Sur de Benelux ’12 – Capítulo IV: Gran Ducado de Luxemburgo (día 3)

BeneluxAunque el listón estaba muy alto después del desayuno del día anterior, no nos decepcionó en absoluto lo que nos pusieron en nuestro pequeño hotel de Luxemburgo: pan recién hecho, bollos, mantequilla, mermelada, miel, queso, nocilla, zumo, colacao… ¿Se os ocurre una manera mejor de empezar el día?

Por delante teníamos muchas horas caminando y en coche, pues la tercera jornada del viaje iba a estar destinada en su totalidad a explorar a fondo el Gran Ducado de Luxemburgo, incluyendo no solo la capital sino algunas de sus ciudades más relevantes.

Este Estado europeo es, pese a sus reducidas dimensiones, uno de los más influyentes del continente: posee el mayor PIB per cápita del mundo, es sede de muchas instituciones de la Unión Europea, fue clave en los grandes tratados de paz del siglo XX… Vamos, uno de esos sitios sobre los que habíamos escuchado hablar mil veces en el colegio, en el instituto, en la universidad y casi en cualquier telediario. Imposible no tener ganas de conocerlo.

LA CIUDAD DE LUXEMBURGO

Como no podía ser de otro modo, empezamos por la Ciudad de Luxemburgo (Lëtzebuerg, en luxemburgués; Luxemburg, en alemán; y Luxembourg, en francés). Nos habíamos alojado a tres kilómetros, por lo que tardamos unos poquitos minutos en llegar. Dejar el coche gratis en una zona cercana al centro es casi imposible, por lo que lo mejor es resignarse y utilizar el parking subterráneo más céntrico que se encuentre. Aparcamos en el parking de la Avenue Monterey, que no solo está cerquita (a 5 minutos de la plaza principal) sino que además resultó bastante barato, pues por toda la mañana no nos cobraron ni 6€. Recomendable.

BeneluxEmpezamos siguiendo los carteles que indicaban la dirección de la Oficina de Turismo. Allí nos hicimos con un plano de la ciudad, un mapa con las carreteras del país, imanes de nevera (1€ cada uno) y la Luxembourg Card, una tarjeta turística que da acceso a casi sesenta atractivos turísticos de todo el Gran Ducado. Cogimos la de un día, que cuesta 11€ por persona.

Cargados hasta arriba de información para planificar el día, nos sentamos en un banquito que estaba justo al lado y procesamos todos lo que nos habían dado. Decidimos pasar la mañana entera en la ciudad de Luxemburgo y tirar de coche a la tarde, para así poder otras localidades del país.

Ya no había duda y tocaba empezar a patearnos la ciudad. No tuvimos que movernos demasiado para comenzar, pues la propia oficina de turismo está en la Plaza de Guillermo II (Place Guillaume II), dedicada al Gran Duque Guillermo II de los Países Bajos. En ella hay una estatua de la misma persona, y también se encuentra el Ayuntamiento de Luxemburgo (Hôtel de Ville). Éste fue construido a partir de los restos del antiguo monasterio franciscano que, en origen, ocupaba esta plaza.

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A unos pasos de la plaza está el que quizá sea el edificio más reconocible de todo Luxemburgo: el Gran Palacio Ducal (Palais Grand-Ducal), una joya renacentista del siglo XVI. Es la residencia oficial del Gran Duque de Luxemburgo, así como sede de muchas de las instituciones oficiales del Estado. Por todo eso, solo se puede ver por dentro entre julio y septiembre en visita guiada, así que nos quedamos con las ganas. Sin embargo, sigue siendo obligado acercarse a disfrutar de su impresionante fachada y hacerse la fotografía correspondiente. En definitiva, uno de esos edificios cuya actividad política le hace perder mucho valor como recurso turístico.

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Y hablando de cosas reconocibles, Luxemburgo también tiene esas pequeñas cosas que distinguen a los pequeños estados europeos de sus vecinos. Por ejemplo, en el caso del Vaticano, el servicio de correos o la Guardia Suiza son elementos muy representativos. Pues bien, Luxemburgo ofrece al viajero muchas posibilidades para hacer fotografías peculiares, ya sea la propia guardia ducal (que una vez al mes hace un solemne cambio) o las cabinas telefónicas de color amarillo, cada vez más en desuso.

