Grecia ’12 – Capítulo VI: Los Monasterios de Meteora (día 5)

Lo más parecido a la ilusión que se tiene de pequeño en la noche de Reyes es cuando estás de viaje y sabes que al día siguiente vas a ver algo con lo que llevas soñando mucho tiempo. Es la sensación que hemos tenido otras veces: antes de ver la Estatua de la Libertad, antes de subir a la Torre Eiffel, antes de visitar la Catedral de San Basilio… Si os gusta viajar, sabéis a lo que nos referimos; si no os gusta, que pena 😛

El caso es que esa misma ilusión es la que tuvimos esa noche, pues lo que teníamos por delante era muy grande. Por eso mismo nos levantamos lo más pronto que pudimos, pues queríamos aprovechar el día al máximo. Empezamos con un desayuno normalito, nada del otro mundo. Eso si, la decoración es digna de mención, de las más bizarras que hemos visto nunca: cabezas de animales, armas de fuego, espadas… ¿Acaso habíamos dormido en la casa de un señor de la guerra?

 

Bromas aparte, en nuestra quinta jornada de viaje nos esperaba Meteora, uno de los enclaves turísticos más importantes de Grecia (pese a ser infinitamente menos conocido que Atenas o que las islas). Un sitio único, mágico y lleno de sorpresas, del cual os vamos a hablar largo y tendido en este post. ¿Nos acompañas?

METEORA

Antes de seguir, vamos a presentaros esta singular zona de Grecia. Bajo la genérica denominación de los Monasterios de Meteora (Μετέωρα) se esconde una región única, en la que su principal seña de identidad es una serie de monasterios ortodoxos fundados en época medieval. Están en lo alto de unas rocas, casi volando: no en vano, el nombre de Meteora viene a significar “monasterios suspendidos del cielo” o “monasterios en el aire”. Aunque estos cenobios justifican por sí solos la visita, las más de ochocientas rocas gigantes generan un paisaje único, distinto a cualquier que hayáis visto.

Hay una leyenda para explicar el origen de estas rocas, pues se dice que vinieron del cielo a la tierra para que los ascetas de la zona tuvieran un lugar en el que retirarse y dedicarse a la vida contemplativa. Sin embargo, hay una explicación geológica mucho más plausible e igual de interesante: terremotos, erosión, hundimientos… El caso es que desde el siglo XI vivieron en esta zona ermitaños, que se refugiaban en las cuevas para pensar y orar. Fue en el siglo XIV cuando se fundaron los famosos Monasterios de Meteora. En la actualidad solo se conservan seis, pero son suficientemente importantes como para haber sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Un último apunte, en este caso de información práctica. Los seis monasterios tienen un sistema de apertura rotatorio, por lo que siempre encontraréis uno o dos cerrados y el resto abiertos (normalmente de 9:00 a 14:00 en invierno y algo más en verano). Se pueden ver todos en una mañana larga, pues hay una carretera que los comunica y que va pasando por todos ellos. En todos hay que pagar entrada (2€ por persona). Una nota importante: a las mujeres no les está permitido el acceso con pantalones, deben llevar una falda hasta los tobillos. Que nadie se preocupe que a la entrada de cada monasterio veréis faldas para poneros, igual que en las mezquitas hay pañuelos. Aquí va el planito.

Uf, uf, uf… Disculpad la introducción gigante, pero es que el lugar lo merece. Nuestra excursión empezó en Kastraki, donde estaba nuestro alojamiento. Dicho sea de paso, los dos pueblecitos que están a los pies de las rocas (Kastraki y Kalambaka) son perfectos para hacer noche y así poder empezar a ver monasterios desde primera hora.

La primera parada fue en el Monasterio de San Nicolás de Anapausas (Àgios Nikólaos o Αγιος Νικόλαος), ubicado en una roca de 85 metros de altura. No es el más llamativo, pero aun así impresiona muchísimo por ser el encargado de romper el hielo. Fue fundado en el siglo XV, en un momento en el que ya existían varios monasterios en la zona. Quizá por eso no había mucho terreno donde elegir y les tocó levantar el edificio en una roca de dimensiones bastante reducidas.

