Roma ’11 – Capítulo III: Vaticano, Trastevere y Ghetto (día 2)

El primer día completo de un viaje (en el que te levantas y te acuestas fuera de casa) siempre gusta mucho, pues es en el que la sensación de estar rompiendo con la rutina se hace más fuerte que en ningún otro momento. Precisamente por eso nos levantamos con muchas ganas, y no nos importó en absoluto tener que poner un 7 en el despertador para aprovechar bien el día. Tras el madrugón dimos cuenta de un abundante desayuno, el cual estaba incluido en nuestro alojamiento. ¡Perfecto para tomar fuerzas!

Para este segundo día el punto de partida iba a ser el Vaticano. Para llegar allí teníamos que coger el Metro y la parada que mejor nos venía era la Estación de Termini, por lo que nos dirigimos allí. Termini es célebre porque para muchos supone el comienzo o el final de su viaje a Roma, aunque no fue precisamente nuestro caso. Nos pareció una estación muy liosa, y de hecho Erika pasó un buen rato echando pestes sobre ella.

Roma 58Por cierto, aunque dedicaremos un artículo específico para hablar de él no queremos dejar de poner aquí unas líneas sobre el Metro de Roma. Es hasta ahora, con diferencia, el peor suburbano en el que hemos estado, y ya conocemos unos cuantos. Tiene sólo dos líneas, los vagones son viejos y no es muy limpio que digamos.

Aun así lo utilizamos varias veces, ya que el Metro siempre tiene una frecuencia muy alta (para denominarse así tiene que pasar, en líneas generales, un tren cada menos de cinco minutos) por muy malo que sea.

Roma 59Para ir al Vaticano hay varias paradas en función de si desea ir a los museos o a la Plaza de San Pedro. Nuestro objetivo era este último, por lo que nos apeamos en la Estación de Ottaviano, desde donde sólo hubo que pasar por dos calles: Via Ottaviano y Via di Porta Angelica. Está todo muy bien señalizado, así que no hay posibilidad de perderse.

Pese a ser un trayecto muy corto, en realidad estábamos cambiando de país: dejábamos el suelo italiano para adentrarnos en el Estado de la Ciudad del Vaticano. Para nosotros era todo un logro estar en el epicentro de la iglesia cristiana, no por cuestiones de fe sino porque se convertía en el décimo país que visitábamos. Es una cifra especial, aunque esperamos multiplicarla en los próximos años.

Y antes de seguir con el relato, vamos a hacer un pequeño paréntesis para poner unos cuantos datos encima de la mesa. El Estado de la Ciudad del Vaticano es el país más pequeño del mundo, con únicamente 44 hectáreas. Tan sólo la Basílica de San Pedro ocupa el 7% de su superficie. Tiene 900 habitantes y una teórica tasa de natalidad del 0%… aunque ya se sabe, nunca hay que decir “este cura no es mi padre”. El Estado actual fue creado en 1929 tras los Pactos de Letrán, configurándose como una monarquía absoluta electiva o teocracia. Además, es el único país del mundo en el que el latín es idioma oficial y no una lengua muerta.

Roma 60Volviendo al relato, hay que ser sinceros: cuando entramos por primera vez en la Plaza de San Pedro (Piazza San Pietro) nos quedamos boquiabiertos. Sabíamos que era un sitio impactante, pero no esperábamos algo tan colosal, majestuoso y fuera de lo normal. Las imágenes que estaban pasando ante nuestros ojos no se nos van a olvidar en la vida.

A la Plaza de San Pedro hay que ir pronto, cuanto antes mejor. A media mañana es un auténtico hervidero de gente, pero a primera hora se puede hasta escuchar el silencio. Sólo así se puede comprender la magnitud de lo que se está contemplando: la columnata curva de Bernini, el obelisco egipcio traído por Calígula en el año 36, las fuentes… Y por supuesto la impresionante fachada de la basílica.

