Sur de Benelux ’12 – Capítulo V: Joyas del oeste alemán: Trier, Colonia y Aquisgrán (día 4)

Según nuestras previsiones, en este cuarto día del viaje era en el que más kilómetros teníamos que hacer: aproximadamente unos 300. Por eso madrugamos bastante y a las 7 de la mañana ya estábamos en pie.

BeneluxEl desayuno estaba incluido en el precio de la habitación, pero no era gran cosa. Aun así fue suficiente para empezar la mañana con fuerzas: leche, té, tostadas, yogurt, mantequilla, mermelada y Nutella. Lo que más nos gusta de los Bed & Breakfast no es lo que te tomas en sí, sino no tener que perder tiempo en buscar un sitio para desayunar.

Teníamos muchas ganas de conocer nuevas ciudades alemanas. No sabemos qué tiene Alemania, pero es un país que nos encanta. Solo habían pasado cinco meses desde que unos vuelos a Berlín nos permitieran conocer la capital. Ahora era el momento de recorrer el oeste del país.

Aunque nos alojábamos en la propia ciudad de Trier, el hotel estaba a cinco kilómetros del casco antiguo. Por eso tuvimos que coger el coche, tragarnos un poquito de atasco mañanero y aparcar en un parking subterráneo.

TRIER

Pese a todo, no nos llevó más de 15 minutos llegar a la parte histórica de Trier (en español a veces se dice Tréveris, aunque está en desuso), la cual recorreríamos durante toda la mañana. No solo es un núcleo Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sino que además es considerada la ciudad más antigua de toda Alemania. Fue fundada de manera oficial en el año 16 a. C. por el emperador Augusto, aunque hay leyendas que afirman que desde 2000 años atrás ya había poblamiento en la zona.

BeneluxSea como fuere, en Trier es posible encontrar vestigios romanos, joyas del Sacro Imperio Romano Germánico, esplendor renacentistas e incluso la casa natal de Karl Marx. Elementos suficientes para justificar una visita y para caminar a buen paso, pues según el recorrido que llevábamos preparado íbamos a tardar varias horas.

La primera parada fue sorprendente, pues no todos los días se ven dos edificios contiguos que son Patrimonio de la Humanidad: la Catedral de San Pedro de Trier (Dom St. Peter) y la Iglesia de Nuestra Señora de Trier (Liebfrauenkirche). De ellos hablaremos más adelante, pero nos gustaría empezar enseñando esta foto porque es difícil saber donde empieza uno y donde acaba otro.

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BeneluxDicho sea de paso, la foto está hecha desde una plaza llena de palacio y edificios notables. Es la mejor muestra de que el patrimonio de Trier es inmenso, pese a ser una ciudad mucho menos popular que Berlín o Colonia. Nos llamó mucho la atención un palacio renacentista de color rosa, pues no es frecuente encontrarlos así pintados.

Por cuestiones de horarios empezamos visitando la Catedral, pues el otro templo no abría hasta bastante más tarde (así que la dejamos para el final, ya que pillaba de camino para volver al coche. San Pedro de Trier es considerada la iglesia más antigua de Alemania, puesto que está construida a partir de unos restos del siglo IV. Es el típico edificio hecho a retales, en el que tan pronto hay una capilla de época romana como unos arcos góticos. Es grandecita, ya que tiene más de 100 metros de largo. Cuenta con tres naves, dos coros, transepto y hasta siete torres, que son las que le dan su característico aspecto exterior. Nos gustó mucho el claustro (pese a estar en obras). Se puede visitar el tesoro, pero decidimos prescindir de hacerlo dado que teníamos poquito tiempo y menos dinero.

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La Catedral de Trier nos gustí, pero vimos iglesias más bonitas ese viaje. La que nos pareció insuperable fue la Hauptmarkt, una placita a solo un minuto. Para llegar a ella hay que atravesar la Sternstraße, que sale desde el palacio rosa del que os hemos hablado antes.

