Oporto ’12 – Capítulo V: Vuelta a casa con una sonrisa (día 4)

Mandar una postal, dormir en un aeropuerto o pelearse con las azafatas de Ryanair acerca del volumen del equipaje son acciones que pertenecen a la lista de cosas que todo viajero debe hacer al menos una vez en la vida. Pues bien, entre todo eso hay algo que no debe faltar: tomar un avión a una hora intempestiva, con todos los inconvenientes que ello supone. En este artículo os vamos a contar como fue nuestra despedida de Oporto tras un fin de semana intenso, inolvidable y en el que aprovechamos al máximo hasta el último segundo.

Oporto

Aunque un fin de semana viajero suele ir de viernes a domingo, aprovechamos que Edu trabajaba el lunes por la tarde para volver ese mismo día a primera hora. La opción de coger un avión a las 6:00 implicaba madrugar mucho, pero también apurar a tope el domingo.

Total, que eso fue lo que hicimos. El despertador sonó a las cuatro, y solo diez minutos después ya habíamos dejado la llave de nuestra habitación en recepción. La noche anterior habíamos dejado todo preparado, así que solo tuvimos que vestirnos y coger la maleta. Atravesamos parte de la ciudad y fuimos hasta la Avenida dos Aliados, desde donde salen autobuses hacia el aeropuerto las 24 horas del día. Lo ideal hubiera sido el Metro, pero al cerrar por la noche esa era la única opción.

Oporto

Se hizo mucho de rogar, tanto que ya nos veíamos alargando nuestra estancia en Oporto (hay que reconocer que nos levantamos un poco justos de tiempo). Incluso pensamos en que nos iban a robar, ya que unos chicos ingleses nos preguntaron tres veces por un cajero automático, cada vez con cara de menos amigos.

Al final vino el autobús y, prácticamente solos, pusimos rumbo al Aeropuerto Francisco Sa Carneiro. Fue un trayecto cómodo y rápido, aunque con muchísimo sueño.

Oporto

Al llegar allí pasamos los controles rápido (apenas había gente) y al final resultó que nos sobraba tiempo. Nosotros no somos de comer en los aeropuertos, ya que los precios siempre son abusivos y la calidad realmente baja, pero teníamos sueño y frío, así que desayunamos en el único sitio que estaba abierto. Fue una sorpresa, pues no estuvo mal.

Oporto

Y nada, a eso de las seis menos cuarto empezamos a embarcar. Ryanair es una compañía que recibe muchas críticas, pero a nosotros nos encanta: barata, puntual y nunca nos ha dado ningún problema. Quizá algún día cambiemos de opinión, pero este vuelo (como todos los anteriores) resultó perfecto.

Oporto

A las ocho de la mañana estábamos llegando a Madrid, con mucho cansancio pero contentos a más no poder. Oporto resultó ser una grandísima sorpresa, una ciudad inolvidable que ponemos entre las ciudades europeas más bonitas que conocemos. Volveremos más pronto que tarde.

Capítulo IVVolver a Oporto ’12

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