Sur de Benelux ’12 – Capítulo VI: Maastricht, Lieja y Lovaina (día 5)

Despertar en un barco es una experiencia muy curiosa: todo se mueve suavemente, hay cisnes a unos metros de tu habitación, hace fresquito… Nos gustó mucho, tanto que no pudimos evitar abandonar nuestra habitación y salir a recorrer la cubierta para curiosear un poco. Nuestra reserva no incluía desayuno, pero habíamos estado previsores y el día en que fuimos al Carrefour compramos bollos y batidos de chocolate, los cuales nos zampamos en nuestro propio camarote. ¿Se os ocurre una manera más chula de empezar el día?

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Hicimos el checkout en el botel, dejamos las maletas en el coche y nos dispusimos a pasar la mañana entera recorriendo Maastricht, un sitio constantemente citado en los telediarios y del cual habíamos oído maravillas por parte de otros viajeros.

MAASTRICHT

Maastricht es la capital de Limburgo, la provincia más sureña de Países Bajos. Tradicionalmente se ha disputado con Nimega el honor de ser la ciudad más antigua del país, debate en el que no vamos a entrar porque no queremos ganarnos enemigos. Lo que sí podemos decir es que en ella se firmó, en 1992, el Tratado de creación de la Unión Europea. Todavía no conocemos el resto de Países Bajos, pero por lo visto es una ciudad muy distinta al resto. Es muy turística, aunque queda muy a desmano si se está en lugares como Ámsterdam o La Haya, por lo era una ocasión perfecta para visitarla aprovechando que estábamos por la zona.

BeneluxEntramos al casco histórico a través de la Graanmarkt, una bonita plaza justo a la entrada del recinto amurallado. Aunque era bastante temprano, en seguida pudimos comprobar que Maastricht es una ciudad llena de vida: viajeros de todos los países, gente con la bici de un lado a otro, los dueños de los comercios abriéndolo todo…

BeneluxEn seguida sobresalió, por encima del resto de edificios, la figura de la que iba a ser nuestra primera parada: la Basílica de Nuestra Señora (en el complicado idioma neerlandés, Basiliek van Onze-Lieve-Vrouw-Tenhemelopneming). Se trata de un templo de estilo románico, sin origen claro pero con la mayor parte erigida en el siglo XII.

Su principal seña de identidad es el westwerk, una característica fachada monumental que siempre se orienta al oeste, y que está rematada por dos iglesias. A nosotros nos resultó extrañísima, ya que en el sur de Europa no hay nada parecido, pero en la zona central (Alemania, Suiza, Austria) son relativamente fáciles de ver. El interior tampoco es que difiera demasiado de otras cosas que ya hemos visto antes.

Justo cuando estábamos haciendo las fotos, apareció de la nada el simpático recepcionista de nuestro botel. Estuvimos hablando un rato con él y nos explicó que en la ciudad hay mucha rivalidad entre este templo y el de San Servando por ver cual es el más importante.

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Tras la visita a la basílica, empezamos a recorrer las estrechas callejuelas de Maastricht. A pesar de ser calles en las que apenas pega el sol, nos gustó mucho y nos pareció un sitio con mucho encanto. En realidad, el paseo iba encaminado a la Oficina de Turismo, donde nos hicimos con un plano (aunque de gratis nada, tuvimos que apoquinar 1.50€). De todos modos lo necesitábamos, puesto que solo llevábamos una fotocopia que no se veía muy bien.

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Mapa en mano pudimos orientarnos mejor, y rápidamente nos dirigimos a la Plaza del Mercado (Markt), en la cual se encuentra el bonito Ayuntamiento de Maastricht (Stadhuis van Maastricht). Fue construido en el siglo XVI por el arquitecto Pieter Post, siendo una de sus obras más destacadas. Se encuentra, como ya hemos dicho, en la enorme plaza en la que antaño se celebraba un mercado periférico. Hoy en día es una zona muy céntrica, y ha cambiado recientemente ya que en el siglo XX una obra (la del Puente de la Wilhelmina, que cruza el río Maas) hizo que se demolieran muchos edificios para adecuarse al tráfico.

