Sierra de los Porrones ’10 – Capítulo II: Cinco amigos en busca de agujetas

En cualquier aventura, por pequeña que sea, hay que tener suerte. Y nosotros en esta la tuvimos, pues nos juntamos con los amigos para ir a hacer una excursión en el típico día en el que la gente se queda en casa: amaneció con frío, nublado, la noche anterior estaba diluviando… Sin embargo, le echamos determinación al asunto y según íbamos llegando a nuestro destino el día se iba abriendo para regalarnos un solazo espectacular.

Como ya hemos dicho en la Información práctica y en la página principal, este relato está protagonizado por un itinerario circular por la Sierra de los Porrones que hicimos Cristina, Irene, Jero y nosotros dos. El recorrido por ese cordal montañoso, también conocido como cuerda de los Porrones o cuerda del Hilo, surgió de casualidad. El día anterior pensábamos en buscar algunas localizaciones de Águila Roja (fundamentalmente el Dedo de Dios), pero antes de hacer cualquier ruta pasamos por la Oficina de Turismo de Manzanares el Real. Allí nos dijeron que nuestros objetivos estaban bastante lejos, y entre las distintas rutas que nos recomendaron nos quedamos con ésta, de unas seis horas. Sorprendentemente nadie dijo nada acerca de su duración o dureza.

Así, sin más dilación, desde Manzanares el Real cogimos la carretera que sube a la Pedriza. A la entrada mantuvimos una extraña conversación con el guarda, que al saber que era nuestra primera vez y la ruta que habíamos escogido sólo nos dijo dos cosas: “Uh, tíos” y “Hay un repecho muy heavy”. Sus avisos no nos amedrentaron y en pocos minutos dejamos el coche en el pequeño aparcamiento del Collado de Quebrantaherraduras. Ya desde el primer momento disfrutamos de unas buenas vistas de La Pedriza y de la Cuerda Larga.

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Sierra de los Porrones 03Como era de esperar los primeros minutos fueron más de cachondeo que de otra cosa: fotos, comentarios sobre nuestra supervivencia, críticas a las botas de nazi que llevaba Cristina… lo típico. Eso sí, hubo unos minutos para orientarnos a partir de los mapas que nos habían dado y para hacernos una foto con nuestro estado de ánimo antes de empezar.

Sierra de los Porrones 04Y con las mismas nos pusimos a andar. Todos teníamos recuerdos más o menos difusos del entorno, algunos por haber ido con el cole y otros por haber hecho excursiones con sus padres. El caso es que para todos era la primera vez que veníamos por iniciativa propia, y teníamos un aspecto que, sinceramente, apestaba a domingueros.

De hecho, durante la primera parte del recorrido no hicimos otra cosa que tomar contacto con el entorno: desde hacer fotos chorras hasta familiarizarnos con las señales que marcaban nuestra ruta, pasando por cantar un recopilatorio de las mejores canciones de Los Simpsons.

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Sierra de los Porrones 08Una de las cosas más interesantes del recorrido que hicimos es que tenía infinidad de caras. Tan pronto se estaba en un profundo bosque de pinos como se abría paso una zona pelada con grandes rocas. Eso hacía que andar, pese a que no sea el deporte favorito de Jero, no fuese monótono y de vez en cuando se oyesen “quebonitos” y “comomolas”. También hay que destacar, pese a no cruzarnos con demasiada gente, la variedad de excursionistas: domingueros como nosotros, atletas que hacían el recorrido corriendo, una mujer con sus perros…

La verdad es que la primera hora de nuestra ruta no dio para demasiado, y de hecho hicimos un par de paradas sin estar realmente cansados. Eso sí, en ellas aprovechamos para desayunar y hacer pipí, pues nuestro ritmo estaba siendo tan lento que nos propusimos no parar durante las dos siguientes horas. Por cierto, en una de esas paradas vimos una muda de serpiente digamos… inquietante. Nos impactó un poco, y de hecho cada vez que andábamos entre maleza Irene decía que “ese ruido le sonaba a serpiente”.

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Una de las partes de la ruta que más nos gustó es la que se adentraba en los frondosos pinares generados a partir de una repoblación de mediados del siglo XX. La zona estaba sufriendo una profunda erosión, y se decidió plantar miles de pinos para frenar el proceso. Como ya era octubre, el suelo había adquirido unos tonos marrones preciosos, y aprovechamos para hacernos varias fotos… extrañas. En realidad vivíamos felices y gastábamos fuerzas de la manera más ingenua que se puede imaginar antes de que la senda se empezase a poner fea.

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Y es que no nos habíamos tomado muy en serio las recomendaciones del hombre de la entrada, y cuando nos dijo que había un “repecho heavy metal” pensamos que nos estaba vacilando… hasta que nos topamos con una auténtica autopista al infierno. Después de los primeros kilómetros la ruta se hacía cuesta arriba, con un desnivel que ya nos gustaría ver a cualquier ciclista superar. Además, se trataba de la típica subida irónica, pues cada vez que llegábamos a la parte más alta que se veía girábamos la cabeza y nos dábamos cuenta de que por delante teníamos un tramo con más inclinación aún.

