja a poco más de 500 metros de la cumbre. Vamos, que es una escalada con trampa.

Haga falta esfuerzo o no, el caso es que desde la Sierra Alta se pueden divisar, en días claros, las cumbres más altas de nada más y nada menos que siete provincias distintas: Valencia y Castellón, de la Comunidad Valenciana; Zaragoza, Teruel y Soria, de Aragón; y Cuenca y Guadalajara, de Castilla – La Mancha. Otra buena panorámica, y la verdad es que estaba siendo un día muy fructífero en ese sentido.

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Lo que más nos gustó, con diferencia, es que en un árbol encontramos una curiosa caja de metal: “Firma tu escalada”. Al abrirla encontramos un cuaderno junto a varios bolígrafos, en el cual te invitaban a dejar constancia de tu paso por la Sierra Alta. Evidentemente no pudimos resistirnos, y allí plasmamos lo mucho que nos había gustado la subida. Por supuesto, también dejamos la dirección de nuestra web.

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Teruel 157La excursión llevaba ya varias horas en marcha, por lo que hicimos un alto en el camino para reponer fuerzas. Fue en la Fuente del Canto, de donde cogimos agua fresca para acompañar los enormes bocadillos que nos habíamos preparado en el camping por la mañana. Estaba nublado pero la temperatura era buena, así que comimos muy a gusto.

Después de la comida fuimos buscando la parte sur de la sierra de Albarracín, haciendo una primera parada en el pueblo de Griegos -donde lo que hicimos básicamente fue pasear entre un enorme rebaño de ovejas- y otra en Guadalaviar. Ahí si que vimos más cosillas, como la Iglesia de Santiago el Mayor o el pequeño Ayuntamiento.

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Por allí nuestro principal objetivo era el Nacimiento del Río Tajo. Está en el término municipal de Frías de Albarracín, y lo que en realidad visitamos no fue el origen del río sino el famoso Monumento al nacimiento del Río Tajo, formado por una serie de esculturas que personalizan al río y a las tres primeras provincias por las que pasa: Teruel, Cuenca y Guadalajara. Visualmente no es nada espectacular, pero a pesar de todo es uno de los lugares más visitados del entorno.

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Teruel 163Aunque estamos hablando de un río enorme, el más grande de la Península Ibérica con más de 1000 kilómetros de longitud (1008 para ser exactos), no hay que esperar un nacimiento enorme o especialmente bonito. En realidad hay un pequeño discurrir de agua que sale de unas piedras… y poquito más.

Teruel 164No nos gustó mucho, por lo que pasamos poquito tiempo por allí y enseguida retomamos la ruta en dirección a Calomarde. Este pequeño pueblo, cuyo nombre no debe confundirse con Calamardo, tiene poco más de 80 habitantes. Sin embargo, esconde un tesoro digno de mención: el Cañón de los Arcos. Está muy bien anunciado, no tiene pérdida.

Lo que no está muy claro es donde se deja el coche, os recomendamos dejarlo al principio para caminar y disfrutar de este paraje natural. Nosotros no vimos nada anunciado y lo dejamos casi frente al río. En cualquier caso, fue una caminata muy agradable… aunque incompleta. Ya estábamos muy cansados y no hicimos el sendero hasta el final, aunque lo que vimos fue suficiente para comprobar que estábamos en un sitio muy bello.

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Por ejemplo, es muy bonita la Presa de los Ahogados, en la que los tonos verdes de la vegetación se funden con los cobrizos de la montaña. Sobretodo nos gustó el sonido del agua, relajante e hipnotizador donde los halla. Como en el resto del viaje no nos topamos con nadie, así que no había ningún ruido ni hordas de guiris quitando encanto al lugar.

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Teruel 169Buena parte del sendero tenía farolas, por lo que suponemos que por las noches la gente del pueblo se dejará caer por aquí para pasear. Queda pendiente para el futuro venir aquí sin luz, pues tiene que ser una experiencia fascinante recorrer el cañón -o parte de él- disfrutando del cielo estrellado, del silencio y del discurrir del agua.

Teruel 170Además del Cañón de los Arcos, Calomarde ofrece más cosas. Probablemente el elemento arquitectónico más destacado de su casco urbano sea la Iglesia de San Pedro Apostol, la cual es imposible no ver si se pasa por el pueblo en coche ya que está en medio de la carretera. ¿Adivináis? Pues si, por supuesto estaba cerrada y no pudimos entrar a verla. En Teruel parece que las iglesias solo se abren para rezar o, en el peor de los casos, para darte un estacazo como nos ocurrió el día anterior en el Mausoleo de los Amantes de Teruel.

Teruel 171También dentro del término municipal de Calomarde, aunque en la otra punta del Cañón de los Arcos, hay otro espacio natural que merece la pena: la Cascada de Calomarde. Es un salto de agua impresionante que se puede contemplar de dos maneras, y que en ambos casos bien merece la pena un desplazamiento a la localidad.

Teruel 172La primera posibilidad es hacer una ruta desde el aparcamiento hasta el nivel del río, para poder contemplar la cascada desde abajo. No es un recorrido muy exigente, pero hay que bajar (y por tanto luego subir) bastantes metros a través de escaleras y terraplenes. Si hubiera sido la primera visita del día seguramente no habríamos tenido problema, pero estábamos ya cansados y costó lo suyo. Aun así el esfuerzo valió la pena, pues pudimos contemplar del bonito salto de agua que veis en la fotografía. Nos recordó bastante al Pozo da Ferida de la Mariña Lucense.

Además, otra cosa buena que tiene bajar hasta el nivel del río es que ofrece la posibilidad de hacer una pequeña ruta siguiendo el cauce del agua. El otoño ya estaba dándolo todo y por tanto disfrutamos de un paraje bucólico y romanticón: hojas secas, tonalidades del marrón más bonito que se pueda imaginar, aves cantando… Una maravilla, recomendable al 100% a cualquier amante de la naturaleza que se precie.

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La segunda opción para contemplar la cascada es más cómoda, ofrece mejor panorámica pero menos cercanía. Básicamente consiste en seguir un pequeño camino desde el aparcamiento hasta un mirador: no son más que cien metros y desde ahí se puede disfrutar del salto de agua. Quizá el ruido sea más impresionante por como rebota el sonido a lo largo del cañón, pero aun así recomendamos no quedarse únicamente con esta posibilidad y bajar también a ver la cascada a pie de río.

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Como os podéis imaginar, a estas alturas estábamos ya cansadísimos. No quedaban muchas horas de sol, así que decidimos volver al camping para darnos una duchita y descansar un poco, que aun quedaban dos días de viaje. Eso sí, como la noche anterior decidimos hacer una parada en la Carnicería Herrero de Albarracín para comprar unas viandas y hacer una barbacoa con la que rematar toda una jornada de excursiones.

Teruel 178En este caso nos hicimos con morcilla, chorizo, salchichas frescas y panceta. Un festín de grasa y sabor propio de los dioses en el que, sin embargo, no disfrutamos tanto como el primero que hicimos: al ser viernes había mucha más gente en el camping y las barbacoas estaban petadísimas. Sin embargo, cenamos como unos marqueses.

Con el estómago lleno solo quedaba una cosa: irse a dormir, que había que recuperar fuerzas. Al día siguiente volveríamos a Teruel para ver Dinópolis, pero eso es una historia que contaremos en el siguiente capítulo.

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