Grecia ’12 – Capítulo VIII: Atenas a fondo 2/2 (día 7)

Después de haber explorado a fondo la Acrópolis y otras joyas arqueológicas durante nuestro primer día en Atenas, todavía nos quedaba mucho por conocer en la capital de Grecia: museos, mercados, más arqueología… Teníamos muchas ilusiones puestas en esta jornada, no solo por ser la última completa en el país (al día siguiente tocaba volver a España), sino porque nos estaba encantando la ciudad. Atenas es una de las capitales europeas que más nos han gustado, gracias a su diversidad y al ambientazo que se puede encontrar casi a cualquier hora.

Pero vamos al principio. Tras un pobre desayuno en el Hotel Acropolis House (sin duda su principal punto débil), fuimos muy prontito en dirección a la Plaza Síntagma. Ese día estaba prevista una manifestación en la zona, por lo que queríamos quitárnosla de en medio cuanto antes para así evitar inconvenientes. Eso si, de camino vimos algunas pequeñas iglesias de Plaka. Quizá la que más nos gustó fue la Iglesia de la Santísima Trinidad (Agia TriadaΑγία Τριάδα), muy bonita pese a que la pobre vive rodeada de cables y carreteras.

 

La cuestión es que ya habíamos visto la Plaza Síntagma (Platía SindágmatosΠλατεία Συντάγματος) varias veces ese viaje, pues es un lugar de paso obligado. Sin embargo, ahora queremos hablaros a fondo de ella. Su nombre significa Plaza de la Constitución, nombre que ostenta desde que el rey Otón I fue obligado a aceptar una constitución en 1843, tras una rebelión militar.

Lo que hace única a la Plaza Síntagma es lo inmaterial: la gente, la cultura, los sucesos. Esta plaza es el epicentro de la ciudad en muchos sentidos, un auténtico punto de encuentro en el que cada día pasa algo, ya sea un concierto, un acto político o una manifestación. Suena un poco a tópico, pero a cualquier hora encontraréis gente muy diversa y venida de todos los rincones del país. Síntagma es también un gran centro comercial, pues la plaza y sus alrededores están llenos de comercios de todo tipo: ambulantes, kioskos, tiendas, restaurantes, cafeterías… Otro punto a favor para visitar la plaza es que dispone de conexión wifi gratuita.

No obstante, también hay que destacar elementos patrimoniales de primer nivel. El edificio más representativo es Antiguo Palacio (Παλαιά Ανάκτορα), que hasta 1924 albergaba las dependencias de la casa real griega. Desde 1926 se utiliza como sede del Parlamento HelénicoConsejo de los Helenos (Voulí ton EllinonΒουλή των Ελλήνων), el Parlamento del país. Por eso no debe sorprender que haya sido uno de los grandes puntos calientes de la ciudad en las protestas relacionadas con la crisis económica que asola a Grecia desde 2008, ya que aquí se han tomado medidas tan vergonzosas como la reducción de las pensiones o el despido de miles de funcionarios.

A los pies del palacio está la Tumba del Soldado Desconocido (Μνημείο του άγνωστου στρατιώτη). Además de la típica llama eterna y de unos soldados (los famosos Evzoni) que custodian la llama las 24 horas del día, también es destacable un relieve en el que se muestra un soldado caído con inscripciones en griego.

Por último, no os perdáis el Hotel Grande Bretagne, el típico alojamiento decimonónico en el cual se hospedan las grandes celebridades cuando visitan Atenas: políticos, cantantes, actores… Si estáis cerca y veis cámaras de televisión, solo tenéis que acercaros y seguramente os encontréis con los Rollings Stones o con algún político de primer nivel.

Según se mira al Parlamento, yendo por la calle que va a la izquierda (Eleftherios Venizelos), se llega al Museo Numismático de Atenas (Νομισματικό Μουσείο Αθηνών), uno de los más importantes del mundo dedicados al estudio de las monedas y los billetes. Abre de martes a domingo (8:30 a 15:00), cuesta 3€ (gratis para menores de 26 años de la UE) y realmente merece la pena. Sus impresionantes fondos incluyen más de medio millón de objetos entre monedas, sellos de plomo, billetes y mil cosas más. A través de ellos se hace un viaje por la historia de la numismática desde época griega hasta el mundo actual. También tiene una de las mejores bibliotecas del planeta sobre este tema, con más de 10.000 ejemplares.