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Volviendo a los edificios majestuosos, otro que nunca hay que dejar de visitar si se está en el Gran Ducado es la Catedral de Nuestra Señora de Luxemburgo (en alemán, Kathedrale unserer lieben Frau; en francés, Cathédrale Notre-Dame; y en luxemburgués, Kathedral Notre-Dame). Es un templo del siglo XVII, perteneciente en origen a la orden jesuita y hoy en día principal referencia católica del Estado. Se intentó hacer en estilo gótico puro, pero como es cronológicamente posterior no se pudieron evitar grandes influencias renacentistas. Era bastante pronto y apenas había gente, por lo que pudimos contemplarlo todo sin prisas ni aglomeraciones.

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BeneluxAunque, por el recorrido que estamos haciendo, entramos por una especie de acceso secundario, su fachada principal estaba en obras. Aun así, las dos torres de la Catedral de Luxemburgo siempre serán su elemento arquitectónico más reconocible. Tal y como os contamos en el capítulo anterior, se ven desde varios kilómetros a la redonda.

Desde allí nos pudimos asomar al famoso Valle del Pétrusse (Vallée de la Pétrusse), una profunda depresión excavada durante siglos por el hoy pequeñísimo Río Pétrusse. La imagen es espectacular, no solo por la masa verde sino por cómo la ciudad se ha construido hasta en el último centímetro de los acantilados. La foto de abajo está tomada desde la Plaza de la Constitución (Place de la Constitution), en la cual está el acceso a las Casamatas del Pétrusse (Casemates de la Pétrusse), a las cuales no entramos. Más adelante explicaremos el motivo, pero antes hay que decir que en la misma plaza está el Monumento Gëlle Fra, nombre que hace referencia a la mujer dorada de la parte superior. Es un lugar para el recuerdo en el que se rinde homenaje a los miles de luxemburgueses que murieron en la II Guerra Mundial. Al otro lado del valle hay muchos edificios interesantes, aunque quizá el más reconocible (por el perfil de su torre) sea la sede del Banque et Caisse d’Épargne de l’État, el principal banco de Luxemburgo. Como veis, merece la pena dejarse caer por los alrededores de este pequeño valle en el corazón de la ciudad.

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BeneluxDespués de un rato empapándonos de hasta el último detalle, continuamos haciendo la curva (es decir, bajando el Boulevard Franklin Delano Roosevelt) hasta llegar al Monumento de la Unidad Nacional (Monument de la Solidarite Nationale), una especie de llama eterna con mucho significado para los luxemburgueses.

Desde allí no solo hay unas vistas excepcionales del otro lado del Valle del Pétrusse, sino que también se puede entrar a la Ciudad de la Justicia (Cité Judiciaire), un conglomerado de edificios en el que están todas las instituciones judiciales de Luxemburgo.

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BeneluxSin embargo, lo que más nos gustó de esta parte del recorrido que hicimos por la ciudad fueron las vistas. La capital de este pequeño país está en un terreno muy escarpado, lleno de desniveles y que a veces acaba en precipicios. Por eso, hay infinidad de oportunidades para hacer fotos panorámicas o, como en este caso, para enseñar a los nietos.

Caminando un poquito llegamos al Museo de Historia de la Ciudad de Luxemburgo (Musée d’Histoire de la Ville de Luxembourg), que fue de lo que más nos gustó esa mañana. La exposición es muy moderna y utiliza las técnicas museológicas más vanguardistas, por lo que es totalmente interactivo. Para que os hagáis una idea, es posible entrar incluso en el interior de cuadros históricos (foto de abajo, en el centro). No es muy grande, así que no se tarda demasiado en verlo de arriba a abajo.

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Empezó a llover mientras veíamos el museo, y no paró hasta casi el final de la mañana. Eso no impidió que siguiéramos con el recorrido previsto, aunque tuvimos que apretar un poco el paso para no mojarnos. Así llegamos, en un periquete, a la Iglesia de San Miguel (Église Saint-Michel, Méchelskierch o Sankt Michaelskirche). Es un pequeño templo católico del siglo XVII que mezcla elementos del románico y del barroco. Aunque ha sufrido muchas reformas (la última ya en el siglo XXI) siempre se ha respetado escrupulosamente su aspecto original.

