Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo IV: De la Plaza Roja al espacio exterior (Día 2)

Hay veces que el cansancio es tan grande que una noche no resulta suficiente para recuperar las fuerzas. El día anterior habíamos dormido menos de una hora, volado durante cinco y recorrido una distancia considerable a pie por Moscú… ¿Hace falta decir más para explicar lo doloroso que fue oír el despertador por la mañana? Dormimos ocho horas largas, y aunque fisiológicamente quizá hubiéramos necesitado el doble las ganas de conocer Moscú primaban sobre todo lo demás. Por cierto, esta es la vista que había desde casa de nuestros tíos. Es maravilloso despertarse y tener un día tan soleado por delante.

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Al final, aunque nos movíamos como zombies conseguimos nuestro objetivo de estar en la Plaza Roja (Красная площадь o Krásnaya plóshtad’) alrededor de las 10. Para llegar aquí sirven distintas paradas de Metro, aunque las dos más cercanas son la estación de Okhotny Ryad (Охотный ряд) y la estación de Ploshchad Revolyutsii (Пло́щадь Револю́ции). Si en el capítulo anterior os enseñamos fotos de noche y le dimos el protagonismo a las sensaciones, ahora llega el turno de dar unas pinceladas de Historia sobre tan maravilloso lugar que, dicho sea de paso, en algunas zonas estaba renovando el pavimento: allá donde vamos hay obras.

Lo primero que nos impresionó fue su gran tamaño: 330 metros de largo por 70 de ancho, en lo que supone más de 23000 m². Por otro lado, el nombre también es interesante: no tiene que ver con el pasado comunista de Rusia, sino con cuestiones etimológicas. La palabra Krásnaya hoy significa roja, pero antaño se empleaba para referirse a algo bonito: por tanto, el nombre original sería Plaza Bella. Fue creada a fines del siglo XIV, cuando Ivan III de Rusia demolió unos cuantos edificios de madera para evitar incendios en las proximidades del Kremlin. La nueva plaza gozó rápidamente de popularidad al albergar mercados y ceremonias públicas (como desfiles militares, que se siguen realizando en la actualidad), tanto que con el tiempo pasó a ser el centro de la ciudad y en la actualidad es desde donde parten las principales calles moscovitas, unidas entre sí por una serie de anillos concéntricos a la propia Plaza Roja. Hay que destacar, además, que desde 1990 es junto con el Kremlin Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En definitiva, uno de los principales atractivos del viaje.

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Llegamos muy prontito, por lo que por horario sólo estaban abiertas las Principales Tiendas Universales, conocidas generalmente por sus siglas GUM (en ruso Главный Универсальный Магазин o ГУМ). Se trata de unos grandes almacenes ubicados en un impresionante edificio proyectado por el arquitecto Alexandr Pomerántsev a fines del siglo XIX. Arquitectónicamente es un sitio impresionante: fachada de más de 250 metros, amplios ventanales, decoraciones de lujo en mármol, areniscas y granito… Históricamente también tiene su aquel: ya tenía este uso antes de la revolución rusa, pero a los pocos años de ésta se nacionalizó. Stalin decidió destinarlo exclusivamente a oficinas, pero tras su muerte volvió a operar como grandes almacenes.

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El colofón de este pequeño recorrido histórico es que tras la caída de la URSS las GUM fueron privatizadas. Con el tiempo empezaron a surgir tiendas de lujo occidentales: Emporio Armani, Dior, Calvin Klein… Así, en la actualidad sólo unos pocos privilegiados van aquí a comprar. Rusos de a pie y turistas entramos en el edificio para disfrutar de la impresionante arquitectura, estar calentitos y poner cara de asombro ante los escandalosos precios de cada escaparate. Están abiertos en un horario muy amplio (de 10:00 a 22:00), por lo que es el sitio perfecto para refugiarse un rato de la lluvia o del frío si se está en los alrededores. Es curioso que uno de los lugares que más representan el capitalismo en Rusia esté justo aquí. Por cierto, el sitio nos recordó horrores al centro comercial Plaza Norte 2 de San Sebastián de los Reyes, que está cerquita de nuestra casa.

