Nueva York ’12 – Capítulo IX – Misa gospel, Harlem, compras y Manhattan en bici (día 8)

En los viajes de una semana o más, nunca falta el clásico día de “ver cosas por los alrededores”. Solemos recopilar tres o cuatro puntos de interés que pillan a desmano y, aunque no tengan mucho que ver entre si, los apretujamos todos en una sola jornada para pasar de un solo trago inconvenientes generalmente derivados del transporte, tales como largos ratos en autobús o interminables esperas.

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En esta ocasión, teníamos previsto ir al norte, para conocer el barrio de Harlem y asistir a una misa gospel. También queríamos alquilar una bici a la tarde para pedalear un poco por Manhattan.

La primera parada que hicimos fue en la Catedral de San Juan el Divino (Cathedral of Saint John the Divine), un enorme templo del que a continuación os daremos algunos detalles más. A modo de introducción podemos decir que es el cuarto lugar de culto cristiano más grande del planeta, y que está en disputa con la Catedral Anglicana de Liverpool por ver cual es el edificio de la iglesia inglesa de mayor tamaño.

Empecemos por un poquito de Historia, aderezada con unos cuantos datos de interés. San Juan el Divino se empezó a construir en 1892 y las obras no han terminado todavía, por lo que muchos la llaman San Juan la Inacabada. También hay referencias a La Sagrada Familia de Barcelona, aunque evidentemente no es un templo tan vistoso. Un proceso de construcción tan dilatado ha hecho que la idea inicial haya variado un poquito, y el diseño neorrománico original ahora tiene muchos elementos neogóticos. Hay que destacar a su enorme rosetón, de los más grandes que hemos visto nunca y que está formado por hasta 10.000 cristales distintos.

Entrar a San Juan el Divino es gratis, aunque por todas partes veréis unas urnas en las que os pedirán un donativo de 10$. Llegar hasta allí es algo cansino, pues está en el 1047 de la Amsterdam Avenue: una avenida a la altura de la Calle 110 (incluso más al norte del final de Central Park). Por eso, es conveniente ir en Metro hasta la estación de Cathedral Pkwy (líneas A, B y C).

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Más allá de la teoría, en la práctica nos encontramos con una iglesia de dimensiones colosales. Conocemos otros templos de gran tamaño, como San Pedro del Vaticano, pero ninguno nos ha parecido tan amplio. ¿Por qué? Pues seguramente por la austeridad de la decoración. Salvo un par de mosaicos en el suelo, el resto es prácticamente roca desnuda, y eso hace que la sensación de altura y profundidad sea muchísimo mayor. Parece que nunca vas a llegar al fondo de la nave central.

Que no os extrañe verlo todo lleno de andamios, pues ya hemos dicho que la catedral sigue en construcción. Eso no impide que miles de viajeros la visiten cada día, siendo uno de los templos con más público de la ciudad de Nueva York (pese a no ser especialmente céntrica). Aunque nos gustó mucho, tampoco nos pareció una locura de bonita. En conclusión, os recomendamos visitarla si tenéis muchos días o si os pilla de paso, pero si andáis justos de tiempo esta es una de las cosas que se pueden sacrificar.

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Como era domingo, el plato fuerte del día consistía en asistir a una misa gospel. ¿Quién no ha oído hablar de este tipo de oficios? El culto gospel surgió en el siglo XVIII, cuando en las iglesias afroamericanas se empezó a incluir música y danza en las misas. Desde entonces su popularidad no ha dejado de subir, trascendiendo del ámbito meramente religioso y formando parte de la cultura popular. A su popularidad en todo el mundo han contribuido las películas de Hollywood y actrices como Whoopi Goldberg, a las cuales todo el mundo recuerda dando palmas en un coro de una iglesia. Aquí va un pequeño fragmento de la peli Sister Act 2, para ilustrar al que todavía no sepa de qué estamos hablando:

Dicho esto, la zona más indicada para acudir a una misa gospel es Harlem, puesto que allí hay varias iglesias en las que cada domingo a las 11:00 se celebran estos animados oficios. No hace falta ser cristianos para ir a verlo, ya que es un evento cultural de primer orden y resulta sumamente enriquecedor como viajeros.

Después de unas cuantas semanas buscando en internet, sopesando entre distintas iglesias, elegimos la Antioch Baptist Church. En muchos foros decían que era muy pequeñita, pero quizá la más auténtica de todas. Hay que tener en cuenta que por el barrio hay otros lugares de culto más grandes, pero en ellos todo está pensado para sacar pasta al turista: se cantan canciones famosas, se cobra entrada, hay máquinas de refrescos al lado de cada altar… Nosotros buscábamos algo mucho más espiritual.

