Sur de Benelux ’12 – Capítulo III: La Región Valona a fondo (día 2)

Despertar en un sitio tan encantador como una casa de campo en medio de Bélgica es una experiencia plenamente recomendable. Estábamos muy cansados de la paliza del día anterior, pero los ánimos estaban por todo lo alto, tanto por la belleza del sitio como por lo que nos quedaba de viaje.

BeneluxEmpezamos la mañana desayunando tranquilamente. Aunque normalmente vamos con cierta prisa -el ansia de conocer mundo hace que algunos viajes hayan tenido un ritmo frenético- en esta ocasión habíamos decidido tomarnos las cosas de otra manera. La libertad de movernos en coche hacía que no hubiese límite alguno con los horarios, lo que hacía que nos permitía disfrutar de momentos como este.

Viendo las fotos de un poquito más abajo, no hace falta decir que nos pusimos hasta arriba. Bollos, panes de distintas clases, mermeladas artesanas, zumo recién hecho, té para entrar en calor… Por si eso fuera poco, la señora del hotel no paraba de ofrecernos cosas. Al final no pudimos resistirnos, y cada uno se tomó un revuelto riquísimo. ¡Así se empieza bien un día! ¡Hay que coger fuerzas!

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La despedida de La Source Fleurie fue dura, realmente nos había gustado el sitio. Además, a la hora de pagar la señora no tenía cambio y nos descontó 5€ en el precio final. Si eso hubiera pasado en España nos hubiera puesto cara de mala leche, pero lo hizo con una sonrisa diciéndonos que nos acordásemos de ella y que volviésemos a alojarnos allí alguna vez.

Con las mismas nos montamos en el coche, programamos el GPS y pusimos rumbo a la primera parada del día. Lo que vais a ver es una ruta por libre, pero que nadie se asuste si no le gusta ir por su cuenta. Bélgica, pese a su reducido tamaño, es un país con mucho turismo.

DINANT

En este caso empezamos con Dinant, una de las localidades más turísticas de la Región Valona. Es célebre por infinitas cosas: lo bien que se ha integrado en un paraje natural excepcional, la famosa Masacre de Dinant (una de las batallas más conocidas de la I Guerra Mundial), haber sido el lugar de nacimiento del inventor del saxofón… De todo eso hablaremos a lo largo de los próximos párrafos.

BeneluxLo primero fue dejar el coche. Todo el casco histórico es zonal azul, pero es una ciudad realmente pequeñita: con dos o tres horas es suficiente. Nosotros echamos 2€, lo cual nos permitía tener el vehículo estacionado en pleno centro durante el tiempo suficiente para verlo todo. Lo que veis a la derecha es lo mismo que vimos nosotros nada más bajar del coche. ¿A que no está mal?

Lo primero que visitamos fue la Colegiata de Nuestra Señora de Dinant (Collégiale Notre-Dame de Dinant). No empezamos por ella por un motivo en concreto, simplemente estaba al lado de nuestro coche. Aunque el templo fue construido en el siglo XIII, fue totalmente destruido durante la I Guerra Mundial y su aspecto actual se debe a la reconstrucción llevada a cabo tras el conflicto. Por tanto, estamos hablando de un edificio neogótico bastanter grande. Por fuera no es demasiado bonito, pero su interior es precioso. Además, cuenta con una iluminación perfecta para hacer fotos.

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Justo enfrente de la colegiata hay un puente muy especial, pues en él fue herido Charles de Gaulle durante los combates de 1914. Además, hoy en día tiene un aspecto muy curioso ya que está lleno de saxofones en honor a Adolphe Sax, el creador del saxofón. Fundamentalmente cruzamos el puente porque al otro lado estaba la Oficina de Turismo, en la que nos hicimos con un plano de la ciudad y con los horarios de todo lo que se podía visitar. Os recomendamos utilizar los servicios turísticos belgas, pues siempre son amables y sus orientaciones son de mucha utilidad.

