Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo III: Una buena panorámica (Día 1)

Después de cinco horas de vuelo y de tener que adelantar dos más el reloj por el cambio de huso horario eran ya las siete de la mañana… ¡Y como mucho habíamos dormido unos pocos minutos! Aún así, cuando se está de viaje las fuerzas parecen inagotables y el sueño no era ningún problema. Los primeros pasos tras aterrizar fueron los propios de un aeropuerto: pasamos por el control de pasaportes, nos pusieron un sello en el visado y fuimos a recoger el equipaje.

Ya con los maletones nos recorrimos el Aeropuerto de Domodedovo (Московский аэропорт Домодедово) de una punta a otra en busca de la estación de tren. No tiene ninguna pérdida, puesto que está anunciada en inglés y con el típico logotipo esquemático de un tren. Hay que seguir los letreros en los que pone Aeroexpress (Аэроэкспресс), que es el tren que comunica el aeropuerto con la estación de Paveletskaya (Павелецкая). Justo antes del andén están las taquillas en las que comprar los billetes (320 rublos por persona). Esto no supuso ningún problema, ya que aunque no hablaban inglés están acostumbrados a tratar con turistas y con un “twoticketsplisss” fue suficiente. Y nada, con las mismas nos plantamos en el andén comprobando que hacía un día frío pero soleado…

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El Aeroexpress es un servicio que funciona perfectamente. Los trenes salen desde las 7:00 hasta las 00:00, con una frecuencia de media hora y una puntualidad increíble. Además, los 45 minutos que tarda en llegar a Paveletskaya se hacen muy llevaderos ya que son ferrocarriles modernos, cómodos y perfectamente climatizados. La primera impresión que nos llevamos, después del aeropuerto y del tren, fue la de un país mucho más moderno de lo que esperábamos.

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En los primeros momentos de un viaje, da igual que sea a Albacete o a Madagascar, los ojos van bien abiertos y no hay detalle que pase desapercibido. En este caso fuimos acurrucados en los asientos del Aeroexpress viendo como poco a poco un paisaje totalmente boscoso daba paso a otro totalmente transformado en el que fábricas y coches pasaban a ser los protagonistas. Mención aparte merece la primera imagen que tuvimos del río Moscova (Москва), el cual sería uno de los protagonistas de este bonito viaje.

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Lo dicho: puntualidad a la rusa. Cogimos el tren a las 8:30 y a las 9:12 estábamos en Paveletskaya. Allí nos estaban esperando el primo pequeño de Edu, que también se llama así, y Pipo (el novio de la tía de Edu). Da gusto irte a miles de kilómetros y que lo primero que hagas sea ser recibido por la familia. Con ellos fuimos andando hasta su casa, donde nos alojaríamos durante los días que estuvimos en Moscú. De camino nos fueron hablando de curiosidades culturales de todo tipo: desde el particular carácter ruso hasta la escasez de pasos de cebra que hay en la ciudad, pues casi siempre se cruza por unos pasos subterráneos en los que suele haber pequeñas tiendas de comestibles.

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Al llegar a casa dejamos las maletas, desayunamos con ellos y nos pusimos un poco al día, en especial Erika que llevaba sin verles desde el viaje a Rumanía de 2008. Al poco se levantó la tía de Edu, que estaba en su penúltimo día antes de reincorporarse al trabajo tras las vacaciones. Pero vamos, que no pudimos aguantar mucho más en casa: Moscú estaba esperando y queríamos hincarle el diente cuanto antes. Como estábamos un poco cansados y no teníamos nada previsto para ese día (en realidad nada del planning era fijo, únicamente teníamos imprescindibles que se irían acomodando a lo largo del viaje) Pipo se ofreció para hacernos una panorámica en coche por el barrio y por el centro.

Rusia 15Llegados a este punto es necesario hablar de Pipo. Es de esas personas a las que merece la pena conocer: a su lado es imposible no reírse. Una mente brillante de locura infinita, pero a la vez es amable y cariñoso. Sus recursos no tienen límites y constantemente te está contando historias con las que acabas llorando de la risa. Lo dicho, un genio.

