Sevilla ’13 – Capítulo II: Museo de Bellas Artes, Triana y la Isla de la Cartuja

Muchos años después de lo que nos hubiese gustado, pero por fin había llegado el momento de conocer Sevilla. La ciudad era una de nuestros grandes borrones en el currículum viajero, pues no podía ser que conociésemos San Petersburgo, Essaouira o Washington DC y sin embargo no hubiésemos ido a la antigua Híspalis. Para solucionar tan espinoso asunto, tuvimos la suerte de poder realizar una escapada de fin de semana a Sevilla. Fue a finales de mayo, y aquí empezamos con los relatos de nuestra experiencia por tierras sevillanas.

Menos de cinco horas separan Madrid de Sevilla. Estuvimos mirando la posibilidad del AVE, pero los billetes eran carísimos. Total, que finalmente apostamos por el coche, por lo que madrugamos un poquito para poder aprovechar a tope desde el primer día. Sevilla… ¡Allá vamos!

Fotos de Sevilla

LLEGADA A SEVILLA Y PRIMEROS PASOS EN LA CIUDAD

Lo primero que tenemos que decir es que aparcar en Sevilla es muy complicado. En el centro histórico ni lo intentamos, ya que la mayor parte son calles peatonales. Buscando por internet vimos calles a unos 10-15 minutos andando en las que se podía dejar el coche sin que fuese zona azul, por lo que allí fuimos. Probamos por la calle Juan Antonio Cavestany y alrededores, donde después de casi tres cuartos de hora conseguimos aparcar. Costó lo suyo, pero al menos fue gratis.

Una vez dejamos el coche a buen recaudo, pusimos rumbo a la Oficina de Turismo de Sevilla. Hay varios puestos de información distribuidos por la ciudad, pero el establecimiento principal está en el Edificio Laredo (Plaza de San Francisco, 19). Allí no solo nos hicimos con un buen puñado de mapas y folletos, sino que también compramos dos tarjetas Sevilla Card de 48 horas. En el artículo de qué ver en Sevilla os damos toda la información sobre ella, pero vaya por delante que merece la pena (y mucho), pues los descuentos son sustanciales.

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

Una vez nos abastecimos de información, empezamos con la ruta. No llevábamos un itinerario tan cerrado como otras veces, pues en la semana en la que íbamos a prepararlo todo estuvimos los dos con gastroenteritis. Aun así, Sevilla es una ciudad muy fácil desde el punto de vista turístico, casi sobre el terreno se puede planificar un recorrido por sus principales hitos de interés.

Ya que estábamos en la Plaza de San Francisco, aprovechamos para acercarnos a ver la Casa Consistorial de Sevilla, un bonito edificio de estilo plateresco. Aunque data del siglo XVI, su aspecto actual se debe a una reforma del XIX. Precisamente, a la vez que esas obras, se erigió la Plaza Nueva, posiblemente la de mayor tamaño de toda Sevilla. Merece la pena acercarse hasta el centro y contemplar de cerca el Monumento a San Fernando, una estatua ecuestre en honor a Fernando III de Castilla (el rey que conquistó Sevilla).

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

De ahí fuimos hasta la Iglesia de Santa María Magdalena, un templo barroco de finales del XVII. Por lo visto tiene un patrimonio artístico espectacular, incluyendo uno de los retablos barrocos más importantes de España, varias tallas del siglo XVII o unos frescos excelentemente ejecutados. Sin embargo, tenemos que quedarnos en el “por lo visto”, ya que no pudimos entrar. Tiene un horario de apertura muy restringido, de solo unas poquitas horas al día.

Fotos de Sevilla

Una de las primeras cosas que nos llamaron la atención por Sevilla fue la gran afición que tienen los habitantes de la ciudad por poner placas en sus calles. No vimos ninguna, por pequeñita que fuera, que no tuviera un cartel señalando que allí nació o vivió algún personaje ilustre.

Fotos de Sevilla

MUSEO DE BELLAS ARTES DE SEVILLA

La primera parada gorda la hicimos en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, una de las grandes instituciones culturales de la ciudad. De hecho, en la Oficina de Turismo lo reivindican como el segundo mejor museo de arte de España, solo por detrás de El Prado. ¿La cosa es para tanto? Ahora lo veremos.