Llegar a ella supone una explosión de sensaciones. En ella se celebra a diario (salvo los domingos) un mercado de productos agrícolas, por lo que siempre hay bullicio y olor a fruta. Además, los cuatro costados de la plaza están compuestos por coloridos edificios medievales y renacentistas: la impresionante Casa Roja (Rotes Haus), el Steipe (actual Museo del Juguete o Spielzeugmuseum), la Iglesia de San Gangulfo (St-Gangolf-Kirche)… El broche a todo eso lo pone una colorida fuente en la que San Pedro y las cuatro virtudes cardenales conservan la policromía. Cuando enseñamos las fotos de este viaje a nuestros amigos y familiares, todo el mundo coincide en que este es uno de los sitios más bonitos.

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BeneluxDesde la Hauptmarkt sale la Simeonstraße, la principal calle comercial del casco antiguo. Es un lugar muy animado que va a parar a la Porta Nigra, otro gran atractivo de la ciudad, pero aun no vamos a hablar de él. De momento hay que decir que en esta calle está uno de los edificios más curiosos que hemos visto nunca, la Dreikönigenhaus (algo así como la Casa de los Reyes). Es el edificio número doce de la calle y es una genial obra de arquitectura gótica civil. Data del siglo XIII y en origen la entrada estaba en el primer piso, al cual se accedía utilizando una escalera que se podía retirar para evitar asaltos.

BeneluxEn la misma Simeonstraße está la Oficina de Turismo de Trier. En ella nos hicimos con planos, con folletos turísticos y con los tickets para visitar la Porta Nigra (5.80€ entre los dos, descuento para estudiantes incluido). También hay un museo al lado, pero todavía no había abierto y, por tanto, nos quedamos con las ganas de verlo.

BeneluxY ahora si que si, llegó el turno de hablar de la Puerta Negra (Porta Nigra en latín o Schwarzes Tor en alemán), el monumento más reconocible de la ciudad y uno de los elementos arquitectónicos romanos más conocidos del centro y norte de Europa. Perdurará para siempre en nuestro hogar convertida en imán de nevera.

BeneluxLo primero es una introducción histórica. Fue construida en el año 180, y su nombre es relativamente moderno ya que se debe a la pátina negruzca que ha ido adquiriendo con el paso de los años. Aunque en origen era el acceso norte a la ciudad, desde el siglo XI se utilizó como templo cristiano doble.

BeneluxSe estableció una iglesia en cada planta. Eso se puede ver a través de unos pocos restos, ya que en 1802 Napoleón mandó destruirlas y que se restaurase el aspecto romano. Las restauraciones de los siglos XIX y XX han hecho que hoy luzca un aspecto espectacular, aunque en todo momento se decició respetar el color oscuro.

BeneluxTécnicamente es una maravilla de la ingeniería, pues no tiene cimientos: únicamente se sujeta por su propio peso y por unas varas de hierro que sirven de guía. Y eso que es bastante alta, pues de su parte superior se puede disfrutar de una bonita panorámica de la ciudad. La visitan muchos colegios, así que es recomendable ir a primera o a última hora.

El recorrido que hicimos por el interior lo habéis podido ver en las tres fotos anteriores. Es una joya y una parada imprescindible, pero aun así hay mucho que mejorar. Se echan de menos más paneles explicativos por el interior o algunas piezas arqueológicas para que todo sea mucho más didáctico.

La mañana avanzaba, poco a poco salía el sol y subía la temperatura. Nuestro itinerario por Trier también continuaba, llevándonos ahora por calles que mezclaban lo nuevo y lo antiguo. Nos gustó mucho esta ciudad, pues ha sabido crecer integrando en buena medida los vestigios que perpetúan una Historia tan rica.

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Pero no todo son romanos en Trier. En la localidad está la Casa Natal de Karl Marx (Karl-Marx-Haus). Este influyente filósofo, autor de obras como El Capital o Manifiesto Comunista, llegó al mundo en una casa burguesa que se ha conservado perfectamente.

BeneluxCuando Marx nació, Trier era una tranquila villa prusiana, lejos del infernal mundo industrial que se podría esperar. En cualquier caso no pudimos entrar a verla, pues estaba cerrada. Podríamos haber esperado a que abriese, pero las casas natales suelen ser bastante aburridas si no conoces al detalle la vida del protagonista.

