Madrid – Marrakech – Agadir

Aunque en el índice de este viaje de sol y playa por Marruecos hemos dicho que la mayoría de los artículos no van a hablar de días íntegros sino de temas concretos, esta es una de las excepciones. Y es que con este post queremos transmitiros las sensaciones que tuvimos en nuestra primera jornada de viaje, en la cual dejamos atrás la monotonía de Madrid para volar a Marrakech, pasar allí unas horas y luego desplazarnos hasta la ciudad costera de Agadir tras un larguísimo trayecto de autobús. Toda una aventura que nos dejó agotados, pero por suerte teníamos después ocho días en la playa para recuperar las fuerzas.

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VUELO MADRID – MARRAKECH

La verdad es que el viaje no pudo empezar peor. Primero el padre de Edu se dejó el móvil en casa, por lo que tuvimos que volver cuando ya estábamos de camino al aeropuerto. Un pequeño contratiempo, sin duda, aunque preámbulo de la auténtica faena de la mañana: a Lore, una de las hermanas de Edu, le robaron la cartera en el Metro. No solo perdió más de 100€ que llevaba encima, sino todas las tarjetas y los documentos de identidad. Por suerte llevaba el pasaporte en otro sitio. Siempre hemos sabido que la línea 8 del Metro de Madrid es muy insegura, pero en este caso nos tocó vivirlo en primera persona.

Entre unas cosas y otras, incluyendo denuncia en la comisaría del aeropuerto, llegamos muy justitos a la puerta de embarque. Volamos con Ryanair y, cómo de costumbre, solo podemos decir cosas positivas: buen precio, puntualidad absoluta y un trayecto de lo más tranquilo. Incluso tuvimos la suerte de que no funcionaba bien la megafonía del avión, así que nos ahorramos la cansina venta de lotería que suelen llevar a cabo.

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Fue un vuelo muy chulo, pues no había ni una nube y pudimos contemplar nítidamente la separación entre Europa y África. De hecho, se distinguía sin ningún problema la ciudad de Ceuta desde el aire. También fue un vuelo especial en cuanto al horario, pues durante el Ramadán en Marruecos se atrasa una hora el reloj. ¿El resultado? Salimos de Madrid a las 11 y llegamos a Marrakech a las 11. ¡Mejor imposible! 🙂

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La primera parte del viaje nos iba a llevar ocho días a Agadir, pero antes teníamos un aperitivo de tres o cuatro horas en Marrakech. El desplazamiento del aeropuerto a la ciudad fue mejor que nunca, pues en la excursión que habíamos reservado para ir al desierto estaba incluida la recogida en el aeropuerto. Total, que llegamos y nos esperaban con el típico cartel con nuestro nombre.

Aprovechamos la jugada y fuimos directamente a las oficinas de Ando Voyage, la empresa que organizaba la excursión, para confirmar nuestra plaza pagando el resto de la reserva (en euros).

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También fuimos a hacernos con dírhams, la moneda local. Otras veces hemos cambiado directamente en el aeropuerto, pero en esta ocasión optamos por ir a la famosa casa de cambio ubicada en la planta baja del Hôtel Ali. Está al lado de la plaza Jemaa el-Fnaa, prácticamente en una esquina de la misma, y el tipo de cambio siempre es de lo mejorcito de la ciudad.

También le echamos un poco de morro y fuimos al Hotel Cécil, donde nos íbamos a alojar una semana después, para pedirles que nos dejaran usar su cuarto de maletas y que nos guardaran allí el equipaje mientras estábamos por Marrakech. No pusieron ninguna pega, ya que si por algo se caracteriza ese hotel es por la tremenda amabilidad de sus empleados.

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UNAS HORITAS LLENAS DE RECUERDOS

Y, por fin, estábamos de nuevo listos para recorrer Marrakech. Solo iban a ser unas horas (serían más o menos las doce y a las cuatro tomábamos el bus rumbo a Agadir), pero hasta el rato más pequeño da mucho de sí en esa ciudad. Empezamos por la famosa plaza Jemaa el-Fnaa (también llamada Jemaa el-Fnaa, Djema el-Fna, Djemaa el-Fnaa, Yamaa el Fna o incluso Jma el-Fna), el alma y el espíritu de Marrakech.

No vamos a dar demasiada información sobre ella, pues para eso está el diario de viaje a Marrakech de 2009 y de 2011. Nos vamos a centrar en las sensaciones, y lo primero que tenemos que decir es que nos sorprendió lo tranquila que estaba la plaza. Rápidamente nos acordamos de que estaban en Ramadán, y que por eso durante el día la cosa está más parada de lo normal. Eso sí, a la noche hay más vida que nunca.

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Ya conocemos bien los museos y monumentos de la ciudad, por lo que decidimos prescindir de ellos en este viaje. Quizá si hubiésemos ido solos nos hubiésemos dejado caer por la Medersa, pero yendo con la familia escogimos el plan que más nos gustaba a todos: ir a pasear por los zocos. No teníamos intención de comprar (solo nos hicimos con un monedero para Lore, ya que se lo habían robado en Madrid), pero sí de sondear el mercado para saber qué precios encontraríamos a la semana siguiente.

