Guadalajara ’11 – Capítulo II: Guadalajara también merece la pena

Después de un año en el que la mayoría de nuestros viajes han sido al extranjero (Londres, Rusia, Marruecos) el viaje que hicimos a Teruel sirvió para recordarnos que aún nos queda mucho que ver en España. Por eso sólo una semana después de volver de tierras turolenses, decidimos aprovechar un domingo libre en el trabajo para acercarnos a conocer Guadalajara, una ciudad que está a menos de una hora de Madrid y que es mucho menos visitada que otras como Ávila o Segovia.

Como no sabíamos nada de Guadalajara y no teníamos mucho tiempo para preparar la visita decidimos madrugar un poquillo, estar en la Oficina de Turismo justo cuando abriese (a las 10:00) y allí obtener la información suficiente para pasar el día.

Guadalajara 01Dicho y hecho: a las diez menos cuarto aparcábamos el coche al lado de la Oficina de Turismo. En unos minutos apareció una mujer que nos dio todo tipo de planos y folletos perfectos para hacer un recorrido de lo más interesante. Allí adquirimos la Guadalajara Card, una tarjeta que por 3€ da acceso a cuatro monumentos y ofrece algunos descuentos.

Guadalajara 02El punto de partida de nuestra visita guadalajarense fue el Palacio del Infantado (o Palacio de los Duques del Infantado), construido por el ilustre Íñigo López de Mendoza a fines del siglo XV. Es sin lugar a duda el edificio más famoso y reconocible de la ciudad, tanto por sus imponentes fachadas como por todo lo que albergan sus muros.

La fachada por la que se accede al edificio es de esas que dan para estar horas y horas contemplándola: la galería, las puntas de diamante, las columnas que flanquean el acceso… Tiene mil y un detalles, es sencillamente maravillosa y solo por verla ya merece la pena dejarse caer por Guadalajara. Está considerada sin ninguna duda como una de las grandes joyas del arte gótico civil.

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Por la puerta principal, tras un sobrio recibidor, se accede a otro de los lugares más destacados del palacio: el Patio de los Leones. Aunque tiene muchísima menos fama que el Patio de los Leones de la Alhambra no os penséis que no puede competir en belleza con él. Al igual que la fachada era de lo más representativo de su estilo, este patio es clave para entender el gótico flamígero. Sus enrevesadas decoraciones en piedra -entre ellas destacan los leones que ponen el nombre- y muchos de sus elementos arquitectónicos dejan entrever el inconfundible sello de Juan Guas, el genial arquitecto del siglo XV del cual ya hemos visitado otras obras. Sirvan como ejemplo la galería del Castillo de Manzanares el Real o el Castillo de Belmonte, en la provincia de Cuenca.

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Guadalajara 08El patio es lugar de paso obligado, pues a través de él se accede al Museo de Guadalajara. Es gratuito y en él se hace un repaso a la evolución histórica de la ciudad -más bien de la provincia- desde un punto de vista muy antropológico. La exposición permanente fue renovada por completo en 2007 y ahora se ofrece un planteamiento innovador, eficaz y muy diferente a lo que se suele ver en este tipo de museos. La exposición se llama “Tránsitos” y está dividida en cuatro espacios temáticos: “La vida”, “La muerte”, “Espacios sagrados” y “El cielo en la tierra”.

Así, en lugar de hacer el típico repaso por épocas se ordenan las piezas por grandes temas clave. Es un planteamiento muy interesante, pues en cada vitrina conviven objetos de diferentes siglos. Las más llamativas son las centradas en aspectos cotidianos, como la agricultura o los juegos, pues se aprecian similitudes y diferencias que convierten la visita en una auténtica reflexión interior. De verdad, uno de los museos que más nos han gustado hasta ahora pese a no contar con piezas top como las que hay en el Louvre o en el British.

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En el Palacio del Infantado también hay espacio para exposiciones temporales. En el caso de nuestra visita el tema no nos interesaba demasiado, pero aún así entramos porque las exposiciones están montadas en las Salas del Duque, de las pocas que apenas sufrieron daños en los bombardeos de 1936. De hecho, conservan las pinturas de Rómulo Cincinato realizadas a fines del siglo XVI. Este artista trabajó en la decoración de El Escorial, por lo que hay algunas similitudes. Hay cinco espacios para visitar: la Sala de Cronos, la Sala de las Batallas, la Saleta de Roma, la Saleta de los Dioses y la Sala de Atalanta. Nos podríamos poner a escribir cientos de párrafos, pero las imágenes hablan por sí solas. Además, cualquier descripción se iba a quedar corta: ¡Merece la pena ir a verlas en persona!