BeneluxEl paseo hasta allí no fue en balde, pues muy cerquita están las Termas de Viehmarkt (Thermen am Viehmarkt). Fueron descubiertas casualmente en 1980, cuando se construía un aparcamiento. Las autoridades, en lugar de arrasarlas como se haría en España, decidieron ponerlas en valor y protegerlas con un espectacular cubo de cristal diseñado por el famoso arquitecto alemán Oswald Mathias Ungers.

La entrada nos costó 4.2€ entre los dos, descuento para estudiantes incluido. Está claro que un edificio como este protege a la perfección los vestigios arqueológicos, pero también le da un aspecto aséptico y artificial del cual es difícil abstraerse. Sea como fuere, estas termas eran enormes. Pertenecían al foro romano de la ciudad y tenían casi 9000 metros cuadrados, siendo unas de las más grandes de Europa. La pena es que no se volvieron a utilizar sus baños tras la caída del Imperio Romano, debido a lo cual muchos tramos fueron desmantelados al ser usados como cantera. Si hacéis esta visita, no os olvidéis de subir al mirador de la tercera planta para disfrutar de una vista cenital de todo el conjunto.

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La Trier romana, Augusta Treverorum, fue una ciudad romana de primer orden. Por eso, se puede disfrutar de hasta tres conjuntos termales. Pegadas al río Mosela (Mosel, en alemán) están las Termas de Santa Bárbara (Barbarathermen), a las cuales no nos acercamos por falta de tiempo. De todas formas, no quisimos perdernos las enormes Termas Imperiales (Kaiserthermen), visita 100% obligada.

BeneluxFueron construidas en el siglo IV, durante el mandato de Constantino I el Grande. Para poner de manifiesto su importancia, basta con decir que eran las terceras más grandes de todo el Imperio Romano. Aunque el paso del tiempo ha hecho estragos, todavía se conservan en pie paredes de gran tamaño, además de la mayoría de los cimientos.

Esta visita recuerda un montón a las Termas de Caracalla, en Roma, por sus vastas dimensiones. Las paredes que mejor se conservan son las del caldarium (la sala de agua caliente). También es posible recorrer el subsuelo a través de unos cimientos en los que es posible perderse. Todavía están inmersos en excavaciones arqueológicas. La mejor panorámica del conjunto se obtiene desde una torre de vigilancia que está en una esquina, a la cual se sube cómodamente en ascensor.

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BeneluxOtro aspecto a destacar de Trier es que está rodeada por jardines. Las propias Termas Imperiales son en su mayoría una zona verde, pero al ladito hay parque por el que fue un delicia pasear. Justo en ese momento se abrió un claro entre las nubes y pegaba el sol de lo lindo, por lo que nos refugiamos a la sombra de los árboles.

Ese mismo parque nos llevó al Palacio Electoral o Palacio de los Príncipes Electores (Kurfürstliches Palais), una especie de Versalles en miniatura reconstruido casi en su totalidad tras la II Guerra Mundial. Hay que recordar que en Trier estaba uno de los siete electorados originales del Sacro Imperio Romano Germánico. No sabemos si se podrá visitar por dentro el palacio, pero desde luego estaba cerrado a cal y canto. Sus inmediaciones constituyen el Palastgarten o Jardín de Palacio, con su pequeño estanque, sus fuentes y sus esculturas. Otro lugar maravilloso para pasear.

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Al lado, a tan solo unos metros, está la Basílica de Constantino (Konstantinsbasilika), también conocida como Aula Palatina. Es un sorprendente edificio de latrillo construido en el año 310 d. C. En un primer momento era el salón del trono del emperador Constantino, aunque ha tenido distintos usos. En la actualidad es un templo protestante. Destacan especialmente sus enormes dimensiones, pues pese a ser de inicios del siglo IV cuenta con casi 70 metros de largo y 40 de altura. Es, sin duda, uno de los grandes hitos de la ingeniería romana.