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Sierra de los Porrones 15La subida fue una auténtica rompe-piernas. Tuvimos que hacer un par de paradas que aprovechamos para reponer líquidos y dar descanso a unos pies que se estaban acordando de todos nuestros familiares. Lo bueno es que la subida se hace entre pinos, lo que nos regalaba un entorno precioso y nos libraba del calor (lo cual se agradeció enormemente).

Lo dicho, cada vez que llegábamos a lo alto nos dábamos cuenta de que quedaba lo peor por subir (algo así como lo que le pasó a Homer Simpson al escalar el Monte Springfield). De hecho, cada vez que veíamos un lugar con buenas vistas o unas rocas en las que sentábamos hacíamos un alto en el camino. Si hubiera sido el final del camino igual lo hubiésemos hecho con menos paradas, pero después de subir quedaban varios kilómetros de bajada hasta el coche y había que guardar fuerzas.

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Sierra de los Porrones 19En cualquier caso, subir a lo alto es siempre un buen consejo. Ya se esté en una ciudad, en un pueblecito o en una ruta como esta desde arriba siempre una panorámica que permite conocer el sitio en el que se está de una manera distinta. Por ejemplo una de las vistas que más nos gustaron fue la del Embalse de Santillana (o Embalse de Manzanares el Real).

En algunos tramos el cambio de paisaje era especialmente brusco, y tan pronto estábamos caminando entre maleza como entre pinos o entre piedra pelada. La ruta por momentos fue adquiriendo tintes épicos, e incluso nos sentimos como pequeños hobbits de El Señor de los Anillos de camino a Mordor (banda sonora incluida gracias al móvil de Eri).

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Sierra de los Porrones 22Otro hito del camino con unas vistas impresionantes es Collado Porrón, donde estuvimos trasteando un buen rato. Desde aquí se puede hacer una pequeña ascensión a la La Maliciosa Baja, pero decidimos no subir: estábamos cansados, el tiempo no dejaba del todo claro que fuese a respetarnos y no teníamos experiencia alguna. Ya volveremos, ya.

Lo bueno es que desde este punto comienza el descenso, el cual es bastante más prolongado que la subida. Además, hay que decir que es más desagradable caminar cuesta abajo que cuesta arriba, pues a la incomodidad propia de andar con desnivel se le suma el tener que hacer fuerza a modo de contrapeso con la espalda. Eso sí, las vistas eran increíbles y pese a que las agujetas estaban aseguradas la ruta estaba mereciendo la pena. De hecho, como ya rugían las tripas y como había una buena panorámica aprovechamos para comernos los bocadillos que llevábamos a las espaldas.

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A partir de aquí hay que destacar dos cosas que no nos gustaron del itinerario. La primera fue que la señalización se fue haciendo paulatinamente más ambigua hasta desaparecer por completo, por lo que tuvimos que orientarnos con un mapa y en ocasiones pasar minutos decidiendo cual era el mejor camino. Por otro lado, el desnivel era constante y en algunos tramos se hacía excesivo, teniendo que arrastrarnos y agarrarnos a ramas. En realidad, ambas cosas nos gustaron porque aportaban un puntito de aventura al día, pero estábamos ya algo cansadillos.

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En algunos tramos nuestro recorrido consistía en caminar por pistas forestales, algo que es menos bonito que hacerlo bosque a través pero que es bastante más cómodo. Además, junto a la pista hay paneles informativos y merenderos en los que también aprovechamos para hacer una paradilla.

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Siguiendo las instrucciones del mapa, al toparnos con un antiguo depósito de agua volvimos a atravesar bosque. No lo hemos dicho hasta ahora, pero no hay que seguir las instrucciones al pie de la letra, pues a veces donde quiere decir “izquierda” en realidad pone “derecha” y viceversa. Pero vamos, como hemos dicho hace un par de párrafos eso le pone un poco de salsilla al asunto, y hacen que factores como la orientación, la intuición y la suerte cobren cierta importancia.

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Sierra de los Porrones 31El último tramo fue el que más nos costó, no sólo por el cansancio sino porque el mapa no está a escala y fue bastante más largo de lo que esperábamos. Una vez llegamos al aparcamiento de Canto Cochino teníamos que volver al collado de Quebrantaherraduras por una horrible carretera bastante transitada… ¡Que desesperación!

Sin embargo, al final llegamos al coche. ¿En un estado lamentable? Pues probablemente, pero con una sonrisa de oreja a oreja por haber cumplido nuestros objetivos. Tal y como habíamos empezado la ruta, haciendo varias paradas y con un aspecto que apestaba a domingueros, no parecía que fuésemos a terminarla. Sin embargo… ¡Lo conseguimos!

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De todos modos que conste que todos quedamos de acuerdo en que nos pasamos. Al ser la primera ruta que hacíamos todos debimos haber escogido una menos exigente, pues en algunos momentos lo pasamos mal. Eso por no hablar de las agujetas, que duraron varios días en los cuales se oyeron frases del tipo “creo que me voy a quedar coja toda la vida” o “tengo agujetas en el cerebro”. Pese a todo, mereció la pena.

Capítulo IVolver a Sierra de los Porrones ’10

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