Marruecos en familia ’11 – Capítulo IV: Essaouira

Al margen del cansancio del día anterior, del desayuno en la terraza del hotel y de las ganas por empezar con las excursiones, la mañana empezó con dudas. Con muchas dudas. Y es que para movernos de una ciudad a otra habíamos reservado por internet con Medloc, una agencia local de alquiler de vehículos que tenía buenas críticas en internet. Después de ver muchos precios, optamos por reservar dos coches pequeños, ya que salía a 23€ el día: total, 92€ por dos coches los dos días. No nos gustaba la idea de ir separados, pero costaba exactamente la mitad que alquilar un coche grande para los seis.

Otra cosa que nos mosqueaba es que sólo teníamos confirmación por email, pero no habíamos hecho ningún pago. Por eso, el día anterior hablamos con uno de los dos recepcionistas del hotel (con el simpático del bigote, ya que el otro se encargaba de hacer excursiones y desde que le dijimos que ya llevábamos todo planeado no fue muy amable) para ver si nos podía hacer el favor de llamar a la agencia y comunicarse con ellos. Él nos preguntó que por qué habíamos reservado dos coches en vez de uno, y al decirle que era por el precio nos dijo “pas problem“. Empezó a hablar en árabe muy rápido y en una de las conversaciones más extrañas que hemos tenido nunca (la frase de Edu “queremos un coche le mercredi y le jueves” ya es historia familiar) la cosa quedó resuelta: por el mismo precio de los dos coches nos dejarían un todoterreno en el que cabríamos los seis. Nos sonaba un poco raro, pero aceptamos. Y por eso teníamos dudas. ¿Sería verdad o habría sorpresa? Pues al llegar el comercial de Medloc nos dijo que eran 92€ por día, no 92€ en total. Al explicarle la jugada no se lo creía, y tuvimos que llamar al recepcionista del hotel. Le contó de nuevo lo que habíamos hablado y ni aun así se lo creía, hasta que llamó a la agencia y le confirmaron el precio.

Total, ese enorme párrafo para contaros que por 92€ en total alquilamos desde el miércoles a las 8:30 hasta el viernes a las 8:30 un todorreno fantástico. Un Mitsubishi Pajero (conocido en países hispanohablantes como Mitsubishi Montero por cuestiones obvias) nuevecito, con 70000 kilómetros y en perfecto estado. No hace falta decir lo contentos que nos pusimos al montarnos en semejante tanque, con radio y con un aire acondicionado de lo más potente (cuando estaba previsto no tener ni aire).

Marruecos 81Así pues, nuestra primera excursión empezó de la mejor manera posible: rumbo a Essaouira con un cochazo espectacular. Aunque según habíamos leído en internet era fácil encontrar el camino dimos alguna vueltecita antes de encontrar una gasolinera en la que llenar el depósito (el coche nos lo dieron casi vacío, como es costumbre allí) y la carretera hacia la costa.

Marruecos 82El viaje a Essaouira que hicimos en 2009 fue en autobús, y como había llovido fue lento y pesado. En esta ocasión tardamos unas tres horitas, pero yendo totalmente cómodos y haciendo un par de paradas. De hecho, fue todo tan tranquilo que salvo Edu y su padre -conductor y copiloto, respectivamente) el resto fue durmiendo a pierna suelta.

Marruecos 83La carretera entre Marrakech y Essaouira no está mal del todo. La primera parte es como una secundaria española, y el mayor problema reside en que los camiones no se dejan adelantar con facilidad. La segunda parte es ya tipo autovía, aunque llena de controles (incluso nos paró un guardia, sólo para preguntar de dónde éramos).

A mitad de camino empezaron a aparecer por todas partes anuncios de cooperativas en las que se produce el famoso aceite de argán, un producto que es uno de los grandes motores de la economía bereber. Se elabora a partir de los huesos de argán que escupen las cabras al comerse los frutos de los árboles, moliéndolos y dando lugar a distintos productos: cremas, aceites de cocina, colonias…

Marruecos 84De hecho, hicimos una parada para disfrutar de la curiosa escena de un árbol lleno de cabras. El pastor -más bien el comercial- nos explicó un poco el asunto, le dejó coger la cabra más pequeña a las hermanas de Edu y, por supuesto, reclamó un pequeño donativo por el servicio. Perdimos unos pocos dírhams, pero fue divertido.

