Madrid ’09 – Capítulo III: Madrid de los Austrias

El inicio de la segunda etapa está en mitad de la ruta del primer día: si en el capítulo anterior subimos hacia Gran Vía al llegar al Edificio Metrópolis, en esta ocasión lo que haremos será ir hacia la izquierda y seguir por la Calle Alcalá, lo cual nos permitirá hacer un recorrido por el Madrid de los Austrias. Hay que decir que la ruta es “aproximada”, es decir, se pasará por esa zona pero también hay otros edificios de interés que no tienen nada que ver con ese periodo histórico.

Madrid 31Y a modo de ejemplo, el primer edificio que sobresale es el Palacio de la Equitativa, más conocido como Edificio Banesto por haber albergado las operaciones de esta entidad durante varias décadas. Sin embargo, esta construcción de finales del siglo XIX ha tenido diversos usos a lo largo de su historia, desde embajada de Japón en Madrid hasta sede del Círculo de Bellas Artes. Como todo edificio decimonónico de postín que se precie está lleno de detalles, y merece la pena acercarse para comprobarlo de primera mano: farolas doradas, esculturas de animales exóticos, inscripciones de hace mucho tiempo…

En la acera de enfrente, si se mira desde el Palacio de la Equitativa, se pueden contemplar otros tres edificios de corte moderno: el Casino -en la actualidad dedicado a actividades culturales-, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando -del siglo XVIII, aunque el edificio antes fue la casa-palacio del conde de Saceda y marqués de Belzunce, el Gabinete de Historia Natural e incluso un estanco de tabaco- y la Real Casa de la Aduana, que es una dependencia más del Ministerio de Hacienda. La zona, aunque siempre transitada, es un paraíso de la tranquilidad en comparación a todo lo que nos espera a continuación.

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Pues sí, porque siguiendo la calle se llega a la Puerta del Sol, aunque antes de centrarnos en ella veamos que podemos encontrar en dos de sus calles adyacentes: la Calle Montera y la Calle Preciados. La primera es algo así como el “talón de Aquiles” del centro de Madrid, pues a pesar de ser una calle céntrica, transitada y con un montón de tiendas chulas está muy degradada por ser una de las principales zonas de prostitución, droga y problemas derivados. En cuanto a la Calle Preciados, es la zona de compras por antonomasia, y nadie puede ir a Madrid sin pasar por allí, aunque solo sea por sentir el ambiente. Justo entre esas calles están la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y San Luís -en la foto no se ve muy bien, porque en Madrid en verano ponen unas telas en las calles céntricas para proteger del sol- y la Casa Labra, un restaurante típico que además es célebre por ser el lugar de fundación del Partido Socialista Obrero Español (lo que viene siendo el PSOE, vamos).

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Hecho este pequeño paréntesis, ahora es el turno de visitar a conciencia la Puerta del Sol, uno de los lugares más dinámicos, transitados, curiosos e inseguros de Madrid, siempre con permiso de otras zonas como la Gran Vía. Aunque la plaza parece el centro de la ciudad, en origen no era más que uno de los puntos de acceso de la muralla del siglo XV, y recibe su nombre por estar orientada hacia levante -lo cual hacía que en origen hubiera un sol decorando el lugar-.

Pero bueno, dejémonos de historias y vamos a diseccionar la plaza como es debido. El primer punto a visitar es el más moderno: la nueva Estación de Cercanías de Sol. Aunque por ser una parada de tren pudiera parecer que no tiene ningún interés, la obra en sí es una maravilla de la ingeniería: desde su polémico exterior -es evidente que su estilo pega más bien poco con el del resto de la plaza- hasta su enorme caverna interior. Por cierto, durante las obras de la estación aparecieron los restos de la Iglesia del Buen Suceso, y aunque no están en el sitio original se han respetado los vestigios arqueológicos, de tal manera que están expuestos dentro de la estación.

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Volviendo a la superficie, en la plaza destacan dos esculturas que son de lo más representativo de la ciudad: la Estatua del oso y el madroño y la Estatua ecuestre de Carlos III. La primera se ha convertido en el típico sitio al que todo visitante va a hacerse una foto, a pesar de haber sido puesta ahí a mediados del siglo XX. Representa un oso y un madroño por ser las armas heráldicas de la ciudad, las cuales son un símbolo perfectamente reconocible como la vieira del Camino de Santiago, por ejemplo. Por su parte, la representación a caballo de Carlos III es muy interesante, pues la base tiene una inscripción que resume lo más importante de su reinado. Otro lugar propio de una foto, aunque justo cuando estuvimos tomando imágenes para esta guía estuviese en obras.

