Roma ’11 – Capítulo VI: Villa Borghese (día 5)

El quinto día de este interesante viaje a Roma estuvo dedicado a la Villa Borghese y sus alrededores, un enorme parque al norte de la zona más turística de la ciudad. Es el típico lugar que tiene de todo: zonas verdes, fuentes, museos, edificios históricos, estanques… Se puede llegar de distintas maneras, aunque nosotros elegimos ir caminando porque era la forma que mejor nos venía para nuestra primera visita: la Galleria Borghese.

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Pero, antes de entrar en materia, se hacen imprescindibles unas pinceladas históricas. Hasta el siglo XVII, la Colina Pinciano -que no formaba parte de las siete colinas- era solo un campo de cultivo. Entonces el cardenal Scipione Borghese empezó a transformarlo, convirtiéndole en uno de los jardines más grandes de la ciudad. Estos cambios culminaron en el siglo XIX, cuando se le dio su aspecto actual al gusto paisajístico inglés.

Roma 338Durante esos tres siglos la Villa Borghese pasó a ser uno de los lugares más nobles de Roma. Los palacios surgieron por doquier, los jardines competían entre si por ser el más bello y las fuentes fueron diseñadas por los mejores escultores del mundo. Al final, lo que ha llegado a nuestros días es una auténtica joya por la que uno no puede dejar de ir si va a la ciudad.

Entre todas estas maravillas destaca, por encima del resto, la Galleria Borghese. Se trata de un museo pequeño, muy pequeño, pero que pese al tamaño posee unos fondos excelentes: Bernini, Caravaggio, Tiziano, Rubens, Ribera, Bronzino… La base es la colección de Scipione Borghese, que inició una bola de nieve artística que no paró de crecer durante siglos, hasta que en el siglo XIX la familia se arruinó y tuvo que traspasarla al Estado.

Roma 339Sabedor del valor de sus fondos, el cardenal Borghese construyó un edificio a la altura de los mismos, cuyo diseño encargó al arquitecto Flaminio Ponzio. Éste ha llegado a nuestros días casi intacto, aunque ha necesitado algunas restauraciones para lucir el bello aspecto con el que hoy recibe diariamente a sus visitantes.

Con todo lo dicho, no debe sorprender que sea uno de los puntos culturales destacados de la ciudad. Es una visita imprescindible, pero mucho ojo: solo se puede visitar haciendo una reserva previa. Dados el reducido tamaño del edificio y la importancia de los fondos, la Galleria Borghese sólo admite 360 personas cada dos horas. Por lo tanto, hay que tramitar la reserva en su página web con la mayor antelación posible. Además, hay que pasarse media hora antes del turno reservado (como mínimo, si no tu reserva se cancela y no te devuelven el dinero) para recogerlas. Conviene ir con tiempo, pues abrigos, mochilas y cámaras de fotos tienen que quedarse obligatoriamente en el guardarropa.

Son unas medidas muy cansinas, pero aun así todo merece la pena. Entrar en las salas de la Galería Borghese es retroceder en el tiempo y viajar a una época de mecenas, artistas brillantes y coleccionismo como ostentación de poder. Piezas como La dama del unicornio (de Rafael), Amor sacro y amor profano (de Tiziano) o David con la cabeza de Goliat (de Caravaggio) son joyas que todo el mundo debería admirar en vivo y en directo alguna vez en su vida. Es un museo fantástico, pero nos dejó un sabor agridulce: estaban preparando algunas esculturas para cederlas temporalmente a otra exposición y muchas salas estaban llenas de cajas de madera, plásticos y operarios bastante ruidosos.

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Sin embargo, ninguna eventualidad es suficiente para eclipsar la belleza de la pieza estrella de la Galleria Borghese: la Paulina Borghese, una escultura en mármol tallada por Antonio Canova. Representa a Paulina Bonaparte -la hermana de Napoleón- cuando tenía 25 años, y desde su presentación en sociedad se le ha considerado una de las obras más eróticas jamás realizadas. El paso del tiempo no sólo no le ha restado atractivo, sino todo lo contrario, pues recientemente fue elegida Miss del Arte por los italianos.