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Aun así, aunque no quisierais ir a la Oficina de Turismo también sería obligatorio cruzar el puente. ¿Por qué? Pues porque desde la otra orilla del río Mosa está la panorámica más bonita de Dinant. La montaña sobre la que se asienta la ciudadela, las coloridas casitas, la colegiata, los barcos y el propio río forman una estampa que nunca falta en las guías de viajes de la Región Valona. No nos negaréis que la imagen es toda una invitación a conocer esta pequeña ciudad.

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Ya con el plano en nuestro poder planificamos lo que iríamos a visitar. Primero subiríamos a la Ciudadela, después recorreríamos el casco histórico y, por último, iríamos a ver una famosa cueva que está en las afueras. Para una estancia de uno o dos días en Dinant se podrían ver muchas más cosas, pero teníamos muchas otras paradas que hacer esa jornada en nuestro road tour.

La Ciudadela de Dinant (La Citadelle) es su construcción más emblemática. Se trata de una fortaleza casi inexpugnable, pues se ubica sobre una roca a más de cien metros de altura. Fue construida por soldados holandeses a comienzos del siglo XIX, aunque desde el siglo XI se levantaron allí distintas construcciones militares. En la actualidad funciona como museo y la forma más sencilla de subir es utilizando el Teleférico que funciona durante todo el día. El ticket conjunto cuesta algo más de 7€ por persona y la subida es muy cómoda. También suelen montar exposiciones, pero la que había en este caso no nos interesaba demasiado (era sobre personajes de Disney hechos con arena de playa).

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Lo primero que llama la atención al llegar a lo alto de la roca es la bonita panorámica que hay de toda la ciudad. Son unas vistas espectaculares, de esas en las que merece la pena estar un rato contemplando los detalles. El puente que habíamos cruzado unos minutos atrás o la iglesia en la que había empezado la visita quizá eran los puntos más reconocibles, pero Dinant tiene mucho más.

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Antes de que sigáis las indicaciones hacia el interior de la Ciudadela, os recomendamos curiosear por un parque que está justo en dirección contraria. En él hay una especie de exposición sobre maquinaria militar del siglo XX: cañones, aviones, tanques… Es curioso que algunos de los objetos estén a solo unos metros de un parque infantil.

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BeneluxEn cualquier caso, la visita propiamente a la Ciudadela es guiada. Los recorridos empiezan cada pocos minutos en todos los idiomas, únicamente hay que buscar el punto de reunión. Como solo nosotros éramos españoles, fue un tour semi-guiado: nos iban abriendo las distintas estancias pero nadie nos explicaba nada. Mejor, pues fuimos a nuestro aire.

El primer tramo del recorrido al que accedimos fue otro mirador. Sinceramente, estábamos equivocados al pensar que la primera panorámica que habíamos visto era insuperable. Desde este punto de la fortaleza, al otro lado de la roca, la imagen de la ciudad es mucho más directa, dando una sensación de mayor verticalidad. Otro rato en el que estuvimos haciendo decenas de fotos.

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Al margen de los miradores, el resto del recorrido es una sucesión de museos. Básicamente tratan sobre la Historia de la ciudad, pero también hay un pequeño Museo de Armas digno de mención. Son salas modestas, sin demasiados medios, pero que a través de maniquíes, paneles didácticos y objetos históricos ayudan a comprender mejor un sitio como Dinant. Quizá le haga falta una renovación, pero nos encantó lo que vimos.

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El punto y final del recorrido por el interior de la Ciudadela es sorprendente. Como ya hemos dicho, en la I Guerra Mundial se vivió en Dinant uno de los conflictos más sangrientos, con grandes daños para la población civil. Ese suceso ha permanecido en la memoria colectiva y la mejor manera de recordarlo es el itinerario interactivo que se ha montado.

BeneluxTras un paseo tranquilo por las distintas estancias de la fortaleza, se llega a un tramo no apto para cardiacos. En él se reconstruyen unas trincheras, un hospital militar en plena campaña, un cuartel asolado por los bombardeos… Aunque es mucho más modesto, nos impresionó bastante más que el famoso Britain at War Experience de Londres. ¡Chulísimo!