 

Por si eso fuera poco, la sede del museo también tiene su Historia. Está ubicado en la casa de Heinrich Schliemann, uno de los grandes arqueólogos de todos los tiempos. Se conserva buena parte de la decoración original, incluso algunos muebles. Además, hay que destacar el sello del arquitecto Ernst Ziller, el encargado de diseñar el edificio.

 

Una anécdota: en medio de la visita, se fue la luz. Nunca habíamos estado en un museo totalmente a oscuras, aunque hay que decir que no tuvimos la necesidad de robar ninguna pieza de valor. 😛 Dicho eso, la exposición del museo es muy interesante. Merece la pena prestar atención a todos los paneles, pues aprenderéis un montón de cosas sobre las monedas, los billetes y el dinero en general. Un museo imprescindible para estancias de dos o más días en Atenas.

Caminando por la misma calle llegamos a la Iglesia de San Dionisio (St Denis), el único templo de culto católico de toda Atenas. No es que sea la iglesia más bonita del mundo, pero resulta muy llamativa por tener una decoración totalmente distinta al resto de los templos de la ciudad. Se ve en cinco minutos como mucho, así que echad un ojo si estáis por la zona.

 

Un poquito más adelante están los principales edificios de la Universidad de Atenas (cuyo nombre oficial es Universidad Nacional y Kapodistríaca de AtenasΕθνικό και Καποδιστριακό Πανεπιστήμιο Αθηνών). Es una de las más antiguas del Mediterráneo oriental, pues lleva funcionando ininterrumpidamente desde 1837. Aunque es una institución de suma importancia, nos dio la sensación de estar pasándolo realmente mal con los recortes: edificios en mal estado, pintadas, poca actividad… Una pena.

 

La siguiente parada de nuestra ruta nos llevó a la Plaza Omonia (Plateía Omonoías o Πλατεία Ομονοίας), otra de las grandes plazas de Atenas. No se puede decir que nos gustase demasiado, sobretodo en comparación con Síntagma: menos patrimonio, menos ambiente, menos tranquilidad (el tráfico es asqueroso) y menos seguridad. Sobre este punto queremos incidir especialmente, pues nos sentimos realmente incómodos: drogas, decenas de mendigos, mangantes varios… No hay nada que ver y la zona tiene mala pinta, con lo que solo conviene ir si es lugar de paso obligado.

También vimos algunas dependencias de la Universidad Politécnica Nacional de Atenas (Politécnico Nacional MetsovianoΕθνικό Μετσόβιο Πολυτεχνείο). Nos dio la misma sensación que la otra universidad: un estado de conservación tristísimo, próximo al abandono.

 

Si habíamos hecho toda esa ruta era porque queríamos ir al Museo Arqueológico Nacional de Atenas (Εθνικό Αρχαιολογικό Μουσείο). Antes de nada, información práctica: abre todos los días (lunes de 13:30 a 20:00 y el resto de la semana de 8:30 a 15:00), y cuesta 7€ por persona. Fue fundado a finales del siglo XIX con la intención de almacenar la enorme cantidad de hallazgos arqueológicos que se estaban produciendo en esa época, por lo que hoy en día conserva una colección inmensa. Y eso que durante la II Guerra Mundial pasó bastantes apuros, pues sus obras principales fueron metidas en arcones y enterradas, con la intención de no sucumbir a los bombardeos y el pillaje.

Pese a que las posibilidades del museo son inmensas, no terminó de gustarnos. La mayor parte de las piezas expuestas son trozos de cerámica y esculturas en mal estado, sin apenas paneles informativos ni nada que permita seguir un discurso. Vamos, que le hace falta una renovación en profundidad.

 

Y eso que, como decimos, la cantidad, variedad y calidad de los fondos hacen posible la excelencia. Monedas, armas o juguetes deberían tener más protagonismo, ya que no solo de cerámica vive el pasado. Además, los grandes artistas de la Antigüedad Clásica (Eutímides, Agorácrito, Cimón de Cleonas…) deberían tener un papel mucho más central, pues apenas explican nada sobre ellos. Quizá la única excepción a todo lo que estamos diciendo es el espacio dedicado al Antiguo Egipto, mucho mejor montado. Esa parte sí que nos gustó.