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En las GUM estuvimos un ratillo, pero como no teníamos intención de comprar nada salimos a seguir explorando la Plaza Roja. Según se mira la fachada de los grandes almacenes, a la izquierda, está lo siguiente que fuimos a ver: la Catedral de Kazán. Bueno, mejor dicho visitamos su réplica, pues en 1936, cuando Stalin acondicionaba la Plaza Roja para albergar grandes desfiles militares, demolió la original sin ningún reparo. En 1993, ya con la URSS disuelta, fue reconstruida siguiendo fotos y planos (hay que quedarse con esta idea porque más adelante os enseñaremos dos edificios que corrieron la misma suerte).

Una de las cosas más bonitas de la Catedral de Kazán es el sonido de sus campanas. Al menos a las 10:00 (no sabemos si a otras horas es igual) se ponen a repicar regalando a los cuatro vientos una melodía difícil de olvidar. Su interior no es demasiado significativo, pero acceder es gratis y nunca está de más visitar un templo ortodoxo. A la primera no pudimos entrar porque estaban en misa, pero después de ir al Museo Estatal de Historia lo volvimos a intentar y pasamos unos minutos. Por cierto, las mujeres tienen que ir con la cabeza tapada: esto es algo que aprendimos en los últimos días del viaje y que explica varias situaciones en las que todo el mundo nos miraba mal. Avisados quedáis.

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De ahí fuimos al edificio que mejor representa el simbolismo que tenía esta plaza en época soviética: el Mausoleo de Lenin (también denominado con frecuencia Tumba de Lenin). La construcción es una especie de pirámide truncada que desde un punto de vista artístico tiene su importancia, pues es uno de los pocos ejemplos de constructivismo ruso que se realizaron antes de que todo estuviese marcado por las rígidas directrices de Stalin.

No hace falta decir que este pequeño mausoleo está llamado a albergar los restos de Lenin. El dirigente revolucionario ruso, tras su muerte, fue momificado y desde entonces visitar su cuerpo es uno de los principales atractivos de Moscú. Pese a ello visitarlo es, como habíamos leído en varias guías de viaje, cuestión de suerte: teóricamente abre de 10:00 a 13:00 los martes, miércoles, jueves, sábados y domingos, pero en la práctica es muy frecuente encontrarlo cerrado sin ninguna explicación. ¿Os imagináis la que se liaría en Madrid si aparece cerrado el Palacio Real y nadie da una explicación?

Rusia 63Cuando nosotros fuimos estaba cerrado y con obras en los alrededores. Además, conocíamos a gente que había viajado aquí pocas semanas atrás y no había podido entrar. Nos daba rabia no poder verlo, pero no había mucho que hacer aparte de pasar siempre que se estuviese cerca para ver si había suerte. ¿Lo conseguiríamos? La respuesta el último capítulo.

De lo que no había duda era de que entraríamos a ver la Catedral de San Basilio, también llamada Catedral de la Intercesión de la Virgen en el Montículo (Собор Василия Блаженного o Собор Покрова пресвятой Богородицы, что на Рву). Como ya dijimos en el capítulo anterior es un edificio que nos ha impresionado más de lo que esperábamos: sus colores, sus cúpulas y su llamativa ubicación han quedado grabados a fuego en nuestra mente.

Rusia 64Fue construida a mediados del siglo XVI por el arquitecto Póstnik Yákovlev, que había recibido el encargo de Iván IV el Terrible para conmemorar la conquista de Kazán. El hecho de que se la conozca por dos nombre distintos se explica porque aunque las obras terminaron en 1561 al cabo de un par de décadas Fiodor Ivanovich, el sucesor de Iván el Terrible, ordenó que se construyera una nueva capilla sobre la tumba de San Basilio el Bendito. Desde entonces ambos nombres fueron de la mano, aunque en la actualidad es casi unánimemente conocida como la Catedral de San Basilio.