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Desde la plaza se llega en poquito tiempo a muchos edificios chulos. Uno de ellos es la Iglesia de San Matías (Sint-Matthiaskerk), un mazacote que nos encontramos cerrado. Fue una pena, pues por lo visto alberga un órgano impresionante en su interior. A un par de calles está la Sinagoga, de 1840, que puede pasar desapercibida ya que solo un par de elementos de la fachada indican que se trata de un templo judío.

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BeneluxUna de las construcción más interesantes de Maastricht es la Iglesia de los Dominicos (Dominicanenkerk). Se trata de un pequeño templo ubicado cerca de la Plaza Vrijthof, construido por la Orden de Predicadores en el siglo XIII. A nivel artístico se pueden destacar unos bonitos frescos con escenas de la vida de Santo Tomás de Aquino.

Sin embargo, lo realmente llamativo es que tras unas excavaciones arqueológicas a comienzos del siglo XXI la función de la iglesia cambió para siempre, pues se convirtió en una enorme librería. Ocupa la nave central y algunas capillas con estanterías, mientras que el ábside es un pequeño café. Es una de las librerías más bonitas que hemos visto nunca, y como aficionados a la lectura que somos no pudimos evitar pasar un buen rato curioseando entre montañas de libros.

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BeneluxY ya si, en la Plaza Vrijthof, se encuentra un conglomerado de edificios de gran importancia: la Basílica de San Servando (Sint-Servaasbasiliek), la Iglesia de San Juan (Sint Janskerk) y la Prisión Militar (Military Guard House). La rivalidad entre San Servatius y Nuestra Señora está justificada, pues son dos templos maravillosos.

Al estar todo tan juntito se forma una especie de manzana histórica, alrededor de la cual es una delicia pasear. En ocasiones es difícil saber donde empieza una construcción y donde acaba la otra, pero precisamente ahí está el encanto. Determinados elementos sobresalen por encima del resto, como el westwerk de San Servando o la torre de color rojo de San Juan (no siempre fue así, en tiempos fue blanca e incluso amarilla).

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De todo el conjunto solo pudimos entrar a la Basílica de San Servando, ya que en el otro templo había un entierro y el edificio militar estaba cerrado. Aun así fue una visita muy provechosa, pues es un edificio lleno de posibilidades. Lo primero fue una especie de museo, en el que se muestran tanto el tesoro del templo como los restos de las excavaciones arqueológicas que se han efectuado en él en los últimos años.

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Después pasamos a ver la Capilla de San Servando (Sint Servaaskapel), lugar de enterramiento del santo que da nombre a la basílica. Es un sepulcro muy modesto, pero la capilla es realmente interesante desde un punto de vista artístico. Desde ahí fuimos a ver otras capillas, sobretodo nos resultó interesante una que tenía por suelo un mosaico representando ciudades importantes del cristianismo como Jerusalén o Constantinopla.

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Terminamos el itinerario por San Servando recorriendo su nave central. No responde a ningún estilo concreto, ya que se construyó en diferentes épocas y cada maestro quiso dejar su sello. Lo más destacable es la luz, pues es una iglesia muy luminosa. Precisamente por eso sus órganos (tiene tres) pueden presumir de unos colores muy vivos.

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Continuamos recorriendo el impresionante casco histórico de Maastricht, esta vez sin ir a ningún sitio en concreto sino simplemente dejándonos llevar por sus callejuelas. Eso nos permitió descubrir rincones únicos, destacando especialmente algún pequeño canal y tramos bastante grandes de las antiguas murallas de la ciudad.

