Marrakech y Essaouira ’09 – Capítulo II: Primer día en Marrakech

2009/2010 está siendo el año más duro de nuestras vidas debido al trabajo, a estudiar inglés, a un máster y a una oposición. Por eso, el viaje a Marrakech y Essaouira fue planteado como una auténtica válvula de escape. Estuvimos varios días preparándolo todo: lecturas en foros interminables, fotocopias de guías de viaje, preguntas a gente que había ido a Marruecos… Para que al final, por el tiempo, todo estuviese en peligro. A pesar de las previsiones, la noche anterior ni se nos había pasado por la cabeza que semejante nevada pudiera caer en unas pocas horas sobre Madrid. Las cancelaciones de vuelos se iban produciendo por decenas frente a nuestros ojos y en la sala de embarque aparecieron las temidas hojas de reclamaciones, por lo que nos temíamos lo peor.

Marrakech 01Sin embargo, al final tuvimos suerte. Hubo un par de angustiosas horas de retrasos en las que, montados en el avión, veíamos pasar máquinas quitanieves por las pistas de despegue. La tripulación nos dijo varias veces que había que esperar y todo tenía mala pinta, pero de repente una máquina roció el avión con anticongelante y pudimos despegar sin problemas.

Marrakech 02El vuelo fue rápido y tranquilo, aunque al llegar a Marrakech aun perdimos más tiempo por el dichoso papeleo de entrada en el país. No solo hay que hacer cola hasta que unos funcionarios muy desagradables te miran el pasaporte, sino que además hay que rellenar el folleto que veis a la izquierda para poder entrar en el país vecino. Otra hora más de retraso.

Hagamos cálculos: media hora de camino al aeropuerto, una hora esperando a embarcar, dos horas de retraso, dos horas de vuelo y una hora para pasar la frontera. Al final, casi siete horas desde que nos habíamos levantado sólo para llegar al aeropuerto. Menos mal que en Marrakech en horario invernal es una hora menos que en España y aún quedaba día por delante.

Marrakech 03El aeropuerto de Marrakech – Menara es bastante bonito y está en buen estado. Desde luego, para ser la primera imagen que muchos hemos tenido del país da muy buena impresión. Una vez superamos la dura burocracia, aprovechamos para cambiar euros por dírhams en uno de los bancos que operan allí. Habíamos leído que el cambio era mejor hacerlo en la ciudad, pero nosotros no vimos diferencia alguna.

¡Por fin estábamos en suelo marroquí! Ahora solo faltaba llegar a nuestro riad y rehacer los planes, un poco trastocados por los retrasos e imprevistos de todo el día. Para llegar a la ciudad la opción mas usada es el taxi. Según se sale del aeropuerto hay una fila a la izquierda donde te asaltan ofreciendo sus servicios. Aquí ya se puede regatear: en Internet habíamos leído que con un poco de paciencia se podía bajar de los 150dh que piden en principio a unos 100dh, pero no hubo manera. La verdad es que estábamos cansadísimos y sólo queríamos llegar, aunque tuviéramos que perder 5€ por no discutir media hora. Ya habría tiempo para eso.

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Marrakech 06El tráfico de Marruecos es distinto al de España: coches por todas partes, peatones cruzando por cualquier lado, pitidos sin motivo alguno… El caso es que nuestro Fernando Alonso particular nos dejó a unos 200 metros de nuestra casa esos días, el Riad Philmauge. Aunque está muy bien ubicado, la primera vez es difícil de encontrar, y un niño nos indicó cómo llegar. En los foros de internet habíamos visto dos grupos: los que dicen que los marroquís te piden dinero por cualquier cosa y los que dicen que son muy agradables y que siempre están dispuestos a prestar su ayuda desinteresada.

Nosotros pensamos de la segunda manera, pues el niño vio nuestra cara de perdidos, nos indicó y no nos pidió nada a cambio. Esa fue la tónica general durante todo el viaje. El caso es que ya habíamos llegado, así que dejamos nuestras cosas, pagamos la estancia y nos tomamos un té mientras nuestros planes eran rehechos y adecuados al tiempo que teníamos.

