Sur de Benelux ’12 – Capítulo II: Charleroi, Mons y Namur (día 1)

Levantarse a las cuatro de la mañana puede parecer duro, pero la cosa cambia si el madrugón se debe a que empieza un viaje. Precisamente por eso, pese a la falta de sueño, empezamos el día con la mejor de nuestras sonrisas. Teníamos por delante seis largas jornadas de aventura en las que recorreríamos a fondo el sur del Benelux (la región Valona de Bélgica, Luxemburgo y el sur de Países Bajos) y un poquito del oeste de Alemania. ¿Cómo no estar ilusionados?

BeneluxEn esta ocasión los padres de Edu fueron los encargados de llevarnos a la Terminal 1 del Aeropuerto de Madrid – Barajas, desde donde salía nuestro vuelo hacia Charleroi (Bélgica). Ese día era el debut de España en la Eurocopa, y un montón de aficionados volaban a Polonia para animar a la selección… entre ellos, el Conde Lequio (algo borroso a la izquierda de la fotografía).

El avión de Ryanair despegó puntualmente a las 6:30. Últimamente nos habíamos desplazado más bien con Easyjet, por lo que se nos habían olvidado las estrecheces entre los asientos y las populares rifas de la compañía irlandesa. Aun así, el trayecto fue tranquilísimo y un poquito antes de las 9:00 ya estábamos en el coqueto Aeropuerto de Charleroi (también llamado como Bruselas Sur). Ya conocíamos el lugar por el viaje a Bélgica de 2008, en el que pudimos visitar ciudades como Amberes, Gante o Brujas. En realidad, la zona está perfectísimamente comunicada, pues en Charleroi o en la propia Bruselas operan la mayoría de las low cost europeas: Ryanair, Easyjet, Vueling

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Durante todo el viaje nos moveríamos con un coche de alquiler, pero la oficina no abría hasta las tres de la tarde. Nuestro plan era aprovechar la mañana para ir a visitar la propia ciudad de Charleroi y Mons. Para no ir cargados, dejamos las maletas en unas taquillas (hay que buscar la señalización “lockers“, según se sale de la terminal a mano derecha). Nos costó 5€ dejarlas allí durante unas horas, pero nos pareció una cantidad razonable a cambio de no ir cargados de un sitio a otro.

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BeneluxLa ciudad de Charleroi está bien comunicada con su aeropuerto, mediante un autobús que pasa varias veces al día. Los domingos, como en este caso, lo hace una vez cada hora. Cuesta 3€ por persona (solo la ida), es un vehículo relativamente nuevo y va bastante rápido, porque en poco más de 15 minutos ya estábamos en nuestro destino.

El autobús nos dejó en la estación de tren. Para aprovechar el tiempo al máximo, lo primero que hicimos fue ir a comprar los billetes de ida y vuelta para Mons: 7.2€ cada uno (ticket Weekend). Como teníamos que esperar casi una hora hasta el siguiente tren, decidimos ir primero a visitar Charleroi y nos apuntamos las horas en las que pasarían los próximos vehículos. ¡¡El viaje acababa de empezar!!

CHARLEROI

Pese a que varias personas nos habían dicho que Charleroi no era gran cosa, estaba tan a mano que no pudimos resistirnos a visitarla. Y es que se trata, mayormente, de una ciudad industrial, en la que poco se ha conservado de sus orígenes en la Edad Moderna. El desarrollo industrial y las terribles batallas de la I Guerra Mundial arrasaron la mayor parte de su casco histórico, pero aun así han quedado algunas cositas que merecen la pena.

El Puente del Rey Balduino (Pont Roi Baudouin) es lugar de paso obligado para empezar a recorrer la ciudad desde la estación de tren, ya que sirve para cruzar el bonito río Sambre. Este afluente del río Mosa fluye fundamentalmente canalizado, y dos de sus ramales atraviesan de una punta a otra Charleroi.

