Roma ’11 – Capítulo VIII: Museos Vaticanos y Castillo de Sant’Angelo

En el último día de este viaje nos levantamos con un único pensamiento en la cabeza: Roma ya forma parte de nosotros, y de algún modo o de otro siempre estará presente en nuestras vidas. Es una ciudad que nos ha encantado y a la que esperamos volver no una, sino varias veces. No diremos que no había morriña por el fin de la aventura, ya que la había, pero nos levantamos menos apagados que de costumbre en el último día de un viaje. Desayunamos, terminamos de preparar las maletas y las dejamos en el hostel a la espera de ir a recogerlas para ir al aeropuerto.

Aún teníamos por delante toda una mañana y parte de la tarde, en unas horas que exprimiríamos al máximo visitando los Museos Vaticanos y el Castillo de Sant’Angelo. Pese a ser dos cosas importantísimas se nos habían quedado pendientes por dos motivos: los museos por falta de tiempo, ya que cuando fuimos al Vaticano queríamos ver también el Trastevere y el Ghetto; y el castillo porque ese mismo día era lunes, y por lo tanto no abría.

Roma 491Para llegar hasta los Museos Vaticanos lo mejor es ir en Metro. Realmente hay varias paradas cercanas, pero la más adecuada es la Estación de Cipro – Musei Vaticani. Desde ella no hay que caminar más de cinco minutos para llegar hasta la puerta de los museos. No tiene pérdida, ya que constantemente hay carteles marrones indicando el camino.

El paseíto tiene un valor añadido, pues permite bordear un buen tramo de las Murallas del Vaticano. No hemos encontrado demasiada información sobre ellas, ni en internet ni en guías impresas, pero aun así el recinto amurallado nos dejó muy buenas sensaciones. Cada muro tiene detalles en los que pararse: estatuas, inscripciones, elementos arquitectónicos llamativos…

Roma 492 Roma 493

Roma 494Es más, el propio acceso a los Museos Vaticanos (Musei Vaticani) está integrado en la muralla. La puerta parece poca cosa, pero en su interior está el conjunto museístico más grande del mundo: casi 1500 salas con pinturas, esculturas y todo tipo de objetos procedentes de los cinco continentes. Cantidad, pero también calidad, pues decenas de obras maestras del arte universal están aquí.

El origen de la institución es la colección privada del papa Inocencio III (siglos XII-XIII). Entre su antigüedad y el papel dominante de la iglesia en el mundo se fue generando una colección monstruosamente bella a partir de las obras de arte que acaparaban los distintos papas, y que poco a poco se fue dividiendo en distintos museos temáticos: egipcio, etrusco, mapas… Total, que un mínimo de 4-5 horas está asegurado para ver únicamente las piezas imprescindibles. Es obligatorio hacer una selección y diseñar un itinerario acorde a los gustos de cada uno, pues si no se quedarán muchas cosas en el tintero. Este consejo es extensible a otros grandes museos a nivel mundial, como el Hermitage, el British o el Prado.

Roma 495Sobre la entrada hay que decir una cosa: es conveniente reservar. En temporada alta siempre hay colas, pero es más que probable tener que esperar también en épocas bajas. En nuestro caso entramos en la web oficial de los Museos Vaticanos unas semanas antes del viaje y nos hicimos con los tíckets: 12€ por persona.

Y antes de entrar en materia, otras recomendaciones. Empezaremos por las obviedades: ¡nada de taconazos! Ropa y calzado cómodos, que serán muchas horas andando. También conviene armarse de tranquilidad, pues las aglomeraciones están aseguradas y en las piezas más destacadas siempre habrán varios grupos de japoneses estorbando. Por supuesto, hay que tener paciencia con un museo sin apenas innovaciones desde hace varios siglos. Muchas obras importantes no están señalizadas, algunos caminos están mal indicados y determinadas salas pueden cerrarse sin previo aviso.

Una vez se pasan por los trámites de acceso (recoger o compra las entradas, superar los controles, llegar al comienzo de la exposición) se puede empezar a meterle mano a los Museos Vaticanos. De modo general el museo propone dos itinerarios para turistas: uno corto, de dos o tres horas; y uno largo, de cuatro o cinco. Nosotros hicimos el largo, pues se ajustaba más o menos a lo que habíamos previsto visitar.

