Madrid ’09 – Capítulo VII: Retiro, alrededores, ensanche y Las Ventas

Aunque ya va quedando menos para terminar esta semana maratoniana por Madrid, aun quedan muchas cosas interesantes por ver. Esta nueva etapa tiene su origen en uno de los monumentos más ilustres de Madrid: la Puerta de Alcalá. Para llegar a él, no hay más que ir a la Estación de Cercanías de Recoletos y subir por la Calle Alcalá desde el Palacio de Linares, aunque hay casi tantas posibilidades como uno quiera.

Madrid 181La Puerta de Alcalá, ubicada en la Plaza de la Independencia, ya era ilustre antes de que Ana Belén y Victor Manuel popularizasen una canción sobre este monumento. En realidad, es otra obra más de Carlos III, que la mandó construir en el camino que lleva a Alcalá de Henares. Tal y como dice la canción, la puerta está “viendo pasar el tiempo”, y no es ninguna tontería: desde la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luís hasta la Guerra Civil, este monumento ha sido protagonista directo o indirecto de todos los sucesos ocurridos en nuestra ciudad.

Madrid 182Una vez hecha la foto de rigor -por cierto, un consejo: aunque todo el mundo se saca la fotografía en una isleta que hay en el medio del paso de peatones, la puerta se ve mucho mejor desde cualquiera de las dos aceras-, podemos seguir por la Calle Alcalá. En el número 83 está la Iglesia parroquial de San Manuel y San Benito, un edificio no muy frecuente en las guías turísticas.

A la entrada pone en un cartel que es la iglesia más bonita de Madrid, y aunque quizá sea algo discutible lo cierto es que este edificio neobizantino de inicios del siglo XX es precioso: tanto por fuera, a pesar de que los árboles y la carretera no dejan tener una buena perspectiva; como por dentro, pues su decoración es magnífica. Merece la pena entrar, de verdad.

Hecho esto hay que retroceder un poco e ir hasta la Puerta de Alcalá de nuevo. Según vamos, hay que ir hacia la izquierda, hacia la Calle de Alfonso XII. Que nadie se preocupe, aunque pasemos por la Puerta del Retiro luego entraremos al parque por otro lugar. Y es que antes de ir al pulmón verde madrileño, tenemos que ir a ver unos cuantos lugares interesantes. Nuestro primer destino es la Calle Montalbán -la segunda a la derecha de la Calle de Alfonso XII-, donde está el Museo Nacional de Artes Decorativas, un museo concebido a inicios del siglo XX según el modelo de otras instituciones europeas, como el Victoria and Albert Museum -por aquel entonces South Kensington Museum- de Londres o el Musèe des Arts Dècoratifs de París. Desde ahí tenemos que ir todo recto por la Calle de Alfonso XI, un paralela a la de Alfonso XII, que va a parar a la Calle de Méndez Núñez, donde está el edificio del Museo del Ejército. Aunque en 2005 se cerró para trasladar la colección al Alcázar de Toledo, es un edificio interesantísimo por ser uno de los dos restos en pie del antiguo Palacio del Buen Retiro.

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Madrid 185La otra construcción que perdura del susodicho palacio está justo al lado: el Casón del Buen Retiro, que está en la Calle de Alfonso XII, que ya hemos visitado. Aunque su pasado reciente es mucho más esplendoroso que su uso actual -llegó a albergar el cuadro El Gernika de Pablo Picasso-, sigue siendo un foco cultural importante de la ciudad, siendo una parte más del Museo del Prado.

Plano del retiroY ya que estamos aquí… ¿Por qué no entramos a los Jardines del Buen Retiro? Aunque llevamos todo el día bordeándolo, este es uno de los puntos de acceso más bonitos que hay. En cualquier caso, aquí va un plano del Retiro que nosotros mismos hemos elaborado, por si alguien quiere seguir nuestro recorrido o hacer el suyo propio.

Madrid 186La Puerta de Felipe IV no es la entrada “principal”, pues en general la gente suele entrar desde la Plaza de la Independencia, pero si alguien se anima a entrar por aquí descubrirá un lugar precioso del parque. Muchas veces en parques tan amplios se suelen visitar los puntos de interés más frecuentes y nos perdemos otros sitios preciosos.

