Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo VIII: Monasterio de Andronikov y Monasterio de Novodevichi (Día 6)

A la llegada de San Petersburgo estábamos muy cansados: habíamos dormido bien pero los dos días en la ciudad habían sido frenéticos. Por eso, aunque teníamos en mente aprovechar el día nuestros primeros pasos nos llevaron a casa de nuestros tíos. Allí dejamos la maleta, nos duchamos y desayunos junto a la familia, poniéndoles al día de nuestras aventuras y desventuras en la “Venecia del norte”.

Ya con las pilas recargadas decidimos plantear un día que no fuese especialmente cansado. No hicieron falta más de cinco minutos para, revisando nuestras anotaciones, decidirnos por la visita a dos monasterios: el de Andronikov y el de Novodevichi.

Encontrar el primero de ellos no fue sencillo, ya que la guía indicaba que había que ir hasta la estación de Ploshchad Ilyicha (Площадь Ильича) de Metro, pero no qué hacer desde allí. Y no se ve nada más aparte de edificios, carreteras y un montón de rusos con los que es imposible comunicarse. Para que no tengáis problemas, fijaos en las fotos de abajo. El edificio de la izquierda es el que tenéis que ver al salir del Metro, y caminar hacia él. Tras un rato andando veréis una iglesia de color azul (foto de la derecha) en la acera de enfrente: hay que cruzar por un paso subterráneo y desde ella se verá un parquecito, tras el cual está el acceso al monasterio.

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Con esas indicaciones esperamos que no os sea tan difícil como a nosotros encontrar el Monasterio de Andronikov (Андро́ников монасты́рь). El conjunto tiene su origen en el siglo XIV, cuando Alejo de Moscú (patrón de la ciudad) lo estableció para dar gracias por haber sobrevivido a una dura tormenta. A partir de ahí no dejó de crecer, aunque también fue saqueado varias veces. En 1917 seguía albergando monjes, pero tras la Revolución fue clausurado. A partir de ahí vivió años de abandono en los que se destruyó una importante necrópolis, a raíz de lo cual en 1947 fue declarado Monumento Nacional. Unos años más tarde, en 1985, se abrió en parte de sus dependencias el Museo Andrei Rublev de Arte Ruso Antiguo (Центральный музей древнерусской культуры и искусства имени Андрея Рублёва). Por cierto, el acceso nos recordó un montón al de los monasterios de Bucovina, en Rumanía, lo cual es muy buena señal.

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Rusia 323Lo que realmente nos había atraído no era el monasterio, sino el Museo Andrei Rublev. En cualquier caso la entrada (150 rublos por persona) da acceso a todo el recinto, así que aprovechamos y echamos buena parte de la mañana en el interior de este fascinante monasterio. Por cierto, no otra vez hacía un día espléndido.

Así, lo primero que visitamos fue el museo. En él se ofrece una de las mayores colecciones de iconos del mundo, siendo especialmente potentes los fondos de los siglos XIV a XVII. También son de gran importancia las piezas pertenecientes a la escuela de Nóvgorod. Vamos, que a lo largo de las diferentes salas distribuidas en tres plantas pudimos disfrutar de una magnífica muestra de iconos, a través de la cual se muestra lo mejor del arte ruso medieval.

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Rusia 326Andrei Rublev, considerado el iconógrafo más grande de Rusia, está representado a través de varias obras de gran importancia. De todos modos no hace falta tener mucha idea de iconos para disfrutar del museo: es un tema que desconocemos y sin embargo lo pasamos en grande con este repaso exprés a la historia bíblica.

Como ya hemos dicho, la visita al monasterio incluía alguna cosilla más. Por ejemplo, ya que estábamos aprovechamos para visitar la Catedral del Salvador (Спасский собор), ubicada justo en el centro. Pudimos entrar a verla, pero tuvimos que salir inmediatamente al comprobar que estaban en mitad de una misa. También es destacable el Templo del Arcángel Miguel (Храм Архангела Михаила), que corresponde a la foto de abajo a la derecha. Éste no se podía visitar por dentro.

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En general el recinto del Monasterio de Andronikov es el típico sitio por el que es divertido husmear, pues incluye muchas sorpresas. Por ejemplo, junto a un edificio de color rosa hay una especie de colección de campanas bastante chula. Por todo el recinto hay planos y carteles que facilitan el recorrido para no perderse nada.

