Londres ’11 – Capítulo V: Aprovechando hasta el último momento (día 4)

El último día de todo viaje la sensación de morriña es inevitable, pero la misma pena que da que se termine una aventura se convierte en fuerzas para apurar al máximo hasta el último instante. Por eso, a los cinco minutos de sonar el despertador ya estábamos desayunando. Al terminar nos encontramos con María, la chica vasca con la que habíamos coincidido esos días y de la cual nos despedimos deseándola toda la suerte del mundo en su nueva vida en Londres. Tras eso subimos a la habitación, revisamos hasta el último rincón para no olvidarnos nada y bajamos las mochilas a las taquillas o lockers, donde esperarían hasta que a media tarde volviésemos a por ellas para poner rumbo al aeropuerto.

Londres 152En este último día había dos objetivos claros: el Zoo de Londres y Camden. Por eso nuestros planes pasaban por visitar ambos lugares, y una vez hecho eso decidir sobre la marcha según el tiempo que tuviésemos. Eso sí, de camino al metro no pudimos evitar darle un último repaso al barrio. En primer lugar fuimos a echar un ojo al Regent’s Canal, pero no tiene el menor interés (al menos a la altura del London Canal Museum, por la zona del zoo es más bonito). También pasamos por la puerta de la British Library, una de las mayores del mundo.

El caso es que teníamos muy claros los objetivos, y por eso no nos demoramos demasiado en coger el metro desde la parada de King’s Cross hasta la de Camden Town. Es la mejor ubicada para visitar tanto el zoo como el particular mercado, aunque mucho ojo: los domingos, el día de mayor afluencia, se puede ir hasta la estación… ¡Pero no volver desde ella! Para evitar peligrosas aglomeraciones se cierra el acceso, y para volver a coger el metro desde aquí hay que ir andando hacia la parada anterior (Mornington Crescent) o hasta la siguiente (Chalk Farm).

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Londres 155Al salir del metro vimos que el mercado de Camdem ya estaba despertando, pero nuestra idea era ir directamente al zoo y volver dos o tres horas después para ver esta peculiar zona en todo su esplendor. Por eso, echamos un vistazo desde lejos, como cuando eres pequeño y te asomas para ver si han venido los Reyes, comprobando que ya se veía algo de movimiento.

Londres 156El camino al zoo fue mucho más largo de lo que habíamos previsto viendo el mapa. De hecho, es una buena caminata de no menos de veinte minutos, por lo que hubiera merecido la pena (como hicimos a la vuelta) coger el autobús de la línea 274, pues va desde la propia parada del metro hasta la misma puerta del zoo.

Londres 157Aún así, y pese a tener los pies machacados tras los últimos tres días, llegamos a la puerta del Zoo de Londres un poquito antes de que abriesen. Si se va con prisas merece la pena ir un pelín antes, como hicimos nosotros, pues un minuto o así antes de abrir (a las 10:00) se formó una cola bastante larga. Por cierto, entrar cuesta 18£ por persona (aunque está incluido en la London Pass).

Y seguramente os preguntaréis que para qué fuimos al Zoo de Londres. A nosotros nos encantan los animales, y visitar esta institución, administrada por la ZSL (acrónimo de Zoological Society of London) no es ninguna tontería, puesto que se trata del segundo parque zoológico científico más antiguo del mundo. Abrió nada menos que en 1828, y su ubicación en uno de los extremos del Regent’s Park le convierten en un lugar delicioso para pasear y pasar un día de lo más agradable.

Londres 158Una vez entramos nos hicimos con un planito y planificamos nuestra visita para verlo todo de tal manera que aún nos sobrase tiempo para explorar Camden en profundidad. Por eso empezamos por la zona sur, en la que una de las estrellas es el Snowdown Aviary, que data de 1961 y que es toda una referencia a nivel mundial.

