Navarra ’09 – Capítulo VI: Sangüesa, Castillo de Javier, Monasterio de Leyre y Foz de Lumbier (Día 5)

Después del merecido día de descanso, retomamos nuestro espíritu viajero al máximo con una excursión por la parte este de Navarra. Fuimos tan al este que nos “pasamos” y acabamos en la Provincia de Zaragoza viendo el precioso pueblo de Sos del Rey Católico. Sin embargo, es un lugar muy pequeño, y el día era largo, por lo que tras esa visita volvimos a nuestra querida Comunidad Foral para ir a ver Sangüesa Zangoza. Este pueblo de unos 5000 habitantes es una visita obligada por algunos edificios concretos, aunque no por conjunto: en líneas generales no nos gustó demasiado, y durante todo el día hubo un mal olor proveniente del río que daba bastante asco. El hecho de que no nos gustase mucho Sangüesa como conjunto quizá se deba a que veníamos de Sos, que es una preciosidad y que sin embargo no tiene un edificio especialmente destacado.

Así, una vez aparcamos -no hay muchos problemas para hacerlo en la zona más céntrica- fuimos a la Oficina de Turismo, al lado de la cual está el principal activo turístico del pueblo: la Iglesia de Santa María la Real. El edificio siempre ha sido importante por su posición junto a un puente sobre el río Aragón, desde el siglo XI (cuando solo era un palacio) hasta las guerras del siglo XIX. Está muy reformado, pero lo que destaca es su portada, a la cual muchos expertos señalan como una de las más importantes del románico en España. Prácticamente toda está dedicada al Juicio Final, pero hay infinidad de detalles que dejan con la boca abierta.

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La visita al interior es bastante extraña. Hay que ir a una tienda de regalos que está enfrente de la iglesia, buscar a la dueña y pagarla para que te abra la iglesia. Luego, cuando terminas de verla, tienes que ir a avisarla para que cierre de nuevo la puerta. Un poco extraño, pero la verdad es que se ve muy a gusto el interior sin nadie que te impida sacar fotos y pudiendo ir de un lado a otro. Te dan un folleto, eso sí, mediante el cual se puede hacer una visita muy interesante por todas las capillas y viendo hasta el último detalle. Del interior destaca una impresionante custodia procesional hecha en plata en el siglo XV, a la cual le gusta viajar casi tanto como a nosotros: ha participado en exposiciones en Sevilla, Madrid, Pamplona…

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Navarra 157La Iglesia de Santa María la Real es, como ya hemos dicho, el principal atractivo turístico de Sangüesa, por lo que entre que ya habíamos visto lo más bonito, que no hacía del todo bueno y que olía fatal por culpa del río el resto de la visita no nos dejó muy buena impresión. De todas formas, es innegable la belleza de otros edificios al margen de la iglesia, como el Palacio de Ongay – Vallesantoro (anda que no costó encontrarlo, porque en el plano de la Oficina de Turismo está mal indicado), que hoy es la Casa de Cultura del pueblo.

Por cierto, desde allí hay acceso a dos ordenadores con Internet gratis, por lo que es un buen lugar si alguien necesita comunicarse. Lo más importante del edificio, aparte de eso, es la fachada y el alero de madera, uno de los más importantes de la Comunidad Foral.

Y es que, cuando ya se tuerce el día, es difícil llevarse una buena impresión. Veamos un ejemplo: la Iglesia de San Salvador, ahora que vemos las fotos en casa, nos parece preciosa, pero in situ no nos pareció nada del otro mundo porque la vimos con cara de asco (el mal olor no es buen compañero de viaje, y el río nos acompañaba en esta parte de la visita muy de cerca).

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Subiendo por la Calle Enrique de Labrit, que sale desde la misma Iglesia de San Salvador, se llega al Palacio de los Íñiguez de Medrano, un edificio señorial con entrada barroca que ha resistido el paso del tiempo de manera formidable, reformas aparte. Muy cerquita está el Convento de Nuestra Señora del Carmen, del siglo XV. En la primera planta del claustro está en la actualidad la Escuela de Música Juan Francés de Iribarren, de reconocido prestigio. La última visita en esta parte de Sangüesa es el Portal de Carajeas, un conjunto de restos arquitectónicos de lo que antiguamente era el acceso a la villa.