Con él nos montamos en el mismo todoterreno con el que hace tres años, para demostrarnos lo mal que se conducía en Bucarest, empezó a hacer maniobras “arriesgadas”. En este viaje, unos días más adelante nos haría otra demostración empírica, pero esta vez para enseñarnos que Moscú es una jungla optó por cambiar de sentido en una autovía equivalente a la M-30. No nos cansamos de decirlo: Pipo es un genio adelantado a su tiempo y con él los días son más divertidos.

El tour empezó en el barrio, donde pasamos por la puerta de la Российский Экономический Университет имени Г.В. Плеханова o, lo que es lo mismo, una universidad internacional privada en cuya puerta es más frecuente ver Ferraris y Porsches aparcados que gente estudiando. Siguiendo por la misma calle llegamos a la Iglesia de la Ascensión a las Puertas de Serpukhov (церковь Вознесения за Серпуховскими воротами). Realmente no sabemos si hemos traducido bien el nombre, ya que no hemos encontrado este pequeño templo ortodoxo en ninguna guía de viaje. En cualquier caso, para nosotros ha sido toda una referencia ya que estaba justo enfrente de la estación de Serpukhovskaya (Серпуховская), parada de Metro en la que empezaron casi todas nuestras excursiones. Más adelante vimos otras muchas iglesias ortodoxas, comprobando que en Moscú hay una casi en cada calle.

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Rusia 18Sin seguir un rumbo específico fuimos a parar a la cara sur de la Plaza Roja (Красная площадь o Krásnaya plóshtad). Nunca se nos va a olvidar la primera vez que la vimos a lo lejos y automáticamente nos miramos el uno al otro con una sonrisa en la boca. No nos bajamos del coche más que para hacer una foto, pero desde entonces nuestra mente sólo pensaba en ir allí cuanto antes.

Rusia 19Las frenéticas carreteras moscovitas y la particular forma de conducir de Pipo nos llevaron a un bonito puente desde el que se veían las murallas del Kremlin y la Catedral de Cristo Salvador. Estaba siendo un paseo sin rumbo, pero se nos estaban poniendo los dientes larguísimos… ¡Qué ganas teníamos de empezar a recorrer la ciudad!

Rusia 20Con las mismas llegamos a la Plaza de Octubre (Калужская площадь o Kaluzhskaya), donde está una estatua de Lenin de las muchísimas que hay distribuidas por la ciudad. Vladímir Ilich Lenin, desde su muerte, fue elevado a la categoría de dios en la URSS y las referencias a él por todo el país son constantes. Seguramente el ruso de a pie del siglo XXI no idolatre las tesis leninistas como antaño, pero los símbolos siguen estando ahí. Poco a poco empezábamos a sentirnos pequeños, una sensación que no nos abandonaría en todo el viaje debido a los innumerables edificios, avenidas y estatuas de tamaño descomunal.

Rusia 21El “Pipo’s tour” tenía como siguiente parada el Metro de Moscú. El precioso vestíbulo de la estación de Dobryninskaya (Добрынинская), perteneciente a la línea 5, es un buen ejemplo de que el apelativo de “palacio subterráneo” está plenamente justificado para referirse al Metro moscovita. Pero ya hablaremos de él en futuros capítulos.

Rusia 22Enfrente de esa estación está un McDonald’s. Este sería un dato irrelevante en casi cualquier país del mundo, pero aquí es de lo más llamativo. Cuando se estableció el primer Макдоналдс en Moscú, en 1987, las colas duraban varias horas y la gente se llevaba las cajitas a casa. ¿Se os ocurre mejor muestra de que el mundo estaba cambiando y de que la Guerra Fría había terminado?

Lo último que visitamos con Pipo fue el Mercado Danilovskiy (Даниловский рынок), un pequeño mercado en el que pudimos tomarle el pulso a la vida cotidiana moscovita. Aquí hacen frecuentemente la compra nuestros tíos, y fue muy interesante curiosear entre las diferentes vitrinas de carne, pescado y verduras. Los que ya lleváis un tiempo leyéndonos sabéis que nos encanta fisgonear siempre que vemos un mercado, experiencia que os recomendamos a todos allá donde estéis.

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Con eso poníamos punto y final al “Pipo’s tour”, aunque hicimos una última parada para cambiar rublos. Nos llevó a una casa de cambio no muy céntrica en la que obtuvimos unas condiciones muy favorables: casi 41 rublos por cada euro. Ya con la cartera llena de rublos (cambiamos 200€ del tirón que nos durarían casi todo el viaje) fuimos a buscar a la tía de Edu y los cinco nos fuimos a tomar un aperitivo que fue inmediatamente seguido de una comida no demasiado buena en un restaurante uzbeco. De hecho hubo un pequeño incidente con el plato de Pipo, pero esa es una historia que queda reservada para ser recordada en futuras reuniones familiares.