Aquí os dejamos un vídeo de poco más de un minuto en el que se puede escuchar a Erika sufrir en ese divertido tramo de la Ciudadela de Dinant:

 

Con esto -y utilizando de nuevo el teleférico- volvimos a la parte baja de Dinant. Empezamos a dar un paseo por su casco histórico, pero de repente se puso a llover con bastante fuerza. Nos refugiamos en el interior de la La Maison de Adolphe Sax (también conocida como La Maison de Monsier Sax), un minúsculo museo establecido en la casa natal del inventor del saxofón. Es un espacio de unos pocos metros cuadrados, en el cual se rinde homenaje a Sax de una manera tan interactiva como vanguardista. Entrar es gratis, así que no os lo perdáis.

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Como no dejaba de llover, decidimos cancelar el recorrido por el casco urbano de Dinant y refugiarnos en el subsuelo. En el término municipal de la ciudad, aunque de difícil acceso si no es con coche, está la famosa Cueva de Dinant o Cueva La Maravillosa (Grotte de Dinant o Grotte la Merveilleuse), uno de los monumentos naturales más famosos de Bélgica. Nos habían hablado muy bien de ella en la Oficina de Turismo, así que no pudimos resistirnos. El problema es solo se puede visitar en visitas guiadas (8€ por persona) que salen a las horas en punto, para lo cual faltaban más de 40 minutos. Aun así decidimos quedarnos y esperar, porque estábamos muy cansados y un ratito sentados no nos vendría mal. Total, que aprovechamos que había dejado de llover para sentarnos en una mesita y apuntar unas cuantas cosas en nuestra libreta de cara a preparar este diario de viaje.

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BeneluxEl guía llegó puntual, aunque parecía haberse dejado la simpatía en casa. Éramos un grupo de unas diez personas, por lo que nos preguntó en qué idioma queríamos las explicaciones. Todos eligieron flamenco menos nosotros, que optamos por el francés, y no debió hacerle gracia tener que contar dos veces lo mismo porque lo hizo con una desgana y una parsimonia de campeonato.

Aun así, nada podía empañar la belleza de este cúmulo de estalactitas, estalagmitas y cascadas fosilizadas. Desde que se descubrió esta cueva -en 1904- ha fascinado a todos los viajeros que han pasado por ella, y desde luego nosotros solo podemos decir cosas buenas de ella. Es increíble todo lo que se esconde bajo el subsuelo y, sobretodo, como la acción del agua es capaz de moldear la roca con unos cuantos miles de años de paciencia.

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BeneluxEl recorrido por la gruta duró más o menos una hora, tiempo más que suficiente para sacarle todo el partido a un escenario difícil de olvidar. Es cierto que con un buen guía hubiésemos aprendido algo más sobre geología, pero da igual. Más que una cueva, parece una obra de arte moldeada de manera caprichosa, y como tal nos ha quedado el recuerdo.

Así llegaron a su fin nuestros pasos por Dinant. Ahora tocaba coger el coche, poner el GPS y desplazarnos hasta nuestro siguiente destino.

DURBUY

No tardamos demasiado en llegar a Durbuy, otra ciudad en la que es casi imposible aparcar sin pagar. Sin embargo, cuando íbamos de camino a la máquina para sacar nuestro ticket… ¡Milagro! Un señor que se iba del pueblo se nos acercó y nos regaló un boleto válido hasta el día siguiente, por lo que nos ahorramos unos euritos. Da gusto encontrarse con gente así.

BeneluxDurbuy es hoy en día una ciudad muy chiquitita, tanto que en los folletos turísticos la presentan como la más pequeña del mundo. Sin embargo, en la Edad Media fue un gran centro comercial e industrial. Fruto de esa época de esplendor ha quedado un entramado urbano muy llamativo, justo lo que nos había llevado hasta allí.

BeneluxEmpezamos, como en tantos otros sitios, por la Oficina de Turismo. Allí nos informamos de los horarios de apertura (básicamente todo estaba cerrado, así que poco había que ver) y nos hicimos con un planito para orientarnos en el recorrido. Como en toda ciudad medieval, es fácil perderse por las calles de Durbuy.

