Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo XI: Good bye, Lenin! (Día 9)

Se acabó, que penita, qué rápido pasa el tiempo… Es difícil empezar el último capítulo de un diario de viaje de una manera distinta, y más aún teniendo en cuenta que a pesar de ser un viaje relativamente largo se nos había pasado rapidísimo. Sin embargo, no nos levantamos con pena sino con ganas de aprovechar al máximo nuestras últimas horas en Rusia. Desayunamos, terminamos de hacer la maleta y lo dejamos todo listo para tener la mañana libre, ir a casa a comer y de ahí al aeropuerto.

Rusia 439En realidad no nos habíamos planteado nada nuevo para este último día, tan sólo habíamos pensado en ir a dar una última vuelta por la Plaza Roja, que ya casi sin obras lucía mejor que nunca. Por cierto, aunque en todas nuestras fotos aparezca solazo la imagen más típica de la plaza es con nieve. También es típico verla llena de gente en fin de año, pues es donde acuden los moscovitas a celebrarlo.

De repente, cuando estábamos dando una vuelta por la plaza Erika se dio cuenta de un detalle muy importante: ¡Había gente entrando en el Mausoleo de Lenin! No pensábamos que fuera posible pasar, ya que algunos amigos que habían estado en Moscú semanas atrás no habían podido y durante todo el viaje no lo habíamos visto abierto ni una sola vez. ¿Tendría preparado Moscú una última sorpresa para nosotros?

Antes de seguir, información práctica sobre cómo ir a ver la momia de Lenin. Esto solo son datos a nivel teórico, ya que como habéis visto el mausoleo puede estar cerrado en cualquier momento. Se supone que abre martes, miércoles, jueves, sábados y domingos de 10:00 a 13:00. Para llegar al lugar por el que se accede hay que salir de la Plaza Roja por la derecha del Museo Estatal de Historia, franquear las Puertas Voskresensky y seguir bordeando el museo hasta que veamos una cola como en la foto de abajo a la derecha. Pasar es gratis y se visita tanto el interior del Mausoleo de Lenin como un importante cementerio, pero un dato importante: no se puede pasar con cámaras de fotos, móviles ni ningún aparato electrónico. Esto no es un problema, ya que justo antes de entrar (una vez se ha pasado un primer control) hay una tienda en la que se puede dejar todo. Te cobran por cada artículo, aunque también se pueden dejar mochilas: por tanto, meted todo en una única bolsa y tan sólo tendréis que pagar 40 rublos que es lo que nos costó a nosotros.

Aunque ya estábamos en la cola no queríamos cantar victoria, sabiendo que los rusos podían cerrar en cualquier momento sin motivo alguno. Además, mientras esperábamos apareció un señor que nos ofreció saltarnos la fila (según él nos quedaban dos horas de espera) a cambio de 400 rublos cada uno. Evidentemente no aceptamos, y aunque en efecto tenía la capacidad de colar la gente (vimos como un americano le pagó y no tuvo que esperar, con lo que estaría conchabado con los policías) la espera no fue más allá de media hora. Mientras esperábamos nuestro turno hablamos con un chico con el que hicimos la visita: un sudamericano que vive en Canadá y que estaba de viaje en solitario por Europa. Hicimos buenas migas y dejamos las cosas en la misma mochila para pagar los rublos a medias.

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Tras haber esperado un rato en la cola, dejado todo lo que oliese a tecnología en una taquilla y pasado dos controles por fin teníamos vía libre para visitar el Mausoleo de Lenin. A cada paso que dábamos se nos aceleraba el corazón, pues éramos consciente de que estábamos ante un momento único y que probablemente no se pueda repetir. Al llegar al pequeño edificio nos miramos y sonreímos, sabiendo que con esto poníamos un excelente broche de oro al viaje por Moscú y San Petersburgo.

Tras franquear una puerta en la que nos recibió un guardia silencioso, recorrimos varios pasillos en la más absoluta oscuridad. El silencio era total, y en cuanto Eri hizo un ademán de comentar algo uno de los muchos guardias presentes le hizo un gesto de silencio. Y por fin, el gran momento: después de otro pasillo llegamos a la sala central del mausoleo, en la que reposa la momia de Lenin. Como no teníamos a nadie delante aquí aflojamos el paso, y extendimos el tiempo frente al líder bolchevique todo lo que pudimos. Es difícil describir la sensación de estar frente a él: pensábamos que el cuerpo nos iba a impresionar más, pero poco o nada le queda de humano. Tiene un aspecto extraño, como tirando a plástico (entiéndase no como una falta de respeto, sino como una descripción pura y dura de lo que vimos). Quizá lo más llamativo de todo es la parafernalia que lo rodea: la completa oscuridad, el silencio, los pasillos, los guardias atentos a cada uno de tus movimientos, la iluminación del cuerpo semi-inclinado…

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Para qué engañarnos: ha sido uno de los momentos viajeros más intensos que hemos vivido. Es difícil describir con palabras las sensaciones de curiosidad, miedo o extrañeza que experimentamos a cada paso en el interior del mausoleo. También gozamos de cierta satisfacción, la verdad, pues habíamos descartado poder entrar aquí por lo visto en días precedentes y al final pudimos cumplir con nuestro objetivo.

Antes y después de entrar al mausoleo se recorren sendos corredores en los que están dispuestas varias tumbas de personajes de la Nomenklatura: las élites políticas de la URSS. Hay quien habla de gerontocracia, ya que especialmente en los últimos años del sistema comunista el poder estaba tan enquistado que los máximos dirigentes tenían una media de edad muy superior a los 80 años. Aquí se hayan enterradas varias personalidades clave de lo que antiguamente era otro mundo distinto al occidental: los líderes del PCUS (y por ende de la URSS) Chernenko, Androkov y Breznev; el astronauta Gagarin; el estadounidense John Reed… En esta lista teóricamente debería estar Kruschev, otro dirigente de la URSS, pero su sucesor Breznev no le consideró digno de estar aquí por ser el principal impulsor de la desestalinización. Total, que si recordáis relatos anteriores a Kruschev le vimos enterrado días atrás en el Cementerio de Novodevichi.

