Marruecos en familia ’11 – Capítulo V: Valle de Ourika

El último día de un viaje siempre da mucha pena, pero el penúltimo es casi peor. Poco a poco nuestra aventura veraniega en Marruecos se iba terminando, y aunque todo estaba saliendo perfectamente cada vez nos quedaba menos por delante. Aun así, la segunda jornada de excursiones iba a ser muy interesante, pues el objetivo era el valle de Ourika (que no de Érika). A diferencia de todo lo anterior no conocíamos el lugar, por lo que no teníamos muy claro como saldría todo.

Marruecos 123El comienzo del día no fue muy distinto a los anteriores: costó mucho levantarse, desayunamos muchísimo para coger fuerzas y salimos del hotel con ganas de comernos el mundo. En este caso tuvimos que ir al aparcamiento en el que nuestro querido coche había pasado la noche, comprobando que no sólo era muy barato sino que todo estaba en orden.

Buscar el camino hacia Ourika fue más sencillo que hacia Essaouira, aunque no sabríamos explicar como lo hicimos. Lo mejor es preguntar y confiar en que, en Marruecos, de un modo o de otro siempre se acaba llegando a los sitios. A veces hay que dar un poco de vuelta o hablar con mucha gente, pero al final se llega.

Marruecos 124Como nota curiosa, a las afueras de la ciudad y rumbo al valle pasamos por el Circuito Urbano de Marrakech, un trazado bastante famoso por sus frecuentes accidentes y que ha albergado pruebas de la WTCC, Fórmula 2 y AutoGP. En el suelo de la carretera se ven las típicas líneas blancas de la parrilla de salida.

Marruecos 125La carretera hacia el valle de Ourika es, digámoslo así, pintoresca. Se trata de la típica carretera secundaria (así la llamaríamos en España) de doble sentido, sólo que con los arcenes muy transitados por animales y personas. Conducir por aquí es muy interesante, ya que se atraviesan pueblos más que ajetreados y en los que se ven cosas curiosas.

Igual a estas alturas ya deberíamos haber explicado qué es exactamente el valle de Ourika. Para los turistas se trata de una de las excursiones de un día más frecuentes desde Marrakech, en la cual se pueden ver casi tantas cosas como se deseen: sitios históricos, espacios naturales, museos etnográficos… De todo un poco, pero básicamente lo típico es ir haciendo paradas en distintos lugares que, evidentemente, serán diferentes en función de los gustos de cada uno. Por supuesto, hay sitios que nadie se pierde y otros menos accesibles.

En nuestro caso, la primera parada fue en Tnine-l’Ourika, un pueblo de los más grandes de los que nos encontramos en el camino. Allí hay dos cosas chulas que visitar, ambas indicadas con grandes carteles a lo largo de la carretera.

Empezamos por La Safranière de L’Ourika (algo así como La Azafranería de Ourika), una pequeña explotación rural centrada fundamentalmente en el cultivo de azafrán. Es muy interesante porque en ella se muestra el proceso de fabricación de la especia desde el cultivo hasta la venta, además de dar trabajo a gente del pueblo y acercar la vida rural a turistas que, como nosotros, vivimos rodeados de hormigón.

Marruecos 126El momento más bonito para hacer la visita es en noviembre, cuando las plantas están en flor, pero abre el resto del año. Para llegar allí hay que meterse a una zona bastante “profunda” del pueblo, atravesando un camino de tierra y aparcando entre gallinas. La puerta suele estar abierta, por lo que no hay que pensárselo y pasar dentro.

En La Safranière se hacen visitas guiadas a 20 dírhams por persona. Cuando llegamos estaban en mitad de una, así que nos invitaron a sentarnos y nos ofrecieron un té. Por cierto, después del bullicio de los días anteriores en Marrakech y de la paliza en coche para ir a Essaouira se agradecía estar en un entorno tan tranquilo, pues todo era verde y sólo se oía a los pájaros.