Como la mayoría de zoos, el de Londres está estructurado entorno a áreas temáticas, y una de las primeras que vimos fue Into Africa, donde viven zebras, okapis, jirafas… De todos modos, no vamos a engañar a nadie: al principio nos quedamos un poco fríos. Esperábamos un zoo chulísimo y lo vimos todo un poco viejo, sin muchos cuidados y encima la mayoría de los animales estaban durmiendo en sitios resguardados.

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Que conste que sólo fue la primera impresión, pues cuando empezó a calentar el sol el zoo despertó y lo pasamos como auténticos enanos. Las zonas que más nos gustaron fueron el mariposario (conocido como Butterfly Paradise), una zona para niños llamada Animal Paradyse en la que se podían tocar pequeñas cabras y albergaba a los dragones de Komodo. También hay que destacar la proyección didáctica que tiene todo el zoo, y por ejemplo para explicar los invertebrados se ponían en relación esponjas marinas con el genuino Bob Esponja. Ya se sabe, él vive en la piña debajo del mar…

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También nos gustó mucho el aquarium. Quizá es menos espectacular que otros que ya hemos visitado (por ejemplo, el Acuario de Zaragoza), pero aún así la imagen de decenas de pirañas tras el cristal sigue siendo llamativa. También había un par de pequeñas piscinas en las que se reunía el elenco de la película “Buscando a Nemo” casi al completo.

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Al final estuvimos casi 3 horas en el zoo, pero mereció la pena puesto que salimos con una sonrisa de oreja a oreja. Además, el reloj no era un problema ya que al ladito estaba la parada del autobús 274, que como ya hemos dicho antes nos llevó en un abrir y cerrar de ojos a la puerta de la parada de metro de Camden Town, el lugar idóneo para empezar la visita a una de las zonas que más nos  gustó de todo el viaje.

Londres 168Pero… ¿Qué es exactamente Camden Town? Difícil pregunta. Se trata de una forma distinta de comprender la vida en la ciudad, en la que diversos mercadillos, galerías, tiendas y puestos callejeros ofrecen al visitante lo sorprendente, lo inimaginable y, en definitiva, lo que no se puede encontrar en ningún otro sitio de Londres. Pero a lo punk.

Y es que si algo caracteriza a este conjunto es que todo está pasado por el tamiz del movimiento punk. Esta propuesta, que en España sería algo totalmente minoritario, se ha convertido en una de las imprescindibles para cualquier visitante de Londres, y de hecho son más de diez millones de turistas los que al año se dejan caer por Camden. El día de mayor ebullición es el domingo, cuando las aceras se quedan pequeñas para las hordas de visitantes que esperan hacerse con objetos sorprendentes a bajo precio.

Total, que nosotros nos integramos y nos dedicamos un buen rato a recorrer las calles, entrar en tiendas de lo más extrañas y aspirar el aroma más multicultural en el que jamás nos hayamos encontrado. Lo dicho: simplemente pasear por Camden ya es una actividad que merezca la pena, y de hecho las llamativas fachadas de los edificios, con sus altorrelieves contemporáneos, ya justifican de por sí la visita.

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Londres 172Otro de los atractivos de Camden es que se puede comer a muy bajo precio comida de todo el mundo, desde china hasta española pasando por hindú, italiana o mexicana. Nosotros lo hicimos en la Camden Lock Village, una zona que se conoce así desde 2009, cuando reabrió tras haber estado cerrada durante un terrible incendio.

Allí hay una sucesión infinita de puestos, cada uno de un tipo de comida distinto. Nosotros probamos en uno de comida china, en el cual por 4 libras por persona te llenaban un recipiente con la comida que tú eligieses: Edu mezcló noodels, pollo crujiente y cerdo agridulce, mientras que Eri se echó arroz, pollo crujiente, ternera con verduras y mini-rollitos de primavera. Por cierto, también está incluida en el precio una coca-cola, que curiosamente estaba fabricada en Dinamarca… ¿Cómo leches habría acabado ahí? El caso es que una vez se tiene la comida en la mano lo típico es ir a una sucesión interminable de motos que está justo al lado, esperar a que quede un par libre y comer allí sentados tranquilamente. Merece la pena totalmente vivir esa experiencia, es tanta cultura visitar el Museo Británico como sentarse en esas motos y llenarse el estómago con comida china.