Marrakech 07Siendo la hora que era, decidimos ir a comer para luego empezar a ver cosas. Para eso quisimos ir a la famosísima plaza Jma el Fna, donde sabíamos que había mil y una posibilidades para comer bien y barato. De camino nos dimos cuenta de donde estábamos: la humedad, el tráfico, el caos en el que todo funciona… Marrakech se abría ante nosotros, siempre con la gran Koutoubia como referencia en el horizonte. Al principio impresiona el supuesto desorden, pero luego te das cuenta de que las cosas funcionan y también te acabas acostumbrando a cruzar sin pasos de peatones.

El caso es que llegamos a la Plaza Jma el Fna (también la podéis encontrar escrita como Jamaa el Fna o Djemaa el Fna), el auténtico epicentro de la ciudad. Esta enorme plaza, declarada Patrimonio Oral de la Humanidad en por la UNESCO en 2001, es una caja de sorpresas difícil de describir no solo por la cantidad de cosas que hay en ella sino porque cada día es distinto al anterior. En Jma el Fna hay de todo: puestos para comer, para beber zumos, encantadores de serpientes, cuentacuentos, calesas para pasear por la medina… También es difícil contaros la mezcla de olores, sabores y sonidos que se experimenta estando allí: es una de esas cosas que hay que vivir al menos una vez en la vida.

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A la Plaza Jma el Fna fuimos muchas veces a lo largo del viaje, pues todo empieza y acaba aquí. Sin embargo, ninguna situación se pareció a la anterior y siempre encontramos algo que nos sorprendió. Las primeras veces, cuando queríamos conocer el bullicio, íbamos por el medio curioseándolo todo. Eso sí, después lo que hacíamos era bordear por los laterales para no tener que ir esquivando monos, serpientes y hechiceros.

Marrakech 10Por cierto, ojito con las cámaras de fotos. Hay muchas personas que van a la plaza a ganarse la vida a base de hacerse fotos con los turistas, por lo que si te apetece retratar algo alguna monedilla te tocará soltar. Nosotros hicimos varias fotos a escondidas, menos con un hombre que nos hizo reír y al cual le dimos algo después de esta peculiar foto.

En una esquina de la plaza está Chez Chegrouni, un restaurante muy visitado por turistas que habíamos conocido por Internet. Es famoso por su comida, sus precios y las vistas que hay en la terraza (que podéis ver en la foto de abajo a la derecha). A las 12:00 empiezan a servir comidas, aunque llegamos antes porque se nos había olvidado atrasar la hora del reloj. Volvimos a dar una vuelta por la plaza y vimos un poco los zocos, para luego volver a subir. Comimos tajine o tayín de pollo y cuscús de carne, y a pesar de ser muy barato -la comida costó unos 11€ más o menos entre los dos- los platos eran tan grandes que fuimos incapaces de terminárnoslos.

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Tras la comida decidimos “empezar a ver cosas”, como solemos decir. Para ello había que atravesar los zocos, y aunque no queríamos empezar con las compras -ya habría tiempo para ellas en el segundo día en Marrakech– sí que caímos en una de nuestras debilidades: los dulces.

Marrakech 14Están buenísimos, se llamen dulces árabes, marroquís o baklavas. Estas pequeñas delicias hechas con hojaldre, miel y frutos secos nos encantan desde que las probamos, y en Marrakech hay infinidad de pastelerías en las que saciar cualquier antojo. Aunque si se compran al peso son caros (150dh el kilo) un par de ellos no sube de 5 dh.

Después de ese pequeño capricho, nos pusimos manos a la obra para recorrer Marrakech de punta a punta y conocer lo más destacado de su patrimonio, que no es poco. Antes de nada queremos decir que este diario de viaje es un poco distinto al resto, ya que el trazado de la medina es tan enrevesado que no podemos ir diciendo como llegamos de un sitio a otro, pues ni nosotros lo sabemos. Lo mejor es hacerse con un plano, orientarse a ojo y preguntar si se está completamente perdido.

