Grecia ’12 – Capítulo V: De la tranquilidad de Delfos a la batalla de las Termópilas (día 4)

Grecia fue el broche de oro a 2012, un año especialmente viajero en el que pudimos disfrutar de hasta ocho viajes fuera de España. En cada sitio encontramos algo especial, y sin duda de tierras helenas nos quedamos con una cosa: su variedad. No todo es visitar ruinas, como mucha gente piensa, pues tuvimos tiempo de todo: buscar localizaciones de películas de Hollywood, ver atardecer en una playa, atravesar montañas en coche…

Nuestra cuarto día en Grecia es fiel reflejo de ello. Empezamos en Delfos, un grandísimo yacimiento arqueológico, para más tarde subir al inspirador Monte Parnaso. Después fuimos al Monasterio de Osios Loukas, y rematamos la jugada siguiendo los escenarios de la Batalla de las Termópilas (en la que se basa la célebre obra 300 de Frank Miller). Eso si, el punto de partida fue un delicioso desayuno con vistas a la montaña y al mar. ¿Se puede comenzar mejor una mañana?

 

DELFOS

Empecemos con un poquito de Historia. Delfos (DelfoiΔελφοί) es uno de los lugares más reconocibles de la Antigüedad Clásica, gracias a su Templo de Apolo. En él estaba el famoso Oráculo de Delfos, un recinto sagrado al que los griegos acudían con dudas existenciales. Mucho hay de leyenda en esto, pero se dice que el oráculo influyó en conflictos bélicos, la expansión de la cultura helena e incluso en relaciones personales. De lo que no hay duda es de que fue un centro religioso importantísimo, especialmente entre los siglos VII y VI antes de Cristo. También hay que destacar los Juegos Píticos, una competición que se celebraba cuatro años y que rivalizaba en importancia con los juegos panhelénicos de Olimpia (de los que os hablamos en el capítulo anterior), de Nemea y del Istmo de Corinto.

A diferencia de Olimpia, Delfos es un yacimiento que está al lado de una carretera, en la cual hay aparcamientos. Se visitan tres zonas distintas, pero las distancia entre ellas es de un kilómetro como mucho. La de mayor importancia (y la más grande) es la que alberga el Templo de Apolo y el museo, y fue por la que decidimos empezar para evitar las hordas de turistas que desde bien pronto colonizan el lugar. En horario de invierno abre de 8:30 a 15:00, por lo que conviene madrugar.

 

Visualmente es un yacimiento arqueológico espectacular, de los más bonitos que hemos visitado nunca. Se encuentra en la ladera de una montaña, por lo que los edificios parecen pelear entre ellos por destacar en un espacio escasísimo. Destacan muchas construcciones: el Ágora Romana (foto de abajo a la izquierda), el Tesoro de los Atenienses (foto de abajo a la derecha), el Tesoro de Sifnos, el Monumento a los Almirantes… Un sinfín de elementos, en mejor o peor estado, que corroboran la grandeza que un día tuvo el lugar.

 

En cualquier caso, como ya hemos dicho, el jefe en Delfos es el Templo de Apolo. En las primeras excavaciones arqueológicas solo se encontraron los cimientos pero, al ser un edificio sumamente evocador de la Antigua Grecia, las investigaciones fueron especialmente insistentes. Al final se han logrado reconstruir seis columnas dóricas, que a la postre han resultado ser uno de los elementos más significativos del yacimiento.

A nosotros, pese a que nos interesa enormemente la arqueología (que para algo somos historiadores), nos llamó especialmente la atención el entorno. La cadena montañosa sobre la que se asienta Delfos es preciosa, con un tipo de roca que luce especialmente bonito en días soleados. Son los llamados Picos Fedríades, que significa los Brillantes. Seguramente con nieve también sea espectacular, lo cual es toda una excusa para volver en el futuro.