La Antioch Baptist Church está en el número 515 de la Calle 125, por lo que la mejor forma de llegar es en Metro hasta la 125 Street Station. Como veis un poquito más abajo, se trata de una iglesia muy pequeñita, que casi puede pasar desapercibida.

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Esta iglesia está ultra-recomendada en foros y blogs de todo el mundo, por lo que también es una de las más visitadas. ¿Qué significa eso? Que si queréis entrar hay que madrugar y llegar al menos a las diez. Eso supone esperar una hora, pero de lo contrario es difícil que entréis. Os contamos nuestra experiencia.

Nosotros llegamos a las 10:30, y ya había una cola considerable. A los cinco minutos apareció un señor que trabajaba para la iglesia y avisó que a partir de un punto (muy por delante de nosotros) no aseguraban que fuese a entrar la gente. Algunos se fueron en busca de otra iglesia, así que la fila avanzó un poquito. A las once menos cuarto empezamos a entrar y volvió a salir el mismo hombre para señalar un punto a partir del cual la gente no iba a entrar. Eso hizo que muchos se fueran corriendo a por otra iglesia, pero nosotros permanecimos ya que era imposible llegar a tiempo a otra misa: era jugárnoslo todo a esa carta.

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Unos cinco minutos antes la gente ya entraba por cuenta gotas, y el hombre salió para decir que NO entraba más gente. En ese momento la mayoría de los que teníamos delante se fueron, pero nosotros decidimos permanecer… ¡Gran acierto! Todavía quedaban cinco o seis huecos, así que los que tuvimos más fe pudimos entrar.

La conclusión de todo esto es que entramos de milagro (nunca mejor dicho), por lo que lo suyo sería madrugar. El personal de la iglesia fue muy amable, tanto a la hora de conocernos (nos preguntaron de donde éramos), como a la de llevarnos a nuestro sitio… y por supuesto cuando tocó pasar un sobre con donativos. No es obligatorio dar nada, pero lo suyo es dar un mínimo de 5$ por cabeza.

La misa gospel nos gustó, fue una de las grandes experiencias del viaje, pero aun así esperábamos algo más. Quizá fue por nuestra ubicación (al principio estaban los feligreses de la zona, detrás los turistas más madrugadores y atrás del todo nosotros), por la imagen preconcebida que llevábamos o simplemente porque no nos llaman la atención este tipo de eventos religiosos, pero las sensaciones no fueron nada del otro mundo. La misa dura como dos horas, pero a mitad hay un descanso para que quien quiera se vaya (cosa que hicimos la mayoría de los turistas) y así puedan entrar otras personas. Total, que si a las 11 no podéis entrar igual os compensa esperar y pasar para la segunda parte.

No dejaban grabar nada y no hemos encontrado vídeos de esta iglesia, pero aquí tenéis una misa gospel de otro lugar de culto de Harlem:

 

Pues básicamente esa fue nuestra experiencia. No es que se trate de lo más importante dentro de un viaje a Nueva York, pero desde luego merece la pena acercarse. Más que nada porque es muy común ver misas gospel en el cine americano, y conocerles de primera mano hace que se tenga otra visión.

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A todo esto salimos con bastante hambre, pero por suerte había un Dunkin’ Donuts justo al lado. A 0.99$ la unidad nos tomamos unos cuantos roscos para desayunar, emulando a nuestro querido Homer Simpson. Dicho sea de paso, es indignante que los precios de esta cadena sean muy superiores en España que en EEUU.

Ya que estábamos por la zona, quisimos acercarnos a la Universidad de Columbia (Columbia University in the City of New York). Es una de las instituciones educativas más prestigiosas del planeta, famosa en el mundo entero por… por… ¡Por Spiderman! Entre otras muchas cosas, esta universidad es célebre por salir en la película de Spiderman (2002). En las escaleras que veis en la foto de abajo al centro es donde Peter Parker conoce a Norman Osborn. Además, en uno de los centros de investigación de Columbia es donde una araña modificada genéticamente pica a Peter, modificando su ADN y otorgándole los poderes que el convierten en Spiderman. Una bonita frikeza para terminar nuestra visita a Harlem.