Al cabo de unos minutos apareció el guía, que nos enseñó todo el complejo en algo menos de una hora. Fue una visita totalmente recomendable, pues aprendimos un montón de cosas sobre el azafrán -como que se extrae de la flor de la crocus sativus-, sobre Marruecos y sobre la vida en el campo en general. Para las hermanas de Edu quizá no fuera muy interesante, pero los otros cuatro acabamos encantados.

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Marruecos 130De hecho, los padres de Edu tienen desde hace unos años una huerta en un pueblecito de Ávila –Adanero, del cual os hablamos hace ya un tiempo- y no pararon de hacer preguntas sobre el cultivo. Incluso el guía les regaló unos cuantos bulbos de la planta de azafrán y les indicó cuando cultivar… ¿Será el comienzo de un gran emporio azafranero?

Seguro que no. El caso es que no solo de azafrán vive este complejo, pues también hay otras plantaciones (como palmeras) y animales (como cabras). También se hace un repaso por la parte más industrial de la producción, pues pudimos ver cómo es el proceso de extracción, conservación y venta. Como ya hemos dicho fue muy interesante, y desde luego cada vez que comamos paella no podremos evitar acordarnos de La Safranière de L’Ourika.

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Al final de la visita nos invitaron a un té riquísimo. El guía y la mujer que lo había preparado estuvieron charlando con nosotros un buen rato, pues no estaba esperando ningún visitante, y nos recomendaron muchas cosas que ver en el valle. Incluso nos acompañaron hasta el coche y nos desearon buena suerte en lo que quedaba de viaje. Buena gente.

Marruecos 133La segunda parada en Tnine-l’Ourika fue en el Jardín Bio-Aromático de Ourika (Jardin Bio-Aromatique d’Ourika), para lo cual hubo que deshacer el camino andado y seguir los carteles. Sobre este lugar habíamos leído bastantes cosas, y todas muy buenas. Aunque al llegar estaba todo cerrado, llamamos y enseguida vinieron a abrirnos.

El jardín tiene una vertiente terapéutica (similar a un spa, con toda clase de tratamientos naturales) pero también otra más puramente turística. Siguiendo las flechas rojas recorrimos este bonito jardín aromático, descubriendo toda clase de plantas y olores. Eso sí, si bien es cierto que la visita nos encantó, no nos pareció tan recomendable como La Safranière. Es menos auténtico, menos natural, demasiado ordenado al gusto de un jardín botánico occidental. Que conste que nos gustó mucho -e incluso nos recordó un montón a la encantadora Finca Galea de Alfoz, en A Mariña Lucense-, pero el listón estaba demasiado alto.

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Consultando las guías y los apuntes que llevábamos nos dimos cuenta de que nos habíamos saltado una cosa, y decidimos deshacer el camino. Como cinco kilómetros antes de Tnine-l’Ourika está el desvío hacia Aghmat -hay que ir atentos, que es muy fácil pasárselo-, una pequeña localidad en la que se encuentra el Mausoleo de Moatamid Ibn Abbad.

Marruecos 137Ese personaje histórico, perteneciente a la familia abadí, fue rey de la taifa de Sevilla en el siglo XI, por lo que frecuentemente -por ejemplo en la novela de Blas Infante- se le denomina el rey de Sevilla. Su labor al frente de la taifa no acabó bien, pues fue desterrado y acabó muriendo en Aghmat con más pena que gloria.

Marruecos 138En la actualidad se puede visitar un mausoleo muy interesante, más por el contenido que por el continente. Y es que el edificio que alberga la tumba de al-Mutamid, su mujer y su hijo fue construido a finales del siglo XX, pues sus sepulturas estaban en ruinas. Para acceder a él basta con aparcar en la puerta, y algún señor saldrá de una especie de bar cercano para hacer de guía. Os pedirá una pasta por una pequeña visita, pero no deberíais darle más de 50 dírhams entre todos los que vayáis. Tampoco esperéis explicación alguna, ya que sólo os abre y os dice adiós.