Y es que, aunque no sea lo más típico entrar por aquí, si cruzamos la Puerta de Felipe IV llegaremos al Parterre. Esta zona del Retiro fue diseñada durante el reinado del propio Felipe IV, y como es evidente está hecha al gusto de los jardines franceses -por ejemplo, recuerda en muchas cosas a Versalles-. Aquí podemos ver algunos de los árboles más ilustres del parque, como el ahuehuete -plantado a comienzos del siglo XVII, y al cual correos dedicó incluso un sello por ser posiblemente el árbol más antiguo de todo Madrid- o dos enormes cedros. Es una parte que nada tiene que ver con el resto del parque, lo cual se aprecia especialmente bien dando un paseo por El Retiro con el Google Earth.

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Tal cual hemos entrado tenemos que ir hacia la derecha, donde tras caminar un poquito llegaremos a la una Oficina de Información de las dos o tres que hay por el parque. Es muy recomendable ir, ya sea por hacerse con un mapa -si no es imposible recorrer el parque y verlo sin perdernos nada- o por ver si podemos hacer alguna de las muchas visitas guiadas que se organizan. Desde aquí, a un paso, está una de las zonas más nuevas del parque: el Bosque del Recuerdo. Conocido originalmente como Bosque de los Ausentes, es una parte del parque dedicada a las víctimas del 11M y al GEO fallecido el 3 de abril de 2004 en Leganés. Tiene en total 192 árboles, uno por cada asesinado, y es un lugar que siempre se muestra silencioso y calmado.

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Desde el Bosque del Recuerdo se puede ir a una de las partes más “salvajes” del Retiro, pues hay una zona en la que la vegetación apenas deja ver el Sol, y es frecuente encontrarse con animales de todo tipo. Generalmente las rutas turísticas no pasan por aquí, pero merece la pena darse un paseo para ver plantas que no se ven en el resto del parque.

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Madrid 193Si seguimos caminando llegaremos a la Fuente de la Alcachofa, una de las más ilustres de Madrid -tanto que hay una réplica exacta en la Glorieta del Emperador Carlos V-. La del Retiro, la original, fue esculpida a fines del siglo XVIII, y fue trasladada al parque en 1880 como otras fuentes del parque. Con el calor que suele hacer, acercarse y refrescarse un poco es una buenísima idea.

Aunque la fuente está al lado del estanque, vamos a olvidarnos de él por un rato para dar una vuelta por el parque y ver algunas cosas. Así, si desde la plaza en la que estamos seguimos uno de los caminos que salen llegaremos al Palacio de Cristal del Retiro. Fue construido justo cien años antes de que naciéramos, en 1887, para celebrar la Exposición de las Islas Filipinas. Aunque la estructura es de metal, todo el palacio está forrado con unas planchas de cristal que son las responsables del nombre. En la actualidad se celebran exposiciones temporales, y es uno de los puntos más solicitados del retiro: tanto por el edificio en sí como por su entorno, pues al lado hay un lago artificial con los famosos cipreses de los pantanos.

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Desde aquí se puede llegar de muchas maneras a nuestro siguiente destino: la Fuente del Ángel Caído (también conocida como Monumento del Ángel Caído). La fuente, que está justo donde hace dos siglos estaba la Fábrica de Porcelanas de China, está coronada por la escultura de El Ángel Caído del escultor madrileño Ricardo Bellver. El conjunto es uno de los puntos más esotéricos de Madrid por dos motivos: porque popularmente se piensa que es una fuente dedicada a Lucifer y porque está a una altitud topográfica de 666 metros sobre el nivel del mar. Justo al ladito está La Rosaleda, creada por el jardinero Cecilio Rodríguez en 1915 siguiendo las directrices del alcalde del Madrid de aquel entonces, Carlos Prats. Se hizo siguiendo la moda europea, y en la época en la que los rosales florecen es un auténtico espectáculo.

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Madrid 199Cerca, en uno de los muchos caminos que salen desde aquí, está la Biblioteca Popular Pérez Galdos, el último rescoldo de un proyecto interesantísimo que desgraciadamente no tiene sitio en el siglo XXI. Otrora había por el Retiro varias bibliotecas como esta, las cuales estaban custodiadas por unos ordenanzas que prestaban y recogían los libros que los madrileños intercambiaban a través de ellas. Es algo así como el BookCrossing, hoy de moda, pero a la madrileña. El último representante de esas bibliotecas populares es éste, y, aunque es una pena, ya no alberga ningún libro.