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Londres 176Y, aunque parezca increíble, entre tanto ajetreo se puede llegar a sentir relax. Tras habernos pateado el zoo y buena parte de Camden nuestros pies estaban pidiendo un descanso, y para colmo se había puesto a llover un poco: ¿Hace falta decir más para demostraros que en ese momento nuestras dos motos frente al Camden Lock eran un paraíso?

Por cierto, por extraño que parezca en la mayoría de puestos de Camden se regatea el precio de lo que vas a comprar. Nosotros habíamos esperado hasta ir allí para comprar souvenirs para nosotros y para la familia, por lo que una vez comimos nos lanzamos a tal empresa. Por poner un ejemplo, a las hermanas de Edu les compramos las típicas camisetas de “I love London”. En un primer momento el dependiente nos pedía 8£ por una y 15£ por las dos, pero tras poner en práctica el arte del regateo aprendido en los dos viajes a Marruecos dejamos las dos camisetas en 8£. ¡Perfecto! Para la terraza de nuestra casa nos compramos una réplica del cartel de la calle de Camden High Street que ahora es la envidia de todo el que nos visita.

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Por curiosear, también entramos en una tienda de todo a 0.99£, y lo que para los ingleses era algo cotidiano para nosotros fue una caja llena de maravillas de la que estuvimos a punto de llevarnos algún trasto. Una vez habíamos hecho todas las compras imaginables y explorado Candem en profundidad nos pusimos a hacer cálculos del tiempo que nos quedaba. El tren que nos llevaba al aeropuerto salía a las 18:30 de la estación de metro de London Bridge, pero antes teníamos que ir al hostal para coger las maletas. Total, que podíamos ver cosas hasta las 17:30 y eran poco menos de las 16:00. Una hora y media en Londres da para mucho, y más sabiendo que a nosotros se nos da bien apurar al máximo cada segundo.

Londres 180Por eso, fuimos al metro (recordad, en domingo no se puede ir desde la parada de Camden Town, sino que hay que ir andando hasta Mornington Crescent o Chalk Farm) hasta la estación de Marble Arch. Allí está el monumento homónimo, hecho con mármol blanco de carrara, basado en el arco de Constantino de Roma y construido a mediados del siglo XIX.

¿Qué nos había llevado allí? Pues resulta que la parada de Marble Arch es la más cercana a la esquina  de Hyde Park en la que se ubica el Speakers’ Corner. Es un pequeño rincón en el que es tradición subirse a una pequeña banqueta o escalera y soltar un mitin sobre lo que consideres: religión, política, fenómenos paranormales… Entonces la gente que pasa por ahí debate, habla, discute y, en fin, crea una de las zonas más pintorescas de la ciudad. Teóricamente el que está subido en la silla, al no pisar suelo británico, tiene una libertad de expresión casi total, aunque según hemos leído en internet en la práctica si alguien subiese y se pusiese a defender el racismo o alguna cosa por el estilo acabaría con sus huesos en el calabozo.

En nuestro caso la visita fue bastante decepcionante, ya que como hemos dicho había estado lloviendo y sólo quedaban un par de oradores: uno que no tenía mucho público y otro que parecía estar lanzando proclamas de islamismo fanático. Total, que estuvimos un rato curioseando y nos fuimos con la ilusión de volver en un futuro viaje a Londres.

