Oeste de Francia ’13 – Capítulo V: Nantes (día 4)

El lugar al que íbamos a dedicar la práctica totalidad de nuestro cuarto día en este viaje en coche por el oeste de Francia era Nantes. Esta ciudad, la grande que íbamos a visitar en esta aventura, cuenta con más de 280.000 habitantes y está enmarcada en una conurbación gigante que casi llega al millón. Vamos, que es uno de esos sitios en los que se pueden ver y hacer muchas cosas. Por eso habíamos escogido un alojamiento bastante céntrico: fue un palo a nivel económico (algo más caro que los de las afueras y encima tuvimos que pagar por el parking), pero a cambio pudimos aprovechar mucho más el día.

Para comenzar el post, el vídeo-resumen con todo lo que se puede ver en Nantes:

Empezamos nuestro recorrido entre las Cours Saint-Pierre y Cours Saint-André, dos enormes avenidas con mucha tradición: fueron edificados en el siglo XVIII, siendo los primeros paseos públicos de la ciudad. El día estaba bastante gris, pero por lo visto en primavera y verano es lugar de reunión obligada para los habitantes de la ciudad.

 

En el propio Cours Saint-Pierre, en su tramo más al sur, vimos el típico monumento a los caídos en la I Guerra Mundial. Un poquito más adelante vimos otro lugar para el recuerdo, en este caso para la II Guerra Mundial. Ya lo hemos dicho alguna vez en este diario de viaje, pero es difícil encontrar una ciudad francesa (europea en general) en la que no se haga referencia a estos dos conflictos. Lo mismo podríamos hacer en España respecto a la Guerra Civil, pero lamentablemente no se hace.

 

Aunque el casco histórico de la ciudad no está especialmente volcado al río, Nantes vive al amparo del Loira (Loire), uno de los cauces de agua más famosos del continente europeo. Sin duda, su presencia explica que la zona fuese poblada desde época romana. En la Edad Media tuvo un gran florecimiento, lo que motivó que el Condado de Nantes pasase de unas manos a otras en función de quien ostentase el poder en ese momento.

Del medievo en adelante, cualquier acontecimiento importante para la Historia de Francia ha estado relacionado con Nantes: las guerras de religión, la Revolución francesa, las guerras del siglo XX… Hoy en día su sector industrial es especialmente poderoso, siendo una de las puntas de lanza francesas en sectores tan estratégicos como la aeronáutica.

Tras una primera toma de contacto con la ciudad, fuimos directos a la Oficina de Turismo, donde teníamos que recoger dos Nantes Pass de 24 horas. Esta tarjeta es perfecta para aprovechar al máximo la estancia en la localidad. Está disponible en formato de 24 horas (22,50€), 48 horas (31,50€) y 72 horas (40,50€), y dan acceso a prácticamente todos los puntos de interés de Nantes (museos, visitas guiadas, castillos de los alrededores) y a la red de transportes.

Lamentablemente ese día estaban de obras, así que tuvimos que trasladarnos hacia unas oficinas para hacernos con ellas. Es una pena, ya que la Oficina de Turismo está al lado del castillo de la ciudad, pero tuvimos que esperar un poquito antes de hincarle el diente.

Este pequeño inconveniente no trastocó demasiado nuestros planes, ya que las oficinas en las que recogimos nuestra Nantes Pass estaban frente a uno de los grandes edificios de la ciudad: Le Lieu Unique (algo así como El Lugar Único, aunque no suele aparecer en castellano). Está en la antigua fábrica de galletas LU, pues esta emblemática compañía -responsable, entre otros productos, de Mikado o Pim’s- es originaria de Nantes. En el año 2000, después de una ambiciosa reforma, se reinauguró el edificio convertido en centro cultural: exposiciones, conciertos de música, librerías…

Es el gran foco de la cultura emergente de la ciudad. Su característica torre funciona como mirador, así que buena parte de los viajeros acuden hasta ella para subir y contemplar una buena panorámica de la ciudad (cosa que nosotros no pudimos hacer, ya que al ser lunes estaba cerrada). Sin embargo, es recomendable inspeccionar un poco, pues siempre se ven exposiciones chulas.