 

También nos gustó mucho una pequeña exposición temporal, en la que el tema central era la arqueología submarina. Es impresionante ver lo que sufren distintos materiales al pasar varios siglos bajo el mar, pero más llamativas aun son las maravillas que son capaces de hacer los restauradores con el tratamiento adecuado.

Pero bueno, aunque nos decepcionó un poquillo y hay muchísimas cosas que pulir, seguimos diciendo que el Museo Arqueológico de Atenas es imprescindible. Solo por la impresionante colección de arte micénico, sin duda la mejor del mundo, ya merece la pena ir hasta allí. La pieza estrella es la Máscara de Agamenón, una máscara funeraria de oro descubierta en el siglo XIX por Schliemann. Aunque estudios posteriores desmienten la tesis de que esta pieza perteneciese al enterramiento del legendario rey Agamenón, se la sigue llamando así por comodidad, e indudablemente es una de las piezas arqueológicas más famosas del mundo.

No hay que pensar únicamente en esta pieza para hablar de la colección de Micenas del museo, pues esta parte de la exposición está especialmente trabajada: joyas, objetos de marfil, columnas de un templo.. Lo dicho, solo por el espacio dedicado a la cultura micénica ya merece la pena ir al museo.

 

Ya que estábamos en la zona, aprovechamos para ir a ver uno de esos museos que solo recomendamos a los auténticos frikis de la Historia: el Museo Epigráfico de Atenas (Επιγραφικό μουσείο). Hay que decir que tuvimos que verlo en 5-10 minutos, ya que había una huelga convocada para ese día en el museo. Llegamos justo cuando estaban cerrándolo, pero nos dejaron pasar a echar un vistazo.

En realidad, poquita cosa hay que ver. El museo en sí no vale nada, pues se trata de un montón de piezas apiladas sin orden ni criterio. Es lamentable, ya que sus más de 13.000 inscripciones le convierten en una de las mayores instituciones epigráficas del mundo, pero la exposición da pena y vergüenza.

 

Cambiando radicalmente de tercio, dejamos atrás esos dos museos y nos fuimos al Mercado Central de Atenas (también llamado Kentriki AgoraDimotiky). Es el principal mercado de la ciudad, pues, entre trabajadores, clientes y viajeros, más de 30.000 personas pasan por aquí a diario. Lleva funcionando desde el siglo XIX, y en él se pueden encontrar todo tipo de productos alimentarios: decenas de carnicerías, pescaderías, encurtidos, queserías, fruterías… Un auténtico regalo para los sentidos, pues es un sitio que realmente merece la pena ver.

 

Es uno de los lugares más auténticos y con más encanto de Atenas. Nos recordó un montón al típico follón de los zocos de ciudades como Marrakech o Estambul. Además de pasear entre todo el barulllo, también hicimos algunas compras. Básicamente nos llevamos unas cuantas porciones de riquísimo queso feta envasado al vacío (18€) y un kilo de pasas de Corinto (5€), no solo para nosotros sino también para la familia. Les encantó, todo sea dicho.

 

Por cierto, en los alrededores del Mercado Central encontraréis calles muy parecidas a las de un bazar, con tiendas de esas en las que se vende de todo y en las que el regateo es casi obligado. Puede parecer un área pequeña, pero el tiempo allí vuela para los que somos mínimamente curiosos.

La hora de comer se nos iba echando encima, pero antes queríamos ir a ver el Kerameikos (Κεραμεικός), un yacimiento arqueológico gigantesco. Se accede por la calle Ermou, abre de martes a domingo (de 8:30 a 15:00) y la entrada está incluida en el combinado de la Acrópolis.

Se llama Kerameikos (literalmente significa El Cerámico) porque aquí se ubicaba el barrio de los alfareros en la Antigüedad. Su nombre suele llevar a engaño, pues muchos viajeros (entre ellos nosotros) piensan que se trata de un museo de la cerámica o algo así. Sin embargo, es un interesante yacimiento al aire libre que nada tiene que ver con esa idea preconcebida.

 

El yacimiento recuerda a la Vía Apia de Roma, puesto que aquí estuvo el cementerio más grande de la antigua Atenas. En el siglo V antes de Cristo, cuando la ciudad estaba en una gran fase de crecimiento, se dividió en dos al barrio mediante un muro. Tras él se empezaron a hacer enterramientos, los cuales quedaron prácticamente olvidados hasta que a finales del siglo XIX fueron descubiertos por una excavación arqueológica. Total, que aquí encontraréis lápidas, estelas y todo tipo de elementos relacionados con el mundo funerario.