Los enterramientos recuerdan mucho a las tumbas sadíes de Marrakech, tanto por dimensiones como por colorido. Destaca especialmente el epitafio que escribió el mismo rey de Sevilla, pues fue un reconocido poeta: “Tumba de forastero, que la llovizna vespertina y la matinal te rieguen, porque has conquistado los restos de Ibn Abbad“. Merece la pena la visita, pues sólo hay que desviarse un par de kilómetros y en más o menos media hora se contempla un lugar cargado de Historia.

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Marruecos 141De vuelta a la carretera pusimos de nuevo rumbo a Tnine-l’Ourika. A la salida del pueblo, en dirección al valle de Ourika, está el Centro de Información Turística (Centre d’informations touristiques). Allí un simpático hombre -el mismo que vendía souvenirs en la tienda de al lado- nos explicó de arriba a abajo el valle, todo lo que en él se puede hacer y recomendaciones sobre visitas estrella, como las cascadas. También pudimos hacernos con un mapa de la zona por sólo 20 dírhams, en el que se muestran carreteras y accidentes geográficos.

El lugar del centro de información está bien elegido, pues a partir de ahí el paisaje cambia por completo: la tierra se vuelve de color rojo, la arquitectura cambia y la gente local es en su mayoría de etnia bereber. Los paisajes son impresionantes y prácticamente en cada curva paramos a hacer fotos y a visitar pequeños puestos en medio de la carretera. Una advertencia: aquí, más que en ningún otro sitio de los que conocemos de Marruecos, es donde peor nos trataron como turistas. Nos intentaron vender muchas cosas y nos pusieron muy malas caras al ver que no íbamos a comprar nada. También fuimos a un supuesto museo que estaba cerrado, y antes de bajarnos del coche ya teníamos a un padre con sus seis hijos pidiéndonos cosas. Por tanto, paciencia y mucho ojo.

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Tras un buen rato disfrutando de los paisajes del valle de Ourika empezaron a aparecer muchos sitios para comer. El hambre apretaba y como todos parecían más o menos iguales decidimos parar en el que vimos entrar a una familia autóctona. El sitio se llamaba Cafe Restaurant El Bahia, y aunque no sabríamos decir a qué altura está lo recomendamos al 100%. Se come en medio del campo, en un sitio que está muy fresquito por los árboles y por la cercanía al río. Además, hay muy buenas vistas de las montañas.

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Para pedir no había carta, sino que tenías que entenderte como podías con los camareros. Básicamente había dos platos fuertes -tajines y brochetas- y luego los típicos acompañamientos -ensalada marroquí y brochetas-. Las hermanas de Edu se decantaron por las brochetas, mientras que nosotros y nuestros padres/suegros pedimos un tajine de cordero y otro de cabra. Estos últimos eran diferentes a los de Marrakech, pues estaban hechos al estilo bereber. Fue una comida abundante y deliciosa, seguramente de los mejores tajines que hemos degustado. Para colmo de bienes al final pagamos poco más de 5 euros por persona, por lo no resultó nada caro (esperábamos que nos metieran un buen palo por ser una zona tan turística).

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Por cierto, después de comer estuvimos dando una vueltecita por el río. El paraje era maravilloso: montañas, el agua fluyendo, un puente de madera al que no todo el mundo se atrevió a subir… Como punto negativo hay que destacar la escasa limpieza del entorno. Sin paños calientes: estaba lleno de mierda. Y es que no da la sensación de que los marroquíes cuiden mucho sus espacios naturales, pues todo el mundo tiraba desperdicios allá donde le pillaba. Una pena, una de las cosas que menos nos ha gustado del país -que por otro lado es nuestro favorito- es su falta de conciencia ecológica.

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En cualquier caso, por encima de cualquier otra cosa la estrella del valle de Ourika son las Siete Cascadas, un conjunto de saltos de agua que se encuentra en la turística localidad de Setti-Fatma. Hacia allí nos dirigimos tras la comida, pues nos quedaba algo de camino en coche y luego había que caminar más de una hora.