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El recorrido estaba encaminado a visitar lasCasamatas de Bock (Casemates du Bock). Antes de hablar de ellas, hagamos un pequeño inciso histórico. Una casamata es una estructura militar destinada a albergar armas defensivas, como ametralladoras o baterías antiaéreas. Si están en superficie suelen ser de hormigón, aunque también es frecuente encontrarlas bajo tierra. Luxemburgo, por su posición, su orografía y su papel en los conflictos bélicos europeos, posee distintas casamatas a lo largo de todo el país.

BeneluxEn la capital se pueden visitar dos, las Casamatas de Bock y las Casamatas de la Pétrusse. Optamos por entrar a las primeras porque eran las que estaban incluidas en la Luxembourg Card que habíamos comprado al principio del día. Es una parada obligada, pues han aportado mucho para que la ciudad sea Patrimonio de la Humanidad.

A pesar de que las Casamatas de Bock fueron construidas en 1745, sus dimensiones son propias de una obra de ingeniería actual: 1100 metros cuadrados de superficie enterrada. Eso ha hecho que grandes personalidades históricas se acercasen fascinadas, como Napoleón Bonaparte o el emperador Enrique de los Países Bajos. Durante la visita se recorren decenas de habitaciones bajo tierra y con oberturas al exterior. Esto significa que hay momentos para la claustrofobia, para las escaleras interminables y también para las vistas espectaculares. Mención aparte merecen los cañones, todavía preparados por lo que pudiera ocurrir.

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BeneluxLas vistas de por sí eran bonitas, pero si a eso se le suma que estaba cayendo el diluvio universal la sensación era aun más confortable. De todos modos, que nadie espere algo inolvidable de las casamatas: son un sitio curioso de ver, pero ya está. Es cierto que nadie se puede ir de Luxemburgo sin visitarlas, pero desde luego no son una maravilla mundial.

BeneluxDos despedimos de la ciudad acercándonos hasta la Puerta de las Tres Torres (Trois Tours), un pequeño acceso integrado en el segundo recinto amurallado de la ciudad. Es un sitio que en la foto sale muy bonito, pues parece sacado de la Tierra Media de Tolkien, pero en realidad está al lado de una carretera que le quita todo su encanto.

Haciendo balance sobre la capital de Luxemburgo, podemos decir que esperábamos algo más. No es que nos decepcionase, pero se trata de una ciudad como tantas otras. En cierto sentido nos acordamos del viaje que habíamos hecho a Teruel unos meses atrás: las expectativas eran tan altas que el recuerdo no es del todo bueno. Aun así, Luxemburgo es un núcleo europeo importantísimo y recomendamos a todo el mundo visitarlo.

DIEKIRCH

En Europa los museos cierran prontísimo, generalmente a las cinco de la tarde, por lo que no había tiempo de lamentarse si queríamos aprovechar el día al máximo. Volvimos al coche y empezamos la ruta que nos iba a permitir conocer otras zonas del Gran Ducado de Luxemburgo. La primera parada fue en Diekirch (Dikrech en luxemburgués), un nombre que seguro le suena a mucha gente por ser una popular marca de cerveza.

Sin embargo, nosotros no fuimos allí en busca de zumo de cebada, sino porque allí está uno de los museos más importantes de todo el continente: el Museo Nacional de Historia Militar de Luxemburgo (Musée National d’Histoire Militaire, también citado frecuentemente por sus siglas MNHM). Ya en la entrada nos encontramos con distintas máquinas de guerra que por sí solas justificarían el desplazamiento hasta allí.

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El museo está incluido en la Luxembourg Card (como veis, fue buena compra). A lo largo de más de 3000 metros cuadrado se pueden encontrar miles de piezas bélicas modernas, aunque la protagonista absoluta es la II Guerra Mundial. Buena parte del material procede de la Batalla de las Árdenas, que ha sido recreada en distintos dioramas a escala real. Aunque la exposición es bastante antigua, precisamente su encanto reside en eso: cada vitrina es un mundo de objetos en los que se pueden descubrir cosas tan cotidianas como cuchillas de afeitar, medicinas o alimentos de campaña. Todo se muestra de una manera tan directa que da la sensación de que las piezas fueron directamente del campo de batalla a la vitrina, sin ni siquiera quitarles el polvo. Aún huele a guerra en el museo.

