Ontalvilla de Almazán ’11 – Capítulo I: Información práctica

Ontalvilla de Almazán es uno de esos sitios que desgraciadamente tienden a desaparecer (pequeño, en medio de Castilla, pocos habitantes…) y que sin embargo tanto nos gustan. Quizá no tenga un gran museo o llegar allí sea complicado, pero paseando por sus calles se sienten sensaciones que difícilmente transmite una gran ciudad. De verdad, al igual que hace ya un par de años os enseñamos Arévalo y Adanero (en Ávila) este es un pueblecito al que merece la pena acercarse.

¿Cómo llegar? ¡Puffff! Mejor es utilizar un GPS, la verdad. Desde Madrid es algo difícil si no se va expresamente (hay que ir por la A-2, luego por la A-15, después la N-111 y de ahí a la SO-P-4055), por lo que no queremos pensar como será desde otros lugares. En cualquier caso las carreteras están bien, salvo el último tramo que da acceso al pueblo y que tenía algunos baches.

¿Qué ver? Ya lo hemos dicho, no hay un gran monumento o una gran institución de esas que atraen al turismo por sí solas. Lo importante es el conjunto, puesto que se trata del típico pueblo encantador en el que un rato para dar un paseo es un tesoro. Aún así destacan algunas zonas, como la ermita desde la que se ve todo el pueblo o la Iglesia de Santa María de Eulalia.

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Alrededores: La visita a Ontalvilla de Almazán no lleva mucho tiempo, por lo que puede complementarse a la perfección con otro pueblo del entorno. En uno de los viajes al pueblo pudimos conocer Burgo de Osma, pero lo mismo podía haber sido Berlanga del Duero o cualquiera de las muchas opciones de interés que hay en la zona.

¿Dónde comer? Quizá en Ontalvilla no haya demasiadas opciones (sólo un bar en la plaza, aunque perfecto para tomar algo), pero en coche se puede llegar a prácticamente cualquier rincón de la provincia. De la gastronomía de Soria destacan fundamentalmente los asados (como el cordero), los aluviones del Burgo de Osa o las gachas, entre otras muchas recetas.

Recomendaciones: este es un pueblo de los que hay que disfrutar con calma. Una excursión de un día puede ser perfecta para que el reloj aminore su marcha y dejarse llevar por un lugar en el que cada rincón ofrece una sorpresa. Merece la pena, de verdad.

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