Marruecos 85La segunda parada del viaje la hicimos ya casi llegando a Essaouira. Después de un rato subiendo empezaba la bajada hacia la costa, pero justo antes había un precioso mirador desde el que se podían contemplar la ciudad y sus alrededores. Por cierto, a la derecha podéis ver nuestro cochazo. 92€ por dos días… ¿A que no está mal?

Por supuesto, lo que tampoco estaba nada mal es la panorámica de la que se podía disfrutar desde el mirador. Después de un buen rato de carretera se agradecía disfrutar de la imagen de la ciudad y, por supuesto, de la sensación siempre agradable de estar cerquita del mar.

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El último tramo hasta Essaouira fue de lo más tranquilo, aunque hay dos cosas que queremos destacar. La primera es más una curiosidad que otra cosa: fue llegar a la ciudad y empezar a ver por todas partes chicos jóvenes con llaveros en la mano, ofreciendo alquiler de casas y habitaciones a buen precio. Por tanto, parece que si alguna vez vamos a pasar una noche allí no reservaremos. Por otro lado, un dato muy importante: ¿dónde aparcar en Essaouira? Pues había varias opciones, pero nosotros seguimos avanzando, y avanzando, y avanzando… hasta que se acabó la carretera. Justo al lado de la medina, tras ir en paralelo por toda la playa, hay un parking en el que dejar el coche uno o varios días. Para colmo, además de bien ubicado es barato (no recordamos el precio con exactitud, pero fueron menos de 50 dírhams por todo el día).

Marruecos 87El caso es que por fin estábamos en Essaouira, y no sólo eso sino que además nos habíamos plantado en pleno centro. Aún teníamos tiempo para aprovechar parte de la mañana, así que decidimos distribuir el tiempo en la ciudad de esta manera: primero el puerto (incluyendo sus alrededores), luego la medina y por último a la playa.

Los padres de Edu tenían muchas ganas de conocer Essaouira, ya que entre lo que les habíamos contado y lo que habían podido ver en programas como “Españoles por el mundo” tenían unas expectativas muy altas. Como ahora veréis, no quedaron defraudados en absoluto.

Marruecos 88Empezamos nuestra visita por la la Sqala du Port o Skala du Port, más o menos como en 2009. Hay que pagar 10 dírhams por persona pero son muchos los alicientes que ofrece: es un bastión precioso, tiene muy buenas vistas del puerto y de la ciudad, hay baño en su interior… Vamos, que todo son ventajas. A modo de pequeñas pinceladas históricas hay que decir que Essaouira tiene dos sqalas que se construyeron para defender la ciudad de los constantes ataques de piratas que recibía. En este caso no repararon en gastos y edificaron una fortaleza casi inexpugnable.

Esta visita es perfecta para una primera toma de contacto con Essaouira por varios motivos. Los cañones españoles y portugueses pueden ser perfectos para explicar el colonialismo en África y todo lo malo que trajo, la omnipresencia fuerza del viento explica por qué mucha gente se refiere al lugar como “la ciudad del viento”, las infinitas bandadas de gaviotas dan cuenta de que se está frente al área natural de las Islas de Mogador

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Marruecos 92Además, desde uno de los ojos de buey de la fortaleza se proyecta la imagen más famosa de la medina de Essaouira. Es un lugar en el que todo el mundo se hace la foto de rigor, por lo que siempre hay dos pequeñas escaleras: una para posar y la otra para hacer la foto. A veces hay que esperar cola, pero merece la pena.

Así, entre cañones y gaviotas, pasamos un buen rato. Por supuesto, también aprovechamos para hacer un pipí, que había muchas ganas después del viaje en coche. Sabiendo que hay otra sqala a la que es gratis acceder igual os planteéis si entrar o no… ¡Que nadie dude! Merece la pena y el gasto es sólo de 10 dírhams.

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Además, amantes de la fotografía y de las buenas panorámicas en general tienen un lugar de visita obligada: lo alto de la torre de la sqala. Desde allí, pese al incómodo viento, hay unas magníficas vistas del puerto, del mar y de las islas:

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Por si eso fuera poco, mirando hacia el otro lado se puede ver como lucen en todo su esplendor la medina, las rocas y la otra parte del puerto. Este es uno de nuestros lugares favoritos del mundo, os animamos a visitarlo encarecidamente ya que no os vais a arrepentir.