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Quizá la parte más reconocible de la plaza sea la Real Casa de Correos, célebre entre otras muchas cosas por albergar el reloj desde el cual se retransmiten las campanas de fin de año. Ha tenido muchos usos, aunque en la actualidad es sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. En su fachada hay dos trágicas inscripciones: una recuerda los caídos el 2 de mayo y otra las víctimas del 11 de marzo.

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Madrid 47Por cierto, justo al lado, aunque no está bien señalizado y cada vez está más desdibujado, se encuentra el kilómetro cero de las carreteras radiales españolas, es decir, desde aquí salen todas las autovías de España. Un lugar curioso e importante que debería estar en un estado mucho mejor. Por cierto, este es otro lugar típico para venir a hacerse fotos, aunque sean de los pies.

Madrid 48Y ya, para terminar, es obligado hacer una parada en la pastelería La Mallorquina. Este centenario establecimiento ofrece por un buen precio bollos, trufas, tartas y demás dulces para llevar o para tomar en su terraza. Somos muchos los que, como primeros recuerdos de Madrid, tenemos en mente cuando nuestros padres nos llevaban en navidad a tomar un bollo aquí y luego ir a ver la Plaza Mayor.

Por eso, desde aquí lo único que podemos hacer es recomendar la visita. ¡Ojo! Si estás a dieta no te acerques mucho, porque el olor es irresistible y el escaparate… ¡Menudo escaparate!

Sigamos con la ruta, aunque ahora lo que haremos será subir por una calle, ver unas cuantas cosillas y luego volver a Sol para seguir por otro lado. La calle en cuestión es la Calle Correo, por donde llegaremos a la Plaza Pontejos. Ahí hay otro comercio histórico de la capital, Pontejos, una tienda de encajes y costura de “toda la vida”.

 Un libro perfecto para acompañar un paseo por el Madrid de los Austrias es, sin duda, Las Aventuras del Capitán Alatriste. Arturo Pérez-Reverte reflejó a la perfección la vida en el Madrid del siglo XVII.

Si se sigue subiendo por la Calle de la Paz, y luego se tuerce a la derecha por la Calle de la Bolsa, se llega a la Plaza de la Santa Cruz. Ahí se puede encontrar el Palacio de Santa Cruz, que fue cárcel en tiempos de Felipe IV y hoy alberga la sede del Ministerio de Exteriores. Justo al lado está la Parroquia de Santa Cruz, la cual se puede ver -sólo la torre- en la foto de la derecha.

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Pues lo dicho, retrocedamos hasta Sol para esta vez coger la Calle Mayor, desde donde hay muchas calles -como la Calle de Felipe III o la Calle del Siete de Julio– para entrar a nuestro siguiente destino: la Plaza Mayor. Este es uno de los puntos más representativos del Madrid de los Austrias, pues aunque el lugar ya se usaba desde antiguo como mercado fue Felipe II quien encargó a Juan de Herrera la remodelación para convertirla en lo que hoy vemos -con permiso de incendios y reconstrucciones-. El lugar es uno de los más concurridos de Madrid, aunque no tan agobiantes como Gran Vía o Sol -salvo en Navidad, cuando se pone el tradicional mercado de productos típicos de esa época-.

En la plaza está la Oficina de Turismo, por lo que es un buen sitio para hacerse con información de primera mano. En el centro hay una Estatua de Felipe III, hecha en el siglo XVII aunque colocada en el XIX. De todos modos, al igual que ocurre con otras grandes plazas -como la de Salamanca, en España, o la de Bruselas, en Bélgica– lo más divertido es simplemente pasear, mezclarse entre la gente y descubrir las sorpresas que aguardan en cada rincón, desde artistas urbanos hasta los típicos bocadillos de calamares.

