Sur de Benelux ’12 – Capítulo VII: Siguiendo las huellas de la Batalla de Waterloo (día 6)

Vale, el Leuven City Hostel era un alojamiento low cost. De este tipo de sitios no esperamos grandes lujos, ni siquiera un solo lujo. Sin embargo, tampoco hace falta que el recepcionista sea un borde o que el desayuno parezca las sobras de la noche anterior.

BeneluxUna rebanada de pan con mantequilla y mermelada, acompañada de un cacao de máquina, fue todo lo que nos ofrecieron para empezar el día. Menos mal que teníamos batidos y bollos que habíamos comprado en el Carrefour unos días atrás, porque si no hubiéramos tenido que parar en una cafetería a desayunar de verdad. Si alguien nos lee por primera vez pensará que somos unos señoritos, pero nada de eso. Vamos con frecuencia a los albergues más baratos, y nunca hemos encontrado nada tan llevado al extremo del low cost como este sitio. Una caca, y más sabiendo que en la ciudad hay otras alternativas a precio similar.

Para el último día del viaje, solo teníamos el objetivo de seguir los últimos pasos de Napoleón a través de la batalla de Waterloo, uno de los grandes combates de la Historia de Europa. Son varios los puntos de interés que hay repartidos por territorio belga, y aunque es imposible verlos todos en una mañana sí que es factible visitar los más representativos.

WATERLOO

Lo primero que hicimos fue, evidentemente, dejar atrás Lovaina (una ciudad fantástica) e ir con el coche hasta Waterloo. Un poquito antes de llegar a la ciudad, en la carretera se anuncia el Campo de Batalla de Waterloo (Champ de Bataille de Waterloo), al cual nos desviamos. Era muy pronto y llovía, pero aun así el aparcamiento estaba lleno de coches. Igualito que en España, donde un museo histórico nunca pasa de un puñado de visitantes cada día.

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BeneluxEl conjunto está formado por cinco elementos, tres en el Centro de Visitantes (un documental, extractos de una película y el monumento conmemorativo) y dos en sus alrededores (un cuadro enorme que ocupa un edificio entero y el Museo de Cera). Una maravilla para los amantes de la Historia como nosotros, que no imaginábamos un sitio así ni en nuestros mejores sueños frikis.

BeneluxLa entrada conjunta para todo cuesta 6.5€ por persona. Como vais a leer a continuación, es un precio más que razonable en relación con todo lo que se visita. Y es que para una batalla como esta, de semejante magnitud y con tamaño impacto en la evolución histórica del continente, se ha creado un memorial muy ambicioso.

Pero antes de nada… ¡Hablemos de la Batalla de Waterloo! Tras la derrota de 1814 y el obligado exilio a la Isla de Elba, Napoleón Bonaparte consiguió escapar y regresar a París. Allí reorganizó un ejército de casi 200.000 hombres, con el cual buscaba retomar el control del continente. El resto de potencias europeas no quisieron permitirlo, por lo que formaron otro gran ejército. Unos y otros se enfrentaron en la Batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815, el combate definitivo entre Napoleón por parte del Imperio Francés y el Duque de Wellington, junto al Mariscal Gebhard Leberecht von Blücher, por parte de la coalición. El resultado fue una terrible derrota por parte de Napoleón, la última como Emperador.

Más resumido imposible. Esta batalla forma parte de la cultura popular y seguro que todo el mundo la conoce. Si no es así da igual, porque en el Centro de Visitantes se aprende mucho. Una vez se adquiere la entrada se pasa a dos salas de cine. En la primera se proyecta el documental “Waterloo, historia de una batalla”, que en poco más de 20 minutos explica todo lo relacionado con el conflicto y con el lugar que se está visitando. A continuación se visualizan extractos de “Napoleón” de Sergueï Bondartchouk, un superproducción de 1970 en la que se narran los últimos días del Emperador.

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Después de ver las dos películas se pasa a lo que, en nuestra opinión, es lo más impresionante de todo el recinto: la Colina del León (Butte du Lion). Se trata de una montaña artificial erigida en 1826 por tropas holandesas, desde la cual se contempla una magnífica panorámica de todo el campo de batalla. Parece que solo es una montañita, pero lleva su tiempo visitarla entre que se sube, se recupera el aire, se disfruta de las vistas y se baja.

Sus más de 43 metros de altura, en un entorno bastante llano, hacen que sea visible a varios kilómetros de distancia. Para construirlo hicieron falta más de 300.000 metros cúbicos de tierra, lo cual no es poca cosa. Desde su concepción ha sido parte de la cultura popular europea. Incluso hay referencias a la colina en “Los Miserables” de Víctor Hugo.

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El túmulo está coronado por el enorme Monumento del León, bestia heráldica del escudo de armas de la monarquía de Países Bajos. Con casi 30 toneladas de peso, fue elaborado en la cercana ciudad de Lieja. La leyenda dice que el hierro procede de cañones y armas abandonados en el campo de batalla tras el terrible combate. Desconocemos si es cierto o no, pero es una de esas historias que nos gustarían creer ya que le daría mucho más simbolismo al memorial como lugar de encuentro.

