Nueva York ’12 – Capítulo XII: El Memorial del 11S y vuelta a casa (día 10)

Cuando viajamos, generalmente tratamos de ver las cosas más importantes los primeros días, para que si hay cualquier imprevisto no se nos queden en el tintero los grandes atractivos turísticos del lugar al que vamos. En este caso nos saltamos esa regla, y quisimos dejar para el final uno de los lugares más importantes de Nueva York: el memorial que conmemora los atentados del 11 de septiembre de 2001. O mejor dicho sus obras, pues todavía está en construcción.

Pero empecemos por el principio. La mañana fue dura, pues no solo madrugamos mucho sino que arrastrábamos todo el cansancio de varios días y de la paliza de Washington. Hicimos la maleta, desayunamos y nos fuimos a apurar nuestras últimas horas en Nueva York. Ya habría tiempo de volver a por ella e ir al aeropuerto. Fuimos hasta Bowling Greeng, donde nos encontramos con un pequeño mercado (toda una sorpresa, pues los puestecitos desentonaban un montón entre los rascacielos). Los lunes y los jueves montan el Greenmarket, en el que granjeros de los alrededores ofrecen sus productos. La estrella en octubre siempre es la calabaza, pues el último día del mes tocaba celebrar la noche de Halloween.

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Si habíamos ido hasta allí es porque en los primeros días, cuando pasamos por esa zona, se nos olvidó ir a ver el famoso Toro de Wall Street (Wall Street Bull), una escultura de tres toneladas diseñada por el italoamericano Arturo di Modica. Es uno de los grandes iconos de Nueva York, pues ese toro embistiendo simboliza los grandes valores financieros de los que presume su zona financiera: optimismo, agresividad, fuerza y un largo etcétera. Seguro que a muchos os resulta familiar.

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Aunque solo es una pequeña estatua en una ciudad llena de colosos, es una de las zonas de Nueva York más fotografiadas por los turistas. De hecho, para hacer la foto que veis más arriba (sin gente) tuvimos que esperar un buen rato. Por más que lo intentábamos, el pobre toro estaba constantemente rodeado de turistas. Mención aparte merecen japoneses y chinos, que venían contentísimos y se fotografiaban a su lado sacando banderas y símbolos de todo tipo.

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Y, ya que estábamos, nos hicimos nosotros también la fotografía de rigor. No es que sea el sitio más bonito de Nueva York, pero como es gratis… 😛 Por cierto, es sorprendente la cantidad de gente que no se hace la foto junto a la cara, sino en la parte trasera del animal. Digamos que el escultor le otorgó una buena herramienta, y pocas cosas hay más universales que hacerse una foto junto a una estatua bien dotada.

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El Toro de Wall Street solo fue un aperitivo pues el plato fuerte del día (al margen de la vuelta a casa, que también tenía lo suyo) era el Museo y Monumento Nacional del 11 de Septiembre (National September 11 Memorial & Museum), el lugar en el que desde el año 2006 sirve para recordar, al menos de manera oficial, los brutales atentados del 11S. Cuando fuimos aun estaba en construcción (de hecho, el museo no abre hasta 2013), pero aun así ya es uno de los puntos más visitados de la ciudad. Ojo, porque es imprescindible la reserva previa. Se hace por internet, a través de la web oficial, y cuesta la voluntad: puedes hacer un donativo, o simplemente poner 0$ y obtener tickets gratuitos.

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Pasamos muchísimos controles de seguridad: cacheos, revisiones de mochila, arcos de seguridad… No lo recordamos con exactitud, pero al menos tuvimos que enseñar la entrada en cuatro o cinco puntos de control. Entre uno y otro pudimos ver como avanzan las obras de la One World Trade Center, el rascacielo que está siendo construido para reemplazar las torres gemelas.

