Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo V: El Kremlin, la Catedral de Cristo Salvador y el Metro (Día 3)

El tercer día en Moscú tenía muy buena pinta: nos esperaban varios de los principales atractivos de la ciudad, volvía a hacer buen tiempo y a la noche tomaríamos un tren que nos llevaría a despertarnos el día siguiente en San Petersburgo. Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos al principio.

El principal objetivo de esta jornada era el Kremlin de Moscú (Московский Кремль), que como ya hemos dicho en el capítulo anterior es Patrimonio de la Humanidad junto a la Plaza Roja. Para ir aquí en Metro la mejor parada es la estación de Alexandrovsky Sad (Алекса́ндровский сад), pero mucho ojo: yendo desde el Metro se ve una taquilla con muchísima gente. Pues bien, si seguís avanzando justo al otro lado de la entrada al Kremlin hay otra en la que siempre se pone menos gente.

Rusia 115Las entradas se sacan para tres cosas distintas: las catedrales, la Armería y las exposiciones temporales (si las hubiere). Nosotros nos hicimos con el pack completo, que en tarifa de estudiante salió por 300 cada uno. Merece la pena estar antes para evitar colas y para asegurarse los tickets de la Armería, que se venden por turnos y se agotan rápidamente.

Ya las entradas en nuestro poder sufrimos el lento acceso (hay que pasar por un detector de metales) y los brutales empujones de un grupito de señoras rusas que tenían más bigote que educación. Sea como fuere, teníamos por delante otra de esas joyas que todo el mundo debería visitar cuanto menos una vez en su vida.

Rusia 116Pero antes de seguir con la visita toca un poco de historia. La palabra kremlin se utiliza para hacer referencia a la ciudadela de la ciudad. Hay muchos kremlins diseminados por el país, pero sin lugar a dudas el más popular es el de Moscú. Existen algunas fechas sobre su fundación: 1147, cuando aparece mencionada por primera vez; 1156, cuando Vladimir Yuri I excavó un foso; el siglo XIII, cuando se reedifica tras un incendio que acabó con todo… Es una historia larga e interesante de la cual hay que quedarse con dos ideas: el origen medieval y que su importancia nunca deja de crecer.

El aspecto actual responde a una profunda transformación que sufrió en 1917. En ese momento no estaba en muy buen estado, pues en el siglo XVIII la corte se trasladó a San Petersburgo y en el XIX las tropas de Napoleón estuvieron a punto de demolerlo. Sin embargo, el nuevo gobierno soviético trasladó a Moscú la capital y llevo el gobierno al Kremlin, por lo que decidió hacer unas obras de acondicionamiento. Muchos edificios fueron demolidos y otros tantos restaurados durante décadas, hasta que en los años 80 del siglo XX se estabiliza con el maravilloso aspecto de la actualidad. Así, aunque siguen existiendo edificios destinados en exclusiva a tareas de gobierno, en la actualidad visitar el Kremlin de Moscú supone tomarle el pulso a la Historia de Rusia a través de museos, palacios, catedrales y parques ubicados dentro de un recinto amurallado de más de dos kilómetros de longitud flanqueado por 19 enormes torres.

Rusia 117La visita se puede hacer por libre, ya que salvo en la Armería (de la que ahora hablaremos) el turista decide el orden en el que entra a los sitios. Eso sí, hay que moverse únicamente por las zonas en las que está permito hacerlo: que a nadie le ocurra cruzar la calle sin utilizar los pasos de peatones o se ganará una sonada pitada de algún policía ruso.

Nuestro día en el Kremlin comenzó por la Armería (Оружейная палата). Para llegar allí hay que recorrer casi todo el recinto, pero con el mapa que te dan no tiene pérdida. Se entra por turnos y las entradas se compran entre unos tres cuartos de hora antes (por ejemplo, para acceder en la franja de 10:00 a 12:00 hay que ir a la taquilla a las 9:30 como muy tarde). Hay que tener cuidado con esto porque se corre el riesgo de no poder hacerse con los boletos y perderse uno de los principales museos de Rusia. ¡Ah! Y una advertencia extensible al resto de los edificios del Kremlin: en ninguno se puede hacer fotos del interior. Normalmente sacamos la cámara pequeña con disimulo, pero aquí decidimos no jugárnosla…

Rusia 118La Armería del Kremlin era, en origen, el arsenal real. Desde el siglo XVI fue produciendo, adquiriendo y recibiendo armas, joyas y otros objetos de lujo que con el tiempo conformaron una colección sin parangón. Actualmente todo esto se muestra en un edificio del siglo XIX concebido ya como un lugar en el que albergar estos objetos de valor.