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Aunque hay dos horas para ver el museo, sobra tiempo y a las 10:30 ya estábamos fuera. Con todo el día por delante para explorar a fondo la Villa Borghese, echamos un vistazo en los alrededores de la Galleria. Rápidamente pudimos comprobar que este enorme parque está lleno de pequeños palacios, como el Casino degli Uffici o la Ucelliera (una pajarera). También vimos un canalizador del agua que trae el acueducto Acqua Marcia.

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Sabíamos que en la Villa Borghese hay varios puestos para alquilar bicicletas, por lo que nuestro plan era alquilar un par de bicis para todo el día y movernos en dos ruedas. Costaba 10€ por persona, pero era un capricho que habíamos decidido darnos. Sin embargo, cuando pasamos por la puerta del Bioparco (nombre con el que se conoce al Zoo de Roma o Giardino Zoologico di Roma) no pudimos resistirnos a ver cuanto costaba. Era 12.5€, más o menos como las bicis. Nos pusimos a darle vueltas, y al final decidimos gastarnos el dinero del alquiler de las bicicletas en las entradas del zoo. Hacer las dos cosas nos machacaba el presupuesto, pero la elección estaba clara: en casa podemos montar en bici cuando queramos, pero ir al zoo no.

Roma 343Total, que aunque no estaba previsto no pudimos resistirnos y nos dispusimos a visitar un parque zoológico que, precisamente, estaba de cumpleaños: en 2011 se cumplen nada más y nada menos que cien años desde que fue abierto al público. Una institución centenaria que nos trajo muchos recuerdos, pues sólo unos meses atrás habíamos ido a ver el Zoo de Londres.

A lo largo de sus 17 hectáreas hay distribuidos más de 1000 animales, que representan a 222 especies distintas. Jirafas, tapires y cocodrilos conviven en distintos espacios en los que el estudio, la conservación y la reproducción son las principales prioridades. También han sabido apostar por la difusión de las especies autóctonas del país, algo de lo que muchos zoos se suelen olvidar. Gracias a eso conocimos especies como la avoceta común, que nunca nos había llamado la atención pese a ser bastante frecuente en nuestro país.

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Hubo momentos para anécdotas muy chulas, aunque básicamente queremos destacar dos. En la primera de ellas, estábamos viendo a un enorme oso a través de un cristal cuando de repente, sin venir a cuento… ¡Envistió contra nosotros! Menudo susto, casi se nos sale el corazón por la boca. Desde ese día las jaulas de los osos las visitamos desde lejos. En segundo lugar, en el reptilario vimos como estaban rodando un programa de televisión -suponemos que equivalente al Pelo, Pico, Pata de aquí-, y gracias a eso pudimos ver a un pequeño cocodrilo recién nacido a sólo unos centímetros de nosotros.

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Aunque lo pasamos muy bien, no ha sido el zoo que más nos haya gustado hasta la fecha. Muchos animales se ven desde tan lejos que es imposible contemplarlos en detalle, y algunas instalaciones estaban más bien tirando a viejunas. Aun así os recomendamos visitar este sitio, en especial si vais con niños o si, como a nosotros, os gustan mucho los animales.

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Para moverse por la Villa Borghese es necesario un mapa, ya sea sacado de internet, de una Oficina de Turismo o haciéndole una foto a los que hay diseminados por el lugar a modo de paneles informativos. Si no, es imposible hacer un recorrido medianamente eficiente y está más que asegurado perderse edificios notables. Nosotros vimos muchos a los que se podía entrar, pero hubo que hacer selección porque con un día no da para todo. Por ejemplo, no entramos ni a la Galería Nacional de Arte Moderno (Galleria Nazionale D’arte Moderna) ni a la Accademia di Romania, pese a que la primera es un museo y en la segunda se podían hacer tours guiados.

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Roma 355Suponemos que cada cual diseñará su recorrido en base a sus gustos, y en nuestro caso resultaba una parada obligatoria el Museo Nacional Etrusco (Museo Nazionale Etrusco). Es quizá la principal referencia a nivel mundial sobre la civilización etrusca, por lo que habiendo estudiado Historia teníamos que entrar si o si.

El museo cuenta con una trayectoria de más de 130 años, lo que asegura la excelente riqueza de su colección. Fue creado con la intención de reunir todos los hallazgos arqueológicos prerromanos del país, y, aunque los primeros objetos eran faliscos, las piezas etruscas son las principales protagonistas. No dejan hacer fotos, por lo que no podemos enseñaros demasiadas cosas, pero no queremos dejar pasar la oportunidad de hablaros del objeto estrella: el Sarcófago de los Esposos. Es quizá la pieza más representativa de la civilización etrusca -hay varias repartidas por el mundo, como el Sarcófago de Cerveteri que está en el Museo del Louvre-. Destaca por la actitud cariñosa entre el hombre y la mujer, la sonrisa, la postura… podríamos estar horas hablando sobre el sarcófago.

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Para rematar la jugada, este interesante museo está ubicado en la Villa Julia (Villa Giulia), construida por el papa Julio III a mediados del siglo XVI. Con la entrada al museo (4€ por persona, tarifa reducida) también se pueden visitar diversas estancias como los jardines, el ninfeo y algunos pabellones: atractivos suficientes para ir al lugar aunque no se quiera saber nada del mundo etrusco.

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Entre unas cosas y otras ya habíamos echado la mañana, y nuestros estómagos empezaron a rugir. Quedaban bastantes cosas por ver en la propia Villa Borghese, pero ya nos habíamos hecho una idea de lo que se cocía por ahí y teníamos mucho que visitar en los alrededores. Por tanto, lo que hicimos fue ir en dirección a la Piazza del Popolo para buscar un sitio en el que comer. Básicamente lo que hicimos fue bajar la colina, aunque pasamos por zonas verdes preciosas.

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Por suerte, lo primero que se ve llegando por el Viale George Washington es una zona muy animada, llena de estudiantes y por sitios bastante baratos para comer. En el inicio de la Via Flaminia encontramos el sitio con las pizzas más ricas que hemos probado nunca: la Pizzeria Gianni Russo e Figli. A simplemente puede parecer el típico sitio de pizza al corte, pero cada una de sus especialidades son deliciosa. Cogimos cuatro trozos para cada uno y completamos el cuadro con un hojaldre relleno de Nutella, que pedimos para llevar y nos tomamos en un banquito al sol. Todo por 8.5€, agua incluida. Es curioso que el sitio más rico resultara a su vez el más barato: una visita obligada si se está en la zona, aunque sólo sea para probar un trocito.

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No nos paramos demasiado tiempo en la comida, pues aún quedaba mucho por ver y poquitas horas de sol. Aunque lo primero que teníamos a mano era la Piazza del Popolo (significa Plaza del Pueblo, pero nadie la conoce así) nos llevamos un pequeño chasco: todo estaba cerrado hasta un par de horas después. No nos íbamos a quedar ahí a esperar, así que nos fuimos a otras cosas con la idea de volver más tarde.

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Roma 365Así, dejamos aparcado momentáneamente al mejor Renacimiento para retroceder hasta tiempos de la antigua Roma a través de una zona arqueológica bastante descuidada: el Mausoleo de Augusto. Es la típica excavación semiabandonada, en la que los matorrales se han hecho con el control de todo. Una pena, y encima estaba cerrada al público.

Al ladito está el Museo del Ara Pacis, un moderno edificio con dos usos bien distinguidos: celebrar exposiciones temporales sobre cualquier tema (por ejemplo cuando fuimos había una muestra sobre cine) y preservar el Ara Pacis o Altar de la Paz, una joya del Imperio Romano construida entre los años 13 y 9 antes de Cristo. Cuesta 8€ por persona, un precio bastante caro en comparación con lo que se puede ver.

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Que nadie nos interprete mal: el Ara Pacis es una maravilla. Fue construido para celebrar las exitosas victorias de Agusto en las campañas de Hispania y la Galia, por lo que se utilizó el mejor mármol de Carrara y se tallaron los más bellos relieves. Lo dicho, una joya imperdible. Sin embargo, precisamente por el tirón que tiene este pequeño monumento no hay mucho más que ver, al margen de cuatro vestigios arqueológicos mal expuestos. Podrían haber montado una ambiciosa exposición sobre el Imperio Romano, sobre su política exterior o simplemente sobre el Ara Pacis, pero en lugar de eso hay un espacio diáfano con el templo y poco más. Una pena.

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El caso es que en poco más de media hora nos ventilamos el museo, aunque por suerte aún quedaba mucho por ver. De repente, sin darnos cuenta, nos vimos rodeados de las tiendas más exclusivas: Giorgio Armani, Valentino, Hermes… Si, estábamos en la Via dei Condotti, una de las calles más lujosas (comercialmente hablando) de la ciudad. Es el equivalente a la calle Serrano en Madrid, por poner algún ejemplo cercano. A nosotros no nos llaman la atención este tipo de cosas, pero desde luego los escaparates estaban rodeados de gente que alucinaba con los precios y que curioseaba en busca de algún famosete.

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Si atravesamos la Via dei Condotti fue porque estábamos en dirección a la Plaza de España (Piazza di Spagna), una auténtica referencia en la ciudad y uno de esos enclaves que hay que visitar -mínimo- una vez en la vida para disfrutar de su riqueza arquitectónica y de su diversidad cultural. Empezando por el patrimonio, lo primero que nos recibió en la plaza fue la Fontana della Barcaccia, diseñada por el padre de Bernini. Tras ella está la Escalinata de España (Scalinata della Trinità dei Monti), una impresionante escalera coronada por la francesa Iglesia de la Trinità dei Monti. Mirando hacia la escalera, en el lado derecho, hay algunas cosas importantes como la Columna de la Inmaculada (del siglo XIX), el Palacio de la Propaganda Fide (cuya fachada fue diseñada por Bernini) o la Embajada de España.

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Desde que la Plaza de España se quedó grabada en nuestra retina sólo teníamos en mente una cosa: explorar hasta su último rincón. Por eso pasamos un buen rato yendo de un lado a otro, leyendo los apuntes que llevábamos y, por supuesto, subiendo la preciosa escalinata. En lo alto está, como ya hemos dicho, la Iglesia de la Trinità dei Monti. A nivel artístico queda bastante empequeñecida en comparación con otras de la ciudad, pero aun así tiene una curiosidad histórica a sus espaldas: fue mandada construir por Carlos VIII (rey de Francia) en el siglo XV y saqueada por Napoleón (emperador del mismo país) cuatro centurias después.

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Como no podía ser de otro modo, desde lo alto de la Escalinata de España nos encontramos con unas vistas espectaculares. Estaba atardeciendo y la ciudad tenía unos tonos ocres muy románticos, de esos que te inspiran y te hacen sacar tu lado más bohemio. Aunque antes hemos pasado de puntillas por el ambiente de la zona, queremos hacer ahora hincapié del eclecticismo cultural que rodea a la Piazza di Spagna. Es de esos lugares mágicos en los que un “nosequé” te embriaga, y al tratar de describirlos sólo puedes repetir una y otra vez lo bonitos que son pero sin poder explicar los motivos. Quizá lo mejor sea establecer un paralelismo con los alrededores del Sacré Coeur de París, pues nos dejó exactamente las mismas sensaciones.

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Roma 380Por cierto, ya que estábamos en la parte alta echamos un vistazo a la Villa Médici, cuyos jardines comparten la Colina Pincio con los de la Villa Borghese. No los visitamos por falta de tiempo, pero aun así es destacable que en ellos pintó Velázquez sus dos únicos paisajes. Imprescindible para historiadores del Arte.

Roma 381Con la Piazza di Spagna habíamos echado un par de horitas, con lo que ya podíamos volver a la Piazza del Popolo. Para ello recorrimos la larga Via del Babuino, que también es una destacada calle para los amantes de las compras. Tiene algunas iglesias y fuentes interesantes, aunque la verdad es que no prestamos demasiada atención.

Roma 382Teníamos tan claro que la Piazza del Popolo tenía mucho que ofrecer, que fuimos a toda prisa. Es otro punto de referencia en la ciudad gracias al obelisco traído de Heliópolis, su forma de doble semicírculo o sus iglesias gemelas. Si a eso se le suman músicos callejeros y gente de distintos países, no hace falta decir más para entender que es un sitio en el que gusta estar.

Roma 383Empezamos visitando la Basílica de Santa María del Popolo, ubicada justo al lado de la imponente Porta del Popolo. Por fuera el edificio no tiene mucha chica, aunque es cierto que tiene muchos siglos a sus espaldas y que contribuye de manera determinante a la sensación de armonía que da toda la plaza.

Lo realmente importante de esta basílica es su patrimonio artístico, fundamentalmente a través de dos capillas. La primera es la Capilla Chigi, que se empezó a decorar siguiendo los diseños de Leonardo. El genio murió antes de acabar, por lo que fue finalizada por otro maestro: Bernini. En segundo lugar está la Capilla Cerasi, en la cual están dos de las obras más célebres de Caravaggio: La Conversión de San Pablo y La Crucifixión de San Pedro. Es increíble que estas dos pinturas clave del arte occidental estén expuestas así, en mitad de una iglesia no demasiado esplendorosa. Aunque está prohibido hacer fotos con flash, en el rato en el que estuvimos allí vimos al menos cinco o seis destellos. Una pena.

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Al salir nos entró un poco de hambre, y teniendo en cuenta lo mucho que nos había gustado la pizzería de la Via Flaminia decidimos cogernos un par de trozos más a modo de merienda. Una excusa perfecta para sentarnos en el centro de la plaza y disfrutar de su ambiente tranquilo, en el que se veía a gente pasear y de fondo sonaban canciones de Louis Amstrong tocadas por un músico callejero. Todo romántico y bucólico, hasta que apareció un Michael Jackson de palo con un altavoz atronador. Thrilleeeeeer!

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Terminamos de sacar el jugo a la Piazza del Popolo con su elemento arquitectónico más sorprendente: las gemelas Iglesia de Santa Maria dei Miracoli e Iglesia de Santa Maria di Montesanto. Son idénticas a simple vista, aunque hay algunos detalles que las diferencian. Datan del siglo XVII y tienen un sistema rotatorio para que siempre permanezca, al menos, una abierta. No sabríamos decir cual de las dos visitamos, aunque lo cierto es que no nos parecieron demasiada cosa después de haber sido deslumbrados por las obras maestras de Caravaggio.

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Roma 392Terminamos el día con un tranquilo paseo al atardecer, en el que sin un rumbo fijo volvimos a ir a parar al Vittoriano. Sabíamos que en su interior hay un par de museos gratuitos, así que aprovechamos que aun no era muy tarde para entrar y visitarlos. Nuestro gozo en un pozo: la mayoría habían cerrado ya, y eso que era prontito.

Sin embargo, todavía permanecía abierto el Museo Nacional de la Emigración Italiana (Museo Nazionale dell’Emigrazione Italiana, o simplemente MEI). A través de distintas salas se presentaban objetos, fotografías y vídeos sobre los italianos que en algún momento tuvieron que dejar su tierra para ganarse el pan fuera. Es realmente impresionante, de esos museos que te dejan con el corazón en un puño. Muy recomendable si se pasa por ahí, algo que no es difícil ya que está al ladito de los foros.

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Roma 396Terminamos la jornada, como no podía ser de otra manera, en nuestro pequeño hostel. Por desgracia el viaje ya estaba cuesta abajo y sin frenos: sólo quedaban dos días para volver a casa. El cansancio iba haciendo mella, por lo que todo era más lento: más tiempo en la lluvia, más tiempo cenando, tardábamos más en escribir…

Aunque las fuerzas eran justitas, aún quedaban muchas cosas por ver. Al día siguiente teníamos previsto hacer una excursión por los alrededores de Roma, en la que incluso intentaríamos ir a la playita. Pintaba bien, ¿verdad?

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