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Por cierto, si alguien lee esto y luego hace la visita siguiendo el plano de la Oficina de Turismo ha de saber que nosotros fuimos siguiendo el recorrido a la inversa, más que nada por culpa de tratar de encontrar la Casa de Cultura que estaba mal señalizada. En cualquier caso, después del Portal de Carajeas fuimos a ver la Iglesia de Santiago, el edificio quizá más destacado tras la Iglesia de Santa María la Real. Es uno de esos templos empezados en estilo románico y acabado en gótico que nunca dejan de ser reformados. La última adquisición fue poner en la portada una estatua de piedra del apóstol Santiago que se descubrió en 1965 bajo el suelo de la propia iglesia.

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Navarra 166En Navarra todos los pueblos tienen unas calles y plazas recurrentes, como en este caso: la Plaza de los Fueros. Todo lugar que visitamos tenía una plaza con ese nombre, al igual que en Madrid nunca falta una en reconocimiento a Daoiz y Velarde, los héroes del 2 de Mayo. En esta plaza encontramos el Convento de San Francisco de Asís, que empezó a funcionar en 1266 en honor al popular santo.

Y desde ahí todo fue bajar la Calle Mayor, que como suele ocurrir era uno de los lugares más bonitos del pueblo. Otro dato práctico: la calle está llena de cajeros automáticos -teníamos que sacar dinero, que íbamos con 2€ en la cartera-, así que si buscáis uno id allí. Entre los lugares de interés de la calle están el Palacio de Añués, el Palacio de los Íñiguez-Abarca y la Casa Consistorial, cuya galería porticada de cuatro ojos es lo más destacado. Así, volvemos a lo que ya hemos dicho un par de veces: Sangüesa no nos gustó del todo. Cuidado, que nadie se piense que es un lugar feo, pues tiene mucho encanto. Sin embargo, de todo lo que vimos en Navarra quizá sea lo que menos nos llamó la atención.

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Navarra 169La última imagen que nos llevamos de Sangüesa fue la del Palacio del Príncipe de Viana, un edificio gótico en el cual vivió el popular Príncipe de Viana, uno de los personajes más determinantes en la Historia de Navarra. Por eso, el edificio también es conocido como Palacio Real, nombre acertado ya que el edificio recuerda que un tiempo atrás la corte de los reyes navarros estuvo en Sangüesa.

Tras la visita a Sangüesa era ya casi la hora de comer, y nosotros nos habíamos traído la comida del camping. Como según el folleto que nos habían dado lo siguiente que íbamos a ver no habría hasta dos horas después, decidimos montarnos en el coche e ir hacia allá. Nuestra idea era buscar un merendero, pero hacía viento y frío y decidimos comer dentro del coche.

Navarra 170Nuestro destino era el Castillo de Javier, uno de los lugares más representativos de Navarra no solo por su belleza en sí, sino por determinados hechos históricos -como que en él vivió San Francisco Javier– o por las populares Javieradas, una peregrinación que año a año congrega a miles de personas entorno al castillo.

El edificio es sencillamente el paradigma de los castillos, lo que todo el mundo imagina al pensar en un edificio de este tipo: muralla, foso, almenas, torre de homenaje, puente levadizo… Quizá esa apariencia sea lo que hace que el Castillo de Javier tenga tanto tirón entre los turistas. Sin embargo, hay que tener en cuenta la trayectoria histórica de Javier, pues aunque el enclave data del siglo X, en el siglo XVI fue desmochado (algo que ya hemos visto en otros edificios, como la Casa-Torre de Balda en Azkoitia) y en el XIX no era más que un caserón en ruinas. Por eso cuando los dueños decidieron reconstruirlo lo hicieron siguiendo unos patrones románticos e idealizados que han dado lugar a un castillo precioso aunque no necesariamente inspirado en la construcción original.