¿Del recorrido qué se puede decir? Es espectacular, imprescindible si se está en Moscú. En la entrada está incluida una audioguía (disponible en castellano) que recorre durante una hora y media todas las salas haciendo paradas en los objetos principales, y dado que todo estaba en ruso decidimos utilizarla durante la visita. ¡Qué acierto! Aunque la voz parecía venir del inframundo el itinerario fue de lo más entretenido: armas, vajillas, carrozas reales… Es difícil encontrar tanta riqueza junta.

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Imágenes extraídas de npointercos.jp y myworldshots.com

Rusia 121Al salir, fuimos a la Plaza de la Catedral (Соборная площадь o Sobornaya ploshchad), el espacio principal del Kremlin. El nombre no da lugar a engaño, pues en ella se ubican nada menos que tres catedrales, además de dos iglesias más y un palacio. La entrada incluye la entrada a la mayoría, por lo que es un sitio al que se le puede sacar mucho jugo.

Empezamos por la Catedral de la Anunciación (Благовещенский собор o Blagoveschensky sobor). Fue fundada a finales del siglo XV, pero a los pocos años sufrió un incendio que la arrasó por completo y el edificio actual data de 1549. Sus llamativas cúpulas doradas dan cuenta de la importancia del lugar, que hasta el siglo XX fue la capilla de los zares de Rusia. El interior es de una belleza indescriptible, con frescos pertenecientes al edificio original y un iconostasio de 1405 con iconos de los siglos XII, XIII y XIV. De verdad, una joya que justificaría por si sola tomar un avión e ir hasta ella. Es una pena que no dejasen hacer fotos del interior, y por lo visto debe seguirse un control muy estricto puesto que apenas hemos encontrado fotos en la red.

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Cuando estábamos saliendo de ella oímos algo de jaleo en el exterior. Eran poco antes de las 12:00 y en la Plaza de la Catedral comenzaba una especie de ceremonia o desfile militar que, por lo visto, se celebra a diario. No habíamos leído nada sobre él, pero desde luego es recomendable coger un buen sitio para disfrutar unos minutos de la marcialidad del ejército ruso. Infantería, caballería y una banda de música que tocó varias piezas (nos vinieron recuerdos de los cambios de guardia que pudimos ver en Londres) pusieron todo su empeño para el disfrute de los que allí estábamos.

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Rusia 127Teníamos buen sitio, por lo que decidimos ver toda la ceremonia. Sin embargo, resultó ser bastante larguilla y tras un buen rato nos fuimos a ver los alrededores. Dos consejos: el primero, que busquéis a este simpático guardia, que con gran amabilidad se presta a hacerse fotos con su rapaz; y el segundo, que aprovechar para ver las iglesias durante el desfile es una buena manera de ahorrarse colas.

De hecho, como cinco minutos antes de que terminase estábamos entrando sin ninguna espera en la Catedral del Arcángel San Miguel (Архангельский собор o Arkhangelsky sobor), que está consagrada al mismo santo que la cerveza porque éste era considerado el protector de los príncipes moscovitas. También tiene cúpulas de bulbo, y aunque el exterior del edificio quizá sea el menos bonito de la plaza en su interior se encuentra un impresionante iconostasio de diez metros de altura. Eso además de contar con casi 50 enterramientos de zares y príncipes, entre ellos los primeros Románov y nada menos que Iván el Terrible.

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Rusia 130Según salimos de la iglesia atravesamos la plaza (ya vacía tras el desfile) y por una de sus esquitas accedimos a la Iglesia del Despojamiento del Manto (Церковь Ризоположения). Está algo retirada, se entra por una pequeña escalinata y es bastante más pequeña. De todos modos tiene su importancia, pues no solo data del siglo XV sino que además tiene leyenda: fue erigida para conmemorar que supuestamente Constantinopla se salvó de ser conquistada gracias al manto de la virgen. En el interior hay varios frescos chulos, pero quedan un poco empequeñecidos en comparación con los que ya habíamos visto.