Sólo habían pasado unas horas desde que por la noche hubiéramos quedado maravillados con la catedral, pero aún así volvimos a pasar un buen rato boquiabiertos y haciendo fotos de absolutamente todo aprovechando que aun quedaban unos minutos para la apertura. El horario de visitas es algo restringido: de 11:00 a 17:00 en los meses de invierno y hasta las 18:00. Según las guías de viaje que habíamos leído cierra todos los martes y el primer lunes del mes, pero en los carteles de la taquilla no ponía nada de eso.

Rusia 65Entrar cuesta 150 rublos los adultos y 50 si se posee el carnet de estudiante internacional (como era nuestro caso). Aviso importante: aquí, como en otros muchos museos y monumentos rusos, te intentan cobrar una tasa por hacer fotos y vídeos. Nuestro consejo es que no la paguéis, ya que luego nadie controla y en todo caso, si os pillan, os dirán que guardéis la cámara y ya está. Bastante que como extranjeros pagamos mucho más que el resto como para encima tener que pagar tasas desmesuradas por hacer fotos (en algunos sitios hasta el triple del precio de la entrada).

Al visitar la Catedral de San Basilio comprobamos que los rusos, para lo que quieren, son muy puntuales. Cuando faltaba un minuto para las once apareció un guardia de la nada y cuando la cercana Torre de Spasskaya (Спасская башня) se puso a dar las campanas abrió la verja. Entonces pasamos por caja, soltamos los rublos y dimos la vuelta alrededor del templo para disfrutar de su llamativa arquitectura. Los colores y las formas hablan por sí solos, más aun en un día tan bueno como el que hacía.

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En cualquier caso, que nadie mire únicamente a las cúpulas con forma de cebolla porque San Basilio ofrece mucho más: el monumento a Minin y Pozarski, una colección de cañones, iconos, escalinatas… Además, dar la vuelta alrededor de la catedral es gratis, ya que la entrada sólo te la piden para acceder al interior. Por tanto, si queréis ahorrar unos rublos pero os apetece verla desde todos los ángulos pasad con confianza.

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Llegados a este punto… ¿Para qué nos vamos a engañar? Así como el exterior nos pareció de lo más bonito que hemos visto en nuestra vida el interior nos decepcionó un poco. Las estancias son pequeñas y oscuras, su decoración no es nada del otro mundo y el recorrido es bastante caótico. Eso sí, tal y como os hemos dicho pudimos hacer fotos sin ningún problema: al principio nos escondíamos un poco pero al final todo el mundo iba cámara en mano, hubiera pagado la tasa por fotos o no.

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Completamente obnubilados por su exterior, aunque un poco fríos por el interior, dejamos a nuestra espalda la Catedral de San Basilio para ir a la otra punta de la Plaza Roja, donde esperaba el Museo Estatal de Historia de Rusia (Государственный Исторический музей). Fundado en 1872, es una visita obligada ya que se trata del museo más antiguo de toda Rusia. Además, su llamativo edificio es otra de las imágenes recurrentes de la Plaza Roja.

Rusia 75El exterior, con sus impresionantes ladrillos rojos y su tejado blanco, responde al singular estilo neoruso, mientras que su interior sigue una línea emparentada con el romanticismo. Abre de 11:00 a 18:00 (cierra los martes) y entrar nos costó 60 rublos por persona en tarifa de estudiante. Por supuesto, ni por un instante se nos ocurrió pagar la abusiva tasa por hacer fotografías.

