Monfragüe y Plasencia ’10 – Capítulo III: Parque Nacional de Monfragüe

Cuando estás de viaje factores como el sueño o el frío poco importan en comparación con las ganas de ver cosas… ¡Y realmente teníamos ganas de ir al Parque Nacional de Monfragüe! Por eso, teniendo en cuenta que estaba a algo más de una hora desde nuestro camping, nos levantamos a las 8:00 para poder aprovechar bien el día. Como en la jornada previa Edu se había encargado de conducir, fue Eri la que llevó el coche hasta Villareal de San Carlos, la principal localidad a la hora de visitar el Parque Nacional. Este es un buen momento para decir que las carreteras extremeñas son especialmente buenas y que hasta las secundarias están en perfecto estado.

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Monfrague 05Antes de empezar a hablar de la ruta que hicimos, lo primero de todo son los presentaciones. ¿Qué es el Parque Nacional de Monfragüe? De hecho, ¿Qué es un Parque Nacional? Ambas respuestas son sencillas. Un Parque Nacional es un área natural protegida en la cual el Estado (en este caso España) hace lo posible por protegerla y conservarla. Son lugares de gran riqueza en cuanto a flora y fauna se refiere, algo así como los “all stars” de las zonas verdes. En España en 2010 hay 14 Parques Nacionales, los cuales están integrados en la Red de Parques Nacionales, un sistema de gestión bastante complejo por los típicos conflictos entre Estado Central y Comunidades Autónomas. En el caso del Parque Nacional de Monfragüe, este recibió tal status en 2007 tras haber sido Parque Natural, Zona de Especial Protección para las Aves y reserva de la Biosfera. Con tal historial es evidente que su hábitat (bosque y matorral mediterráneo, dehesas, roquedos y masas de agua), su flora (encinas, alcornoques, jaras…) y su fauna (fundamentalmente rapaces) son elementos más que suficientes como para justificar una visita al lugar.

¡Uf! ¡Qué parrafada! Dicho todo eso, vayamos al recorrido. En Monfragüe la visita se puede hacer en coche o andando. Como nosotros tomamos la segunda opción, podíamos elegir entre distintas posibilidades, y al final hicimos el itinerario rojo (13 km entre ida y vuelta, cinco horas de duración y pasa por los lugares más representativos del parque.

Monfrague 06Aunque ya habíamos sacado información de Internet, en Villareal de San Carlos (pueblo del que luego hablaremos) hay un interesante Centro de Visitas que te orienta con información de última hora. En nuestro caso, nos avisaron de que algunas zonas de la ruta que queríamos hacer estaban impracticables por las lluvias, aunque no hicimos mucho caso…

Desde el Centro de Visitantes (donde nos dieron un útil mapa que no habíamos encontrado en internet) no hay más que atravesar el pueblo y ya se ven los primeros palos de madera indicando la ruta roja (algunos postes tienen más colores, puesto que los primeros tramos coinciden con otros itinerarios). Ojo: al principio de la ruta está el primer y único baño de todo el camino. Teniendo en cuenta que la ruta es larga, muy transitada y que el cielo está constantemente sobrevolado por rapaces lo mejor es hacer un pipí apetezca o no.

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El primer punto de interés en la ruta (aparte de los baños) es un pequeño enclave formado por varios chozos tradicionales, es decir, pequeños edificios que eran utilizados por los pastores del lugar. Su figura y sus materiales tan característicos nos acompañarán durante toda la ruta, aunque aquí es donde mejor se observan. Al lado de ellos había un edificio sin identificar que parecía una especie de aljibe.

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Monfrague 12Dejando los chozos a un lado comienza el camino de verdad, ese que nos iba a tener unas cinco horitas recorriendo el Parque Nacional de Monfragüe. Como siempre decimos, al venir de una ciudad nos suelen llamar la atención cosas como la pureza del aire, el sonido de los animales o el omnipresente color verde… ¡Y aquí había mucho de todo eso!

Monfrague 13Tras los primeros minutos caminando y siguiendo postes rojos llegamos al primer desvío, que lleva al Huerto del Ojaranzo. Se trata de un recorrido circular de unos 500 metros más o menos con algo de pendiente, ideal para empezar a desentumecer las piernas. Viendo el nombre de este pequeño jardín es evidente que el absoluto protagonista es un almez u ojaranzo que fue declarado Árbol Singular de Extremadura en 2004, aunque junto a él conviven otras especies como el rusco, el tomillo o la olivilla (también llamada labiérnago).