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El interior del castillo, aparte de un recorrido por las diferentes estancias, ofrece una serie de exposiciones dedicadas a la vida de San Francisco Javier desde varios puntos de vista: desde los doce dioramas que López Furió creó en 1967 recreando la vida del santo hasta unos kakemonos del siglo XIX que muestran la idea que tenían los orientales del misionero navarro. Después de haber visitado otros castillos muy representativos, como el Castillo de Gravensteen en Gante o el “Castillo de Drácula” en Bran, pensamos que lo mejor suele ser el exterior, y que todas las exposiciones del interior podrían ofrecer más de lo que suele exponerse.

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Navarra 175La estancia que más nos llamó la atención y que es una de las joyas del castillo es la Capilla del Cristo, un pequeño lugar de culto que contiene unos extraños frescos del siglo XV que representan la muerte. Además, todo está presidido por una figura del siglo XIII que muestra a Cristo sonriente, algo para nada frecuente.

La visita al castillo dura aproximadamente una hora y media, pero no es lo único que hay que hacer en la zona. Justo al lado, añadida a uno de los laterales del castillo, está la Basílica de San Francisco Javier construida en el paso del siglo XIX al XX por el arquitecto Ángel Goicoechea. Estilísticamente responde a las corrientes neo de inicios del siglo pasado, en este caso es neorrománico. El interior impresiona, pero el hecho de saber que las piedras han sido puestas hace dos días le quita mucho encanto a todo.

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Al lado del castillo y de la basílica está la Parroquia y Abadía de San Francisco Javier, otro edificio de interés aunque poco destacable por estar en contraste con dos edificios de tan alta factura. Muy cerquita hay un enorme mural dedicado al santo, que saluda y despide a todos los viajeros que van a parar a uno de los castillos más visitados de la Península Ibérica.

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Navarra 180El recorrido por el Castillo de Javier fue interesantísimo, pero aun nos quedaban dos cosas por ver. La primera de ellas era el Monasterio de Leyre, a unos pocos kilómetros del castillo. El edificio está en una balconada de la Sierra de Errando, y la subida es por una carretera casi tan chunga como la del Cerco de Artajona.

La visita a Leyre es obligatoriamente guiada, y se hace en grupos que van saliendo periódicamente durante todo el día. Nosotros llegamos y justo acababa de empezar, pero nos pudimos enrolar en el grupo tras pagar la entrada y comprar un pequeño folleto explicativo (todo en total fue 5€ entre los dos, ya podían haber dado el tríptico gratis).

Lo dicho, no quedó otra que meterse en la visita guiada. La primera estancia que se visita es la cripta del siglo XII, de estilo románico. Da un poco de angustia estar en el interior, pues el techo no es muy alto y las columnas son enormes y desiguales. Cada capitel es de su padre y de su madre, y según nos dijeron tuvieron que dividir la nave principal en dos a mitad del proceso de construcción porque habían calculado mal los pesos. Es una pena hacer la visita con tanta gente, pues hay que esperar mucho para poder hacerse una foto, siempre hay mucho ruido y encima nadie se corta a la hora de utilizar el flash (además la guía no dice nada de nada).

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Navarra 184De la cripta se sale por un pasaje conocido como Túnel de San Virila, dedicado a un antiguo abad del Monasterio de Leyre. Este abad tiene a sus espaldas una historia muy curiosa que tenéis justo abajo en forma de poema. El túnel en sí es precioso, pero agobiaba un poco por la cantidad de gente que éramos en el grupo. De todas formas en este punto hay que dar las gracias a la guía, pues sus explicaciones -salvo algún que otro error histórico- fueron de lo más interesantes. Vamos, que fue una visita guiada por obligación pero al final no estuvo tan mal.