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Para el final hemos dejado lo que más nos tocó la fibra sensible: una supuesta excavación arqueológica que no resultó tal, sino una especie de cobertizo con forma de gallinero en el que se acumulaban de mala manera distintos restos del monasterio. Trozos de capiteles, de lápidas o de sillería estaban guardados sin ton ni son tras una valla, abandonados a su suerte a la espera de que el tiempo termine de acabar con ellos. ¿Cómo es posible que a semejante cochambre se le llame excavación arqueológica? Grrrrrrr…

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Pero bueno, dejemos la vena reivindicativa y volvamos a aquella soleada mañana moscovita. Una vez terminamos de explorar el Monasterio de Andronikov tocaba cambiar de tercio, y para ello la única manera era coger el Metro: deshicimos el camino andado, llegamos al suburbano y nos desplazamos hasta la estación de Sportivnaya. No es la más bonita pero sí la más cercana al Monasterio de Novodevichy (o Novodevichi).

Rusia 334Aquí nos ocurrió lo mismo que con Andronikov: en la guía de viajes ponía que había que llegar hasta aquí pero no decía que luego hay que andar sin saber hacia dónde. Para que eso no os pase fijaos en la foto de la izquierda: tenéis que andar en esa dirección y tras unos minutos veréis las cúpulas doradas del monasterio.

Pues eso, un ratejo andando y nos plantamos frente al Monasterio de Novodévichy (Новоде́вичий монасты́рь), al que también se le conoce como Monasterio Bogoróditse-Smolenski (en cirílico, Богоро́дице-Смоле́нский монасты́рь). Es el monasterio más famoso de Moscú por no haber modificado apenas su estado desde el siglo XVII hasta la actualidad, lo que le llevó a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004. De hecho, lo primero que se ve al llegar es una placa recordando la entidad del conjunto. Inmediatamente después está la caja, en la que pagamos 60 rublos cada uno (tarifa de estudiante). Aquí también hay que hacerse con un pase especial para hacer fotos, pero evidentemente no compramos nada e hicimos las fotografías sin pasar por el aro de una tarifa tan abusiva.

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Rusia 338Lo primero que hicimos al entrar fue pasar a una especie de sala de exposiciones en la que había una muestra de pintura sobre los principales edificios religiosos del país. Fue divertido recorrerla y ver reflejados en los lienzos lugares que ya habíamos conocido, como varias iglesias de San Petersburgo o la propia Catedral de San Basilio en Moscú. De todas formas no era gran cosa, aunque al estar incluida en la entrada general… Por cierto, la recepcionista nos siguió en todo momento cual perro de presa, como si fuésemos a llevarnos un cuadro o algo parecido.

Y a partir de aquí, la decepción. La exposición que os hemos descrito en el párrafo anterior fue lo único que pudimos visitar por dentro de Novodevichi. El resto estaba cerrado por ser dependencias privadas, por estar en obras o por motivos que desconocemos. Además, todo daba imagen de estar bastante abandonado: plantas secas, cascotes tirados, edificios medio en ruinas… ¿Cómo es posible que un conjunto que pertenece a la lista de Patrimonio de la Humanidad estuviese tan mal? Eso sí, las tiendas todas abiertas.

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Así que nada, había un montón de edificios chulísimos que sólo servían para ponernos los dientes largos. La Iglesia de la Dormición, el Campanario, la Iglesia de la Transfiguración, la Iglesia de Nuestra Señora de Smolensko, la Iglesia de la Intercesión… El estilo arquitectónico de todas ellas recordaba a lo visto anteriormente en Moscú y suponía una invitación a explorarlas, pero no era posible. Nos dio bastante rabia: mucho interés por cobrar la tasa de fotos y tener las tiendas abiertas, pero en el mantenimiento de los edificios no se pone apenas empeño.

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Con ganas de más dejamos atrás el Monasterio de Novodevichi, pero sus alrededores tenía mucho que ofrecer. Según se mira al acceso, si se baja por la cuesta que hay por la derecha, hay un pequeño lago. Este podría pasar desapercibido si no fuese porque se trata del célebre Lago de los Cisnes (Лебединое Озеро, Lebedínoye óziero) que inmortalizó Tchaikovski en su popularísima obra de ballet. Todo está relacionado: al compositor le “conocimos” el día anterior en la Necrópolis de los Artistas, la obra se estrenó en el Teatro Bolshói, donde realmente se popularizó fue en San Petersburgo… No nos negaréis que el lago semicongelado es una estampa preciosa. Eso sí, de cisnes allí no había ni rastro…

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Tras dar una vueltecita por el lago volvimos sobre nuestros pasos a la entrada de Novodevichi, para esta vez ir hacia la izquierda y bordear todo el recinto. Siguiendo la calle y pasando un par de puertas cerradas llegamos a la entrada del Cementerio de Novodévichi (Новодевичье кла́дбище, Novodévichiye kládbishche). Fue fundado en 1898 y en la actualidad hay más de 27000 enterramientos en su interior, destacando infinitas personalidades de todos los campos: políticos, astronautas, escritores, militares, músicos… Ni que decir tiene que merece la pena visitarlo, es uno de los máximos exponentes de escultura de toda Rusia y para colmo entrar es totalmente gratis.