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Guadalajara 15Una vez vimos las Salas del Duque la visita al Palacio del Infantado había terminado, aunque estuvimos un buen rato más contemplando tanto el patio como la fachada principal. Por cierto, en el lado izquierdo de la misma está la estatua de Pedro González de Mendoza, un destacadísimo cardenal del siglo XV que influyó a reyes y papas por igual.

Guadalajara 57Al lado de la entrada al palacio está la otra Oficina de Turismo de Guadalajara. Era una visita obligada porque es en esta en la que sellan los salvoconductos del Camino del Cid, la ruta cultural que sigue los pasos de Rodrigo Díaz de Vivar y que comenzamos en el viaje a Teruel. Con este ya son seis sellos turolenses y tres guadalajareños.

Por cierto, es la oficina turística en la que mejor nos han atendido hasta la fecha (y conocemos más de cien). La guía conocía a la perfección el entorno, nos dio un montón de consejos chulos y nos regaló muchos folletos de esos que te ponen los dientes largos para futuros viajes. Un diez, si pasáis por Guadalajara id mejor a esta oficina. Nos dio tantos folletos que tuvimos que volver al coche a dejar algunos, porque íbamos cargadísimos. Eso sí, ahora ya estábamos preparados para hincarle el diente a la ciudad.

Guadalajara 16Nuestra primera parada fue el Torreón de Alvar Fáñez (también conocido como Torreón del Cristo de la Feria). Es una torre que pertenecía a la antigua muralla, y recibe ese nombre porque según la leyenda Álvar Fáñez entró por esta zona para conquistar la ciudad como lugarteniente del Cid Campeador

De todos modos eso no es más que una leyenda, puesto que la torre se construyó al menos tres siglos después. En cualquier caso merece la pena la visita: cuesta un euro (aunque no pagamos, ya que está incluida en la Guadalajara Card) y en su interior está el centro de interpretación del escudo de la ciudad.

Nuestra ruta siguió hacia la Iglesia de Santiago el Mayor, un templo originario del siglo XIV. Pocos elementos conserva de aquella época, aunque aun así merece la pena entrar para disfrutar de un buen ejemplo de gótico-mudéjar de estilo castellano. El acceso es gratuito y si se va prontito, como en nuestro caso, lo normal es pasear por ella totalmente en solitario. Así es como hay que visitar las iglesias.

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Desde ahí llegamos, casi sin querer, a un conjunto formado por el Convento de la Piedad y el Palacio de Mendoza. En origen era palacio, más adelante fue convento de franciscanas, después fue desamortizado y actualmente es sede del Instituto Liceo Caracense, un centro de enseñanza obligatoria. Se puede visitar el patio central e incluso entrar en un aula para disfrutar del impresionante artesonado original bajo el cual hoy en día se dan clases.

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Guadalajara 21Cerca de este está el Convento de San José, del siglo XVII. No pudimos entrar a verlo porque tiene un horario bastante raro (abre de 7:30 a 10:30, salvo excepciones hechas para peregrinaciones). Por lo visto bajo su sencilla fachada se esconde un retablo impresionante, pero nos tuvimos que quedar con las ganas. Ya volveremos.

Guadalajara 22Lo bueno de Guadalajara es que todo está muy cerquita, y unos pocos pasos bastaron para llegar a nuestro siguiente objetivo: el Palacio de la Cotilla, también llamado Palacio de los Marqueses de Villamejor. Es del siglo XVII, y aunque en la actualidad funciona como Escuela Municipal de Artes esconde una gran sorpresa en su interior.

Lo primero que hay que decir es que la entrada cuesta un euro, aunque no hay que pagar nada si se tiene la Guadalajara Card (como era nuestro caso). Tras un coqueto patio se suben las escaleras hasta la primera planta, donde podemos observar varias maquetas de edificios de la ciudad hechas en esta escuela de artes.