Leyenda de San Virila
Hace muchos años vivió en Leyre un buen monje que llegó a ser abad. Virila pasaba el tiempo meditando en el misterio de la eternidad: “Mil años en tu presencia, Señor, son como el día de ayer que ya se va”.Paseando por la cercana montaña llegó a una fuente para su sed calmar y mientras un ruiseñor cantaba, en éxtasis entró por su trinar. El trance duró 300 años y un minuto le pareció al despertar. Volvió al templo preocupado porque no llegaba a tiempo de rezar, pero todo había cambiado: bosques, templo y comunidad. Pensaron que estaba loco cuando decía ser Virila, el abad.En los rezos de la tarde llegaría, por fin, la verdad. Con estruendo se abrió el techo y la voz de Dios pudieron escuchar: “¿Qué es mejor amigo, mi presencia eterna o 300 años en éxtasis por un trinar?”. Virila comprendió el mensaje que enviaba la divinidad. Un ruiseñor entró volando, portaba el anillo abacial. El monje ocupó de nuevo el cargo que tenía cuando fue a pasear.
Navarra 185Después de haber conocido la leyenda de San Virila proseguimos nuestro camino a través de una puerta perteneciente al monasterio antiguo (a pesar de que se conoce como Monasterio de Leyre, en realidad lo que se visita es un conjunto formado por el monasterio, la iglesia, una hospedería y algunas cosas más) en estilo románico primitivo. Es tan primitivo que los arcos son totalmente irregulares y la técnica constructiva fue calificada por la guía turística como “experimental”. Nuevamente hay que hablar de la terrible masificación de la visita: ¡¡Lo que nos costó hacer esta foto sin un montón de gente en medio!!

La puerta conducía a la Iglesia de los siglos XI-XIV. El interior es simple y llanamente espectacular. La visita se dividió en dos partes: la primera, con la guía hablando; y la segunda, en la que nos movíamos con libertad. Obviamente, lo más divertido fue lo segundo, pues pudimos acercarnos a ver la imagen de Santa María de Leyre que está en la cabecera románica e investigar hasta el último detalle. Después de dar una vuelta, nos dimos cuenta de que lo mejor estaba en el techo, pues la pedazo de bóveda gótica de 14 metros de ancho es de lo mejor que vimos en este viaje, y eso que esta frase la hemos utilizado ya varias veces.

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Una de las partes que más nos gustaron y que merece mención especial es el panteón de los reyes de Navarra. Se trata de un pequeño espacio protegido por una verja del siglo XIV que contiene los restos de los primeros reyes navarros, desde Sancho Garcés hasta García Sánchez IV el Trémulo. Los restos estuvieron siempre en Leyre, pero a comienzos del siglo XX se “reunieron” en este lugar.

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Navarra 191La última parte de la visita se hace ya fuera del edificio, pero no por ello es menos importante. Hablamos de la Porta Speciosa, un precioso pórtico del siglo XII que según nos dijo la guía representa lo mejor del arte del Camino de Santiago. A estas alturas ya éramos unos expertos, y la verdad es que la portada sigue un estilo similar a lo que vimos en otros lugares como la Iglesia de Santo Sepulcro de Estella. Después de una horita de visita el Monasterio de Leyre no tenía nada más que dar, pero habíamos quedado encantados. Eso sí, ya empezaba a aflorar el cansancio.

Navarra 192Por cierto, a pesar de la innegable belleza arquitectónica del Monasterio de Leyre no hay que pasar por alto el esplendor del medio natural en el que se encuentra. Todo está verde, y entre los montes y el pequeño Pantano de Yesa todo tiene un aspecto paradisíaco. Eso sí, nada como nuestro querido Pantano de Alloz, que ya era a estas alturas como nuestra segunda casa.

Y hablando de medio natural, la última para de este agotador día nada tenía que ver con medievales ni romanos. Fuimos a ver la Foz de Lumbier, uno de esos lugares increíbles que ha moldeado la naturaleza con el paso de los siglos. Es un sitio muy tranquilo en el que se deja el coche en un aparcamiento vigilado por 2.5 € y en el que se pueden hacer dos recorridos: el corto, de 2.6 kilómetros, y el largo, de algo más de el doble. Durante el recorrido no hay mucho desnivel, y se puede ver gente constantemente: nosotros en concreto nos cruzamos con unas niñas pequeñas que iban corriendo en bici y detrás a un padre que nos suplicó que nunca tuviéramos hijos. ¡Vaya cara de sufrimiento llevaba el pobre! Volviendo al recorrido, nosotros hicimos el corto, que dura más o menos una hora y media, en el cual se va y se vuelve por el mismo sitio. Sin embargo, es como hacer dos recorridos distintos, que las rocas cambian totalmente según desde donde se miren y hay muchos elementos dinámicos como el río o las aves que dan mucha vidilla.

