Oeste de Francia ’13 – Capítulo III: Burdeos (día 2)

Nos encanta despertarnos en un sitio que sabemos que es precioso y que tiene mucho para ver, pero el cual no hemos visitado nunca. Es como la típica sensación de cuando eres pequeño y estás desenvolviendo un caramelo, pero multiplicada por 1000. Así fue como empezamos el día, pues por delante teníamos nada más y nada menos que Burdeos (Bordeaux), una de las ciudades más bonitas de Francia. Es Patrimonio de la Humanidad desde 2007, con unas cifras bastante contundentes: se declaró un perímetro de 1810 hectáreas, otro perímetro adicional de patrimonio destacado de 3725 hectáreas, casi 350 edificios protegidos, parte de la ciudad ya estaba incluida en la lista de la UNESCO por formar parte del Camino de Santiago… Una maravilla.

Para empezar nuestro recorrido, aquí va un vídeo-resumen de Burdeos que publicamos hace ya un tiempo. En él se muestran los lugares más destacados de la ciudad:

Lo primero que hay que decir es que la ubicación de nuestro hotel era perfecta. Aunque la mayor parte del patrimonio bordelés está en la margen izquierda del río Garona (Garonne), nosotros estábamos en la derecha. Solo se tardaba 10 minutos andando en llegar a lo gordo (menos de la mitad en tranvía), y gracias a eso pudimos aparcar durante todo el día sin pagar. Parece poca cosa, pero ir ahorrándote todos los días 10€ de alojamiento y parking al final supone un gran ahorro.

Además, alojarnos allí nos permitió conocer el Quartier de la Bastide, el barrio nuevo de la ciudad. En él está la zona universitaria y un montón de zonas verdes, además de una iglesia muy chula que visitamos al final del día. No exploramos la zona todo lo que nos hubiera gustado, pero desde luego es una parte de Burdeos a tener en cuenta si se va un fin de semana entero. En cualquier caso, os recomendamos buscar hotel más o menos por allí.

También hay que destacar que haber empezado la ruta aquí nos permitió tener una bonita panorámica de Burdeos desde el otro lado del río. Para ir hasta el casco histórico cruzamos el Puente de Piedra (Pont de Pierre), el más antiguo de la ciudad. Se empezó a construir por un decreto de Napoleón en 1810 y se terminó en 1821, ya con Luis XVIII como rey. Para tener más de dos siglos de antigüedad, sus dimensiones son considerables: casi 500 metros de largo y 17 arcos.

A través del puente se llega a la Plaza Bir Hakeim (Place Bir Hakeim), que conmemora uno de los hechos más heróicos de la II Guerra Mundial. En 1942, durante más de dos semanas, una brigada francesa resistió los ataques del Afrika Korps en Bir Hakeim, un oasis en medio del desierto libio. El elemento más representativo de la plaza es la Puerta de Borgoña (Porte de Bourgogne), un arco de triunfo de estilo clásico construido entre 1750 y 1755.

Al margen de su patrimonio, si de algo puede presumir Burdeos es de sus mercados. Se celebran de todo tipo: de comida, de antigüedades, temáticos… Los sábados hay uno en la Plaza Bir Hakeim y sus alrededores, en el cual se venden productos para el día a día: ropa, utensilios, telas… No es que fuese el más interesante del mundo, pero aun así echamos un vistazo por sus puestos.

No entramos directamente al centro, sino que fuimos subiendo por el paseo que hay entre la ciudad y el río. Así llegamos a la Puerta Cailhau (Porte Cailhau), un precioso edificio de finales de la Edad Media y principios del Renacimiento. La puerta está dedicada a Carlos VIII por su victoria en la batalla de Fornoue (1495). Nos pareció sencillamente espectacular, una clase de estructuras defensivas medievales en toda regla: puente levadizo, matacanes, mirador…

 