Marruecos 151Según nos fuimos aproximando a Setti-Fatma el bullicio era cada vez mayor. La carretera ese estrechaba, los coches se atascaban en ambos sentidos y la gente se agolpaba por todas partes. Precisamente un tipo se autodenominó nuestro guía para buscarnos aparcamiento, y aunque no le hicimos ni caso nos siguió un buen rato al lado del coche.

Y es que para ver las siete cascadas del valle de Ourika hay que tener mucho cuidado con los guías falsos: no sólo piden cantidades desorbitadas, sino que no dan ninguna garantía de seguridad. Además, para ver la primera cascada (que es la más grande y la que casi todo el mundo se limita a ver, porque para las otras hay que hacer un recorrido muy complicado) no es necesario guía. Aún así, si se desea contratar a alguien hay una oficina oficial de guías en el propio pueblo.

Para dejar el coche, un consejo: veréis un aparcamiento enorme entre las piedras y el río… ¡Caca! ¡Ese es caca! Está lleno de gorrillas y los pedruscos no le harán ningún bien a vuestro coche. Es mejor seguir adelante, hasta que casi se haya acabado el pueblo, para dejarlo sin que nadie os pida unos dírhams a cambio de nada.

Marruecos 152Una vez allí quizá os sintáis un poco decepcionados viendo el panorama, al menos a nosotros nos pasó. Después de un buen rato en el coche nos encontrábamos en medio de un río lleno de mierda, chiringuitos para guiris y ningún rastro de las cascadas. ¿Como es posible que tuviera tanta fama este sitio? ¿Y cómo llegábamos a las cascadas?

Marruecos 153Después de un rato tratando de orientarnos, nos fijamos que por una cuestecita (la que se ve en la foto de la izquierda) se veía un montón de gente subiendo y bajando. Buscamos a la familia que menos pinta tenía de pedirnos algo a cambio por la información y nos confirmaron que, en efecto, por esa cuesta se llegaba a las cascadas.

La subida dura aproximadamente una hora y está divida en dos tramos. El primero de ellos es bastante incómodo, pues consiste en ir atravesando una serie de cuestas en las que obligatoriamente tienes que pasar por el medio de muchos restaurantes y tiendas. Huelga decir que te intentarán vender todo lo que puedan, siendo a veces bastante agobiante. También agobia en cierto sentido la gente, pues es una excursión muy frecuente para los habitantes de Marrakech y siempre hay mucha afluencia.

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La segunda parte de la subida es muy peculiar. De hecho, después del Museo Erótico de San Petersburgo es probablemente el sitio más raro en el que hemos estado. Se trata de una subida no especialmente fácil por un entorno natural precioso, en el que a veces hay que trepar y pasar por sitios desde los que la caída sería bastante grave. ¿Dónde está el problema? En la gente. Miles de personas suben cada día, por lo que os podéis imaginar los atascos: padres con dos niños en cada brazo, mujeres con burka trepando por las rocas, gente sin educación que te pasa por encima… En fin, fue divertido aunque también agobiante.

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Marruecos 161Al final, la subida y las situaciones agobiantes tienen su recompensa. La primera de las siete cascadas de Ourika es el objetivo que tienen la mayoría de los turistas aquí, y su belleza justifica sobradamente la escalada. Es un salto de agua de varios metros de esos que te hacen sentir pequeñito, de los que te pasarías horas contemplando sin decir nada. En este caso no esperéis un entorno bucólico y en silencio, pues os podéis imaginar el follón que había alrededor del agua. Además, como en todo lo que habíamos visto ese día no nos dio mucha sensación de limpieza.

Al subir hay una especie de costumbre que consiste en darse un baño bajo el chorro de la cascada. Hacía mucho calor y ya que estábamos ahí no íbamos a romper la tradición, así que nos quitamos las zapatillas y nos dimos un buen bañito. El chorro de la cascada hacía un poco de daño, pero aquí van las fotos que demuestran que la cascada fue conquistada por la familia.