Por cierto, en este viaje la frase estrella ha sido “españoles bancarrota”. En cuanto nos veían hablar en castellano, todos los vendedores empezaban a repetirla como si no hubiese mañana. ¡Cómo nos conocen!

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Comimos en el Snack Toubkal, en la propia plaza Jemaa el-Fnaa. Es fácil reconocerlo, pues está en una esquinita y sus toldos rojos llaman la atención por encima del resto. Ya haremos un artículo hablando sobre él, pero vaya por delante que es una opción lowcost inmejorable: buena comida, buen aire acondicionado y camareros simpáticos. Depende de lo que se pida, pero es posible irse de allí con el hambre saciada por tan solo 20 dírhams (2€). En este caso, la comida de seis personas salió por 235 dírhams, pero es que nos pusimos hasta arriba.

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Y eso fue lo poquito que hicimos ese día en Marrakech. A eso de las 15:00 buscamos un taxi hasta la estación de autobuses de CTM. Cogerlo en Jemaa el-Fnaa y sus alrededores hace que siempre pidan una pasta, por lo que tuvimos que negociar con uñas y dientes. Al final, de los 120 dírhams que nos pedían conseguimos dejarlo en 60, aunque con algo más de tiempo se podría haber bajado.

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AUTOBÚS MARRAKECH – AGADIR

Así fue como llegamos a la estación de CTM en Marrakech. Con esa compañía habíamos comprado los billetes de autobús por internet, que nos llevarían a Agadir por 100 dírhams/persona. Había que estar media hora antes para facturar las maletas (por las seis nos cobraron un total de 5 dírhams) y canjear el voucher de internet por el tícket para subir al autobús.

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Las cosas no fueron tan sencillas como esperábamos. En primer lugar todo el mundo estaba de mal humor, algo que sin duda no tenía que ver con el Ramadán: en esos sitios siempre nos han tratado mal en Marruecos. Lo que si tenía que ver con ese evento religioso es un pequeño cambio de horarios, pues en vez de salir a las 16:00 nuestro autobús se había cambiado a las 17:25. A esperar.

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No solo nos tocó pudrirnos una hora y media en la estación, sudando como pollos y teniendo que comprar agua a precio de oro. Para completar el cuadro, ese horario coincidía con el iftar, el momento en el que rompen el ayuno. Eso supuso desviarnos a un restaurante de carretera y perder allí una hora más, haciendo que la duración del trayecto se fuese a las cuatro horas. Resumiendo: teníamos que haber llegado a las siete y llegamos a las nueve y media.

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Un taxista caro (60 dírhams) y loco nos llevó de la estación de autobús de Agadir a nuestro hotel, jugándose la vida en cada rotonda. Estamos más que acostumbrados a la forma caótica de conducir en Marruecos, pero desde luego este tipo parecía haberse propuesto morir esa noche.

Y POR FIN… ¡LA PLAYA!

Granito a granito al final se hizo una montaña, y llegamos a nuestro hotel cansados y con cara de pocos amigos. Por suerte, el Hotel Club Almoggar Garden Beach, donde pasaríamos los ocho días siguientes, nos dio muy buenas sensaciones desde el primer momento. Hicimos el checkin, dejamos las maletas en nuestras habitaciones y nos fuimos a cenar, pues nos rugían las tripas.

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No quisimos andar demasiado y cenamos en la Maison de Brochettes, el sitio que más cerquita estaba de nuestro hotel. Se encuentra en pleno paseo marítimo y, sinceramente, no se lo recomendaríamos ni a nuestro peor enemigo. No fue demasiado caro (unos 250 dírhams en total) pero comimos auténtica basura, todo estaba muy sucio y encima al lado tenían un local gemelo reservado a marroquíes, donde todo era más barato… pero había que pedir en árabe.

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Sentimos la tentación de dar una vuelta por el paseo marítimo, pero estábamos tan cansados que solo nos apetecía tumbarnos en la cama y descansar. Teníamos por delante ocho largos días de sol y playa, así que decidimos irnos a dormir y pensar en lo mucho que íbamos a disfrutar desde la mañana siguiente.

Capítulo IVolver a Marruecos: sol y playa ’13Capítulo III

4 pensamientos en “Madrid – Marrakech – Agadir

  1. Vaya mala pata lo del robo de la cartera!!! La verdad es que en el metro hay que tener un cuidado extremo!!! Y qué lata la espera en la estación de autobuses!
    Feliz año chicos!

  2. Anda que el viaje arrancó accidentado, menos mal que al final pudisteis llegar, aunque luego el resto de la jornada no es que fuera miel sobre hojuelas…Pero así son los viajes, unas cosas salen bien y otras un poco peor 🙂

    Saludotes!

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