El acceso a San Nicolás es sumamente representativo, pues en todos los monasterios hay que pegarse una buena caminata y subir muchos peldaños. Avisados quedan aquellos a los que no les gusta andar 😛 Por cierto, a la que ascendíamos nos encontramos con un sacerdote ortodoxo, el cual se afanaba en arrancar malas hierbas y limpiar las escaleras. No nos entendimos demasiado con él, pero nos vino a decir que no había nadie en la puerta y que pasáramos (pero pagando 2€ por cabeza, nada de hacernos los locos).

 

Eso fue lo que entendimos y eso fue lo que hicimos. En la pequeña taquilla no había nadie, pero aun así dejamos los 4€ de rigor. Tenían el taco de entradas y cogimos una para cada uno, ya que eran realmente bonitas. Atención a todos los que, como nosotros, coleccionen papeles varios y tickets de sus viajes: las entradas de los Monasterios de Meteora son muy chulas.

Tal y como hemos dicho en la introducción, las mujeres no pueden entrar en estos monasterios con pantalones. Es obligatorio que usen falda, pero, como el turismo es el que manda, en la puerta de cada uno de ellos veréis varias prendas para poneros, hacer la visita y dejar en su sitio. Ni que decir tiene que, si vais en verano, nada de camisetas de tirantes ni de enseñar chicha.

A lo largo de San Nicolás visitamos varias estancias, pero la que más nos gustó fue, sin duda, la Iglesia (Katholikon en griego). Su impresionante decoración fue elaborada en el siglo XVI por Teófanes de Creta, un reconocidísimo pintor de iconos y murales. El artista, que tuvo como alumno a El Greco, fue el encargado de ornamentar monasterios por toda Grecia. Algunos de los cuales (como este caso) se conservan in situ, pero otros están repartidos por museos de todo el mundo. Por ejemplo, en el Museo del Hermitage hay un par de murales atribuidos a Teófanes de Creta.

Pero bueno, que nos desviamos del tema. Más abajo tenéis las pinturas: aunque las fotos no son muy allá, os podéis hacer una idea de lo impresionante que es la iglesia del monasterio (pese a sus reducidas dimensiones).

 

Aunque los Monasterios de Meteora tienen las estancias propias de este tipo de conjuntos (iglesia, claustro, refectorio…), no esperéis una distribución convencional. Todos están construidos sobre una roca, por lo que no cuentan con demasiado terreno. ¿Consecuencia? Pues a través del Monasterio de San Nicolás se puede comprobar como se las ingenian, distribuyendo en varias plantas los distintos espacios. Así, en esta primera parada el patio (suponemos que sustituyendo al claustro) lo encontramos en la parte superior. Caminando por él se puede llegar al campanario.

 

Las vistas desde la planta superior del monasterio son, simplemente, excepcionales. Lo que más nos gustó de Meteora es que, pese a ser una zona relativamente pequeña, en función del mirador al que te asomes puede parecer que estás en un sitio totalmente distinto. Fijaos… ¡Qué maravilla!

Las rocas, pese a no tener nada que ver, recuerdan en algunos momentos a La Pedriza de Madrid. Esa sensación de mirar a las piedras y no explicarte cómo la naturaleza ha sido capaz de moldearlas de esa manera… Con esto lo que queremos decir es que no os asoméis solo hacia abajo, pues aunque las vistas están muy bien (como la foto de arriba) también merece la pena fijarse en las rocas. ¿Alguien puede negarlo después de echar un vistazo a la siguiente foto?

Por cuestiones de tiempo, espacio y fortaleza física, los grupos organizados no van a todos los monasterios: simplemente se limitan a parar en su base y dar cuatro explicaciones sobre ellos. Normalmente se saltan aquellos a los que es más difícil subir, como en el caso de San Nicolás. Nuestro consejo es que disfrutéis de aquellos monasterios que podáis ver tranquilamente. Quizá los otros sean más grandes y diversos, pero no tan espirituales.

El caso es que San Nicolás, pese a ser la primera parada, nos encantó y es uno de los que recordamos con más cariño. Seguramente el sacerdote del principio no nos recuerde a nosotros, pero el caso es que a la que bajamos le dijimos adiós, le indicamos que habíamos pagado y que habíamos cogido dos entradas. Pues bien, al tipo no le hizo demasiada gracia que hubiéramos cogido los dos tíckets. ¡Será posible!