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Desde lo alto se puede ver cómo fue el campo de batalla y los principales movimientos de las tropas, gracias a unos paneles explicativos que se han colocado orientados hacia cada lugar de combate. Por cierto, hay un detalle que no debe pasar desapercibido: todos los años se celebra en este sitio una recreación histórica de la batalla, el fin de semana más próximo al 18 de junio. Estábamos a viernes 15, por lo que 24 horas después comenzaría todo. Fue una pena no poder disfrutar del evento, pero como estaban con los últimos preparativos nos cruzamos durante toda la mañana con solados y carros de combate. Por ejemplo, en la foto de abajo a la derecha podéis ver uno de los campamentos.

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Quizá con algo más de sol las vistas hubieran sido mejores, pero aun así no nos podemos quejar. Cuando ya exploramos la cima al máximo, bajamos de la Colina del León y pasamos al siguiente edificio: el Panorama.

BeneluxSe trata de un fresco circular de grandes dimensiones en el que se han recreado las cargas más significativas de la caballería francesa. Es un edificio creado específicamente para albergar esa obra de arte multimedia (ya que, además de la pintura, incluye objetos y sonidos), por lo que el resultado no podría ser más fascinante.

Entrar al Panorama supone retroceder hasta el 18 de junio de 1815 y verse en medio de la batalla. A un lado y a otro los 200.000 soldados de siete potencias distintas se enfrentan a muerte por cambiar el destino de Europa. Después del documental, de la película y de la subida a la Colina del León, hasta el último soldadito del fresco tenía un significado especial. Pasamos fácilmente un cuarto de hora dando vueltas por el fresco, abrumados por el estruendo de los sonidos de los cañones y reflexionando sobre todo lo que sabíamos sobre la Batalla de Waterloo. Pese a que hemos estudiado ese tema en la licenciatura cien veces, nunca lo habíamos visto de una manera tan directa y explicativa. De verdad, merece la pena.

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BeneluxEl broche de oro a todo el conjunto lo pone el Museo de Cera (Musée de Cire) que está al otro lado de la carretera. ¡Cuidadín al cruzar la carretera, que los coches van rápido! Es curioso que en este edificio (al igual que en el Panorama) no hay taquillero, sino que se accede pulsando un código (que te dan con la entrada) en un abridor automático.

El Museo de Cera está dividido en dos zonas. En una se puede ver al bando francés preparando la batalla la noche anterior, con Napoleón y su séquito haciendo cábalas sobre su hipotética victoria. En la otra están los que finalmente resultaron vencedores, los británicos dirigidos por Wellington y los prusianos con Blücher al mando. También hay algunas vitrinas con objetos personales de los soldados que participaron en el combate, aunque muy poquitas. Se echa en falta un museo convencional dentro del conjunto.

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Tras casi dos horas, nuestras ideas sobre Napoleón y la Batalla de Waterloo habían cambiado por completo. Es una visita imprescindible para cualquier persona que visite Europa, pues solo mediante este conflicto y sus repercusiones se entiende la situación actual del continente.

BeneluxAunque fue bastante pintoresco hacer el recorrido rodeado de personas vestidas de época, también tuvo un lado negativo. Normalmente se hace un tour en un todoterreno por el campo de batalla, pero en los días previos a la recreación histórica se eliminan esas visitas por motivos de seguridad. Una pena, pero a la vez una excusa para volver algún día.

Nuestro itinerario siguiendo los últimos pasos de Napoleón no terminaron en el Campo de Batalla de Waterloo, sino que fuimos también a la propia ciudad. Allí nos esperaban más atractivos para seguir llenando esta mañana histórica de buenos recuerdos. Dejamos el coche en el aparcamiento de un centro comercial, muy cerquita de lo que queríamos ver.

BeneluxLo primero que hicimos fue visitar el Museo Wellington (Musée Wellington), ubicado en una antigua estación de carruajes que fue requisada por el Duque de Wellington para pasar las noches del 17 (víspera de la batalla) y del 18 de junio de 1815 (ya como triunfador). Cuesta 4€ por persona y, aunque es chiquitito, merece la pena.

Evidentemente, el protagonismo absoluto es para las vivencias del Duque de Wellington en el edificio: la preparación de la batalla, su relación con su séquito, el despacho en el que escribió el Parte de Victoria… Sin embargo, también hay muchas salas que podrían ser parte de un museo de artes decorativas, pues ofrecen mobiliario original y reproducciones de cómo estaría todo en 1815. La pieza estrella es La Suffisante, un cañó fabricado en Francia que fue abandonado en el campo de batalla. El recorrido no tiene ningún panel explicativo, pero sí una completa audioguía en castellano (incluida en el precio) que en poco menos de una hora hace un repaso por todas las estancias del edificio.