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Guadalajara 25Sin embargo, la estancia que sobresale por encima del resto y que valdría para justificar la visita a la ciudad por sí sola es el Salón Chino, un pequeño salón de té del siglo XIX. Los muros están decorados con papel de arroz pintado a mano en el que se representan escenas cotidianas de la vida medieval, siguiendo el gusto decorativo de la dinastía Qing.

Es increíble que este pedacito de la china imperial estuviese tan cerca de casa y fuese un completo desconocido para nosotros. Y es que este tipo de cosas sirven para sacar a la luz uno de los grandes tópicos: “no se valora lo que hay en España”. Si este sitio estuviese en Francia o en Alemania sería conocido en todo el mundo, pero como está aquí apenas recibe unos pocos visitantes al año.

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Un par de minutos caminando fueron suficientes para llegar a la Concatedral de Santamaría de la Fuente la Mayor, de estilo mudéjar. Es sede de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara junto a la Catedral de Santa María de Sigüenza. Cuando llegamos a ella estaban entrando para ir a misa, así que pudimos ver el interior pero dándonos cierta prisa. Por otro lado, con el exterior nos detuvimos más, ya que en él hay muchísimos detalles de influencia árabe (no en vano la concatedral fue construida sobre una mezquita preexistente).

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Guadalajara 31Desde la catedral se ve una cuesta en la que está la Capilla de Luis de Lucena, que pertenecía a una iglesia hasta que esta fue demolida a fines del siglo XIX. Data de 1540, cuesta un euro entrar (gratis con la Guadalajara Card) y en su interior hay varios restos arquitectónicos y paneles informativos acerca de antiguas iglesias de la ciudad.

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Guadalajara 35La capilla es preciosa, ni más ni menos. El mejor ejemplo de que, pese a lo desconocida que es Guadalajara, es una ciudad con unas posibilidades turísticas infinitas. De verdad, no os imagináis lo bien que nos lo pasamos, lo amable que era la gente y lo bonito que es todo. ¡Hay que visitar mucho más a menudo Guadalajara, leñe!

El último edificio en el que utilizamos nuestra flamante Guadalajara Card fue el Torreón del Alamín, otra torre perteneciente a la antigua muralla de la ciudad. El interior es muy bonito, se pueden visitar dos plantas y el discurso expositivo está dedicado a la época medieval: trazado de la muralla, mezquitas, iglesias…

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Hasta aquí la visita a Guadalajara no admite discusión, todo lo que visitamos entra dentro de lo imprescindible. Sin embargo, como nos gusta conocer las ciudades en profundidad nos pusimos a caminar en busca de cosas menos turísticas. Por ejemplo, el Fuerte de San Francisco, cercano a la Iglesia de San Francisco (en obras). Otro ejemplo más del buen uso que se ha hecho a lo largo de la historia en esta localidad del ladrillo.

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Guadalajara 42También nos dejamos caer por la zona nueva. Hay ciudades en las que los ensanches merecen la pena, pero en el caso de Guadalajara es tan reciente que no tiene mucho interés desde un punto de vista turístico. Quizá lo más destacado sea la Plaza de Bejanque, en la que además están los restos de la antigua Puerta de Bejanque.

Guadalajara 43Y, cosas de la vida, de repente nos cruzamos con una carrera popular. Nos ha pasado ya bastantes veces -por ejemplo cuando estábamos de camino a Santa María de Lebeña o el verano de 2011 en Denia– y siempre es divertido. El atletismo es un deporte diferente y muy turístico en cierta manera. ¿Acaso no son típicos maratones como el de Madrid?

Guadalajara 44Nuestra incursión en la zona nueva de la ciudad tenía por objetivo llegar a la Iglesia de San Ginés, del siglo XVI. En cuanto a aspecto exterior es un poco mazacote, y del interior no podemos decir mucho ya que no vimos gran cosa. Justo llegamos cuando ya estaba empezada la misa y las miradas al vernos con la cámara no fueron muy hospitalarias.

Guadalajara 45Desde esta iglesia comenzamos a recorrer la Calle Mayor, una de las principales arterias del casco histórico de Guadalajara. Es la típica calle moderna que ha conservado un cierto toque añejo, como la Calle Madrid de Getafe. Además tiene mucha vida, pues además de un montón de tiendas hay muchísimos bares.