Cogimos el coche y seguimos con la carretera. El orden en que visitéis los monasterios puede variar, ya que los tres siguientes están en una misma carretera por la que luego hay que volver. Habrá quien prefiera ir uno a uno y después regresar, pero nosotros optamos por ir hasta el final y ya volver haciendo paraditas. Elegimos esta opción porque el último de dicho tramo de carretera es el Monasterio de la Transfiguración, también conocido como el Gran Meteoro (Moní Metamorfóseos, Μονή ΜεταμορφώσεωςMegálo MetéoroΜεγάλο Μετέωρο). Es el más grande y el que más turistas recibe, por lo que conviene quitárselo de en medio cuanto antes.

Fue fundado en el siglo XIV por un príncipe serbio que decidió abandonar la política y dedicarse a la vida contemplativa. Contaba con muchos medios, así que creó el conjunto más grande de todo Meteora, con hasta tres iglesias dentro de sus muros. Precisamente, hablando de sus muros hay que decir que su fundador no era tonto, ya que no descuidó en absoluto el aspecto defensivo. Volved a ver la foto de arriba: ¿acaso no os parece una fortaleza inexpugnable?

Hay mucho que ver en el Gran Meteoro, pues aparte de las tres iglesias se visita el refectorio, las cocinas, los balcones y varios museos. Conviene prestar atención a la cartelería, o algunas cosas se quedarán en el camino.

Concretando un poco, os vamos a enseñar dos cosas que nos gustaron especialmente: el antiguo taller de carpintería y el osario. La primera estancia es una especie de museo etnográfico en miniatura, en la que se exponen todo tipo de útiles: aperos agrícolas, cestería en mimbre, barriles… Por otro lado, en el osario, como su propio nombre indica, se guardan los huesos de los antiguos moradores del monasterio. Sobrecogedor.

 

La iglesia también nos pareció espectacular, y no solo por las pinturas. Tuvimos la suerte de coincidir con tres monjes ortodoxos que estaban en plena peregrinación y que, siguiendo con sus costumbres, se pusieron a cantar y rezar. Fue una pasada poder presenciar esa pequeña ceremonia improvisada desde el fondo de la nave.

La sensación que nos llevamos de este monasterio es que, pese a ser el más grande de todos, tienen un exceso de patrimonio. Solo así se explica que hasta el último rincón del conjunto (desde el refrectorio a la vieja cocina, pasando incluso por algunos patios) haya sido utilizado para montar una pequeña exposición.

  

Precisamente, ya que hemos citado a los patios, hay que decir que los espacios exteriores del monasterio nos gustaron tanto o más que los interiores. Pese a que algunos tejados estaban en obras, se respiraba una paz absoluta: típicos lugares que te invitan a pasear, a sentarte en un banquito (hay varios) y a dejar pasar el tiempo.

 

Y nuevamente hay que hablar de las vistas, pues una vez más queremos recomendaros que os asoméis a todos los balcones que veíais. Meteora es un entorno espectacular, en el que con desplazarte cien metros puedes obtener una vista distinta pero igual de impresionante. Definitivamente es uno de los sitios que más nos han gustado (y no nos referimos solo a Grecia).

 

Antes hemos dicho que en el Gran Meteoro hay tres museos. Son el de folclore, el de los manuscritos y el de arte sacro. Los tres merecen la pena, aunque con cinco minutos en cada uno hay más que suficiente. Ya que estamos, es el momento de confesar que el de los manuscritos despertó nuestro frikismo por la Historia, por lo que nos acabamos comprando un libro y un póster (10€ en total).

Uno de los elementos más representativos de Meteora es la manera en la que los monjes acceden a los monasterios. En su momento lo hacían con unos ascensores de lo más artesanal, compuestos por unas redes de hilo natural en las que se metían y les subían a pulso. La cosa debía ser peligrosilla, así que en cuanto llegó la electricidad instalaron un mecanismo algo más moderno… aunque tampoco especialmente pionero: unas cabinas metálicas que van suspendidas en el aire. Ver para creer.

 

El tercer alto en el camino fue en el Monasterio Varlaam (Βαρλαάμ) , el segundo más grande de los seis que se visitan. Fue construido en 1541 y está consagrado a Todos los Santos. Su aspecto impone bastante, ya que es quizá el que más ha llevado al límite eso de “aprovechar el terreno”: está literalmente en el borde de la roca. Otra fortaleza inexpugnable.

Pese a que Meteora nos encantó, el único que le ponemos peor nota es Varlaam. La verdad es que nos pareció poca cosa, aunque también hay que reconocer que tiene una competencia bastante complicada. Si el monasterio estuviese en medio de la nada, seguramente nos parecería una joya, pero desde luego es el más flojito de los que vimos. No se puede decir que esté descuidado ni nada de eso, pero no hubo feeling.

