Pontedeume bajo la lluvia

Si se ve desde la carretera, Pontedeume (en castellano Puentedeume) puede parecer un lugar de paso cualquiera entre A Coruña y Ferrol, uno de esos sitios en los que no merece la pena pararse. Sin embargo, este añejo cruce de caminos es una pequeña joya que bien merece una visita. Es una villa fundada en 1270 mediante una carta puebla de Alfonso X, que desde su origen ha llamado la atención de viajeros de todo el mundo, cautivados por su impresionante puente de piedra, su desnivelado casco histórico o por su carácter señorial dominando el paso sobre el río.

No lo tuvimos fácil, ya que nada más bajarnos del coche se puso a diluviar. Sin embargo, la lluvia no pudo con nosotros y aquí está el resumen de un bonito (y pasado por agua) paseo por Pontedeume.

Pontedeume

Lo primero que todos vemos al llegar a Pontedeume es su impresionante Puente de Piedra. En origen había un puente gótico de casi 70 arcos, con un hospital de peregrinos y una pequeña capilla en mitad del recorrido, pero lamentablemente no resisitó bien el paso del tiempo. A finales del siglo XIX se echó abajo por completo y se levantó esta mole de casi un kilómetro de largo.

Vale, es una pena que se perdiera el conjunto original, pero por suerte tuvieron muy buen gusto elaborando el sustituto. Aunque suele tener mucho tráfico, es frecuente ver a gente paseando por allí.

PontedeumeAl final del puente hay dos aparcamientos gratuitos, uno a cada lado, perfectos para dejar el coche e iniciar la visita. Están a unos pasos del otro gran emblema de Pontedeume: el Torreón de Andrade, una notable torre de casi 20 metros de alto. Fue construido a finales del siglo XIV como parte de un palacio integrado en el recinto amurallado, pero solo nos ha llegado el torreón ya que el resto fue demolido en el siglo XX por cuestiones de ordenación urbanística.

El edificio pertenecía a los Andrade, familia que poseyó Pontedeume durante cinco siglos. De hecho, hoy en día el torreón hace las veces de Oficina de Turismo, Centro de Interpretación de los Andrade y también de mirador, ya que pagando un par de euros se puede subir a lo alto. Nosotros no lo hicimos porque entre la lluvia y la niebla no se iba a ver nada, pero en días soleados tiene que ser una pasada. Eso sí, entramos a por el correspondiente plano, el cual fue muy útil para movernos por allí.

PontedeumeEnfrente del Torreón de Andrade está la Plaza del Conde, principal beneficiada de la demolición del antiguo palacio (creció a su costa). La fuente que está en el centro fue clave para la vida del pueblo durante mucho tiempo, ya que era el principal punto de abastecimiento de agua en la parte alta de Pontedeume.

Allí está también el Mercado de Pontedeume, actualmente en obras. Sin embargo, eso no ha mermado su actividad comercial, ya que aquí es donde se pone cada sábado el mercadillo de la villa.

PontedeumeComo hemos dicho, cogimos un plano que nos vino muy bien. Puede que Pontedeume sea uno de esos lugares en los que perderse, ya que prácticamente en cada calle hay una casita con encanto, pero el pueblo tiene tanto que ofrecer que sería imposible verlo todo sin un mínimo de planificación. Por cierto, llevad calzado cómodo que hay bastantes cuestas.

PontedeumeEn Pontedeume hay varias plazas interesantes, todas con algunos elementos en común. Un buen ejemplo es la Plaza del Concello, a la cual accedimos después de recorrer toda la bonita Calle Real. Allí no solo está la Casa Consistorial, sino también una especie de estudio arquitectónico sobre la evolución del pueblo. La plaza lleva allí desde los orígenes de la villa, fue reconstruida en el siglo XVI, quemada en el XVII, reformada de nuevo en el XIX… Hoy en día es un lugar de reunión, con varios bares y mucho ambiente.

PontedeumeDe hecho, aunque llovía a mares y apenas había gente por la calle, pero nos dio la sensación de que Pontedeume con sol tiene que ser la bomba. Casi en cada calle había un pequeño bar, ofreciendo productos de la zona a precios bastante interesantes. Nos propusimos volver allí en otro momento del viaje, pero hicimos tantas cosas ese verano que al final no hubo tiempo. Queda pendiente para el futuro.

PontedeumeEn lo alto de Pontedeume está la majestuosa y monumental Iglesia de Santiago. Es uno de esos sitios que engañan: desde lejos parece brutal y según te acercas pierde interés. A esto contribuye su ubicación, ya que está encajonada entre varios edificios y no destaca todo lo que debería. Sin embargo, por dentro es una pasada: está muy bien conservada y tiene un montón de patrimonio (incluyendo un retablo renacentista bestial). Hay que subir hasta allí, todo lo que no sea eso es un error en Pontedeume.

PontedeumeAunque todavía nos quedaban algunas cosillas por ver, abreviamos un poco la visita. Ya había dejado de llover, pero estábamos muy cansados (habíamos pasado la mayor parte del día viendo Ferrol) y literalmente empapados. Por eso fuimos en dirección hacia el coche, pero antes nos desviamos para ver el antiguo Convento de San Agustín, fundado en 1538.

Funciona como Casa de la Cultura de Pontedeume, ha conservado algunos elementos reconocibles (como la facha exterior o el claustro) y también merece la pena pasarse por allí.

PontedeumeComo ya hemos dicho, fue el punto y final a nuestra visita a Pontedeume bajo la lluvia. Fue durillo, pero nos encantó, y algún día repetiremos con más calma (y con más sol). De momento nos queda un buen recuerdo y la necesidad de recomendar esta pequeña villa a todo el que pase por el norte de Galicia.

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