Oeste de Francia ’13 – Capítulo X: Poitiers, Vouneuil-sur-Vienne y Chauvigny (día 9)

Poitiers era el sitio al que, sinceramente, no queríamos llegar. Nos apetecía mucho conocer la ciudad, los alrededores y el famoso parque de Futuroscope, pero también éramos conscientes de que se trataba de la última parada de nuestra ruta por Francia. Vale que aún nos quedaban dos días completos en la ciudad, pero al tercero nos tocaba meternos nuestras 8 o 9 horitas de coche hasta llegar a casa.

Pero no adelantemos acontecimientos. Poitiers era una ciudad en la que teníamos muchas expectativas depositadas, pues sus 2000 años de historia se han traducido en más de 80 edificios protegidos, los cuales están distribuidos a lo largo de un casco histórico relativamente pequeño.

Nuestro hotel estaba en las afueras, así que tuvimos que dejar el coche en un parking  para poder hacer la visita. No fue muy caro (4,50€), ya que ese día tenían tarifa especial al haber mercadillo. Dicho sea de paso, Poitiers es una ciudad en la que se celebran mercados casi todos los días. Éste era el Mercado de Notre-Dame (llamado así por estar cerca de la iglesia con el mismo nombre), el cual se celebra de martes a sábado en la galería cubierta que está en la misma plaza, y martes, jueves y sábados también al aire libre (como en este caso).

POITIERS

El punto de partida obligatorio en Poitiers son los alrededores de la Iglesia de Notre-Dame. Ojito a la hora de buscar información turística, porque veréis dos entidades muy similares en la misma calle: la Maison du Tourisme y la Office de Tourisme. La primera es más bien una tienda de productos típicos, entradas a museos y reserva de visitas guiadas. Vamos, que hay que ir a la Oficina de Turismo (Office de Tourisme), donde os atenderán con mucha más amabilidad, sin ningún interés económico y os darán información no solo de Poitiers, sino también de los alrededores.

 

Por cierto, en la propia Oficina de Turismo tienen montada una pequeña exposición sobre Poitiers, sus principales monumentos y el entorno en el que se enmarca la ciudad. No estaba nada mal, así que puede ser un inicio recomendable para un recorrido como el que estábamos a puntito de hacer.

Una vez nos documentamos un poquito y nos hicimos con el correspondiente mapita, la primera para fue en la Iglesia de Notre-Dame-la-Grande, el monumento más representativo de Poitiers. Aunque las obras comenzaron a finales del siglo X, la mayor parte del templo se construyó entre los siglos XI y XII. En cualquier caso, goza de un aspecto fenomenal gracias al proceso de restauración al que se le sometió a comienzos de este siglo.

Destaca fundamentalmente por la espectacular fachada, una de las obras más representativas de la escultura románica en Francia. Prestando atención a lo que dicen las piedras se pueden leer muchas cosas: unos frisos que narran la historia sagrada desde Adán y Eva hasta el nacimiento de Jesucristo, en la parte inferior; los Santos Apóstoles, en el centro; y un Cristo en majestad, en la mandorla de la parte superior de la fachada. Ojito si tenéis ocasión de ir por la noche, ya que hay un espectáculo audiovisual en el que se colorean las esculturas mediante una proyección.

El interior de Notre-Dame-la-Grande es precioso, aunque no está exento de polémica. La decoración original, como suele ser habitual, se fue deteriorando con el paso del tiempo, aunque al siglo XIX llegaron algunas pinturas romáticas en la zona del coro y de la cripta.

Sin embargo, en 1851 el pintor Joly-Leterme pintó la nave central y las laterales de arriba a abajo. Fue un programa muy ambicioso, ya que se decoró totalmente el templo, aunque también tuvo mucha oposición: algunos llegaron a decir que se habían tatuado los muros. Aunque el pintor se esforzó en seguir motivos románicos y bizantinos, eso no impidió que en el siglo XX algunas columnas fueran blanqueadas totalmente.

 

En cualquier caso, y aun reconociendo que se trata de un añadido del siglo XIX, a nosotros nos encantó la iglesia por dentro. La estética no es muy diferente a cómo debió haber sido en el siglo XII, no se ha hecho ninguna frivolidad y tuvieron buen gusto, lo cual hace que cada año vayan miles de viajeros hasta el templo.