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Ya que estábamos allí dimos una vueltecita por el casco histórico, aunque la verdad es que fue bastante breve. Otra vez empezó a llover, y como hasta la noche no íbamos a llegar al hotel no nos apetecía pasarnos el día entero mojados. Además, aún teníamos mucho que ver y tampoco queríamos que nos cerrasen las cosas.

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VIANDEN

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Total, que no tardando mucho llegamos a Vianden (en idioma luxemburgués Veianen). Allí no pudimos esquivar el parking de pago y tocó decirle adiós a 3€ para dejar el coche en el centro del pueblo. Parece una tontería, pero euro a euro se va un pico solo con aparcar en cada ciudad. Aun así teníamos poco tiempo, por lo que nos convenía no perder ni un segundo en buscar n sitio gratis.

Lo que nos había llevado hasta allí era, indiscutiblemente, el Castillo de Vianden (Château de Vianden, Burg Vianden o Buerg Veianen). Antes de dar unos matices históricos y artísticos, os dejamos con la primera imagen que vimos al salir del coche. ¿Acaso no merece la pena ir a la otra punta de Europa por un castillo como este?

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Esta joya de origen medieval comenzó a ser construida en el siglo XI en estilo románico, pero también cuenta con elementos góticos y modificaciones renacentistas introducidas en el siglo XVII. Pasó una época ruinosa, pero se le reconstruyó siguiendo grabados originales y tratando de devolverle su aspecto original. En la actualidad es uno de los castillos más reconocidos de toda Europa, habiendo sido escenario de numerosas películas (como George and the Dragon, con Patrick Swayze) y siendo un ejemplo perfecto de este tipo de construcciones. Nos vinieron muchas visitas anteriores a la mente, como el Castillo de Bran (Rumanía) por su ubicación o el Castillo de los Condes de Flandes (Bélgica) por su arquitectura.

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El recorrido por el interior del castillo es interesantísimo, pues tiene todo el mobiliario propio de un palacio real. Por supuesto, no faltan las armaduras completas de caballero, las camas con dosel y la colección de tapices flamencos. Aprendimos mucho sobre la Edad Media, fue una visita muy divertida y solo podemos decir una cosa: os recomendamos totalmente ir a ver el Castillo de Vianden. Es un lugar perfecto para los amantes del mundo medieval o simplemente de la fantasía épica. Seguro que a nadie le sorprendería ver a un miembro de la Casa Stark sentado en una butaca.

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BeneluxY, al igual que dijimos del Castillo de La Roche-en-Ardenne en el capítulo anterior, las vistas desde lo alto de la fortaleza de Vianden son espectaculares. Merece la pena asomarse para disfrutar del pueblo junto al río Our, los bosques de los alrededores y las brumas que decoran las montañitas casi a cualquier hora del día.

Con esto habíamos cumplido con los objetivos más importantes del día. Quedaba mucho por hacer, pero nos habíamos dado cierta prisa porque no queríamos encontrarnos cerradas cosas como el Museo Nacional de Historia Militar o el propio Castillo de Vianden. Eso nos había obligado a retrasar un poco la hora de la comida, y aunque habíamos picoteado algo a media mañana… ¡No os podéis imaginar cómo nos rugían las tripas!

BeneluxEl caso es que eran más o menos las 15:30, pero al llevar muchas horas en marcha teníamos un hambre atroz. En previsión de que Luxemburgo sería un país caro para comer (no nos equivocamos, pues no encontramos un menú del día menor a 25€ ni sitios de comida rápida), el día anterior habíamos comprado la comida en un Carrefour. Así pues, disfrutamos de una rica comida low cost en el coche.

Lo dicho: lo “gordo gordo” ya estaba visto, pero aún quedaba mucho por hacer tanto en Vianden como en otras ciudades. De momento empezamos a explorar la parte baja de la ciudad, descendiendo por la Grand Rue esta vez sin tantas prisas. Eso nos permitió pararnos tranquilamente a descubrir sitios de interés como la Iglesia de la Trinidad (Trinitarierkirche) o el Ayuntamiento de Vianden (Stadhous). Hay que decir que lo suyo hubiera sido mover el coche hacia la parte baja, donde también hay aparcamientos, pero eso es algo que no supimos hasta ese momento.