Nantes es una de las ciudades más animadas de toda Francia. Quizá en una visita de un solo día sea difícil, pues hay mucho que ver, pero en dos o más jornadas es una idea muy interesante ver una obra de teatro, un partido de fútbol o cualquier otro evento. Las autoridades de la ciudad son muy conscientes de que dicha actividad cultural puede atraer al turismo, así que es relativamente fácil encontrar entradas con descuento o cupones promocionales.

En ese sentido, lo más fácil es utilizar una web como Cupones Mágicos, que recopila cupones promocionales de Atrápalo y de otros portales turísticos. Nosotros siempre viajamos con el presupuesto ajustado, así que os recomendamos echar un vistazo por ahí ya que podéis encontrar descuentos de hasta el 75% no solo en espectáculos, sino también en hoteles, experiencias y mucho más. 🙂

Su restaurante también tiene cierta fama, aunque por la hora que era tampoco pudimos probarlo. Y no es el único establecimiento que hay en Le Lieu Unique. Aparte de todo lo artístico cultural, también hay un hammam, un bar, una tienda… Incluso por las noches suele haber dj’s pinchando, así que puede ser un buen sitio para darse un garbeo.

Ya con las Nantes Pass en nuestro poder, volvimos hacia la Oficina de Turismo. Enfrente de ella está la entrada al Castillo de los Duques de Bretaña (Château des Ducs de Bretagne), el edificio más emblemático de la ciudad. Es el más occidental de los famosos castillos del valle del Loira, una joya de granito y toba formada por distintos módulos construidos entre los siglos XV y XVII. En realidad el castillo es bastante anterior, pues ya se tiene constancia de él en el siglo XIII, pero fue reformado totalmente en época moderna para adaptarlo a las nuevas máquinas de artillería.

Íbamos con ciertas reservas, ya que al ser lunes podría estar cerrado el castillo. Por suerte, en Nantes son muy conscientes del público que mueve su castillo, así que han optado por una opción mixta. El primer día de la semana cierra el Museo de Historia de Nantes (Musée d’Histoire de Nantes) y algunas estancias interiores, pero se puede acceder al patio de armas y al paseo de ronda como si de un parque se tratase. Genial, ya que eso nos permitió disfrutar de parte del edificio.

El Castillo de los Duques de Bretaña es una fortaleza-palacio de manual, desde la cual los duques de Bretaña controlaron el río Loira y sus alrededores durante varios siglos. Tiene todos los elementos que se pueden esperar en un castillo: altas murallas, profundos fosos, torre del homenaje, caballerizas, capilla… Todavía no hemos tenido ocasión de hacernos el típico viaje por los castillos del Loira, pero desde luego éste ha sido un buen aperitivo que nos ha despertado ganas de hacerlo.

Las murallas del castillo de Nantes dan una gran sensación de uniformidad vistas desde el exterior, pero en realidad el interior está formado por estructuras claramente diferenciadas: la Gran Casa (en la foto de abajo), el Pequeño Gobierno, el Edificio de los Arreos… No pudimos entrar por dentro de la mayor parte de ellos, pero igualmente nos fuimos contentos, ya que al menos habíamos podido entrar al patio de armas.

Además, eso nos permitió hacer la visita dentro de un tiempo razonable (alrededor de una hora). En Nantes hay mucho que ver, así que si hubiese estado todo abierto, nuestro planning se hubiera venido abajo por completo. Entre el museo y demás cosas, seguramente dé para toda una mañana, pues el castillo es gigantesco.

El Castillo de los Duques de Bretaña no suele estar en las listas de castillos más bonitos de Europa, ya que rivales como Neuschwanstein son una competencia muy difícil. Además, la ubicación no es la que más permita lucirse al castillo: está en medio del casco urbano y no en mitad de una montaña. Aun así, a nosotros nos pareció precioso, sin duda el gran hit de la ciudad y uno de los más interesantes de todo el viaje.

Después del Castillo, fuimos hasta la cercana Catedral de San Pedro y San Pablo (Cathédrale Saint-Pierre-et-Saint-Paul). Seguramente sea uno de los edificios que más tiempo se han tardado en construir de Francia: las obras empezaron en 1434 y no terminaron hasta 1891. Pese a los cuatro siglos y medio que duró el proceso, no ha quedado la típica iglesia caótica llena de retales de estilos artísticos distintos, y hoy en día está considerada una de las grandes obras del gótico francés. Gracias a la claridad de su fachada y de sus muros interiores, da una gran sensación de amplitud y luminosidad.