Pero bueno, sigamos nuestro camino que todavía queda mucho por ver en el parque. La siguiente parada es el Palacio de Velázquez, de fines del siglo XIX. Se creó para albergar la Exposición Nacional de Minerías, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales, y en la actualidad se utiliza para celebrar exposiciones temporales del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Es bastante bonito, aunque quizá después de haber visto el Palacio de Cristal no luce todo lo que debiera.

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Madrid 202No muy lejos del Palacio de Velázquez está el Monumento a Santiago Ramón y Cajal. Esta enorme fuente-escultura fue diseñada por el escultor Víctor Macho, y colocada en el parque en 1926. La verdad es que el pobre Cajal recibe poca atención, ya que la mayoría de gente que pasa por ahí no le hace el más mínimo caso a la estatua.

Y también a unos pocos pasos están los Jardines del Arquitecto Herrero Palacios. El nombre puede no decir mucho, pero es que esa es la denominación de la antigua Casa de Fieras del Retiro. ¿Qué era eso? Pues nada menos que un zoológico que estuvo 200 años en el parque hasta que se inauguró el Zoo de Madrid en 1972. La Casa de Fieras era una institución de la “vieja Europa”, en la que los animales más exóticos se exhibían para deleitar a los madrileños y exhibir el poder de la familia real sin preocuparse de si las condiciones de los animales eran las más adecuadas. De hecho, hubo un tiempo en el que también se exhibieron “hombres exóticos”, como esquimales o africanos. Nuestros padres y nuestros abuelos nos han contado alguna vez los recuerdos que tienen de la Casa de Fieras, y es tal el cariño con el que los madrileños la recuerdan que algunas viejas jaulas se han acondicionado a modo de homenaje a la institución.

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Madrid 206Contigua a la Casa de Fieras está Florida Park, una sala de ocio que también está cargada de historia: se construyó a comienzos del siglo XIX por encargo de Fernando VII. El edificio fue para la reina Isabel II, que lo utilizó como pabellón de caza. Cuando los reyes donaron El Retiro a Madrid, el lugar pasó a tener diversos usos: desde capilla hasta balneario. Por eso, aunque hoy no es más que una sala de fiestas este lugar merece ser reconocido, pues a través de su Historia se puede conocer mejor el desarrollo de la vida en el parque durante estos tres últimos siglos.

Habíamos entrado al Retiro por una zona bastante atípica, y ahora que nos vamos acercando al final vamos a ver un edificio más que singular: la Casita del Pescador. Esta construcción, que parece sacada de un cuento de hadas, es uno de los pocos ejemplos en pie de los edificios que adornaban el parque cuando era un lugar privado para la realeza. Al igual que Florida Park, la Casita del Pescador fue mandada construir por Fernando VII, en este caso en el marco de la reconstrucción de los jardines tras la invasión francesa. Por cierto, en la actualidad el edificio es otro punto de información del parque.

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En la misma zona que la Casita del Pescador está el gran desconocido del Retiro: las ruinas de la Iglesia de San Pelayo y San Isidoro. Este edificio románico del siglo XIII estaba ubicado originalmente en Ávila, pero tras caer en ruinas y tras pasar por diversas manos acabó aquí en los años finales del siglo XIX. Pocos madrileños saben que aquí están estas ruinas, y de hecho durante mucho tiempo han estado en estado de abandono y llenas de pintadas. Al lado de las ruinas está la Montaña Artificial -conocida también como Montaña de los Gatos, Montañas de los Osos y Montaña Rusa-. Fue construida por orden de Fernando VII, y recibe esos nombres por ser una prolongación de la Casa de Fieras, ya que la montaña estaba poblada por diversos animales.

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Y tras ver todo esto vayamos, por fin, a la mayor concentración de agua en el parque: el estanque, que está coronado por el monumento a Alfonso XII. Éste fue construido en 1901 por la viuda del rey, la regente María Cristina, que eligió este diseño tras convocar un concurso. Se empezó a construir con Alfonso XIII ya como rey, y no se inauguró hasta 1922. En la actualidad esta impresionante columnata es uno de los rincones más concurridos de los jardines, tanto por las vistas que se tienen del estanque como por el ambiente en sí: desde el atardecer suele haber un montón de gente joven con instrumentos de percusión hasta que el cuerpo aguante.