 

Poco más podemos decir. De hecho, el mejor ejemplo de que este monasterio no nos dijo nada es que apenas apuntamos en nuestra “libreta de viaje” dos cositas sobre él, mientras que con el resto fuimos a página por cabeza. Quizá el principal problema es que lo vimos todo muy restaurado, como si hubieran querido dejarlo todo con muy buen aspecto y se hubieran pasado de rosca.

 

Además, no es que se esfuercen precisamente en atraer al viajero. Su ubicación les asegura miles de turistas al año (no solo por estar en Meteora, sino porque es lugar de paso obligado para ir al Gran Meteoro) y los monjes no son nada simpáticos. Además, la visita en sí es bastante pobre, pues una de las grandes estrellas es un barril gigante. Y tampoco es que impresione mucho un barril, la verdad. 😛

 

Son los elementos en común con otros monasterios (entorno privilegiado, frescos de la iglesia, buenas vistas) los que hacen que esta sea una visita imprescindible, necesaria para vivir una experiencia completa en Meteora. Sin embargo, si vais justos de tiempo y tenéis que andar recortando, os recomendamos que este sea el primer monasterio del que prescindáis. Lo dicho: el resto de los monasterios se merece un nueve o un diez, pero Varlaam solo un siete.

Cuarta parada: el Monasterio de Santa Bárbara. También conocido como Monasterio Roussanou (Ρουσάνου), esta joya del siglo XVI se caracteriza por ser el único de Meteora en el que su comunidad religiosa está formada íntegramente por mujeres. Vamos, que en lugar de los clásicos popes ortodoxos encontraréis monjas (también con estrictas ropas negras).

El acceso es espectacular, pues hay que descender a través de un bosque en miniatura hasta el punto por el que se entra al monasterio. Es un recorrido bastante exigente, por lo que no os recomendamos intentarlo si vais con personas mayores o no os gusta caminar demasiado. De hecho, coincidimos con un viaje organizado y pudimos comprobar cómo buena parte de la expedición se iba quedando poco a poco en el camino.

 

Aun así, cualquier esfuerzo es poco con tal de llegar a esta joyita del siglo XVI. Es el más pequeñito de todos los monasterios, hasta el punto de que cuando se ve de cerca por primera vez te entran las dudas: ¿Es un centro religioso o un chalet con buenas vistas? Bromas aparte, la falta de espacio es algo que han solucionado tirando de imaginación y construyendo el conjunto en cuatro niveles distintos.

El hecho de que esté habitado exclusivamente por mujeres hace que sea el monasterio en el que más celosamente se guarda la intimidad y la vida contemplativa tradicional. Tanto es así que sólo te dejan visitar la iglesia, y ni siquiera está permitido hacer fotos (ya se encarga de recordarlo constantemente una monja con cara de pocos amigos).

 

Por suerte, las no-amables monjas no tienen inconveniente en facilitar el acceso a uno de los balcones superiores, desde donde se obtiene una panorámica espectacular de Meteora. Sí, estamos un poco pesaditos, pero es que recordamos con mucho cariño nuestro paso por esta zona de Grecia.

Una vez visitamos el monasterio (fue breve, pero intenso), volvimos al coche, aunque no para arrancar. Justo al lado del aparcamiento hay un camino que lleva directamente a los riscos, donde no sólo pudimos sentiros como cabras montesas, sino que además encontramos un lugar excelente para hacer fotos.

 

Las instantáneas hablan por sí solas. Nos gusta mucho la de abajo a la derecha, una especie de “Buscando a Wallie” a través de los monasterios: ¿Cuántos veis? Atentos, porque igual alguno se os escapa…

 

Nuestro destino final en Meteora fue el Monasterio de Agía Triada o Monasterio de la Santísima Trinidad (Αγία Τριάδα). Aunque data de finales del siglo XV, al menos hay constancia de ambiciosas reformas en 1684, 1689, 1692 y 1741.

La subida también es bastante larga, unos diez o quince minutos. Si vais en el mismo orden que nosotros, a esas alturas seguramente ya estéis cansados… y la perspectiva no os ayudará demasiado. Según se va a haciendo el camino, da la sensación de estar cada vez más lejos (ya que aparcas en el mismo nivel y luego se hace un descenso pronunciado). Y eso es solo el principio.