 

Como anécdota, os presentamos a esta simpática tortuguita. Forma parte de un grupo de varias tortugas que viven en el yacimiento, campando a sus anchas entre vestigios arqueológicos y visitantes curiosos.

 

En el yacimiento de Kerameikos también hay un pequeño museo, en el cual se exponen los principales hallazgos arqueológicos que han aparecido en el lugar (y que no han ido parar a otras instituciones). Lo más gordo está en el Museo Arqueológico Nacional, pero aun así hay cositas chulas.

 

Con todo lo que os hemos contado hasta ahora, la mañana estaba más que aprovechada. Para comer volvimos al centro, a la Plaza Síntagma, ya que en ella y en sus alrededores hay muchas opciones para hacerlo a buen precio. De camino nos topamos con una pequeña manifestación. Eran poquitos, pero nuestros padres nos llamaron preocupados porque en España estaban saliendo unas imágenes dantescas, con disturbios y muchas cosas más. ¿Manipulación? ¿Conspiración? Ahí queda eso. 😛

 

Al final, ni comida griega ni gaitas. Tiramos de nuestro amigo McDonald’s, cuyas hamburguesas hemos probado ya en más de diez países distintos. Aunque en esencia todos los establecimientos son iguales, siempre es divertido comprobar cómo en cada lugar hay pequeñas variaciones.

 

Ya con el estómago lleno, nos dispusimos a encarar una tarde muy similar a la del día anterior: sin prisas ni agobios. Museos y yacimientos estaban cerrados, así que teníamos previsto caminar sin más, con el único objetivo de descubrir nuevas zonas de una ciudad que ya se había ganado un hueco en nuestros corazoncitos viajeros. Y para esto, nada mejor que la calle Ermou (Οδός Ερμού), una larguísima calle comercial que va desde Síntagma hasta Kerameikos, dando acceso o pasando por las zonas más chulas del barrio de Monastiraki. En realidad habíamos pasado por ella en otros momentos del viaje, pero siempre como lugar de paso y no como destino en sí mismo.

Ermou (que significa Calle de Hermes) tiene varios tramos claramente diferentes entre sí. En algunos momentos os parecerá un sitio normal y corriente de modernos comercios, mientras que en otro creeréis estar andando por una ciudad de hace cuatro o cinco siglos. Tiene mucho encanto, la mayor parte es peatonal y siempre hay gente muy diversa, por lo que el paseo siempre es agradable. Hay mucho comercio ambulante, nosotros no pudimos resistirnos y empezamos la caminata en compañía de un riquísimo bollo típico.

 

En la propia Calle Ermou está uno de los edificios con más encanto de Atenas: la Iglesia de Panaghia Kapnikarea (Εκκλησία της Παναγίας). Se estima que pudo ser construido alrededor del año 1050 y hoy en día sigue siendo de culto ortodoxo, igual que en el último milenio, pero está construido sobre las ruinas de un templo griego. Pasamos varias veces por él, pero lamentablemente siempre nos lo encontramos cerrado.

 

La calle también pasa por la Plaza Monastiraki, de la que os hablamos en el capítulo anterior. No vamos a decir nada nuevo sobre ella, pero nos gustó tanto que no nos hemos podido resistir a volver a ponerla en foto.

Callejeando por los alrededores de Ermou se llegan a las zonas más tradicionales de Monastiraki. ¿Qué os parecen las fotos de abajo? ¿No os parecen las callejuelas de un zoco en Marrakech? Atenas, como todo el país, tiene una gran influencia otomana, la cual se manifiesta aquí con más fuerza que en ningún otro sitio.

 

A nosotros nos encantan este tipo de sitios, en los que cada tienda es una caja de sorpresa. Habrá quien solo vea chatarra o basura, pero entre todo ese caos siempre se encuentran cositas dignas de mención. En este caso, nosotros nos compramos un precioso backgammon de madera con el cual hemos aprendido las reglas de este juego de tradición milenaria.

 

También en esta zona, más que en ninguna otra, vimos muchos perros callejeros. Da muchísima pena, ya que la mayoría tenía pinta de haber sido abandonada. Y es que los atenienses lo están pasando fatal con esta crisis económica, así que no es de extrañar que muchos se hayan visto obligados a tener que deshacerse de sus mascotas. 🙁

Volviendo a las compras, también aprovechamos para rematar en lo que a souvenirs se refiere. Y es que nuestra querida familia no se puede quejar de nosotros en ese aspecto, ya que siempre volvemos con las maletas llenas de chorradas.