 

Más allá de cuestiones arquitectónicas, queremos centrarnos en un elemento que nos dejó absolutamente boquiabiertos: la Tumba de Francisco II de Bretaña (Tombeau de François II de Bretagne). Esta joya, elaborada entre 1502 y 1507, está considerada por innumerables expertos como la gran obra maestra de la escultura francesa. Fue esculpida por Michel Colombe, uno de los artesanos góticos más reputados. Nadie se puede ir de Nantes sin ver este maravilloso sarcófago.

Fue encargado por Ana de Bretaña, en honor de sus padres Francisco II y Margarita de Foix, aunque también incluye los restos mortales de Margarita de Bretaña (la primera esposa del duque). Es un sarcófago rectangular macizo, más o menos de 4 metros de largo por dos de ancho y uno y medio de alto. Destaca fundamentalmente por la infinita cantidad de detalles que lo adornan, por ser una auténtica clase de simbolismo en la Edad Media: las estatuas de las esquinas representan a las principales virtudes, en los pies hay dos animales que representan la fidelidad, en la base de la tumba están los doce apóstoles y efigies de personajes como San Francisco de Asís o Carlomagno…

Vamos, que es un monumento que da para entretenerse. Quizá por eso, en la Catedral de Nantes hayan decidido instalar unos andamios de hierro en los alrededores, que sirven para poder contemplar el sarcófago desde una perspectiva elevada. No son demasiado aparatosos y permiten disfrutar al máximo de esta obra maestra, por lo que solo podemos aplaudir a quien se le haya ocurrido la idea.

Esta catedral tiene patrimonio para dar y tomar, por lo que destacarlo todo sería imposible si queremos que el post tenga un tamaño aceptable. Aun así, no podemos dejar de hablar de La Navidad (La Nativité) de Alain Thomas, un cuadro que nos gustó especialmente. Es un tríptico moderno, que solo lleva expuesto desde el año 2004 en una de las capillas laterales, pero aun así el pintor (originario de la ciudad) ha sabido crear una obra ciertamente universal.

Aunque los tres edificios más representativos son Le Lieu Unique, el castillo y la catedral, Nantes tiene mucho más que ofrecer. Por ejemplo, tiene unos cuantos museos, y precisamente lo siguiente que hicimos fue ir a ver el Museo de Bellas Artes (Musée des Beaux-Arts). Desafortunadamente se encontraba cerrado por estar en un ambicioso proceso de restauración, pero en lo que dura las obras ha “ocupado” la Capilla del Oratorio (Chapelle de l’Oratoire) para realizar exposiciones temporales. Vimos una titulada Les Plaisirs de l’Eau (Los Placeres del Agua), aunque no tenemos fotos del interior ya que no estaban permitidas. Ellos se lo pierden.

Muy cerquita de allí está el Jardín de las Plantas (Jardin des Plantes), un parque que hace las veces de jardín botánico público de la ciudad. Es toda una institución en Nantes, al recoger la herencia de los primeros centros botánicos nanteses (fundados en el siglo XVII). Tiene más de 70.000 metros cuadrados y es un sitio privilegiado para pasear: esculturas, lago, una montaña artificial… Eso por no hablar de sus más de 11.000 especies vegetales distintas, incluyendo un invernadero de 800 metros cuadrados y un árbol con más de dos siglos.

 

Y ahora sinceridad, aunque suene un poco infantil lo que vamos a decir: lo que más nos gustó del jardín no fueron las plantas, la tranquilidad o el agua. Donde realmente disfrutamos como enanos fue en una zona que tienen habilitada con unos cuantos animales (básicamente cabras y ovejas) en los que se les puede dar de comer. ¡Nos encantó! Había una máquina para darles comida, en la que por 20 céntimos te hacías con un puñadito. Solo con escuchar monedas en la máquina, en seguida venían todos los bichejos a por su correspondiente ración. Tenemos que confesar que echamos más de una moneda, pues lo pasamos genial. Aquí se ve a Eri a punto de ser devorada por dos impacientes animales. 😛

Estábamos aprovechando a tope el día, pero ya iba siendo hora de comer. Hacía un poco de frío, así que decidimos hacer una excepción en nuestro exiguo presupuesto de viaje y buscar algún sitio de comida rápida, dejando los bocadillos para la noche o para el día siguiente. Como sabíamos que cerca había una estación de tren, fuimos hacia ella (ya que en esos sitios suele haber kebabs y hamburgueserías). Así, en la Rue Stanislas Baudry encontramos exactamente lo que andábamos buscando.