Guadalajara 46La Calle Mayor tiene, además, bastantes edificios destacados tanto en su interior como en los aledaños. El mejor ejemplo de esto es el Convento de los Padres Franciscanos, bastante más bonito que la iglesia de la que acabamos de hablar. La pena es que también estaban en misa, así que no pudimos explorarlo en profundidad.

Uno de los tramos más destacados de la Calle Mayor se da en la Plaza del Jardinillo. Por un lado está la Iglesia de San Nicolás El Real, que como no podía ser de otro modo estaba en plena misa. En esa misma plaza está un edificio del Banco de España bastante monumental. Lo dicho: mitad añejo, mitad moderno.

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Guadalajara 49Otra zona interesante es, por supuesto, la Plaza Mayor, en la que está el Ayuntamiento de Guadalajara. Además, el Palacio de Dávalos, justo a la vuelta, también suma para que sea un lugar por el que haya que dejarse caer. La plaza es muy chula, los sitios con soportales siempre nos han gustado desde que estuvimos en Bolonia.

Guadalajara 50Con eso prácticamente había terminado nuestra ruta por el casco viejo, aunque en lo que volvíamos hacia la zona en la que estaba nuestro coche todavía pasamos por algún sitio destacable. Por un lado, el Mercado de Abastos, en un edificio muy representativo de lo que son ese tipo de construcciones. También vimos muchos parques.

Guadalajara 51Además, aprovechamos para terminar de ver algunas cosas que nos habían quedado pendientes, como la Iglesia de los Remedios o el Alcázar de Guadalajara. De este último no vimos más que la puerta y unas pocas ruinas en muy mal estado a través de ella, puesto que está cerrado por hallarse en pleno proceso de restauración.

Guadalajara 52El broche de oro lo pusieron los Jardines del Palacio del Infantado, pequeñitos pero sumamente interesantes. Están hechos al gusto francés tanto en estructura como en cuanto a las especies que contienen, y sobretodo merece la pena pasar porque dan acceso a una magnífica perspectiva de otra fachada del palacio.

A partir de aquí teníamos dos opciones: volvernos a casa o buscarnos algo que hacer para la tarde. Estuvimos revisando entre los muchos folletos que teníamos y se nos ocurrió rematar la visita a Guadalajara yendo a ver su zoo. No tenía pinta de ser muy grande, pero es el único de Castilla-La Mancha y había que verlo. Preguntamos en la Oficina de Turismo y nos dijeron que abría a las 15:00, así que fuimos a comer. ¿Dónde? Pues a un McDonald’s, lamentablemente. Claro que nos hubiera gustado degustar productos típicos de la zona, pero lamentablemente no había nada a precio asequible y nuestro bolsillo nos encaminó hacia la comida basura.

Guadalajara 53A las tres estábamos frente al Zoo de Guadalajara, Fue inaugurado en 1985 y en él hay más de cien especies distintas, casi todas europeas. No es gran cosa una vez has visitado grandes zoos como Faunia o el Zoo de Londres, pero… ¡Es gratis! Y como lo que it’s free no se cuestiona, a nosotros que nos encantan los animales nos pareció divertido ir.

¿Qué nos encontramos? Pavos reales, ciervos, lobos, osos, etcétera. No hay nada exótico -todo el mundo piensa en jirafas y leones cuando le hablan de un zoo-, pero aun así merece la pena ir. Eso sí, queremos aprovechar para dar un pequeño tirón de orejas a las autoridades: el zoo está en muy mal estado. Muchas cosas están rotas, los animales están delgaduchos, el terreno está poco aprovechado…

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Con eso pusimos punto y final a la visita a Guadalajara. Estuvimos una hora en el zoo y otra hora en el coche de vuelta a casa, por lo que a las 17:30 más o menos estábamos ya en Madrid con una sonrisa de oreja a oreja. La excursión fue de diez, descubrimos una ciudad increíble y queremos recomendar a todo el mundo que la visite. Hay muchas posibilidades para los alrededores de Madrid, pero desde luego Guadalajara es de las más sorprendentes e interesantes que hemos visitado.

Capítulo IVolver a Guadalajara ’11

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