A la tarde nuestro primo pequeño había quedado con un amigo del cole y nuestros tíos se iban a llevarle, por lo que nos separamos de la familia y nos fuimos a meterle el primer mordisco a Moscú. No teníamos nada pensado para ese primer día, aunque en una ciudad tan grande es fácil encontrar algo que visitar. Sólo hizo falta un pequeño vistazo a nuestro planning para decidirnos por dos lugares periféricos para los que haría falta coger el Metro: el Parque de la Victoria y la colina de los Gorriones.

Nuestro punto de partida fue la estación de Kievskaya (Киевская). Al ser la primera vez que lo utilizábamos aprovechamos para comprar un bono de diez viajes por 265 rublos. En Moscú el metro es imprescindible para desplazarse y en total lo utilizamos más de cincuenta veces. Tras ese inciso hay que decir que nos apeamos en la estación de Kutuzovskaya (Кутузовская) por culpa de una mala indicación de nuestras guías de viaje, dado que la que mejor nos venía era Park Pobedy (Парк Победы). En cualquier caso, este error nos sirvió para recorrer la Kutuzovskiy Prospekt y así poder conocer el Arco del Triunfo de Moscú.

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Rusia 27El objetivo último era ir a visitar el Parque de la Victoria (Park Pobedy), ubicado en la la colina Poklonnaya (Покло́нная гора́), un amplio parque perfecto para pasar una tarde. Tiene un poco de todo: edificios muy interesantes, amplias zonas verdes, monumentos, puestos en los que picotear y una buena panorámica de la ciudad. En realidad, esto último era lo que nos había traído al sitio.

La zona en realidad es una especie de museo al aire libre que conmemora la victoria rusa sobre Napoleón. De hecho, eso explica la presencia del Arco del Triunfo que os hemos enseñado hace un momento: aunque el original se hizo en madera en 1814 fue reconstruido en esta ubicación a mediados del siglo XX, cuando se decidió dedicar la zona a estos menesteres. El entorno conmemora más cosas, y hay varios edificios relacionados con la II Guerra Mundial como la Sinagoga Memorial del Holocausto (Московская Мемориальная синагога). En cualquier caso, a nosotros la construcción que más nos llamó la atención fue la Iglesia de San Jorge (Храм Георгия Победоносца), construida en 1995 como parte de este memorial al aire libre.

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Rusia 31Sin embargo, el elemento más reconocible del parque es una impresionante alegoría del escudo moscovita en forma similar a un obelisco. Después de un buen rato paseando por el parque nos fuimos con la sensación de no haber visto ni la mitad, pero esa es una situación que estuvo muy presente en el viaje. Moscú es una ciudad enorme, lo cual se traduce en museos, monumentos, parques y otros lugares del mismo tamaño. En conclusión, hay que hacer una selección y profundizar únicamente en las cosas que más te interesan o si no puede ser imposible conocer la capital rusa.

Lo dicho, estuvimos una hora larga en el parque pero podrían haber sido cuatro o cinco sin problemas. Aún así, el día avanzaba y decidimos trasladarnos a la zona universitaria, donde habíamos leído que había una buena panorámica de la ciudad. Para llegar allí fuimos a la estación de Universitet (Университе́т), en la línea roja del Metro.

Rusia 32Al salir nos topamos con una gran avenida sin mayor interés, aunque no fue difícil orientarse ya que a lo lejos despuntaba el tremendo y emblemático edificio de la Universidad Estatal de Moscú (Государственный Университет имени М. В. Ломоносова). Esta construcción fue la más alta de Europa hasta 1991 y tiene muchísimo interés.

Forma para de una serie de edificios conocida como los Rascacielos de Stalin, las Siete Hermanas de Stalin o incluso los Siete Cojones de Stalin (no es broma). En origen eran ocho, pero el edificio más grande nunca se llegó a construir (era el Palacio de los Sóviets y hubiera medido casi 500 metros). Los siete edificios que si se llevaron a cabo fueron erigidos en los años 50 y cambiaron radicalmente el skyline moscovita, pues en el centro es difícil estar en un sitio en el que no se vea alguno de ellos. El más impresionante sin duda es este, que como podéis ver es un auténtico monstruo y recuerda en cierto sentido al Palacio del Pueblo de Bucarest.