La primera parada fue en un conjunto del norte de la ciudad formado por la Medersa Ben Youssef, el Museo de Marrakech y la Koubba Almorávide. Las tres cosas están muy cerca unas de otras, y por 60 dírhams se puede comprar una entrada combinada que permite el acceso a todo. Lo mejor de todo es que estaba empezando a chispear cuando empezamos la visita, y mientras estábamos bajo techo fue el único momento en el que llovió durante todo el día.

Marrakech 15Lo primero que pasamos a ver fue la Medersa o Madraza Ben Youssef (también puede aparecer como Ben Yusuf o Ibn Yusuf). Madraza, madrasa o medersa significa literalmente escuela, aunque la palabra en castellano tiene la connotación de escuela religiosa islámica, es decir, lugar en el que se estudia el Corán.

En concreto, la Medersa Ben Youssef fue fundada en el siglo XIV cuando la dinastía de los benimerines controlaba el norte de África, aunque casi la totalidad de su aspecto responde a una reforma de época saadi (siglo XVI). Es la medersa más importante de todo Marruecos por varias razones: funcionó hasta el siglo XX, llegó a tener hasta 900 estudiantes a la vez, sus estudios sobre teología eran los más prestigiosos… Por todo ello ha quedado un edificio que sencillamente nos dejó boquiabiertos por su belleza y por el contraste que supone tanta majestuosidad con la arquitectura sencilla que protagoniza las calles de Marrakech.

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Las zonas nobles de la medersa cuentan con una belleza difícilmente comparable al resto de edificios de la ciudad. Los arcos de herradura, las inscripciones en piedra o los impresionantes artesonados nos sorprendieron como si nunca antes los hubiésemos visto. Vale que en España, por ejemplo en Córdoba o en Granada, tenemos buenos testimonios de arte islámico, pero este fue nuestro primer contacto con él fuera de nuestro país y todo nos llamaba mucho la atención.

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La medersa cesó su actividad como tal en 1960, y 22 años más tarde fue reabierta como edificio histórico para mostrar a los turistas como era la vida de los estudiantes en ella. Por eso, las zonas de mayor ornato han sido musealizadas junto a otras mucho más sencillas y sobrias en las que se muestran las estancias privadas de los estudiantes.

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Marrakech 21Esa es la parte más amplia de la visita, ya que hay un buen número de pasillos y estancias por los que se puede curiosear. La distribución de las habitaciones reproduce la estructura típica de las casas: hay pequeños patios interiores y entorno a ellos varias habitaciones. Las que tenían más luz eran reservadas para los estudiantes más pudientes.

La gran mayoría de las habitaciones se pueden visitar. Un par de ellas reproducen el mobiliario típico que debían tener un estudiante proveniente del medio rural (foto de la izquierda) y otro del medio urbano (foto de la derecha). En cualquier caso, las habitaciones son pequeñas, con poca luz y con casi ninguna comodidad. Lo mejor son las vistas, aunque solo un reducido número de estancias puede presumir de ellas.

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La visita a la medersa duró un buen rato, pero aún teníamos que rentabilizar nuestra entrada. Lo siguiente fue el Museo de Marrakech, que está a unos pocos pasos. Aquí, como en otros muchos edificios, lo primero que nos encontramos fue un cuadro de la reina Sofía de España rememorando que visitó el lugar. Al margen de eso, hay que decir que el valor arquitectónico del museo justifica por sí solo la visita. También hay que destacar la enorme lámpara de más de una tonelada que preside la estancia principal.

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Aunque el lugar es impresionante, como museo deja un poco que desear. Las piezas, que tampoco son demasiadas, están expuestas de muy mala manera: en vitrinas pequeñas, con escasa iluminación y sin ninguna explicación. Es como ver el típico museo de hace treinta años. Quizá la decepción vino porque esperábamos mucho y nos encontramos con algo corriente. Las piezas más destacadas quizá sean unas cuantas manos de Fátima.