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Cuando terminamos de explorar a fondo la Sqala du Port decidimos ir a hincarle el diente al puerto. En 2009 habíamos explorado un poco, aunque no todo lo que quisiéramos por la falta de tiempo. Esta vez íbamos en coche, así que íbamos a curiosear hasta que el hambre dijese basta. Justo al acceder a la zona portuaria está esta genial barca pintada. ¿No os parece chula?

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A mucha gente nos gusta curiosear en los puertos, son lugares en los que siempre pasan cosas: barcos pesqueros yendo y viniendo, embarcaciones amarradas, gente muy diversa… El puerto de Essaouira es muy animado y perfecto para comprobar como Marruecos, en líneas generales, recuerda a la España de hace 30 años. Los barcos no es que estuvieran en buen estado, pese a que numerosos marineros se afanaban en reparar sus aparejos y poner a punto sus cascos. También había bastantes tenderetes improvisados vendiendo pescado fresco, y por supuesto mucho turista curioseando. El que más disfrutó aquí, con diferencia, fue el padre de Edu, que allá donde hay un puerto siempre va en busca de la lonja y de todo lo que pueda curiosear.

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Marruecos 102Por cierto, en el puerto y sus alrededores también hay una imagen de lo más típica: la de los centenares de barquitas azules que están amarradas por doquier. Cuando estuvimos en Casablanca y Rabat pudimos comprobar que ese tipo de pequeña embarcación de manera está en otros lugares de Marruecos, aunque aquí luce de manera especial.

Marruecos 103Pasamos un buen rato husmeando por el puerto y poco a poco nos fue entrando el hambre. El sitio más típico para comer en Essaouira es una serie de chiringuitos junto a la entrada del puerto, cerca del acceso a la Sqala du Port (y justo detrás de donde habíamos aparcado). Es un sitio muy curioso y que hay que visitar si se está allí.

Básicamente consiste en una hilera de puestos en los que comer pescado fresco a la brasa. Teóricamente hay un menú con precio fijo para todo el mundo (60 dírhams por persona incluyendo varios pescados, ensalada, pan y agua) pero la realidad es otra. Según llegas te empezarán a agobiar en cada puesto, tratando de convencerte de que su pescado es el mejor y que te hacen precio de amigo. Pueden ser bastante pesados, pero merece la pena ver varios puestos porque ni el género es el mismo ni los precios tampoco.

Por poner un ejemplo, en el primer chiringuito nos ofrecieron comer por 120 dírhams por persona y ni siquiera nos querían enseñar el pescado. Raro, ¿eh? Poco a poco los precios fueron bajando. En realidad íbamos buscando el puesto 29, donde comimos en 2009, pero había cambiado de dueños y no nos gustó mucho el género. Al final nos quedamos en el número 20, donde por 50 dírhams por persona nos pusimos hasta arriba a base de gambas, calamares pequeños, lubina, lenguado y un pez que no supimos identificar. Por supuesto, pan y agua incluidas. Además, le dijimos que si tenía patatas fritas y nos dijeron que no, pero que si comíamos allí iban a la medina y nos traían un par de paquetes de regalo. Conclusión: pescado fresco, rico y a un precio que en España hace décadas que no se ve.

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Aún quedaba mucho por ver, por lo que tras la abundante y deliciosa comida pusimos rumbo a la medina. En Essaouira quizá no destaquen muchos edificios o museos por sí mismos, pero desde luego como conjunto es muy bonita. Durante un rato bastante largo estuvimos dando vueltas por sus callejuelas (siempre siguiente una especie de calle principal como referencia) y haciendo algunas pequeñas compras, como pulseras o unas cajitas de madera de tuya. Con la madera de esa conífera se elaboran la mayoría de los souvenirs típicos de la ciudad.

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No sabríamos explicar cómo, pero desde la medina es muy fácil llegar a la Sqala de la Ville o Skala de la Ville. A diferencia de la Sqala du Port, en la de la Ville el acceso es gratuito. Está mucho más concurrida por turistas, bohemios y vendedores ambulantes. Desde las almenas de la fortaleza se puede contemplar un espectáculo maravilloso: el de la fuerza del mar rompiendo contra las olas. El viento es un poco incómodo, pero merece la pena asomarse un rato porque se pueden ver olas enormes.

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Marruecos 112Por cierto, justo en los alrededores de la sqala se encuentran un montón de tiendecitas que venden únicamente cosas hechas con madera de tuya: cajitas, tableros de ajedrez, bastones… En Marrakech también se venden, pero algo más barato. Rebuscando un poco es posible comprar cajas por tan sólo 10 dírhams la unidad (como las nuestras).