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Todo el paseo estaba encaminado a terminar en la Casa de Víctor Hugo en Vianden (La Maison de Victor Hugo à Vianden), también conocida como Museo Literario de Víctor Hugo (Musée Littéraire Victor Hugo). Cuesta 4€ entrar, pero no los pagamos ya que está incluida en la Luxembourg Card.

BeneluxEn esta pequeña vivienda Víctor Hugo se hospedó varias veces como turista entre 1862 y 1865, y también vivió en ella durante varios meses de 1871 en condición de refugiado político. La figura del literato se hizo fuerte en la localidad, y en 1935 decidieron convertirla en un museo para ensalzar su legado en Vianden.

Para nuestro gusto, es un museo excesivamente dedicado a los expertos de Víctor Hugo. Conocemos algunas de sus obras, como Nuestra Señora de París o Los Miserables, pero no es precisamente el escritor del que más cosas sepamos. Por tanto, ver un cúmulo de manuscritos originales puede ser interesante, pero no pasa de una simple curiosidad. Esperábamos un discurso más amplio sobre su vida, pero no lo encontramos. En definitiva: ni fu ni fa. Si vais por la zona y está abierto podéis verlo, pero si está cerrado tampoco os perdéis nada del otro mundo.

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Lo que no se puede perder nadie es el Telesilla de Vianden, el único que hay en todo Luxemburgo. Aunque para los aficionados al esquí probablemente no sea ninguna novedad, nosotros no habíamos montado nunca en uno. Total, que aunque el tiempo seguía revuelto (en toda la tarde no había dejado de chispear) nos animamos, ya que desde lo alto tenía que haber una perspectiva impresionante del castillo. El viaje ida y vuelta está incluido en la Luxembourg Card. Dicho sea de paso, no esperéis ninguna amabilidad de los trabajadores del telesilla, pues son unos bordes de cuidado.

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El trayecto fue gracioso, pues parecía que estaba puesto ahí para nosotros (arriba había una familia y poquito más). Sin embargo, viendo la foto queda claro que no nos equivocamos. Vianden, su castillo y el fantástico paraje natural que los envuelve eran incluso más bonitos vistos desde arriba. Con eso terminábamos en este enclave, declarado Patrimonio de la Humanidad tanto por el pueblo como la fortaleza. Sin duda, una imagen como esta suponía un recuerdo imborrable y la mejor de las despedidas.

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Hicimos el descenso en el telesilla y volvimos a nuestro coche, que -esta vez si- lo habíamos movido y aparcado justo al lado. Parecía que la lluvia nos iba a dar una tregua, algo fantástico porque aun teníamos que hacer una parada.

ECHTERNACH

El último objetivo del día era Echternach (Iechternach), un pequeño pueblo del este de Luxemburgo, separado de Alemania tan solo por un río. Hablemos un poquito de Historia mientras vemos unas cuantas fotos del conjunto.

BeneluxSe trata de un lugar que surgió al lado de un enorme templo religioso, y no al revés. Estamos hablando de la Abadía de Echternach (Abbaye d’Echternach), una antigua comunidad benedictina consagrada a Willibrord de Utrecht (fundador de la misma y, a su vez, santo patrón de Luxemburgo). Se creó en el siglo VII, aunque fue reconstruida en el XIX.

BeneluxUna de las épocas más doradas de la abadía fue el mandato de Carlomagno, pues el abad Beornrad era cercano al emperador. De hecho, fue el propio Carlomagno el que controló la abadía durante un año tras la muerte de su amigo, en 797. Esto puso a Echternach en el mapa, estableciéndose allí uno de los scriptoriums (centros de copias de manuscritos) más famosos de todo el Reino Franco.

BeneluxLas obras de la Abadía de Echternach pasaron a ser conocidas en el mundo entero, y algunas han llegado hasta nuestros días. Existen muchos manuscritos conocidos, pero quizá el más famoso sea el Códice Áureo de Echternach (Codex Aureus), un misal bellamente iluminado del siglo XI. Actualmente se encuentra en un museo de Nuremberg.