La tarde la habíamos dejado más o menos libre, así que, cuando empezó a ponerse el sol, decidimos ir a alguna zona alta de la ciudad para ver atardecer. No se nos ocurrió mejor opción que Anafiotika, ese pequeño barrio de casitas blancas en una de las laderas de la Acrópolis. Fue un gustazo volver a pasear por sus calles, disfrutando de los tonos dorados de la última hora de la tarde.

 

También aprovechamos para conocer algunas zonas nuevas, como el Jardín Nacional de Atenas (Εθνικός Κήπος). En él, el edificio más destacado sin duda es el Zappeion, una construcción de finales del siglo XIX que actualmente se realiza para ceremonias y eventos variados.

 

Cuando se terminó de poner el sol, volvimos a nuestro hotel a darnos la correspondiente duchita. Aún era prontito, así que, tras el momento de relax, fuimos a la Plaza Sintagma para ver el cambio de guardia. Se hace en las horas impares (17, 19, 21…) durante todo el día. Por la noche es menos espectacular, pero aun así merece la pena acercarse.

La ceremonia, en la cual los Evzoni se cambian tras dos horas custodiando la llama eterna de la Tumba del Soldado Desconocido, es bastante sencilla. Al día siguiente pudimos verla en todo su esplendor (ya que por el día abren la valla y de dejan acercarte), así que os hablaremos de este acto en el próximo capítulo.

De momento, aquí van un par de fotos. Hay que decir que los guardias fueron bastante amables, ya que a nuestra altura disminuían un poco el paso… y es que éramos los únicos espectadores del evento. Duró poco más de diez minutos, así que si queréis verlo tenéis que estar allí puntuales.

 

Estábamos bastante cansados, así que no nos complicamos con la cena: volvimos a la Taverna Restaurant Plaka, donde el dueño se mostró encantado de que volviésemos. Por 20€ cenamos una rica sopa típica, musaca y unas albóndigas de calabacín, con la bebida y el postre de regalo. Todo riquísimo. Como ya éramos “viejos clientes”, el dueño estuvo atentísimo y al final incluso estuvimos hablando de todo un poco. Nos contó que el invierno es complicado, ya que apenas tiene clientes, lo cual es una pena ya que el restaurante está realmente bien.

 

Lamentablemente, nuestro viaje se iba acercando a su fin. Aún nos quedaban unas horitas, pero la noche antes de volver a casa siempre está llena de pena y nostalgia, por una aventura que se termina.

Capítulo VII – Volver a Grecia ’12 – Capítulo IX

7 pensamientos en “Grecia ’12 – Capítulo VIII: Atenas a fondo 2/2 (día 7)

  1. No podía faltar el detalle del Mc’Donalds, aunque me ha abierto más el apetito la pinta de esa musaca jajaj La verdad que la expresión ‘a fondo’ se hizo para definir vuestros posts, buenísimos. ¡Un saludo!

  2. Pingback: Grecia ’12 – Capítulo IX: Últimas horas en Grecia (día 8) | www.eduyeriviajes.com

  3. Hola intrépidos! Me he encontrado con vuestro blog por causalidad… ya, ya… se que estuviesteis en Grecia hace 3 añitos, pero lo cierto es que yo voy con tres personas más el próximo verano y hacemos un viaje parecido al vuestro… alquiler de coche incluído para el Peloponeso y despues Delfos y Meteora. Pero voy al grano… leyendo vuestra estancia en Atenas, he caido en la cuenta que nosostros nos vamos a alojar en el Meliá Atenas y he visto que desde el aeropuerto al hotel, la parada de metro que más cercana nos queda es la de Omonia… y por lo visto esta plaza, según vuestra descripción es PELIGROSA… mi pregunta es ¿tan mal está la zona? es que va a ser nuestro punto de metro mas cercano… ¿Cómo lo veis? Gracias.

    • Hola Antonio! No sabemos cómo estará en la actualidad, pero a nosotros no nos dio muy buena espina como pudiste leer. Si pudiérais cambiar el hotel sería estupendo, sino, y no queremos ser alarmistas, procurad ir los cuatro juntos. De todas formas, os encantará el viaje, Grecia es un país maravilloso.

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