Rusia 76A veces el continente cobra mucha importancia en los museos, y este es el mejor ejemplo. Todas las salas están profusamente decoradas desde el suelo hasta el techo y sólo por dicha decoración ya merecería la pena la visita. Sin embargo, en este caso la colección va muy a la par: el museo posee más de cuatro millones de piezas de las cuales están expuestas 300.000 a lo largo de decenas de salas. Mención aparte merece la sección de numismática, pues ella solo cuenta con más de un millón y medio de monedas. Como veis, en Rusia todo se hace a lo grande.

No lo hemos dicho todavía, pero por el nombre se deduce fácilmente que la colección del museo está destinada a repasar la evolución histórica del país. Eso sí, se echa en falta que en un lugar tan visitado la cartelería únicamente esté en cirílico. No les costaría nada ponerlo también en otros idiomas y así se le sacaría mucho más jugo. Además, no nos dieron un plano a la entrada y en algunos momentos era difícil seguir el hilo. Sin embargo, como historiadores que somos el frikismo aflora en este tipo de sitios y fue uno de los que más nos gustaron de todo el viaje.

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Y, para terminar con la Plaza Roja, queremos enseñaros un par de cositas que suelen pasar desapercibidas pero que tienen su importancia. La primera es el Lobnoye mesto o Lobnoe Mesto (Лобное место), un círculo de piedra elevado que está al lado de la Catedral de San Basilio. Lo dicho: de cerca puede parecer poca cosa, pero tiene más de cuatro siglos de vida y en él se celebraban actos públicos como lecturas de ordenanzas del zar o ejecuciones. Hoy en día su principal uso, a juzgar por lo que nos encontramos, es ir a tirar moneditas, una costumbre que siempre vemos allá donde vamos y que jamás entenderemos.

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¿Recordáis la Catedral de Kazán, su demolición y su reconstrucción? Os dijimos que mantuvieseis esa idea porque en la misma esquina que el templo hay dos edificios que sufrieron idéntico destino: las Puertas Voskresensky (Воскресенские ворота o Иверские ворота)  y la pequeña Capilla Iverskaia (И́верская часо́вня). Es un lugar de paso obligado para salir por la zona norte de la Plaza Roja y que también tiene mucho encanto.

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Así, franqueamos la puerta y buscamos acomodo en la Manezhnaya Ploshchad (Манежная площадь) para comernos los deliciosos bocadillos de tortilla de chorizo y queso que nos había preparado el gran Pipo. En uno de los puestos de los alrededores nos compramos una botella de Pepsi (60 rublos) y dimos cuenta de lo que a esa hora era un manjar, pues llevábamos toda la mañana caminando y había mucha hambre. Por cierto, en esa zona los fines de semana se montan muchos puestos en los que comprar souvenirs: es un poco más caro que Ismailova, pero si no tenéis pensado ir al mercado esta puede ser una buena opción. Nosotros aprovechamos para comprar un par de chapas/insignias de la URSS como recuerdo (a 50 rublos cada una).

Rusia 85Ya con el estómago lleno fuimos hacia la famosa Plaza de los Teatros o Teatralnaya Ploschad (Театральная Площадь). Es una de las principales plazas de la ciudad y toda una referencia a nivel cultural por los edificios que alberga.

En el montaje que abajo hemos hecho a partir de varias fotos se aprecian los tres teatros de la plaza: el Teatro Detskii, destinado a representaciones para público infantil; el Teatro Bolshoi (Большой театр), que desde su construcción en el primer cuarto del siglo XIX se ha convertido en el más popular del país; y el Teatro Mali (Малый театр), que se construyó siguiendo como modelo la Comédie-Française de París. Por tanto, ya sabéis: si queréis ir al ballet o a la ópera esta es vuestra plaza. Las entradas se venden en las taquillas de los teatros, en pequeños kioskos diseminados por toda la ciudad y a través de reventas, pero era un lujo que nuestro pequeño presupuesto no se podía permitir.

