La Fortaleza (Navaluenga), la casa rural de nuestros sueños

Terminamos los relatos sobre Navaluenga hablando de una pieza clave para que ese viaje fuera inolvidable. Nos referimos a la Casa Rural La Fortaleza, sin lugar a dudas el mejor alojamiento rural en el que hemos estado nunca. Un lugar acogedor, equipado con todo tipo de comodidades y con infinitas posibilidades para disfrutar de un fin de semana perfecto. Y decimos un fin de semana porque ese fue el tiempo que estuvimos nosotros, pero el sitio da para muchos más días.

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HABITACIONES, ZONAS COMUNES, OCIO

La Fortaleza hace honor a su nombre, ya que es una casa rural gigantesca en la que caben hasta 30 personas distribuidas en habitaciones de dobles, triples y cuádruples. Cada estancia está pensada para un tipo de público distinto: las hay con acceso directo a la terraza, otras con capacidad para albergar a una familia entera, incluso una con jacuzzi privado…

Lo que sí os podemos decir es que todas son comodísimas, cuentan con baño propio y tienen todo lo que se espera de una buena casa rural. Y no solo nos referimos a una cama cómoda o a buena temperatura, sino también a un buen aislamiento de los ruidos (siempre hay quien se quiere ir a dormir pronto y quien prefiere alargar la noche hasta altas horas).

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Las comodidades de las habitaciones y los baños solo son el reflejo de lo que se encuentra en las zonas comunes. No sabríamos decir los metros que son, ya que somos malísimos para esas cosas, pero a nosotros nos pareció inmensa: dos salones, barbacoa, piscina, jardín… ¡De todo! Y eso es solo el continente, porque el contenido nos pareció brutal: jacuzzi exterior para seis personas, cocina totalmente equipada, una televisión de 924803284 pulgadas… Como veis, el sitio nos encantó.

No podemos dejar de hablar de los dueños. Parece una tontería, pero que te atiendan bien es lo que marca la diferencia. Hemos estado en hoteles fabulosos que nos han dado mala impresión porque el dueño era estúpido y también en cuchitriles que recordamos con todo el cariño porque nos hicieron sentir como en casa. En este caso, el trato fue inmejorable. La casa rural está regentada por Rodrigo y su mujer, dos personas encantadoras que se preocupan de que todo esté a tu gusto: te enseñan a usar todo, te dan consejos sobre la zona, te indican donde se compra buena carne y mucho más. ¡Un diez para ellos!

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EL SITIO PERFECTO PARA REUNIRSE

Como ya sabéis, fuimos a ese viaje con otros bloggers de viajes. Pues bien, todos volvimos con la sensación de que lo mejor de La Fortaleza era su buena onda. Desde que pusimos un pie en el interior de la casa, nos dimos cuenta de que era el sitio idóneo para pasar un fin de semana entre amigos, con la familia o celebrando algún evento especial. Los grandes momentos se recuerdan no por el lugar, que evidentemente ayuda, sino por las personas. Y no se nos ocurre ninguna persona que no estuviera allí cómoda.

No sabemos cómo ni de qué manera, pero allí volveremos. Y es que momentos como una buena conversación al calor de la chimenea, la preparación de una barbacoa con amigos o simplemente contemplar las estrellas en silencio son los que realmente hacen que todo tenga sentido. Y en La Fortaleza, como diría el gran Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.

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ACTIVIDADES PARA TODOS LOS GUSTOS

¿Ha quedado claro que el lugar nos encantó? ¿Y que nos pareció un sitio con cosas para hacer suficientes para no salir de allí en todo el viaje? Pues bien, aquí está lo mejor de todo: La Fortaleza es solo el comienzo. Un alojamiento, por muy bueno que sea, necesita de un entorno lo suficientemente atractivo como para desplazarse hasta allí. Y el pueblo de Navaluenga ofrece actividades para todo tipo de gente.

Más allá de lo que se puede hacer allí (nunca nos cansaremos de recordar esa mítica barbacoa), a dos pasos hay opciones tan diferentes como el Parque de Aventura de Las Cabezuelas, marcarse una genial excursión en busca de setas o simplemente recorrer Navaluenga en busca de bares tan auténticos como El Bodegón.

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Nos da penita terminar los relatos sobre Navaluenga, ya que nos fuimos de allí con la sensación de que algo de nosotros se quedaba en el lugar. Sin embargo, con el tiempo nos hemos dado cuenta de que fue al revés: Navaluenga forma ya parte de nosotros, y nunca dejará de hacerlo.

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