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Como habíamos empleado mucho menos tiempo del que pensábamos, nos mirábamos con cara de “sé que tú también has pensado en ver otra cosa” y rápidamente sacamos el mapa. Lo que más nos apeteció entre lo que estaba a mano fue el Natural History Museum, es decir, el Museo de Historia Natural de Londres. Sólo nos separaban unas pocas paradas de Metro hasta la estación de South Kensington, por lo que no lo dudamos y fuimos para allá. Aunque originalmente la colección pertenecía al British, sus más de 70 millones de piezas le convirtieron en un monstruo que se acabó independizando en 1963. De hecho, no hay más que ver su impresionante edificio para comprobar que se trata de un museo de los grandes.

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El acceso era gratuito y nuestro tiempo limitado, por lo que tras hacer un estudio del mapa decidimos limitar nuestra a la Blue Zone (el museo está estructurado entorno a zonas temáticas de colores). Esta incluye la parte que más nos interesaba de todos: la de dinosaurios. Al igual que en el Museo de Ciencias Naturales de Bruselas, en el que quedamos impresionados con sus magníficos iguanodontes de Bernissart, aquí lo pasamos en grande. Mención aparte merecen las reconstrucciones íntegras de algunas especies al más puro estilo Jurassic Park.

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Londres 188Y para muestra, un botón. ¿No os recuerda esta reconstrucción de Tyrannosaurus Rex a la que atemorizaba a los personajes de la película de Steven Spielberg? Ahí donde la veis impresiona mucho más en la realidad que en la foto, pues es la auténtica estrella del museo. Se ha colocado en una sala enorme en la que no hay nada más, y se le ha dotado de todo tipo de efectos para hacerla más realista: movimientos, gritos guturales, iluminación tétrica… Las cosas alrededor de esta reproducción a tamaño real son considerables, las cuales nos retrasaron un poco.

Londres 189De hecho, después de eso sólo pudimos ver un par de salas más de la Blue Zone. Quizá lo más llamativo fue la descomunal reproducción a tamaño real de una ballena azul, el animal más grande del planeta. Está junto a un esqueleto de dicho animal y, comparando tamaños, un bicho de estos debe desayunar lo menos 500 ó 600 Erikas.

Con esto poníamos punto y final a la visita al museo, ya que nos estábamos pasando de tiempo. Es más, nos tocó correr un poco, lo cual fue perfecto para terminar de destrozar nuestros pies. Eran mucho más de las 17:30 y teníamos por delante lo que en nuestra libreta de notas se ha denominado “la gran carrera”: ir en metro a nuestro hostel, coger las maletas, volver cargados al metro y luego llegar a la parada de London Bridge. Las carreras fueron memorables, pero justo una semana antes una amiga nuestra había perdido su vuelo de Londres a Madrid y tuvo que estar casi 24 horas en el aeropuerto, por lo que no nos apetecía nada seguir su misma suerte.

Al final llegamos cinco minutos antes que nuestro tren y pudimos ir de vuelta a la terminal sur del Aeropuerto de Gatwick sin problemas. Allí teníamos que cenar algo, y cuando el palo típico de los aeropuertos parecía asegurado… ¡Milagro! ¡Un Mc Donald’s! No dábamos crédito, y para colmo en la zona en la que comíamos había una pantallita en la que se anunciaban los vuelos.

Londres 190El trayecto de Londres a Madrid fue algo movidillo por las siempre desagradables turbulencias, pero como íbamos con nuestra costumbre de ir apuntando cosas sobre el viaje para la web se nos pasó bastante rápido. Llegamos a Madrid pasadas las 00:15, al día siguiente teníamos clase y nuestras caras de cansancio hablaban por sí solas.

Y así llegó punto y final a nuestra primera visita a Londres. Es la típica ciudad sin término medio: hay gente que dice que es un sitio imprescindible y otros que echan pestes. Nosotros estamos en el primer grupo, pues nos ha encantado pese a que ha sido el viaje más agotador de nuestras vidas. En esta escapada nos hemos hecho una buena idea de lo que es Londres, pero aún así nos quedan mil cosas que nos gustaría ver alguna vez en nuestra vida. No hay duda de que volveremos, y mientras tanto el recuerdo no puede ser mejor. See you later, London!

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