De momento hay que decir que el museo abre de martes a domingo, con dos horarios distintos en función de la época del año:

  • Del 16 de septiembre al 31 de mayo: martes a sábado, de 10 a 20:30; domingos y festivos, de 10 a 17.
  • Del 1 de junio al 15 de septiembre: martes a sábado, de 9 a 15:30; domingos y festivos, de 10 a 17.

El acceso es gratuito para los ciudadanos de la Unión Europea, y solo cuesta 1.50€ para los del resto del mundo.

Fotos de Sevilla

No tenemos claro que sea el segundo gran museo de arte de España, pues en la pugna hay rivales tan duros como el MNAC de Barcelona o el Thyssen-Bornemisza en Madrid. Sin embargo, no hay duda de que tiene una colección de muchos quilates: Zurbarán, Juan de Mesa, Murillo, Juan Valdés de Leal, El Greco, Velázquez, Goya, Alonso Cano… En la lista está lo mejor de lo mejor.

Nuestra sensación es que le hace falta una pequeña renovación, la verdad. Tiene obras muy representativas de autores universales, pero parece haberse dormido un poco en los laureles. No estarían de más cambiar la cartelería o añadir algún audiovisual, por ejemplo.

Fotos de Sevilla

En cualquier caso, nos parece una visita imprescindible si se está en Sevilla, lo cual dice mucho sobre el museo. Muchas de sus obras las habíamos estudiado previamente en el instituto o en la universidad. Podríamos hablar de ellas, aunque quizá las más representativas sean San Hugo en el Refectorio de los Cartujos (un óleo de Zurbarán), la Virgen de la Servilleta (de Murillo) o el San Francisco de Borja (de Alonso Cano).

Fotos de Sevilla

Tal y como se ve en las fotos, el continente es tan importante como el contenido. El Museo de Bellas Artes está en un antiguo convento de la Orden de la Merced, construido en el siglo XVII y transformado en museo casi doscientos años después, tras la desamortización de Mendizábal. Se pueden reconocer fácilmente los espacios propios de un convento, como su enorme iglesia.

Fotos de Sevilla

También hay que destacar la presencia de tres patios distintos: el claustro grande, el claustro pequeño y el claustro del aljibe. Los tres merecen la pena, ya sea por su estructura, por albergar alguna pieza de arte o, sencillamente, porque se está muy fresquito a la sombra de sus arcos.

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EL BARRIO DE TRIANA

El museo nos gustó mucho, pero entre el viaje desde Madrid, la visita a la Oficina de Turismo y lo que ya llevábamos visto, se nos estaba echando encima la hora de comer. Esa fue la excusa perfecta para poner rumbo a Triana, el alma de Sevilla. Este emblemático barrio no requiere presentación, pues su fama ha roto fronteras y hoy en día es sinónimo de arte y de buena vida. Flamenco, tapitas y mucho ambiente son sus principales señas de identidad.

Se puede llegar de varias maneras, pero sin duda la más habitual es cruzando el Puente de Isabel II, conocido por todos como el Puente de Triana. Es el puente de hierro más antiguo que se conserva en España (fue inaugurado en 1852), y además de ser un lugar de paso también se trata de un atractivo en sí mismo.

Fotos de Sevilla

Ir a Sevilla y no cruzar el puente es poco menos que un pecado. Desde él, el río Guadalquivir está más bonito que en ningún otro lugar, y las vistas de las primeras casas de Triana son excepcionales. También se pueden contemplar otros atractivos, como la Torre del Oro o parte de la Catedral (aquí está hecha la foto con la que hemos empezado el artículo).

También es un buen lugar para contemplar una de las construcciones más polémicas de Sevilla. Nos referimos a la Torre Cajasol (también conocida como Torre Pelli). Aunque todavía está en obras, cuando se inaugure en 2014 será el edificio más alto de Sevilla, con más de 180 metros de altura. El proyecto recibió muchas críticas por cambiar para siempre el skyline de Sevilla, además de conllevar un riesgo real de que la UNESCO excluya a la ciudad de la lista de Patrimonio de la Humanidad. Solo el tiempo dirá que pasa, aunque ya se habla de otras torres muy cerquita de ésta.