No queremos dejar de hablar del Teatro, otro de los grandes edificios de Delfos. Está en la parte superior, justo encima del Templo de Apolo, y se ha conservado realmente bien. Fue construido en el siglo IV antes de Cristo, y se calcula que tenía una capacidad de más de 5.000 espectadores. A nivel arquitectónico quizá destaque más el de Epidauro, pero el entorno es magnífico. Una representación en este recinto tenía que ser épica.

Aunque todavía no hemos hablado de ellas, a la vista de las fotos podéis imaginar que Delfos es un yacimiento con unas cuestas muy ricas. Lo que siempre decimos: calzado adecuado, ropa cómoda y una botellita de agua. Lo avisamos ahora porque os vamos a enseñar el último edificio del yacimiento: el Estadio. Está incluso más arriba que el Teatro, por lo que hay que hacer un considerable esfuerzo para llegar hasta él. Aunque el edificio en sí es anterior, la estructura actual responde a la reforma que hizo Herodes Ático en el siglo II. Cuenta con un graderío para 7.000 espectadores, y es uno de los más espectaculares que hemos visto nunca. Nos vino a la mente el Circo Máximo de Roma, cuyo estado de conservación es la antítesis de este.

Con el ascenso al estadio, dimos por terminada la visita a esta parte del yacimiento. Deshicimos el camino andado y, en la base, visitamos el Museo, en el que se encuentran expuestas las principales piezas encontradas en las excavaciones arqueológicas de Delfos. Sus salas son en general bastante grandes, se nota que está preparado para recibir a grupos numerosos. Aun así, el museo no está ni bien ni mal: simplemente es otro más.

 

La excepción es el Auriga de Delfos, una de las grandes obras de la escultura griega. Los últimos estudios apuntan a que data del año 474 antes de Cristo, y que fue elaborada para conmemorar la victoria de Polyzalos de Gela en las carreras de cuadrigas de esa edición de los Juegos Píticos. En origen era un conjunto formado por cuatro o seis caballos y un esclavo, pero de ellos solo se han conservado unos pocos fragmentos. Al margen de cuestiones artísticas o técnicas, es una escultura relevante por ser de las poquitas de ese periodo, hechas en bronce, que han llegado a nuestros días.

Como ya hemos dicho, la visita a Delfos se completa con dos espacios más que están al otro lado de la carretera. Se podría ir andando, pero es mucho más práctico ir en coche (sobretodo por ahorrar tiempo). En la segunda parada se visitan los restos del Gimnasio, pero tuvimos que conformarnos con verlos desde arriba porque ese día estaba cerrado por obras. Aun así, pudimos distinguir perfectamente la Palestra y las Termas, ya que en el museo nos habían dado un planito para interpretar este área.

La tercera y última parada sí la pudimos hacer con normalidad: en ella se visita el Santuario de Atenea Pronaia. El acceso es totalmente gratuito (de hecho, por ahí no había ningún guardia) y no vimos puertas, por lo que seguramente se pueda entrar a cualquier hora del día. Dicho sea de paso, cuando bajéis la cuesta desde el aparcamiento, el camino que lleva a la derecha va hacia el yacimiento. Pues bien, os recomendamos desviaros a la izquierda, pues así llegaréis a un mirador desde el que se obtiene una vista espectacular del templo, del tholos y del resto de elementos que componen esta excavación.

Este santuario fue construido y destruido en el siglo V antes de Cristo. Así, como lo leéis. Pese a ser un proyecto muy ambicioso, solo 20 años después de su construcción fue arrasado casi totalmente por un desprendimiento de piedras desde la parte superior del monte. Gracias a eso los cimientos de los edificios han llegado en perfecto estado hasta nuestros días y, aunque parezca poca cosa, han permitido conocer mucho más sobre el mundo antiguo.

 

Es sitio muy pequeño, pero suficiente para poner el broche de oro al yacimiento de Delfos. Nos gustó mucho, quizá de los más bonitos que vimos en el viaje. Lo mejor es que el día no había hecho más que empezar, y todavía teníamos muchas cosas chulas por delante.

