Real Sitio de El Pardo ’12 – Capítulo II: El Pardo

Una Semana Santa sin viajar no significa necesariamente quedarse en casa sin hacer nada. Este año no habíamos planteado ninguna escapada porque a los pocos días haríamos el viaje a Estambul, pero aun así los festivos en el trabajo eran la excusa perfecta para hacer excursiones.

El PardoEl Jueves Santo decidimos ir a visitar el Real Sitio de El Pardo, ubicado en el corazón del Monte de El Pardo. Eso significa que está a poquitos minutos en coche desde el centro de Madrid. Desde nuestra casita, en Alcobendas, únicamente tardamos media hora, aunque hubiéramos tardado menos si no hubiera estado lloviendo.

El PardoEl Pardo es, oficialmente es una de las residencias de la Familia Real Española. Aunque durante los años centrales del siglo XX fue el epicentro de la vida política del franquismo -el dictador Francisco Franco fijó aquí su residencia oficial-, en la actualidad se utiliza para albergar a los jefes de Estado extranjeros que visitan nuestro país.

El PardoDentro de todo este nudo diplomático, el auténtico epicentro es el Palacio Real de El Pardo. Fue construido en el siglo XVI, aunque el aspecto actual se debe a las reformas que hizo Carlos III en el siglo XVIII. Así, se trata de uno de los palacios más bonitos de España y por tanto es una visita obligada al menos una vez en la vida.

La fachada principal es tan sobria como llamativa. Quizá lo más destacado sean las decenas de ventanas abuhardilladas que pueblan el tejado. Realmente no es un edificio que llame la atención en comparación con otros palacios reales (como el de Aranjuez o el de Madrid, por ejemplo), pero aun así merece la pena.

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Precisamente, lo más interesante está en el interior. La visita al palacio sólo puede ser guiada (9€ por persona, 4€ con descuento para estudiantes), pero las hacen durante todo el día. Nosotros llegamos más o menos a las 10:30 y al cuarto de hora aparecieron los guías. Mientras tanto nos entretuvimos en uno de los dos patios que tiene el palacio, en el cual inspeccionamos tapices, esculturas y demás objetos.

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La visita guiada por el interior del Palacio de El Pardo dura más o menos una hora. El recorrido lleva por lo poco que se ha conservado de época de Felipe II, los techos de Carducho y Cabrera de tiempos de Felipe III, la influencia de Juan José de Austria y, cómo no, los retoques que hizo la familia Franco durante las décadas que habitó el palacio. El guía lo hizo bastante bien, la verdad es que nos encantó todo lo que vimos. Nos hubiera gustado poner nuestras propias fotos, pero no dejan hacer ni sin flash. Una vergüenza, y aprovechamos para quejarnos una vez más.

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El PardoDe todos modos, el Real Sitio de El Pardo tiene mucho más que ofrecer. En el mismo palacio, o mejor dicho anexo a él en un ladito, está una interesante capilla que también pudimos conocer. No se puede entrar de manera libre, sino que la visita guiada por el interior del palacio acaba aquí. Hay que destacar que aquí el guía no explicó nada: simplemente abrió la puerta, nos dejó mirar un rato y punto pelota. Que gente así tenga trabajo y que otros con ganas de currar estén en el paro es un drama, de estas cosas que te hacen pensar a fondo sobre España.

También muy cerca, aunque ya como edificio independiente, está la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Tal y como indica una placa en su fachada, fue construida por orden de Francisco Franco en 1966. Son muchas las referencias que hay al franquismo por todo el Real Sitio, incluso la iglesia está en la Plaza del Caudillo. ¿Todo eso no se debería haber quitado según la Ley de Memoria Histórica?

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El PardoCon la entrada al Palacio de El Pardo también está incluido un recorrido por la pequeña Casita de El Príncipe (también conocida como Casa del Príncipe Don Carlos), que está a cinco minutos andando. Se trata de un palacete construido por Carlos IV y María Luisa de Parma cuando eran príncipes, con la intención de que fuera palacio de caza.

Es muy pequeñito, apenas tiene unos de largo, pero aun así se aprecia claramente que fue construido por el arquitecto Juan de Villanueva, cuya obra maestra es el Museo del Prado. De hecho, la estructura del edificio es bastante similar a la del museo madrileño. La visita también es guiada, pero no dura más que quince o veinte minutos.

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Enfrente de la Casita de El Príncipe, aunque separados por una carretera, hay unos pequeños jardines. Pasear por ellos puede ser muy agradable en días de calor, pero en nuestro caso apenas hicimos una breve incursión: hacía mucho frío, estaba empezando a llover y no nos apetecía volver a casa empapados.

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Eso si, no nos quisimos ir sin antes subir a lo alto del pueblo. Allí está el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, fundada por Felipe III en el siglo XVII. Se puede visitar por dentro, pero lamentablemente no pudimos hacerlo ya que había cerrado solo cinco minutos antes.

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De todos modos, lo mejor de la parte alta de El Pardo es el contacto con la naturaleza. Hay dos animales que campan a su libertad y que son tan típicos como el propio palacio. El primero lo calificaremos como… ¿Bambis? No sabemos exactamente si eran ciervos, venados, rebecos ni cómo se diferencian entre ellos.

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Por otro lado, los que más nos gustaron fueron los jabalíes. Todo el ganado porcino, por alguna extraña razón, le ha gustado a Edu desde pequeño, llegando a coleccionar cerditos. Con el tiempo a Eri también le han pasado a hacer gracia estos bichejos, así que disfrutamos como enanos viendo como correteaban de un lado a otro. Mención aparte merecen las crías, que no parecían tener más de quince días.

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Justo cuando estábamos viendo los jabalíes empezó a llover a mares. Aprovechamos para comernos en el coche los bocadillos que habíamos preparado, y como no escampaba decidimos volver a casa. Nos apetecía descansar, ver una peli y estar calentitos en el sofá. La mañana había dado mucho de sí y al día siguiente también íbamos a ir a ver cosas.

Total, que os recomendamos acercaros a ver El Pardo. Quizá no sea tan impresionante como otras excursiones desde Madrid, pero lo pasamos genial.

Capítulo IVolver a El Pardo ’12

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