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Por cierto, el lugar tuvo una gran significación en época soviética: aquí es donde el 5 de mayo de 1920 (cuando se conocía como Plaza Sverdlov) Lenin estaba pronunciando un discurso y fue retratado en lo que a posteriori ha sido una de sus imágenes más conocidas. Ésta se pone constantemente como ejemplo de la férrea censura de Stalin, ya que durante su mandato la foto se retocó eliminando a Trotski de ella.

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Foto original con Trotski (izquierda) y foto retocada en época estalinista.

Rusia 87Volviendo al siglo XXI, desde la Plaza de los Teatros se ve el edificio de la Duma del Estado (Государственная дума o Gosudárstvennaya Duma), la cámara baja de la Federación Rusa. Por ello, que nadie se extrañe de ver más policías y militares de lo normal por los alrededores… aunque bien pensado lo raro es encontrar un sitio sin fuerzas del orden en Moscú.

De Teatralnaya fuimos andando a la Plaza Lubyanka o Lubianka (Лубянская площадь, Lubianskaya ploshchad). Este lugar antaño producía terror, pues dos de sus edificios estaban destinados a la parte más oscura de la URSS: el Palacio de la Checa (para la lucha frente a los “contrarrevolucionarios”) y el Palacio del Conde Rostopcin (sede de la KGB, siglas de la Komitet gosudárstvennoy bezopásnosti o, en castellano, del Comité para la Seguridad del Estado).

Rusia 88Y es que los rusos lo sabían bien: si te llevaban aquí estabas en apuros. Eso también disparó la imaginación de los europeos, pues aunque desde un punto de vista arquitectónico la plaza tiene menos interés que otras goza de una gran popularidad. El secretismo soviético tiene mucho tirón, y cómo se ve en la foto aún queda alguna espía…

En la misma plaza está la estación de Lubyanka (Лубя́нка), que a nosotros nos serviría para cambiar radicalmente de tercio. Con la visita al antiguo edificio de la KGB habíamos terminado de ver todo lo que en nuestro planning figuraba como “Plaza Roja y alredededores”, pero aún quedaban muchas horas de sol y no nos íbamos a volver a casa.

Rusia 89Así, decidimos ir hasta la estación de VDNKh (ВДНХ), en el noreste de la ciudad. Es una zona con unas cuantas cosas para ver, aunque la principal motivación que nos llevaba hasta allí es nuestra afición por todo lo relacionado con el espacio: misiones espaciales, cosmonautas, satélites… La tarde prometía mucho, la verdad.

Por cierto, la VDNKh es la estación en la que vive Artyom, el protagonista de la novela Metro 2033. Esta genial obra post-apocalíptica puede ser una excelente compañera de viaje para conocer el Metro de Moscú antes de visitarlo o de recordar las fastuosas estaciones que en él se encuentran.

Según se sale del Metro sorprende el impresionante Monumento a los Conquistadores del Espacio (Монумент «Покорителям космоса»), erigido en 1964 para celebrar los avances de la URSS en la exploración espacial. Está ubicado en el Parque Timiryazeva, y su elemento más destacado es un enorme obelisco en forma de cohete espacial con su estela de despegue que mide más de 100 metros. La verdad es que deja sin palabras: otra cosa no, pero los rusos saben como hacer monumentos.

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Sin embargo, tan importante como el obelisco es el basamento sobre el que se apoya. Cuenta con una serie de autorrelieves que sirven para poner de manifiesto lo colosal que fue la carrera espacial para la URSS. Un gran ejercicio de propaganda que muestra astronautas, ingenieros y gente del pueblo. También hay inscripciones con algunos hitos del periodo e, incluso, un poema que habla por sí solo:

И наши тем награждены усилья,
Что поборов бесправие и тьму,
Мы отковали пламенные крылья
Своей Стране
И веку своему!
Y la recompensa a nuestros esfuerzos fue que,
habiendo triunfado sobre la opresión y la oscuridad,
hemos forjado las alas de fuego
para nuestra nación
y nuestro siglo!