La ciudad tiene algunas construcciones interesantes, como la Iglesia de San Nicolás (Saint-Nicolas) o el Castillo (que, por cierto, es propiedad privada). Sin embargo, lo que realmente destaca es el conjunto. Pasear sin más, descubriendo pequeños rincones con encanto, es lo mejor que se puede hacer en Durbuy. Por ser lunes no pudimos visitar algunos sitios, como el Parque de los Topiarios (Parc des Topiares), el Museo del Diamante (Museé du Diamant) o la fábrica de mermeladas artesanales que hay en las afueras, pero aun así nos quedó un buen recuerdo.

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BeneluxDejando de lado la Edad Media, si se está en la ciudad no se puede dejar de visitar el Anticlinal de Durbuy. Este impactante pliegue de la corteza terrestre es uno de los elementos que más influyen en el relieve de una región, y aquí se aprecia uno con total nitidez. La pena es que no está bien anunciado, ni tampoco hay paneles explicativos.

Aun así, queremos recalcar una vez más que lo importante en Durbuy es su conjunto. De hecho, aunque todavía teníamos mucho que ver ese día, no pudimos evitar volver a recorrer la ciudad de arriba a abajo. Pese a ser una localidad muy pequeña, descubrimos nuevas calles y nuevos rinconcitos propios más propios de un cuento que de la vida real.

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De vuelta al parking, miramos en busca de alguien al que regalarle el ticket (pues duraba hasta el día siguiente). Sin embargo, como no vino nadie, ahora está en nuestro álbum de recuerdos viajeros.

HOTTON

La siguiente ciudad que queríamos ir a ver era La Roche-en-Ardenne, pero el GPS decidió que teníamos que conocer mundo y nos dio una vuelta considerable. Cuando estábamos atravesando la pequeña localidad de Hotton… ¡Sorpresa! Vimos anunciado un cementerio de la II Guerra Mundial, por lo que nos desviamos de nuestro camino y fuimos a verlo.

BeneluxEl Cementerio de Hotton es fruto de los últimos coletazos de la II Guerra Mundial, pues sus muertos proceden de combates de enero del año 1945. También están los restos mortales de algunos soldados caídos en mayo de 1940, que fueron trasladados aquí tras el conflicto. Total, que han quedado casi 700 tumbas: 575 pertenecen a soldados británicos, 88 a canadienses, 1 a un belga y tan solo 20 están sin identificar. Pese a ser un camposanto de reducidas dimensiones está muy bien organizado, e incluso hay un libro de visitas en el cual dejamos nuestro propio mensaje.

Quizá no sea un cementerio tan impactante como los de Normandía, pero fue el primero de la II Guerra Mundial que visitamos y nunca lo vamos a olvidar. De hecho, pasamos bastante rato en silencio, viendo como el viento agitaba el césped entre las lápidas. Si estáis por la zona os recomendamos pasaros, pues lo que se siente en un lugar así es muy difícil de explicar.

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Aunque nos estábamos quejando por la vuelta que nos había hecho dar el GPS, con el tiempo le damos las gracias a la dichosa máquina. Sin sus indicaciones nunca hubiéramos conocido el Cementerio de Hotton.

LA ROCHE-EN-ARDENNE

Tras esa parada imprevista llegamos, por fin, a La Roche-en-Ardenne, uno de los puntos claves de la Batalla de las Árdenas (también conocida como Offensive von Rundstedt en Alemania y como Battle of the Bulge en países anglosajones). Fue una de las últimas grandes ofensivas de las tropas de Hitler, en la cual murieron más de 80.000 hombres entre aliados y nazis. Con esa espeluznante cifra es suficiente para poner de manifiesto el tremendo impacto que tuvo esa batalla en toda la región.

BeneluxDe todos modos, cuando llegamos a la ciudad nada indicaba que se hubiese vivido un episodio tan sangriento. Nos encontramos un sitio tranquilo, en el que las tranquilas aguas del río, el reflejo de las reconstruidas casas y el silencio de sus calles generaban una bonita imagen de bienvenida. Queda muy poético, pero es exactamente lo que vimos.