Un poco más adelante está uno de los puntos calientes de la ciudad: la Plaza de la Bolsa (Place de la Bourse). Es un auténtico emblema, la típica zona que sale en la portada de casi todos los folletos turísticos. La plaza fue concebida a comienzos del siglo XVIII, cuando se quiso hacer un área monumental que sirviese como carta de presentación de la ciudad. El diseño corrió a cargo de Jacques Gabriel, uno de los grandes arquitectos de la época. Transmite una gran imagen de unidad, pero en realidad la plaza está formada por tres palacios distintos:

  • El Hôtel des Fermes: a la izquierda de la plaza. Antaño se registraban en él todas las mercancías que llegaban al puerto de Burdeos. Como reflejo de dicha actividad, hoy es el Museo Nacional de la Aduana (que más tarde visitamos).
  • Pabellón de apoyo: en el centro. Es el más pequeñito de los tres, destaca sobretodo por la diferencia de tamaño.
  • Palacio de la Bolsa (Palais de la Bourse): a la derecha. Fue diseñado por Jacques-Ange, el hijo de Jacques Gabriel. Siguió la estructura del edificio de la izquierda, y desde su construcción se convirtió en el epicentro del Comercio de Burdeos.

Todo lo que habíamos visto hasta entonces no era más que una introducción, pues en realidad nuestro objetivo era llegar a la Oficina de Turismo (12, cours du XXX Juillet). Allí nos hicimos con un montón de folletos y mapas para recorrer la ciudad con mucho más criterio. Visita obligada en Burdeos, ya que es una de las mejores oficinas de este tipo que hemos visto nunca: el personal se merece un 10 (multilingüe, con una gran preparación y muy simpático), se pueden comprar entradas para prácticamente todo, tienen una variedad de materiales inmensa…

Una vez hicimos acopio de toda la información, decidimos seguir prácticamente en su totalidad el Itinerario de Descubrimiento UNESCO. Es una ruta a pie que se hace por libre, siguiendo un folleto y en la cual se pasan por los principales puntos de interés de la ciudad. Hicimos algunas modificaciones (fundamentalmente para ampliarla y para no dar rodeos, ya que algunas cosas ya las habíamos visto) pero en general podemos decir que es la mejor opción para conocer Burdeos en un día.

Así, lo siguiente que fuimos a ver fue el Monumento a los Girondinos (Monument aux Girondins). Es otro de esos puntos de recuerdo que se repiten una y otra vez en las ciudades francesas, en este caso a la memoria de los diputados girondinos que fueron asesinados durante el Terror.

Aunque quizá la torre y su escultura superior sean lo que más destaquen desde la distancia (sus más de 40 metros de altura hacen que sea lo más visible de esa parte de la ciudad), no hay que olvidarse de la parte inferior. Los detalles del conjunto en bronce son infinitos, merece la pena dar un rodeo de 360 grados alrededor del monumento.

 

De todos modos, casi en cada plaza de Burdeos veréis alguna escultura de interés. Es el caso de la Plaza Tourny (Place Tourny), aunque ésta luce mucho menos al estar rodeada por carreteras. Aun así, es una plaza muy bonita con edificios del siglo XVIII.

El carácter ampuloso y noble de la ciudad se transmite también a sus comercios, especialmente a los relacionados con la gastronomía y el enoturismo. Burdeos ha sabido venderse muy bien al mundo, y productos como el queso o el vino tienen fama internacional. Encontraréis infinidad de centros comerciales y tiendas de alto standing, en los que la compra se convierte en un ritual. Otro representante de esa dinámica arquitectónica es el carrusel del siglo XIX que nos encontramos en una avenida cualquiera. Nos recordó mucho al que está en París en la zona del Trocadero, en el cual parece haberse detenido el tiempo.

  

Junto a la Plaza de la Bolsa, el otro gran lugar top de la ciudad es el Gran Teatro (Grand-Théâtre). También es conocido por ser la sede de la Ópera Nacional de Burdeos (Opéra National de Bordeaux) y albergar todo tipo de actos culturales a diario. De hecho, aunque se puede visitar por dentro, es muy típico encontrárselo cerrado por estar preparando alguna función (eso fue lo que nos pasó a nosotros).