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El momento en sí lo disfrutamos muchísimo, pero escribir sobre él ha sido una tortura. Hay tantas cosas que decir sobre la Piazza San Pietro que todo lo que se ponga aquí resultará insuficiente. Sólo podemos corroborar que, pese a que ya llevamos unos cuantos viajes a nuestras espaldas, este sitio nos ha sorprendido especialmente. Normalmente los sitios que has estudiado o visto por la televisión mil veces no impactan tanto, pero aquí hay una auténtica excepción. Un lugar imprescindible.

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Pasamos un buen rato en la plaza, simplemente mirando de un lado para otro y absorbiendo hasta el último detalle. Son muchas cosas que ver, por lo que probablemente dos puntos de interés pasen desapercibidos. El primero es las ventanas de las habitaciones del Papa, las cuales podéis ver en la foto de abajo a la izquierda (las ventanas son, en el piso superior, la segunda y la tercera empezando por la derecha). También es destacable la capilla sixtina, el tejado triangular que se ve en el lado izquierdo de la foto de abajo a la derecha. Hay que recordar que en ese espacio se elige al papa, decisión que se comunica en los cónclaves papales con una fumata blanca (si habemus papam) o negra (si hay que seguir buscando).

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De todos modos, la plaza sólo es el principio de lo mucho que hay que ver en el Estado más pequeño del mundo. La Basílica de San Pedro (Basilica Papale di San Pietro in Vaticano) es la auténtica protagonista, y su interior está dividido en tres partes: la cúpula, el nivel principal y las excavaciones de Pio XII. Las dos primeras se pueden visitar todos los días en un horario muy largo y se entra a ellas desde la propia plaza. Por otro lado, para las excavaciones hay que hacer una reserva con un par de meses de antelación e ir a otro sitio. A nosotros nos dieron cita para ese día a las 11, por lo que teníamos prácticamente tres horas para ver la cúpula y el interior de la enorme basílica.

Roma 66Pero vayamos por partes. Empezamos por la cúpula porque fue lo primero que nos encontramos nada más pasar los controles de seguridad. Siguiendo los carteles llegamos a la taquilla, donde compramos dos entradas sin ascensor (5€). Las que son con ascensor (7€) sólo te quitan la primera parte, que es la más cómoda, por lo que no merece la pena.

Con diez euros menos en el bolsillo empezamos a caminar por una rampa moderna, en forma de caracol. Es la parte nueva de la subida, no entraña ninguna complicación y en cinco minutos te la has quitado de en medio. Al final de la misma se llega a un espacio abierto desde el que se contempla la cúpula desde más cerca que en ningún otro lugar, tanto que se puede llegar a tocar. Es una especie de obsequio antes de la subida realmente chunga, esa de la que no te puedes librar por mucho dinero que tengas.

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Pero antes de pasarlo mal hay un último regalo: la posibilidad de caminar por el interior de la cúpula. El enorme diámetro por el que se puede andar no es el más grande del mundo (los más de 40 metros son superados por el Panteón de Agripa en la misma ciudad, aunque hay más ejemplos), pero sus 136 metros de altura si que hacen que sea la cúpula más alta del mundo. Es toda una experiencia dar un paseo sobre la famosa inscripción del perímetro: “TV ES PETRVS ET SVPER HANC PETRAM AEDIFICABO ECCLESIAM MEAM ET TIBI DABO CLAVES REGNI CAELORVM“. Dicho de otro modo: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia. A ti te daré las llaves del reino de los cielos.” También merece mención aparte la oportunidad de contemplar los enormes mosaicos a sólo unos centímetros de distancia.

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A partir de aquí empezaba el sufrimiento, pues la subida a la cúpula de San Pedro es la más agobiante en la que hemos estado. No es especialmente estrecha, ni siquiera es oscura. Tampoco son demasiados escalones. El problema está fundamentalmente en que los escalones y las paredes están inclinados, con lo que se produce una sensación bastante inquietante. Parece que el suelo se está moviendo y que en cualquier momento el chiringuito se va a venir abajo, podríamos hablar de vértigo aunque no es exactamente eso. En fin, que se sufre un poco, aunque por suerte no dura mucho.