Los atractivos turísticos de Poitiers están divididos, grosso modo, en tres barrios: uno al norte, uno al este y otro al sur. Son tres itinerarios independientes que tienen como origen y llegada la Iglesia de Notre-Dame. Eso convierte la ciudad en un lugar cómodo y muy fácil de visitar.

Empezamos por el camino del este, para visitar el Barrio Episcopal, recorriendo la preciosa Gran Rue (algo así como la Calle Mayor de Poitiers). Es una calle llena de palacios y casas ilustres, aunque también hay que decir que muchas de ellas han sido reformadas recientemente y hoy en día parecen chalets adosados.

Los primeros elementos destacados con los que nos encontramos fueron la Maison des Trois Clous, del siglo XV, y el Portal del Convento de la Minimes (Portail du Convent des Minimes), del siglo XVII. Éste último es sumamente representativo, pues influyó en más de diez edificios de órdenes religiosas que se establecieron en la ciudad.

 

A su lado está el Hôtel de Rochefort, del siglo XVII, mandado construir por Jean de Moulins (secretario de Luis XI) siguiendo el gusto de las clases acomodadas de ese momento. Y unos pasos más adelante está el Hôtel de Briey, del siglo XIX. Se supone que en su interior hay una capilla espectacular, pero estaba cerrado y no pudimos visitarla.

 

A mitad de calle nos desviamos hacia la derecha, para ir a la Catedral de San Pedro (Cathédrale Saint-Pierre), también medieval (siglos XII-XIII). Aunque tiene mucha menos fama que Notre-Dame-la-Grande, técnicamente es el edificio religioso más importante de la ciudad. Fue mandado construir por Leonor de Aquitania y Enrique II, siendo el primer monumento gótico de Poitiers (concretamente, gótico angevino). Su fachada es impresionante, al igual que los relieves de las arquivoltas.

 

El interior destaca tanto en conjunto (por su gran luminosidad) como en elementos concretos. Conserva una vidriera del siglo XII única y varios retablos de interés, pero sobretodo destaca por el órgano de finales del XVIII. Se le considera el último instrumento musical del Antiguo Régimen en Francia, lleva la firma del maestro organista François Henri Clicquot y su sonido está reconocido internacionalmente por su belleza sin igual.

 

Un par de calles más adelante, en dirección al río, está la Iglesia de Santa Radegonda (Église Sainte-Radegonde). El edificio actual data del siglo XV, aunque es una remodelación de uno consagrado en el año 1099. Así, se pueden encontrar vestigios de arquitectura románica en distintos elementos: dos relieves bajo el campanario, capiteles vegetales, la cripta… Las pinturas del interior también son muy llamativas, muy en la línea de lo que habíamos visto en Notre-Dame-la-Grande.

 

La cripta de la iglesia es de visita obligada, pues en ella están los sepulcros de Santa Agnes, Santa Disciole y Santa Radegonda. La fama de ésta última ha hecho que los mandatarios de Poitiers se hayan esforzado en conservar la cripta en el mejor estado posible, por lo que ha sido sometida a infinitas reformas.

Terminamos el paseo por esta parte de la ciudad viendo un conjunto cultural que está formado por el Museo de la Santa Cruz (Musée Sainte Croix), el Baptisterio de San Juan (Baptistère Saint-Jean) y el Espacio Mendes-France. Estaba todo cerrado por horario, así que nos quedamos con las ganas.

 

Volvimos hasta la Iglesia de Notre-Dame-la-Grande para iniciar el recorrido por el tramo norte del casco histórico. Ese es el Barrio Montierneuf, quizá el más pintoresco de los tres gracias a sus calles estrechas y sus casas con el entramado de madera tradicional. No tardamos mucho en ver el primer punto de interés. Nos referimos al Hôtel Royrand, una mansión de finales del siglo XV.

Íbamos caminando y de repente nos encontramos con… ¿la Estatua de la Libertad? ¡Pues si! Está en la Plaza de la Libertad (Place de la Liberté), que recibe su nombre de un suceso de lo más sangriento. En esta plaza se celebraban ejecuciones con guillotina, entre ellas la del General Berton (uno de los militares más destacados de las campañas napoleónicas). Si dice que, justo antes de morir en 1822, gritó “viva la libertad”, y para recordar estas palabras se le cambió el nombre del lugar.

