Madrid ’09 – Capítulo VI: Barrio de las Letras y Barrio del Rastro

En esta nueva etapa trataremos de adentrarnos en la parte más castiza de la villa de Madrid, gracias a la visita de dos de las zonas más emblemáticas en ese sentido: el Barrio de las Letras y el Barrio del Rastro. Ambas están relativamente cerca entre sí, aunque es mejor moverse en Metro. Bueno, vamos a dejar las palabras y empecemos a caminar.

Madrid 153El punto de partida para visitar el Barrio de las Letras es la Plaza de Antón Martín, un sitio muy animado. Para muestra, una canción de Joaquín Sabina que dice que “sólo en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega”. Pues eso, que es una zona en la que siempre hay cosas que hacer. La bienvenida a la plaza nos la da el Monumento a los abogados asesinados, que recuerda el atentado ocurrido en 1977, cuando el grupo ultraderechista Triple A mató a cinco abogados laboralistas en Atocha. Es uno de los hitos de la transición, pues marcó su desarrollo notablemente y como tal debe ser recordado.

Si se mira desde la Plaza de Antón Martín a la Calle Atocha, hay que coger esta a mano izquierda. La Calle Atocha es otro lugar muy castizo y animado, y que aunque no tenga muchas cosas concretas bien merece un paseo. Uno de los edificios que destacan es la Parroquia de San Sebastián, uno de esos lugares que han estado dedicados al culto desde tiempos inmemoriales.

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Caminando un poco veremos como la Calle Atocha se abre y da paso a la Plaza de Jacinto Benavente, un lugar muy típico del Madrid teatral y de tertulia. Allí se encuentran dos edificios que han sido muy determinantes en el ocio de los madrileños durante el siglo XX: el Teatro Häagen-Dazs -antes Teatro Calderón, y mucho antes Teatro Odeón– y los Cines Ideal. La plaza en sí suele estar llena de gente, siempre pasa algo. Por cierto, otra calle muy típica, la Calle Carretas, está muy a mano desde aquí, por lo que un paseo hacia ella no es mal plan.

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Desde la Plaza de Jacinto Benavente hay que volver por donde hemos venido, pero por la calle paralela a Atocha, para llegar a la Plaza del Ángel. Aquí está el popular Café Central, que mezcla buena comida -y barata, si se va entre semana a la hora de comer- con música jazz. Es un sitio en el que es frecuente ver a actores y músicos, por lo que la cámara de fotos nunca está de más. Por otro lado, en la plaza hay varios bares y tabernas. Como se puede ver, en esta etapa los monumentos quedan a un segundo plano, y lo interesante es pasear, mezclarse entre la gente y, sobretodo, comer y beber en abundancia.

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Madrid 160Adelante está la Plaza de Santa Ana, donde se encuentra el popular Teatro Español… y, como no podía ser de otro modo, también hay muchos bares. Un refresco y una tapa nunca entran mal, y más en este sitio donde todo suele estar bueno. Por cierto, ya que hemos pasado por tantos teatros, quizá sea una buena propuesta ir a ver alguna obra -en las oficinas de turismo suelen dar información precisa sobre lo que en ese momento se está representando, precios y demás-. Como la oferta es tan amplia es fácil encontrar entradas a buen precio -nosotros fuimos a ver el musical Sweeney Todd por 3€ cada uno ese mismo año-.

Madrid 161Por una de las esquinas de la plaza se va a la Calle del Prado, en cuyo número 21 está el Ateneo de Madrid. Es un edificio muy vinculado a Manuel Azaña y toda la II República, que además es bastante bonito, aunque lo más interesante son las actividades culturales que en él se realizan. La visita por dentro es muy interesante, pero ocurre lo mismo que en otros sitios como el Congreso: hay que hacerla previa petición por escrito y, para colmo, en grupos no menores de 10 personas. Total, que para una pareja es prácticamente imposible verlo.

Por aquí hay algunas cosillas más que ver. Justo enfrente, haciendo esquina con la Calle Santa Catalina, está la sede en España de la Iglesia de la Cienciología. El polémico culto, popularizado sobretodo por personalidades famosas como Tom Cruise, parece que esta extendiendo sus tentáculos por la capital. Por otro lado, si llegamos al final de la calle, giramos por la Calle de San Agustín y luego por la Calle de Cervantes llegaremos a la Plaza de Jesús, donde está la Iglesia-Basílica de Jesús de Medinaceli, donde se guarda el popular Cristo de Medinaceli de la Semana Santa Madrileña. A pesar de estar entre tanto lugar sagrado los bares, con su típica imagen, no faltan en la zona.