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En lo que completábamos una especie de círculo, atravesando buena parte del casco histórico, pasamos por delante de un montón de iglesias. Todas estaban cerradas, pero dan buena cuenta de la gran variedad de cultos: templos luteranos, franciscanos, agustinos…

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No queremos olvidarnos del Molino de Agua histórico (Leeuwenmolen), una joya del siglo XVII que ha conservado su mecanismo prácticamente intacto. A través de un pequeño portal se pueden contemplar sus engranajes, girando al son del agua que atraviesa el canal. Una obra de ingeniería muy común en toda Europa durante los últimos siglos, pero que muchas personas solo han visto en las películas.

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Maastricht se estructura entorno al río, aunque la ciudad es muy distinta en función del lado en el que se esté. En este caso, una vez terminamos con la zona histórica cruzamos por el Puente de San Servando (Sint Servaasbrug) y cambiamos de margen. Un buen momento para decir que ya estábamos a media mañana y que la gente se estaba echando a la calle. Por supuesto, como en muchas otras ciudades europeas, la cantidad de bicicletas es enormemente superior a lo que se suele ver en España.

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Básicamente paseamos por el barrio de Wyck, pues tampoco queríamos que se nos fuese mucho el tiempo ya que a la noche queríamos ver el partido entre España e Irlanda. Aun así, encontramos una zona muy distinta a lo que habíamos visto hasta ahora: un distrito mucho más cosmopolita y moderno. En sí los edificios eran los mismos, pero era una esencia totalmente distinta. Quizá sea difícil de entender si no se ha estado en Maastricht. De todos modos, que nadie espere un sitio futurista, pues también hay sitio para vestigios del primer poblamiento de la ciudad. El mejor ejemplo es el Puerto (Waterpoort) perteneciente al primer recinto amurallado.

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Y como vinimos, nos fuimos: cruzando un puente. Esta vez por el Puente Alto (De Hoeg Brogk), inaugurado en 2003. Es una obra arquitectónica muy vanguardista, firmada por el arquitecto de Lieja René Greisch. Su principal innovación es que no apoya ningún pilar en el río, algo que se quiso hacer para no contribuir más al deterioro de las aguas del Maas.

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Eso es lo que dio de si nuestro itinerario por Maastricht. La verdad es que nos encantó esta ciudad de nombre impronunciable, fue todo un acierto visitarla. Entendemos que queda muy a desmano desde el norte del país, pero nada impide acercarse si se está en Bélgica o en el oeste de Alemania.

LIEJA

BeneluxEn principio ese día solo íbamos a ir a Maastricht y a Lovaina, pero íbamos bien de tiempo decidimos parar en Lieja (Liège). Pillaba de camino y mucha gente nos había dicho que tenía poquito que ver, así que no pudimos resistirnos. Esta parada suponía volver a Bélgica, el país en el que había empezado el viaje. Era un síntoma inequívoco de que la aventura se iba acercando a su final.

BeneluxAparcamos en el Outremeuse, una isla fluvial de gran tamaño en medio del Mosa. Es un barrio perfecto para dejar el coche, pues está a cinco minutos andando del centro y no es zona azul. Además, allí vimos el primer edificio interesante de Lieja: la Iglesia de San Foillán (Église Saint-Pholien). Aunque el edificio original era del siglo XII, en 1910 fue demolida por completo. Eso hace que sea una construcción totalmente nueva, pero que cuente con un patrimonio artístico con varios siglos: tallas de madera, crucifijos, piezas de oro…

Que la isla tenga semejante tamaño no debe sorprender, ya que el Mosa pasa por Lovaina con un enorme caudal. No queremos dejar pasar esta oportunidad para rendir un homenaje a este bonito río, que nos acompañó durante buena parte del viaje: Namur, Dinant, Maastricht y muchas más. En la ciudad de Países Bajos, como hemos dicho al principio de este relato, nos alojamos en un barco atracado en el propio río.