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Hasta ahí llegaba nuestro itinerario por Trier. En una ciudad tan grande y tan antigua quedaban cosas para ver, pero con esto habíamos visitado lo principal. Además, teníamos que sacarnos dos espinitas antes de volver al coche. La primera de ellas era en la preciosa Hauptmarkt, donde nos quedaba por ver la Iglesia de San Gangulfo. No habíamos visto su entrada, y es que se hace a través de un soportal no demasiado señalizado. No queríamos irnos de allí sin verla, así que investigamos y al final lo conseguimos.

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BeneluxPor último, teníamos que volver a donde había empezado todo para pasar a la Iglesia de Nuestra Señora de Trier, pues a primera hora nos la habíamos encontrado cerrada. Es uno de los primeros templos góticos de Alemania, y como tal ha inspirado a muchas otras iglesias. Todos los viajeros que la han visitado coinciden en lo mismo: pese a poseer una simetría milimétrica, caminar por sus distintas naves produce la sensación de que todo se mueve. La gran altura del interior, el juego de luces y las distintas columnas contribuyen a crear ese efecto maravilloso que sirvió para despedirnos de Trier.

Sin duda, esta ciudad ha sido la gran sorpresa del viaje. La verdad es que fuimos a ella solo porque tenía alojamiento cerquita de Luxemburgo, pero investigando un poco descubrimos que era una de las ciudades más interesantes de Alemania. No defraudó en absoluto, nos quedamos con ganas de mucho más y se la recomendamos a todo el mundo.

BeneluxLa parte negativa de todo esto es que nos separaban dos horas de coche de Colonia, nuestro siguiente destino. Programamos el GPS e hicimos un trayecto bastante divertido. La primera parte fue muy rápida, pues fuimos por las famosas autovías sin límite de velocidad (Bundesautobahn). Después empezó a llover a mares y tuvimos que bajar el ritmo.

COLONIA

Aun así, ni la peor de las tormentas pudo impedir que llegásemos a Colonia (Köln), ciudad famosa por su catedral, por estar a orillas del río Rin (Rhin) y por poseer la marca de perfume más antigua del mundo. Teníamos poquito tiempo, así que buscamos el parking más céntrico: uno que está justo debajo de la catedral.

BeneluxDe hecho, desde el propio parking se accede a las torres de la Catedral de Colonia (Kölner Dom). Eso fue lo que hicimos, primero subir unos cuantos metros de altura para después bajar y disfrutar tanto de la fachada como del interior. Ascender a lo alto de la torre nos costó 3€ en total, descuento para estudiantes incluido.

Pero antes de subir, toca una pequeña introducción histórica. Más que nada porque la Catedral de Colonia es un clásico a la hora de estudiar el arte gótico. Empezó a construirse en el año 1248 y se terminó en el siglo XIX tras un largo proceso que incluyó muchos parones. Al final se generó un edificio impresionante (en su momento era el más alto del mundo, con 157 metros) y con un valor patrimonial fuera de serie: las cristaleras, las reliquias, las campanas… Milagrosamente apenas sufrió los bombardeos de la II Guerra Mundial, por lo que hoy Colonia puede presumir de tener una de las catedrales más bonitas de todo el mundo.

BeneluxVolviendo a nuestro relato, la subida se hace por la torre sur. Únicamente hay que seguir los carteles para llegar a la base de la aguja, siempre teniendo en cuenta dos cosas: que hay más de 500 escalones, tan altos como estrechos. Además, se sube a casi 100 metros de altura, por lo que no parece un lugar apto para cardiacos.

Durante la subida se pasa al lado de la Campana de San Pedro (St. Petersglocke) de 24 toneladas. Se la conoce cariñosamente como Pedro el Gordo (Der dicke Pitter) por cuestiones obvias. Es la mayor del mundo en funcionamiento, ya que la Campana de la Zarina en Moscú, con más de 200 toneladas, ni siquiera llegó a funcionar. También se pasa por un mirador bastante decepcionante. Está a una altura perfecta para ofrecer unas vistas impresionantes, pero entre barrotes y verjas apenas se adivina el horizonte. Es una pena, no solo porque las fotos quedaran horribles sino por la sensación de estar encerrado en una jaula. Deberían cambiar esto con el tiempo, pues la panorámica de Colonia sería impresionante.