Aunque nos quedamos con ganas de ver el interior, hay que reconocer que su exterior es soberbio. Es un edificio de grandes dimensiones (casi 90 metros de largo por 50 de ancho) y con un elemento que destaca por encima de todos: el pórtico de doce columnas de la fachada principal. Sobre él hay otras tantas estatuas que representan a Minerva, Venus, Juno y las nueve musas. Espectacular, sin duda una de las grandes obras de Victor Louis.

Nuestra ruta nos llevó ahora a la Iglesia de Nuestra Señora (Églisa Notre Dame), una obra de Pierre Duplessy-Michel. Fue erigida entre 1684 y 1707 por la Orden de los Dominicos, y sobretodo destaca por seguir a rajatabla las pautas de construcción dictadas por la contrarreforma. Su fachada está llena de detalles, no está de más pararse unos minutos frente a ella y observarla con detenimiento.

Por dentro el espacio está dispuesto en forma de una única nave, alrededor de la cual hay grandes capillas. Recuerda en ese aspecto a Il Gesú, la iglesia de Roma en la que está el Sepulcro de San Ignacio de Loyola (aunque mucho menos vistosa).

Al lado de la Iglesia de Nuestra Señora está lo que se conoce como Cour Mably, los restos de un antiguo convento de dominicos. En la actualidad es la sede de la Cámara Regional de Cuentas, aunque hay que ir atentos ya que con frecuencia se realizan exposiciones temporales en sus dependencias.

Caminar por una ciudad tan cosmopolita como Burdeos siempre es agradable. Yendo en dirección a la Plaza Gambetta (Place Gambetta) descubrimos ese pequeño placer: curiosear en una de las muchas galerías comerciales, ver pasar a gente de todo el mundo, arquitectura de lo más variada con solo levantar la vista…

 

También hay sitio para los museos. Primero intentamos ir al Museo de Bellas Artes de Burdeos (Musée des Beaux-Arts de Bordeaux), pero estaba cerrado por restauración. No hubo tiempo para lamentarse, pues muy cerquita pudimos visitar el Museo de Artes Decorativas de Burdeos (Musée des Arts Décoratifs de Bordeaux). Está en el Hôtel de Lalande, una enorme residencia privada de finales del siglo XVIII.

Este tipo de museos siempre son muy variados: muebles, pintura, orfebrería… En muchos sitios lo ponían por las nubes, pero nos tuvimos que quedar con las ganas. Y es que buena parte del recorrido estaba cerrado por reforma, así que nos tuvimos que conformar con ver algunos cuadros y poquito más.

Por suerte, en Burdeos hay mucho que ver y que hacer. Ojito ahora, pues os vamos a enseñar un edificio que no suele aparecer en guías de viaje pero que es muy sorprendente. Nos referimos al Palacio de Justicia de Burdeos (Palais de Justice de Bordeaux), un edificio del siglo XIX que en 1998 fue remodelado casi totalmente para darle su vanguardista aspecto. La presencia de tanto cristal está justificada, pues representa la transparencia que tiene (o debería tener) la justicia. Al lado está la Escuela Nacional de la Magistratura (École Nationale de la Magistrature), que también tiene su aquel.

 

Según nos acercábamos al centro, nos íbamos encontrando cada vez más cafés. Respondiendo a los tópicos más típicos, cada uno contaba con su terraza, y éstas a su vez estaban llenas de tertulianos que se afanaban en apurar sus bebidas entre ruidosas conversaciones. ¡Para que luego diga que los españoles estamos siempre en el bar! Lo que pasa es que los franceses han sabido hacerlo más glamuroso, pues suena mucho más elegante estar en un café que pasar una tarde de baretos.

Nuestra ruta nos había llevado definitivamente al centro, en este caso al Ayuntamiento (Hôtel de Ville). La cámara municipal está ubicada en el Palacio de Rohan (Palais Rohan), cuyo nombre no tiene nada que ver con El Señor de los Anillos. Se llama así porque fue construido por Ferdinand Maximilien Mériadec de Rohan, arzobispo de Burdeos. Se terminó en 1771 y en poquitos años tuvo muchos usos: tribunal revolucionario, en 1791; sede de la Prefectura, en 1802; palacio imperial de Napoleón, en 1808; y residencia real de Luis XVIII, en 1815. Eso si, desde 1835 pasó a ser el ayuntamiento de la ciudad.

Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio es una joya. No sabemos si entre semana se podrá visitar por dentro, pero cuando nosotros fuimos era sábado y encima estaban haciendo bodas. Total, que estaba cerrado a cal y canto, pero pedimos permiso y unos simpáticos guardias nos dejaron asomarnos para disfrutar de su fachada principal. ¿Qué os parece? Sobria, elegante, equilibrada… Nos gustó mucho, la verdad.

Ya hemos hablado de dos grandes hits de la ciudad: la Plaza de la Bolsa y el Gran Teatro. Sin embargo, al lado del Ayuntamiento hay otra referencia obligada: la Catedral de San Andrés (Cathédrale Saint-André). Construida entre los siglos XI y XVI, está considerada unánimemente una de las grandes obras maestras del gótico en el sur de Francia, y un edificio clave para entender la Historia del país: en él contrajeron matrimonio Leonor de Aquitania y Luis VII.

El hecho de que la construcción durase casi 500 años tiene su reflejo en la disposición del edificio. Sabiendo dónde mirar, es posible encontrar elementos románicos, góticos y casi renacentistas. Se trata de una catedral de lo más peculiar, pues fue construida sobre una marisma. Eso llevó a la necesidad de unos cimientos extremadamente gruesos, por lo que transmite cierta sensación de mazacote pese a ser gótica. Sin embargo, lo apelmazado de la base nada tiene que que ver con la elaborada decoración de las fachadas. ¡Qué maravilla!

 

A nosotros, que nos encanta la Edad Media, visitar este tipo de edificios nos supone una experiencia casi extra-sensorial. Es cierto que muchos elementos se han perdido con el tiempo (especialmente doloroso es el caso de los órganos, que tuvieron que ser vendidos para financiar al ejército galo y que las crónicas describían como “los más bellos de toda la cristiandad”). Sin embargo, la esencia medieval perdura, y cruzar las puertas del edificio es sinónimo de un viaje al pasado.

 

Normalmente las prisas son malas compañeras, pero en este caso son incompatibles. Un edificio como este requiere tranquilidad, pues solo así se podrán disfrutar de los pequeños detalles: la decoración de una capilla, una escultura, una columna con restos de la policromía original… Aunque en el lugar tenéis guías y folletos, os recomendamos olvidaros del tiempo e investigar por vuestra cuenta. Nosotros “descubrimos” grandes e inesperadas cosas. 😛

 

Curiosamente, la Torre del Campanario (Tour-Clocher) está separada de la Catedral. Se la conoce también como Torre Pey-Berland (Tour Pey-Berland), y tiene unas dimensiones considerables: casi 70 metros de largo y una anchura de 8 metros. Su campana mayor, llamada Bourdon Ferdinand-André, pesa más de 11 toneladas, por lo que es la cuarta más pesada de toda Francia. Un detalle más: la estatua dorada que la corona es Nuestra Señora de Aquitania (Notre-Dame d’Aquitaine), y fue instalada allí en el año 1863.

burdeoscampanario

Estuvimos bastante tiempo en la Catedral, hasta el punto de que a la salida ya era la hora de comer. Nos sentamos en un banco al lado de los contrafuertes y, como otros viajeros en la plaza, dimos buena cuenta de los bocadillos que habíamos preparado esa misma mañana. Viajes low cost en estado puro.

Una vez comimos, fuimos hacia el Museo de Aquitania (Musée d’Aquitaine). Este viaje no se caracterizó demasiado por ver museos (al menos, para lo que es habitual en nosotros), pero a este no nos pudimos resistir. Y es que pocas palabras evocan más la Edad Media que Aquitania.

En el museo encontramos exactamente lo que buscábamos: una buena colección, una museología vanguardista y un discurso muy moderno. Hace falta un mínimo de una hora para verlo en condiciones, tiempo que se puede alargar hasta el infinito gracias a la enorme variedad y calidad de sus piezas. Nos sorprendió especialmente el “esqueleto” en piedra del rosetón de una iglesia, pues es algo que nunca habíamos visto tal cual en ningún museo.

