Norte de Alicante ’10 – Capítulo III: Benidoleig, el campamento base (varios días)

Las vacaciones de 2010 con la familia estuvieron centradas en el norte de Alicante. Como de costumbre en los últimos viajes veraniegos, nuestro campamento base no estaba ubicado en el típico sitio atestado de gente: buscamos un lugar tranquilo y agradable desde el que poder movernos por los principales atractivos de la zona, y en este caso nuestro cuartel general fue fijado en el pequeño pueblo de Benidoleig.

Alicante 02Nos alojamos en una casona del s. XVIII reformada para ofrecer todas las comodidades, en la que sobraba sitio para los seis que íbamos. La alquilamos, como ya hemos dicho en la Información práctica, a nuestros amigos Asun y Ricardo a través de su web Tu piso en Denia. Una casa baratísima, preciosa y el trato más agradable que se pueda esperar.

¿Qué se puede decir en unas pocas líneas? Pues que la disfrutamos al máximo. Quizá lo que más nos gustó de la casa fue su azotea, donde además de tener todo lo necesario para hacer barbacoas (más de una costillada nos metimos entre pecho y espalda) era el sitio en el que más fresquito se estaba. A la vez, las vistas al Valle de Vergel (también conocido como Valle de Retoría) desde allí eran impresionantes: rodeado de montañas, como si fuera un anfiteatro, era especialmente bonito al atardecer. Aquí abajo tenéis un montaje que hemos hecho juntando varias fotos. Os pedimos perdón ya que no está muy bien hecho, pero ya sabéis que todavía somos unos aprendices con el Photoshop.

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Otra cosa que nos encantó fue la gastronomía, de la cual habrá muestras en nuestra sección Recetas del mundo. Evidentemente dimos cuenta de más de una paella en sus múltiples variantes, pero también nos hicimos muy asiduos de una desconocida hasta la fecha para nosotros: la coca. Este plato es algo así como el primo de la pizza, pues es bastante parecido aunque con un toque que lo diferencia. Se puede encontrar en dulce o en salado, y nosotros las comprábamos por 2€ en una panadería del pueblo. Junto a la gastronomía típica de la zona también hicimos más de una barbacoa en la azotea de la casa, por lo que mal no comimos en esos quince días.

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Pese a estar en la costa levantina española, el clima de Benidoleig no es tan sofocante como cabría esperar. Hay más humedad que en Madrid, sí, pero a partir del segundo día uno se acostumbra. En primer lugar, porque el pueblo está en un pico que asoma más de 40 km al Mediterráneo. También hay que destacar que en su ya de por sí privilegiada ubicación también está en una posición destacada, pues su cercanía a las montañas hace que refresque un poco por la noche.

Alicante 07Además, dentro del propio pueblo está ubicado en una calle con corriente en la cual era una delicia sacarse unas sillas a la noche para estar al fresquito. Vamos, que la ubicación es de lo bueno lo mejor y de lo mejor lo superior, como diría aquel. El punto negativo, como ya hemos dicho, es la humedad, aunque nada que un ventilador no solucione.

Pero bueno… ¡Basta ya de hablar de nosotros! Benidoleig, aparte de ser el sitio en el que teníamos nuestro campamento base, también es un pueblo que merece ser visitado. Quizá no tenga muchos atractivos concretos, pero su pequeño trazado urbano es muy bonito y representa a la perfección a los pueblos de la zona. El edificio más destacado es la Iglesia parroquial de la Sangre de Cristo, aunque también hay que prestar atención a su moderno Ayuntamiento y a la plaza que lo rodea. Por otro lado, es interesante como el pueblo rinde homenaje a su historia, pues nos topamos con un mural recordando a uno de sus personajes históricos y con una casa que ha integrado en su perímetro los restos de un antiguo molino. De un modo o de otro, era el lugar idóneo por el que pasear tras una copiosa comida.

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Sin embargo, el principal atractivo turístico de Benidoleig es la Cueva de las Calaveras (en valenciano, Cova de les Calaveres). Está algo alejada del centro urbano (se llega yendo por la carretera hacia Pedreguer, en la ladera norte del monte Segili y junto al río Girona), pero a pesar de eso es un auténtico orgullo para los benidolejanos: todos los vecinos con los que nos cruzamos en el pueblo nos recomendaron ir allí.

Alicante 12Ir hasta la cueva no tiene pérdida, ya que está anunciado por doquier. Al llegar hay una especie de restaurante en la que comprar los tíckets (3.50€ por persona) y una tiendecita con precios para guiris. Y es que, en realidad, desde el punto de vista turístico el sitio está planteado de la peor manera posible, más o menos como en la Ciudad Encantada.

Dicho de otro modo, no se trata bien ni a los visitantes ni al propio enclave. Se paga la entrada y no dan ni un mapa ni nada parecido (sólo un folleto más publicitario que informativo), y luego lo de la cueva merece una explicación aparte. Sobre ella habíamos leído que está “urbanizada”, no musealizada ni nada parecido, lo cual nos dio muy mala espina: la función turística ha primado, quizá por su temprana explotación como recurso para atraer gente, sobre la conservación. Así, aquí y allá se ven enchufes, luces, el suelo está pavimentado… vamos, que nadie espere hacer nada parecido a una expedición espeleológica por una cueva virgen.

Alicante 13Desde que se urbanizó, a comienzos de los años 60 del siglo XX, da la sensación de que no ha cambiado en absoluto. Los paneles tienen información bastante antigua (en temas prehistóricos están totalmente desfasados), y salvo unos monitores a la entrada que ponen el toque tecnológico apenas se han empleado recursos audiovisuales.

Eso sí, la belleza natural de esta cueva está fuera de toda duda. Aunque nos gusta mucho no somos ningunos expertos en el tema, pero la hora que duró el recorrido fue un regalo para los sentidos. Merecen ser destacadas estancias concretas de la cueva, como la Sala de la Campana (en la que una enorme mole calcárea está acompañada de infinidad de estalactitas y estalagmitas) o la Sala del Clot Blau (en la cual antiguamente había un estanque de agua con tonos azules).

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Al margen de su interés desde el punto de vista geológico, la cueva tiene importancia porque en ella ha quedado reflejada una amplia cronología de la historia de nuestro planeta a través de miles de pequeños fósiles adheridos a sus paredes. Además, ha sido poblada desde tiempos paleolíticos, lo cual ha dejado evidencias en un gran osario y en algunos restos de hábitat. Por si no queda claro, se ha tratado de reproducir una familia prehistórica. Hay que decir que la Cueva de las Calaveras tiene muchas leyendas a sus espaldas, pues en el siglo XVIII hubo una expedición que encontró una decena de restos humanos que fueron atribuidos a los antiguos pobladores musulmanes del entorno. En seguida surgieron leyendas sobre reyes moros, tesoros, harenes y el Cid Campeador.

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También nos gustó especialmente el tramo final de la cueva. A pesar de que ha sido visitada desde siempre su última parte no es accesible, ya que tiene una gran corriente de agua. Sin embargo, llegar hasta el límite y escuchar la fuerza del agua impresiona. También comprobamos que en una de las formaciones pétreas se ha establecido la costumbre de tirar moneditas, cosa que jamás comprenderemos.

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Pues hasta aquí llega el capítulo en el que os contamos todo lo que hicimos en Benidoleig. En los próximos relatos podréis ver las distintas excursiones que hicimos a lo largo de nuestras vacaciones en el norte de Alicante.

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