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Entramos en el centro histórico, al otro lado del Mosa, un poco perdidos. Aún no teníamos un plano en nuestro poder, por lo que fuimos moviéndonos siguiendo los carteles turísticos. Eso nos llevó a visitar, casi sin quererlo, iglesias, monumentos y palacios cuyos nombres ha sido difícil encontrar (incluso tuvimos que recorrernos foros de internet). Por ejemplo, abajo a la izquierda está el antiguo Mercado de Carne (Halles aux Viandes), el edificio público más antiguo de Lieja. Ya aparece mencionado en documentación del año 1213, aunque su aspecto actual se debe a una reconstrucción de 1546. Por otro lado, abajo a la derecha está el Ayuntamiento (Stadhuis).

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A donde no resultó difícil llegar fue a la Plaza de San Lamberto (Place Saint-Lambert (Place Saint-Lambert), el auténtico epicentro de Lieja. Este enorme espacio surgió en el corazón de la ciudad a raíz de la demolición de la Catedral de Nuestra Señora y San Lamberto (Cathédrale Notre-Dame-et-Saint-Lambert), en el marco de la Revolución de Lieja (un conflicto a fines del siglo XVIII que puso fin al Principado de Lieja tras más de ocho siglos de existencia). Viendo las representaciones de época, la pérdida de esta catedral fue catastrófica.

Saint LambertSe tardaba de un templo enorme, de una gran belleza. De hecho, si hubiera sobrevivido seguramente hoy sería patrimonio de la humanidad. Sin embargo, en la revolución liejana fue el principal objetivo ya que el templo era el símbolo de poder por antonomasia del Príncipe-Obispo que regía los designios de Lieja. Se creó una “comisión destructiva” y se tardó casi 30 años en acabar la demolición.

Si miramos el lado positivo, hoy ha quedado una plaza enorme desde la que contemplar perfectamente la impresionante fachada del Palacio de los Príncipes-Obispos de Lieja (Palais des Princes-Évêques de Liège). Aunque antaño era la residencia oficial del Príncipe-Obispo, en la actualidad alberga instituciones oficiales como el Palacio de Justicia o dependencias provinciales. Cuando fuimos estaba lleno de carteles anunciando que el Tour de Francia 2012 salía desde Lieja.

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En la plaza hay mucho más que hacer: tiendas, restaurantes, la Oficina de Turismo… De hecho, entramos a esta última -tras dar varias vueltas, porque la señalización no era muy buena- y nos hicimos con un mapa. Con él confirmamos que en Lieja poquito hay que ver, tal y como nos había dicho mucha gente. Lo bueno es que nos quedaba lo más importante, lo cual estaba en la propia Plaza de San Lamberto.

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BeneluxNos referimos al ArqueoForum (Archéoforum), una especie de museo arqueológico subterráneo de lo más interesante. Su acceso puede pasar desapercibido, pero en su interior se esconden grandes maravillas. Se supone que cuesta 3€ entrar, pero se les olvidó cobrarnos… y claro, nosotros tampoco dijimos nada.

Total, que entramos gratis. En el interior del ArqueoForum se pueden visitar los vestigios arqueológicos de distintas épocas: restos romanos, merovingios, carolinos y así hasta llegar a época actual. Quizá el punto fuerte -tanto por significado como por volumen- sea todo lo relacionado con la catedral que fue demolida, pues se conserva buena parte de sus cimientos. Gracias a eso se pueden identificar perfectamente las diferentes estancias del desaparecido templo. La exposición está muy bien montada a nivel de iluminación y recorrido, pero se echa en falta más cartelería. De hecho, entre las excavaciones arqueológicas se ha montado una suerte de exposición sobre arte contemporáneo, de la cual no entendimos absolutamente nada. ¿Sillas con luces de colores en medio de piedras con siglos de antigüedad? Que lo expliquen o que las quiten de ahí.