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La ciudad está dividida en una parte alta y otra baja. En principio la primera es la de mayor interés para el viajero, pero hay que pasar por la segunda se quiera o no. Además, teníamos toda la mañana por delante y Charleroi es bastante chiquitita, por lo que no nos íbamos a dejar nada en el camino.

BeneluxLa verdad es que primera impresión no fue nada buena. La parte baja de Charleroi está bastante degradada, los edificios se ven algo sucios y no nos cruzamos con nadie por la calle. Y eso pese a que se trata de un núcleo urbano con más de 200.000 habitantes (más grande que Getafe, por ejemplo), no de un pueblo perdido en medio de la nada.

El eje central de la parte baja es la Plaza de Alberto I (Place Albert I). En ella se encuentra la Iglesia de San Antonio de Padua (Église Saint-Antoine-de-Padoue), un mazacote del siglo XIX que no pasará precisamente a los anales de la historia por ser el edificio más bonito del mundo. Es bastante gris, como sus alrededores.

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Aunque en algunas calles no hay señalización, para ir a la parte arte de Charleroi hay que ir básicamente para adelante. De hecho, le preguntamos a un simpático señor mayor y, aparte de decirnos que siguiéramos caminando, nos avisó de que la subida sería bastante dura. También nos dijo que, al ser domingo, se estaba celebrando un mercadillo bastante interesante.

BeneluxEl viaje acababa de empezar e íbamos sobrados de fuerzas, pero hay que reconocer que la cuesta era durilla. Menos mal que habíamos dejado las maletas en los lockers del aeropuerto, porque hubiera sido mortal tirar de ellas calle arriba. Según íbamos ascendiendo la ciudad tomaba otro aspecto, mucho más agradable de lo que habíamos visto hasta allí.

Al final, la subida tuvo su recompensa. La Plaza de Carlos II (Place Charles II) toma su nombre del último rey español de la dinastía de los Austrias. Es el auténtico epicentro de la ciudad, pues en ella y en sus alrededores se encuentran los edificios más interesantes de la misma: el Ayuntamiento (Hôtel de la Ville), de 1936; la Iglesia de San Cristóbal (Église Saint-Christophe), con su  mosaico de Jean Ransy; y, literalmente por encima del resto, el Campanario (Beffroi). Sus 80 metros de altura le han servido para formar parte de la lista de 56 campanarios francobelgas que son Patrimonio de la Humanidad. Cada hora suena su carrillón, formado por 47 campanas, lo cual es una auténtica delicia.

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Lo que más nos gustó, sin lugar a dudas, fue su mercadillo (marché dominical). Los orígenes hay que buscarlos a comienzos del siglo XVIII, cuando se empezaron a reunir periódicamente en la localidad comerciantes de todas las procedencias. Hoy en día sobretodo se venden flores, verduras y ropa. Merece la pena acercarse a Charleroi solo por la mezcla de olores, colores y sonidos que se produce en el mercadillo.

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BeneluxAunque eran las 10:30 de la mañana, ya hacía más de seis horas que nos habíamos levantado. En el mercadillo estaban funcionando muchos puestos de comida, los olores nos despertaron el apetito y… ¡No pudimos resistirnos! No es que sea lo más típico, pero almorzamos un enorme y suculento bocadillo de morcilla con cebolla pochada. ¡Riquísimo!

BeneluxSemejante manjar sirvió para poner un punto y seguido en el viaje. Con él terminaba nuestra visita a Charleroi, ya que a las 11:19 salía nuestro tren hacia Mons. Más o menos habíamos necesitado un par de horitas para verlo todo, incluyendo el traslado desde/hasta la estación. Como cabía esperar, la puntualidad del ferrocarril belga fue impecable.

El trayecto fue muy cómodo, puesto que los trenes de Bélgica funcionan espectacularmente bien. En poquito más de media hora cambiamos radicalmente de tercio, pues pasamos de una ciudad grisácea -a excepción de su interesante mercado- a otra llena de color.

