Granada ’10 – Capítulo V: Parque Natural Sierra de Huétor (día 5)

La última mañana en Granada amaneció con la morriña propia del fin de un viaje, aunque también con la ilusión de tener una jornada por delante para seguir disfrutando. En la ciudad nazarí no nos quedaban demasiadas cosas por ver, por lo que decidimos hacer una excursión por los alrededores. Después de conocer las opciones que teníamos y de analizar nuestras condiciones particulares (no queríamos llegar a Madrid demasiado tarde, pues Edu al día siguiente trabajaba) nos decantamos por el Parque Natural Sierra de Huetor, muy cerquita de Granada y con un sinfín de posibilidades para hacer una visita de medio día.

Granada 220Como no habíamos previsto la excursión (en origen el último día lo íbamos a destinar al Sacromonte) no teníamos demasiada información, así que decidimos ir directamente al Centro de Visitantes Puerto Lobo. Allí una simpática guía nos facilitó un montón de folletos, dos planos y nos ayudó a preparar una buena ruta acorde a nuestros intereses.

Que conste que todo no fue tan bonito como parece, ya que nos perdimos bastante para llegar. Con el GPS fuimos hasta Víznar, pero desde allí es un lío llegar. Una familia muy amable nos indicó como llegar, e incluso vino a buscarnos con el coche cuando vio que habíamos tomado el camino equivocado. El caso es que conseguimos llegar, aunque costó lo suyo.

Antes de salir al campo, que al fin y al cabo era lo que nos apetecía, dimos una vuelta por el Centro de Visitantes, pues en su interior alberga una especie de centro de interpretación sobre el Parque Natural. Gracias a sus piezas y a sus paneles informativos pudimos aprender más sobre su formación, su evolución histórica (en especial destaca el episodio de la fiebre del oro de Granada) y su estado actual de conservación. En un entorno natural tan maravilloso quizá esta pequeña exposición pase desapercibida, pero realmente merece la pena.

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Con las mismas compramos una botella de agua para que nos acompañara en la ruta y fuimos a hacer el itinerario que habíamos planeado. Al igual que en el Parque Nacional de Monfragüe, hay casi tantos itinerarios como se desee. Nosotros optamos por hacer uno relativamente corto (de una hora más o menos), pero que nos serviría para hacernos una idea del paisaje que se puede encontrar en Huétor. El Parque Natural, en sus más de 12.000 hectáreas, ofrece un relieve de lo más complejo (barrancos, arroyos, montañas…) poblado por pinos, encinas, quejigos, robles y arces. Además, en él habita una fauna de lo más variada entre la que destacan, entre otras especies, las cabras montesas, los jabalíes o los zorros.

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El itinerario que hicimos consistió en partir desde el Centro de Visitantes Puerto Lobo, como ya hemos dicho, y hacer un recorrido por su entorno más inmediato. Quizá no nos desplazamos demasiado en comparación con las posibilidades que ofrece el Parque Natural, pero entre que llevábamos mucho cansancio acumulado después de tres días pateándonos Granada y que luego nos esperaban varias horas de coche no queríamos hacer una marcha excesivamente exigente. Sin embargo, la excursión nos dio todo lo que buscábamos: contacto con la naturaleza, buenas vistas, respirar aire puro…

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Granada 231Hay que decir que nos sorprendió gratamente encontrar en mitad de la ruta las Trincheras del Maullo, las cuales eran hasta entonces unas auténticas desconocidas para nosotros. Y es que resulta que en el Parque Natural se pueden visitar estos vestigios de la Guerra Civil Española, los cuales como podéis imaginar exploramos a fondo.

Buscando información por internet (ya que allí no había ni un sólo panel informativo, y en el centro de visitantes apenas nos hablaron de las trincheras) nos enteramos a posteriori de que este enclave fue determinante en la defensa de Granada. El Cerro del Maúllo, donde están las trincheras, era primordial para contener el avance por el río Darro. Es una experiencia de lo más interesante recorrer estos improvisados paseos de ronda y pararse a pensar por un momento en lo que sentirían los seres humanos que participaron en un conflicto armado tan horrible. ¡Ojo! Aunque lo avisa algún cartel, no está de más recordar que hay que ir con cuidado, pues un paso en falso puede suponer caerse por un barranco y varios huesos rotos.

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Granada 235Pero sin lugar a dudas lo que más nos llamó la atención fue el pequeño búnker que forma parte del conjunto de restos arqueológicos de la Guerra Civil. Por fuera puede pasar desapercibido, o incluso parecer poca cosa, pero pasar a su interior supone un auténtico ejercicio de memoria histórica y de toma de conciencia de lo que es una guerra.