Roma 496 Roma 497

Para terminar con los consejos previos queremos destacar todo lo que va más allá del museo en sí mismo. Es decir, que el ansia por ver grandes piezas no impida disfrutar de la arquitectura, de los jardines o de obras de arte modernas. El conjunto de los Museos Vaticanos es inabarcable, y aunque es imprescindible hacer una selección, eso no significa ir a piñón a lo que previamente se ha preparado. ¡Ojos bien abiertos!

Roma 498 Roma 499

Y ahora si, por fin, empecemos con la visita. Lo primero que vimos fue el Museo Chiaramonti, creado por Pio VII a comienzos del siglo XIX con la intención de albergar las más de mil esculturas romanas que tenían en el Vaticano. Rápidamente pudimos comprobar que este museo, como el resto de los que vimos esta mañana, está organizado según la concepción romántica: piezas y más piezas, sin orden ni concierto. Quizá la obra más representativa del Chiaramonti es el Augusto de Prima Porta, del año 20 d. D. Al parecer no es un original, sino una copia de un bronce del año 19. En cualquier caso, es especialmente representativa.

Roma 500 Roma 501

De ahí pasamos al Museo Pio Clementino, uno de los más importantes de los Musei Vaticani. Los impulsores fueron Clemente XIV y Pío VI, que a finales del siglo XVIII concentraron en una única colección las piezas de origen griego más importantes que había en el Vaticano. La pieza más destacada, sin duda, es el conjunto del Laocoonte y sus hijos, una de las esculturas más inquietantes que hemos visto nunca. En ella se representa la muerte de un sacerdote troyano, al que los dioses habían mandado serpientes marinas como castigo. También hay que tener en cuenta al Apolo de Belvedere, considerada durante siglos como la mejor escultura de la antigüedad clásica.

Roma 502 Roma 503 Roma 504

Son solo doce salas, pero en cada una de ellas es posible encontrar varias piezas que no faltan nunca en los libros de Historia del Arte universal. Por tanto, comprenderéis que no podemos detenernos a comentar casi ninguna obra, ya que daría para escribir varios libros. Sólo queremos destacar algunos contrastes. Por ejemplo, alrededor de las piezas top como el Laoconte era imposible estar parado más de un minutos: decenas de chinos y japoneses salían por todas partes, como debajo de las piedras, e impedían disfrutar como se merece de una escultura de ese calibre.

Roma 505 Roma 506 Roma 507

Roma 508Sin embargo, en otras de igual o mayor calibre apenas había gente. El ejemplo más claro lo vimos en el Torso de Belvedere, por donde la mayoría de los guiris pasaba sin pena ni gloria. Pese a ser un fragmento de una copia, ha sido estudiando exhaustivamente y hoy se cree que es parte de un conjunto en el que se mostraría a un hombre sobre un animal. ¿Hércules? ¿Marsias? Eso no se sabe, pero en cualquier caso la musculatura del torso y su enrevesada pose fueron especialmente influyentes en los escultores del Renacimiento.

A continuación pasamos a ver el Museo Gregoriano Egipcio (Museo Gregoriano Egizio), que como todos los que tienen la etiqueta de “Gregoriano” fue fundado por Gregorio XVI en el siglo XIX. Puede que no haya una pieza tan característica como el Laoconte o el Augusto de Prima Porta, pero la importancia del pueblo egipcio para los papas -derivada de la Biblia- hizo que acumularan una colección vastísima. Esperábamos mucho y nos decepcionó un poco, pero aun así pudimos ver diversos ejemplos de sarcófagos, momias, lápidas y otros muchos elementos del mundo egipcio.

Roma 509 Roma 510 Roma 511 Roma 512

Desde ahí fuimos al Museo Gregoriano Etrusco, en el cual pudimos completar la visión sobre el mundo etrusco que obtuvimos tras la visita al Museo Nacional Etrusco. Al formar parte del itinerario largo apenas había gente, tanto que en la mayoría de las salas estuvimos totalmente solos. Eso nos permitió disfrutar más que en ningún otro sitio, pues es difícil sacar todo el jugo a un museo cuando estás rodeado de hordas niponas haciendo fotos a todo lo que se mueve.