 

Por supuesto, el Museo de Aquitania no es ajeno al entorno vitivinícola de Burdeos, y hay salas específicamente dedicadas al vino, su elaboración y su impacto en las sociedad francesa. Desde que estuvimos de viaje en Valladolid le hemos cogido gustillo a todo lo relacionado con el caldo de los dioses, sobretodo porque vemos como poco a poco vamos aprendiendo sobre un tema que antes nos sonaba a chino.

Según salimos del museo, nos apetecía un poco de callejeo. Después de casi una hora en la catedral y otro tanto viendo piezas arqueológicas, echábamos un poco de menos el ambientillo de Burdeos. Y para eso el mejor lugar es la Rue Sainte-Catherine, la calle comercial más larga de Europa. Sus 1200 metros son una sucesión continua de tiendas de todo tipo, por lo que el gentío está más que asegurado.

Sainte-Catherine no es una calle sin más, sino que va atravesando plazas que son preciosas. En las fotos de más abajo se ven dos: la Place Saint Projet y la Plaza del Parlamento (Place du Parlament). Quizá no tengan edificios demasiado destacables, pero en su conjunto (arquitectura, gente, comercios) son encantadoras.

 

En una de las muchas plazas de Burdeos nos encontramos con la Iglesia de San Pedro (Église Saint-Pierre), tan pequeñita como encantadora. Esta parroquia es una de las más antiguas de la ciudad, pues se cree que puede estar en pie desde el siglo XIV. Sin embargo, su aspecto actual responde a una profunda reforma del siglo XIX, en la cual se trató de recuperar el esplendor que tenía el edificio entre los siglos XIV y XV.

Aunque no tiene las dimensiones ni la importancia de la Catedral, también merece la visita. Y es que, como todo buen edificio del gótico flamígero, su arquitectura está plagada de detalles. Además, tiene varias piezas interesantes en su interior, especialmente una Piedad en madera del siglo XVII.

 

Poco a poco la tarde iba llegando a su fin, pero nos resistíamos a abandonar Burdeos. Solo estábamos en el segundo día del viaje, por lo que todavía andábamos muy sobrados de fuerza, y encima la ciudad tiene mucha vida. Por eso, dejamos de lado la ruta que estábamos siguiendo y nos pusimos a callejear sin rumbo, mezclándonos entre la gente y descubriendo un montón de rincones (y de tiendecitas) con encanto. Lo dicho, Burdeos es una ciudad que mola mucho.

Aún nos quedaban algunas cositas gordas por hacer. Lo siguiente que vimos fue el Museo Nacional de las Aduanas (Musée National des Douanes). Está ubicado en un extremo de la Plaza de la Bolsa (Place de la Bourse), de la cual ya hemos hablado, por lo que no tiene pérdida.

Aunque está en un gran palacio, el museo es más bien tirando a pequeñito, pues solo ocupa parte de la planta baja. Sin embargo, es muy interesante: supone un auténtico repaso a cientos de años de aduanas, desde los controles que se hacían en las ciudades medievales para gravar las mercancías de los comerciantes hasta las técnicas modernas para evitar el contrabando. Muy chulo.

Antes no hemos hablado de esa zona, pero justo enfrente de la Plaza de la Bolsa está el Miroir d’eau (algo así como el Espejo de agua), una de las zonas más interesantes de la ciudad para gente joven. Se trata de un espacio diseñado por Michel Courajoud, que en 2007 se sacó de la manga una explanada chulísima aprovechando las obras de reacondicionamiento del muelle. Ahora la ribera del río Garona es un punto de reunión de primer orden.

Ese casi fue el punto y final de nuestra visita a Burdeos, pero aún nos quedaban iglesias por visitar. Están relativamente alejadas del centro, pero por suerte los transportes públicos de la ciudad son la mar de eficientes. El tranvía es barato, rápido y llega a cualquier parte. En este caso, empezamos por la Basílica de San Miguel (Basilique Saint-Michel), uno de los templos más grandes de toda la ciudad: su torre del campanario (del siglo XV) es la segunda más alta de Francia, con 114 metros de altura. El edificio es un representante destacado del gótico flamígero y uno de los grandes lugares de paso en Burdeos relacionados con el Camino de Santiago. El barrio no transmite las mejores sensaciones (percibimos una cierta inseguridad), pero igualmente es imprescindible.