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Nosotros llevábamos un plano del cementerio que venía en una de las guías que habíamos sacado de la biblioteca, pero la verdad es que nos sirvió para poco: lo que en él era un espacio con cuatro calles se convirtió en un camposanto enorme con decenas de sitios por los que transitar. Nuestra cara debía ser desoladora y un trabajador del cementerio nos echó una mano: dejó sus tareas y dedicó un buen rato a indicarnos donde estaban los enterramientos más célebres. La comunicación fue complicada pero aún así el hombre puso todo de su parte para ayudarnos: ¡Luego dicen que los rusos tienen mal carácter! Gracias a él aprovechamos al máximo nuestra visita.

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Podríamos rellenar párrafos y párrafos hablando del Cementerio de Novodevichy, pues tomamos decenas de fotografías y visitamos los enterramientos de muchísimas personalidades. Sin embargo, vamos a poner el foco en los que más nos llamaron la atención. La primera “importante” que vimos fue la tumba de Raísa Gorbachova, la mujer del Presidente de la URSS Mijaíl Gorbachov. Su papel como primera dama revolucionó la política del régimen soviético, teniendo un papel importante en cuestiones culturales y filantrópicas. Es una figura muy querida, prueba de ello son las muchísimas flores y velas que había a su alrededor. Siguiendo con la política, pero mucho más adelante, estaba el enterramiento de Nikita Jrushchov (o Kruschev), el sucesor de Stalin y uno de los pioneros en tratar de romper con la herencia de su predecesor. Fue uno de los principales impulsores de la “desestalinización”, aunque tampoco es que sus políticas fueran especialmente admirables.

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Una de las tumbas que más nos llamaron la atención fue la de Borís Yeltsin, quizá por ser un personaje al que hemos conocido vivo y del cual recordamos momentos como el famoso ataque de risa que le dio junto a Bill Clinton. El monumento que conmemora su fallecimiento (una bandera de Rusia esculpida en piedra) no aparecía en ninguna guía ya que murió hace relativamente poco tiempo. Junto a él también había flores y, sobretodo, muchos turistas interesados por esta personalidad.

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La última gran tumba que os queremos enseñar es la de Yuri Nikulin, el payaso más popular de la URSS. Es un auténtico mito del humor, tanto en tierras rusas como en el resto del mundo. Sin embargo, la escultura que recuerda su figura no transmite risa sino pena y melancolía. Las rosas que se acumulan bajo sus pies recuerdan que algún día todos bajaremos el telón, y que mientras tanto hay que vivir siendo lo más felices que nos sea posible.

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Este momento profundo puso punto y final a la excursión. Aprovechando que era Jueves Santo nuestra familia tenía el día libre, así que nos llamamos por teléfono y aprovechamos para pasar algo de tiempo junto.

Rusia 357Primero fuimos a parar al Pancho Villa, un restaurante mexicano de lo más bizarro en el que tomamos el aperitivo. Aunque hasta entonces Edu había conseguido no enterarse del resultado de la final de Copa del Rey a Pipo “se le escapó” hablando con el camarero. Aun así no fue un problema, ya que saber que el Madrid había ganado era reconfortante.

Después del toque mexicano fuimos a un restaurante alemán a ponernos hasta arriba de salchichas. Desde luego no se puede decir que las horas con la familia estuviesen teniendo un toque típicamente ruso.

A la tarde decidimos hacer una única cosa: descansar. Los días en San Petersburgo habían sido demoledores y lo único que nos apetecía era pasar un buen rato descansando para afrontar con fuerzas el último tramo del viaje. La verdad es que lo pasamos bastante bien: vimos el partido entre Real Madrid y Barcelona (Edu se lo bajó de internet, ya que no se terminaba de creer que su equipo hubiese ganado), estuvimos hablando por Skype con la familia, jugamos a la Wii con nuestro primo pequeño… Y por supuesto estuvimos tomando notas para escribir los posteriores diarios de viaje en nuestra página web.

Poco a poco el sueño nos fue venciendo a la vez que iba surgiendo la típica morriña por estar al final de un viaje. Aún nos quedaban tres días, pero lo estábamos pasando tan bien que nos daba mucha pena estar en la recta final. Siempre nos acordaremos de lo bonito que se veía Moscú desde casa de nuestros tíos… ¡Qué rápido pasa el tiempo estando de viaje!

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