Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo IX: Dos museos y un poquito de improvisación (Día 7)

Hacía mucho tiempo que no teníamos ocasión de hacer un viaje largo, con tiempo para decidir lo que nos apetecía hacer cada día. Por eso, cuando nos despertamos en nuestro séptimo día en Rusia no sabíamos aún lo que íbamos a hacer. Desayunamos tranquilamente con la familia, revisamos nuestras notas y finalmente decidimos planificar un día de lo más cultureta con la visita a dos interesantes museos: el Pushkin y el Tretiakov.

Para llegar al primero la rutina de siempre: paseíto hasta el Metro y de ahí a cualquier parte de Moscú. En este caso fuimos a la céntrica estación de Kropotkinskaya, desde la cual sólo tuvimos que dar unos pasos hasta llegar a nuestro primer objetivo.

Rusia 361El trayecto se dio tan bien que llegamos unos minutos antes de que abriese al Museo Pushkin de Bellas Artes (Музей изобразительных искусств им. А.С. Пушкина). Sin embargo, el recinto estaba abierto y en su interior había unos banquitos muy apetecibles en los que sentarse a disfrutar del magnífico edificio en el que se haya el museo.

En cuanto dieron las 10:00 abrieron las puertas y pasamos por caja, donde abonamos 150 rublos cada uno (tarifa de estudiante). En principio no teníamos demasiadas expectativas con este museo, pero venía recomendado en muchas guías y decidimos darle una oportunidad.

Fue fundado en 1898 por un catedrático de Historia del Arte que defendía que en Moscú hacía falta un museo de escultura. Siguiendo esta idea abrió sus puertas con una pequeña colección de reproducciones como principal reclamo. El espaldarazo definitivo llegó en 1924, cuando fue declarado Museo Central de Bellas Artes de Moscú y empezó a hacer adquisiciones de todo tipo. Ahora combina algunas piezas originales con un magnífico repertorio de reproducciones que le convierten en una institución única.

Las primeras salas nos dejaron un poco fríos: sí, todo era muy bonito pero tampoco era nada del otro mundo. ¿Por qué le daban tanto bombo en algunas guías si estábamos ante una cosa más bien normalita? Había buenas piezas (mención aparte merece el tesoro de Príamo) pero nada que sorprendiese o que dejase boquiabierto.

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Con el tema de las pinturas pasaba igual. Había obras de grandes pintores (Bronzino, Van Gogh, Gauguin…) pero nada grande en comparación con lo que habíamos visto, por ejemplo, en San Petersburgo. Seguíamos recorriendo salas y, aunque todo estaba muy chulo, esperábamos algo más…

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…y ese “algo más” acabó por llegar. Poco a poco fuimos llegando a una serie de salas en las que las reproducciones estaban acompañadas de espacios temáticos. Por ejemplo, frente a esculturas griegas se hallaba la fachada de un templo griego o frente a piezas de época medieval había una arquería propia del interior de una iglesia. Además, el personal del museo era de lo más amable e indicaba que al tratarse de réplicas se podía contemplar todo de cerca, tocarlo con cuidado, fotografiarlo… ¡Qué interesante! Es el museo con más valor didáctico en el que hemos estado en la vida. Impresionante, a cada sala nos gustaba más todavía.

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La colección permanente, aún teniendo un gran valor y siendo una de las más reconocidas de toda Rusia, no fue lo que nos llamó la atención. Con lo que de verdad disfrutamos fue con aspectos relacionados con nuestra formación: museología, didáctica, evolución histórica… Cada sala era mejor que la anterior, los trabajadores del museo muy amables (algo difícil de encontrar no sólo en museos rusos, sino en los de todo el mundo) y nosotros íbamos de aquí a allá con los ojos abiertos como platos. Maravilloso, una vez hecha la visita sólo quedan buenas palabras.

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Y quizá alguno piense… ¿Qué valor tiene ver reproducciones? Pues mucho, la verdad. Está claro que no hay nada como la observación directa de la Victoria de Samotracia en el Museo del Louvre, pero por muchas sensaciones que transmita la obra original ésta se enmarca en un contexto mucho más amplio. Éste, llamémoslo “historia del arte”, se puede reconstruir de manera íntegra únicamente a través de reproducciones. ¿O es que acaso alguna vez habrá una exposición mundial con lo mejor de cada museo? Eso es imposible, pero en el Museo Pushkin pudimos imaginar como sería eso. Que sólo dando unos pasos desfilasen ante nuestros ojos las grandes manifestaciones artísticas europeas fue un lujo que nunca nos habíamos podido permitir.