Roma 513 Roma 514 Roma 515

Roma 516Ya que estamos, un consejito: asomaos a las ventanas. No hay que olvidar que buena parte de los Museos Vaticanos están en lo alto de un edificio ya de por sí elevado, por lo que en días despejados las vistas de la ciudad son espectaculares. Es imposible imaginar otro lugar en el mundo desde el que contemplar tantas cúpulas de iglesias.

Otra recomendación nos lleva a utilizar el típico refrán de “que los árboles no os impidan ver el bosque”. Dicho de otro modo, aunque en los Musei Vaticani hay una colección excepcional, el continente está absolutamente a la altura del contenido. No hay que dejarse deslumbrar por las piezas, pues también hay que prestar atención a objetos decorativos, frescos de las paredes o estructuras de las cúpulas. El mejor ejemplo de esto es la Galería de los Candelabros (Galleria dei Candelabri), en la que enormes candelabros del siglo II conviven con pinturas de finales del siglo XIX y preciosas estatuas de la antigua Roma.

Roma 517 Roma 518 Roma 519

Lo cierto es que por algunas estancias pasamos sin pena ni gloria, como por la Galería de los Tapices. Es una colección excelente de tapices flamencos, pero como no es un tema que nos guste no le dedicamos demasiado tiempo. Había que seleccionar y, a cambio de pasarnos un buen rato abiertos comentando tal o cual escultura, tocaba hacer algunos pequeños sacrificios.

Roma 520 Roma 521 Roma 522

Donde Edu disfrutó como un niño fue en la Galería de los Mapas, que se llama así porque en sus paredes hay cuarenta mapas pintados al fresco. En ellos se muestran distintas zonas de Italia durante el siglo XVI, además de determinadas posesiones de la Iglesia. Puede parecer difícil de entender para algunas personas, pero los mapas antiguos son una de nuestras debilidades.

Roma 523 Roma 524 Roma 525

Hablemos ahora de uno de los tramos más destacados de los Museos Vaticanos: las Estancias de Rafael (Stanze di Raffaello). Se trata de cuatro habitaciones llamadas a ser residencia privada del papa Julio II, que a comienzos del siglo XVI encargó su decoración a un joven Rafael. Era el primer gran trabajo en Roma del pintor, aunque su “inexperiencia” no fue óbice para crear cuatro salas sobrecogedoras: la Estancia de la Signatura, en la que está la famosa escena de La Escuela de Atenas; la Estancia de Heliodoro, en la cual un extenso programa iconográfico confirma la autoridad del papado; la Estancia del Incendio del Borgo, pensada como un comedor y decorada con escenas de los papas llamados León; y la Estancia de Constantino, ejecutada en su mayoría por discípulos de Rafael e inspirada en relieves romanos.

Roma 526 Roma 527 Roma 528

Las Estancias de Rafael son brutales, de esos lugares que te hacen ver lo pequeñito que eres ante una obra atemporal. Si nos habíamos sentido así en ellas… ¿Que pensaríamos al estar en la Capilla Sixtina? Por suerte, entre una cosa y otra estaba la Colección de Arte Contemporáneo. Aunque menos frecuente, la temática religiosa también es habitual en las producciones artísticas de este siglo. No deja de ser curioso ver cómo se tratan temas cristianos bajo la mirada de artistas de vanguardia.

Roma 529 Roma 530 Roma 531

Y al final, tras varias horas caminando por el interminable conjunto de los Museos Vaticanos, llegamos a uno de los lugares cumbres del arte universal: la Capilla Sixtina. Fue construida entre 1471 y 1484, durante el pontificado de Sixto IV (de ahí su nombre). En ella se celebran los cónclaves papales mediante los que se elige un nuevo sumo pontífice tras la caída del anterior. El suelo cosmatesco es espectacular, al igual que la balaustrada de mármol. Sin embargo, el quiz de la cuestión está en los frescos de las paredes y el techo. Sin palabras.