MONS

Así como las referencias sobre Charleroi eran bastante malas, en cuanto a Mons nos habían hablado maravillas. La encargada de ensalzar todo lo relacionado de la ciudad fue nuestra amiga Sofía, que estuvo allí de Erasmus (Erasmons, como dice ella) y se trajo de premio al amor de su vida. Siempre que puede habla de esta pequeña ciudad de menos de 100.000 habitantes, por lo que nos había entrado la curiosidad y era una de las fijas del viaje.

La primera impresión fue bastante buena, pues nada más salir de la estación de tren nos encontramos con el bonito mercado de flores que se celebra cada domingo en la Place Léopold. En prácticamente todas las ciudades de Bélgica hay una plaza, una calle o una estatua en honor a Leopoldo I, el primer rey belga tras la independencia del país. Es una de esas figuras nacionales de primer nivel, como pudieran ser los Reyes Católicos en España.

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BeneluxPese a ser un sitio bastante chiquitito, en Mons hay bastantes museos: el Museo de Artes Decorativas François Duesberg (en la foto), el Museo de la Carretera, el Museo del Folclore y de la Vida en Mons… Sin embargo, muchos estaban cerrados. Además, en este viaje nos apetecía más conocer ciudades que ir de museo en museo.

La que siempre es una parada obligada en Mons es la Colegiata de Santa Vautrudis (Collégiale Sainte-Waudru), un impresionante edificio de estilo gótico brabantino consagrado a la patrona de la ciudad. Es una de las construcciones más importantes de toda Valonia (la región sureña de Bélgica). Se empezó a edificar en 1450 y no se terminó hasta 1621, pero pese a que los trabajos durasen casi dos siglos se siguieron los planos originales. Precisamente ahí está el principal valor del templo, pues apenas recibió influencias de corrientes arquitectónicas posteriores.

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BeneluxLa nave principal es impresionante, mucho más llamativa que el exterior: luminosa, amplia, silenciosa… Todo lo que se espera de una iglesia gótica. Solo estábamos cuatro personas allí (curiosamente había otra pareja de viajeros españoles), por lo que pudimos disfrutar tranquilamente del edificio. Lleva su tiempo recorrerlo en profundidad, pues tiene casi treinta capillas entre las dos naves laterales. La mayoría de ellas están llenas de obras de arte como retablos, reliquias o tallas de madera, por lo hay que ir con los ojos bien abiertos.

En nuestra opinión, hay que destacar especialmente tres elementos. El primero de ellos es el órgano, impresionante en lo estético pero no tuvimos la suerte de escucharlo. El segundo es el coro, que pese a estar en mal estado sigue siendo una excelente pieza en madera. Por último, el tercero es el Carro de Oro (Car d’or), una carroza del siglo XVIII que se utiliza para sacar en procesión el relicario de Santa Vautrudis.

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Al igual que pasa con los museos, el patrimonio arquitectónico de Mons es enorme en comparación con su pequeño tamaño. Durante el recorrido que hicimos por la ciudad vimos tantas cosas como para llenar decenas de párrafos: el Campanario (Beffroi), que es Patrimonio de la Humanidad; la Casa Española (Maison Espagnole), una bonita vivienda del siglo XVI; el Teatro Real (Théâtre Royal), de estilo neoclásico… Definitivamente Mons merece la pena.

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El Campanario merece una mención especial. Sus 87 metros de altura y su carrillón de 49 campanas le convierten en uno de los grandes símbolos de la ciudad. No pudimos visitarlo por estar en plena restauración, pero nada impidió que disfrutásemos de su sonido, ya que toca cada hora:

 

BeneluxComo en tantas y tantas localidades belgas, el centro de la ciudad es la Grand Place. Fuimos hacia ella dando un paseo por las callecitas de Mons, y según nos íbamos acercando nos empezábamos a topar con más gente. Cuando estábamos a un par de calles de distancia, se escuchaba música de fondo y casi no se podía ni avanzar. ¿Qué era todo eso? Con todos ustedes… ¡El Doudou!