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Con esa reflexión dejamos atrás el Museo Pushkin de Bellas Artes y nos pusimos en marcha hacia nuestro siguiente objetivo: la Galería Tretiakov. Eso sí, para llegar a ella había que atravesar un par de lugares muy emblemáticos de la ciudad. El primero de ellos fue el Gran Puente de Piedra (Большой Каменный мост, Bolshoi Kamenny Most), cuyo actual modelo data de 1938. Tuvo dos predecesores, el más antiguo del siglo XVII. Éste es considerado el primer puente permanente de Moscú, por lo que ya de por sí merecería la pena cruzarlo. Sin embargo, por lo que realmente es célebre esta construcción es por las vistas que ofrece del Kremlin. Es sin duda una de las panorámicas más populares de la ciudad y nunca falta en todo documental, reportaje o conjunto de postales que se precie.

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Atravesando el puente llegamos, además, a la Isla del Río Moscova. Es una pequeña extensión de tierra creada artificialmente entre 1783 y 1786 para proteger al Kremlin de las crecidas del río. En su interior hay algún que otro edificio de interés (iglesias, un parque, un teatro…) pero nada especialmente llamativo. Aún así merece la pena darse una vuelta y conocer una zona con algunos matices que la diferencian del resto de la ciudad.

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Dejando la isla atrás y callejeando un poco llegamos, al fin, a la Galería Estatal Tretiakov (Государственная Третьяковская галерея). También suele aparecer escrita como Galería Tretyakov, aunque lo realmente importante no es su nombre sino que se trata de la principal institución mundial de bellas artes rusas. Fue fundada a mediados del siglo XIX por los hermanos Tretiakov, que empezaron a adquirir obras de artistas rusos de su época. Poco a poco la cosa fue creciendo y en 1892 adquirió la categoría de Museo Nacional. Este salto de calidad explica que el actual edificio date de 1902-1904, cuando el arquitecto Víktor Vasnetsov diseñó una construcción inspirándose en los cuentos de hadas rusos. En la actualidad posee más de 125000 obras de artistas rusos, siendo una visita obligada si se está en la ciudad.

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Pasamos por taquilla y pagamos la cara entrada: 220 rublos por persona en tarifa de estudiante. Se sea un experto en arte ruso o se esté ante el primer acercamiento a estas manifestaciones artísticas (como era nuestro caso) la Galería Tretyakov es un museo excelente. El recorrido por el interior de la institución es muy sencillo (cosa de la que no pueden presumir otras galerías rusas), las salas están agrupadas por autores o por épocas y en todas ellas hay cartelería traducida al inglés.

TretiakovProbablemente la pieza más representativa de toda la colección sea la Virgen de Vladímir, un icono del siglo XII que llegó al museo en 1930. Es una imagen especialmente significativa en la cultura rusa, pues ha servido de modelo a los grandes maestros artesanos casi desde su creación. La veneración es tal que se la conoce como “Madre de Rusia” y ante ella eran coronados los zares. A nivel artístico se podrían decir muchas cosas (los trazos finos, los grandes ojos de los personajes, la consistencia de los colores…) pero sin duda lo más importante es su proyección cultural.

A nosotros lo que más nos llamó la atención fue la pintura contemporánea. No conocíamos prácticamente nada de arte ruso y raíz de este museo nos hemos interesado por un tema que nos ha resultado fascinante. Lienzos como “Chica con melocotones” (de Valentín Serov), “Anochecer en el campo” (de Constantin Korovin) o “Paisaje de Otoño” (de Isaac Levitan) nos parecieron auténticas joyas que deberían tener más repercusión en Europa occidental. Por cierto, los títulos de los cuadros están traducidos del ruso al inglés y de ahí al español, por lo que quizá no sean los más exactos.

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Exploramos el museo a fondo y cuando salimos se podría decir que ya habíamos cumplido con lo que queríamos ver ese día. Sin embargo, teníamos muchas horas de sol por delante, estábamos descansados y no nos íbamos a ir todavía a casa. Tras revisar nuestras notas decidimos ir a ver la Nueva Galería Tretiakov, y de camino echar un ojo a otras cosillas.

Rusia 381Como hacía buen día decidimos ir caminando siguiendo el curso del río Moscova. Eso nos llevó junto a la Estatua de Pedro el Grande (Памятник Петру I), un monumento erigido en 1997 que conmemora el 300º aniversario de la creación de la Armada de Rusia por el zar. Tiene casi 100 metros de alto, lo que hace de ella la estatua más alta del mundo… aunque eso no le asegura la belleza, ya que en 2008 fue elegido el décimo monumento más feo del mundo. Incluso en 2010 se ofreció a San Petersburgo reubicarlo en la ciudad, pero el ofrecimiento fue rechazado.