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Entrar en la zona universitaria es muy sencillo ya que el edificio no deja lugar a dudas, pero el principal motivo que nos había llevado hasta allí no era ese, sino su ubicación: se encuentra en la colina de los Gorriones (antaño conocida como monte Lenin) y en ella hay un mirador impresionante desde el que se domina toda la ciudad. Llegar al pointview es algo más complicado, pero cuando andábamos trasteando con los mapas de repente oímos que alguien nos hablaba en español. Nos dimos la vuelta y nos encontramos con un chico de más o menos nuestra edad llamado Arturo. Se trataba de un estudiante ruso (aunque no moscovita) que estaba estudiando español en la universidad y que se encontraba ante su primera ocasión de practicarlo de verdad, lo cual le hizo tanta ilusión a él como a nosotros.

Juntos recorrimos el enorme campus hasta llegar al mirador de los Gorriones. De camino nos estuvo contando chistes en español y preguntando cosas por nuestro país, a la vez que nosotros le hacíamos toda clase de cuestiones sobre Rusia. Fue una charla de lo más entretenida y que se prolongó hasta la noche, ya que Arturo quiso ejercer de anfitrión y acompañarnos por la ciudad. Por cierto, si os enseñamos esta panorámica montada a partir de varias fotos no nos podréis negar que las vistas eran sencillamente excepcionales:

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Además, desde aquí es el único punto desde el que teóricamente se divisan a la vez los Siete Hermanos de Stalin, de los que ya os hemos hablado. En realidad uno queda detrás, por lo que se ven seis de los cuales nosotros sólo conseguimos localizar cinco. En cualquier caso, la lista completa es la siguiente: Universidad Estatal de Moscú, Hotel Ucrania, nicheskaya Naberezhnaya, Ministerio de Asuntos Exteriores, Plaza Kudrinskaya, Hotel Leningrado y Edificio de la Plaza de la Puerta Roja. Desde el mirador también se divisa, en primer plano, el Estadio Olímpico Luzhnikí (Стадион Лужники), sede compartida por el Spartak de Moscú y el Torpedo Moscú.

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Rusia 39Al margen de ese detalle futbolero hay que decir que con Arturo habíamos hecho muy buenas migas, y decidimos inmortalizar el momento con la foto que veis. Preparando el viaje habíamos leído muy malas palabras sobre los rusos y su carácter, y después de unas horas nos estábamos llevando una impresión totalmente distinta: desde nuestro amigo hasta los taquilleros del Metro todo estaba siendo amabilidad.

De hecho, llegados a este punto no teníamos muy claro qué hacer. Apenas habíamos dormido y ya iba a anochecer, pero por la mañana la Plaza Roja nos había dejado tan buen sabor de boca que en nuestra cabeza sólo estaba ir a allí. Cuando le dijimos a Arturo que aún no habíamos ido se sorprendió y se ofreció a mostrarnos el camino, por lo que la interesante conversación hispanorusa siguió su curso. Para ir allí, en vez de volver a Universitet fuimos a la estación de Vorobyovy Gory (Воробьёвы го́ры), que estaba mucho más a mano.

Nos bajamos en la estación de Kropotkinskaya (Кропо́ткинская), que no era la más cercana pero sí la elegida por Arturo para enseñarnos algunos edificios interesantes a modo de anticipo de lo que veríamos los próximos días. Así, pasamos por la Catedral de Cristo Salvador, la fachada del Museo Pushkin de Bellas Artes y por las puertas de la Biblioteca Estatal Rusa (Российская государственная библиотека). De los dos primeros os hablaremos en su momento, pero de este último edificio hay que decir que se trata de la tercera biblioteca más grande del mundo, albergando en su colección más de 43 millones de objetos entre los que se incluyen 17 millones de libros, 13 millones de periódicos o 150.000 mapas. Aunque durante la URSS la biblioteca se llamaba V. I. Lenin, el monumento de la plaza contigua es una estatua a Dostoyevsky, uno de los principales autores a nivel mundial y probablemente el más reconocido de Rusia (sin olvidarnos de Tolstoi).