Según se sale de esta pequeña iglesia está el acceso a la Catedral de la Anunciación o de la Dormición (Успенский Собор o Uspensky Sobor). Es la más antigua de todas las que hay en la plaza y desde luego merece mención aparte por muchos motivos.

Rusia 131En primer lugar, fue construida en solo cuatro años (de 1475 a 1479) por el arquitecto italiano Aristóteles Fioravanti, que siguió técnicas propias del renacimiento. Además, era el lugar en el que se coronaban los zares y se enterraban los patriarcas de la iglesia ortodoxa rusa. Por tanto, un lugar de peregrinación obligado en Rusia.

Además, la decoración es majestuosa a más no poder, siendo la principal obra un icono de San Jorge de más de 16 metros de alto que ocupa el centro del iconostasio. Está considerada la pieza clave de la escuela de Novgorod, de la que os hablaremos en capítulos posteriores.

Rusia 132El auténtico “blufff” vino cuando ya apurábamos nuestra exploración de la plaza. El último edificio que visitamos fue la Catedral de los Doce Apóstoles (церковь Двенадцати Апостолов). No sólo es la que menos ofrece a nivel estético en su exterior, sino que tuvimos que esperar casi tres cuartos de hora haciendo cola hasta poder visitarla. ¿En el interior? Una exposición temporal sobre Fabergé que se veía en un minuto. NADA MÁS. Un auténtico pufo que os recomendamos evitar. Si al menos se pudiera subir al Campanario de Iván el Terrible (Колокольня Ивана Великого), de más de 80 metros… pero no, no era el caso.

La verdad es que nos dio bastante rabia esperar tanto tiempo para ver semejante caquita, pero son gajes de la vida del viajero. El enfado duró un minuto, justo el tiempo que pasamos andando desde la catedral hasta el Zar de los Cañones (Царь-пушка), ubicado justo detrás de ella. Y es que merece la pena acercarse a este enorme cañonaco: nada menos que 38 toneladas, más de 5 metros de longitud y un calibre de 890 milímetros, datos que le convierten en el mayor cañón del mundo. Fue construido en 1586, pero nunca ha sido disparado. De todas formas es poco probable que se hiciese para ser utilizado, ya que más bien era una muestra de poderío militar. Por cierto, a su lado hay unos proyectiles que son más grandes que la boca del cañón: esto demuestra que no fueron hechos para ser disparados, pero hay quien dice que los hicieron así aposta en San Petersburgo (cuyos artesanos se llevaban mal con Moscú y aprovechaban cualquier oportunidad para fastidiar a sus enemigos).

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Y si el cañón nos pareció grande, un poquito más al lado estaba la Campana de la Zarina (Царь-колокол o Tsar Kolokol), que como no podía ser de otro modo es la campana más grande del mundo. Fue hecha en bronce entre 1733 y 1735 por encargo de Ana de Rusia (sobrina de Pedro el Grande), resultando una monstruosidad de 216 toneladas, 6 metros de alto y otros tantos de diámetro. La pena es que se rompió durante un incendio cuando ni siquiera había sido puesta, aunque con lo que pesa parece imposible que pudiera sostenerse en un campanario y mucho menos sonar. Desde mediados del siglo XIX está en la misma ubicación, incluyendo el cuerpo de la campana y el trozo que se desgajó. Otra imagen muy típica de Moscú y de Rusia en general con la que hicimos la correspondiente foto de “yo estuve aquí”.

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Lo último que fuimos a ver fueron los Jardines Secretos. La verdad es que con ese nombre esperábamos un enigmático bosque con más misterios que la isla de Perdidos, pero tan solo nos topamos con un inofensivo parquecillo con unos pocos árboles y bancos en los que descansar. En cualquier caso, con esto poníamos punto y final a nuestra visita al Kremlin. Por cierto, en este relato no hemos mencionado algunos edificios importantes como el Gran Palacio del Kremlin (Большой Кремлёвский дворец) o el Palacio Estatal del Kremlin (Государственный Кремлёвский Дворец) porque no son visitables por dentro. Sin embargo, si se pueden contemplar sus magníficas fachadas y con el plano no hay ninguna pérdida.