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

Nada más cruzar el puente se llega a la Plaza del Altozano, punto de encuentro de los trianeros y de los viajeros que llegaban a la ciudad desde Tomares, San Juan de Aznalfarache y otras localidades. Está plagada de distintos puntos de interés: el mercado de abastos de Triana, los restos de un castillo (al final del post hablaremos de él), la capilla del Carmen, bares, puestos ambulantes…

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Íbamos a recorrer Triana, pero antes de eso teníamos que comer. Se iba haciendo tardecito y encima estábamos débiles, pues la gastroenteritis nos había estado dando la lata hasta el día anterior. En la calle principal vimos varios desde lejos, pero todos estaban llenísimos de gente y parecían muy enfocados para guiris. En el mapa teníamos marcadas algunas zonas de bares y, callejeando un poco, llegamos a Casa Manolo (está en la Calle San Jorge 16, la primera a la derecha según se cruza el puente).

Fotos de Sevilla

Aquí encontramos exactamente lo que buscábamos: buena comida a buen precio. Quizá no sea un restaurante lujoso, pero los camareros son súper salaos y te tratan con toda la amabilidad del mundo. Las tapas costaban entre 2€ y 3€, por lo que preferimos pedir unas cuantas y así probar más cosas, en lugar de platos más grandes. Eso nos permitió saborear una de sus grandes especialidades, las puntas de solomillo. ¡Qué buenas! También degustamos su deliciosa paella, cazón en adobo, unos fresquísimos boquerones y calamares a la riojana. Todo estaba exquisito, y al final la comida salió por 15€ en total.

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

Nada más reponer fuerzas, nos pusimos a explorar Triana como es debido. Y para eso, lo mejor es ponerse a andar y dejarte llevar por las calles que te parezcan más bonitas, siempre teniendo claro donde está el río, pues el barrio es bastante grande y conviene tener una referencia.

En seguida vimos un montón de tiendas, talleres y exposiciones de cerámica. Y es que este producto se trabaja en Triana desde tiempos inmemoriales, con una fama más que merecida. De hecho, cuando fuimos a Sevilla se estaban terminando las obras del Museo de la Cerámica de Triana, el cual ya debe estar abierto.

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Igual que decimos una cosa, también hay que hablar de la otra: no todo es bonito en Triana. Algunas calles no tienen demasiado interés, pues básicamente son viviendas de finales del siglo XX en las que ni siquiera hay comercios de interés. En cualquier caso, en conjunto el barrio es precioso.

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Al margen del arte, del flamenquito y de lo inmaterial, también hay que señalar que Triana tiene un patrimonio arquitectónico más que considerable. Una de sus principales edificios es la Iglesia de San Jacinto, representante de un antiguo convento de la orden de los dominicos del siglo XVII. Destaca por su fachada de colores rojizos, no demasiado frecuentes en el barrio.

Fotos de Sevilla

Llegar a esta iglesia es muy fácil, pues está en la calle San Jacinto, que se toma yendo todo recto desde el puente. Es una amplia avenida con normalmente tiene mucho ambiente, sobretodo por los bares que se reparten a ambos lados. Como ya hemos dicho antes, nos dio la sensación de que estaban demasiado enfocados al turismo (con todo lo negativo que eso puede acarrear), aunque es posible que nos equivoquemos.

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Otro lugar que no puede faltar por todo paseo por Triana que se precie es la calle Pureza, la segunda o la tercera a la izquierda según se cruza el puente. Esta larga vía se formó tras la unión de la Calle de los Olleros y la Calle Ancha, llamándose Pureza desde 1859. En ella está lo mejor de las dos caras del barrio, pues tiene un excelente patrimonio (civil y religioso) y también un ambientazo único, con unos cuantos bares llenos de trianeros. Imprescindible.

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A nivel religioso, hay dos referencias obligadas. Por un lado está la Capilla de los Marineros, con su característica fachada blanca. Es la sede de la Hermandad de la Esperanza de Sevilla, una de las cofradías más notables del barrio. Fue construida en 1759 y, desde entonces, ha alternado momentos de esplendor con auténticos calvarios. Un buen ejemplo de esto se dio durante la ocupación francesa, cuando la iglesia fue convertida en un almacén. Muy cerquita está la Iglesia de Santa Ana, una iglesia parroquial de finales del siglo XIII. Se la ve muy modernita porque tuvo que ser restaurada prácticamente en su totalidad tras el terremoto de 1755, cuando a punto estuvo de venirse abajo por completo.

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

También hay varias construcciones civiles de interés, aunque la más importante es la Casa de las Columnas, con más de doscientos años de antigüedad y antigua sede del Colegio de Mareantes. Eso si, el edificio es tan grande que también da a otra emblemática calle de Triana. Nos referimos a la Calle Betis, igual de significativa o más que Pureza.