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Por si todo esto fuera poco, en la base del monumento está el Museo Memorial de los Cosmonautas o Museo Memorial de la Exploración Espacial (Мемориальный музей космонавтики). Abre de martes a domingo de 11 a 19, por lo que al ser de los museos que más tarde cierran puede ser una buena opción para última hora del día. Cuando llegamos nos quedamos asombrados, porque nos encontramos con una cola enorme. No sabíamos si dentro se vendían entradas o si era con reserva, duda que no nos resolvió el hombre de la puerta (con el que fue imposible comunicarnos). De todos modos, detrás nuestro había unos rusos cuyo hijo estudiaba español y más o menos pudimos enterarnos de que las entradas se vendían dentro.

Rusia 97No es el museo más barato de Moscú (100 rublos por persona) pero aún así merece la pena. Además, en 2011 se conmemora el 50 aniversario del primer vuelo humano al espacio (por el cosmonauta Yuri Gagarin) y según leímos en internet la asistencia está siendo masiva. Hay actividades, exposiciones temporales, conferencias… todo en ruso, por supuesto.

En cualquier caso después de media hora esperando pudimos entrar. Las piezas expuestas hacen un repaso a la carrera espacial vista desde el lado ruso: la nave Sputnik, la perra Laika, el papel de la mujer a través de Valentina Tereshkova… Pero claro, volvemos a lo de siempre: todo está en ruso. Si los letreros también estuviesen en inglés se le sacaría mucho más partido a la visita. Aún así merece totalmente la pena, se sea o no aficionado a todo lo relacionado con la exploración espacial.

Un libro perfecto para una primera aproximación a la exploración del espacio es “La carrera espacial. Del Sputnik al Apollo 11“. Está muy bien escrito y es divertido, así que también puede ser un buen compañero de viaje.

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En el museo estuvimos un buen rato disfrutando entre trajes y cohetes espaciales. Una recomendación: puede ser un sitio muy chulo para ir con niños, ya que hay simuladores y talleres destinados a los más pequeños.

Rusia 101Ya en la calle levantamos un poco la vista para contemplar dos figuras que destacaban en los alrededores. Por un lado está el Hotel Cosmos (Космос), una enorme mole construida para ampliar la oferta hotelera de cara a los Juegos Olímpicos de Moscú ’80. Tiene más de 1500 habitaciones y representa a la perfección la arquitectura apoteósica de estilo soviético.

Rusia 102Al otro lado se encuentra la Torre Ostankino (Останкинская телебашня). Mide 540 metros, lo que supone que es la segunda torre de comunicaciones más alta del mundo (sólo superada por la Torre CN canadiense). Fue construida en los años 60 del pasado siglo y hasta un incendio en el año 2000 era visitable: en la actualidad está sumida en un proceso de reconstrucción que parece no acabar nunca. De todos modos su silueta es impresionante y en esta zona de Moscú es un elemento perfecto para orientarse en caso de estar perdido.

A una distancia más cercana destacaban varios edificios juntos en una especie de recinto al que iba mucha gente. No sabíamos muy bien qué era, pero decidimos acercarnos. Al final resultó ser el Centro Panruso de Exposiciones o Centro de Exposiciones de Toda Rusia (Всероссийский выставочный центр). El proyecto fue concebido en 1937 como una serie de pabellones de gran tamaño en los que mostrar a rusos y extranjeros los avances de la URSS en todas las materias: política, ciencia, economía… Sin embargo con el paso del tiempo ha ido cogiendo un aire decadente, como de recinto ferial abandonado, y en la actualidad funciona como sitio para pasear, para comprar cosas o para ver alguna exposición temporal. Eso sí, todo de medio pelo. Aún así merece la pena recorrer el recinto, pues cada uno de sus edificios es un museo al aire libre de simbología soviética.