SUBIENDO AL MONTE PARNASO

Ya que estábamos en sus alrededores, decidimos ver si podíamos subir a lo alto del Monte Parnaso (Παρνασσός). Está a poco más de 10 kilómetros de Delfos, y se llega por la carretera en la que está el yacimiento yendo en dirección a Aráhova (Arájova, Arachova o Αράχωβα), por lo que no suponía ningún esfuerzo. Lo malo es que la señalización no es del todo buena, e incluso tuvimos que parar en una gasolinera a preguntar (donde, dicho sea de paso, compramos unas galletas artesanas riquísimas), pero el caso es que se acaba llegando.

El Monte Parnaso es uno de los más altos de Grecia, con casi 2500 metros de altura. Sin embargo, más allá de cuestiones geográficas, resulta un lugar tremendamente evocador. Según la mitología griega, era el lugar en el que vivían el dios Apolo y las musas, protectoras e inspiradoras de la música, la poesía, las artes y las ciencias.

Esperábamos mucho y encontramos muy poco. Las cosas como son: de patria de los poetas no vimos nada, pues en la actualidad el lugar es el Parnassos Ski Resort. Vamos, un lugar para esquiar y poquito más. La temporada de nieves aún no había empezado, por lo que el monte parecía un desierto.

Lo cierto es que disfrutamos mucho conduciendo por la zona. Atravesamos la típica carretera de montaña de película: bosques, barrancos, áreas con un poquito de nieve… Como no venía nadie por delante ni por detrás, pudimos ir muy despacio para gozar de este Parque Natural.

 

De todos modos, no pudimos llegar hasta arriba. La carretera se bifurca al final y, pese a que tomamos todos sus caminos, solo fuimos a parar a cosas relacionadas con el resort: cafeterías, telesillas, puestos de alquiler de material… todo cerrado, of course. No sabemos si habrá un sendero por el que se pueda continuar o si nos saltamos una carretera, pero no había nadie a quien preguntar y en nuestras guías no aparecía absolutamente nada.

 

Aun así, no nos arrepentimos de haber ido hasta allí. Durante el poco tiempo que pasamos subiendo y bajando el Monte Parnaso pudimos contemplar unos paisajes muy diferentes a los del resto del viaje: nieve, roca desnuda, vegetación de alta montaña… Quizá esperásemos algo más onírico que un resort de esquí en temporada baja, pero el hecho de que a veces no salgan las cosas como se esperan también forma parte de la magia de viajar.

Caer está permitido, pero levantarse es obligatorio. No lo pensamos mucho y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, un valor seguro.

MONASTERIO DE OSIOS LOUKAS

Atención, que vamos a hablar de uno de los conjuntos más bonitos de toda Grecia. Y es que el Monasterio de Osios Loukas (Hosios Loukás u Μονή Οσίου Λουκά) no deja indiferente a nadie. Es uno de los centros religiosos bizantinos más bonitos de toda Europa, con más de mil años de antigüedad y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1990. Para llegar hay que ir en dirección Distomo y pasar un par de pueblos, no tiene pérdida.

Recibe miles de visitantes cada año, la mayor parte en grupos organizados, por lo que es un poco circo. Sin embargo, sigue siendo un lugar espiritual y por tanto hay que guardar un cierto decoro. ¡Nada de enseñar chicha!

Tal y como hemos dicho, el Monasterio de Osios Loukás tiene más de diez siglos de antigüedad. Fue fundado en el año 1011, pero no desde cero sino sobre los restos de una pequeña iglesia en ruinas. En ella estaba enterrado Lucas el Joven, un ermitaño cuyos restos todavía se conservan en el lugar.