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Una vez hayamos visto la Plaza Mayor, hay que volver a la Calle Mayor, y atravesar por alguna calle o travesía -como la Calle de Bordadores-, siguiendo todo recto, para llegar a la Calle del Arenal. Hoy está preciosa, pues la han hecho semi-peatonal (es decir, es peatonal pero pasan algunos coches) y siempre hay ambiente, ya sea con gente yendo de un lado otro, con mimos, con músicos… Hay muchas cosas que hacer aquí, como tomarse el típico chocolate caliente con churros de la Chocolatería San Ginés -es tan típico que a cualquier hora, aunque sean las dos de la tarde del catorce de agosto y haya una temperatura de 42 grados, hay gente- o comprarse algún libro antiguo en la Librería San Ginés.

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Al igual que en la Plaza Mayor, en Arenal con dar un paseo uno se puede sentir madrileño como el que más. Y hablando de cosas típicas, aquí está la Parroquia de San Ginés, otra estampa típica de la capital. Por cierto, este es un buen sitio para comer, ya que hay desde sitios de comida rápida hasta platos combinados, pasando por “comida típica” de esa que comen los guiris y que nada tiene que ver con la nuestra.

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Madrid 57Cerca de Arenal también hay cosas que ver. Por ejemplo, yendo por la Calle de San Martín se llega al Monasterio de Nuestra Señora de la Visitación, también conocido como Monasterio de las Descalzas Reales. Fue fundado en 1559, y aunque sigue activo en la actualidad varias dependencias son visitables, pues alberga un museo con un buen número de obras de arte.

Madrid 58De nuevo en Arenal, si avanzamos hasta el final de la calle llegamos a Ópera, y de ahí al Palacio Real… ¡Pero todo el mundo quieto! Esa parte de Madrid la veremos en el Capítulo IV, pues si se ha venido haciendo esta ruta no habría tiempo para todo. Por eso, ahora lo que haremos será ir desde la Plaza de Isabel II hasta la Calle Vergara, que va a dar a la Plaza de Ramales.

Ahí se pueden contemplar los restos de la antigua Iglesia de San Juan Bautista, que han sido musealizados de manera ejemplar: los restos están protegidos por una vitrina y el perímetro de la iglesia, ábside incluido, se ha marcado con unos bancos. Original y eficaz a partes iguales.

Madrid 59Desde la Plaza de Ramales hay que ir a la Plaza de San Nicolás (por la Calle de San Nicolás es el camino más fácil), donde nos espera la Iglesia de San Nicolás de Bari (también conocida como Iglesia de los Servitas). Es una de las iglesias más antiguas de Madrid y la que más tiempo lleva en pie de todas las que se conservan, pues data de 1202 e incluso se piensa que pudo ser mezquita previamente.

Madrid 60Si desde aquí seguimos bajando por la Calle de San Nicolás llegamos al inicio de la Calle Mayor, donde hay algunas cosas que ver. Lo primero son las ruinas de la Iglesia de Nuestra Señora de la Almudena, también antigua mezquita, en forma de restos protegidos por un cristal y de maqueta. Estos vestigios no están tan bien como los de antes, pues es bastante difícil verlos.

En la acera de enfrente está el Palacio de los Consejos, también conocido como Palacio de Uceda, del siglo XVII. En la actualidad alberga el Consejo de Estado y la Capitanía General, a cuya izquierda hay una pequeña basílica que no suele aparecer en las guías de viaje.

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Madrid 64Y enfrente de ese edificio (tercera vez que cruzamos la calle, vamos a acabar mareados) está Casa Ciriaco, una taberna mítica de madrileña fundamentalmente por tres cosas: porque Valle Inclán habló de ella en Luces de Bohemia, porque desde arriba el anarquista Mateo Morral tiró una bomba a Alfonso XIII y Victoria Eugenia en su boda y, sobretodo, por las tapas que ponen.

A mitad de la calle mayor hay otro lugar típico del Madrid de los Austrias: la Plaza de la Villa. Volvamos a decir que es de esos sitios en los que, aun sin fijarse en un edificio concreto, la belleza general de todo el conjunto es suficiente para visitarlo. En cualquier caso, destacan dos construcciones por encima del resto: la Casa y Torre de los Lujanes (uno de los edificios más antiguos de Madrid, pues torre data de inicios del XV) y la Casa de la Villa, una de las muchas sedes que tiene el Ayuntamiento de Madrid.

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Madrid 67Avanzando un poco más por la Calle Mayor se llega a uno de los mercados con más solera de la capital española: el Mercado de San Miguel. Aunque en su día era un mercado de barrio tradicional, de esos en los que comprar a diario, en la actualidad es un sitio ocupado por la flor y nata madrileña, pues los puestos antiguos han sido sustituidos por otros de degustación, comida moderna y florituras similares.