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Además, el propio estanque y las calles que lo rodean siempre están llenos de gente. Por un lado, es muy típico alquilar una barca -luego veremos dónde se hace- y pasar un rato a golpe de remo. También hay gente que va a dar de comer pan a los peces, que cada vez son más numerosos. Por otro lado, hay una mezcla bastante curiosa de gente en la que siempre es divertido encontrarse: músicos urbanos, jóvenes con monopatín, turistas, señoras con abrigos de piel… Vamos, que es una de las zonas más entretenidas del parque y, por encima de todas, la más obligada de visitar.

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En las inmediaciones del estanque está la Casa de Vacas, una vaquería construida en 1874. Evidentemente a estas alturas ya ha perdido este uso, y tras ser utilizada como sala de fiestas en la actualidad está destinada a celebrar exposiciones temporales y otros eventos culturales. Por cierto, justo enfrente está el lugar para alquilar las barcas, que suele estar abarrotado de gente. En los días de verano casi siempre hay que hacer cola, así que es recomendable ir con tiempo o será imposible remar en medio del estanque.

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Una vez visto esto es el momento de salir. Si no se está cansado, se puede volver al estanque e ir por la Avenida de México para ir hacia la entrada y salida “principal”, la más popular. Desde ahí no habría más que bordear el parque y llegar a la Calle de O’Donell, aunque si hay cansancio se puede salir aquí directamente. En cualquier caso, lo que toca ahora es dar un paseo por la zona del ensanche madrileño. Son calles construidas desde el lujo y la opulencia, que muestran la concepción arquitectónica de la flor y nata madrileña de finales del XIX y principios del XX. Lo mejor es pasear sin rumbo entorno al eje de la Calle de Velázquez y la Calle de Goya. Por cierto, por aquí hay calles con comercios muy exclusivos, por lo que si alguien quiere pasear por escaparates de esos que suelen ser inaccesibles -ropa de alta costura, joyerías, etc.- tiene aquí una buena ocasión.

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En cualquier caso, lo que todo el mundo tiene que hacer es ir a la Avenida de Felipe II, donde está el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Al margen de ese gran edificio, la avenida es una caja de sorpresas, en parte gracias a la Plaza de Dalí, que impregna del espíritu del genio a los alrededores. Además de la escultura del artista catalán, en la avenida cada rincón puede dar una sorpresa: un enorme menhir, una fuente con forma de libro, esculturas en el suelo que recogen temas de la sociedad actual… Lo dicho, a investigar y a descubrir este interesante lugar de Madrid.

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Para ir al último punto de esta visita es necesario coger el Metro, y en concreto la Línea 2 (la roja), que se puede coger desde Goya, por ejemplo. Nuestro destino es la Plaza de Toros de las Ventas, por lo que no tenemos más que bajarnos en la Estación de Ventas para estar a los pies de la plaza. Al margen de que al visitante le gusten o no los toros -nosotros solo hemos pasado dentro a algún concierto, pues precisamente los toros no nos llaman nada la atención- este monumental edificio debe ser visitado. Es la tercera plaza de toros más grande del mundo, fue inaugurada en 1931 -por entonces recibió el nombre de Plaza de las Ventas del Espíritu Santo– y su estilo neomudéjar sencillamente impresiona. Por cierto, al igual que en otros lugares como el Estadio Santiago Bernabéu existe la posibilidad de hacer un tour por el interior, por lo que aquellos aficionados del mundo taurino seguro que pasan aquí bastante rato.

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Los alrededores de la plaza constituyen un auténtico museo taurino al aire libre, con esculturas de toreros importantes e incluso del Doctor Fleming, al cual los toreros tienen en muy alta estima. Volvemos a lo de antes, tanto si el mundo del toreo te parece un arte como si te parece una tortura animal repugnante, merece la pena darse una vuelta por los alrededores y conocer uno de los lugares más turísticos de la capital.

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Ahora, como siempre decimos al final de una etapa, a descansar. Ya solo queda un día, por lo que hay que coger fuerzas y pensar que lo más duro ya ha pasado.

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