Desde su puesta en marcha, nunca se ha interrumpido la vida monástica. Eso se traduce en que el conjunto ha crecido mucho y que ha llegado a nuestros días en un estado de conservación fantástico, por lo que a través de él podemos emprender un increíble viaje a la Edad Media. Dentro de su perímetro amurallado en forma de pentágono podemos encontrar varias cosas: la iglesia, un museo, criptas, caballerizas, restos arqueológicos…

 

La parte más importante y la que más visitas recibe es la Iglesia, la única en toda la Grecia continental que puede presumir sin ninguna duda de haber sido construida en el siglo X. Aunque por fuera ofrece un aspecto sobrio y más bien tirando a mazacote, no os dejéis engañar que como dice el refrán “las apariencias a veces engañan”. De hecho, justo encima del acceso hay una pequeña nota de color que sirve como advertencia de lo que se encuentra al franquear la puerta.

 

En el interior encontraremos, fundamentalmente, un lugar de culto que ofrece dos caras en función de vuestra suerte: un circo, si os ha tocado coincidir con una populosa visita guiada; o un sentido espacio para la oración, si hay poquita gente. Si es la primera vez que vais a un templo ortodoxo, seguramente os sorprendan cosas como los popes (los sacerdotes con su característico ropaje negro y su larga barba) o el fervor con el que los fieles se acercan a los iconos. Pequeños detalles que enriquecen aún más la experiencia viajera, pues pocas cosas hay más gratificantes que conocer otras culturas.

Los principales atractivos de la iglesia del Monasterio de Osios Loukas están en sus paredes y techos, pues cuenta con una elaborada decoración de fama internacional. Básicamente se puede distinguir entre dos tipos: los mosaicos del siglo XI, el ornato original y del que quedan excelentes representantes; y los frescos, del siglo XVI en adelante. Éstos últimos también son de muy bella factura, destacando fundamentalmente el Pantocrátor de la cúpula.

 

Esta visita nos trajo muchos recuerdos. Quizá el más inmediato fuera el de San Salvador en Chora (Estambul), pues hay bastantes semejanzas entre el conjunto griego y el turco. Sin embargo, también nos vino a la mente el viaje que hicimos a Rumanía cuatro años atrás, cuando recorrimos en coche los monasterios de Bucovina. Nos encantan este tipo de construcciones ortodoxas, y más si están en medio de la nada.

Además de la iglesia, en el Monasterio de Osios Loukas hay más cositas que ver. La que más nos gustó, al margen del edificio principal, fue la Capilla de Santa Bárbara, cuyos frescos del siglo XI son de visita obligada. Quizá no estén tan bien conservados, pero aun así son impresionantes. La iluminación, al menos en días soleados, consigue que haya una atmósfera muy espiritual.

 

El museo, vestigios arqueológicos, una prensa de aceite… El resto está bien, pero no es tan brillante como lo anterior. Aun así, os recomendamos que no os vayáis de allí sin explorar hasta el último rincón, pues descubriréis muchas sorpresas. Algún día escribiremos un artículo hablando únicamente de este monasterio, pues, si nos paramos en los detalles, este post sería enooorme.

 

En muchas guías turísticas leeréis que Distomo (Δίστομο), lugar de paso obligado para llegar a Osios Loukas, no merece la pena y que podéis pasar de largo. Pues bien, nosotros queremos romper una lanza en favor de este pequeñito pueblo. No solo es un lugar destacado de la mitología griega (aquí es donde Edipo mató a Laertes, su padre), sino también el epicentro de uno de los episodios más terribles que la II Guerra Mundial dejó en Grecia: la Masacre de Distomo. Como suele ocurrir en lugares que han sufrido un episodio tan traumático, aquí encontraréis varios monumentos para el recuerdo: memoriales, museos, estatuas… No teníamos demasiado tiempo, pero aun así no pudimos resistirnos y fuimos el Mausoleo.

La barbarie nazi se manifestó en este lugar con toda su rabia. El 10 de junio de 1944 efectivos de las Waffen-SS fueron casa por casa, ajusticiando a todos los civiles que encontraron a su paso, con la intención de reprimir a la resistencia griega. En poco más de dos horas mataron a sangre fría a 218 personas. La violencia fue de tal calibre que fueron aniquilados bebés en la cuna, mujeres embarazadas e incluso el cura del pueblo. También hubo robos, violaciones y destrucción de edificios. La locura más absoluta.