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La verdad es que terminamos más pronto de lo que habíamos previsto, pero eso en Nueva York nunca es un problema. Aprovechamos que aún quedaba un rato hasta la hora de la comida, para volver al centro y terminar de una dichosa vez con las compras. En este caso fuimos al Century 21, el que quizás sea el outlet más famoso de Manhattan. Es realmente céntrico (está en el 22 de Cortlandt Street, al ladito de la Zona Cero), por lo que hay mil  maneras de llegar. Abre todos los días en un horario muy amplio, y en él se puede comprar artículos muy diversos (ropa, colonia, relojes o gafas de sol) de grandes marcas con enormes descuentos. Aquí terminamos de comprar regalos en el viaje, con unas carteras para nuestras madres y alguna que otra cosa más.

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Al estar en el centro, las posibilidades para la comida eran infinitas. Después de tantos días en Nueva York, aún no habíamos probado sus famosas pizzas al corte, así que eso es lo que decidimos comer. Por 15$ en total nos hicimos con cuatro porciones gigantes de distintos tipos de pizza (cuatro quesos, champiñones, barbacoa…), las pedimos para llevar y aprovechamos que hacía buen tiempo para devorarlas en una mesita del Zuccotti Park, uno de los mejores lugares para comer al aire libre en el extremo sur de Manhattan.

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Después de una semana usándolos a tope, ese día caducaban nuestros New York Pass. A modo de despedida, habíamos reservado esta tarde para alquilar unas bicicletas (con las tarjetas teníamos derecho a unas cuantas horas de alquiler gratuito) y conocer Manhattan desde un punto de vista totalmente distinto. Fuimos al puesto que Bike and Roll NYC Rentals and Tours tiene en Battery Park, enseñamos los New York Pass y nos hicimos con todo lo necesario para dar unas cuantas pedaladas. Nos dieron un mapita con varios itinerarios por carril-bici, aunque decidimos improvisar un poquito e ir donde nos llevase el azar (de hecho fue buena idea, ya que muchos estaban en obras y había que cambiar de dirección con relativa frecuencia).

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Durante casi dos horas volvimos a visitar zonas tan interesantes como Chinatown o TriBeCa, además de cruzar el Puente de Brooklyn haciendo uso de su carril para ciclistas. Una especie de best of del viaje que nos permitió recordar lo bien que lo habíamos pasado en Nueva York, pues lamentablemente el momento de la vuelta a casa estaba cada vez más cerca. Una advertencia: hay que ir con mucho cuidado con la bici, pues los coches no te respetan en absoluto y nos llevamos más de un sustillo.

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Podíamos haber estado más tiempo, pero después de varios días caminando decenas y decenas de kilómetros lo último que nos apetecía era darnos una paliza con la bici. Por eso, una vez visitamos algunos lugares chulos decidimos devolverlas y entregarnos a una actividad mucho más relajada: ver atardecer. Para eso Battery Park (y sus alrededores) es una de las zonas más bonitas de la ciudad. Nos sentamos en uno de los muchos banquitos de esa especie de paseo marítimo y nos pusimos a disfrutar de la tranquilidad que, en ocasiones, ofrece Nueva York.

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Antes de ponernos tiernos, una cosa curiosa. A lo largo del viaje pasamos muchas veces por esta zona, y siempre vimos a decenas de pescadores. Evidentemente no llega al nivel del Puente Gálata de Estambul, pero resulta sorprendente que a unos pasos de tantos rascacielos haya esa afición por algo tan tradicional:

Y, ahora sí, ternura y romanticismo en cantidades industriales. En muchos sitios habíamos leído que la puesta de sol en Battery Park es inolvidable, una de las más bonitas que se pueden ver. Sinceramente, desconfiábamos un poquito de esta afirmación, pues Nueva York es muchas cosas pero “bonita” no es precisamente la palabra que utilizaríamos para hablar de la ciudad. ¡Qué equivocados estábamos! El atardecer al sur de Manhattan es precioso, muy evocador y totalmente inolvidable. Poco a poco el cielo se fue tiñendo se rojo, los barquitos se fueron retirando y en nuestras mentes la idea de volver a casa cada vez se hacía más grande.

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Es innegable que la figura de la Estatua de la Libertad en medio de la bahía, con los tonos caoba propios del atardecer, es impresionante. Por más que la mirábamos no nos cansábamos de hacerlo, y nos dio muchísima pena tener que irnos de allí. Si vuestro viaje a Nueva York es en pareja, no olvidéis pasaros por Battery Park para ver atardecer. Avisados quedáis.

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Una vez se hizo de noche, nos fuimos a casa. Al día siguiente haríamos una excursión a Washington, lo cual suponía levantarnos a las 4:40 de la madrugada. ¡Qué sueño nos entraba sólo de pensarlo!

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