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Navarra 195Bueno, antes hemos dicho una mentirijilla: aunque el lugar está moldeado por la naturaleza, lo cierto es que el camino por el que van los turistas es en realidad el recorrido que siguió el tren Irati a comienzos de siglo, el primer tren eléctrico de la Península Ibérica. Para poder pasar por allí, se excavaron unos túneles en la roca que ahora se atraviesan andando y que por cierto dan mucho miedo, pues no están iluminados. Nosotros fuimos dando tumbos con la luz del móvil, pero como son túneles largos (y encima el segundo hace curva) no vimos nada y fuimos bien agarraditos.

Visitar la Foz de Lumbier fue todo un acierto. A pesar de que todo lo que estábamos viendo nos parecía increíble, nunca está de más romper un poco con la “rutina”, y esta visita es toda una cura de humildad como seres humanos, pues aunque seamos capaces de levantar los más bellos edificios la naturaleza siempre parece ir por delante. Es divertidísimo ir parándose y ver las distintas formas de las rocas, es algo parecido a la Ciudad Encantada de la provincia de Cuenca.

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El río Irati baja con mucha fuerza, y hay rocas totalmente pulidas por el paso del tiempo. Como estamos en plena forma y vamos sin niños, salimos del camino por una cuesta y bajamos hasta el propio río saltando entre roca y roca, y es impresionante estar al lado y simplemente pararse a escuchar.

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El llamado “camino corto” de la Foz de Lumbier llega hasta el Puente del Diablo o de Jesús. Es una construcción del siglo XVI que fue volada por los franceses durante la Guerra de Independencia. Verla no es nada fácil: hay que seguir un camino escarpado y cerca de un precipicio (hay un cartel que te lo avisa antes, pero en vez de eso podían haber puesto vallas) y desde arriba no hay mucha perspectiva (se ve mejor desde abajo, aunque hay que bajar al borde del río y también es un poquillo peligroso). Por cierto, aunque la explicación histórica al estado del puente está más que constatada, hay también una leyenda sobre su origen.

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Leyenda del Puente del Diablo o de Jesús
A las afueras de Liédana vivía, en un castillo, la princesa Magdalena, que un día cayó gravemente enferma. Una de sus criadas, Cliastela, decidió recoger las aguas de la fuente de Liskar para sanarla, pero al llegar a la boca de la foz descubrió que el barquero que tenía que llevarla al otro lado no estaba. Desesperada, preguntó en voz alta cómo era posible que no hubiera un puente entre los dos lados. Apareció entonces el diablo, que le propuso la construcción del puente antes de que llegase el amanecer a cambio  de su alma. La criada aceptó, y el diablo, finalmente, no pudo completar la obra a tiempo, perdiendo su apuesta con Cliastela.

Por cierto, aparte de todo lo que hemos dicho hay otro motivo por el que visitar la Foz de Lumbier que no hemos mencionado hasta ahora: la posibilidad de practicar la observación de aves. Durante todo el recorrido es frecuente ver todo tipo de rapaces, y aunque no somos unos expertos parecían águilas y milanos. Es interesante pararse con calma -había algunos que iban con prismáticos- y prestar atención, pues entre las rocas están escondidos los nidos de las rapaces. Es como una especie de Monfragüe en pequeñito.

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Otra actividad divertida es tratar de fotografiar las aves al vuelo, algo no del todo sencillo. Nosotros estuvimos todo el rato y no conseguimos hacer ninguna foto decente, aunque la cámara era nueva y tampoco sabíamos utilizarla del todo. En cualquier caso, la tarde estaba ya terminándose y no queríamos perder mucho tiempo con eso.

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Y por fin, tras otro día maratoniano, cogimos el coche y nos dirigimos a nuestro querido camping. Ahora tocaba descansar, pues al día siguiente también queríamos hacer excursiones y había que coger fuerzas.

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