Huelva ’08 – Capítulo III: Visita a La Rábida

Entre los muchos días de tostarse al sol, conseguimos convencer a la familia de hacer una excursión, por lo que debíamos elegir bien. Después de mirar algunas guías in situ -qué difícil es elegir una excursión sin poder mirar en Internet- decidimos ir a La Rábida, un pequeño enclave perteneciente a la localidad onubense de Palos de la Frontera, en el cual se concentran en unos pocos kilómetros varios puntos de interés relacionados con los viajes colombinos que supusieron el encuentro entre Europa y América.

El primero de estos lugares es el Muelle de las Carabelas, un enorme museo que desde su visita lo hemos puesto en la lista de los que más nos han gustado. Se trata de un gran recinto con un sinfín de alicientes relacionados con el “Descubrimiento”, el cual estaba hasta arriba de visitantes. En el exterior hay tótem que conmemora el hecho, el cual es uno de los principales focos de interés por parte de los visitantes para hacerse la foto de rigor. Ya en el interior, lo primero es el Centro de Interpretación, en el cual no solo hay un montón de piezas relacionadas con el entorno y la navegación, sino que además hay un espectacular audiovisual en el que se recrea con todo lujo de detalles el trayecto de Colón y compañía hacia el “Nuevo Mundo”, contado de la manera más original posible: desde el punto de vista de los tres navíos.

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Nada es casualidad, ni que el sitio se llame Muelle de las Carabelas ni que los navíos hagan de narradores en el audiovisual. De esto nos dimos cuenta al pasar a la parte central del museo, en el cual hay un muelle que alberga las réplicas de la Niña, la Pinta y la Santa María, los tres barcos que cruzaron el Atlántico en 1492. Las tres reconstrucciones se llevaron a cabo con motivo del quinto centenario del descubrimiento y de la Expo de Sevilla, ambos sucesos en 1992. Una vez terminaron, no se sabía que hacer con ellos, y se decidió crear este genial museo en uno de los lugares que más deben al encuentro entre ambas cultural, pues de Palos de la Frontera procedía buena parte de los marineros que se enrolaron en la aventura.

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Las réplicas están hechas con todo lujo de detalles, a escala real y con una única licencia: unos accesos a las bodegas de dos barcos que en realidad nunca existieron, pero que permiten la visita. Para ver como eran los barcos sin ningún tipo de licencias se ha mantenido uno sin esas escaleras, pero la verdad es que son totalmente necesarias para comprender mejor la dureza del viaje, pues en el interior de las bodegas se puede ver la dieta que llevaban, como almacenaban los productos y la sensación de claustrofobia que se tendría allí dentro en alta mar. Por otro lado, hay algunos personajes históricos que han sido representados, como Rodrigo de Triana -el primero que avistó América desde los barcos- o el propio Cristóbal Colón.

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Sin embargo, la visita no termina en las tres réplicas. Al lado de ellas hay un genuino barrio medieval que, tomando como base los antiguos barrios pesqueros de Palos de la Frontera, trata de recrear como sería el ambiente inmediatamente previo a la salida de los barcos a través de pequeñas casas, tiendas e incluso un pequeño mercado. En mitad del pueblo hay una taberna en la cual los visitantes pueden refrescarse el gaznate.

Además de eso, si se bordea el muelle se llega a la “Isla del Encuentro”, un espacio que lo que quiere recrear es lo que se encontraron los miembros de la expedición a su llegada a Guanahani. Así, no solo se recrea la flora y la fauna del entorno, sino que se pueden ver figuras de indígenas en diferentes tareas cotidianas, como la pesca o el almacenamiento de comida.

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Una vez terminamos la visita al Muelle de las Carabelas, nos fuimos a ver otro gran atractivo turístico del lugar: el Monasterio de Santa María de La Rábida. El edificio está relacionado con el descubrimiento porque sus frailes ayudaron a Colón en su empresa, y de hecho le pusieron en contacto con el mayor de los hermanos pinzones (Martín Alonso Pinzón), que está allí enterrado. El monasterio se puede visitar por dentro, pero nos fascinó tanto el Muelle de las Carabelas que se nos fue casi la tarde entera y cuando llegamos ya estaba cerrado. Eso sí, el exterior, aunque quizá no sea tan espectacular visualmente como otros edificios de la zona, respiraba tranquilidad por los cuatro costados.

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Por último, nos pasamos por el Parque botánico José Celestino Mutis, el cual fue construido también con motivo de conmemorar el quinto centenario del “Descubrimiento de América”. Sin embargo, nos ocurrió como con el monasterio, que se nos había ido el tiempo y ya habían cerrado. Eso sí, los alrededores eran preciosos, cargados de colorido gracias a la infinidad de flores que hay.

La zona siente con especial pasión todo lo relacionado con el descubrimiento, por eso la última imagen que hemos querido poner en el cuaderno de viaje es esta estatua, una de las muchas que vimos a lo largo de nuestra visita a La Rábida. Ésta en concreto está dedicada a Colón, pero lo cierto es que en Palos de la Frontera se rinde tributo a los hombres que hace ya más de cinco siglos cruzaron el Atlántico y se toparon con una cultura totalmente diferente a la suya. Es una pena que detrás de esa gran aventura se esconda tal cantidad de atrocidades, las cuales se han seguido cometiendo hasta no hace muchos años.

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