La Calle Betis va paralela al Guadalquivir y su nombre hace referencia al nombre que le dieron los romanos al río. Conserva algunas cosillas chulas, como parte de los muelles del siglo XIX.

Fotos de Sevilla

Eso sí, aquí no hay duda posible: lo importante es la experiencia en sí misma. Pasear a la sombra de los árboles, sentarse a ver pasar el río o disfrutar de la impresionante figura de la Torre del Oro al otro lado del río… ¿Qué más se puede pedir? Desde luego, con estampas como esta, resulta comprensible que en Sevilla surjan constantemente grandes escritores y músicos. El Guadalquivir inspira.

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

Seguimos nuestra caminata por la Calle Betis, hasta volver al puente de Triana. Continuamos adelante, en paralelo al río, hasta que vimos una callecita que nos llamó mucho la atención: el Callejón de la Inquisición. Aunque es muy pequeño (estrechísimo y poco más de 30 metros de largo), es un lugar muy importante desde el punto de vista histórico. Se llama así porque esta calle era por la que transitaban los presos de la Inquisición, ya fuera para ser juzgados o para ser ejecutados (tampoco es que hubiese mucha diferencia).

Está al lado del Castillo de San Jorge, pero no pudimos visitarlo a esa hora porque estaba cerrado. Más adelante volvimos, por lo que al final del post tenéis toda la información.

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Cruzando el Callejón de la Inquisición se llega al Paseo de Nuestra Señora de la O, Aunque antaño era una zona un tanto marginal, ya que se innudaba frecuentemente y estaba poblada por fábricas, en la actualidad es uno de los mejores lugares para caminar al lado del Guadalquivir. Fue puesto en valor en el año 2004 y desde entonces luce un aspecto estupendo. Curiosamente apenas está frecuentado, todo lo contrario que su equivalente al otro lado del río, siempre abarrotado.

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LA ISLA DE LA CARTUJA

Con un poquito de pena dejamos atrás Triana, pues a la tarde teníamos previsto visitar la Isla de la Cartuja. Aunque se llama así no es una isla realmente, sino una especie de península artificial formada por el río Guadalquivir y una dársena del mismo. Solo se puede acceder por dos puentes, ya que la parte conectada a la tierra está sellada por una autopista. Hasta hace bien poquito era una zona sin urbanizar, con el Monasterio de la Cartuja (al sur) y poquito más. Sin embargo, cobró especial relevancia por ser el terreno sobre el que se celebró la Expo del 92, además de instalarse allí posteriormente el parque tecnológico Cartuja 93.

Fotos de Sevilla

Aunque la Expo de Sevilla apostó fuerte por esta zona, al final ha pasado lo que suele ocurrir con este tipo de eventos: que se ha convertido en una zona abandonada, con la prácticamente la misma poca importancia que tenía antes de 1992. No vamos a negar que hay varios elementos interesantes, como algunas facultades de la Universidad, el parque temático de Isla Mágica o el propio parque tecnológico, pero la sensación de dejadez es máxima.

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Nosotros fuimos hasta allí con un objetivo claro: conocer el Monasterio de Santa María de las Cuevas, también conocido como Monasterio de la Cartuja. Aunque se trata de un monasterio terminado a finales del siglo XVI, hoy en día es la sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), una de las grandes instituciones de las corrientes artísticas más modernas de Andalucía.

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En un primer momento nos pareció estar abandonado: no se veía ni un alma, la cafetería estaba cerrada y con cristales rotos, incluso había algunas pintadas en las paredes… Sin embargo no nos dimos la vuelta, sino que seguimos caminando por el complejo. Los lugares de arte contemporáneo a veces transmiten esa sensación, por lo que no nos íbamos a ir después de la caminata que nos habíamos pegado hasta allí.

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Al final resultó que estaba abierto. De hecho, tiene un horario bastante extenso: de martes a sábado, de 11 a 21; domingos y festivos, de 11 a 15. Entrar cuesta 1,8€ o 3€, en función de si hay exposiciones temporales en ese momento o no. Básicamente se han utilizado como salas de exposiciones algunos elementos del monasterio, como la iglesia o el propio claustro. Quizá fuera porque no nos gusta demasiado el arte contemporáneo, pero desde luego la colección del museo nos pareció muy pobre.