BeneluxEntre unas cosas y otras teníamos un hambre que daba calambre, así que íbamos con la idea de comer en el primer sitio que encontrásemos. No tardó demasiado en aparecer el típico establecimiento belga de fritos, en el que por poco más de 15€ pudimos disfrutar de una comida tan rica como tóxica. ¡Vaya digestión nos dieron las brochetas!

Aunque era fritanga pura, las salchichas convertidas en brochetas y la montaña de patatas nos trajeron muy buenos recuerdos del viaje a Bélgica de 2008. Quizá nuestro sistema digestivo perdiese diez años de vida útil solo con esa comida, pero aun así mereció la pena.

Dicho esto, y ya con fuerzas de nuevo, empezamos a recorrer La Roche-en-Ardenne. La primera parada fue la Iglesia de San Nicolás (Église Saint-Nicolas), construida por el célebre arquitecto belga Clément Léonard entre 1899 y 1901. Su imagen es tan espectacular desde lejos (se la ve desde los alrededores y casi desde cualquier parte de la ciudad) como desde cerca, pues su estilo de clara inspiración medieval es impresionante. Por dentro es preciosa, aunque sin estar recargada. Muchos templos modernos son excesivamente sobrios o barrocos en demasía, y en este caso el equilibrio es más que perfecto.

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BeneluxLa grandísima nota negativa del viaje fue que, por ser lunes, no pudimos visitar el famoso Museo de la Batalla de las Ardenas (Musée de la bataille des Ardennes). En todos los foros, webs y folletos que habíamos consultado lo ponían de imprescindible para arriba, así que queda apuntado para quitarnos la espinita de no haber entrado.

BeneluxLo que sí pudimos ir a ver fue el Castillo de La Roche-en-Ardenne (Château de La Roche-en-Ardenne). Aunque era lunes estaba abierto, lo cual es de agradecer ya que si no nos habríamos ido casi de vacío de la ciudad. Se trata de una fortaleza de época feudal, construida sobre las ruinas de un oppidum celta. La estructura actual parte fundamentalmente del año 844, aunque ha sido retocada a lo largo de los siglos hasta su abandono en el siglo XVIII. Es un ejemplo excelente de arquitectura militar medieval, y como tal es una visita imprescindible en la Región Valona.

Empezamos por la obligada compra de tickets. Dos entradas y un plano (que lo venden aparte) nos costaron 10.5€ en total. Una vez cruzamos la muralla del castillo nos encontramos exactamente lo que esperábamos: los restos de un impresionante castillo medieval. Por si eso fuera poco, celebra tantas actividades que más que una fortaleza parece un centro cultural. Cuando fuimos no había nada, pero todo estaba engalanado y en un estado maravillosamente bueno. Disfrutamos como enanos recorriendo cada sala y subiéndonos hasta a la última torre.

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Como en prácticamente todos los castillos, las vistas desde lo alto resultaron espectaculares. La panorámica de La Roche-en-Ardenne y de su bonito entorno boscoso fueron la mejor despedida posible de la ciudad. ¡Ah! No podemos terminar de hablar del castillo sin antes presentaros a su habitante más célebre: un fantasma.

El fantasma de Berthe de La Roche y su leyenda
Fantasma de Berthe de la RocheBerthe de la Roche fue la hija de uno de los últimos condes del castillo. Tuvo una vida propia de la nobleza, pero su final fue muy trágico. Cuando ya estaba a punto de casarse, pensó que su prometido le había traicionado y ella optó por la solución más rápida: vendió su alma al diablo a cambio de poder matar a su pareja y a su supuesta amante. Cuando supo que se había equivocado, no pudo hacer otra cosa que lamentarse el resto de la eternidad. Por eso, desde entonces en fantasma vaga por el castillo.

Pese a ser una leyenda de final poco feliz, en la actualidad es un recurso turístico más de La Roche-en-Ardenne. Todas las noches de verano, a las 22:00, el fantasma se puede ver en lo alto del castillo desde el Quartier du Faubourg.