Al lado vimos un recinto vallado que resultó ser el Parque de las Esculturas o Parque de las Artes. Es una zona ajardinada que cuenta con casi 1000 esculturas de todas las temáticas: desde héroes de la URSS como Stalin hasta personajes de la cultura popular como Pinocho. Cuando íbamos a entrar nos dimos cuenta de que junto a los accesos había unas taquillas vacías. Los rusos pasaban y nadie decía nada, pero al ir a pasar nosotros… ¡Apareció una señora de la nada que nos quería cobrar entrada! ¿Por qué a nosotros si y a nosotros no? Evidentemente nos negamos a pagar, y sobre la marcha se nos ocurrió decirle a un guardia que no queríamos ver el parque sino cruzar hacia la Nueva Galería Tretiakov. La treta funcionó y nos dejó acceder, aunque evidentemente de camino aprovechamos para hacer unas fotitos. La misma señora que nos quiso cobrar empezó a andar hacia nosotros, pero nuestro rumbo iba directo al museo y no nos pudo decir nada. Al salir nos dimos cuenta de que otros muchos accesos no estaban vigilados, así que no os dejéis atropellar y si vais a visitar este parque no paguéis la entrada.

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Rusia 385Tras esa pequeña demostración de picaresca española en tierras rusas llegamos a la Nueva Galería Tretiakov, un anexo del museo original destinado a arte ruso del siglo XX. Al ir a entrar… ¿Otros 220 rublos por persona? Nos pareció bastante caro, lo que sumado a que ya habíamos visto dos museos y que no nos gusta el arte contemporáneo hizo que saliésemos a meditar.

Justo enfrente encontramos un banquito y nos sentamos a replantear la jugada. A ninguno de los dos nos apetecía ver el museo por muchas razones: cansancio, saturación, el buen día que hacía… Total, que decidimos no encerrarnos en un edificio y seguir caminando para disfrutar del buen tiempo que nos estaba regalando Moscú.

Por cierto, hasta ahora no hemos hablado de ello: tanto la Nueva Galería Tretiakov como el Parque de las Esculturas forman parte de un conjunto mucho más amplio denominado Parque Gorki. En realidad el nombre completo es Parque de la Cultura y el Descanso en memoria de M. Gorki (Центральный Парк Культуры и Отдыха (ЦПКиО) им. Горького) y es uno de los sitios más conocidos de Moscú en occidente por la novela de Martin Cruz Smith que fue llevada al cine y protagonizada por William Hurt. El Parque Gorki, es, además, del que se habla en la mitiquísima canción de los Scorpions, Wind of Change: “I follow the Moskva/ Down to Gorky Park/ Listening to the wind of change” .

Vamos, que es un sitio de lo más curioso lleno de sorpresas. En los alrededores de la Nueva Galería Tretiakov vimos de todo: un conjunto de esculturas de políticos de la URSS, una especie de paseo de la fama con sus estrellitas, una escultura de un globo terráqueo…

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Y al otro lado de una gran carretera, pero todavía dentro del Parque Gorky, había un gran arco que parecía dar acceso a algo importante. No sabíamos lo que era, pero decidimos ir a investigar. Nuestra curiosidad nos llevó a una especie de parque de atracciones cerrado… o abandonado, ya que no tenía muy buen aspecto. El caso es que estuvimos dando una vuelta por allí y al final tuvimos cachondeo con las montañas rusas rusas. ¿A qué tendría su cosilla montarse en una montaña rusa en Rusia? No fue posible, pero estuvimos con la gracia un buen rato.

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Caminando por el parque nos dimos cuenta de una cosa terrible: ¡Eran más de las tres y aún no habíamos comido! Se nos había ido el santo y las tripas empezaron a rugir sin previo aviso. Como por los alrededores no se veía nada decidimos hacer una cosa: caminar hacia el Metro y trasladarnos hacia la Plaza Roja, donde había más posibilidades.

Viendo el mapa no nos debería haber llevado más de cinco minutos, pero con hambre los sentidos se atrofian y nos desorientamos. Si ya en San Petersburgo habíamos pasado un rato perdidos, aquí fue una hora deambulando por una amplia avenida en la que según el mapa debería haber una estación de Metro… pues no, no la había. Más de una hora perdidos hasta que, tras preguntar a varias personas, conseguimos encontrar una parada que pareció un oasis en medio del desierto.

Eran ya más de las cuatro por lo que no buscamos nada: fuimos directamente al McDonald’s que hay al norte de la Plaza Roja, pues nos apetecía comer rápido porque el hambre apretaba como nunca.