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BeneluxY un aviso. Esta es, con diferencia, la subida más dura que hemos hecho. Las curvas de la cúpula de San Pedro del Vaticano, las estrecheces para llegar a lo alto de San Pablo de Londres o la escalera de caracol del Arco del Triunfo de París son cosas menores en comparación con esto. Más de uno estaba al borde del desmayo, nosotros los primeros.

La subida, aunque imprescindible, no es la mejor que hayamos hecho. Sin embargo, al salir a la plaza de la Catedral y ver su fachada… ¿Qué podemos decir? Un edificio increíble, más cercano a la ciencia ficción que a la realidad. Sus larguísimas agujas producen vértigo, mientras que sus contrafuertes y enormes ventanales hacen que dé la sensación de ser frágil como el papel. Es la segunda catedral gótica más grande del mundo, solo superada por la de Sevilla, y un ejemplo plenamente representativo de esa corriente artística. Se dice que se oscuro color se debe a la contaminación de la ciudad, pero en cualquier caso ya forma parte del edificio. Pasamos varios minutos frente a él, en silencio, contemplando una de las grandes obras de la humanidad.

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Subir a la torre nos defraudó un poquito, pero al fachada de la Catedral cumplió con creces las expectativas. ¿Y el interior? Pues la parte de dentro incluso superó lo que esperábamos de ella. ¡Qué maravilla! La nave central es sorprendentemente alta, generando una sensación de espacio diáfano que se agranda con la gran cantidad de luz que entra por las coloridas vidrieras (y eso que era un día nublado). En la foto de abajo a la derecha veis el Crucifijo de Gero, una de las principales obras de arte otoniano (una corriente artística prerrománica que se desarrolló en Alemania entre los siglos X y XI). Pero no es la única gran pieza que alberga la Catedral de Colonia.

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Brilla con luz propia el Relicario de los Tres Reyes Magos, un sarcófago de oro con joyas incrustadas. En origen estaba en Milán, pero el emperador Federico Barbarroja lo trajo desde Milán como botín de guerra. La tradición cuenta que en su interior se hayan los restos de Melchor, Gaspar y Baltasar, los tres reyes que siguieron la Estrella de Belén hasta el portal en el que nació el niño Jesús. El sepulcro es considerado el relicario más grande del mundo cristiano occidental. Una obra de arte fascinante.

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Cuando habíamos estado viendo la fachada nos dimos cuenta de que en la misma plaza de la Catedral estaba la Oficina de Turismo de la ciudad, por lo que entramos en ella para hacernos con el correspondiente plano.

BeneluxTambién era el momento de buscar un sitio para comer, algo que no fue difícil ya que al lado está la Estación Central (Hauptbahnhof). Dentro había un montón de sitios de comida rápida, como McDonalds o Burger King. Sin embargo, nos decidimos por la comida asiática. Cuando estuvimos en Berlín nos encantaron las noodle box.

BeneluxDicho de otro modo, cajas de cartón con fideos, verduras y carne. Una de las cadenas más típicas es Asia Gourmet, donde por 10€ en total nos hicimos con sendas cajas enormes rellenas de pasta y pollo rebozado con salsa picante. Además, nos las zampamos en las escaleras de la Catedral, por lo que el marco era incomparable bonito.

Ya con fuerzas, trazamos un pequeño recorrido por el casco histórico de la ciudad. Queríamos llegar antes de las cinco de la tarde a Aquisgrán para ver su catedral, por lo que no podíamos verlo todo. Aun así, en nuestra ruta estaban iglesias, plazas y calles comerciales.

BeneluxPrecisamente, empezamos por la Hohe Straße, la principal avenida de Colonia. Tiene casi un kilómetro peatonal en el que conviven grandes superficies como Media Markt, pequeños comercios para turistas y restaurantes de todo tipo. Siempre está llena de gente, por lo que es el típico sitio que deben evitar las personas a las que no les gustan las aglomeraciones.