 

Para que veáis que no mentimos, aquí van un par de fotitos del recorrido. La primera es la cuesta inicial vista desde el monasterio, y en la segunda os enseñamos los corredores excavados en la piedra del último tramo de acceso. ¿A que no está mal?

 

Sin embargo, aquí va una muestra de que nada es imposible. Justo cuando llegábamos a la entrada del monasterio, con la lengua fuera después de subir tanto escalón, nos encontramos con una mujer que había subido el mismo camino… ¡Con la pierna escayolada! Esa es una muestra de coraje viajero pura y dura. Y es que las ganas de conocer mundo mueven montañas.

Aunque el conjunto de Meteora tiene un airecillo, sin duda Agia Triada es el lugar de toda la zona que más nos recordó a los monasterios de Voronet (en el norte de Rumanía): los elementos ortodoxos, la sensación de fortaleza, los frescos… También podríamos establecer ciertas similitudes con lo que vimos en algunos templos de Estambul (especialmente en la Iglesia de San Salvador en Chora). Y es que al final no hay tantas diferencias, pues pensándolo bien son sitios que están relativamente cerca unos de otros.

 

¿Os acordáis del “ascensor moderno” que os hemos enseñado en el Gran Meteoro? Aquí tenéis su versión tradicional. Durante siglos, se subía a los monasterios con este improvisado ascensor: un gancho, una red en la que se metía al monje y fuerza para subirle a pulso. Ni por todo el oro del mundo subiríamos utilizando ese mecanismo, para qué vamos a engañarnos.

 

La superficie de este monasterio es bastante grande (sobretodo en comparación con los dos anteriores), así que pueden permitirse lujos como una pequeña caseta exterior (que seguramente sea una especie de ermita) o un gran patio, haciendo las veces de claustro al aire libre.

 

En cuanto a las vistas, desde el Monasterio de Agia Triada está la mejor panorámica de los pueblos de alrededor (Kastraki y Kalambaka). Ya nos había dado esa sensación a pie de calle, pero desde las alturas pudimos comprobar que son dos localidades que viven por y para el turismo. Difícilmente veréis un pueblo con semejante cantidad de bares y hoteles por metro cuadrado. Aun así, como todos están en casas bajas tradicionales, es una imagen muy bonita.

 

La mañana entera había pasado ante nuestros ojos sin darnos cuenta. Y es que cuando estábamos pensando en el siguiente monasterio, nos percatamos de que ya los habíamos visto todos. ¡Qué penita! Por suerte, desde lo alto de Agia Triada también hay buenas vistas del resto de Meteora. Una buena despedida para un sitio al que, más tarde o más temprano, volveremos.

Aunque sabíamos que estaba cerrado, no pudimos evitar acercarnos hasta el Monasterio de San Esteban (Αγίου Στεφάνου). A diferencia del resto, éste no está sobre una roca, sino directamente en la llanura (pese al puente que le da acceso). Su historia es especialmente dramática: en la II Guerra Mundial fue destruido en su totalidad, pues las tropas nazis pensaban que estaba siendo refugio de la insurgencia griega. En cualquier caso, nos quedamos con las ganas de verlo pero ese día le tocaba estar cerrado (por el sistema de turnos rotatorios del que ya os hemos hablado).

 

¿Os ha gustado Meteora? ¿Os ha sorprendido? A nosotros muchísimo, pero no hemos sido los primeros. Esta zona ha salido en películas como Solo para sus ojos (duodécima entrega de James Bond) o Tintín y el misterio del Toisón de Oro, además de haber inspirado novelas, videojuegos (algunas localizaciones del primer Tomb Raider, por ejemplo) e incluso discos de música. ¿Creíais que el segundo disco de Linkin Park se llama Meteora por casualidad? En absoluto, fue una manera que tuvo el grupo americano de plasmar el impacto que les había supuesto visitar esta parte de Grecia.

KALAMBAKA

Yendo sin prisa tardamos unas seis horitas en verlo todo. Y os podemos asegurar que nos recreamos en los detalles, así que si vais con prisa quizá se pueda comprimir algo más. En cualquier caso, una vez terminamos de ver monasterios, teníamos un hambre legendario. Total, que no nos complicamos demasiado y fuimos a Kalambaka. El pueblo en sí no tiene demasiado para ver, pero sí un montón de posibilidades en cuanto a restaurantes se refiere.