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Una vez salimos del ArqueoForum, nos despedimos de Lieja. Es cierto que nos habíamos dejado algunas cosas, pero nos interesaba irnos ya y así tener más tiempo para ver Lovaina en condiciones. Habíamos escuchado maravillas de esa ciudad, y encima a las 20:45 empezaba un partido clave de España en la Eurocopa, por lo que teníamos además la tarea de encontrar un buen sitio para ver a nuestra selección.

LOVAINA

Unos ochenta kilómetros separan Lieja de Lovaina (Leuven, Loven, Löwen, Louvain, Lovin o Leive en función de los muchos idiomas de la zona), una de las ciudades más importantes de la provincia del Brabante Flamenco. Cuando se habla de esta localidad en seguida surge su famosa Universidad, pero esta joya belga tiene muchísimo más que ofrecer.

BeneluxEn esta ocasión, nuestro plan era visitar primero la ciudad, luego ir al hostel que habíamos reservado en la propia Lovaina (para dejar las cosas y ducharnos) y, por último, salir a cenar mientras veíamos el fútbol. Empezamos aparcando en un sitio céntrico, pues ya era bastante tarde y teníamos unas ganas de comer importantes.

No buscamos mucho, pues en seguida apareció un pequeño establecimiento de comida rápida. Allí, por 10.6€ entre los dos, nos zampamos unos enormes kebabs hechos en barra de pan, con patatas y bebida incluida. Mientras comíamos preparamos el recorrido para hacer durante la tarde, pues Lovaina es una ciudad en la que si no se hace una pequeña planificación se pueden quedar muchas cosas en el camino. Después de la comida nos quedamos con ganas de dulce, así que nos hicimos con un par de helados (3€ en total) y disfrutamos de ellos sentados en un banquito.

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BeneluxY ya con el estómago lleno nos dirigimos al centro de la ciudad: el Grote Markt. Nos habían contado maravillas del lugar, pero la verdad es que no habíamos visto demasiadas fotografías. Sin embargo, en cuanto vimos el precioso ábside de la iglesia supimos que nos estábamos acercando a algo gordo, muy gordo.

La plaza es preciosa, no hay más que decir. Recuerda en cierto sentido a la Grand Place de Bruselas, aunque la de Lovaina es bastante más abierta. Pese a que el conjunto es espectacular (foto de abajo a la derecha), destacan por encima del resto tres edificios. Quizá el menos importante sea el Tafelrond (significa algo así como Mesa Redonda), el cual está en la foto de abajo a la izquierda. Diseñado por Mathieu de Layends, como prácticamente toda la plaza, se trata de un edificio gótico que en la actualidad es la sede oficial del Banco Nacional de Bélgica (Banque Nationale de Belgique). Lo que más nos gustó fue su enorme número de ventanas en el tejado.

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Hay dos joyas que eclipsan todo lo demás. La primera de ellas es el Ayuntamiento (Stadhuis), otra obra maestra de Mathie de Layens. Es una de las principales producciones del gótico flamígero de Brabante, demostrando que la piedra en unas manos adecuadas se puede modelar como si fuera plastilina. Su fachada posee más de 200 estatuas, que representan a personajes ilustres de Lovaina, pero estas se añadieron posteriormente: el edificio data de 1439, mientras que las figuras no se pusieron hasta 1850. Por lo visto, su interior tiene una sala gótica preciosa, pero cuando llegamos ya había terminado el horario de visitas. Aun así, sigue siendo uno de los edificios más bonitos que hemos visto nunca.