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Aun así, era un lugar que no nos queríamos perder, pues lo que realmente nos interesaba era el monasterio en sí mismo. El lugar está muy relacionado con el descubrimiento del Nuevo Mundo, pues Cristóbal Colón se hospedó aquí durante sus visitas a Sevilla. Además, su hijo Hernando plantó un ombú que todavía puede visitarse. Mención aparte merece el claustro, aunque no es el único espacio que destaca. El monasterio en general, obviando las partes que se han transformado para albergar el museo y que han perdido toda su esencia, es espectacular.

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Aunque ahora está en una localización ciertamente incómoda, casi de periferia, eso no impidió que en épocas pasadas la Cartuja de Sevilla fuese uno de los principales recintos religiosos de la ciudad. Eso se tradujo en que las familias sevillanas más importantes trataran de enterrarse entre sus muros, habiendo llegado hasta nuestros días un conjunto de sepulcros espectacular. En su momento también era posible contemplar obras de Alonso Cano o Zurbarán, pero poco o nada queda de ese esplendor.

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De hecho, a comienzos del siglo XIX el monasterio estaba en un estado ruinoso, a punto de venirse abajo. Sin embargo, un comerciante visionario cambió para siempre el destino de la Cartuja: Carlos Pickman. Éste empresario procedente de Liverpool instauró aquí una fábrica de loza y porcelana, siguiendo la estructura que este tipo de espacios tienen en Gran Bretaña. Aunque se respetó la estructura original del monasterio, las necesidades de producción hicieron que se añadieran nuevos elementos, como hornos de botella o enormes chimeneas. Al final, el panorama de la Cartuja cambió para siempre.

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EL CASTILLO DE SAN JORGE

La tarde empezaba a terminarse, pero antes de irnos al hotel volvimos a Triana para hacer una visita que antes no habíamos podido realizar: el Castillo de San Jorge (o, mejor dicho, lo que queda de él). Aunque está al lado del Puente de Triana, no habíamos entrado antes porque en ese momento no estaba abierto (cierra a la hora de comer). La entrada es gratuita y en su interior se pueden visitar dos cosas: las excavaciones arqueológicas, que ponen en valor los restos del castillo; y una exposición sobre la Inquisición, ya que San Jorge fue sede y prisión del Santo Oficio.

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La verdad es que nos sorprendió un montón. A priori lo tenía todo en contra, ya que este tipo de sitios mixtos (además de museo es oficina de turismo) no suelen ser gran cosa, y más cuando el acceso es gratuito y está en medio de un sitio muy turístico. Sin embargo, el Castillo de San Jorge realmente merece la pena: la exposición es muy moderna, no escatiman en audiovisuales (incluso tienen un vídeo doblado por el mismísimo Gandalf) y la excavación está conservada a las mil maravillas.

Fotos de Sevilla Fotos de Sevilla

Tras el castillo, volvimos al coche y fuimos a nuestro hotel. Durante este viaje nos alojamos en el Hotel TRH Alcora Business & Congress, un auténtico paraíso a solo cinco minutos de Sevilla. Podéis leer más sobre el hotel en el artículo que hicimos, pues quedamos encantados.

Cenamos en un centro comercial cercano (había Carrefour, McDonalds, etcétera) y nos fuimos a dormir prontito, ya que estábamos cansados del viaje. Al día siguiente nos esperaba lo mejorcito de Sevilla, y teníamos que estar frescos.

Capítulo IVolver a Sevilla ’13 – Capítulo III

4 pensamientos en “Sevilla ’13 – Capítulo II: Museo de Bellas Artes, Triana y la Isla de la Cartuja

  1. Hace mucho tiempo, seguramente demasiado, que no vamos por Sevilla; está casi irreconocible en mi memoria, y algunos lugares estoy seguro de no haber estado.
    Llama la atención el Monasterio de la Cartuja, no se si cuadra bien esa colección allí, la verdad, aunque si la alternativa es que estuviera cerrado, habrá que considerarlo un mal menor…
    Hemos vuelto a pasear por las calles sevillanas, virtualmente, habrá que hacerlo en persona. 🙂
    Saludos!

    • No pega nada tanto arte contemporáneo en la Cartuja. Sin embargo, como bien dices, mejor eso a que esté cerrado. Hay que reconocer que pilla muy a desmano y que ir hacia allí es toda una odisea 😛

      Esperamos haberte animado a volver a Sevilla, seguro que una nueva visita a esta joya no te decepciona 🙂

      Un abrazo!!

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