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Con esto dábamos por terminada la visita a la zona, aunque de camino al Metro nos dimos cuenta de que la zona del Monumento a los Conquistadores del Espacio aún tenía algo que ofrecernos. Justo en el lado opuesto al museo se nos había olvidado explorar una serie de bustos dispuestos a lo largo de una gran avenida. Están dedicados, como no podría ser de otro modo, a los principales cosmonautas rusos: los bustos Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova aún tienen flores. Por cierto, el vocabulario es importante: nunca nos habréis leído pronunciar la palabra astronauta para referirnos a los exploradores del espacio rusos, porque ese es el término que utilizaban los americanos. Aquí se les llama cosmonautas en un claro ejemplo de que la Guerra Fría se jugaba a todos los niveles.

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A pesar de todo lo que ya habíamos visto aún quedaban unas horas de sol, y al ser el primer día del viaje no estábamos del todo cansados. Como era domingo y hacía buen tiempo decidimos acercarnos a una de las zonas más ajetreadas de todo Moscú: la confluencia entre la calle Arbat (Арба́т) y la calle Nueva Arbat (Но́вый Арба́т). Para llegar aquí tomamos de nuevo el Metro hasta la estación de Arbatskaya (Арба́тская). Las dos calles son totalmente distintas pero ambas tienen su encanto. Pero vayamos por partes, ya que es un sitio muy interesante.

En primer lugar fuimos a la calle Arbat. Imaginaos la típica avenida peatonal de ciudad española en verano: un montón de gente paseando, puestos callejeros y tiendas en las que se vende de todo. A esto hay que sumarle un ambiente muy divertido, pues durante nuestro paseo vimos músicos callejeros, gente dando abrazos gratis, grupos disfrazados… Vamos, un lugar en el que no hay muchos edificios de renombre pero al que siempre merece la pena ir. No recorrimos más que un tramo, pero la calle tiene mucho que ofrecer y de verdad que os animamos a venir aquí en un fin de semana para perder la imagen de los rusos como gente poco animada.

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Las calles se van separando según se avanza, así que cuando ya nos cansamos dimos la vuelta y volvimos al inicio. Para cambiar de una calle a otra utilizamos un paso subterráneo en el que fuimos embriagados por el olor de un pequeño puesto de bollos de la cadena VIPpechka (VIPпечка). Solo habíamos comido un bocata y llevábamos todo el día andando, por lo que dimos cuenta de dos deliciosos dulces calientes rellenos de fresa y cereza (20 rublos cada uno). ¡Riquísimos!

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De nuevo en la superficie, la calle Nueva Arbat es totalmente distinta. En este caso nos encontramos con la típica avenida dividida por muchos carriles en los que los coches armaban un ruido atronador. Es curioso el cambio, que también se refleja en los edificios: mientras que Arbat es más pequeñita en esta se distribuyen distintos edificios enormes destinados a viviendas. No son especialmente bellos, pero si muy significativos. En los bajos de uno de ellos entramos a curiosear en una librería enorme: nos queríamos haber comprado un libro de cocina rusa (como hicimos en Rabat con la comida marroquí), pero no encontramos ninguno que nos gustase.

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Rusia 114La excepción a esta monstruosa arquitectura es la Iglesia de Simeón el Estilita (Церковь Симеона Столпника на Поварской). Es un pequeño conjunto del siglo XVII que pervive a duras penas entre tremendos grises edificios que parecen querer comérselo. Sus techos y cúpulas verdes son su principal seña de identidad.

Con esto poníamos punto y final a una jornada realmente agotadora, volviendo a casa donde nos esperaba la familia para cenar todos juntos. En nuestro segundo día en Moscú habíamos visto un montón de cosas y las sensaciones no podían ser mejores en todos los sentidos: monumentos preciosos, buen tiempo, gente amable… ¡Todo estaba saliendo tal y como lo habíamos planeado!

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