Claustrofobia, tensión, agobio… Las personas (nunca hay que olvidar que en las guerras mueren seres humanos) que desde allí dentro tenían unas vistas privilegiadas del entorno vivieron cada segundo dentro de ese búnker cargadas de angustia. En las paredes hay varias marcas de la 20ª compañía de zapadores, y junto a ellas varias pintadas más o menos recientes que aunque afean el recinto no hacen que pierda su interés.

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Granada 239Desde las trincheras la ruta continúa, aunque nosotros decidimos cerrar una especie de círculo y volver a nuestro punto de partida. Ya hemos dicho que no queríamos llegar muy tarde a casa, por lo que el paseo de una hora nos pareció más que suficiente. Además, queríamos complementar la excursión visitando otros lugares.

Antes de coger definitivamente el coche, estuvimos dando una vuelta por los alrededores del Centro de Visitantes, pues en ellos están expuestos varios útiles relacionados con la explotación cinegética del entorno: desde un tractor para trabajar la tierra hasta útiles para captación de agua. Investigando las cosas que estamos diciendo nos dimos cuenta de que el hambre empezaba a apretar, por lo que miramos en los folletos que nos habían dado y buscamos un área recreativa para comer.

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Granada 243Fuimos a la que estaba más cerca, el Área Recreativa Puerto Lobo. En ella, además de haber relativamente cerca un bar, existían sombras, mesas y sillas para montarse una buena merendola. También había contenedores para dejar la basura, algo que siempre es de agradecer. Al salir de Granada habíamos pasado por un Carrefour, por lo que estábamos preparados para un buen picnic.

Tras llenar la panza estuvimos unos minutos pensando en la pequeña ruta que íbamos a hacer. Como ya hemos dicho, el Parque Natural Sierra de Huétor ofrece infinidad de posibilidades. Sin embargo, seguimos con la política de no introducirnos demasiado en él y finalmente decidimos ir siguiendo la carretera que a la postre nos conduciría a enlazar con la de vuelta a casa.

La carretera que íbamos siguiendo (en la cual nos habíamos perdido horas antes intentando buscar el Centro de Visitantes) transcurre entre las localidades de Víznar y Alfacar, y estaba acompañada en todo momento de la Acequia de Aynadamar (también llamada Fuente de las Lágrimas). Esta conducción de agua de época medieval fue construida para abastecer tanto a Alfacar como a la propia ciudad de Granada. Se han perdido algunos tramos, pero en la actualidad está perfectamente protegida por ser Bien de Interés Cultural.

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Yendo con el coche por esta zona vimos un par de cosas que os queremos enseñar al margen de la acequia. La primera  es el Barranco de Víznar, otra ruta de lo más interesante que nos apuntamos para realizar en un futuro, ya que al parecer hay unas vistas impresionantes. La otra es una playa fosilizada, El Caracolar. La evolución geológica de la zona es muy interesante, y todo lo que estábamos recorriendo en algún momento fue la línea de costa. Por eso, algunos tramos han quedado fosilizados y si se investiga un poco se ven un montón de conchas. Ese es, además, el motivo de que el lugar no esté señalizado: según nos dijeron en el Centro de Visitantes no hay ningún tipo de cartel porque la gente iba en plan “destroyer” y se llevaba cuantas conchas se encontraba.

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El recorrido que estamos haciendo (y en general la Sierra de Huétor) ha sido noticia en los últimos años por ser el lugar en el que se han buscado los restos mortales de Federico García Lorca. Se han excavado algunas fosas sin éxito alguno, y aunque los lugareños aseguran saber cuál es el lugar en el que se hallan los restos del poeta de momento (agosto de 2010) no se ha producido tal hallazgo. En cualquier caso, el hecho de que en la zona entre Víznar y Alfacar el poeta fuese asesinado y enterrado hace que se le rinda homenaje a través del Parque Federico García Lorca, ya en Alfacar. No está especialmente cuidado, pero es un bonito lugar para el recuerdo del autor, entre otros, de La casa de Bernarda Alba.

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Para cerrar la excursión estuvimos recorriendo Alfacar en busca de una panadería, ya que el pan de Alfacar es un producto de calidad y fama reconocida. Tanto los ingredientes como las condiciones climáticas de la zona generan un producto que ha sido reconocido con el sello de Indigación Geográfica Protegida. Sin embargo, nuestro gozo en un pozo: no encontramos una sola panadería y nos tuvimos que quedar con las ganas.

Con ese pequeño chasco se ponía fin a un viaje que, por otro lado, había salido a pedir de boca. Habíamos recorrido Granada de principio a fin quedando encantados con la belleza de la ciudad nazarí, y como guinda hicimos una bonita excursión por el Parque Natural Sierra de Huetor. La provincia aún tiene mucho más que ofrecer, así que… ¡Volveremos!

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