Grecia ’12 – Capítulo II: Llegada a Grecia, El Pireo y Loutraki (día 1)

Grecia siempre nos ha llamado la atención. Su Historia, su gastronomía o su forma de vida siempre nos han parecido atractivos más que suficientes para justificar una visita al país. Lo habíamos intentado varias veces, pero nunca habíamos encontrado nuestro momento. Hasta finales de 2012, cuando descubrimos que los vuelos estaban bien de precio y la vida allí (hoteles, comida, desplazamientos) era más barata que nunca. La imagen que el país está transmitiendo al mundo desde que empezaron las turbulencias económicas (crisis, huelgas, disturbios) está pasando factura al turismo, que lleva años reduciéndose. Por eso mismo decidimos aprovechar: seguramente nunca vuelva a ser tan barato ir a Grecia como lo era en 2012, pues cuando llegue la recuperación económica volverán los turistas y, con ellos, los precios altos.

El punto de partida fue, como tantas otras veces, el Aeropuerto de Barajas. Desde ahí salía a las 9:00 nuestro vuelo con Iberia, que en casi cuatro horas nos trasladaría desde la rutina hasta los sueños. Con este post comenzamos los relatos sobre el viaje que hicimos por la Grecia continental. ¿Nos acompañas?

El vuelo fue bastante tranquilo, aunque Iberia hizo de las suyas: un par de semanas antes nos cambiaron el horario, la comida que nos pusieron fue bastante regular, el avión no estaba especialmente limpio… Vamos, lo que ya hemos dicho otras veces: calidad baja, precios altos. Así está la compañía, y así seguirá mientras sus gestores no se den cuenta de que existen decenas de aerolíneas mucho más baratas y con mejor servicio.

Por cierto, hablando de aerolíneas, aquí va algo de información interesante al respecto. Atenas es un destino estacional para muchas compañías. Dicho de otro modo, que solo vuelan en determinadas épocas del año. Por eso es difícil tener controladas el 100% de las ofertas, y seguro que encontráis algún vuelo barato con eDreams o con algún comparador, con el cual ahorraros un buen puñado de euros.

 

Por cierto, una anécdota interesante. Durante el trayecto entre Madrid y Atenas sobrevolamos la isla Estrómboli (Stromboli en italiano), declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro del conjunto de las Islas Eolias o Islas Eólicas (Isole Eolie). Esta pequeña isla volcánica es muy famosa: por sus cráteres salían los protagonistas de Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne; en ella se enamoraron Roberto Rosellini e Ingrid Bergman durante el rodaje de la mítica película Stromboli: Tierra de Dios; en sus fuegos se inspiró J. R. R. Tolkien para describir Mordor, en su legendaria saga El Señor de los Anillos… Vamos, que parece poca cosa vista desde arriba pero tiene muchas historias detrás. ¿A santo de qué os contamos todo esto? Pues resulta que desde 2007 el volcán está activo y, cuando pasábamos por encima, estaba expulsando una columna de gas. Nunca habíamos visto un fenómeno natural como este desde el aire.

El caso es que el vuelo llegó puntual, y un poco antes de las 14:00 (hay que recordar que en Grecia es una hora más) ya estábamos en el Aeropuerto Eleftherios Venizelos, el Aeropuerto de Atenas de toda la vida. Recogimos las maletas y fuimos en busca del vehículo que habíamos reservado por internet. El viaje iba a estar dividido en dos partes: la primera sería una ruta en coche por la Grecia continental, desde el jueves hasta el lunes; y en la segunda nos meteríamos a fondo en Atenas, desde el lunes hasta el jueves.

Habíamos reservado con Avis, que no era la más barata pero sí la mejor calidad/precio. Encontramos ofertas tiradas de precio, pero con cláusulas sospechosas o con compañías que tenían muy malos comentarios en Grecia. Con Avis pagábamos 95€ por cinco días (a menos de 20€ por jornada), teníamos kilometraje ilimitado y ninguna cosa rara respecto a seguros ni nada por el estilo. Por si eso fuera poco, nos dieron un modelo superior al que habíamos reservado: un flamante Toyota Auris con 50.000 kilómetros y en las mejores condiciones. ¡El viaje estaba a punto de comenzar!

 

EL PIREO

Aunque el coche era para ver otras ciudades aparte de la capital, empezamos allí mismo: en El Pireo (Pireás o Πειραιάς en griego moderno). Técnicamente es un núcleo urbano distinto, pero en la práctica funciona como el puerto de Atenas. De hecho, sus calles están unidas y la única separación está en los mapas administrativos.

En la Antigüedad Clásica, El Pireo era el puerto de la legendaria Atenas, cuna de la civilización europea. Cuando esta última se refundó, a comienzos del siglo XIX, decidieron recoger la herencia histórica y establecer en El Pireo el puerto modero. Desde entonces no ha dejado de crecer, y en la actualidad tiene una población cercana a los 200.000 habitantes. Es uno de los grandes puertos del mundo, referencia obligada para moverse por las islas del Egeo y, en general, por todo Oriente Próximo.