Desde el mercado podemos ver algunas de las calles que bordean la Plaza Mayor, como la Cava de San Miguel o la Calle de los Cuchilleros, donde encontraremos algunas de las tabernas más interesantes a la hora de degustar las mejores tapas madrileñas. Es una zona muy frecuentada por turistas, por lo que también es frecuente encontrar todo tipo de puestos de souvenirs del tipo mujeres bailando flamenco o toreros con toro incluido.

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Al final llegaremos a la Plaza de Puerta Cerrada, en cuyo centro destaca una cruz del siglo XIX. La plaza es un cruce de caminos dentro del exterior del casco antiguo, por lo que siempre está muy transitada y el tráfico a veces la convierte en un lugar desagradable. Si desde la plaza cogemos la Calle de San Justo, llegamos a la Basílica Pontificia de San Miguel, que aunque tampoco es el edificio más bonito de Madrid también merece una visita, aunque sea sólo al exterior.

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Si se vuelve a la Plaza de Puerta Cerrada y se baja por la Calle del Nuncio, se llega a otros dos edificios de corte eclesiástico: la Nunciatura (no es muy relevante, pero pilla de camino) y la Iglesia de San Pedro el Viejo. En el templo está la talla de Jesús el Pobre, de los pasos más populares madrileño. En cuanto al edificio en sí, su elemento más característico es la torre de estilo mudéjar, a la cual el paso del tiempo no perdona y cada vez está más inclinada.

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Si nos situamos en la misma base de la torre mirando hacia la Calle del Príncipe Anglona, veremos, como es lógico, el Palacio de Anglona, en el cual han residido diversos nobles a lo largo de la Historia. Aunque en la actualidad es un edificio privado, es posible acceder -siguiendo la calle la puerta no tiene pérdida- al Jardín del Príncipe de Anglona. Es uno de los parques madrileños por descubrir: pequeño, poco transitado y totalmente relajante. No aparece en muchas guías, pero merece la pena pasarse y estar un rato a la sombra de sus árboles pensando en las musarañas.

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Saliendo del jardín, aunque ya hemos pasado por aquí para entrar, está uno de los lugares más importantes del Madrid medieval: la Plaza de la Paja. En tiempos era el epicentro madrileño, pues aquí se celebraba el mercado, e incluso cuando dejó de hacerse en la plaza siguieron viviendo ricoshombres de la ciudad. En la parte alta de la plaza está la Capilla de Santa María y San Juan Letrán, conocida por todos como Capilla del Obispo, un edificio del siglo XVI. El nombre de la plaza viene por este edificio, pues los madrileños estaban obligados a donar paja a los religiosos del lugar para que alimentaran a sus burros, y esta se acumulaba en la plaza.

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Madrid 78Subiendo la cuesta y luego girando hacia la izquierda llegamos al Museo de los Orígenes, conocido hasta hace unos años como Museo de San Isidro. Es una joya por muchos motivos: la temática, pues en él se puede ver la historia de la villa desde los dinosaurios hasta casi la actualidad; las piezas mostradas, muy variadas y todo perfectamente musealizado; el precio, pues es totalmente gratis…

El museo está en la Casa de San Isidro, llamada así porque aquí habitó el santo patrón de la villa, San Isidro. Aunque el edificio es una reconstrucción del palacio que había en origen, se han conservado elementos originales, como la capilla de San Isidro o el pozo. Por cierto, en los alrededores del museo hay varias plazas históricas de Madrid, como la Plaza de San Andrés, la Plaza de la Cebada, la Plaza de Puerta de Moros o la Plaza del Humilladero.

Y desde aquí, si aun hay fuerzas, lo mejor es darse un paseo por la Cava Baja y por la Cava Alta, calles históricas con restos de las murallas madrileñas, bares de todo tipo y bastante movimiento según la hora del día.

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¿Ha sido otro día agotador? Por eso decidimos eliminar el Palacio Real de esta etapa, nos parecía demasiado para un solo día. De todos modos, en el siguiente capítulo lo visitaremos junto a otras muchas cosas más.

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2 pensamientos en “Madrid ’09 – Capítulo III: Madrid de los Austrias

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