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Por último fuimos a visitar la Qoubba o Koubba Almorávide, uno de los pocos testimonios que se conservan de la arquitectura de esta dinastía. Estuvo enterrada hasta 1948, y aunque es uno de los enclaves más visitados de la ciudad su estado de conservación deja mucho que desear: barro, suciedad, cosas a medio excavar… A pesar de eso sigue siendo una visita obligada, ya que aunque decepcione un poco es una parte clave de la Historia de la ciudad y además está incluida en la entra conjunta. ¡Aviso para coleccionistas! Nosotros en nuestros viajes siempre guardamos todo tipo de papeles (entradas a museos, billetes de autobús, servilletas de los sitios en los que comemos…). Cuando entramos aquí nos preguntaron que si era la última visita, les dijimos que sí y entonces nos hicieron darles la entrada. Menuda rabia nos dio. Así que ya sabéis, si queréis guardar vuestra entrada decidles que aún os quedan cosas por ver, y si os sobra alguna entrada ya usada no dudéis en enviárnosla.

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Marrakech 31Luego de terminar de ver esto decidimos cambiar de registro e ir a visitar algunas cosillas que estaban más bien en la parte sur de la ciudad. De camino pasamos, como no podía ser de otra manera, por la Plaza Jma el Fnaa, que estaba todavía recuperándose de la lluvia que había caído mientras estábamos visitando lo que os acabamos de enseñar.

Marrakech 32Así llegamos a la Bab Agnaou, Bab Agnou o Bab Aguenauo, una de las diecinueve puertas que franquean las murallas de Marrakech. Data del siglo XII (dinastía almohade) y es quizá la más conocida por su delicada decoración. De hecho, en ella siempre primó más la función representativa que la puramente defensiva

Nada más atravesar la puerta se abre ante nosotros una zona bastante distinta de la que habíamos visto hasta ahora, algo más monumental y en la que abundan los palacios. También hay una mezquita bastante importante, la Mezquita de la Kasba o Kasbah. Si bien no es comparable en belleza y altura a la Koutubia, también es digna de mención.

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Además, dicha mezquita está a solo unos pasos de las Tumbas Saadíes o Saadianas, uno de los lugares más visitados de la ciudad no solo por turistas extranjeros sino también por los propios marroquíes. Cuesta entrar 10 dírhams, y se tarda una media hora en verlo todo. Se trata de un conjunto de tumbas de fines del siglo XVI que cayó en el olvido y que en 1917 fueron excavadas y abiertas al público. Las sepulturas pertenecen a sirvientes y guerreros de la influyente dinastía saadí.

Marrakech 35Cada tumba está decorada con un mosaico de colores, formando entre todas un curioso tapiz que parece cualquier cosa menos un cementerio. El lugar, como ya hemos dicho, es de lo más visitado de la ciudad, y de hecho nosotros nos topamos con varios viajes organizados e incluso tuvimos que hacer cola para ver la estancia principal.

Dicha estancia es el mausoleo principal, en el cual fue enterrado el sultán Ahmad al-Mansur junto a buena parte de su familia. Es sin duda la parte más lujosa y ornamentada de todo el conjunto, aunque no se puede entrar y hay que conformarse con hacer una foto desde la entrada. Es más, hay que esperar cola para poder retratar el momento, por muy absurdo que parezca.

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Y con Ahmad al-Mansur enlazamos con nuestra siguiente visita, a la cual no sabemos como llegamos: el Palacio El Badi o El Badii. Para colmo de males, de camino nos entretuvo un hombre que al final nos convenció para ir a ver su “farmacia bereber tradicional”, a pesar de que le dijimos que no íbamos a comprar nada. Nos enseñó cosas de todo tipo, desde viagra bereber hasta una arcilla para pintarse los labios, y encima al terminar la charla nos pidió dinero por la visita. Evidentemente, ni le compramos ni le dimos dinero, y para nada se produjo una situación violenta: le dijimos “no” de buenas maneras, el insistió y tras el segundo “no” dijo “pas problème”, sonrió y desapareció.