Rusia 392Por cierto, una curiosidad: en los alrededores de la Plaza Roja es frecuente encontrar a gente disfrazada de personajes famosos de Rusia: Lenin, Stalin, Putin… Éstos se ganan la vida haciéndose fotos con unos turistas a cambio de la voluntad (más o menos como pasa en la Plaza Jma el Fna de Marrakech con los aguadores).

La verdad es que al Lenin de la foto de más arriba le sacamos la foto a traición, pero como estudiantes con hipoteca a 45 años que somos tenéis que comprender que tratásemos de ahorrar en cada rublo.

Otra cosa que nos llamó la atención esa tarde es el poco bullicio que había cerca de la Plaza Roja. Nos asomamos a ver y… ¡Estaba cerrada! Tal cual, con una verja negra y sin ninguna explicación. ¿Os imagináis la que se montaría en París si cierran la Torre Eiffel sin previo aviso y sin dar ninguna justificación? Los rusos son así, pero nosotros no nos íbamos a quedar sin saber qué pasaba y decidimos ponernos a investigar.

Para ello entramos por un lateral a los almacenes GUM, desde donde vimos que la plaza estaba en obras. En los días anteriores ya habíamos visto movimiento, pero no imaginábamos que llegarían a cerrarla. Husmeando por los alrededores vimos a un guía turístico preguntando a un guardia en ruso y traduciendo en inglés a sus acompañantes que llevaba cerrada todo el día. No abriría hasta la noche porque estaban avanzando mucho con las obras para maquear la plaza y tenerla lista para el desfile del 8 de mayo (el Día de la Victoria).

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Rusia 395Aún nos quedaba un buen trozo de tarde, y aprovechando que estábamos allí fuimos a explorar la Calle de Santa Bárbara (Ulitsa Varvarka), entorno a la cual se aglutinan un montón de pequeñas iglesias. Es una de las calles más famosas del barrio de Kitai Gorod o Kitay-gorod (Китай-город).

Es un sitio a tener en cuenta, pues ofrece muchos edificios chulos y apenas está transitado. Empezamos por la Iglesia de Santa Bárbara (de fines del siglo XVI), que es la que da (o recibe) el nombre a la calle. No sólo hay construcciones religiosas, también está la famosa Casa Inglesa: la residencia de los primeros diplomáticos ingleses en la ciudad. A ella llegaban además las importaciones desde Gran Bretaña. También es destacable la Iglesia de San Máximo.

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Otro edificio chulo es la Casa del Boyardo Romanov, donde se exponen objetos que recrean la vida cotidiana de dicha dinastía de zares. Sin embargo, por hora ya había cerrado y no pudimos visitarlo. Sí que pudimos explorar más a fondo la Iglesia de San Pedro, pues aunque estaba cerrada pudimos entrar al recinto y contemplarla desde otra perspectiva. También es interesante la Iglesia de San Jorge, de fines del siglo XVII.

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Rusia 402Si os fijáis, mientras se recorre la calle en todo momento se ve detrás de las iglesias un enorme descampado lleno de escombros. Allí estaba el Hotel Rusia, un enorme edificio que fue demolido hace ya unos años. No sabemos qué quieren construir en su lugar, pero el caso es que se veía una obra y seguramente en próximos años el paisaje cambie.

Nuestro recorrido nos llevó a un parquecito lleno de gente joven. No sabemos el nombre, pero es fácil localizarlo ya que está al final de la Ulitsa Vavarka. Además, en el centro hay una estatua de Kirill y Mefodyi que también es fácilmente reconocible. Lo bueno del paseo es que terminamos justo en la estación de Kitay-gorod (Кита́й-го́род) de Metro, por lo que desde ahí nos fuimos hacia casa. Ese día íbamos a ir de cena con la familia por lo que teníamos que pasar por casa para darnos una duchita y acicalarnos un poco.

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La cena fue en el Petrovski Restaurant, uno de los sitios más chic de Moscú. El sitio fue en tiempos un lugar clandestino en el que se reunían distintos opositores al régimen, encabezados por el dibujante Petrovski. Con el tiempo el lugar se fue transformando y en la actualidad es un sitio bastante exclusivo en el que se cena con música en directo. La comida fue deliciosa y nos dio la oportunidad de probar diferentes platos típicos de la gastronomía rusa. Además, también fue la ocasión perfecta para pasar un buen rato con la familia.

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Rusia 408A pesar de estar con nuestros tíos también hubo tiempo para el bailoteo, pues el sitio era bastante animado. Sin embargo… ¡Hasta aquí podemos leer! La noche dio mucho de sí pero eso es algo que quedará guardado en el baúl de los recuerdos. El caso es que ha sido probablemente la cena más divertida y surrealista en la que hemos estado.

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