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Roma 76Además, cualquier esfuerzo es poco en comparación con la recompensa que hay en la parte de arriba. Todas las grandes ciudades europeas tienen sus panorámicas, como París desde lo alto de la Torre Eiffel o Moscú y su Colina de los Gorriones… En el caso de Roma, curiosamente, la panorámica de la ciudad más típica (que no la mejor) está hecha desde otro país.

El mirador desde lo alto de la cúpula permite una perspectiva de 360º del Vaticano y, por extensión, de la propia ciudad de Roma. Según se sale de las escaleras lo primero que se ve es la Plaza de San Pedro, pero si se mira un poco más allá se verán algunas cosas interesantes: el Castillo de Sant’Angelo, el Vittoriano e incluso la Villa Borghese son sólo tres ejemplos de lo mucho que ofrece esta panorámica si se presta atención.

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Hacia el lado contrario están los Jardines Vaticanos, una serie de parques que ocupan más del 50% de la superficie del Estado. ¿Os imagináis un parque que ocupase la mitad de España? Los jardines se pueden recorrer en visita guiada, pero hay que hacer la reserva con mucha antelación y encima cuesta la friolera de más de 30€ por persona. Vamos, que se ve mejor desde arriba. Además, según parece, los edificios chulos como la sede de la Radio Vaticana no son visitables.

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Roma 79Puede ser una comparación atrevida, incluso desafortunada, pero el caso es que todo lo que rodea al Vaticano nos recordó en cierta manera al hermetismo que encontramos en algunos aspectos de Moscú. Muchas zonas están restringidas, a algunas sólo se puede acceder con reserva previa y otras son directamente prohibidas.

Roma 80De lo que no hay duda es de que estamos muy orgullosos de haber llegado hasta allí. Cada vez que llegamos a sitios tan destacados nos entra un poco de nostalgia, pues cuando nos conocimos en la universidad no imaginábamos que llegaríamos juntitos a tantos sitios. En un mundo de individualidades sólo podemos decir una cosa: ¡Viva el amor viajero!

Este pequeño arrebato de romanticismo no impide que nos acordemos de la bajada desde lo alto de la cúpula, que también fue un poco agobiante. De todos modos no hubo tiempo para los lamentos, pues teníamos por delante cumplir uno de nuestros sueños: recorrer el interior de la Basílica de San Pedro. Desde la cúpula es fácil, pues la visita termina justo en las puertas de la basílica.

Roma 81Pero bueno, decir “puertas” en este caso puede resultar hasta vulgar. Hay tres, y cada una de ellas tiene su propia historia: la Puerta de la Muerte, las Puertas de Bronce y la Porta Santa. Quizá las más destacadas sean las Puertas de Bronce, esculpidas por Filarete en el siglo XV. Ya estaban en la basílica original, pues el majestuoso edificio actual es el último de una serie de varios templos ubicados en este mismo lugar. Fue a partir de 1506 cuando se empezó a construir esta nueva basílica, en un proyecto que pasó por varios directores y varias etapas.

Roma 82Al final, da igual como, hasta nuestros días ha llegado una auténtica obra de arte. No está incluida en la nueva lista de las siete maravillas del mundo, pero ni falta que le hace. Es muy difícil escribir sobre un lugar en el que los mapas con menos detalles señalan alrededor de 30 puntos de interés: capillas, monumentos, frescos, sacristías, museos… Antes de entrar en materia, algunos datos prácticos: abre de 7 a 18 todos los días, el acceso es gratuito y en la entrada hay audioguías que también son gratis. Lo más importante es que hay que reservar mucho tiempo para ir sin prisas, dos horas es lo mínimo -aunque lo ideal sería algo más-.

Y nada, aquí va un pequeño best of de la Basílica de San Pedro. Seguramente no hablemos de muchas cosas importantes, pero la tarea de hablar de este edificio sin dejarse nada en el tintero es un auténtico imposible. Más o menos igual de difícil que acercarse a la Pietà de Miguel Ángel (o Piedad, en castellano). Este conjunto escultórico, una joya sin discusión, fue elaborado cuando Miguel Ángel aún tenía poco más de 20 años. Pese a ser una obra maestra hay que contemplarla a varios metros, tapada por un grueso cristal antibalas. ¿El motivo? Que un perturbado la atacó en 1972, dándole varios martillazos y destrozándola en sus partes más visibles. Fue reparada inmediatamente utilizando los fragmentos originales, pero desde entonces sólo se pueden acercar los estudiosos. Aun así es uno de los lugares más visitados de la basílica, al igual que la siguiente capilla: en ella está la tumba de Juan Pablo II. El predecesor de Benedicto XVI tiene mucho tirón entre los fieles, tanto que siempre hay gente rezando frente a él. Y es que aunque el Vaticano sea una especie de circo del turismo, también hay pequeños espacios que resisten únicamente para el culto (vigilante jurado mediante).