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Desde ahí salen todo tipo de rutas por la montaña, algunas de las cuales hacia las otras seis cascadas. Sin embargo, en general esos recorridos los hacen montañeros y gente muy aficionada al trekking. En nuestro caso íbamos con la familia, ya estábamos cansados y teníamos que volver a Marrakech, por lo que tras un rato en la zona de la cascada deshicimos nuestros pasos y volvimos hacia abajo.

Marruecos 165Al subir hay tanto follón que es difícil darse cuenta de las vistas que se están dejando a la espalda. Sin embargo, al bajar se aprecian unas vistas que por sí solas también justificarían subir hasta ahí. Por cierto, cuidado con los falsos guías, que se dedican a abrir paso a los que los contratan avasallando al resto. Edu tuvo que pisar el pie de uno que nos hizo malos gestos y casi se lía un combate en las alturas.

Marruecos 166La vuelta desde el Valle de Ourika a Marrakech fue bastante tranquila. De hecho, aprovechamos para hacer varias paradas en las que contemplamos los pequeños pueblos bereberes que se distribuyen por el valle. También paramos en un puesto de artesanía y compramos un jabalí de arcilla por 20 dírhams, pues Edu colecciona cerditos y no pudo resistirse.

Al llegar a Marrakech dimos algo de vuelta por los alrededores. En un primer momento teníamos intención de ir al palmeral, pero estábamos cansados y no nos apetecía demasiado. De lo que sí teníamos ganas era de ir a cenar por la zona francesa, aunque nos topamos con un atasco bastante grande por un atropello de un taxi a un peatón -la escena fue bastante dura, la verdad-. Como nota positiva hay que destacar que pasamos por delante del Ayuntamiento de Marrakech, el cual no habíamos visto todavía.

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Al final decidimos cenar en un McDonald’s. Puede parecer un crimen cenar en un sitio así estando en Marruecos, pero con el paso del tiempo se ha convertido en costumbre probar los establecimientos de esta cadena en distintos países. Ya habíamos comido en McDonald’s de Bolonia (Italia), Amberes (Bélgica), Londres (Gran Bretaña), Moscú y San Petersburgo (Rusia), por lo que Marrakech se unía a una lista que no deja de crecer. En todos encontramos diferencias, y a nosotros, que de vez en cuando nos dejamos embaucar por la comida basura, nos resulta muy divertido. El McDonald’s de aquí está en Gueliz, uno de los barrios franceses, en una zona muy occidental en la que hay tiendas de ropa, cines y restaurantes como este.

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Marruecos 171A pesar de no haber cenado en la plaza, tras llenar nuestro estómago de Big Macs y patatas deluxe no pudimos resistirnos a dar una vueltecita por Jma el Fna. Era nuestra última noche en la ciudad y nos apetecía recorrer de nuevo esta mágica combinación de olores, sabores y sonidos. Por supuesto las hermanas de Edu hicieron las últimas compras.

Y con eso había terminado nuestro última jornada de viaje. El coche dormía en el mismo aparcamiento que el día anterior a la espera de devolverlo. Nuestro vuelo salía temprano, por lo que sólo nos quedaban unas horitas en Marruecos para dormir, desayunar, devolver el coche y poner rumbo al aeropuerto.

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3 pensamientos en “Marruecos en familia ’11 – Capítulo V: Valle de Ourika

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  2. ¡Me ha encantado! He estado en Marrakech este fin de semana y hemos vivido cosas bastante parecidas 😀 Enhorabuena por el blog, lo he descubierto buscando entradas sobre Marrakech.

    ¡Saludos!
    Joaquín

    • ¡Hola Joaquín! Muchas gracias por tu comentario. Para nosotros Marrakech es como nuestra segunda casa. Es una ciudad que engancha. ¡Nos alegra que te haya gustado! ¡Saludos!

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