Por 12€ en total nos zampamos unos riquísimos kebabs, incluyendo patatas y cocacolas. Está claro que era una comida low cost a más no poder, pero en este viaje teníamos muy poquito dinero y a nosotros nos resultó un lujo que nos supo a gloria. Seguramente nos riamos dentro de 30 años al leer estas cosas.

Para la tarde íbamos a visitar fundamentalmente edificios de… ¿Clase media? Nos referimos a ese tipo de iglesias o monumentos que no son imprescindibles, pero que igualmente merece la pena visitar. En una ciudad tan grande como Nantes estos edificios son muy numerosos, así que conviene empezar por lo gordo gordo. ¡Irse de allí sin ver la catedral o el castillo sería un sacrilegio!

Al primero de éstos ni nos llegamos a acercar, pero se ve desde muchas zonas de la ciudad. Nos referimos a la Torre de Bretaña (Tour Bretagne), un emblemático rascacielos inaugurado en 1976. Con sus 120 metros de altura (144 si se cuenta la antena) es el edificio más alto de la ciudad. Se puede subir a un mirador que hay en la terraza del piso 32, pero íbamos muy justos de tiempo y hubo que dejarlo para otra ocasión.

Nuestra primera visita de verdad de la tarde fue al Ayuntamiento (Hôtel de Ville), un conjunto de edificios construido entre el siglo XV y el XX (aunque la mayor parte son palacetes del XVII).  Merece la pena entrar y curiosear un poco, no solo para disfrutar de elementos arquitectónicos de distintas épocas, sino también porque tiene unos jardines muy interesantes.

Muy cerca del ayuntamiento está la Plaza del Almirante Halgand (Place Almiral Halgand). Aunque por sí solo no es gran cosa, ya que simplemente se trata de un pequeño parque, es sumamente representativo. Y es que en el año 2013 Nantes ha recibido el premio Capital Verde Europea, un galardón que se otorga a las ciudades que se esfuerzan por mejorar el entorno en el que viven sus habitantes. Podríamos hablar de cifras de todo tipo (porcentaje de zonas verdes, espacios protegidos, número de animales en libertad) pero vamos a ir a lo práctico: es imposible caminar 5 minutos por Nantes sin ver un parquecito.

Siguiente parada: la Iglesia de la Santa Cruz (Église Sainte Croix), seguramente la más antigua de la ciudad. No se conocen sus orígenes con exactitud, aunque ya aparece citada en documentos del siglo XI. Sin embargo, el edificio actual fue construido entre las centurias del XVII y XIX, por lo que no es especialmente auténtica. Tiene algunas cosillas destacables (un púlpito de caoba maciza, un órgano de mediados del XIX, las vidrieras) pero aun así no nos pareció demasiado interesante. Además, hay que tener ojito con la zona, pues en los alrededores de la iglesia percibimos bastante inseguridad.

 

Por cierto, una frikeza que no queremos que pase desapercibida. A lo largo de toda la ciudad de Nantes vimos pequeños mosaicos hechos con azulejo relacionados con videojuegos de 8 bits: Pac-Man, Space Invaders, Mario Bros… ¿A qué se debe esto? No sabemos si será una iniciativa municipal (no tiene pinta) o algo que ha partido de algún artista urbano, pero el caso es que es súper divertido ir encontrando bichejos como el de la foto de abajo.

La que no nos defraudó en absoluto fue la Iglesia de San Nicolás (Église Saint-Nicolas), pese a que los edificios neo-loquesea no nos suelen gustar demasiado. Éste es del siglo XIX, y su estilo neogótico nos dejó sencillamente sin palabras. Es una auténtica oda al buen gusto: sencilla, luminosa, amplia… Su arquitecto, Jean-Baptiste-Antoine Lassus, hizo un trabajo magistral.