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Lo importante es seguir un cierto orden, pues paseando sin más la visita no será muy provechosa. Dejarse sin ver joyas como la estatua de bronce de San Pedro del siglo XIII (obra de Arnolfo di Cambio), la escultura de San Longinos con la lanza o el Baldaquino de Bernini es un riesgo demasiado elevado. Especialmente interesante es este último, pues se asienta sobre el emplazamiento de la tumba de San Pedro y sus enrevesadas columnas miden casi 30 metros de alto.

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Hay que ir con los ojos bien abiertos, mirando hacia arriba y hacia abajo. La belleza de las cúpulas está fuera de toda duda, tanto es así que nosotros acabamos con dolor de cuello por haber estado tanto tiempo mirándolas. Tampoco hay que perderse detalles del suelo, pues su decoración es riquísima y hay mil detalles históricos para dejarse sorprender.

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Al lado de la estatua de San Longinos está el acceso a las Grutas Vaticanas. está el acceso a las Grutas Vaticanas, una especie de iglesia subterránea de tres naves formada por la diferencia de nivel entre la basílica antigua y la actual. En ella están enterrados varios papas: Pío XI, Pablo VI, Juan Pablo I… Incluso aquí estuvo Juan Pablo II antes de ser trasladado a su ubicación actual. Este lugar es quizá en el que más se respeta lo sagrado de la basílica, pues no se pueden hacer fotos o hablar en voz alta. La pena es que cuando fuimos estaba la mitad de las grutas cerrada, por lo que en cinco o diez minutos volvimos a la superficie.

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Imágenes extraídas de wikipedia

A modo de conclusión, sobre la Basílica de San Pedro hay que destacar algunas cosas. Como aspectos positivos poco más podemos decir que no hayamos dicho ya: es un templo excepcional y en el que es posible encontrar las mejores manifestaciones artísticas de occidente. La parte negativa quizá sea su apertura masiva al turismo, y por supuesto que es el lugar en el que más de relieve se pone el doble discurso de la iglesia. Seguramente con los bienes contenidos en el edificio se podría acabar varias veces con el hambre en todo el mundo.

La cosa es que a las once menos cuarto dejamos atrás la basílica para ir a ver una de las cosas más destacas de este viaje: la Necrópolis de San Pedro. Sólo se puede entrar en ella mediante visita guiada, la cual hay que reservar con al menos dos meses de antelación a través de la web oficial del Vaticano. Se accede en grupos de 12 personas, lo que supone una ventaja ya que hay guías específicos en español. El punto de reunión es el Ufficio Scavi, la oficina que gestiona el tinglado, a la cual es fácil llegar: según se sale de la basílica hay que atravesar las columnata a mano derecha, y allí se verá un acceso custodiado por la Guardia Suiza.

Roma 92Llegamos diez minutos antes de la hora convenida, pero en lo que esperábamos estuvimos hablando con un señor de Valencia. Fue una conversación un tanto extraña, pues lo primero que nos preguntó al decirle que éramos de Madrid fue: “¿Sois del PP? Como allí todo el mundo es del PP…”. Pues no, majo, no somos del PP precisamente. Por suerte pronto apareció más gente, y al poco llegó nuestra simpática guía. Pasamos a una especie de salita en la que nos recordó las normas -nada de fotos, silencio absoluto, mucho respeto- y comenzó una visita que duró noventa minutos.