Aunque ya hemos visto algunos árboles singulares de España (por citar algunos ejemplos se nos ocurren el ahuehuete del Retiro en Madrid o la morera del Palacio de Olite) el ojaranzo de Monfrague es espectacular. Mide nada menos que 18 metros de alto, y su tronco tiene un diámetro de 4,50 metros. Además, según ponía en un cartel informativo de los alrededores se estima que puede tener una edad de más de 150 años… ¿Cuántos viajeros habrán pasado alrededor de ese árbol?

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Monfrague 16Desde ahí seguimos la ruta, por un terreno que recordaba bastante a la pedriza de Madrid. Todo el rato había que caminar cuesta abajo, lo cual es bastante desagradable y mucho más cansado que hacerlo cuesta arriba. El caso es que el paisaje era maravilloso, hacía buena temperatura y parecía que las lluvias nos iban a respetar.

De repente llegamos a un enorme caudal de agua: se trataba del río Tajo en todo su esplendor. Unos metros más atrás estaba la desembocadura del río Tiétar, aunque eso se aprecia mejor desde las alturas que luego visitaríamos. El caso es que tal y como nos habían dicho en la oficina de turismo el camino no se podía recorrer en su totalidad debido a las abundantes lluvias del invierno. En este caso, el problema estaba en que el lugar por el que debíamos cruzar el río, el Puente del Cardenal, estaba completamente sumergido. Había dos alternativas: seguir adelante o rendirse y volver a por el coche para saltar algunos tramos de la ruta.

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Evidentemente tomamos la primera opción y seguimos adelante. La alternativa era subir a la carretera y hacer parte del recorrido por ahí, hasta llegar a un puente moderno y cruzar el río. Fue tremendamente irónico que a mitad de camino viésemos un cartel en un mirador que desde la carretera ofrece una panorámica con la historia del Puente del Francés (que, dicho sea de paso, fue construido en 1450 por mandato del obispo de Plasencia Juan de Carvajal) y leyésemos la advertencia de que a veces se inunda.

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Monfrague 22El camino era relativamente cómodo y a pesar de ir junto a la carretera había espacio para caminar a gusto. Una vez llegamos a la Fuente de los Franceses (ahí había un aparcamiento, por si alguien quiere empezar a caminar desde ahí) la ruta volvía a separarse de la carretera para entrar definitivamente en las profundidades del parque.

Monfrague 23Y así, por un camino propio de un cuento de hadas (o de terror, según se mire) nos adentramos en un bosque de umbría espesísimo. Es muy interesante destacar en este punto que es recomendable llevar botas y no zapatillas (ni tacones, por supuesto), ya que son zonas con trazado irregular, barro y otros elementos propensos a hacer esguinces.

A nosotros, que nos encanta la naturaleza, la ruta nos pareció preciosa. Todo estaba muy verde y gracias a las abundantes lluvias del invierno el bosque estaba en todo su esplendor. Además, la sensación de que el tiempo no importa es sumamente placentera. Hay que decir que el recorrido no tiene pérdida, y que todo consiste en subir y subir hasta que las piernas digan basta, momento en el cual se puede hacer un descansito y disfrutar del entorno y de sus maravillosas vistas.

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Monfrague 26Llegados a un punto la ruta se divide en dos, lo cual está convenientemente señalado. A la izquierda se va hacia un recorrido circular que lleva a la Casa de Peones Camineros, mientras que a la derecha se asciende directamente al Castillo. Ambos recorridos forman parte del itinerario rojo, y en concreto de un sector conocido como Senda de Umbría.

Aunque queríamos hacer el itinerario entero el tramo hacia la Casa de Camineros no nos convenció demasiado, ya que podía estar algo cortado y no íbamos muy bien de tiempo. Por eso, optamos por dejar esa parte para otra ocasión y decidimos seguir la ruta al castillo. El recorrido fue más o menos sencillo, aunque muy cansado: sólo 24 horas antes estábamos en Madrid y trabajando, por lo que no andábamos muy sobrados de fuerzas. De todos modos, hacer senderismo ofrece sensaciones maravillosas cuando el camino va quedando atrás y te das cuenta que eres capaz de superarlo.

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Con determinación llegamos a la zona más alta, desde la cual hay unas vistas espectaculares (y eso que se quedan en nada en comparación con todo lo que venía después). Cuando entre los árboles vimos la silueta del Castillo de Monfragüe sentimos una cierta sensación de alivio, ya que aunque estábamos disfrutando con el recorrido ya estábamos un poco cansados, y necesitábamos hacer un descansillo (que aprovechamos para comer unos frutos secos y recuperar fuerzas).