Partiendo desde la Hohe Straße se llegan a muchos sitios chulos de Colonia, como la Zona Arqueológica del Museo Judío (Archäologische Zone Jüdisches Museum Köln). Se trata de una excavación de más de 10.000 metros cuadrados que comenzaron en 2007 y que, cuando terminen, ofrecerán los vestigios de un palacio romano, la sinagoga más antigua al norte de los Alpes y varias cosas más. De momento solo se puede echar un vistazo desde fuera de la carpa que tapa las excavaciones. Justo detrás está el Ayuntamiento de Colonia (Rathaus), uno de sus edificios con más solera de la ciudad. De hecho, es el ayuntamiento más antiguo de Alemania, con una historia documentada de más de 900 años. La casa consistorial es, en realidad, una superposición de distintas estructuras: la mayor parte es del siglo XIV, aunque tiene una torre gótica del XV y muchos retoques del XX.

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BeneluxAvanzando un poquito más se llega a la Alter Markt. Sus más de 5000 metros cuadrados hacen que pueda presumir de ser la plaza más grande de Colonia. Está rodeada de preciosos edificios renacentistas, además de tener una fuente coronada por una estatua de Jan von Werth. En ella se celebra el célebre carnaval de Colonia, uno de los eventos culturales europeos de mayor relevancia.

El resto del recorrido nos llevaría a buscar las famosas iglesias románicas de Colonia. La ciudad tuvo un gran desarrollo en la Edad Media, por lo que entre los siglos XII y XIII se construyeron más de diez templos que han llegado a nuestros días en muy buen estado (sobreviviendo de milagro a los bombardeos de la II Guerra Mundial). Verlas todas era imposible, pero si tuvimos la oportunidad de conocer un par que nos dejaron boquiabiertos. La primera fue la Iglesia de San Martín (Groß Sankt Martin), que destaca a nivel exterior por sus cuatro torreones alrededor de una preciosa aguja. En su interior está una cosa que no habíamos visto nunca: un coro en forma de trébol.

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BeneluxTambién hubo tiempo para conocer otra gran plaza, la Heumarkt, que en tiempos de época romana era un pantano. Durante la Edad Media se desecó y se convirtió en un gran mercado, aunque en la actualidad lo que más llama la atención es la estatua de Federico Guillermo III de Prusia. Conserva también algunas viviendas del siglo XVI.

El otro gran templo románico que visitamos fue Iglesia de Santa María del Capitolio (Sankt Maria im Kapitol). Fue fundada en el siglo VII, aunque su aspecto actual responde a la reconstrucción del siglo XI. No pudimos visitarla por dentro, pero aun así por fuera es preciosa (foto de abajo a la derecha). Muy cerquita de ella está la Overstolzenhaus, uno de los edificios más antiguos de la ciudad (foto de abajo a la izquierda). Data del año 1230 y es un ejemplo excelente de arquitectura medieval civil. Queremos dar las gracias a Frank Bausback, de la Oficina Nacional Alemana de Turismo, que nos ayudó en su identificación.

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El tiempo se nos echaba encima, por lo que tras ver Santa María del Capitolio decidimos regresar al coche y terminar el recorrido por Colonia. Habíamos visto lo más gordo, pero fue imposible no dejarnos cosas muy interesantes ya que esta ciudad merece un par de días como mínimo.

BeneluxAntes de terminar el relato, una curiosidad. En esta localidad alemana se creó el Agua de Colonia Original (Original Eau de Cologne), la marca de perfume más antigua del mundo. Su éxito fue tal que en la actualidad se usa colonia y perfume como sinónimos. Esto explica que toda la ciudad esté llena de puestos de venta de colonias, perfumes y otros productos cosméticos.