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La verdad es que nos dio un poco de pena salir del Kremlin, porque como quien no quería la cosa ya habíamos visitado las dos cosas más gordas de Moscú. Sin embargo, la capital rusa aún tenía mucho que ofrecer en los próximos días. De momento la prioridad era comer, cosa que hicimos en un McDonald’s que hay en la Manezhnaya Ploshchad (justo entre el Kremlin y la Plaza Roja, enfrente de la parte trasera del Museo de Historia). Con el tiempo ir a distintos McDonald’s del mundo se ha convertido en una tradición y aquí nos hacía especial ilusión comer. Pedir no fue un problema, ya que en la cola hay un empleado con una carta en inglés, en la que tú señalas a los dibujitos y al pasar por caja tienen el pedido listo. Como dato hay que decir que el precio es similar al de España: comimos los dos por 367 rublos (algo más de 9€) en total.

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Muy cerquita del McDonald’s está el Museo Arqueológico de Moscú (Музей Археологии Москвы). Como era lunes y teóricamente era su día de cierre no teníamos previsto verlo, pero en la puerta había un cartel que nos llamó la atención. No sabemos muy bien si era una jornada de puertas abiertas, unas conferencias o algo similar al día de los museos, pero el caso es que no estaba cerrado y decidimos bajar. No sólo pudimos entrar, sino que encima lo hicimos gratis (había gente en la taquilla pero con una sonrisa nos dijeron que pasásemos). La suerte estaba de nuestro lado.

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Este museo subterráneo (de los pocos que hemos visto bajo tierra y el único así que hay en Moscú) es un pequeño apéndice del Museo Estatal de Historia. Ofrece algunas piezas encontradas en el entorno, una réplica de una excavación arqueológica y poquito más… Sin embargo, no hace falta decir que a nosotros como historiadores nos encantó. Eso por no hablar del doble regustillo que nos producía haber entrado gratis y encima en un día en el que se suponía que iba a estar cerrado.

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Rusia 146Llegados a ese punto no teníamos muy claro a donde ir. En principio ese día teníamos pensado ir al Kremlin y ver algunas estaciones de Metro. Sin embargo, el día se estaba torciendo y decidimos introducir entre un plan y otro una nueva visita: la Catedral de Cristo Salvador (Кафедра́льный Собо́рный храм Христа́ Спаси́теля).

Rusia 147Su nombre completo es Templo Catedralicio del Cristo Salvador del Patriarca de Moscú, y tras esa enorme onomástica es esconde un templo inaugurado en 1883. A pesar de su majestuosidad fue totalmente demolido en 1931, pues Stalin y compañía tenían un plan de gran calado para la zona. En el emplazamiento se quería hacer algo distinto.

Se trataba del edificio llamado a cambiar por completo: el Palacio de los Sóviets (Дворец советов o Dvorets Sovétov). Estaba planteado como un edificio colosal de más de 400 metros de altura coronado por una estatua de Lenin de otros 100 metros. En él la administración rusa tendría su auténtico epicentro, una especie de cuartel general en el que hacer congresos, fiestas, celebraciones… Al final, la participación rusa en la II Guerra Mundial frenó el proyecto cuando ya se había demolido la iglesia y asentado los cimientos. Tras el conflicto las obras se enquistaron, y después de un par de décadas nada se había avanzado. En 1961 se renunció oficialmente al proyecto y entonces se aprovecharon los cimientos para construir la piscina Moskvá. Esta perduró hasta 1990, cuando se decidió retirarla y reconstruir el edificio original: la Catedral de Cristo Salvador, que volvió a consagrase en el año 2000. Una historia de lo que pudo ser y no fue.

Palacio de los Soviets

Rusia 148Lo dicho: en la actualidad el templo se encuentra más o menos como en su estado original, salvo por el pequeño lapso temporal en el que fue unos cimientos y luego una piscina. Aun con todo eso es una visita obligada si se está en la ciudad de Moscú, ya no por el simbolismo (que también) sino por su espectacular y llamativa arquitectura.