La Estatua de la Libertad de Poitiers fue instalada en 1903, siendo una copia a escala de los planos originales de Bartholdi para el monumento de Nueva York.

Sin lugar a dudas, el Barrio Montierneuf es la zona de Poitiers más auténtica. En el mapa turístico solo vienen marcadas las calles que unen unos monumentos con otros, pero nos estaba pareciendo un sitio tan chulo que decidimos perdernos un poco y ponernos a investigar. Encontramos más de una casita medieval con el entramado de madera, por lo que os recomendamos  dedicar un tiempo a pasear por este barrio.

 

En el corazón del barrio está la Iglesia de Saint-Germain, un templo construido en el siglo XII sobre las ruinas de las antiguas termas romanas. Durante cuatro siglos se le fueron haciendo añadidos, hasta que adquirió este característico y peculiar aspecto. No está abierta al público (ni al culto ni a la visita), ya que en la actualidad es el Conservatorio Regional (Conservatoire à Rayonnement Régional).

El edificio que da nombre al barrio es la Iglesia de Saint-Jean-de-Montierneuf, fundada por Guillermo VIII (conde de Poitou y duque de Aquitania) y consagrada por el papa Urbano II a finales del siglo XI. Al igual que con la iglesia anterior, durante varios siglos (en este caso del XI al XVII) se le fueron haciendo añadidos, aunque en este caso se logró un resultado mucho más equilibrado.

 

En el interior de la iglesia está el cenotafio de Guillermo VIII, que como ya hemos dicho fue el principal impulsor del templo. Este conjunto escultórico, aunque quizá no es tan elaborado como otros que vimos en este viaje, es la principal referencia de esta iglesia.

Ya que estábamos tan cerquita del río, no pudimos resistirnos y fuimos a curiosear un poco. Al lado del antiguo Molino de Chasseigne se puede caminar un poco entre la naturaleza y el agua, pero con cuidadín. Además, estaba empezando a chispear y no nos apetecía resbalarnos y acabar nadando.

¿Recordáis que hemos dicho que Poitiers está dividido en tres barrios? Pues bien, la idea original de la Oficina de Turismo fue delimitar claramente estos itinerarios, a través de tres líneas (azul, amarilla y roja) que indican cada camino a seguir. Aunque la idea no estaba mal, lamentablemente estas guías se han borrado en la mayor parte de la ciudad, y en el mejor de los casos se ven como en la foto de aquí abajo.

Y, dicho esto, volvimos a la Iglesia de Notre-Dame-la-Grande y empezamos la tercera y última de las rutas por Poitiers. En este caso el protagonista era el Barrio Saint-Hilaire, que mezcla tradición y modernidad. Por un lado, la Iglesia de Saint-Hilaire, a la cual no llegamos a bajar, es parada obligada dentro del Camino de Santiago. Por otro, tiene las típicas calles modernas que han sido peatonalizadas y convertidas en centros comerciales al aire libre.

Empezamos por el Ayuntamiento (Hôtel de Ville), un edificio del siglo XIX que se inspira claramente en la arquitectura del renacimiento. Era sábado, por lo que estaba cerrado, pero por lo visto entre semana se puede visitar.

Nos lo estábamos pasando tan bien que, sin darnos cuenta, se estaba haciendo tarde para comer. En los alrededores del Ayuntamiento vimos algunos locales para comer, aunque ninguno nos convenció especialmente: o eran carístimos o daban miedo. Al final optamos por la comida rápida, fiel compañera que nunca nos ha fallado, y comimos en un Quick. Esta hamburguesería francesa tiene mucho tirón en Bélgica y Francia, donde incluso es capaz de rivalizar con McDonald’s.

Una vez llenamos nuestras venas de colesterol y grasa, nos dispusimos a terminar la visita a Poitiers. Quedaba poquito y encima estaba lloviendo, por lo que decidimos abreviar tanto como fuera posible. Vamos, que fuimos viendo cosas en dirección al coche, pues nos estábamos empapando y las nubes no parecían ir a menos.