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Justo enfrente está la Iglesia de San Pedro (Sint-Pieterskerk), obra cumbre del gótico flamenco. Aunque la iglesia original era del siglo X, el edificio actual es del siglo XV. ¿Adivináis? Si, es obra de Mathieu de Layens, que también aquí dejó su sello. Destaca por ser Iglesia Magistral, lo que significa que todos sus canónigos son doctores en teología. Solo existen dos templos así en el mundo, este y la Catedral de los Santos Niños Justo y Pastor de Alcalá de Henares. Su interior está estructurado entorno a tres naves, con una decoración muy recargada (sin llegar a ser barroca, pese a tener piezas de ese estilo como el púlpito del siglo XVIII) y con un montón de capillas (la girola tiene trece). Posee una enorme altura, especialmente en la nave central, y pese a lo mucho que la afectaron los bombardeos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, tras unas cuantas restauraciones hoy puede presumir de un aspecto fantástico.

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Aunque el Grote Markt justificaría por si solo una visita a la ciudad, en ella hay mucho más que ver. El mejor ejemplo es el Museo de Lovaina (Museum Leuven), a solo unos pasos de la plaza. Es una pequeña institución en la que se exponen fundamentalmente cuadros y objetos de arte sacro. No es precisamente barato (5€ por cabeza) pero decidimos darnos el capricho ya que apenas habíamos visitado museos en este viaje.

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Además, era el contrapunto perfecto para una ciudad generalmente asociada a la vida Erasmus, la fiesta nocturna y los bares. El elemento más representativo de esa cultura de la diversión es la Oude Markt. Aquí se emplazaba el antiguo mercado de la ciudad, pero en la actualidad se agolpan más de treinta bares distintos. Semejante oferta de alcohol y ocio hace que la plaza sea conocida popularmente como la barra de bar más grande del mundo. Las mesas y las sillas de unos establecimientos se juntan con las de los otros, creando una especie de conurbación en la que todo es posible. Inmediatamente nos pareció el sitio perfecto para ver el partido de España. De hecho, en ese momento se estaba disputando el Croacia-Italia del mismo grupo y los bares se habían repartido entre seguidores croatas, italianos y neutrales. A la noche les enseñaríamos como se anima de verdad.

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Aunque teníamos un mapa con el recorrido marcado, ya no teníamos ninguna prisa y decidimos dejarnos llevar por la curiosidad. Eso nos llevó a conocer un montón de calles chulas, entre las que destacamos todas las que están rodeadas por canales. Mientras que en España apenas se ven, en Europa hay muchísimas ciudades con canalizaciones de agua en mitad del casco histórico, cosa que nos encanta.

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BeneluxQue conste que nuestros paseos sin rumbo, en realidad, siempre acaban pasando por algún sitio interesante. Uno de los sitios con más encanto de la ciudad (y probablemente muy poco frecuentado por turistas) es la Iglesia de Nuestra Señora de los Dominicos (Vrouwekerk). Su particularidad es que está rodeada de calles llenas de árboles en las que nunca pasa nadie, por lo que da gusto rodear por completo el edificio mientras se disfruta del más absoluto silencio. Y es que hasta en ciudades muy ruidosas y fiesteras como Lovaina hay sitio para la tranquilidad.

BeneluxY ahora, junto a esta foto de  la Iglesia de San Pedro vista desde otra fachada, aquí va una anécdota curiosa. Cuando ya estábamos de vuelta hacia la Grote Markt en busca de nuestro coche (habíamos aparcado en un parking subterráneo muy cercano a la plaza), nos paró un chico que era español y que buscaba una calle. Justo llevábamos el mapa y le pudimos ayudar. ¿No es una historia muy potente, verdad? Bueno, hay que retener esta idea en la cabeza y seguir leyendo, pues un par de horas después nos volveríamos a encontrar con él.

Ya que habíamos recorrido la ciudad, solo teníamos un objetivo: ir a nuestro hostel, ducharnos y salir en busca de fútbol. Tras el empate con Italia, el segundo partido de la fase de grupos era importantísimo para España, pues un tropiezo nos podía dejar en muy mala situación.