El tiempo iba pasando y ya habíamos explorado bastante la medina, así que decidimos poner rumbo a la kilométrica playa de Essaouira. Cuando estuvimos allí en 2009 nos gustó pasear por la playa -por aquello de estar en manga corta en diciembre- pero nos fastidió un poco encontrarla tan sucia. Por eso no esperábamos gran cosa y precisamente por eso nos sorprendió encontrarla en tan buen estado: mucha gente, sombrillas, arena relativamente limpia… El único punto negativo era el viento, pero eso es inseparable de Essaouira.

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Marruecos 115Aunque nos apetecía dar una vuelta por la playa, nuestra intención no era bañarnos (para eso estaba la semana que íbamos a pasar en Alicante ese mismo verano). En realidad nuestro objetivo era ir a montar en camello, actividad que, al igual que otras como paseos en quad, se puede realizar al final de la playa, en la zona más alejada de la medina.

Se tarda un cuarto de hora caminando, y por el camino veréis a gente que os ofrecerá montar en camello. Por ejemplo, nuestros pasos se cruzaron con Mostafa, un animador turístico muy simpático. Fuimos con él hasta la zona donde esperaban los animales. A pie de camello pactamos la tarifa: 100 dírhams por persona un paseo de hora y media por la playa y unas dunas que se forman en la zona más alejada. Montamos los cuatro “jóvenes” (Eri, Edu y sus dos hermanas) mientras que el sector mayor se quedó tomando café.

Lo de montar en camello nos parecía como lo de montar en calesa en Marrakech: un poco turistada, pero a la familia le apetecía. El caso es que, igual que el día anterior, nuestra opinión cambió rápidamente… ¡Qué divertido! Subir y bajar del camello es toda una experiencia, la ruta nos llevó por parajes preciosos y encima Mostafa era un gran fotógrafo, por lo que quedaron unas instantáneas bastante chulas.

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Marruecos 119Además, al terminar el recorrido ocurrió algo mítico: Mostafá le dijo a la madre de Edu que probara a montarse y darse una vueltecita en camello. Sólo podemos contar que los gritos al subir y bajar se oyeron en la otra punta de Marruecos. Además allí estuvo el patriarca de los Sánchez guiando el camello. Toda una experiencia.

Con eso pusimos punto y final a la visita a Essaouira. Aún quedaba un ratillo de sol, pero no nos gustaba demasiado la idea de conducir de noche. Por eso volvimos a nuestro coche y le dijimos adiós a uno de los sitios que más nos han gustado hasta ahora. Después de esta segunda estancia en la ciudad sólo podemos corroborar las buenas sensaciones que ya nos había dejado. Eso sí, no tiene ni punto de comparación recorrer sus calles sin prisa alguna, o al menos con tiempo de sobra. En 2009 tuvimos muy pocas horas por culpa de los horarios de los autobuses, y en esta ocasión pudimos resarcirnos y disfrutar de la ciudad del viento.

Marruecos 120Aunque a la ida hicimos una parte por carretera de doble sentido y otra por autovía, la vuelta a Marrakech fue más cómoda. Tras el tramo en autovía cogimos una autopista que nos permitió llegar a casa mucho más rápido. No cuesta más que unos pocos dírhams, así que es totalmente recomendable por la noche. Por el día tiene su encanto atravesar los pueblos, aunque hay que armarse de paciencia.

Marruecos 121Teníamos dudas de dónde dejaríamos el coche en Marrakech, pero al ladito de la plaza hay un parking vigilado 24 horas. La noche entera sale por 25 dírhams, con lo que nuestro querido Mitsubishi Pajero durmió muy tranquilo. Si el aparcamiento estuviera lleno podéis probar por la zona francesa, pero en la calle no os libraréis de los gorrillas…

Marruecos 122A la vuelta de Essaouira era ya bastante tarde, así que fuimos directamente a cenar a la Jma el Fna. Esta vez probamos en el puesto 114, donde un simpático -y feo- captador de clientes llevaba dos noches intentando convencer al padre de Edu. La verdad es que comimos muy bien y nos trataron aún mejor: mucho más recomendable que el infame puesto 117.

Después de eso, a dormir. Había que coger fuerzas, pues aunque el viaje se iba acercando inexorablemente a su final aún quedaba una excursión de lo más interesante.

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