No hace falta decir que es una de esas visitas inolvidables. En el momento estás con la piel de gallina y con un nudo en la garganta, pero a cambio luego pasas muchas horas reflexionando sobre temas trascendentales. De verdad, si estáis por la zona no os podéis perder este sitio: pilla de camino, es gratuito y no os llevará más de 20 minutos.

 

Si os gusta el tema de la II Guerra Mundial, podéis complementar la visita con dos o tres cosas más que hay en el pueblo. Nosotros decidimos irnos ya, pues teníamos por delante muchos kilómetros en carreteras de montaña y no nos apetecía volver a hacer la mayoría del trayecto por la noche. Nos quedamos con la vista de Distomo que hay desde lo alto del Mausoleo para insistir, una vez más, en que merece la pena hacer esta parada.

 LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS

¿Quién no ha visto la película de 300? Es una de las producciones cinematográficas más exitosas de comienzos del siglo XXI. Esta adaptación del cómic de Frank Miller narra la Batalla de las Termópilas, en la cual el espartano Leónidas se enfrentó al persa Jerjes I.  Pues bien, de camino al norte del país (donde haríamos noche) teníamos dos opciones: ir directamente por la autovía o seguir una carretera que atraviesa todas las localizaciones de este evento histórico. ¿Cómo resistirse? Para ir abriendo boca, un pequeño aperitivo en forma de trailer.

No sabemos muy bien cómo llegamos por allí, ya que nos pusimos en manos del GPS, pero el caso es que pasamos por unos parajes naturales increíbles. De verdad, aunque apenas nos bajamos del coche para hacer unas fotos, merece la pena atravesar el desfiladero de las Termópilas, pues es un espectáculo para la vista.

Aunque ya lo eran, a raíz de la exitosa (y fantasiosa) peli de 300, los espartanos se han convertido en un icono del coraje y la perseverancia. Por eso, los fanáticos de esta ciudad-estado de la Antigua Grecia tendrán que hacer una parada, obligatoriamente, en el Monumento a Leónidas. Está cerquita de la autovía que llega a Lamia, pero no sabríamos decir cómo llegar. La zona estaba en obras, por lo que seguramente ya no sea como la recordamos, y también hay que decir que nos perdimos y que acabamos por una vía sin asfaltar. En cualquier caso… ¡Llegamos!

El monumento no es especialmente espectacular, pero cuenta con algunos paneles explicativos sobre el desarrollo de la batalla y con indicaciones para interpretar los cambios en el terreno. Cabe recordar que la línea de costa ha sufrido muchas variaciones desde el encuentro entre griegos y persas. Por cierto, un detalle: a los pies de la estatua de Leónidas está grabada la expresión Molon Labe (Μολὼν λαβέ). Significa “ven y tómalas”, y fue lo que (según Plutarco) el rey espartano le dijo a Jerjes cuando éste le pidió que entregaran sus armas. Es una de las frases más célebres de la Antigüedad Clásica, además de un excelente ejemplo de laconismo.

 

Aunque a media mañana habíamos picoteado algo, el tiempo se nos había ido de las manos (una vez más) y a eso de las cuatro todavía no habíamos comido. Total, que una vez visitamos el Monumento a Leónidas paramos en el primer sitio que vimos… literalmente. Unos metros más adelante había un bar de carretera, y allí fuimos con más hambre que dos leones.

No es que fuera el sitio más glamouroso del mundo, pero hubo algo que nos dio muy buena sensación: el aparcamiento estaba lleno de camiones. Y, normalmente, en los bares de carretera de ese tipo se come muy bien y a un precio razonable. Así es como fue, pues por 18€ en total nos pusimos hasta arriba. Los dos elegimos el mismo plato: un tomate y un pimiento rellenos respectivamente de arroz, cebolla y especias, acompañados de unas riquísimas patatas. De postre un dulce similar a la baklava. ¡Qué rico todo!