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De aquí a la Calle de las Huertas (Huertas a secas es como la conocemos los madrileños) hay un paso, pues no hay más que bajar por la Calle de Jesús. ¿Qué hay en Huertas? Pues de todo, y a todas horas. Es una de las calles más representativas del Barrio de las Letras -hay muchas placas, librerías y monumentos que dan cuenta de ello-, y además hay un monasterio en mitad de calle -el Monasterio de las Trinitarias Descalzas-. Pero si por algo destaca esta calle, es por su vida nocturna: Huertas es un lugar perfecto para salir por la noche, pues hay infinidad de bares -baratos, caros, grandes, pequeños, modernos, tradicionales…- y mucha gente, lo cual se traduce en un ambientazo impresionante prácticamente todos los días, aunque como es lógico cuando más marcha hay es de jueves a domingo.

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Por cierto, a la que subimos la calle, y para terminar con esta zona de Madrid, interesa ir a la derecha -por ejemplo por la Costanilla de las Trinitarias-, y luego volver a girar por otra calle -como la Calle de Quevedo-, para llegar a la Calle de Cervantes. Aunque parezca mucho lío son unos pocos pasos, y así podremos visitar la Casa Museo de Lope de Vega, una casa típica del siglo XVII que fue comprada por Lope de Vega y donde falleció. Sólo se puede visitar por las mañanas, pero es gratis y merece la pena hacerlo.

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Hecho esto, hay que cambiar totalmente de tercio, y aunque sigamos en una zona castiza de Madrid vamos a cambiar el Barrio de las Letras por el Barrio del Rastro. Se puede llegar de muchas maneras, aunque lo mejor es hacerlo en Metro. El punto de partida de esta excursión será la Plaza de Cascorro.

Lo primero que hay que decir es que esta zona, además de ser típicamente castiza, alberga cada domingo por la mañana el Rastro de Madrid, un mercado típico en el cual se puede comprar de todo: ropa, comida, muebles, discos, juguetes, armas, teléfonos, chucherías… La visita es totalmente recomendable, es un lugar en el que siempre pasan cosas y en el que siempre se puede encontrar algo a buen precio. Sus puntos fuertes son la variedad, la cantidad y la posibilidad de mezclarse en el ambiente madrileño más típico -nunca falta algún chulapo vendiendo barquillos o alguna señora mayor tocando el organillo-. Por otro lado, sus puntos negativos son la inseguridad (está lleno de carteristas y mangantes varios), la excesiva cantidad de gente a algunas horas y que si compramos algo estando de viaje en Madrid, como es lógico, no podemos cambiarlo si no nos gusta estando de vuelta en casa.

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Si es día de rastro, es imposible hacer otra cosa que no sea mezclarse entre la gente y vivir esta tradición tan típica. Sin embargo, si no podemos ir en día de rastro no pasa nada, puesto que el barrio tiene algunos alicientes que merecen ser visitados. Por ejemplo, si desde Cascorro bajamos por la Calle Embajadores, llegamos a la Iglesia Parroquial San Millán y San Cayetano,  de estilo barroco. Un poco más abajo de Embajadores, en el número 52, está la Eskalera Karakola, un emblemático centro social dirigido por mujeres que en origen era una casa okupa hasta que el ayuntamiento cedió este edificio.

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Una vez que desde Embajadores podamos girar por la Calle Mira el Sol -curioso nombre, aunque viendo la calle el significado es evidente-, hay que bajar por la misma para ir a la Calle de la Ribera de Curtidores. Si seguimos hacia adelante, y giramos a la derecha en la Ronda de Toledo, llegaremos a la Plaza del Campillo del Mundo Nuevo, otro lugar emblemático del Rastro madrileño y una plaza muy bonita que tampoco suele aparecer un muchas guías turísticas.

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De ahí a la Glorieta de Puerta de Toledo no hay más que unos pasos. Allí se pueden visitar varias cosas: el Mercado de Puerta de Toledo, restaurado no hace mucho; un enorme reloj solar, que no está todo lo cuidado que debiera; y, por encima del resto, la Puerta de Toledo. El monumento fue levantado a comienzos del siglo XIX en honor a Fernando VII, y para nosotros es casi tan importante la puerta en sí como el conjunto escultórico que tiene en su parte alta.

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En cualquier caso, este es el final de la etapa. Ya solo quedan dos días más, así que aunque las fuerzas flaqueen el mayor esfuerzo ya se ha hecho.

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