A todo esto, se nos olvidaba enseñaros las fotos desde lo alto del castillo. ¡Entre fantasmas y leyendas casi se nos pasa!

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Con todo lo que habíamos visto hasta ese momento, el día estaba más o menos hecho. Lo “gordo gordo” ya había sido visitado, pero como nos sobraban unas horitas decidimos ir haciendo algunas paradas a la que nos acercábamos hacia el hotel.

BASTOÑA

La primera de ellas fue en Bastoña (en francés Bastogne). Es la típica ciudad que de vez en cuando aparece en los diarios deportivos, en este caso por la clásica ciclista Lieja-Bastoña-Lieja. Al margen de eso, Bastoña sufrió especialmente los combates de la II Guerra Mundial, siendo conquistada varias veces por ambos bandos. Precisamente, lo primero que vimos al llegar fueron varios lugares conmemorativos: estatuas, placas con nombres de soldados caídos, rutas temáticas…

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En seguido nos ubicamos y le hincamos el diente a la Iglesia de San Pedro (Église Saint-Pierre), la más antigua de Bastogna. No se sabe su fecha de fundación exacta, pero hay documentos que ya hablan de ella a finales del siglo IX. Ha sido muy reformada, pero conserva detalles antiguos como una pila bautismal del siglo XII o esculturas del XVI.

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La verdad es que Bastogna no nos llamó demasiado la atención. Buscamos algunas de las cosas que venían en nuestro mapa, pero la mayoría ni las encontramos. Además, tampoco eran muy interesantes en comparación con todo lo que ya llevábamos a nuestras espaldas ese día. Estábamos ya bastante cansados, así que decidimos tirar de coche y seguir con una ruta que estaba dando sus últimos coletazos.

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Antes de abandonar la ciudad vimos un Carrefour y se nos ocurrió parar a hacer algunas compras. Nuestro presupuesto viajando siempre es bastante limitado, por lo que pensamos en comprar algo para cenar, para comer el día siguiente y algunos podris (batidos, bollos, chuches y similares) para lo que quedaba de viaje.

BeneluxNos encanta visitar mercados cuando viajamos, ya sean pequeños y tradicionales o enormes centros de distribución. Del Carrefour de Bastoña nos llamó la atención lo realmente caras que eran algunas cosas, como el embutido o el queso. Aun así nos salió bastante barato ahorrarnos una cena y una comida, cosa que agradeció nuestra economía.

Con el maletero de nuestro coche de alquiler lleno de víveres, continuamos avanzando hacia nuestro destino. Íbamos a dormir en Luxemburgo, pero de camino aun teníamos una parada que hacer.

ARLON

Y es que pasar cerquita de un núcleo urbano como Arlon (Arel, Aarlen o Årlon, si se quiere utilizar el vocablo alemán, neerlandés o valón respectivamente) era demasiado tentador como para no hacer un alto en el camino, aunque solo fuese un ratito.

Durante todo el viaje hemos tenido clara una cosa: merece la pena aparcar en las afueras de cualquier ciudad y evitar conducir por los cascos históricos. El aparcamiento es caro y el tráfico insoportable, por lo que solemos programar el coche hacia calles que están a cinco minutos andando de las cosas para ver.

BeneluxSiempre salió bien, salvo en el caso de Arlon. Aquí fuimos demasiado precavidos y acabamos dejando el automóvil bastante más lejos de lo que se podría calificar como una zona cercana al centro. Nos tocó andar más de la cuenta, pero mereció la pena porque pudimos hacer fotos de esas que son perfectas para empezar a hablar de una ciudad. ¡Hay que ser positivos en esta vida!

Ya desde lo lejos, destaca por encima del resto la figura de la Iglesia de San Martín (Église Saint-Martin). Este impresionante templo neogótico de comienzos del siglo XX (fue construido entre 1907 y 1914) tiene una torre enorme, tanto que se la ve desde cualquier punto de la ciudad. La pena es que por la hora que era ya estaba cerrada y nos quedamos con las ganas de verla por dentro, pero aun así no nos resignamos y continuamos explorando.