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El edificio se inaugurará a finales de 2013. Aun así, pese a seguir en obras, desde el 30 de abril es reconocido como el rascacielos más alto de Nueva York (387 metros, seis más que el Empire State). Se calcula que cuando esté terminado medirá 541 metros, siendo el tercero con más altura del mundo tras el Burj Khalifca (828 metros) y las Torres Abraj al Bait (601 metros).

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Volviendo al memorial, se trata de un lugar fundamentalmente para el recuerdo y la reflexión. Al menos eso es lo que nos transmitió lo que vimos ese frío 23 de octubre (cumpleaños de Eri, dicho sea de paso). Hay varios puntos de interés, todos distribuidos alrededor de un cálido y tranquilo jardín.

Los elementos más reconocibles son dos piscinas gigantes, que, en la misma ubicación que tenían las Torres Gemelas, ocupan más o menos la misma superficie. Alrededor de ellas, en 76 placas de bronce, están inscritos los nombres de 2983 víctimas que murieron a raíz de los atentados del 11S en tres localizaciones distintas: el World Trade Center, el Pentágono y el vuelo 93 de United Airlines que se estrelló en Pensilvania (los terroristas querían atentar contra el Capitolio, pero los pasajeros consiguieron desbaratar sus planes aun a costa de sacrificar su vida). También están inscritos los nombres de los seis muertos en el atentado de 1993 en el aparcamiento de la Torre 1 del WTC. El interior de las piscinas está hecho en forma de cascada

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El interior de las piscinas también es impresionante, pues se trata de las cascadas de agua artificiales más grandes de Estados Unidos (nos suena haber oído que también del mundo, aunque no hemos podido confirmar ese dato). Y diréis, ¿por qué unas cascadas? Pues porque el estruendo de tantos millones de litros de agua cayendo constantemente hace que los ruidos de la ciudad sean imperceptibles, por lo que el memorial se convierte en un santuario perfecto para reflexionar sobre la barbarie de la raza humana.

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Da bastante pena recorrer este lugar, pues pese a que ya ha pasado más de una década el suceso sigue siendo extremadamente sensible para los americanos (hasta el punto de que vimos  a más de uno con una lagrimita). Fueron muchas las personas que murieron, pero más aun las que pudieron hacerlo, pues millones de trabajadores estaban en el World Trade Center y sus alrededores el día que ocurrió todo.

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El memorial no es solo un sitio para el recuerdo, sino también para mirar adelante. La mejor muestra de que se puede encontrar esperanza hasta en la tristeza más profunda es el Árbol Superviviente (Survivor Tree), un peral de flor que fue rescatado de entre los escombros tras décadas viviendo en el WTC. Durante unos años se trasladó a un vivero en el Bronx, para tratar de recuperarlo (allí incluso sobrevivió a un temporal que lo arrancó de la tierra). Finalmente, en diciembre de 2010 fue devuelto a su ubicación original, convirtiéndose en un símbolo de esperanza.

Más allá de descripciones, datos o recuerdos, solo podemos decir que visitar el Memorial del 11S fue una experiencia inolvidable. Todo lo que sentimos esa mañana no se nos va a olvidar nunca, y desde luego ahora entendemos esos terribles atentados de una manera totalmente distinta. Por eso mismo, creemos que fue un acierto dejar esto para el final del viaje. En los días anteriores nos fuimos enamorando de Nueva York para, al final, sentirnos parte de la ciudad a través de su experiencia reciente más traumática.

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La pena es que no fue una visita completa, pues como ya hemos dicho el museo todavía no estaba abierto. Y fue una lástima, porque estaba ya a puntito de hacerlo. Como otra mucha gente, curioseamos a ver que se veía a través de los cristales, y nos encontramos con parte de la estructura original de una de las dos torres.

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Resulta difícil escribir sobre algo como esto. A través de las fotos y de las palabras hemos tratado de acercaros a lo que sentimos ese día, pero estamos muy lejos de haberlo conseguido. Aun así, queremos terminar comparando dos imágenes: la de la barbarie y la de la esperanza. A la izquierda está el atentado del 11S, cuando el mundo se paró y mucha gente pensaba que era el fin. Sin embargo, a la derecha está la muestra de que levantarse, incluso tras un golpe tan duro, es obligatorio. El recuerdo de esa matanza nunca se olvidará, pero la vida sigue y lo mejor siempre está por venir.