Al no haber podido sacar fotos, todo lo que digamos sobre el recorrido por la Necrópolis de San Pedro va a ser una injusticia, pues no va a quedar reflejado lo mucho que nos impactó esta visita guiada. De lo mejor del viaje, imprescindible si se está en Roma y clave para entender la forma de vida de los primeros cristianos.

Básicamente lo que se visita son las excavaciones que se hicieron durante el papado de Pio XII (en la II Guerra Mundial), las cuales tenían como fin, entre otros, encontrar la tumba de San Pedro ubicada en una antigua necrópolis. Los restos hallados incluyen calles, panteones privados, cúpulas destruidas y mil cosas más que cayeron en el olvido al construir la nueva basílica, pues todo esto fue enterrado para nivelar el terreno. Desde 2006 la excavación arqueológica se ha puesto en valor para ser visitable, y es una experiencia fascinante que permite adentrarse en el subsuelo de uno de los edificios más famosos del mundo.

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Imagen extraída de audioguiaroma

El punto cumbre es el la Tumba de San Pedro, señalada por el Trofeo di Gaio. Sin embargo, no hay que despreciar nada de una visita que, dicho sea de paso, no es apta para claustrofóbicos. La humedad es enorme y hay muy poca luz, pero repetimos que merece la pena. También queremos destacar la labor de la guía, que pese a meter las típicas pullas pro-cristianismo hizo una interpretación muy interesante de todo el recinto.

RomaTotal, que aunque hacer la reserva es bastante pesado (ya haremos un tutorial explicando como es todo el proceso) y hay que pagar 12€ por cabeza, es un sitio fascinante. En una ciudad tan visitada como Roma es increíble que aún queden lugares como este, que son auténticos desconocidos para el gran público pero que todo el mundo se muere por visitar al oír hablar de ellos. Si vais a la Città Eterna no dejéis de venir aquí. No os arrepentiréis.

Eran las 12:30, más o menos, cuando salimos de las excavaciones. Volvimos a entrar a la Basílica de San Pedro, pero no fue más que un repaso breve a modo de despedida. No íbamos a ver más cosas en el Vaticano ese día, pero antes de avanzar en el relato vamos a presentar a dos de sus símbolos más reconocidos. El primero de ellos es la Guardia Suiza, encargada de velar por la seguridad del Vaticano. Es el ejército más pequeño del mundo (poco más de 100 soldados) y su uniforme actual está basado en el modelo tradicional diseñado -supuestamente- por Miguel Ángel. El segundo símbolo es el Servicio Postal Vaticano, cuyos sellos son codiciados en el mundo entero. Además, es muy típico enviar postales utilizándolo. Hay varias oficinas distribuidas por el pequeño Estado y puede ser un divertido souvenir.

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Abandonamos el Estado de la Ciudad del Vaticano atravesando su calle más famosa: la Via della Conciliazione. Está llena de palacios, iglesias y embajadas, aunque quizá lo mejor de ella sea la vista de la Basílica de San Pedro desde el final de la calle. No es algo azaroso, puesto que la Via della Conciliazione fue construida en el siglo XX siguiendo las directrices megalómanas de Mussolini. Nada se dejó al azar y cada rincón de la enorme calle está destinada a destacar la importancia de San Pietro.

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Roma 97Al final de la Via della Conciliazione están el Río Tíber y el Castillo de Sant’Angelo. Aunque lo “lógico” hubiera sido visitarlo en ese momento no lo hicimos, ya que era lunes y estaba cerrado. De todos modos lo teníamos previsto, pues el último día del viaje iba a estar destinado en exclusiva a los Museos Vaticanos y al castillo.

Lo que también entraba en nuestros planes era recorrer la ribera del Río Tíber en dirección sur, pues queríamos dedicar la tarde a dos de los barrios más conocidos de la ciudad: el Trastevere y el Ghetto. Eso implicaba pasar por muchos de los bonitos puentes que sortean el río: Ponte Vitorio Emanuelle II, Ponte Principe Amedeo Savoia Aosta, Ponte Giuseppe Mazzini… Las zonas alrededor de los ríos nos gustan y nos dan mucha pena a la vez. Pese a que ahora en Madrid tenemos una joya llamada Madrid Río, que ha devuelto el Manzanares al lugar que merecía, sigue sin ser nada del otro mundo en comparación con el Sena, el Támesis o el propio Tíber.