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En esta primera aproximación al centro más céntrico de Moscú también pasamos por los Jardines Alexandrovsky (Александровский сад). Se trata de un interesante parque con zonas verdes, estatuas e incluso una llama eterna de la que os hablaremos en el capítulo dedicado al Kremlin. Por cierto, Arturo iba cogiendo confianza y sus chistes iban siendo cada vez peores. Lo pasamos muy bien con él, nos trató de maravilla y fue el mejor guía que habíamos podido imaginar para nuestras primeras horas en Rusia.

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Y así, por fin, llegamos a la Plaza Roja (Красная площадь o Krásnaya plóshtad’). Una de las plazas más famosas del mundo y sin duda el corazón de Moscú, de Rusia y de una forma de vida totalmente distinta a la que llevamos. Podríamos ponernos ahora a dar las dimensiones de la plaza o un sinfín de datos históricos, pero eso lo dejamos para el siguiente capítulo. Ahora queremos que los protagonistas sean los sentimientos: la sonrisa imborrable de nuestras caras, la satisfacción de estar en un lugar con el que tanto habíamos soñado meses atrás, la sensación de estar en un sitio del que hemos oído hablar toda la vida…

Siempre decimos que las ciudades por la noche son especiales, y la Plaza Roja lucía especialmente bonita. Hagamos las presentaciones de sus principales edificios, de izquierda a derecha en las fotos de abajo: Museo Estatal de Historia de Rusia, la Catedral de Nuestra Señora de Kazan, el GUM (siglas que responden a Almacén General del Estado), el Mausoleo de Lenin y la Torre del Salvador. Lo dicho, ya habrá tiempo de hablar en detalle de todos estos edificios en futuros capítulos, pero ahora sólo queremos dejaros con las fotos y así trasmitiros la inmensa felicidad que sentimos al pasear junto a ellos.

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Rusia 51Y no, no nos hemos olvidado de la joya de la corona, sólo queríamos dejarla para el final. Por supuesto, el principal atractivo de la Plaza Roja es la Catedral de San Basilio. Sus cúpulas en forma de bulbo se dibujan inmediatamente en la mente de cualquier persona cuando oye cualquier cosa relacionada con Rusia. Es un edificio precioso, de los más bonitos que hemos visto en nuestra vida y cualquier palabra que se diga sobre él, por bonita que sea, nunca llegará a la altura. De verdad, aunque las fotos son espectaculares no le llegan ni a la suela de los zapatos de lo que es en realidad.

Y es que este edificio era el mejor punto y final para nuestro primer día en Rusia. Meses de preparativos y anhelos habían desembocado en unas sensaciones indescriptibles producidas por la belleza de este edificio. Si, suena muy cursi pero es lo que hay: todo el que haya estado delante de la Catedral de San Basilio sabe de lo que hablamos.

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Después de esto el sueño y el cansancio dijeron basta. Apenas habíamos dormido y llevábamos todo el día por ahí, por lo que Arturo se ofreció a acompañarnos al Metro. Eso sí, antes de irnos vinieron dos compañeros suyos: Daniel y Julián, colombianos que están estudiando en Rusia mediante una beca. Nuestro amigo les había comentado por teléfono que estaba con nosotros, y quisieron venir simplemente por conocernos y hablar en algo que no fuese ruso. Con ellos también congeniamos a las mil maravillas y, como no podía ser de otro modo, estuvimos hablando de fútbol y de los cuatro clásicos Real Madrid – Barcelona que se iban a celebrar. Ese día se jugaba el primero y ellos ya tenían localizado un bar para verlo.

Así, juntos fuimos en Metro. Arturo insistió en pagar nuestro billete, pese a que ya teníamos un bono de diez viajes. Nos acompañaron hasta nuestra estación y allí nos despedimos con una sonrisa en la boca, sabiendo que teníamos un amigo ruso y dos colombianos para el resto de nuestra vida.

Por delante ahora teníamos una cena deliciosamente española (huevos rotos con salchichas), ocho horas de reparador sueño y una sonrisa en la boca por lo bien que estaba saliendo todo… Y, sobretodo, por las muchas aventuras que nos esperaban los próximos días.

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4 pensamientos en “Moscú y San Petersburgo ’11 – Capítulo III: Una buena panorámica (Día 1)

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