Volviendo al palacio, la entrada son 10 dírhams y más que ver el edificio se ven las ruinas de lo que un día fue la obra clave del sultanato de nuestro ya viejo amigo Ahmad al-Mansur. Como tal no está en muy buen estado, y la mayoría de las paredes tienen alguna grieta o algún nido de gaviota. Aún así es interesante conocer lo que un día fue la construcción palaciega más imponente del norte de África.

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Dentro del palacio hay distintas estancias de importancia que se aglutinan entorno a un enorme patio central: el Pabellón de Cristal y el Pabellón de Audiencias son las dos más destacadas. La pega es que todo está muy deteriorado, y quizá un dicho marroquí que dice que en todas las ciudades del país hay restos de las ruinas de El Baadi tenga algo que ver. En cualquier caso es un paseo muy agradable, te guste como a nosotros la Historia o no, y que además se hace acompañados del olor de los árboles frutales que hay diseminados por todo el patio.

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Una de las cosas que más nos gustaron fue que en el Palacio El Badi hay mucha libertad para investigar. Hay muchas estancias en ruinas por las que es posible bajar a través de diferentes escaleras y curiosear tanto como se quiera. Quizá lo más atractivo sea conocer las entrañas del palacio gracias a una enorme red de galerías en las que se sabe por donde se entra pero no por donde se va a salir, ya que hay muchos caminos y algunos de ellos están bastante oscuros.

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De un modo o de otro, nuestra parte favorita de la visita fue la subida a la azotea. Desde ella no solo se podía contemplar íntegramente la magnitud del palacio, sino que además ofrecía unas bonitas vistas de la cordillera del Atlas (no todo lo buenas que podrían ser debido a las nubes). Desde luego es un perfecto broche de oro a una visita totalmente imprescindible.

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Marrakech 48El que no nos gustó tanto fue el Palacio de la Bahía, tanto a nivel arquitectónico como a nivel expositivo. La entrada cuesta lo mismo que El Badi, pero se queda muy atrás en todo lo que ofrece. Es más, si alguien no tiene mucho tiempo para ver Marrakech esta es una visita fácilmente prescindible. Ahora veréis porque decimos esto.

Marrakech 49En primer lugar, el palacio no ofrece nada distinto a todo lo que ya habíamos visto salvo por un aspecto: está en muy mal estado. Hay muchos suelos con agujeros, columnas de madera medio partidas, paredes desconchadas… Nosotros lo visitamos porque siempre que vamos a un sitio procuramos ir a todo lo que hay, pero volvemos a hacer hincapié en que no es una visita obligada. Además, hay partes tan sumamente restauradas (en contraste con las que están cayéndose a pedazos) que dan la sensación de estar visitando el salón de una casa particular.

En segundo lugar, Bahía es además una especie de museo de arte contemporáneo. Y no, no nos gusta el arte contemporáneo. Somos gente plenamente respetuosa con cualquier manifestación artística, pero ver una olla exprés pintada, un montón de puertas de coches o unas sillas enormes no nos divierte precisamente. También había una exposición sobre el paso del Estrecho de Gibraltar, la cual no entendimos en absoluto. Quizá seamos unos ignorantes, pero vimos trastos raros en lugar de arte.

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Marrakech 53Después de ese gran fiasco llamado Palacio de la Bahía fuimos a ver lo último que teníamos previsto en esa zona, el Museo Dar Si Said de arte marroquí. Después de comprar la entrada había un hombre más adelante al que había que entregársela. Éste nos vio tal cara de pena que al minuto vino a buscarnos y nos dio una disimulando (suponemos que porque no se podrá hacer). Fue un bonito detalle que, como veréis más adelante, tuvo continuación. El Dar Si Said nos recordó al Museo Arqueológico Nacional de España: muchas piezas y muchas posibilidades poco explotadas.