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Con este agradable paseo alrededor del río llegamos al Trastevere, el que sin duda es el barrio más auténtico de Roma. Su nombre significa “tras el Tíber”, y aunque antaño no era una zona muy destacada en la actualidad es un centro turístico de primer nivel. Ha conservado una gran esencia medieval a través de sus edificios de colores y sus calles adoquinadas, lo que hoy en día se combina con una gran oferta cultural y gastronómica. A nosotros nos encantó perdernos sin rumbo por sus callejuelas, toda una delicia que nada tiene que ver con el lujo y la opulencia que acabábamos de contemplar en la Basílica de San Pedro.

Roma 101El párrafo anterior no es óbice para encontrar grandes edificios en el Trastevere, y el mejor ejemplo de eso son los adyacentes Palacio Corsini (Palazzo Corsini)y Villa Farnesiana. El primero es sede de la Galería Nacional de Arte Antiguo, junto con el Palacio Barberini, pero en ese momento estaba cerrado por obras y no pudimos visitarnos.

Roma 102De todos modos reiteramos que lo más interesante del barrio es, con mucha diferencia, lo inmaterial. Las callejuelas sacadas de un cuento, el olor a cocina mediterránea o el trasiego de la gente hacen que el Trastevere sea de esos lugares en los que un pedacito de tu alma se queda allí para siempre. Podríamos haber estado horas paseando por allí.

Pero claro, para seguir caminando previamente necesitamos algo de energía. Eran más o menos las dos, y teníamos un hambre considerable. En el Trastevere se pueden encontrar sitios para comer de los caros -comida de autor, vinotecas, etcétera- y de los baratos -es una zona muy frecuentada por estudiantes-.

Roma 103De este segundo grupo encontramos, en la Via de Santa Dorotea, una pizzería deliciosa de esas en las que por poco dinero (en concreto 11€, incluyendo bebida) te pones hasta arriba. Como hacía un tiempo excelente decidimos imitar a la gente del lugar: pedimos las porciones de pizza para llevar y buscamos un sitio chulo en el que comer y descansar al aire libre. El lugar elegido fue una pequeña placita enfrente del Ponte Sisto, en la que nos sentamos en las escaleras que estáis viendo en la fotografía de la derecha. Momentos así merecen la pena tanto o más que visitar un monumento.

En las fotos de abajo se ve el panorama: pizza de varios tipos, una plaza preciosa y, para rematar, unos riquísimos helado artesanos. Estuvimos mucho rato allí sentados recordando cosas del viaje -sólo llevábamos dos días, pero habían dado para mucho- y planificando lo que estaba por delante. Momentos así son los que hacen la vida maravillosa y de nuestra relación un cuento de hadas. Quizá no tengamos mucho dinero, pero por 15€ habíamos dado cuenta de una comida fantástica y habíamos tenido un buen rato para nosotros. Roma, la ciudad del amor.

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De hecho, el Trastevere se presta especialmente al romanticismo. En sus calles está la esencia más bohemia de Roma, mientras que el color de sus fachadas es una metáfora del corazón de la gente que camina por allí. Sentimos estar poniéndonos tan poéticos, pero es que un barrio como este es sumamente inspirador. Unos párrafos más atrás lo habíamos pasado mal escribiendo sobre el Vaticano, pero en este caso las líneas salen solas gracias a las sensaciones que han pervivido en nuestra mente: colores, aromas, sonidos… No es tan reconocible como el Coliseo o el Vaticano, pero que nadie se vaya de Roma sin pasear un rato por aquí.

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Roma 110El epicentro del Trastevere es la Basílica de Santa María en Trastevere (Basilica di Santa Maria in Trastevere). El edificio data del siglo XII -con evidentes reformas del XVIII y el XIX-, pero hay vestigios de templos desde el siglo III. Tan importante como la propia iglesia es la plaza en la que se enmarca, transitada a más no poder.