Comimos en la típica taberna griega. Un sitio cualquiera, de esos que igual no vienen en las guías de viajes, pero te permiten acercarte a lo cotidiano. Un pequeño establecimiento con mucho encanto en el que la dueña, una señora encantadora, nos trató muy bien.

 

Por poco más de 10€ degustamos dos de los platos más característicos de la gastronomía griega. El primero fue la musaca, una especie de pastel en el que se intercalan distintas capas de berenjena, tomate y carne picada, todo con queso rallado por encima. El segundo fue soutzoukakia (también conocido como albóndigas de Esmirna), bolas de carne con especias y salsa de tomate. Rematamos todo con un riquísimo yogurt griego.

LLEGADA A ATENAS

Esa comilona fue el punto y final gastronómico a nuestro road tour por la Grecia continental. Eso si, no nos dio ninguna pena: todavía nos quedaban unos días para conocer Atenas. Precisamente, unas cuatro horas de coche nos separaban de la capital griega, así que eso fue lo que hicimos: carretera y manta.

 

Fue un viaje laaargo, pesado y lleno de peajes (solo fueron 11€, pero tuvimos que parar a pagar hasta cinco veces), aunque al final llegamos a Atenas. Con el GPS fue facilísimo, pero aun así no tiene pérdida: en casi todas las carreteras del país te indican cómo llegar hasta la capital.

Fuimos hasta el aeropuerto, donde habíamos recogido el coche y donde teníamos que devolverlo. Nuestra experiencia con Avis fue 100% positiva, desde luego es la compañía que recomendamos para alquilar coche en Atenas. Dicho sea de paso, le hicimos un pequeño raspón en el espejo retrovisor, pero no lo vieron porque era de noche. ¡Uf!

Bueno, la cuestión es que ya estábamos en Atenas (Athína o Αθήνα). Para ir del Aeropuerto Eleftherios Venizelos al centro de la ciudad lo más cómodo es el Metro. Pasa uno cada hora, se tardan 45 minutos y el billete cuesta 14€ (un combinado que vale para dos, por lo que sale a 7€/persona). Funciona desde las 6:35 hasta las 23:35, aunque convendría revisar eso antes de cada viaje (ya que los recortes están siendo muy agresivos en los transportes públicos desde que empezó la crisis).

¿Y qué decir del Metro? Pues pese a que los políticos se empeñan en deteriorarlo día a día mediante reducciones presupuestarias, de momento funciona bien, es puntual y está limpito. Poco más de tres cuartos de hora tardamos en llegar hasta la céntrica Estación  Síntagma.

 

Como no podía ser de otro modo, esa parada nos dejaba en la Plaza Síntagma (Platía Sindágmatos o Πλατεία Συντάγματος). Ya hablaremos de ella en su momento, pero de entrada podemos decir que la primera impresión fue regular. No es que nos diera sensación de inseguridad, pero la plaza es un pelín oscura y no mola del todo andar por allí a según que horas.

De todos modos, estábamos tan cansados que fuimos directamente al hotel. Habíamos reservado en el Hotel Acropolis House, un establecimiento familiar ubicado en una mansión del siglo XIX en pleno barrio de Plaka (centro histórico de Atenas). Era barato, incluía desayuno y estaba bien localizado, por lo que era el campamento base perfecto para conocer a fondo la ciudad.

Estábamos tan cansados que no queríamos perder demasiado tiempo en cenar, así que le preguntamos al recepcionista y nos recomendó un sitio que estaba a la vuelta de la esquina (literalmente). Echamos un vistazo y tenía buena pinta, así que decidimos probar.

Por 18€, nos zampamos una deliciosa chuleta con patatas (Edu) y una riquísima ensalada griega con queso feta (Eri). La verdad es que fue una buena cena y el precio no estaba nada mal, así que al volver al hotel le dimos las gracias por la recomendación al amable recepcionista.

 

Así es como terminó el día. Nos acostamos bastante prontito, ya que teníamos que coger fuerzas para explorar Atenas en detalle. Por delante, dos intensas jornadas y unas ganas infinitas de conocer la capital de Grecia.