El Ducasse de Mons (también llamado Doudou)

DoudouEl Ducasse de Mons (cuyo nombre popular es Doudou) es la fiesta mayor de la ciudad. Se celebra cada año el fin de semana más cercano a la Trinidad (más o menos ocho semanas después del domingo de Pascua).

Son muchos los actos que se celebran en esta fiesta, que van desde las procesiones hasta las exposiciones culturales. El más destacado es el Lumeçon, un “combate” de origen medieval que se inspira en la pelea entre San Jorge y el dragón.

BeneluxHay que decir que nosotros no tuvimos la suerte de ir en pleno Lumeçon, pues había sido la semana anterior. Sin embargo, desde hace ya algunos años, siete días después del legendario combate entre los habitantes de Mons y el dragón se celebra el Petit Lumeçon, una adaptación de la fiesta para los más pequeños de la casa.Por eso estaba la plaza tan sumamente abarrotada.

La verdad es que nos gustó mucho estar en medio de esta pedazo de fiesta. El ambiente era chulísimo, había un montón de gente y la música no paraba de sonar. Aquí tenéis un pequeño vídeo en el que podéis ver como lucía la Gran Place de Mons:

 

BeneluxPor cierto, no pudimos evitarlo y nos hicimos con nuestro propio peluche de Doudou. Costó 5€ (bastante caro para lo pequeño que es), pero nos apetecía mucho llevarnos un recuerdo del día tan especial que estábamos pasando en Mons. Ahora duerme cada noche junto a nuestros muñecos de Super Mario Bros, Angry Birds y Star Wars.

BeneluxLa parte negativa de todo esto es que no pudimos disfrutar de la Grand Place de Mons desde un punto de vista arquitectónico o artístico. Y realmente merece la pena, no solo por el enorme Ayuntamiento (Hôtel de Ville) del siglo XV, sino por el resto de edificios. Queda pendiente para una futura visita a la ciudad.

Como la plaza estaba hasta arriba de gente, dimos una vueltecita por los alrededores. Gracias a eso pudimos visitar la Iglesia de San Nicolás (Eglise Saint-Nicolas) y la Iglesia de Santa Isabel (Eglise Sainte-Elisabeth), dos edificios muy chulos.

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BeneluxEntre paseo y paseo nos habíamos despistado, y ya era la hora de comer. No nos apetecía demasiado dar vueltas, así que lo hicimos en el McDonalds de la Gran Place. No teníamos demasiado hambre gracias al bocadillo de morcilla mañanero, así que con unos happy meal tuvimos de sobra. ¡Hacía por lo menos 15 años que no nos tomábamos un menú de esos!

No quedaba mucho más que ver en Mons o, mejor dicho, no teníamos más tiempo. A las 15:30 teníamos que recoger el coche de alquiler en Charleroi, por lo que no podíamos entretenernos. De todos modos, no nos fuimos sin antes subir a la bonita Plaza del Campanario (Square du Beffroi), un parquecito precioso en un pequeño promontorio.

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Lo mejor del parque es que ofrece una panorámica muy bonita de todo el casco antiguo de Mons. Los tejados de las casas, las torres de las iglesias y los bosques al fondo forman una imagen difícil de olvidar. Fue la mejor manera de despedirnos de una ciudad que, sinceramente, os recomendamos visitar.

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LA ODISEA DE RECOGER EL COCHE

BeneluxHasta este punto todo había sido rápido y limpio, pero recoger el coche fue una auténtica tortura china. Primero nos tocó volver a Charleroi en un tren más lento que a la ida (47 minutos en lugar de 32). Eso hizo que perdiésemos por los pelos el autobús hacia el aeropuerto y, al ser domingo, solo pasa uno cada hora.