Así pasamos a la Iglesia de Saint-Porchaire, famosa por su campanario románico de tres niveles. La torre es del siglo XI, pero la nave central fue reconstruida por completo en el siglo XV.

 

También fuimos a ver el Palacio de Justicia (Palais de Justice), una de las poquitas construcciones medievales civiles que se conservan en Poitiers. Aunque tiene edificios de distintas épocas, el palacio original se erigió entre los siglos XII y XIV. Fue una dura pérdida no poder verlo por dentro (dichosos sábados), ya que por lo visto tiene unos salones espectaculares.

Y nada más. Aunque nos habíamos dejado dos o tres cosillas en el tintero, con eso había terminado nuestra visita a Poitiers. Aún teníamos toda la tarde por delante y nada previsto, así que decidimos improvisar un poquito.

MEMORIAL DE LA BATALLA DE 732

La primera improvisación no nos salió del todo bien. Como historiadores, hemos estudiado mil veces la famosa batalla de Poitiers del año 732, en la que Carlos Martel frenó el avance de los árabes tras su paseo triunfal por la Península Ibérica. Entre los folletos que habíamos cogido vimos que en Vouneuil-sur-Vienne, cerquita de Poitiers, había un memorial. No lo pensamos dos veces y fuimos para allá.

Lo primero que tenemos que decir es que llegar al Memorial de la Batalla de Poitiers sin GPS es sencillamente imposible. Incluso siguiendo al cacharrito conviene ir con mucha atención, ya que el memorial está en medio de la nada.

Por otro lado, y siendo directos, el memorial no es gran cosa. Aunque lo venden como una especie de museo al aire libre, en realidad es un descampado de unos pocos metros de largo por otros tantos de ancho en el que están dispuestos varios paneles explicativos.

No busquéis nada más, porque no lo hay. Los paneles que han montado están muy bien, pero desde luego esperábamos un lugar a la altura de la importancia de la batalla y no lo encontramos. Hicimos la visita prácticamente solos y cuando nos fuimos llegó una pareja mayor, así que no debe ser un sitio muy frecuentado.

Quizá lo que peor nos supo es que nada en el terreno ayudaba a interpretar la batalla. ¡Absolutamente nada! Anda que no hubiera sido fácil poner unos paneles indicando por dónde llegaron las tropas de unos y otros, o cualquier cosa por el estilo. Nos vino a la mente la visita que hicimos a Waterloo un año antes, como ejemplo de un lugar que si resultó interesante.

En definitiva, no merece la pena esta visita. Nos referimos evidentemente al público en general, pero también a locos de la Historia: está relativamente lejos de Poitiers (tardamos unos 45 minutos en coche) y la visita se hace en diez minutos.

CHAUVIGNY

Aunque la primera improvisación no salió del todo bien, la segunda fue un auténtico éxito. Nos referimos a Chauvigny, la ciudad en la que decidimos pasar lo que nos quedaba de tarde. Y eso que la primera impresión no fue la mejor, ya que, tras aparcar en el centro (hay un parking gratuito muy bien ubicado) nos dio la sensación de que íbamos a ver una ciudad tirando a modernita. Esa fue lo que pensamos al ver el Ayuntamiento (Hôtel de Ville) y la Iglesia de Notre-Dame.

 

¿Dónde estaba la supuesta ciudad medieval que habíamos ido a visitar? Por suerte no se la había tragado la tierra, sino todo lo contrario: estaba en las alturas. El casco histórico de Chauvigny está sobre un promontorio, y es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de toda Francia: varios castillos, una gran muralla, una colegiata del siglo XII… Únicamente hay que seguir los carteles en busca de la cité médiévale y se llega sin ningún problema.

Chauvigny es una ciudad única en Europa, pues en ninguna otra localidad del continente hay cinco castillos protegidos bajo el mismo recinto amurallado. Las fortalezas son:

  • Castillo baronialCastillo de los Obispo: construido entre los siglos XI y XV.
  • Castillo de Harcourt: del siglo XIII. Actualmente funciona como una sala de exposiciones y de espectáculos.
  • Castillo de Montléon: hoy en día solo quedan unas pocas ruinas arqueológicas.
  • Torreón de Gouzon: del siglo XIII. Es un museo.
  • Torre de Flin: no se visita, no sabemos el motivo.