El interior de la basílica es precioso y tiene varios detalles destacables. Los mosaicos del ábside son del siglo XII, y en ellos están San Calixto, el papa Inocencio II y la Virgen María. Hay otros mosaicos interesantes del siglo XIII, obra de Pietro Cavallini. La pieza más antigua es un cuadro bizantino de Nuestra Señora de la Merced, ubicado en la capilla Altemps y que data del siglo VI. Al margen de detalles concretos hay que decir que la iglesia es bastante rara en líneas generales, probablemente ahí está su encanto.

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En definitiva, el Trastevere es un barrio que mola. Unos niños jugando al fútbol en la plaza, edificios en tonos rojizos o el aroma a café recién hecho son sólo algunos ejemplos de lo que se puede encontrar aquí. Mucha gente asocia Roma con la alta cultura, los grandes monumentos y el tráfico, justo lo contrario a lo que encontramos en estas calles.

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Lamentablemente el Trastevere no es eterno, y el paseo tuvo que terminar. Por suerte acabó de la mejor manera posible, pues siguiendo el Viale di Trastevere -la calle principal- llegamos a la Isla Tiberina, una pequeña islita en medio del Tíber.

Roma 118Accedimos a ella a través del Puente Cestio, uno de los más bonitos de la ciudad por las vistas que ofrece del río. Las islas en medio de grandes ríos siempre son lugares chulos llenos de iglesias, monumentos o plazas distintas al resto de la ciudad. Lo hemos comprobado en varias capitales europeas y es justo eso lo que echamos de menos en Madrid.

Roma 119En este caso, el reducido tamaño de la Isla Tiberina (270 metros de largo y 67 de ancho aproximadamente) hace que su patrimonio se reduzca a una iglesia, palmeras y poca cosa más. De todos modos sigue siendo un lugar chulo por el que dejarse caer, pues es un lugar de paso en el que hay gente de toda clase y condición.

Roma 120Abandonamos la isla por el extremo opuesto al que había accedido, utilizando el Puente Fabricio. No es muy grande, pero aun así estaba lleno de vendedores ambulantes y música callejera. Lo dicho, la Isola Tiberina no es un lugar con muchos alicientes tangibles, pero ofrece unas sensaciones similares a L’Île de la Cité, por poner algún ejemplo.

Haber atravesado la isla nos había hecho cambiar de barrio, y en ese momento estábamos en el Ghetto, cuyo nombre viene porque en esta zona estaba el ghetto judío de Roma al que quedaron segregados los hebreos tras la bula papal de 1555. Hasta entonces habían vivido libremente en la ciudad, pero Pablo IV decidió confinarlos tras unos muros y restringirles buena parte de sus libertades. Hasta 1888 no fue abolido definitivamente, aunque esos tres siglos cambiaron el barrio para siempre. En la actualidad se trata, junto al Trastevere, de uno de los lugares más auténticos de Roma.

El edificio principal del Ghetto es la Gran Sinagoga de Roma, un templo construido a comienzos del siglo XX. No habíamos previsto visitarla porque no sabíamos que estaba abierta, pero resulta que en su interior alberga el interesante Museo Ebraico di Roma o Museo Judío. Entrar cuesta 4€ por cabeza, pero el museo lo merece: a través de su exposición conocimos mucho mejor la vida de los judíos en Roma a lo largo de la Historia. Son unas pocas salas, pero aun así os recomendamos entrar ya que el ticket incluye además una visita guiada por la sinagoga actual y la antigua.

El tour se puede hacer en italiano o en inglés. Nosotros elegimos el primer idioma ya que con la lengua de Shakespeare no nos llevamos muy bien, pero aun así lo entendimos todo perfectamente. Las dos sinagogas por dentro son preciosas, y dado que son lugares en uso hay que respetar las tradiciones: a Edu le tocó ponerse la kipá en ambos casos. Lo malo es que las fotos no están permitidas, así que no podemos ilustrar estas líneas con más que dos imágenes del exterior.

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Roma 123A la salida de la sinagoga estuvimos un rato paseando por las calles del Ghetto, aunque no demasiado por un suceso de lo más extraño. Sobre nuestras cabezas revoloteaban miles de pájaros al más puro estilo de Alfred Hitchcock. No es que tuviésemos miedo, es que no paraban de cagarnos encima y no nos gustaba mucho la situación.