 

Una vez visitamos San Miguel, volvimos a tirar de tranvía, puesto que la última parada estaba al otro lado del río Garona. Burdeos es una ciudad más que asequible para ir andando, incluso tirando de carritos de bebés, puesto que no es llana y los puntos de interés están concentrados en una ruta muy pequeña. Aun así, moverse en transporte público es fácil, ya que existen opciones para todos los gustos.

Así es como fuimos hasta la Iglesia de Santa María de la Bastida (Église de Sainte-Marie de la Bastide), muy cerquita de nuestro hotel. No es que sea el edificio más bonito del mundo y encima estaba en obras, pero aun así es muy distinto a todo lo que habíamos visto ese día.

 

Hay que decir que no estamos del todo satisfechos con el relato, ya que nos hemos tenido que dejar algunas cosas en el tintero (como el Ateneo Municipal, el Centre Jean Moulin o la Église St Remi). Sin embargo, el post ha sido infinito, y si hubiésemos hablado de todos los edificios nos hubiese quedado algo imposible de leer. Con esta ruta os enseñamos lo más importante de Burdeos, aunque seguro que en un viaje por vuestra cuenta descubrís muchas más cosas de la ciudad.

El caso es que Burdeos cumplió sobradamente las expectativas. Es un destino perfecto para un fin de semana, y además está a dos pasos de España. Resulta una parada imprescindible en cualquier ruta por el oeste de Francia que se preste. Eso si, aunque nos hubiésemos quedado más tiempo, teníamos que seguir avanzando hacia el norte. Siguiente parada: Rochefort y La Rochelle.

Previo pago de peaje (13,80€) y de un par de horitas en la carretera, llegamos a nuestro hotel. Ahora solo quedaba descansar y coger fuerzas para un nuevo día que tenía tan buena pinta como los dos anteriores. 🙂

Capítulo IIOeste de Francia ’13Capítulo IV

5 pensamientos en “Oeste de Francia ’13 – Capítulo III: Burdeos (día 2)

  1. ¡Madre mía! ¡¡Un no parar!! Y eso que decís que no habéis contado todos los sitios que visteis. Todo lo que leo de Burdeos, elogia la ciudad, por lo que debe ser bonita. A ver si algún día cae…
    Por cierto, me ha hecho mucha gracia lo de Rohan. Ya os vale, jejeje 😉
    Un saludo

    • Burdeos es enorme, tiene muchísimas cosas para ver. Un fin de semana hubiera sido lo adecuado, en un día hay que ir a tope. Cuando vayas, seguro que no te arrepientes 🙂

      Y si, los frikis asociamos inmediatamente Rohan a El Señor de los Anillos… es inevitable! XD

      Un besote!

  2. La verdad que cualquier ciudad o pueblecito de Francia tiene mucho encanto, nunca me había llamado la atención Burdeos pero veo que habrá que hacerle una visitilla!!! La Catedral de San Andrés me encantó y el museo de las aduanas aunque sea pequeñito tiene muy buena pinta, es de esos museos a los que me gusta ir ya que no se ven en otras partes del mundo. Lo que hubiera chalado yo en la calle comercial, seguro que Raúl no me hubiera sacado de allí ni con agua caliente, jejejejeje. Un abrazo chicos!!! 😉

    • Burdeos está peor posicionado que otros destinos del sur de Francia, pero a nosotros nos pareció una ciudad inolvidable. Casi todo lo que vimos nos encantó, y eso que fuimos con bastantes prisas 😛

      Y todo nuestro apoyo a Raúl. Esperemos que nunca os topéis con una calle comercial como esa jajaja

      Abrazoooooooooos! 🙂

  3. Pingback: Guía de Saint-Lary | www.eduyeriviajes.com

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