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La entrada a la zona del castillo, después de todo el esfuerzo, es sencillamente triunfal. Está claro que no es el Himalaya, pero para nosotros hacer esta ruta fue un reto que mereció la pena totalmente. Nos hizo mucha gracia cuando llegábamos al castillo y vimos gente que se quejaba de cansancio por haber subido unas escaleras de 50 metros de largo que comunicaban el lugar con el aparcamiento… ¡Si supieran todo lo que llevábamos nosotros a nuestras espaldas!

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El primer edificio con el que nos topamos al llegar a la parte alta fue la Ermita de la Virgen de Monfragüe, un pequeño templo cuyo principal atractivo es una talla de la virgen de estilo bizantino que data del siglo XIII. Por todos lados se anuncia que fue traída desde Jerusalén, y la obra es tan conocida que tradicionalmente ha recibido la visita de personajes ilustres: por ejemplo, en una de las paredes de la ermita hay una placa que conmemora la presencia en el lugar del rey Alfonso XIII en 1928. Seguro que el monarca no vino escalando el monte como nosotros.

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De todos modos, el edificio queda en nada si se compara con las impresionantes vistas que hay desde este punto. No sólo fue el sitio en el que vimos las primeras aglomeraciones de rapaces (esto se contempla mejor desde el castillo, como ahora veréis), además el paisaje era increíblemente bello. El bosque, la unión entre el Tajo y el Tiétar, algún pequeño pueblo en el horizonte… da igual donde se mire, es un lugar magnífico. Desde luego, Monfragüe tiene más que merecida su declaración de Parque Nacional.

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Monfrague 40Según los paneles explicativos, el itinerario rojo se hace en unas cuatro horas. Sin embargo, nosotros no pudimos cumplir ese tiempo ya que estuvimos parados en la zona del castillo por lo menos una hora. Las vistas eran tan increíbles que pasamos mucho tiempo mirando el paisaje, disfrutando de cada detalle y haciendo muchas fotos.

Al margen de la ermita y de las vistas, el lugar también es interesante por el Castillo de Monfragüe. Se trata de una construcción de origen árabe de la cual se conservan muy pocas cosas. El principal vestigio es la torre de homenaje, de planta pentagonal, a la cual se puede subir. Es una pena que esté en tan mal estado: de hecho, hay un cartel que avisa que la subida no cuenta con ninguna protección y que hay que tener cuidado. En cualquier caso, merece la pena subir, ya que desde lo alto están las mejores vistas de todo el Parque Nacional.

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Monfrague 43Otro resto que se conserva de la fortificación de origen árabe es una torre con forma de cilindro, aunque esta está en tan mal estado que no es ni visitable. La mejor panorámica de ella se obtiene desde la torre de homenaje. En los alrededores también hay restos de la aldea de Las Corchuelas, un pequeño asentamiento que fue abandonado en el siglo XIX a raíz de la Guerra de Independencia. Este abandono fue el responsable de que el castillo quedase a su suerte, aunque eso no es excusa para que en años posteriores no se haya puesto en valor.

Pero bueno, volvamos a las vistas. Ya os hemos dicho que desde el castillo están las mejores del parque, ya que es la zona más elevada. Quizá no sea un lugar muy apacible (el viento es bastante incómodo) pero merece la pena pasar un buen rato oteando el horizonte disfrutando del vuelo de águilas, buitres y (con suerte) cigüeñas negras. Eso sí, para ver rapaces en todo su esplendor todavía había que andar un rato y llegar a otra zona de Monfragüe.

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Aunque el sitio era bonito no queríamos quedarnos a vivir allí, así que después de un rato disfrutando del entorno decidimos seguir con la ruta. Lo que tocaba ahora era bajar unas largas escaleras que llevaban al aparcamiento que hay al lado del castillo. Justo ahí hay otras escaleras que suben hacia las cuevas con pinturas rupestres de Monfragüe. La visita sólo se puede hacer previa reserva en el centro de visitantes de Villarreal de San Carlos en dos horarios: a las 11:00 y a las 17:00. Aunque nosotros hicimos reserva a las 11:00 no llegamos a tiempo, por lo que no pudimos hacer la visita.

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Monfrague 49Desde ese punto hay un buen tramo andando hasta llegar al siguiente punto de interés del Parque Nacional. En general fuimos bordeando la carretera, pero en algunas zonas decidimos atajar campo a través, lo cual nos permitió no sólo acortar la distancia sino además toparnos con algunos animalitos como una asustadiza liebre.