  

Fue una buena comida. Quizá nos hubiéramos comido algo más, pero teníamos por delante más de dos horas de carretera y no apetecía hacerlas con una de esas horribles digestiones pesadas.

METEORA

El destino último era llegar a nuestro alojamiento cerca de los Monasterios de Meteora, en la llanura de Tesalia. Ya os contaremos cosas sobre ellos en el siguiente capítulo, donde serán protagonistas absolutos. De momento solo podemos decir que el trayecto, aunque no demasiado incómodo, se hizo muy pesado. Ya se iba notando el cansancio acumulado tras varios días de viaje.

El resto del día (o de la noche, mejor dicho) consistió en hacer checkin en nuestro alojamiento, la Guesthouse Patavalis (en Kastraki). El sitio está genial: baratísimo (32€ la noche), bien localizado, habitación enorme y desayuno incluido. La única pega es que está regentado por un matrimonio bastante mayor que, aunque entrañable, no pudo solucionarnos un problemilla con el wifi. Aunque la línea estaba disponible, nuestros móviles no se conectaban. Se lo fuimos a decir y no hablaban nada de inglés. Cuando conseguimos hacernos entender mediante gestos, la mujer se encogió de hombros y nos regaló unas mandarinas. No había wifi pero si fruta fresca. Algo es algo 😀

 

No llegamos excesivamente tarde, pero estábamos cansadísimos. En un primer momento íbamos a dar una vuelta por el pueblo, pero nos dio pereza y decidimos quedarnos tranquilamente en el hotel: duchita más larga de lo normal, tranquilidad para leer y ordenar cosas, descansar los pies…

A la hora de la cena intentamos preguntarle de nuevo a los dueños del establecimiento, pero la comunicación fue imposible. Total, que en los alrededores encontramos un local que por fuera tenía buena pinta. Entramos, nos sentamos y… ¡Qué tremendo error! ¡Era la casa de los horrores! El camarero era un señor de 50 años que estaba borracho (iba de mesa en mesa dando tumbos), al cual le ayudaba un niño de unos 7 u 8 años. Pedimos carne a la brasa (estuvo riquísima, por cierto) pero las cosas que vimos no nos gustaron demasiado. Mejor nos ahorramos los detalles y nos quedamos con la cena, que no estuvo nada mal.

 

Punto y final para un día precioso, el penúltimo de nuestro road tour por Grecia. Al día siguiente nos tocaba devolver el coche, pero antes conoceríamos una de las zonas más bonitas del mundo: la de los Monasterios de Meteora.

Capítulo IV – Volver a Grecia ’12 – Capítulo VI

5 pensamientos en “Grecia ’12 – Capítulo V: De la tranquilidad de Delfos a la batalla de las Termópilas (día 4)

  1. Qué día más chulo y no podía haber empezado mejor con ese desayuno con vistas. Mira que es curioso lo de los oráculos, lo ridículo que parece y el poder que tenían!

    • Si nos ponemos a pensar en la antigüedad, hay tantas cosas que vistas desde el siglo XXI nos parecen taaan ridículas… 😛

      Fue un día chulísimo, de los más chulos del viaje. Eso si, el mejor fue el siguiente ^^

  2. Pingback: Grecia ’12 – Capítulo IV: Olimpia, Patrás y Lepanto (día 3) | www.eduyeriviajes.com

  3. Madre mía qué trajín de día!!!
    Me entra la curiosidad de saber qué es lo que pasaba en el bar…
    No sabía que había cosas de la II Guerra Mundial por aquella zona!!
    Saludos

    • Hay que aprovechar los días! Si no, los viajes en invierno no cunden 😛

      Grecia tiene un montón de cosas de la II Guerra Mundial. Quizá no tantas como Alemania o Francia, pero los nazis fueron especialmente crueles allí.

      Un abrazote! ^^

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