 

En el mapa parecía un templo chiquitito, pero estuvimos un rato bien largo recorriendo su interior. Tiene una atmósfera muy especial, da gusto sentarse atrás del todo y contemplar la luz entrando por las vidrieras. Hay que destacar que este fue uno de los primeros templos neogóticos de Francia, por lo que resultó una gran fuente de inspiración para los edificios que vinieron después.

 

La ruta nos llevó a continuación a la Plaza Real (Place Royale), posiblemente el espacio público que más nos sorprendió de Nantes. Aunque fue totalmente arrasada durante la II Guerra Mundial, la reconstrucción posterior buscó hacer una réplica idéntica de la plaza antes de los bombardeos. Además, gracias a la restauración de 2007 y a que en 2011 se hizo 100% peatonal, hoy es uno de los lugares más animados de la ciudad. Un sitio fantástico para pasear, sentarse a ver pasar a la gente o tomarse algo. Y eso por no hablar de su bonita arquitectura, a la vista está en la foto.

Por cierto, aquí va un consejo para los amantes del shopping. En Nantes, al igual que en Burdeos, hay un montón de tiendas caras y galerías comerciales de esas que están acristaladas. Nosotros no solemos hacer este tipo de turismo, pero siempre es agradable pasear por el interior de estos espacios.

Para el tramo final del día nos habíamos dejado unos cuantos museos. En este caso, el primero fue el Museo de Historia Natural (Musée d’Histoire Naturelle). El listón estaba altísimo después de lo mucho que nos gustó el de La Rochelle, pero aun así bien se merecía una oportunidad. Abre de 10 a 18 (todos los días excepto los martes y los festivos) y la entrada es gratuita.

Aunque es bastante pequeño, nos pareció un museo espectacular: muy interactivo, con una propuesta de lo más vanguardista y con un personal especialmente amable. Cada dos o tres salas había un experto que te indicaba las piezas más interesantes, explicándote cómo se podía interactuar con ellas. En cuanto veían que no hablábamos francés del todo, se esforzaban por ayudarnos y por hacernos la visita más fácil.

El mejor indicativo para saber si un museo está adaptado a los nuevos tiempos es, sin lugar a dudas, lo que opinan los niños de él. Y aquí solo vimos caras felices: unos, sentados en el suelo haciendo dibujos; otros, curioseando entre distintas rocas con sus lupas mágicas; fuera, un grupito metiéndole prisa al padre porque querían entrar ya al museo. Nuevamente aquí hay que destacar el papel tremendamente pedagógico de los trabajadores del museo… todo lo contrario que en España, donde normalmente hay vigilantes jurado que se preocupan de que no te lo pases bien.

Al lado del Museo de Historia Natural está el Museo Arqueológico – Museo Dobrée (Musée d’Archéologie – Musée Dobrée), ubicado en el palacio del mecenas nantés del siglo XIX Thomas Dobrée. Los fondos son una muestra de la colección que amasó en vida este peculiar personaje, junto con algunos añadidos desde que funciona como museo departamental. La pena es que estaba cerrado por obras de restauración, así que tuvimos que conformarnos con los jardines y la fachada. No es el único palacio que hay en el centro de Nantes, pues la ciudad ha sabido conservar muy bien su patrimonio pese a su gran crecimiento.

 

Lo que no estaba cerrado (ni por obras ni por ser lunes) era el gigantesco Espace Jacques Demy, una mediateca que tiene infinidad de posibilidades culturales: museos, conferencias, exposiciones temporales… El típico lugar que mola mucho que esté en tu ciudad, pero que normalmente está en todas menos en la tuya.

Habíamos ido hasta allí para ver el Museo de la Imprenta (Musée de l’Imprimerie), el cual nos interesaba mucho por cuestiones científicas: Eri, al ser paleógrafa, siempre trata de visitar todos los museos e instituciones que nos vamos encontrando relacionados con la escritura en sentido amplio. Fue una decepción, ya que de museo tiene poquito. Más bien se trata de un espacio en el que la gente hace cursos de iluminación de manuscritos o de caligrafía. Vimos alguna cosa chula, pero esperábamos mucho más (y los recepcionistas eran muy bordes).

Y ya que estábamos acercándonos al oeste del casco histórico, cogimos el tranvía para seguir avanzando en esa dirección, bordeando el río. No pagamos nada, ya que los transportes se incluyen en la Nantes Pass, y compartimos viaje con un ruidoso (aunque simpático) colegio español.