En poquito tiempo recorrimos los diez kilómetros que separan Atenas de la costa, aunque nos llevó un rato encontrar un parking decente para dejar el coche. La cuestión es que ya estábamos listos para empezar a ver cosas, lo cual hacía que tuviéramos una sonrisa de oreja a oreja.

La visita a El Pireo puede llevar un día entero si se hace un itinerario muy exhaustivo, pero con un par de horitas es suficiente. El puerto es más bien un conjunto de puertos distribuidos entre tres bahías: Kantharos, donde llegan los barcos de mayor tamaño; Zea, reservada para los barcos deportivos y de lujo; Mikrolimano, más tradicional y lleno de barcos pesqueros. Nosotros optamos por ver los dos primeros y la franja de ciudad que hay entre ambos, pues el tercero queda algo más retirado.

 

La primera sensación no fue especialmente buena. Nos encontramos una ciudad muy decadente, llena de obras a medio terminar, edificios gubernamentales en mal estado y calles vacías. Se nota la crisis, pues prácticamente todas las tiendas estaban abiertas… pero sin un solo cliente. No estamos hablando precisamente de una ciudad fantasma, pero desde luego se notaba que algo pasaba. Lo que veis abajo, por ejemplo, es una de las principales calles comerciales de El Pireo. Seguro que os podéis imaginar como estaban las secundarias.

En todas las ciudades del viaje (especialmente en las más grandes) vimos animales abandonados en la calle, fundamentalmente perros. Si a eso se le suma que cada contenedor de basura estaba rodeado de toneladas de desperdicios en descomposición, las estampas eran bastantes desagradables. Da mucha pena, pero incluso en el siglo XXI cada vez que hay una crisis el respeto hacia los animales pasa a segundo plano.

Como hemos dicho, Zea es la parte de El Pireo dedicada a albergar las embarcaciones deportivas y los yates de lujo. Teóricamente es la zona más animada, pues está llena de tiendas y restaurantes… de temporada. Dicho de otro modo: en verano será la juerga padre, pero en invierno está muerto. No vimos nada abierto, ni gente por la calle ni nada de eso. Además, buena parte de los barcos estaban en un estado tan lamentable que parecían llevar años sin salir a navegar.

 

De hecho, curioseando un poco vimos más de un barco hundido o a punto de hundirse. No es que seamos muy amigos del mundo marítimo, así que no sabemos si será lo normal en otros sitios, pero tiene que dar muy mala imagen llegar a uno de los principales puertos del país y encontrarte con semejante panorama.

Desde el final de Zea, en dirección a Mikrolimano, hay una excelente vista de todo el litoral. Ya empezaba a atardecer, por lo que la imagen era aun más bonita: montañas, el mar y pequeños pueblecitos de casas blancas. Quizá lo suyo era seguir caminando, pero teníamos que hacer unos cuantos kilómetros y no nos apetecía que fueran todos por la noche, pues estábamos cansados y no habíamos oído hablar demasiado bien de la forma en que conducen los griegos.

Por eso volvimos, pero aun no hacia el coche. Primero quisimos ir hasta la Plaza Themistokleous, al ladito de Kantharos. Allí hay varios edificios importantes, como la Catedral de la Santísima Trinidad (Agia TriadaΟ Καθεδρικός Ι.Ν. Αγίας Τριάδας Πειραιά.) o dependencias del gobierno. No es que merezca la pena ir expresamente hasta ellos, pero pillaban cerquita del coche.

  

Ya que estábamos allí, no pudimos evitar curiosear un poco por Kantharos, el puerto destinado a los barcos de grandes dimensiones. Vimos varios cargueros gigantescos, y también unos cuantos cruceros de lujo. Aun no se ha dado el caso de hacer un viaje de ese tipo, pero cuando lo hagamos las islas griegas serán seguramente nuestro destino.

¿Nuestra opinión sobre El Pireo? Pues no nos pareció nada del otro mundo, la verdad. Seguramente en verano sea la leche, pero en invierno está muy apagado. Nos esperábamos algo así, pero no tan decadente.

La noche se nos echaba encima, así que fuimos a recoger nuestro coche, que estaba echándose la siesta en un siniestro parking a 8€ la hora, y pusimos rumbo a Loutraki, donde pasaríamos la primera noche.

LOUTRAKI

Desde El Pireo hasta Loutraki hay aproximadamente 90 kilómetros, que por las carreteras que tuvimos que atravesar no se pueden hacer en menos de una hora. Rápidamente confirmamos el tópico: los griegos conducen mal, muy mal. Hemos ido por países que tienen esa fama, como Italia o Marruecos, pero los chanchullos al volante que vimos en Grecia se llevan la palma. Entre otras muchas cosas, en carreteras de doble sentido tienen la costumbre de conducir con la mitad del coche por el arcén, para crear artificialmente un tercer carril por el que adelantar jugándote la vida. Delicioso.