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Al lado de la iglesia se encuentra el auténtico epicentro de Arlon: la Plaza Léopold. En ella se encuentran algunos de los edificios más representativos de la ciudad, entre los que sin duda destaca el Palacio de Justicia (Palais de Justice), en la fotografía del centro. Es una plaza muy bonita, típicamente belga.

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BeneluxSin embargo, lo que más nos llamó la atención fue un tanque ubicado en un rinconcito de la plaza. Nos fijamos en él porque había un grupo enorme de gente subiéndose y haciéndose fotos. El vehículo militar, utilizado por los aliados en la liberación de Arlon el 10 de septiembre de 1944, está en un estado muy bueno pese al paso del tiempo.

Tuvimos que esperar un poquito (incluso después del grupo enorme había otro más chiquitito de turcos, con los que estuvimos hablando un rato sobre Estambul), pero al final llegó nuestro momento foto. ¡Viva nuestro tanque!

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Ahora si que si, ya no podíamos más. Nuestro único objetivo era ir a nuestro hotel y descansar, que había sido un día larguísimo.

DORMIR EN LUXEMBURGO

BeneluxLa frontera de Luxemburgo está a solo 4 kilómetros de Arlon, por lo que en pocos minutos estábamos entrando en un nuevo país, el número 13 en nuestro currículum viajero. Es uno de los Estados más pequeños del mundo, aunque ya os daremos más datos en el capítulo siguiente. De momento solo podemos decir que nos hizo mucha ilusión cambiar de país por tercera vez en el mismo viaje.

Habíamos reservado en Chez Anna et Jean, un pequeño hotel-restaurante a poco más de 3 kilómetros de la capital de Luxemburgo. Encontrarlo fue fácil gracias al GPS, aunque el dueño tuvo que salir para ayudarnos a meter el coche en su estrecho aparcamiento. Dicho sea de paso, el establecimiento está regentado por una simpática pareja con la que hablamos bastante tiempo. El hombre tiene antepasados españoles (su abuelo era de Salamanca) y habla un poquito español. Podéis ver más información del hotel en la información práctica, aunque vaya por delante que ver las torres de la Catedral de Luxemburgo desde su azotea nos puso los dientes largos. ¡Qué ganas teníamos de recorrer a fondo el Gran Ducado!

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Antes de eso había que pegarse una buena ducha, cenar -cosa que hicimos en la habitación, ya que habíamos comprado cosas en el Carrefour- y descansar, que estábamos agotado después de dos días a tope recorriendo el sur de Bélgica.

Capítulo IIVolver a Sur de Benelux ’12Capítulo IV

6 pensamientos en “Sur de Benelux ’12 – Capítulo III: La Región Valona a fondo (día 2)

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  2. Hola! los felicito por este blog dónde describen e ilustran tan bien v/viajes.
    Estoy organizando un viaje para agosto por Valonia, Holanda y Dinamarca, partiendo de Frankfurt que es adonde llega nuestro vuelo.
    Dispongo de 3 días y 2 noches. He pensado en:
    * Frankfurt/Dusseldorf/Aache/Maastrich/Lieja/Amberes.
    * Frankfurt/Trier/Viandem/Bouillon/Dinant/Lovaina/Amberes
    * Frankfurt/Trier/Viandem/Bastogne/Dinant/Durbuy/Lovaina/Amberes.
    Somos unos cincuentones acostumbrados a andar como uds. por ello me atrevo a pedirles ayuda para elegir una ruta con los mejores sitios ya que sólo tengo 1 opción…
    Saludos desde Argentina!

    • Hola Betty! Tener un reconocimiento así nos ayuda a seguir viajando y a contarlo 😀 Gracias! En cuanto a lo que nos comentas nosotros elegiríamos la primera teniendo en cuenta los días que tenéis y las ciudades que nosotros conocemos (Aachen, Maastricht, Lieja y Amberes) merecen mucho la pena. Esperemos que lo paséis en grande y la vuelta nos tenéis que contar qué tal ha ido todo ¡Saludos!

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