Roma

El programa iconográfico fue diseñado también por Sixto VI, seleccionando escenas de la Biblia. Para su ejecución no escatimó en gastos y reunió a lo mejor de lo mejor: Botticelli, Pinturicchio, Perugino, Piero di Cosimo, Signorelli… Llevaron a cabo obras impactantes, sobrecogedoras, inverosímiles. Sin embargo, todas ellas quedan a la sombra de los frescos de Miguel Ángel, considerados unánimemente como la obra cumbre del arte occidental. Hay infinidad de detalles, aunque por encima de ellos subyace la La Creación de Adán, la obra en la que Dios trasmite la chispa de la vida al hombre. Es todo un icono de la humanidad, con independencia de que se sea cristiano o no.

Nosotros no lo somos, pero aun así quedamos sumamente impactados con la Capilla Sixtina. El único pero, como no podía ser de otro modo, es la masificación: más de 20000 personas pasan cada día pro allí, con lo que coger un sitio para sentarse y disfrutar del panorama es bastante difícil. Por cierto, que nadie haga fotos. Está prohibidísimo, y en el rato en el que estuvimos en la capilla vimos como los guardias de seguridad echaban a los valientes que se atrevían a hacer fotografías a hurtadillas.

Roma

¡Fantástico! ¡Maravilloso! ¡Inolvidable! Todo lo que se diga es poco, es de estas veces en las que la expresión “al menos una vez en la vida” se queda incluso corta. De hecho, nuestra teoría es que el resto de salas tras la Capilla Sixtina únicamente están puestas a modo de cámaras de descompresión, pues si la gente saliese directamente a la calle tendría síndromes depresivos.

Roma 532Bromas aparte, los Museos Vaticanos no se acaban en la Capilla Sixtina. Tras ella quedaban bastantes cosas interesantes: desde la Sala de los Papiros, en la que a Erika le salían chiribitas por los ojos; hasta la Pinacoteca Vaticana, una colección de pintura excepcional en la que hay también bastantes joyas que merece la pena comentar.

Cuando Fra Angelico, Rafael, Leonardo da Vinci o Caravaggio juntan sus nombres, el resultado nunca puede ser malo. Por eso óleos como la Crucifxión de San Pedro o el Descendimiento de la Cruz dan buena cuenta de la necesidad de visitar la pinacoteca. Además, está relativamente al margen de la locura masificada que supone todo lo anterior a la Capilla Sixtina, así que se puede ver a gusto y sin prisas.

Roma 533 Roma 534 Roma 535

Al principio del relato os dijimos que es frecuente encontrarse con algunas partes de los Museos Vaticanos cerradas. Puede ser por distintos motivos, como restauraciones o por visitas oficiales. El caso es que a nosotros nos tocó sufrir esa eventualidad en la parte final del recorrido, pues tanto el Museo Pio Cristiano como el Museo Filatélico y Numismático estaban cerrados. Esta situación nos dejó un regusto amargo, pero nada podía empañar la buena imagen que se nos queda de este enorme conjunto museístico. Hay muchísimas cosas por mejorar, pero la colección es tan espectacularmente buena que no se puede hacer ningún reproche.

Roma 536 Roma 537

Aunque teníamos que coger un avión a la tarde -y por tanto había cierta prisa-, no pudimos resistirnos y volvimos a pasarnos por la Plaza de San Pedro. Nos apetecía echar un último vistazo, pues nos había impactado mucho la plaza y probablemente tardaremos años en volver.

Roma 538Al margen de lo bonito que es el sitio, queremos aprovechar para reflexionar sobre lo importante que es planificar un viaje. Cuando visitamos la Piazza San Pietro a fondo era lunes a primerísima hora de la mañana. Por tanto, no había ni Dios -nunca mejor dicho- y pudimos verla tranquilamente. En esta segunda visita era sábado a medio día: la cola para entrar a la basílica daba la vuelta entera a la plaza.

El caso es que aun teníamos una cosilla pendiente. Recorrimos una vez más la Via della Conciliazione, tan bonita como siempre, y llegamos al Castillo de Sant’Angelo. Como cerraba los lunes no habíamos podido visitarlo antes, pero no pensábamos marcharnos de Roma sin visitarlo.