BeneluxComo habíamos aparcado el coche justo debajo de la Catedral, tuvimos una última oportunidad para disfrutar de este impresionante edificio y despedirnos de él como es debido. Colonia es una ciudad impresionante, rebasó notablemente las expectativas. Solo fuimos a ella porque quedaba a mano entre Trier y Aquisgrán, pero al final ha sido uno de los grandes hitos del viaje. Lo malo es que nos dejamos muchas cosas por ver, pero al estar en una ubicación tan céntrica seguro que esta no es la última visita que hacemos. ¡Grande, Colonia!

BeneluxLa incursión por tierras alemanas estaba saliendo a la perfección, a pesar de sus carreteras. Son muy buenas y muchas no tienen límite de velocidad, pero fue difícil encontrar tramos de más de 10 kilómetros sin obras. Eso ocasionaba muchas retenciones y nos hacía perder mucho tiempo. Mención aparte merece la pena el atascazo a la salida de Colonia.

AQUISGRÁN

La penúltima parada del día era Aquisgrán (Aachen). Aunque tiene orígenes celtas, la ciudad debe lo que es hoy a que Carlomagno instauró en ella su gobierno. Eso la convirtió en uno de los centros culturales del cristianismo más importantes de toda la Edad Media, pues entre 813 y 1513 fueron coronados en la ciudad más de treinta emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Fruto de ese esplendor medieval ha llegado a nuestros días un casco histórico con algunos edificios sobresalientes.

Pese al tráfico, conseguimos llegar a Aquisgrán a eso de las 16:30, con tan solo media hora para ver su catedral (el principal punto de interés y que justifica por si solo la visita). Allí encontramos una ciudad paralizada por el fútbol, pues ese día jugaba el grupo de Alemania de la Euro 2012. Estaban jugando Dinamarca y Portugal, mientras que a la noche se enfrentarían los alemanes a la selección de Países Bajos.

Dejamos el coche en un parking del cual, nada más salir, fuimos a parar al Ayuntamiento de Aquisgrán (Aachener Rathaus). Es un edificio gótico precioso, construido durante la primera mitad del siglo XIV. El tejado es de época barroca, ya que se quemó durante el terrible incendio de 1656. En el siglo XIX se volvió a quemar, pero se restauró con su mismo aspecto.

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La primera impresión que nos dio Aquisgrán fue bastante decepcionante, pues nos topamos con una ciudad gris: sin gente por la calle (aunque eso se puede achacar al fútbol), sin encanto, sin apenas edificios históricos… La nota de color en ese primer momento la pusieron los escaparates de las tiendas de dulces. Aunque los precios no eran nada asequibles, nos paramos prácticamente en cada tiendecita ya que tras sus cristales se agolpaban auténticas obras de arte.

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BeneluxAl llegar a la puerta de la Catedral de Aquisgrán (Aachener Dom) la decepción siguió aumentando a marchas forzadas. Habíamos leído maravillas sobre ella (es la catedral más antigua del norte de Europa, inauguró la lista de Patrimonio de la Humanidad, tuvo un papel muy importante durante la época de Carlomagno…) y nos encontramos un edificio bonito, pero poco más. ¿Acaso habíamos estado todo el día con prisas para nada? Por suerte, nos habíamos precipitado. La Catedral por fuera quizá no sea nada, pero por dentro la cosa cambia.

El interior de la Catedral de Aquisgrán (fundamentalmente la Capilla Palatina, sobre la cual se desarrolló el resto del edificio) es el más bonito que hemos visto nunca, superando a obras maestras como Notre Dame (París) o Santa Sofía (Estambul). Se la considera el monumento más emblemático del arte carolingio, lo cual se justifica simplemente viendo las fotos de un poquito más abajo.

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Es un edificio de dos plantas con forma hexadecagonal, que finaliza en una preciosa cúpula. Sus mosaicos, mármoles, elementos áureos, mármoles y vidrieras fueron creados como muestra del poder imperial de Carlomagno. Incluso buena parte de ellos proceden de materiales traídos de iglesias de Rávena y Roma, antiguas capitales imperiales, lo cual tiene mucho más significado al margen del claro expolio que supuso.