Este desplazamiento era para ir al Museo de Julio Verne (Musée Jules Verne). El enigmático escritor francés, padre de la ciencia ficción y auténtico visionario de los avances tecnológicos que estaban por llegar en el siguiente siglo, nació en Nantes. Pasó en la ciudad buena parte de su infancia y juventud, por lo que se puede decir que en ella fue donde adquirió su pasión por los viajes y desarrolló su enorme imaginación.

El museo en sí no es gran cosa: unas estatuas en un mirador (las que habéis visto en la foto de arriba) y una pequeña casa de dos plantas. Ciertamente está chulo, pero esperábamos algo más, pues apenas se limita a recopilar algunos objetos relacionados con su obra (como libros en distintos idiomas o carteles de adaptaciones al cine) y poquita cosa más. Y anda que no hay material para hacer un museo bestial sobre Julio Verne y obras como La vuelta al mundo en ochenta días o Viaje al Centro de la Tierra.

 

El museo está en una especie de montañita, justo a unos metros del Planetarium de Nantes. Fuimos allí pensando que sería un lugar concurrido, ya que tienen una cúpula para hacer proyecciones gigantes (al estilo de lo que hay, por ejemplo, en el Cosmocaixa de Alcobendas). Sin embargo, entramos y no había nadie.

Llegamos un pelín antes de la proyección, así que nos pusimos a hablar con el encargado de ponerla (Vincent Jean Victor, uno de los científicos responsables del Planetarium). Resultó ser un hombre majísimo, que nos hizo el favor de saltarse el programa y ponernos una proyección más acorde a nuestros gustos (como éramos los únicos, nos dio a elegir). Al terminar, estuvimos hablando con él casi una hora sobre astronomía, viajes, la situación en España… La verdad es que lo pasamos genial.

Os recomendamos la visita al Planetarium, especialmente si viajáis con niños o si os gusta el tema.

Y eso fue todo. Lo siguiente fue volver hasta el coche, pues la noche se nos estaba echando encima y aún teníamos hora y media hasta Rennes, nuestro siguiente destino. Eso sí, de camino al aparcamiento todavía nos dio tiempo a ver el Maillé Brézé, un acorazado que hoy en día funciona como Museo Naval. Fue una pena no haberlo podido ver por dentro, pero el día solo tiene 24 horas.

De hecho, al otro lado del Loira nos quedaron por ver algunas cosas: el Palacio de Justicia, Las Máquinas de la Isla, el Jardín del Estuario… Verlo todo en una jornada es imposible, pues Nantes es una ciudad que requiere mínimo un fin de semana. Aun así, estamos contentos con cómo aprovechamos nuestras horas allí.

 

Bien entrada la noche, llegamos a nuestro Hotel Ibis en las afueras de Rennes. Fue el primero de todo el viaje en el que el wifi funcionaba bien y sin limitaciones horarias. Parece mentira que los hoteles de Francia (al menos, los hoteles lowcost) estén tan atrasados en ese aspecto.

¡Capítulo terminado! Ahora a dormir y a reponer fuerzas, que al día siguiente nos esperaba la bonita ciudad de Rennes.

Capítulo IVOeste de Francia ’13Capítulo VI

4 pensamientos en “Oeste de Francia ’13 – Capítulo V: Nantes (día 4)

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  3. Hola, me ha gustado el post. Estoy terminando mi visita a Nantes y comparto casi todo lo que cuentas.

    Sobre el Museo de la Imprenta yo tuve más suerte. En la recepción la señora fue muy amable y nos recomendó volver a las 14:30 si queríamos una visita guiada con demostraciones. Así que volvimos y la visita nos encantó. Explicaron varias técnicas de impresión antiguas usando las propias máquinas expuestas y nosotros mismos las usamos para imprimir nuestro propio cartel de recuerdo. Una pasada. Hora y media de interesantes demostraciones que se fueron volando. Recomendable total si este tema te interesa, claro.

    • Hola Sonia! Jo, qué envidia nos estás dando!!! Nos alegra un montón saber que hacen ese tipo de actividades y que hayas podido disfrutarla. Muchas gracias por compartirla. ¡Saludos!

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