BeneluxHabíamos reservado en el Leuven City Hostel, un albergue que tenía muy buena pinta pero que resultó ser una auténtica mierda. Si, hemos dicho mierda. No solemos hablar así de un alojamiento, pero este era el low cost llevado al extremo: recepcionista borde, desayuno paupérrimo, wifi inseguro (nos robaron las contraseñas de hotmail…). Vamos, que no es un sitio recomendable en absoluto.

Al menos los baños estaban limpios, así que no tuvimos problema en acicalarnos y ponernos nuestras mejores galas futboleras para enseñarles a los belgas como se anima en un partido de fútbol.

DISFRUTANDO DEL FÚTBOL DE ESPAÑA EN LA BARRA DE BAR MÁS GRANDE DEL MUNDO

Por supuesto, el lugar indicado para disfrutar de un buen partido de fútbol en Lovaina es la Oude Markt. Cuando llegamos quedaba media horita para que empezara el España-Irlanda, así que buscamos un bar que estuviera lleno de españoles. Vimos a un chico con la camiseta de La Roja, le preguntamos… y resultó ser un belga que nos daba apoyo. Los aficionados a España se han multiplicado por todo el mundo desde las victorias en la Euro 2008 y el Mundial 2010.

No nos dio tiempo a buscar más, pues en seguida nos habló un chico que era español. Resultó ser Jesús, el mismo al que le habíamos indicado una calle un par de horas antes. Decidimos ver el partido junto a este simpático salmantino, matemático de profesión y gran aficionado al fútbol. Además, en seguida aparecieron más españoles con los que colonizamos un bar.

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Del partido solo se puede decir que fue una victoria aplastante. Al 4-0 se le sumaron detalles importantes como la reaparición goleadora de Fernando Torres o la magia de David Silva, que ha crecido mucho en la selección española desde que se fue a la Premier League. La Oude Markt entera coreó los goles de nuestro equipo, hasta el punto de que los pobres irlandeses acabaron aplaudiendo a Xavi, Iniesta y compañía.

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Dicho sea de paso, la Oude Markt no solo es un buen sitio para beber, sino también para cenar. Los alrededores están llenos de sitios de comida rápida (kebab, pizza, pasta…) en los que puedes pedir el plato para llevar y zampártelo en la propia mesa del bar, junto con las bebidas.

BeneluxEso fue lo que hicimos, y por 10€ volvimos con dos bandejas enormes de espaguetis a la boloñesa, con pan de ajo de regalo. Ya sabemos que los amantes de las dietas dirán que es una burrada cenar eso, pero se nos había antojado al vérselo a un chico de la mesa de al lado y nos supo a gloria. Fueron baratos, pero estaban riquísimos y eran abundantes.

Ver fútbol en el extranjero siempre es divertido. Es el idioma universal y siempre es fácil encontrar a alguien con quien comentar la jugada. En este caso lo fue más aun, pues estábamos en compañía de Jesús hablamos de todo: las tácticas de Del Bosque, los fichajes de verano, lo que quedaba de Eurocopa… Fue muy divertido. Nos encanta el fútbol.

Tras el partido nos despedimos de Jesús, del resto de españoles y de la Oude Markt. Tocaba irse a dormir, que estábamos cansados tras casi una semana de viaje y al día siguiente teníamos que madrugar para aprovechar nuestras últimas horas en tierras belgas. Pese a todo, fue imposible resistirse a una última visita a la Grote Markt de Lovaina. Verla por la noche es maravilloso, y aunque las fotos no hacen justicia (ya que no somos demasiado expertos con la cámara) nunca se nos va a olvidar lo bonitos que eran los edificios de la plaza iluminados. Una experiencia imperdible.

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Y ahora, a dormir. Nos metimos en la cama con una sonrisa, pues pese a haber sido una jornada agotadora todo había salido a pedir de boca. De hecho, con el paso del tiempo su recuerdo ha ido creciendo y ahora, cuando pensamos en este día, lo recordamos como uno de los más bonitos de nuestra vida viajera.

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