Capítulo V – Volver a Grecia ’12 – Capítulo VII

15 pensamientos en “Grecia ’12 – Capítulo VI: Los Monasterios de Meteora (día 5)

  1. Los monasterios de Meteora son de esos sitios que están en mi lista de lugares que ver en esta vida desde que ví por primera vez una foto de ellos. No sabía que siempre había algún monasterio cerrado por turnos…
    saludos

    • El sistema de turnos de los monasterios está bien pensado, así se puede visitar todos los días de la semana. Siempre te pierdes uno, pero al menos no se corre el riesgo de ir y que estén todos cerrados.

      Para nosotros también se convirtió en una obsesión. Cuando vimos una foto del lugar por primera vez, no nos podíamos creer que existiese algo así y no fuese un videojuego o algo así. Tienes que ir 🙂

      Un abrazo!

  2. Yo también aluciné el pasado mes de Abril en Meteora. Simplemente quería comentar una información inexacta: no solamente el monasterio de Roussanou está ocupado por monjas. También el monasterio de San Esteban (Αγίου Στεφάνου) está habitado exclusivamente por mujeres.
    Otra cosa: veo que hicisteis caso omiso a la prohibición de hacer fotos en el interior de los templos, ¿no? Yo lo intenté, porque los frescos son preciosos, pero la vigilancia a veces era exagerada…

    Saludos,
    Ricardo Lafita.

    • Hola Ricardo, muchas gracias por pasarte por aquí ^^

      Nos sorprende mucho lo del Monasterio de San Esteban, ya que consultamos varios libros, guías y foros y en todos decía que Roussanou era el único con mujeres. Muchas gracias por el aviso del error, volveremos a consultar las fuentes y lo comprobaremos (a ver cuando tenemos tiempo).

      Y respecto a lo de no hacer fotos… Pues si, normalmente no hacemos caso de esa absurda prohibición. ¿Qué problema hay en hacer fotos sin flash? No solo no se dañan las cosas, sino que nuestra única intención es ayudar a que la gente las conozcan.

      Otro tema son los garrulos que se ponen a medio metro y hacen 5 fotos con flash. Suponemos que la vigilancia será por esa clase de gente.

      Un abrazo! ^^

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  5. Buenos días! increible post que me ha inspirado para mi próxima visita a este lugar idílico dentro de una semana. Solo te pediria, si me puede aclarar un detalle. Yo llego para medio día para la zona, pra hacer la excursion por la tarde. Crees que es posible hacerlo entonces? A parte, voy con coche, y veo que vosotros también lo hicisteis asi… Mi pregunta es: ¿Hay pk (y sitio) para poder dejar el coche e ir yendo a los monasterios? A parte, queria pregunarte, ¿Hicisteis el recorrido de Kastraki a Kalambaka? ¿Al reves?

    Gracias por todo

    • Hola Tania! Nosotros hicimos la excursión en una mañana, así que es posible hacerla por la tarde, lo único sería fijarse bien en los horarios por si acaso cerrasen pronto. En cuanto a lo del parking, no hay problema, en cada monasterio hay una zona específica donde dejar el coche. Por otro lado, nosotros nos alojamos en Kastraki y por la mañana fuimos a Kalambaka. ¡Saludos!

  6. Estimados, saben si se puede hacer algún circuito por los monasterios (al menos un par) con un niño de 1 año y medio?. Desde ya muchas gracias!

    • ¡Hola Santiago! No habrá problema, pues la ruta se realiza en coche y la visita a los monasterios no tiene mayor complicación. En algún momento habrá que subir escaleras, pero no son demasiadas. Quizás se podría convertir en un juega para él, el hecho de que vaya descubriendo en cada pintura algún personaje o animal, así se le hará más entretenido y divertido. Si definitivamente lo hacéis, contadnos qué tal la experiencia. ¡Un abrazo!

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  8. Hola me voy a Grecia en temporada alta julio exactamente
    Viajo sola y mi intencion es alquilar un auto para ir a Delfos y Meteora.Tengo conocimiento por diversos comentarios como manejan alli sin embargo necesito hscerte una pregunta si se llega por autopista oo si el caminO es con precipicios y montaña porque si es asi no podria manejar ya q al desconocer ruta idioma y agregarle tension de montaña es mucho por favor si podrias aclararme ese punto desde ya GRACIAS

    • Hola Ana! Nosotros te recomendamos alquilarlo, es cómodo y tendrás mucha más libertad de movimientos. De todas formas, te recomendamos que eches un vistazo a las carreteras por medio del google maps en versión satélite. Ahí sabrás con exactitud cómo son y si te atreves o no. ¡Un saludo!

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