Pero sin lugar a dudas, la tumba que destaca por encima del resto es la de Stalin. A su muerte, en 1953, fue convertido en momia y ubicado dentro del mausoleo junto a Lenin. ¿Os imagináis lo que tuvo que ser ese periodo de ocho años en el que se hallaban mano a mano las momias de Lenin y Stalin? Hay pocas fotos, pero todas ellas muy reveladoras.

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Rusia 442Sin embargo, el ya citado Kruschev decidió retirar de allí a Stalin en 1961 y enterrarlo donde está ahora. Reconocimos su tumba al pasar junto a ella por el busto, ya que el nombre está tapado por decenas de rosas rojas. Por cierto, esta tumba se puede ver de lejos aunque el mausoleo esté cerrado. Según se mira de frente a él está en el lado izquierdo.

Rusia 443En definitiva, poder entrar al Mausoleo de Lenin es algo que cambió el viaje por completo. A pesar de ser una visita que duró unos pocos minutos en ella pudimos sentir muy de cerca lo poco (o mucho) que queda vivo de la extinta URSS. La gran parafernalia que rodea todo es una magnífica expresión de las diferencias que existieron entre un lado y otro del antiguo Telón de Acero.

Al salir fuimos a recuperar nuestra mochila de la tienda en la que la habíamos tenido que dejar, nos despedimos del chico con el que habíamos entrado al mausoleo y nos dispusimos a dar un último paseo por la Plaza Roja. Ésta sí que sí era la última vez que íbamos a caminar por este lugar en el viaje, y devoramos con los ojos cada uno de los edificios: el Museo Estatal de Historia, la Catedral de San Basilio, los almacenes GUM… Hacía un día espectacular, el mejor de todos con diferencia, y aunque muchos amigos aun no nos creen dijimos adiós (mejor dicho, hasta la próxima) a la Plaza Roja vestidos en manga corta.

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Por último, esperamos a que fueran las doce en punto para ir a ver el cambio de guardia que se hace cada hora junto a la llama eterna de la Tumba del Soldado Desconocido (Могила Неизвестного Солдата) que hay en los Jardines Alexandrovsky. No es algo tan pomposo como el cambio de guardia de Buckingham Palace, pues dura poco más de dos minutos. Sin embargo, también tiene su interés verlo y es una ceremonia que hay que contemplar obligatoriamente si se está en los alrededores a una hora en punto.

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Rusia 449Aunque en principio ese acto iba a ser nuestra última imagen de Moscú antes de volver a casa con la familia, no pudimos evitar asomarnos una última vez a la Plaza Roja. Era el típico lugar del que esperábamos muchísimo, y frecuentemente las grandes expectativas se traducen en una pequeña decepción. Pues aquí nada de eso: esta enorme plaza nos ha parecido un lugar excepcional, de los más bonitos que hemos visitado en nuestra vida y al cual algún día volveremos. Nos gustaría verla nevada, aunque tampoco nos quejamos del buen tiempo que nos ha hecho en el viaje.

Rusia 450Tras ese último vistazo volvimos a casa, donde nos esperaba la familia. Junto a ellos devoramos una enorme fabada (típica comida rusa, como podéis observar en la foto), cerramos la maleta y fuimos a la estación de Paveletskaya. Allí había empezado todo hace más de una semana, y allí nos despedíamos de ellos rumbo al aeropuerto de Domodedovo.

Nuestro vuelo salía a las 18:05, pero los aeropuertos rusos son célebres por su lentitud. Tuvimos que pasar varios controles hasta facturar, otros tantos hasta la zona de embarque y luego hacer tiempo viendo como los últimos rublos que nos habían sobrado volvían con nosotros. Tras cinco horas de vuelo moviditas (no por turbulencias, sino por un grupo de rusos que no paró de beber a lo Melendi y que estuvo a punto de hacernos aterrizar para dejarles en tierra) volvíamos a España.

En cada viaje que hemos hecho juntos, sea a Cuenca o a las antípodas, hemos crecido como personas. Esta aventura por tierras rusas nos ha aportado grandes experiencias que aún estamos asimilando, pero lo que desde luego está claro es que ha ampliado enormemente nuestros horizontes y que nos ha convertido en personas un poquito distintas. Viajar es nuestra pasión, y en Rusia hemos encontrado sensaciones que no olvidaremos en la vida. Todo salió perfectamente y ya estamos buscando una excusa para volver. До скорой встречи, Россия!

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3 pensamientos en “Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo XI: Good bye, Lenin! (Día 9)

  1. gracias por compartir tu historia con nosotros, buscaba informacion de Lenin embalsamado y me cruce con este ultimo capitulo tuyo y lo pude leer de principio a fin, me parecio realmente interesante, muchas gracias por compartirla.

    • Muchas gracias por tu comentario! Nos costó varios intentos, pero al final pudimos entrara ver a Lenin. Fue una experiencia impresionante, un auténtico viaje a través del tiempo. Nos alegramos de que el relato te haya sido de utilidad 🙂

      • no se quien seas pero muy agradecida por contar la visita a la tumba de dos hombres demasiados humanos y que a traves del espacio-tiempo con su filosofia y su vida me ayudaron a enfrentar la miseria y la violacion de derechos y a pensar en un sueño que todos tengan una cama donde dormir y una sopa caliente en la noche fria y helada. y que no te insulten los que tienen la piel mas clara o son mas altos.

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