Total, que tuvimos que estar una hora sentados en la estación. Preguntamos a los taxistas por el precio del trayecto al aeropuerto, pero frente a los 6€ que nos costaba en autobús nos pedían 40€… ¡¡¡LADRONES!!! No queríamos que nos pegasen ese estacazo, así que nos armamos de paciencia y esperamos los sesenta minutos de rigor. Por si eso fuera poco, a la entrada al aeropuerto había un atasco colosal, hasta el punto de que la gente se bajaba de los coches e iba corriendo para no perder sus vuelos.

BeneluxNuestra reserva era de 15:30 a 16:30 y, según el contrato, más allá de esa hora no nos garantizaban el coche. Entre pitos y flautas llegamos a las 17:00 a las oficinas de Budget, pero al final no pasó nada. Un chico muy amable nos entregó el coche y nos explicó que las condiciones eran mucho mejores de lo que pensábamos: la franquicia era muy pequeña y no teníamos que pagar la gasolina del depósito por adelantado, solo devolverlo lleno. Encima nos dieron un Seat Ibiza nuevecito, con muy pocos kilómetros y en perfecto estado. ¡Genial Budget!

El verano anterior, cuando fuimos a Marruecos en familia, habíamos alquilado un coche. Sin embargo, esta era la primera vez que lo hacíamos los dos solos y estábamos muy ilusionados. Miramos en distintos foros y comparadores de precios, y finalmente optamos por Budget por varias cosas: precio, condiciones, tipo de vehículo… Por menos de 30€ al día dispusimos de un vehículo que no dio ningún problema, por lo que os recomendamos reservar con esa compañía si vais a hacer un viaje similar.

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Ya con el coche en nuestro poder, programamos el GPS que habíamos comprado una semana antes (y al cual le habíamos cargado los mapas de toda Europa) y nos pusimos en marcha. ¡Qué nervios! Tantos que nos perdimos dos veces para conseguir salir del aeropuerto…

NAMUR

Una vez estábamos motorizados, teníamos tres objetivos antes de acabar el día: visitar la ciudad de Namur, encontrar un sitio en el que ver el partido entre España e Italia y desplazarnos hasta el alojamiento en el que íbamos a pasar la noche.

BeneluxLo primero fue fácil, pues siguiendo las indicaciones del GPS llegamos sin problemas a Namur, la capital de Valonia. Teníamos unas expectativas muy altas, aunque nos decepcionó un poco. Pero antes de las conclusiones, vamos a enseñaros qué fue lo que vimos. Aparcamos en una calle a orillas del río Mosa (Meuse), al otro lado de la Ciudadela.

El casco histórico es bastante chiquitito, así que casi sin darnos cuenta estábamos visitando la extraña Catedral de San Albano (Cathédrale Saint-Aubain). Fue construida a mediados del siglo XVIII en una mezcla entre barroco y neoclásico. Más allá de cuestiones arquitectónicas, lo que más nos llamó la atención fue que estaban celebrando una misa a la antigua usanza: con el sacerdote de espaldas a los fieles, mirando a occidente.

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Al margen de este edificio de gran entidad, dimos un paseo por el resto de la zona histórica de Namur. Pasamos por distintas sedes de la Universidad, aunque no vimos nada de ambiente por las calles. También fuimos a ver el Palacio de Justicia (Palais de Justice), una mole que no resulta especialmente bonita.

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El objetivo del paseo era conocer la ciudad, pero también encontrar un bar en el que ver el partido en el que España debutaba en la Eurocopa. Costó lo suyo, pero finalmente encontramos un pequeño pub en el que vimos el encuentro contra Italia rodeados de gente que iba en contra de la Roja. De hecho, cuando se adelantaron los italianos gritaron y nos hicieron algún que otro gesto, pero tuvieron que callarse cuando Fábregas empató unos minutos después. Nuestros gritos celebrando el gol todavía resuenan por Namur.