Roma 539Su peculiar forma se debe, más allá de su uso como fortaleza, a que en origen fue diseñado por el emperador Adriano (siglo II) para ser su mausoleo familiar. En pocos años perdió esa función y se integró como un elemento defensivo de la ciudad más, aunque a pesar de eso todavía es frecuente referirse al edificio como el Mausoleo de Adriano.

Roma 540Los tíckets nos costaron 11€ entre los dos (mucho ojo, porque puede confundirse el acceso al parque aledaño con la entrada real al castillo), y tras pasar por caja nos dispusimos a recorrer las entrañas de una fortaleza a la que le teníamos muchas ganas. Nos habían hablado muy bien de ella gente de lo más diversa, así que no podíamos esperar nada malo. Hubo tiempo para varias sorpresas, empezando por una rampa de acceso en espiral en la que todavía son visibles restos de la época de Adriano. No vamos a negar que costó subirla, pues ya llevábamos mucho cansancio acumulado.

Al final de la rampa se llega a un patio en el que está la Estatua del Arcángel Miguel esculpida por Raffaello da Montelupo. Desde dicho patio se entra a distintas estancias, básicamente divididas en dos tipos: las que muestran aspectos propios del castillo, así como de la vida militar; y las que pertenecen al Museo Nazionale Romano, que ofrecen una buena colección de cerámica, armamento y pintura. Aun así nos quedamos un poco fríos, pues esperábamos mucho más. Poco a poco se fue formando una imagen negativa sobre el castillo en nuestras mentes… ¡Qué poquito duró!

Roma 541 Roma 542 Roma 543

Roma 544Lo que realmente le dan valor a la visita al Castel Sant’Angelo, al margen de todo lo demás, son sus impresionantes panorámicas de la ciudad. No tenemos ninguna duda de que las mejores vistas de Roma están en el Castillo de Sant’Angelo. Encima hacía un día espectacular, por lo que pudimos despedirnos de la mejor manera posible de nuestra aventura por la Città Eterna.

Desde la terraza, la azotea o como se quiera llamar hay básicamente tres miradores, con tres paneles informativos que te indican los edificios que estás viendo. En la primera el protagonista absoluto, como no podía ser de otra manera, es el Vaticano, aunque comparte escenario con otros puntos de interés como el Estadio Olímpico (sede del Lazio y de la Roma) o el Puente de Víctor Manuel II.

Roma 545

Si se cambia de tercio, es posible disfrutar de la parte más bohemia de la ciudad desde una perspectiva distinta. El Trastevere y Santa Maria in Cosmedin son protagonistas, aunque el barrio más animado de Roma también comparte su papel predominante con la zona que recuerda las luces del Imperio. El Foro Romano o el Coliseo son perfectamente visibles en días claros, como aquel que nos había regalado Roma en nuestra última jornada en la ciudad.

Roma 546

La tercera pata del banco también pone sobre la mesa muchas cosas relacionadas con el Imperio Romano, aunque a su vez hay sitio para grandes edificios como el Palazzo Barberini o la Villa Medici. Un mirador no apto para gente con prisas, muy hay mucho que ver.

Roma 547

En definitiva, haber dejado para el final del viaje el Castillo de Sant’Angelo había sido todo un acierto. No nos vamos a poner flores, ya que lo hicimos únicamente porque el lunes estaba cerrado, pero de todos modos es la mejor manera de disfrutar de él. Sólo cuando se ha pateado Roma de arriba a abajo, como habíamos hecho nosotros durante una semana, se está preparado para subir y valorar como es debido las vistas. No pudimos dejar de sonreír todo el rato, pues casi sin quererlo venían a la mente decenas de recuerdos que nos acompañarán el resto de nuestra vida.

Roma 548 Roma 550 Roma 549

Aun quedaban algunas cosillas por ver, como el Bastión de San Marco o el de San Mateo, pero aun así no nos pudimos entretener demasiado. Tocaba replegar velas y volver al aeropuerto, y por mucho margen de tiempo que se tenga no es fácil dejar de pensar en el reloj. La posibilidad de perder un vuelo es siempre desagradable, y más cuando al día siguiente se trabaja.