El interior es un poco difícil de visitar, la verdad. No está muy bien señalizado y hay mucho por ver: capillas, estancias inferiores, exposiciones… Para colmo de males después de un par de días andando a Edu se le había hinchado el pie y andaba con cierta cojera. Entre eso y que no nos dejaron hacer fotografías se puede decir que no disfrutamos demasiado.

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Imágenes extraídas de Wikipedia

Cuando salimos estaba chispeando, y aunque dimos una vuelta por los alrededores rápidamente fuimos hacia el Metro. Queríamos aprovechar lo que quedaba de tarde en visitar algunas de las estaciones más emblemáticas de una red que por su belleza y fastuosidad es conocida como el palacio subterráneo. Fue inaugurado en 1935 y en la actualidad es el Metro más famoso del mundo. Gracias a la fastuosidad con la que están decoradas sus más de 180 estaciones. Tiene 12 líneas entre las cuales sobresale por encima de todas la número 5 (de color marrón), una circular que conecta con todas las demás. Fue construida entre 1950 y 1950 y en ella cada estación representa lo mejor de la arquitectura estalinista.

En realidad, comparado con el Metro de Madrid cualquier parada es llamativa. Como muestra aquí está la estación de Arbatskaya (Арба́тская), perteneciente al grupo de las normalitas: andenes amplios decorados con lujosas lámparas y altorrelieves por doquier, perfecta iluminación, extremada limpieza… Vamos, que parece una tontería pero pasar una tarde yendo sin rumbo de estación a estación es una actividad de lo más recomendable.

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Como ya os hemos dicho, a lo largo del viaje utilizamos el Metro más de cincuenta veces. Por eso, se podría decir que hemos conocido la red en profundidad (nunca mejor dicho, ya que algunas estaciones están a más de 60 metros bajo tierra). La tarde del lunes vimos unas cuantas, pero en total habremos conocido por lo menos 25 o 30 estaciones. Aquí os vamos a enseñar las tres que más nos gustaron: Kievskaya, Ploshchad Revolutsii y Komsomolskaya.

Pues eso, empezamos por la estación de Kievskaya (Киевская). Fue inaugurada en 1954, está a más de 50 metros de profundidad y su principal seña de identidad son los matices ucranianos que la rodean: el diseño para construirla es fruto de un concurso celebrado en Ucrania. Finalmente se eligió un proyecto en cuya decoración figuraban los mosaicos que se distribuyen por el hall central, y que a través de escenas cotidianas conmemoran la buena relación entre rusos y ucranianos.

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Otra de las que más nos llamaron la atención fue la estación de  Ploshchad Revolutsii (Пло́щадь Револю́ции). Es de las más antiguas, pues data de 1938, pero también de las más transitadas por los turistas. A lo largo sus pasillos se distribuyen 72 esculturas realizadas en mármol armenio que rinden tributo a personajes representativos de la Unión Soviética: desde granjeros a soldados pasando por escritores, atletas o trabajadores industriales. Precisamente, las esculturas que más tirón tienen son las de una granjera con una gallina y las de un cazador con su perro. Todo ruso que se precie, al pasar cerca de ellas, frota su cresta o su hocico (según sea el caso) ya que se considera que da buena suerte. Por supuesto, no eludimos el ritual y nos acercamos a tocar las esculturas para ver si así seguía nuestra buena racha y el viaje continuaba saliendo a las mil maravillas.

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Por último, queremos hablaros de la estación de Komsomolskaya (Комсомо́льская), generalmente reconocida como la más lujosamente decorada. Los datos hablan por si solos: un techo de estilo barroco, mosaicos, columnas octogonales de mármol… La decoración conmemora la lucha del pueblo ruso por su independencia a través de episodios de importancia como un discurso de Lenin en la Plaza Roja. Impresionante, para qué vamos a decir otra cosa.

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Después de ver unas cuantas estaciones fuimos a casa de los tíos de Edu. Aún era pronto (más o menos las 19:30), pero teníamos mucho que hacer: esa misma noche, a las 23:55, salía nuestro tren hacia San Petersburgo. Por tanto teníamos que ducharnos, preparar una pequeña maleta, ir hacia la estación… Pero esa historia os la contaremos en el siguiente capítulo.

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