También se podría equiparar al Museo de Marrakech que habíamos visto unas horas atrás: las vitrinas no son las mejores y da la sensación de que con un poco de inversión se podrían hacer grandes cosas. En un patio del fondo había varios naranjos con frutas tiradas por el suelo, así que cogimos un par de ellas (que luego resultaron ser cachorreñas). Al final vino otro bonito detalle: el mismo hombre que nos había dado la entrada se iba ya para su casa, y al vernos salir nos llamó. Extrañados fuimos con él, nos llevó por una sala que estaba cerrada y nos sacó a un patio, el cual nos explicó que era la zona de las mujeres del harén que había en palacio. Pensábamos que iba a querer una propina o algo así, pero simplemente quiso tener un bonito gesto. ¡Cómo nos gusta Marruecos!

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Con esto habíamos cumplido nuestras expectativas, pero aún queríamos hacer una cosa más: ir a comprar los billetes de autobús para la excursión del día siguiente. Esto se hacía fuera de la medina, en una zona cercana a la Bab Doukkala. Empezamos pidiendo precios para ir en taxi, pero nos pedían semejantes burradas que tuvimos que ir a pie (lo cual no estuvo mal, pues conocimos la zona noroeste de Marrakech).

Marrakech 56Al llegar a la Bab Doukkala hay que ir todo recto, por la Avenue des Nations Unies, donde hay dos oficinas, una de CTM y otra de Supratours. El caso es que ya teníamos los billetes en nuestro poder y estábamos cansados, por lo que preguntamos por un taxi y aquí las tarifas si que eran baratas (10dh para ir a la Plaza Jma el Fnaa, cuando desde allí nos pedían 100dh e incluso más).

El viaje de vuelta fue toda una aventura, con un taxista muy simpático que era bereber y que nos fue hablando de Marruecos y el desierto. Nosotros intentamos superar la barrera del idioma como pudimos, y como no nos entendíamos muy bien acabó pensando que Edu también era bereber.

Marrakech 57Con todo esto la hora de la cena se nos había echado encima, y aunque no era demasiado tarde nos habíamos levantado muy temprano y estábamos destrozados del viaje y de caminar. Aún así, fuimos de nuevo a la Plaza Djemma el Fna, pues por la noche sufre una nueva transformación que la hace no tener nada que ver con la plaza de por el día.

Lo más destacado es que desde media tarde se montan varias decenas de puestos de comida en los cuales es posible cenar por muy poco dinero. Nosotros lo hicimos las tres noches y cada una fue una cena riquísima. El primer día cenamos en el puesto 26 unos entrantes (tortilla, pimientos, berenjenas, aceitunas, tomate y acelgas), brochetas de cordero y patatas fritas, todo por 70 dírhams, agua y pan incluidos.

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A la vuelta nos pasaron dos cosas curiosas. La primera fue que nos topamos con un policía al que unas horas antes le habíamos preguntado una cosa sin decirle antes buenas noches, a lo que nos respondió con una sonrisa y un “good evening”. El caso es que íbamos de vuelta y nos vio a lo lejos y vino corriendo solo para decirnos “good evening” de nuevo. Fue muy simpático, nos estuvo preguntando si era la primera vez que veníamos a su país, y al enterarse de que éramos de Madrid sacó corriendo el móvil… ¡Con una foto del Barça! Acompañó la foto de otro “good evening”, y los tres nos echamos a reír. Un tipo muy agradable, la verdad.

La segunda cosa fue que al llegar al riad Simón, el chico que trabaja en él por las noches, nos ofreció un té. Nos duchamos y después estuvimos con él tomando el té mientras manteníamos una conversación muy interesante con trocitos de varios idiomas sobre un poco de todo: su país, el nuestro, los viajes, los bereberes, su familia… Las tres noches tomamos té con él, es un tío grande que siempre llevaremos en el corazón.

Para cerrar la noche subimos a la azotea del riad a verlo todo iluminado. No se veían demasiado las estrellas por las nubes, pero casi mejor: estábamos cansadísimos y lo único que queríamos era ir a dormir, pues había que coger fuerzas para la dura excursión del día siguiente.

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