Además, ya estaba anocheciendo y el cansancio estaba haciendo acto de presencia. Aun así no renunciamos a ver algunas cosas del barrio relacionadas con el Imperio Romano, pues muy cerquita de la Sinagoga estaba un área arqueológica con los vestigios del Pórtico de Octavia (Portico di Ottavia) y del Teatro de Marcelo (Teatro di Marcello). La zona nos puso los dientes largos y decidimos improvisar un poquillo: ¿Por qué no ir a dar una vuelta por los foros y el coliseo? Los íbamos a ir a ver al día siguiene, pero seguro que por la noche tenían una pinta estupenda.

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Y eso fue lo que hicimos. El cambio de rumbo implicaba pasar por el Monumento a Víctor Manuel II (Monumento Nazionale a Vittorio Emanuele II) y la Plaza Venecia (Piazza Venezia), un auténtico nudo de comunicaciones por el que pasaríamos varias veces en los días posteriores. Por tanto, ya hablaremos de ellos en próximos capítulos de este diario de viaje.

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Tampoco vamos a dar demasiados detalles sobre lo que vimos esa noche. Únicamente señalar que nos limitamos a recorrer la Via dei Fori Imperiali de arriba a abajo, desde la cual pudimos disfrutar de preciosas panorámicas de los restos arqueológicos de los distintos foros. La iluminación no es muy buena, aunque quizá eso alimenta la imagen decadente y romántica que ofrecen todas estas ruinas.

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Como no podía ser de otro modo, acabamos dando vueltas alrededor del Coliseo. El edificio más reconocible de la ciudad de Roma lucía espectacular en esta despejada noche… ¡Oh, no! ¡Otra vez aflora la vena poética! Pero es que es imposible no ponernos ñoños al ver las fotos de un lugar tan impresionante como este. Pero bueno, ya daremos más datos sobre este antiguo anfiteatro del siglo Romano en el siguiente capítulo.

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Roma 134El punto y final a nuestro interminable recorrido lo puso el Arco de Constantino, otro monumento que hemos estudiado mil veces en la carrera. Este arco del triunfo se erigio para conmemorar la batalla de… ¡Que no! ¡No adelantemos acontecimientos! Ya habrá tiempo de hablar sobre esto en las próximas entregas de este viaje.

¿Se os han puesto los dientes largos? Es justo lo que queríamos, pues es lo mismo que experimentamos esa noche. Toda la vida oyendo hablar del Imperio Romano y ahora teníamos su herencia más palpable ante nuestras narices. ¿Por qué no abrirán esos edificios 24 horas al día?

Al día siguiente exploraríamos a fondo todos los vestigios, pero antes había que descansar. Para eso volvimos al hostel, donde nos esperaba el pack completo: ducha, cena y conexión a internet para hablar con la familia. Había sido un día intensísimo y en el cual habíamos visitado cosas que no olvidaremos en la vida. Nos estaba encantando Roma.

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6 pensamientos en “Roma ’11 – Capítulo III: Vaticano, Trastevere y Ghetto (día 2)

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  5. Hola chicos!
    Buenísima crónica del viaje, muy inspirador!! Os quería hacer una pregunta: para visitar la necrópolis de San Pedro tuvisteis que enviar un fax con la solicitud? Es el procedimiento actual, y me gustaría saber si tardaron mucho en contestaros ya que me quedan entradas por comprar (galleria borguese y Castelo sant’angelo, los recomendáis verdad?) y como no sé a qué hora me darán para la necrópolis, no me atrevo a cogerlas ya a ver si me a coincidir.
    Gracias!

    • ¡Buenas! No, para visitar la necrópolis hicimos la solicitud por internet, a través de la página web que aparece en el post y por email. Tienen unos horarios determinados para las visitas guiadas en español (en nuestro caso fue a las 11:00h). Y tanto la gallería Borghese como el castillo de Sant’Angelo son muy chulos, pero la necrópolis es una pasada ;D De todas formas, puedes elegir día y hora para hacer las visitas, así no te coinciden. ¡Saludos!

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