Hablemos ahora de Loutraki, una localidad a cinco kilómetros de Corinto. Se trata de la típica ciudad artificial, surgida como resort vacacional (al estilo Marina d’Or). Sus principales señas de identidad son la playa y sus aguas termales, al amparo de las cuales han surgido decenas de spas y hoteles de lujo. En verano es una zona cara y muy animada, pero en invierno es casi un desierto. Eso la convierte en un lugar perfecto para pernoctar en rutas como la nuestra, ya que está cerca de muchos puntos de interés y tiene unas tarifas realmente bajas. Pernoctamos en Diolkos Studios, donde alquilamos una habitación enorme con cocina y baño propio, desayuno incluido, por 35€. ¡Mejor imposible! Además, el dueño era muy amable, y nos habló de los mejores sitios para cenar en los alrededores. Nos recomendó varios, aunque la verdad es que no le acabamos haciendo mucho caso.

 

Llegar hasta el Diolkos Studios había sido difícil, pues tuvimos que parar en varios establecimientos para pedir ayuda. En ninguno nos hicieron caso, menos en un restaurante de comida italiana en el que fueron muy amables. Únicamente hablaban griego, ni una palabra de inglés, pero aun así hicieron todo lo posible por echarnos una mano. Solo por eso decidimos cenar allí.

El sitio en cuestión se llama Onda Blu. Está en el número 93 del paseo marítimo, a dos minutos andando a mano derecha según se sale de Diolkos Studios. Aunque en la foto está todo muy oscuro, es fácil de reconocer pues es el único restaurante de comida italiana que hay en la zona. Tiene pinta de que en verano estará lleno, pero esa noche éramos los únicos clientes.

La comida fue, sencillamente, deliciosa. Cenamos por 20€ en total, Erika una deliciosa pizza y Edu los mejores espaguetis a la boloñesa que ha comido en su vida. Por si eso fuera poco, nos regalaron un riquísimo entrante y luego nos invitaron a chupitos. Todo con una sonrisa y una amabilidad difícil de encontrar, hasta el punto de que Eri se dejó un par de trozos y nos los dieron en una caja de cartón para el día siguiente. Un restaurante magnífico, si estáis por la zona merece la pena que vayáis.

  

Después de cenar, fuimos al hotel a darnos una ducha y a preparar la ruta para el día siguiente. Queríamos ver un montón de yacimientos que cerraban prontísimo (algunos a las tres de la tarde), por lo que tocaba madrugar mucho para verlo todo. Total, que fuimos en busca de un supermercado (hay varios pequeñitos por la zona) y compramos para desayunar al día siguiente. Como nuestra habitación tenía cocina, podíamos hacernos un té o cualquier otra cosa.

El punto y final lo puso una pequeña caminata por el paseo marítimo. Era tarde, estábamos cansados y hacía algo de aire, pero aun así nos apetecía movernos un poco después de todo lo que habíamos cenado. Solo nos cruzamos con dos personas en todo el trayecto, aunque como ya hemos dicho tiene pinta de que en verano por ahí tiene que haber más gente que en Benidorm.

Eso fue todo. A dormir y a descansar, que al día siguiente nos esperaban muchos kilómetros y muchas cosas que ver.

Capítulo IVolver a Grecia ’12Capítulo III

6 pensamientos en “Grecia ’12 – Capítulo II: Llegada a Grecia, El Pireo y Loutraki (día 1)

  1. A mí no me pareció que condujeran tan mal. De hecho yo me aficioné a lo del arcén. Al final podía haber pasado por griega… ¿qué le vamos a hacer? Lo llevo en el nombre…
    El Pireo no lo conozco pero había leído que no tenía mucho que ver, ahora veo por qué.
    Un saludo 😉

    • Si nosotros también nos aficionamos a conducir a la griega, el problema lo tuvimos al volver a España jajaja

      El Pireo no es gran cosa, al menos para el tipo de turismo que nosotros hacemos. Quizá en verano y aparcando un barquito en él tenga más interés, pero no fue nuestro caso 😛

      Un abrazote Helena! ^^

  2. Pingback: Grecia ’12 – Capítulo I: Información práctica | www.eduyeriviajes.com

  3. Da pena ver en una ciudad como Atenas esta decadencia o dejadez con barcos hundidos, calles sin reformar, basura esparcida por el suelo, etc.. En fin, a ver si la crisis pasa para todos y pueden meter mano a estos asuntos que imagino que hacen que una ciudad desluzca un poco.

    Con ganas de seguir leyendo el resto del viaje.

    Saludos!

    • Pues si, da muchísima pena ver como las calles se ensucian y los monumentos se van rompiendo poco a poco 🙁 Eso si, los políticos griegos siguen con sus trajes caros y con sus coches oficiales.

      Muchas gracias por pasarte por aquí! 🙂

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