El primer castillo que vimos fue el de los Obispos (el de la foto de arriba). En él se celebra en los meses de verano un espectáculo con muchísima fama: Los Gigantes del Cielo (Les Géants du Ciel), una muestra de vuelo de rapaces. Tiene pinta de ser interesante, sobre todo si se viaja con hijos.

Entre que era sábado por la tarde y que estábamos fuera de la temporada turística, nos encontramos con la mayoría de los edificios cerrados. Eso hizo que nos quedásemos sin ver algún castillo por dentro y que, incluso, la Oficina de Turismo estuviese cerrada. Eso si, la zona medieval está estructurada entorno a poquitas calles (básicamente en una horquilla formada por la rue de la Puye y la rue des Rampes), por lo que es difícil perderse algún punto de interés.

 

La Colegiata de San Pedro (Collégiale Saint-Pierre) estaba abierta. Tiene un presbiterio trebolado, algo realmente extraño en la zona. Aun así, nos decepcionó un poco. Por fuera tenía una pinta estupenda, pero desde luego la decoración del interior no nos pareció a la altura.

 

Lo que no nos defraudó fue la oferta museística de Chauvigny. Hay dos instituciones: el Espacio de Arqueología Industrial (Espace d’Archéologie Industrielle) y el Museo de Tradiciones Populares y Arqueología (Musée des Traditions Populaires et d’Archéologie). Visitarlos es más que barato, ya que hay una entrada combinada para ambos que cuesta menos de 5€ por persona.

Empezamos por el Espacio de Arqueología Industrial, ubicado en el Torreón de Gouzon. Básicamente es un repaso a la Historia de la industria, desde las primeras producciones de porcelana hasta el trabajo en cadena del siglo XX. Incluye también una maqueta de una central nuclear.

 

Además, visitando el museo se tiene derecho a subir a la azotea del torreón, desde donde hay unas vistas estupendas tanto del pueblo como del entorno. La pena es que hacía un día bastante malo, y no pudimos disfrutar de la panorámica en todo su esplendor.

Por su parte, el Museo de Tradiciones Populares y Arqueología no está tampoco nada mal. Se encuentra en una casa de piedra tradicional, y a lo largo de tres plantas se presentan distintos espacios (un dormitorio, una cocina, un taller) con infinitos objetos del siglo XX hacia atrás. Nos encantan estos museos, ya que siempre se ven cositas de esas que se recuerdan de la infancia en casa de los abuelos.

 

Y con esto terminó el día. Estábamos cansadísimos y llevábamos varias horas mojados por la lluvia, así que nos fuimos un poco antes que de costumbre. Duchita, cena y un montón de horas de sueño para reponer fuerzas. Al día siguiente nos esperaba Futuroscope, la última parada del viaje, por lo que la ilusión por conocer este parque hacía que todavía no tuviésemos pena ante el final de la aventura.

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9 pensamientos en “Oeste de Francia ’13 – Capítulo X: Poitiers, Vouneuil-sur-Vienne y Chauvigny (día 9)

  1. Que grande¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    Me ha costado llegar hasta el lugar de la leña, donde le dieron a los árabes, que por cierto, historia que te he contado cien mil veces.

  2. Pingback: Oeste de Francia ’13 – Capítulo XI: Futuroscope (día 10) | www.eduyeriviajes.com

  3. Excelente el blog excelente los comentarios y las fotografías.
    Ahora mismo nos encontramos en Potiers, mi mujer y yo ,y nos preguntamos si salisteis por la noche algún lugar donde tomar una buena cerveza escuchando una buena canción de rock and roll o de heavy metal.
    Muchas gracias y un saludo cordial de Resu y Andrés

    • Hola Andrés! Hola Resu! Sentimos mucho el retraso en la contestación. ¡Muchas gracias por tus palabras! La verdad es que no salimos mucho por allí, pues nos alojábamos en hoteles que estaban a las afueras de la ciudad y no tuvimos tiempo de disfrutar de la noche. Si encontrasteis algún lugar molón, cuéntanoslo pues estamos seguros que a otros viajeros les encantará saber por dónde salir. ¡Un abrazo!

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