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Justo enfrente, al otro lado de la carretera, está la Iglesia de San José (Église Saint-Joseph de Waterloo), en la que destaca fundamentalmente la Capilla Real (Chapelle Royale). El edificio no es especialmente llamativo, pero era un complemento perfecto al recorrido que estábamos haciendo ya que su interior está plagado de lápidas, estatuas y placas conmemorativas en honor de los regimientos que participaron en la batalla, dejándose en el combate miles de soldados fallecidos.

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BeneluxAdemás, justo al lado está la Oficina de Turismo, ubicada en una bonita casa del siglo XIX. Aunque ya casi era la hora de comer y apenas teníamos tiempo, decidimos entrar por si nos estábamos dejando algo importante por el camino. Nos dieron un par de mapas y descubrimos cual sería nuestra siguiente parada: el último cuartel general de Napoleón.

Antes de eso, hicimos una doble parada técnica. La primera fue en un Carrefour, para comprar quesos y chocolates belgas que llevar a nuestros padres como souvenirs. La segunda, en un establecimiento de las afueras de Waterloo, perteneciente a la cadena Quick, muy extendida por Francia y Bélgica. Dos menús y unos nuggets costaron, en total, 15€. Estaba todo bueno, pero con demasiada mostaza. Nos quedamos con las hamburguesas de McDonalds.

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El tiempo se nos echaba encima, pues aunque el vuelo salía a las 18:25 aún nos quedaba ir hasta el aeropuerto y devolver el coche. Además, antes debíamos hacer una parada.

BeneluxY es que, aunque costó encontrarlo (en este caso el GPS no se portó demasiado bien), no queríamos irnos de allí sin visitar el Último Cuartel General de Napoleón (Dernier Quartier Général de Napoléon). Fue instalado en la Granja Caillou, requisada por el Emperador para pasar allí la noche del 17 de junio de 1815, víspera de la batalla final.

Cuesta 3€ por persona, y a lo largo de sus cinco salas se muestran todo tipo de objetos relacionados con el ejército francés: uniformes, condecoraciones, armas… Lo que más nos gustó fue la sala en la que Napoleón y su séquito prepararon la Batalla de Waterloo, que se ha reproducido hasta el último detalle. Para darle a todo más realismo, mientras hacíamos la visita nos topamos con varios figurantes vestidos de época, que estaban aprovechando su participación en la recreación histórica del día siguiente para conocer a fondo esos lugares.

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Lamentablemente, con esa breve parada se terminaba nuestro viaje. Solo quedaba ir al aeropuerto (media horita), devolver el coche y hacer los típicos trámites de avión (incluyendo que la policía le abriese la maleta a Edu). Estábamos muy cansados y al día siguiente teníamos que trabajar, pero la experiencia había sido inolvidable.

VUELTA A CASA TRAS NUESTRO PRIMER “ROAD TOUR”: CONCLUSIONES FINALES

Volver a casa tras un viaje siempre da pena, eso es inevitable. Pero en este caso, las vivencias acumuladas habían sido tantas que dieron para ir hablando todo el trayecto de vuelta a Madrid.

BeneluxEl vuelo con Ryanair fue de lo más tranquilo, por lo que pudimos reflexionar sobre este viaje. Ha sido distinto, ya que por primera vez hemos alquilado un coche nosotros solos y nos hemos movido con total libertad. No es que tuviéramos miedo, pero sí respeto ante algunas posibles situaciones como perdernos o que nos costase mucho aparcar.

Al final, nos reímos de todas esas cosas. La experiencia no ha podido ser mejor, y desde el día en que volvimos a casa no hemos dejado de soñar con un nuevo viaje en el que alquilemos un coche y podamos abarcar cientos de kilómetros sin depender de horarios de trenes o autobuses.

BeneluxNunca olvidaremos este viaje. Ha supuesto un antes y un después en nuestra forma de viajar y de pensar. También vemos con otros ojos a Europa, el continente al que supuestamente pertenece España. Es un lugar fascinante, con costumbres tan diversas como sus decenas de países. Por mucho que viajemos, nos moriremos sin conocerlo bien.

En definitiva, esperamos haber podido transmitiros con este diario de viaje todas las vivencias que depararon estos seis días recorriendo el sur del Benelux y parte del oeste de Alemania. ¡Ah! Y, cómo no, también deseamos que hayáis disfrutado leyendo esto tanto como nosotros preparando el viaje, haciéndolo y luego recopilando todo para contarlo. Nos vemos en el siguiente.

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3 pensamientos en “Sur de Benelux ’12 – Capítulo VII: Siguiendo las huellas de la Batalla de Waterloo (día 6)

  1. Pingback: Oeste de Francia ’13 – Capítulo X: Poitiers, Vouneuil-sur-Vienne y Chauvigny (día 9) | www.eduyeriviajes.com

  2. Hola:

    Preparango mi viaje a Bélgica, me estoy leyendo el vuestro, y estoy sacando algunos datos.

    Me intresaría saber cuanto tiempo recomendais para la visita de WATERLOO, incluyendo los documentales, la colina y el panorama (del museo de cera podríamos prescindir); vosotros creo que estuvisteis toda la mañana. ¿Se podría hacer más o menos en unas 3 horas? por ejemplo.

    Un saludo pareja.

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