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Terminamos la visita en el Centro de Visitantes temporal, el que sirve para complementar el recorrido por el memorial hasta que el museo abra sus puertas. En él encontramos una tienda, unos cuantos vídeos y algunas vitrinas con objetos relacionados con el 11S, pero poquito más. Totalmente prescindible si andáis mal de tiempo.

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Con el Memorial del 11S se terminaba todo lo que habíamos previsto visitar en este viaje. Durante diez días habíamos exprimido al máximo el tiempo para sacar lo mejor de Nueva York y de Washington, y solo podemos decir que estamos satisfechos de lo que hicimos. En una ciudad con tantas posibilidades seguro que, a ojos de otra persona, deberíamos haber hecho algunas cosas de manera distinta. Sin embargo, para nosotros fue una aventura perfecta.

Aun teníamos una horita antes de tener que volver a casa a Brooklyn a por las maletas, así que nos dimos un homenaje y fuimos a Battery Park para dar un último paseo por allí. En el paseo marítimo volvimos a ver a la misma gente de otras tardes pescando, aunque en una actitud muy distinta: tenían un montón de cañas y estaban enseñando a un colegio la pesca y los peces que hay en las aguas de Manhattan. Quizá os parezca una tontería, pero pequeños gestos como estos son los que hacen que el mundo cambie.

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Y allí estaba la Estatua de la Libertad. Diez días antes nos había recibido, con ganas de comernos la ciudad y de disfrutar al máximo de nuestra primera aventura por tierras americanas. En este caso, ponía punto y final al viaje, no diciendo “adiós” pero sí “hasta pronto”. Como ya nos ha pasado en otros sitios, nos costó mucho dar la vuelta y empezar a caminar en dirección contraria. ¿Por qué pasa el tiempo tan rápido cuando te lo estás pasando bien?

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Volvimos a nuestra casa de Brooklyn, cogimos las maletas y nos despedimos de nuestro hogar por unos días. Aunque la primera impresión no había sido muy buena, ahora la recordamos con todo el cariño. El vuelo no salía hasta las 18:00, así que pasamos por un restaurante chino que estaba en el barrio y nos cogimos comida para llevar. Por 11$ nos hicimos con dos tremendas, gigantescas y colosales bandejas de pollo con arroz y verduras, que comimos en el tren de camino al aeropuerto (teníamos más de una hora y media hasta llegar a él).

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De nuevo en Newark, la típica rutina: facturar, pasar controles, sentirte como si fueras un delicuente y ese tipo de cosas que se hacen en los aeropuertos. Al igual que nos pasó a la ida, no fueron unas medidas de seguridad tan estrictas como esperábamos.

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Sí que queremos aprovechar esta humilde plataforma para criticar el Air Train, el servicio de tren gratuito que une las diferentes terminales del aeropuerto. Es impuntual, los vagones son enanos y a veces va en dirección contraria a las indicaciones luminosas. Una experiencia para olvidar.

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Esperas, esperas y más esperas. Los aeropuertos son ese pequeño y negativo peaje que tenemos que pagar los viajeros al principio y al final de cada aventura. Por muchos recursos que llevemos (revistas, smartphones, libros, videoconsolas, portátiles y demás) siguen siendo muy pesados todos los trámites antes de volar.

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Con exquisita puntualidad salió nuestro vuelo de TAP rumbo a Lisboa, donde hicimos escala antes de llegar definitivamente a Madrid. Aunque la aeronave era más antigua que a la ida, el trayecto no fue especialmente pesado. Teníamos tanto sueño que se nos pasó bastante rápido, pues dormimos unas cuantas horas.