El caso es que tras un rato llegamos al otro gran punto emblemático del parque junto al Castillo: el Salto del Gitano. Es el lugar en el que se concentra la mayoría de las aves de Monfragüe, gracias a que sus rocas son el lugar idóneo para que aniden: cerca de agua, con mucha vegetación y de difícil acceso para el ser humano. Aunque los dos habíamos ido de pequeños al Parque Nacional no recordábamos gran cosa hasta llegar a este punto, momento en el cual nuestros recuerdos de niños de 5 años se nos activaron. ¿Coincidiríamos allí de pequeños sin conocernos? Quién sabe, cosas del amor.

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Entre las grietas más finas de las rocas crecen plantas como el ombligo de Venus o la dedalera, mientras que en las mayores fracturas surgen enebros y cambroños. Todo esto se observa perfectamente desde los dos miradores que hay junto a la carretera y el aparcamiento. Este es, sin duda, el lugar en el que más personas se concentran en el parque, no sólo por su espectacularidad sino porque hay gente que se lleva los instrumentos adecuados para pasar la mañana disfrutando del avistamiento de rapaces.

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Las estrellas sin ningún tipo de discusión son las aves rapaces. Según ponía en un panel informativo, las especies nidificantes son las siguientes: buitre leonado, 80 parejas; cigüeña negra, 3 parejas; halcón peregrino, una pareja; alimoche, una pareja; águila real, una pareja; y búho negro, una pareja. Lo interesante aquí es cogerse un buen punto de observación (que sea cómodo y que se tenga una buena panorámica) y dejar pasar el tiempo. Las rapaces vuelan solas o en pequeños grupos, pero si se espera un poco se puede disfrutar de un vuelo conjunto de decenas y decenas de aves. Nosotros tuvimos suerte y, como si se hubieran puesto de acuerdo, hubo ocasiones en las que había tantas rapaces juntas (en su mayoría buitres leonados) que no cabían en la cámara de fotos. Nos acordamos de otros lugares en los que habíamos visto rapaces juntos anteriormente, como la Foz de Lumbier en Navarra o el Ventano del Diablo en Cuenca, pero desde luego ninguno era comparable con el espectáculo que estábamos disfrutando.

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Monfrague 57Desde el Salto del Gitano pusimos rumbo al punto de partida, Villarreal de San Carlos, pues ya se nos estaba haciendo tarde. De camino vimos a una familia (mujer embaraza y niño de 2 años incluidos) que se habían perdido y estaban a más de una hora andando de su coche, pero no los pudimos ayudar ya que el nuestro estaba aún más lejos.

En cualquier caso, tras un buen rato bordeando la carretera y deshaciendo el camino andado unas horas atrás volvimos a Villareal de San Carlos. Lo primero que hicimos, pues las tripas rugían, fue comer en el coche los sándwiches que habíamos preparado por la mañana. Tras ese pequeño descansito fuimos a dar una vuelta por el pueblo.

Monfrague 58El lugar, aunque pequeñito, tiene bastante historia. Fue fundado por Carlos III para tratar de acabar con el bandolerismo de la zona, pues los asaltos eran constantes. Por eso, el pueblo tiene muy poquitos edificios (el más destacado quizá sea la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro) aunque como conjunto su arquitectura negra es espectacular.

Hoy en día su principal actividad (por no decir la única) es servir de lanzadera para las visitas al Parque Nacional de Monfragüe. Por eso, aparte del centro de visitantes, cuenta con bares, casas rurales y un par de museos bastante interesantes. Por supuesto, no pudimos evitar visitarlos, y más teniendo en cuenta que ambos son gratis. El primero al que entramos fue al Centro de Interpretación del Agua, que no es gran cosa. Está dividido en dos partes: una sala grande, en la cual a través de varios paneles se cuentan los usos que ha tenido el agua en Monfragüe a lo largo de la Historia; y una más pequeña, en la cual hay una maqueta de todo el Parque Nacional con sus principales hitos señalados.

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El segundo al que pasamos fue el Centro de Interpretación de Monfragüe, bastante más interesante. Está pensado para explicar la visita a los más pequeños, aunque a veces por querer ser lo más didáctico posible cae en una simplificación tan extrema que se hace aburrido. Eso sí, tiene dos cosas muy interesantes: varias reproducciones de pequeños ecosistemas de Monfragüe y un laberinto en el que se pueden ver, oler y tocar diferentes objetos relacionados con el lugar.

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Tras visitar los museos pusimos rumbo a Plasencia para continuar con la visita. Eso sí, como este capítulo ya está quedando bastante largo hemos decidido dividirlo y contaros nuestras andanzas por tierras plasentinas en otro episodio aparte. ¡Seguid leyendo!

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