Roma 551 Roma 552 Roma 553

Roma 554Donde no pudimos evitar quedarnos unos segundos mirando, totalmente en silencio, fue en una de las almenas del castillo. Estábamos ya en dirección a la salida, por lo que la sensación de que el viaje estaba acabando era más palpable que nunca. Justo en ese momento nos dio el típico ataque de morriña. ¿Por qué los viajes siempre se quedan cortos?

Roma 555Nuestros últimos pasos en Roma nos llevaron de vuelta al hostel, donde teníamos las maletas preparadas. Con ellas bajamos a la Pizzería Flu… Flu, donde siete días antes había empezado todo. Con varias porciones de sus deliciosas especialidades nos despedimos, solo temporalmente, de esa pizza al taglio que nos vuelve locos.

Rematamos con unos deliciosos helados que nos comimos enfrente de la estación de Metro de Via Cavour, otro de los sitios en los que habíamos dado nuestros primeros pasos en Roma. A partir de ahí lo de siempre: vuelta al aeropuerto, pasar controles y esperar. En este caso llegamos bastante pronto, pero nos vino bien porque tuvimos que apretar la maleta ya que las compras se nos habían ido de las manos. Del vuelo de vuelta solo podemos decir una cosa: ¡Que miedito! Turbulencias y descensos inesperados amenizaron una vuelta a casa en la que nos recibió la noticia de que el Madrid le había ganado (otra vez) al Atleti.

Como colofón final solo podemos decir que Roma nos ha gustado muchísimo. Es una ciudad deliciosa, llena de contrastes y con una esencia tan auténtica que no se nos ocurre ninguna comparación con otro lugar. Volveremos, sin ninguna duda, y mientras tanto pensaremos cada día en lo mucho que nos ha aportado la Città Eterna como personas. Ciao, Roma!

Capítulo VIIVolver a Roma ’11

8 pensamientos en “Roma ’11 – Capítulo VIII: Museos Vaticanos y Castillo de Sant’Angelo

  1. Pingback: Nueva York ’12 – Capítulo VII: Los museos de la Quinta Avenida (día 6) | www.eduyeriviajes.com

  2. Pingback: Nueva York ’12 – Capítulo XI: Excursión a Washington DC (día 9) | www.eduyeriviajes.com

  3. He disfrutado mucho leyendo vuestra página, esta genial,es amena, exhaustiva y entrañable.
    Además me ha ayudado mucho para preparar nuestro próximo viaje el 18 de junio a Roma. Solo estaremos tres días y subiremos hacia Florencia y Venecia.
    Con el tiempo del que disponemos trataremos de ver lo fundamental y llevarnos un buen recuerdo de la esencia de esta maravillosa ciudad.
    Amigos sois unos magníficos viajeros ….
    Saludos de una valenciana

  4. Hola de nuevo! Os escribi la semana pasada con motivo de una duda de la galeria borghesse y nada, llame como me dijisteis y en medio ingles me apañe con la operadora, muchas gracias!!
    Tengo otra dudilla, El vaticano se ve todo en el mismo dia o puedes ver un dia los museos y la capilla sixtina, y otro la basilica y la cupula?
    Y ya que estoy, me pasa lo mismo con el coliseo y el foro-palatino, puedes entrar y salir libremente de uno a otro, o una vez que entras en el complejo ya lo ves todo.
    Es un lio….: ((((

    • Hola Carlos! Nos alegra saber que pudiste solucionar el contratiempo. El Vaticano lo puedes ver todo en un día, de hecho nosotros lo hicimos así, o si prefiere organizarlo en diferentes días no hay problema, pues las entradas para una cosa y otra son diferentes. En cuanto al Coliseo, Foro y Palatino, sucede lo mismo. La entrada, aunque puede ser conjunta, es individual para cada uno de los monumentos. Primero puedes ir a ver el Coliseo, sales, y vas al Foro-Palatino (estos están unidos, pues es un mismo sitio arqueológico). No sé si nos hemos expresado con claridad jajajaja Cualquier otra duda que tengas, ¡aquí estamos! Saludos viajeros!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *