Roma ’11 – Capítulo V: La Roma más auténtica (día 4)

A este capítulo le hemos llamado “La Roma más auténtica” porque el hilo conductor de lo que visitamos en nuestro cuarto día de viaje no es temático, temporal o geográfico. Lo que tienen en común todas las cosas que os vamos a enseñar es que sintetizan, en mayor o menor medida, la esencia más auténtica de la vida en Roma: restos arqueológicos, mercados, cementerios… Quizá alguno sitios no sean tan imprescindibles como el Vaticano o el Coliseo, y en un viaje de dos días pudieran quedarse en el tintero, pero si se desea conocer la Città Eterna a fondo no se pueden pasar por alto.

Roma 236Empezamos el día en la Via dei Fori Imperiali, por la cual ya habíamos pasado varias veces en los días anteriores. Lo primero que comprobamos fue que el tiempo iba a ser mucho mejor que en la jornada anterior, en la cual no había parado de llover casi en ningún momento. En este día la temperatura era más suave y no había amenaza de lluvia por ningún lado.

Pese a que en el capítulo anterior la Roma antigua había tenido mucho protagonismo, aún quedaba mucho por ver. Sin ir más lejos, en la propia Via dei Fori Imperiali, en la acera opuesta al Foro Romano, esperaban los Foros Imperiales (Fori Imperiales). Son cuatro ampliaciones del primero: el Foro de César, el Foro de Augusto, el Foro de Nerva y el Foro de Trajano. Son más pequeñitos y se pueden contemplar desde la calle, por lo que tienen bastante menos tirón que los que ya habíamos visitado. Eso sí, al parecer hay idea de ponerlos en valor una vez terminen las obras de ampliación del Metro, por lo que seguramente en el futuro sean bastante más importantes.

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No vamos a decir demasiado de ellos, esperando que al volver a Roma dentro de unos años nos los encontremos muy distintos y podamos dedicarles mucho más especio. Sin embargo, hay un monumento que no puede quedar sin su merecida mención: la Columna de Trajano o Columna Trajana.

Roma 240Esta magnífica columna de 38 metros de altura (incluyendo pedestal), 4 metros de diámetro y 40 toneladas de peso fue erigida en el año 114 para conmemorar la victoria de Trajano sobre los dacios. Está decorada con un friso que rodea la columna 23 veces, dividido en dos por la personificación de la Victoria. Cada mitad cuenta una campaña: la de abajo, los combates entre 101 y 102; la de arriba, las batallas entre 105 y 106. En total son más de 200 metros de relieve, tallados en mármol, en los que el conjunto eclipsa cualquier figura individual.

Cuando estuvimos en Rumanía y visitamos el Museo Nacional de Historia de Bucarest pudimos ver una perfecta reproducción de este monumento, pero nada que ver con la contemplación directa con la que nos deleitamos en este viaje. Aunque las fotos no lucen demasiado, ya que están hechas a contraluz, hacía un día perfecto para pasar horas y horas contemplando una de las grandes obras de la arquitectura romana.

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Al final acabamos, como en otros días, en la Plaza Venecia (Piazza Venezia). Este cruce de caminos bien merece unas líneas, en especial por dos de sus edificios. El primero de ellos es el Palacio Venecia (Palazzo Venezia), gran ejemplo del Renacimiento temprano romano. Es museo, sala de exposiciones y lugar de conferencias, y aunque nosotros no entramos -en un viaje a Roma siempre hay que seleccionar cosas- su colección de obras de arte tiene fama mundial.

Sin embargo, al margen de otros palacios y edificios de interés que hay en la plaza, la figura que sobresale por encima del resto es el Monumento a Víctor Manuel II (Monumento Nazionale a Vittorio Emanuele II). Conocido generalmente como Vittoriano, se trata de una brutal construcción erigida en honor del primer rey del país tras la Unificación de Italia. Fue construido a comienzos del siglo XX, y a base de toneladas de mármol blanco de levantó una estructura de más de 80 metros que no se priva de nada: escaleras, fuentes, columnas, esculturas, una llama eterna…. Incluso hay espacio para varios museos en su interior, pero ya os hablaremos de ellos en otro momento.

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Roma 247Y es que el relato ahora debe continuar, ya que en esta ocasión no entramos a visitarlo sino que seguimos nuestro camino hacia Il Gesú, como popularmente se conoce al templo principal de los jesuitas. Su nombre completo sería Iglesia del Santo Nombre de Jesús (Chiesa del Sacro Nome di Gesù en italiano), y al ser la iglesia madre de una orden tan poderosa no hace falta decir que nadie reparó en gastos. Su excelente fachada es considerada la primera puramente barroca, y puede resultar familiar ya que en ella se han inspirado decenas de templos jesuitas construidos por todo el mundo.

Del interior de Il Gesú sólo se pueden decir cosas buenas. Los frescos que la decoran dejan en ridículo el significado de cualquier halago, en especial los de la nave central. No hay que perderse la cúpula y el sepulcro de San Ignacio de Loyola. Por cierto, hay que aplaudir a la persona a la que se le haya ocurrido la idea de poner un espejo en el suelo para contemplar la decoración del techo. Totalmente agradecidos, pues ya teníamos un cierto dolor de cuello después de visitar tantas iglesias.

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Roma 252En la misma Via del Plebiscito, en la que se encuentra Il Gesú, está la Basilica San Andrea della Valle. Más allá de ser el templo principal de los teatinos, no tiene especial interés a nivel arquitectónico o artístico. En realidad si, ya que este edificio es el ejemplo de lo mucho que queda eclipsado ante las grandes construcciones romanas. Si esta basílica estuviese en cualquier otro lugar, seguramente estaríamos hablando de un edificio de referencia conocido en toda la provincia. Sin embargo, al estar donde está… ¡Ni siquiera aparecía en nuestra guía de viaje!

Este paseo mañanero tenía por objetivo último llegar a la Piazza Campo dei Fiori, el que quizá sea el lugar más auténtico de todo el relato. En esta pequeña plaza, rodeada de bonitos edificios y coronada por una Estatua de Giordano Bruno, se celebra a diario uno de los mercados más bonitos del país. En él conviven flores, verduras, souvenirs para guiris y, sobretodo, gente de distintas procedencias que hacen del mercado una visita obligada.

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Llegamos muy pronto, pero pese a ello ya estaba todo montado. Hay cosas que nunca faltan en un viaje, y una de ellas es ir a un mercado. En estos sitios es donde se manifiesta de manera más auténtica la esencia de un lugar, y siempre los hemos considerado tan interesantes -culturalmente hablando- que un museo o un monumento. En este caso disfrutamos de los vivos colores de todo tipo de productos relacionados con la dieta mediterránea: tomates, alcachofas, limones…

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Como no podía ser de otro modo, también había varios puestos dedicados a la pasta. Era bastante cara, por lo que aquí no la compramos -en un supermercado sale mucho mejor de precio-. Eso sí, nos hicimos con unas especias que están dando últimamente mucho sabor en nuestra cocina. Por cierto, también aprovechamos para comprar regalitos para la familia.

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Roma 261Amantes de las flores, tenéis que saber que, pese a que la plaza se llama Campo dei Fiori, no encontraréis amapolas, margaritas y rosas por doquier. Sólo hay algunos pocos puestos, pero aun así resisten y dan aún más colorido a un mercado muy bonito. Que conste que no es muy grande, con una media hora se ve más que de sobra.

Y, aunque para llegar a la Piazza Campo dei Fiori hay que nadar un rato, en los alrededores hay varias cosas que justifican la visita. A nivel museístico destacan dos edificios: la Galería Spada (Galleria Spada), una pinacoteca con pinturas de los siglos XVI-XVII; y el Palacio de la Cancillería (Palazzo della Cancelleria), en el que se suelen hacer exposiciones temporales muy ambiciosas. Cuando fuimos había una sobre Leonardo Da Vinci, pero era tan caro entrar que tuvimos que prescindir de ella.

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Roma 264Otro sitio que nos gustó mucho, y que también está cerquita de la Piazza Campo dei Fiori, fue la Piazza Navona. Es de forma ovalada, puesto que está construida sobre el antiguo Stadium de Domiciano, y gracias a sus grandes dimensiones tiene un montón de cosas interesantes que hacen de la plaza uno de los puntos más barrocos de la ciudad.

Por un lado, destacan interesantísimos edificios como el Palazzo Pamphilj (obra de Rainaldi y Borromini), el Palazzo Braschi (muy renovado a fines del siglo XVIII) o la Iglesia de Sant’Agnese in Agone. El templo es bastante grande, una auténtica obra de arte que también lleva el sello de Borromini. El genial arquitecto dio lo mejor de sí en esta plaza, pero no fue el único…

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…y es que su gran rival, Bernini, también participó en ella diseñando la célebre Fuente de los Cuatro Ríos o Fontana dei Quattro Fiumi. Es una de sus obras más destacadas y una de las perlas del barroco, pues las cuatro estatuas que representan los ríos más importantes del planeta -Nilo, Ganges, Danubio y Río de la Plata- son suficientes para justificar un viaje a la ciudad. Por cierto, en la plaza hay dos fuentes más, la Fontana del Moro y la Fontana del Nettuno.

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Tal y como hemos dicho, en la Piazza Navona se siguió el trazado de un antiguo estadio romano. Aunque a primera vista no parece haber quedado más vestigio de él que la forma ovalada de la plaza, es posible contemplar algunos restos arqueológicos del Estadio de Diomiciano. Para ello hay que entrar en el edificio número 49, pues en su interior hay una especie de mirador. Sólo pueden entrar unas pocas personas simultáneamente, pero no es un sitio especialmente transitado.

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Roma 270Como nota curiosa, hay que decir que mientras estábamos en la Plaza Navona vimos como limpiaban una de sus fuentes. Los barrenderos se afanaban con sus escobas, pero no para retirar basura sino para recoger los cientos de monedas que cada día echan las hordas de turistas que visitan la plaza. Va para obras de caridad, pero vimos como algunas se perdían por el camino.

Roma 271Del barroco más recargado retrocedimos hasta el esplendor del Imperio Romano, gracias a nuestra siguiente parada: el Panteón de Agripa. La belleza de este edificio, excepcionalmente bien conservado, ha quedado reflejada en las palabras de Miguel Ángel, de Stendhal y ahora de nosotros, pues nos ha parecido espectacular. ¡Ahí queda eso!

Roma 272Antes de entrar en él hay que destacar la Plaza de la Rotonda o Piazza della Rotonda, que también es preciosa y que suele ser poco citada al estar a la sombra del Panteón. Su fuente fue realizada por Giacomo della Porta, que también dejó su firma en la Piazza Navona. Por otro lado, el obelisco que la corona data del siglo XIII a. C. y fue llevado allí a comienzos del siglo XVIII. Lamentablemente, toda esta cascada de interesantes datos históricos no debe obviar el aspecto más negativo de la plaza: ¡Es un hervidero de cacos! Cuidado no os roben la cartera.

Entrar al Panteón de Roma es gratis, y está abierto durante casi todo el día. ¿Qué podemos decir de él? A nivel espiritual hay que decir que, en origen, estaba dedicado a todos los dioses. Fue erigido por Marco Agrippa con ese fin, aunque su aspecto actual responde a una reconstrucción del siglo I d. C. que hizo Adriano tras un incendio. Como no podía ser de otro modo, en cuanto cayó en manos de la iglesia fue apañado como templo, dedicado a Santa María de los Mártires. Al ser un edificio tan emblemático hubo que hacer una ceremonia por todo lo alto, tanto es así que se trajeron casi treinta carros llenos de huesos. 

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La cúpula es una obra de ingeniería de primer nivel, al alcance únicamente de las civilizaciones más avanzadas. Tiene más de 43 metros de diámetro, siendo mayor que la de San Pedro del Vaticano y sólo superada en el siglo XX con técnicas de construcción modernas. En su parte central hay un gran lucernario que permite pasar la luz. Al no tener un cristal, en días de lluvia cae agua a través de ella: ¡Tiene que ser una pasada! Además, actualmente sigue siendo utilizado como panteón, pues en su interior hay algunos de los enterramientos más célebres del país: Vittorio Emanuele II, Umberto I, la reina Margherita de Saboya e incluso el célebre Rafael descansan aquí.

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Después de ver el Panteón el listón estaba muy alto, por lo que no disfrutamos demasiado viendo la Basílica de Santa Maria sopra Minerva. Teníamos muchas ganas puestas en ella, puesto que en todas las guías que habíamos consultado aparecía en un lugar muy destacado al ser, supuestamente, la única iglesia gótica de Roma. Por fuera no es muy llamativa -recuerda a San Pietro in Vincoli-, aunque frente a ella está un obelisco apoyado en el Elefante de Bernini, una curiosa escultura de la que no pudimos disfrutar al estar en restauración.

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Por dentro, Santa Maria sopra Minerva tiene algunos matices de estilo gótico -especialmente en el techo-, pero a nosotros nos pareció mucho más barroca de lo que esperábamos. Alberga un patrimonio artístico de gran importancia, gracias a los frescos de Filippino Lippi o a la estatua Cristo resucitado con la cruz, tallada por Miguel Ángel. Sin embargo, ya hemos dicho que nos supo a poco. Esperábamos una joya gótica y encontramos algo muy bonito, pero no lo que nos apetecía haber visto.

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La verdad es que estábamos un tanto saturados de tanto barroco, y desde luego no ayudó a despejarnos la visita a la Iglesia de San Ignacio de Loyola. También es barroca a más no poder -sigue el modelo de Il Gesù de cabo a rabo-, por lo que no la disfrutamos especialmente. No es que nos estemos quejando, eso solo que el barroco no es precisamente la corriente que más nos guste.

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Roma 287Aquí va una gran frase: estando en Roma, nos apetecía ver cosas romanas. Por eso el Templo de Adriano (Hadrianeum) -o, mejor dicho, sus vestigios- nos llamó mucho más la atención. Han sobrevivido al paso del tiempo columnas y paramento, los cuales fueron integrados en un edificio durante el siglo XVII. Este funcionó como Bolsa de Roma durante algún tiempo.

Roma 288Desde ahí volvimos sobre nuestros pasos, para regresar a la Piazza Venecia (ya habíamos dicho que pasamos por esta plaza mil veces en el viaje). Desde ella se accede, mediante una interminable escalinata, a la Colina Capitolina. En su cima está la Plaza del Capitolio o Piazza del Campidoglio, diseñada siguiendo las directrices de Miguel Ángel. Pero antes de hablar de ella, es el turno de la Basilica di Santa Maria in Aracoeli, pues fue su sencilla fachada de ladrillo lo que nos esperaba en lo alto de las escaleras.

El exterior es sobrio, pero el interior tiene grandes obras de Donatello, Andrea Bregno y Pinturrichio. Es muy luminosa, aunque también muy ruidosa: tiene varias entradas y constantemente hay gente. Lo que más nos llamó la atención fue la gran cantidad de lámparas de araña que se han utilizado para decorar el templo, algo nada frecuente.

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Por cierto, dado que el Campidoglio está en lo alto de la Colina Capitolina, hay unas preciosas vistas que merece la pena comentar. Hacia el lado de las escaleras está la típica imagen de la Roma actual: gente de un lado para otro, cúpulas, zonas verdes propias de las villas… Justo en el sentido opuesto están una de las mejores vistas del Foro Romano. De hecho, cuando el día anterior lo estábamos visitando, nos preguntábamos cual era ese mirador… ¡Enigma resuelto!

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Y ahora, por fin, hablemos un poco de la Piazza del Campidoglio. Ya hemos dicho que fue diseñada por Miguel Angel, que no dejó ni un detalle a la improvisación. No partió de cero, sino que era una reforma, pero aun así le permitieron rediseñar edificios ya existentes.

Roma 293En la actualidad hay tres palacios: el Palazzo Senatorio (hoy sede del Ayuntamiento de Roma), el Palazzo dei Conservatori y el Palazzo Nuovo (ambos sedes de los Musei Capitolini). Son edificios grandes, pero la plaza está dispuesta como una terraza hacia Roma y pese a ser pequeñita da la sensación de ser muy abierta.

Hay muchos detalles destacables, empezando por una reproducción de la loba capitolina (el original está en el museo, el cual veríamos a la noche). También es interesante la estatua ecuestre de Marco Aurelio, que también es una réplica. Las que si son originales son las estatuas de Cástor y Pólux, de origen romano. Por último, no queremos dejar de hablaros de la Estatua de Cola di Rienzo, que conmemora el lugar en el que fue asesinado este enigmático personaje.

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Al no haber visto nada “gordo”, como el Vaticano o los Foros, daba la sensación de que era prontito, pero sin darnos cuenta ya era la una de la tarde. Después de haberlo cancelado el día anterior, esta vez no queríamos que se nos escapase la Via Appia Antica, y por eso habíamos planificado bien la ruta consultando incluso el horario de varios buses.

Roma 298Fuimos en autobús hasta San Juan de Letrán, donde hicimos trasbordo en el intercambiador de autobuses que hay enfrente de la catedral (en la entrada del obelisco no, en la otra). Allí cogimos la línea 218, que deja en una calle paralela a la Via Appia, perfecta para visitar las catacumbas. Con un solo ticket (1€) se hace todo el trayecto, ya que es válido para todos los buses que se tomen durante 75 minutos.

Via Appia, Via Appia… ¿Qué es la Via Appia Antica? Se trata de una de las calzadas romanas más importantes de la antigüedad, la cual unía Roma con Brindisi. Su grandeza le convirtió en un modelo a seguir para otras calzadas del Imperio, y por eso se ha conservado casi de manera íntegra pese al paso de más de 20 siglos. En la actualidad es muy típico ir a pasear por ella los domingos, cuando está cerrada al tráfico, aunque tiene atractivos de sobra como para hacer una visita cualquier otro día de la semana.

Por ejemplo, nosotros fuimos con la intención de ver alguna de las Catacumbas que están abiertas al público. Toda la Via Apia está plagada de necrópolis subterráneas, y cerca de la ciudad hay tres que se han abierto al público: las Catacumbas de San Calixto, las Catacumbas de San Sebastián y las Catacumbas de San Domitilla. Tienen un sistema rotatorio para que todos los días esté abierta al menos una, pero por muchos apuntes que llevábamos no supimos cual era la que nos tocaba.

Roma 299De hecho, el autobús nos dejó enfrente del acceso a las Catacumbas de San Calixto, pero estaban cerradas ese día. Pas de problème, como se suele decir. Mapa en mano fuimos en dirección a las Catacumbas de San Domitilla, bordeando una peligrosa carretera, aunque por suerte estas si que estaban abiertas.

Las Catacumbas de Roma (las tres) sólo se visitan mediante visita guiada, lo cual nos lleva a recordar como el día se nos había torcido un poco en un tema: la comida. Habíamos calculado mal y nos encontrábamos esperando a un tour (8€ por persona, todo un estacazo) que empezaba a las 14:20, en medio de la nada y sin haber zampado. Total, que comimos los bollos y frutos secos que llevábamos en la mochila para engañar un poco el hambre, pero ese día no pudimos comer hasta casi las cinco de la tarde… ¡Qué tortura!

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Recapitulemos: llegamos, nos hicimos con las entradas para la visita guiada en español y nos dijeron que esperásemos fuera hasta que nos avisaran. Fácil… ¿Verdad? ¡Pues no! Nadie vino a avisarnos y por culpa de eso nos perdimos los diez primeros minutos de la visita. Eso tuvo una parte mala, ya que a nadie le gusta incorporarse rápido a una visita, pero también una buena: íbamos los últimos en un interminable grupo de mexicanos, lo cual nos permitió ir haciendo fotos (cosa que no dejaban) sin que la guía pudiese decirnos nada.

Por cierto, las catacumbas son impresionantes. Quizá no nos resultaron muy impactantes por haber visto dos días atrás las excavaciones bajo el Vaticano, pero aun así nos dejaron un regusto muy bueno. Es un poco agobiante en algunos tramos -pasillos estrechos, poca luz, humedad- pero merece la pena conocer esta necrópolis subterránea.

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A la visita guiada no le hicimos mucho caso, pero aun así hay que reconocer que su recorrido era muy interesante. Se entra en varios mausoleos, hay algunas tumbas excavadas y, al estar bajo tierra, se han conservado paredes pintadas en muchos lugares.

Roma 306Sin embargo, por lo que nos dicen amigos que han estado en Roma hace muchos años, las catacumbas eran mucho más chulas antes. Estaba todo lleno de huesos y apenas había iluminación, con lo que parecía una visita al inframundo. Aun así, hoy en día sigue mereciendo la pena: muy recomendable, aunque no imprescindible.

Roma 307Una vez salimos de las Catacumbas de San Domitilla nos encontramos con dos problemas: el hambre, pues no se veía por ahí ningún sitio para comer; y el mal tiempo, ya que había empezado a chispear. Aun así, no habría otra oportunidad de ir a la Via Appia en todo el viaje, por lo que decidimos liarnos la manta a la cabeza y caminar en esa dirección.

Nuestros pasos nos llevaron, en primer lugar, a pasar delante de la Basílica de San Sebastián Extramuros (San Sebastiano fuori le mura). También es conocida como San Sebastián de las Catacumbas, ya que a través del templo se entran a las Catacumbas de San Sebastián. Éstas estaban cerradas, pero nada impidió que visitásemos un templo que forma parte de las siete iglesias: aquellas que los peregrinos visitan por el jubileo.

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Roma 310Un poco más adelante, también en la Via Apia, están los restos de la Villa di Massenzio, construida por el emperador Massenzio en el siglo IV. Es un complejo enorme que incluye un palacio, un circo y un mausoleo, pero debido a su exiguo horario de apertura (cierra a la una) nos quedamos con las ganas de visitarlo. Desde fuera se ven algunas cosas, pero sólo sirven para poner los dientes largos.

Roma 311Nuestra última parada fue en la Tumba de Cecilia Metella, recinto para el que ya teníamos entrada ya que estaba incluido en el ticket de las Termas de Caracalla. También cierra “una hora antes del atardecer”, con lo que no sabíamos si seguiría abierta… ¡Pero sí lo estaba! Aunque a juzgar por la cara de los taquilleros no esperaban ya muchas visitas ese día.

Básicamente se visita el mausoleo de una de las familias más poderosas de la antigua Roma. Hay una torre excavada en la roca y varios patios en los que hay expuestos restos arqueológicos procedentes del lugar, como si fuera un museo al aire libre. Aunque los paneles informativos son en italiano,  es fácil entenderlos y hacerse a la idea de un lugar que no suele aparecer en las guías de viaje.

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Roma 315Después de las catacumbas, este nuevo espacio funerario ponía fin a nuestro recorrido por la Via Appia Antica. Estaba lloviendo, era tardísimo y aún no habíamos comido, por lo que no quisimos seguir caminando. Sin embargo, cuando volvamos a Roma nada impedirá que demos una laaarga caminata por esta fabulosa calzada romana.

Roma 316La vuelta al centro de Roma consistió en volver a la parada de la línea 218, la misma que nos había traído hasta allí. Hubo suerte, porque la máquina expendedora de tíckets del autobús estaba averiada, y el conductor no podía cobrar. Total, que el viaje en ese caso… It’s free! No sabemos que hubiera pasado si hubiese entrado un revisor, pero por suerte no se dio esa circunstancia. Sin embargo, el karma hizo, que aunque el viaje fuese gratis, nos tocase sufrir un poco para comer: por la zona de San Juan de Letrán no encontrábamos nada y eran ya más de las cinco.

Roma 317Total, que tras mucho caminar acabamos en un McDonalds. Es curioso, pero en todos los viajes al extranjero de 2011 hemos comido alguna vez en un establecimiento de esta cadena: en Londres, en Rusia y en Marruecos. Por cierto, al igual que comprobamos en Bolonia, en Italia en los McDonalds se pueden comer gambas. Urgh.

Con la tontería, cuando terminamos de comer eran ya más de las cinco y la noche se nos había echado encima. Aun así aún teníamos por delante algo muy importante: visitar los Museos Capitolinos (Musei Capitolini). Volvimos al Campidoglio y nos hicimos con la entrada: 10€ por persona. Un poco caro, pero este museo cívico es imprescindible pese a no tener unas dimensiones galácticas, al estilo del Louvre o el British. Sus fondos de escultura y pintura son envidiables, y están distribuidos, como ya hemos dicho muy arriba, entre el Palazzo dei Conservatori y el Palazzo Nuovo, que están comunicados por un corredor subterráneo por debajo de la plaza.

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Roma 320Eso sí, que nadie piense que se habla de “Museos Capitolinos” y no de “Museo Capitolino” por tener la colección entre dos edificios. La denominación viene dada porque los fondos se formaron a partir de donaciones de varios papas y de algunas de las familias más poderosas de Roma, como la Sachetti o la Castellani.

Lo dicho, en cuanto a tamaño no es nada abrumador pero aun así es una visita imprescindible. Sólo el interior de los palacios ya merecería la pena, pues cada sala está mejor ornamentada que la anterior. Sin embargo, hay diversas piezas que destacan por encima del resto: el Gálata Moribundo, la copia más antigua de un original que ya se ha perdido; Luperca (o Loba Capitolina), un bronce que es quizá el mayor símbolo de la ciudad; la estatua ecuestre de Marco Aurelio, cuya copia habíamos visto por la mañana en la plaza; el Discóbolo, en su representación original…

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Pasear por cada estancia del museo fue una experiencia deliciosa. Fuera hacía frío e incluso chispeaba, por lo que todo era incluso más acogedor. Por otro lado, apenas había gente y eso permitía ir con calma, parándonos en las piezas que más nos gustaban y pudiendo hacer fotos con toda la tranquilidad del mundo.

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Aunque antes sólo hemos mencionado esculturas, también hay que destacar piezas de muy diversa índole: desde sarcófagos hasta muebles, pasando por monedas, cerámicas o pinturas. Sobre éstas solo hace falta poner unos cuantos nombres sobre la mesa: Tizianno, Correggio, Rubens, Van Dyck, Velázquez… ¿Hace falta decir algo más? Nuevamente -como tantas otras veces durante este viaje- echamos de menos más paneles explicativos, pero eso parece no estilarse en Roma.

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Roma 331Tras recorrer todas y cada una de las salas del Palazzo dei Conservatori, fuimos al Palazzo Nuovo. Para eso no hace falta salir a la calle, sino que se puede atravesar un corredor subterráneo excavado en los años 30. Es conocido como Galleria di congiunzione (algo así como Galería de la Conjunción), y aunque tiene toda la pinta de refugio antibombas en la actualidad se utiliza como un espacio expositivo más. En este caso, ofrece la mayor parte de los fondos relacionados con el mundo funerario: lápidas, epígrafes, esculturas mortuorias…

En cuanto al Palacio Nuevo, además de algunas piezas de las que ya hemos hablado -como el Gálata moribundo- también hay que destacar un impresionante mosaico proveniente de la Villa de Adriano (en Tíboli): el Mosaico delle Colombe. Tampoco hay que perderse los fondos egipcios, siempre llamativos y más en una ciudad llena de obeliscos.

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Roma 335Por último, queremos hablaros de las vistas que hay desde los Museos Capitolinos hacia el Foro. Hay una balconada enorme en el Palazzo Nuevo que permite hacer fotos fabulosas, y más por la noche. Los restos arqueológicos están iluminados de una forma muy bella, que enfatiza aún más su aspecto romántico y decadente. ¡Inspiración al poder!

Cuando terminamos eran casi las 20, pero aún haríamos un par de cosas más. Bajando del Campidoglio vimos una fuente que emanaba agua del Aqua Marcia, el acueducto más grande que abasteció a la antigua Roma. No nos resistimos y dimos unos tragos: ahora, como diría Antonio Recio, el agua del Imperio Romano corre por nuestras venas. También aprovechamos para ir al supermercado que hay en la plaza de Santa Maria Maggiore, donde compramos pasta para llevar a Madrid. En sitios turísticos estaba a 5€ el paquete, allí a menos de uno. Ahí queda eso para futuros viajeros.

Para terminar, duchita y cena. Lamentablemente el reloj corría demasiado rápido y ya habíamos pasado el ecuador del viaje, pero Roma aún tenía muchísimas más cosas que ofrecer.

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