Por todo lo dicho en estas breves pinceladas históricas, no debe sorprender que a los pies de la actual abadía se encuentre el Museo de la Abadía (Musée de l’Abbaye), en el cual se exponen facsímiles de códices realizados en Echternach. Incluso hay paneles didácticos que enseñan como era la escritura en la Edad Media: elaboración del pergamino, obtención de los colores, preparación de los materiales… También hay unos cuantos audiovisuales, pero el luxemburgués no es un idioma que se nos dé muy bien. Érika, como buena paleógrafa, disfrutó a más no poder e hizo un montón de fotografías para sus futuras clases en la universidad. Llegamos al museo por los pelos, como a las cuatro y media (y cerraba a las cinco). Aún así, nos invitaron a pasar con una sonrisa y no nos metieron prisa en absoluto. Igualito que en España, donde ni hubiésemos podido entrar. Por cierto, el ticket cuesta 2€, pero está incluido en la Luxembourg Card.

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Pero no solo del museo vive Echternach, pues es un pueblo muy bonito. El epicentro del mismo es la gran Plaza del Mercado (Place du Marché), la cual os mostramos en formato panorámico un poquito más abajo. Es el típico sitio en el que te sientes mal por estar de viaje y no vivir allí, puesto que daban ganas de sentarse en un banquito y quedarse mirando durante horas a cada rincón. Nos gustaría volver aquí en el futuro para poder pasar uno o dos días en este pueblecito.

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BeneluxPor si eso fuera poco, también estuvimos paseando sin rumbo. Las calles comerciales del casco histórico nos recordaron mucho a la Brandenburger Straße de Postdam, es decir, edificios preciosos llenos de bares y tiendas. Ya no teníamos previsto visitar nada más ese día y encima hacía bueno, así que pudimos caminar con total tranquilidad.

BeneluxNuestros pasos por Echternach eran, además, los últimos que dábamos por el Gran Ducado de Luxemburgo. Habían sido solo 24 horas, pero fue suficiente para quedar enamorados para siempre de este pequeño Estado europeo. La capital nos falló un poco, pero Diekirch, Vianden y Echternach cumplieron sobradamente las expectativas.

Ahora solo quedaba el trámite de cada final de jornada: coche hasta el hotel, duchita, cena y dormir.

DORMIMOS EN ALEMANIA

En unos pocos minutos cruzamos la frontera y cambiamos de nuevo de país. Esta vez volvíamos a Alemania, solo unos meses después de haber visitado Berlín. Nuestro objetivo era la ciudad de Trier, la cual recorreríamos al día siguiente por la mañana. Antes teníamos que llegar a Zewener Hof, el pequeño alojamiento en el que habíamos reservado. Está a las afueras del pueblo, pero las habitaciones son enormes y todo está limpísimo. Eso si, tiene dos inconvenientes: que no ofrece wifi y que los dueños solo hablan alemán. Ni inglés ni nada que se le parezca.

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No tener conexión a Internet era un problema menor, pues tampoco es que seamos especialmente ciberadictos. Sin embargo, lo del alemán era otro tema. Como estábamos muy cansados decidimos cenar en el mismo hotel, pues los precios eran baratos (aunque no entendíamos nada) y se veían unos platazos enormes: pollo a la brasa, salchichas, codillos… Además, la carta tenía precios baratísimos, pero no entendíamos nada.

Solución 1: escribimos un sms a la madre de Edu, para que en España mirase determinados platos y nos dijese lo que significaban. Sin embargo, su nulo dominio de la telefonía hizo que nos escribiese cosas tan ilegibles como “chumuersas”, que aún no sabemos a lo que se refería. Solución 2: pegarnos a una simpática pareja de alemanes, que trataron de explicarlos lo que era cada plato.

BeneluxAl final no funcionó ni una cosa ni la otra, pues pensábamos que habíamos pedido un surtido de salchichas y en realidad era un enorme plato de embutido. Teníamos mucho hambre, por lo que nos lo comimos igual, pero desde luego nos quedamos con ganas de haber hablado alemán. ¡La próxima vez llevaremos una guía de conversación!

Quitando el pequeño problemilla con la cena, la jornada había sido maravillosa. Ahora quedaba descansar, pues al día siguiente teníamos el reto de recorrer tres ciudades del oeste de Alemania: Trier, Colonia y Aquisgrán. Lo malo es que ya habíamos pasado el ecuador del viaje, y que la vuelta a casa se iba acercando irremediablemente.

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3 pensamientos en “Sur de Benelux ’12 – Capítulo IV: Gran Ducado de Luxemburgo (día 3)

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