Queremos destacar una vez más el buen servicio que da TAP. El personal de cabina fue súper amable y las dos comidas (tanto la principal como el aperitivo de última hora) fueron deliciosas. Ya podían aprender en Iberia, que tanto se tiran el pisto de ser la aerolínea de España pero luego es la más cara y la que peor servicio da.

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Por cierto, este vuelo ha pasado a nuestra historia personal por ser el que más miedo nos ha dado con diferencia. En medio del Atlántico atravesamos una brutal tormenta (que días después se convirtió en el huracán Sandy) y el avión se movía cómo en las películas (incluyendo rayos y centellas). Por si eso fuera poco, el aterrizaje en Lisboa fue MOVIDO, muy MOVIDO.

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Pero lo que no mata te hace más fuerte, así que no vamos a seguir lamentándonos. A eso de las 5:30 de la mañana llegamos a Lisboa, donde una hora y media después salía nuestro vuelo rumbo a Madrid. La aventura estaba a puntito de terminar y el cansancio era extremo, pero aun así estábamos contentos por todo lo que habíamos vivido en los últimos días.

El trayecto Lisboa-Madrid duró poquito y transcurrió sin ninguna novedad. Era para vernos, pues los pasajeros eran un 99% ejecutivos con traje y corbata, y 1% dos viajeros que veníamos de EEUU con pinta de estar muy cansados. Ah, muy rico el desayuno que sirvieron. ¡Viva TAP!

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A las nueve y media (en España era una hora más que en Portugal) ya habíamos recogido nuestras maletas, y nos reencontramos con el padre de Edu que había venido a buscarnos. Abrazos, besos y vuelta a casa para deshacer las maletas, pues esa misma tarde Erika trabajaba.

No hace falta hacer balance de la aventura, porque en capítulos anteriores ya lo hemos ido haciendo poquito a poco. Cruzar el charco por primera vez ha sido fascinante, una de las mejores experiencias de nuestra vida. Nunca presumimos de nada, y desde luego jamás de cosas materiales, pero no queremos terminar sin antes mostrar al mundo estas dos chinchetas de nuestro mapa viajero. No sabemos lo que nos deparará la vida, pero desde luego estamos orgullosos de poder decir que hemos vivido esta aventura. Existen tantos viajes a Nueva York como personas. El nuestro había sido tal y como lo habíamos imaginado: lleno de experiencias, de cultura, de luces de neón y de situaciones que difícilmente olvidaremos.

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Además, la cosa no era para estar tristes. Tres semanas después teníamos un nuevo viaje, nada menos que ocho días recorriendo la Grecia continental. No podíamos evitar estar ñoños porque se nos hubiera pasado tan rápido la experiencia americana, pero la nueva aventura prometía ser igual de fascinante o más. 🙂

Capítulo XI – Volver a Nueva York ’12

6 pensamientos en “Nueva York ’12 – Capítulo XII: El Memorial del 11S y vuelta a casa (día 10)

    • Hola Miguel!

      Cualquier época del año es buena. Normalmente se suele recomendar el comienzo del otoño por el clima y eso, pero una ciudad como ésta siempre gusta 🙂 Un abrazo!

  1. Chapeauuuu
    Me ha encantado vuestro viaje, nosotros vamos en un par de semanas, por tercera vez ¡¡¡¡, y no nos cansamos de esa super ciudad, tenemos pensado una excursion de 1 dia a Washington. Nuestro planing es patear, patear y patear, lo que mas nos gusta es respirar el ambiente real de la ciudad, sus gentes, su forma de vida y sentirnos un poco, solo un poco, neyorquinos, Gracias por tu relato ,muy interesante. Salud y que el viento os sople de espaldas y el sol os acompañe siempre.
    jack A.

    • Hola Jack! ¡Qué chulada! ¡Por tercera vez! La verdad es que Nueva York es una ciudad increíble a la que seguramente volveremos. Un consejillo: si podéis, alargad a más días la excursión a Washington, pues nosotros nos quedamos con ganas de más.¡Saludos viajeros!

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