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Es importante hacerse con una buena guía o, al menos, con uno de los folletos en inglés que hay en la entrada. Y es que la Catedral de Carlomagno es un cúmulo infinito de detalles. Quizá el más relevante sea el Sarcófago de Carlomagno, un ataúd de oro y plata en el que Federico II depositó sus restos mortales en el siglo XIII tras innumerables cambios. Al igual que cuando fuimos a Granada y visitamos el Sarcófago de los Reyes Católicos, nos quedamos impresionados al estar ante el lugar de enterramiento de una personalidad que cambió el curso de la Historia.

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Nos ha costado mucho escribir estos párrafos sobre la Catedral de Aquisgrán, y somos conscientes de que podíamos haber sido mucho más profundos en cuestiones históricas o artísticas. Sin embargo, haría falta un libro para contar todo lo que contiene este precioso edificio, y hemos optado por intentar transmitiros lo más importante: las sensaciones. De verdad, no os podéis imaginar como se encoge el corazón al visitar un sitio como este. Nos gustó tanto que, nada más salir, decidimos volver a entrar y hacer toda la visita desde el principio.

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Por suerte, no fueron muy estrictos con la hora de cierre y pudimos estar en la Catedral más de una hora. Lo malo es que eso tuvo efectos secundarios, ya que todo lo que vimos en Aquisgrán a partir de ahí nos pareció poca cosa. Estuvimos viendo el casco histórico, pero nos pareció la típica ciudad a la que el progreso le ha ganado la partida al encanto: todo eran edificios nuevos, sin apenas encanto. De hecho, lo que más nos llamó la atención fue una fuente con un remolino.

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Tampoco es que Aquisgrán sea una ciudad fea, de hecho en otras circunstancias nos habría parecido espectacular. Sin embargo, después de haber visto su preciosa catedral, todo lo demás sabía a poco. Estábamos cansadísimos, así que decidimos recogernos y poner rumbo a nuestro último destino el día, al que llegaríamos para ducharnos, cenar y poquito más.

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En cualquier caso, no es necesario hacer una gran ruta en coche para conocer estas ciudades. Alemania y España son dos países excelentemente comunicados, gracias a compañías como Lufthansa que operan decenas de vuelos diariamente. Por tanto, no hay excusas.

PAÍSES BAJOS, EL NÚMERO 14

BeneluxHabíamos reservado en Maastricht (en el siglo XX se la llamaba Mastrique en español, pero hoy está en desuso), lo que suponía entrar por primera vez en Países Bajos. Con este ya eran 14 los países que hemos visitado a lo largo de nuestra vida viajera, una cifra que esperamos aumentar en los próximos años. También era el cuarto país distinto en el que dormíamos en ese viaje.

Habíamos reservado en un sitio muy especial: el Botel Maastricht, un barquito atracado en el río Mosa (en neerlandés, Maas). Era la primera vez que dormíamos en un barco, aunque curiosamente lo haríamos una semana después en el finde en París que pasamos con nuestros padres. No es un alojamiento con grandes lujos, pero está bien de precio, su ubicación es excelente y el personal es muy amable.

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De hecho, el hombre que ese momento estaba en la recepción, era un simpático holandés que chapurreaba español. En el botel no se podía cenar, pero el hombre nos trajo un montón de folletos de sitios de comida rápida (kebabs, pizza, etc.) y se ofreció a llamar por nosotros. Total, que pedimos los kebabs más grandes que hemos comido en nuestra vida (la foto tuvo bastante éxito en nuestro facebook), y cenamos en compañía de nuestro anfitrión mientras veíamos el partido en el que Países Bajos cayeron derrotados por Alemania, siendo prácticamente eliminados de la Euro. Fue gracioso verle hacer cuentas de cómo podría pasar a la siguiente fase su selección, algo que los españoles llevamos un tiempo sin hacer ya que España está jugando el mejor fútbol de la Historia.

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Dormir en un barco es agradable, pues se mueve ligeramente balanceado por el agua. Gracias a eso disfrutamos de un sueño muy profundo, perfecto para coger fuerzas y afrontar los dos útimos días de un viaje que estaba siendo sencillamente perfecto.

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