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El día había empezado muy pronto, ya llevábamos varios kilómetros caminados y los nervios del partido nos habían dejado bastante tocados, así que cuando terminó el encuentro decidimos que había llegado el momento de ir a nuestro alojamiento a descansar. Eso sí, no pudimos evitar subir con el coche a la Ciudadela (Citadelle). Estaba cerrada, pero no nos dio demasiada pena ya que sabíamos que al día siguiente nos sacaríamos la espinita en Dinant.

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Con el tiempo nos ha quedado la sensación de que Namur fue la gran decepción del viaje. Quizá sea porque esperábamos demasiado o porque estábamos pendientes de encontrar un partido para ver el fútbol, pero el caso es que nos pareció una ciudad bastante sosa y realmente gris. Ya nos encargaremos de visitarla en otra ocasión, a ver si hay suerte y cambia la imagen que ha quedado grabada en nuestra mente.

De todos modos, no había tiempo para decepciones. Nuestro alojamiento estaba más al sur de la Región Valona, en un pequeño pueblo llamado Profondeville, y hacía allí nos dirigimos siguiendo las instrucciones de nuestro GPS. No queremos dejar de destacar la libertad que supone moverse en coche de alquiler, pues durante toda esta semana por el Benelux hicimos paradas como la que veis en las fotos de debajo. Sitios en medio de la nada, de los que ni siquiera sabemos el nombre, pero que nos parecieron propios de un cuento de hadas.

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PROFONDEVILLE

BeneluxY hablando de cuentos de hadas, nuestro alojamiento en Profondeville bien podría formar parte de una bonita historia. Se llamaba La Source Fleurie y era una casita en medio del campo. La dueña era majísima, la habitación enorme y el desayuno se merece varias estrellas Michelin (como veréis en el capítulo siguiente).

Profondeville es un pueblo de poco más de diez mil habitantes, pero aun así hay sitios en los que comer y cenar. Nada más hacer el check in salimos en busca de un restaurante, pues era relativamente tarde para las horas a las que están acostumbrados. Por recomendación de la señora del hotel fuimos a un restaurante chino que estaba enfrente, al otro lado de la carretera. ¡Menudo acierto! Fue algo más caro que en un restaurante chino de España (18€ en total), pero la comida estaba riquísima.

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BeneluxLos Rollitos de primavera y el pollo al curri con arroz nos supieron a gloria. Es muy típico en muchos países europeos que si pides la comida para llevar te salga algo más barata, y eso fue lo que hicimos. Además, encontramos un sitio precioso para una cena romántica: una especie de pequeño muelle en el río Mosa, en el que no dejamos de sonreír… ¡Hasta que tuvimos que recoger de golpe! De repente empezó a llover y tuvimos que llevarnos nuestros tuppers y palillos chinos a la habitación del hotel. Por suerte, tenía mesita y pudimos terminar la cena sin mayor complicación.

Benelux¿Qué podemos decir? La estancia en La Source Fleurie fue inolvidable. Os recomendamos este alojamiento si estáis haciendo una ruta por la zona, aunque solo si disponéis de un coche para moveros ya que de otra forma es imposible llegar. Si queréis más información sobre el alojamiento podéis consultar la información práctica de este mismo diario.

Una vez cenamos, nos dimos una ducha calentita y nos preparamos el itinerario del día siguiente. También aprovechamos para subir algunas fotitos a nuestros perfiles de facebook y twitter. Dicho sea de paso, podrías entrar en los enlaces y darle a “me gusta” y “follow” respectivamente.

Y poquito más. Por delante teníamos las ocho horas de sueño reglamentarias, suficientes para reponer fuerzas tras un día viajero tan maratoniano y prepararnos para el siguiente. La aventura acababa de empezar y aun teníamos por delante muchos lugares para visitar.

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4 pensamientos en “Sur de Benelux ’12 – Capítulo II: Charleroi, Mons y Namur (día 1)

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