Granada ’10 – Capítulo IV: Alhambra y Albaicín (día 3)

Hay determinados lugares que todo ser humano debería visitar alguna vez en la vida. La Torre Eiffel, el Taj Mahal o el Gran Cañón del Colorado son sólo algunos ejemplos de una lista en la que, por supuesto, se incluyen los protagonistas de esta etapa del viaje: la Alhambra, el Generalife y el Albaicín. Tan ilustres son dichos lugares que el día anterior nos enteramos por la televisión, con cierto espanto, de que se hallaban incluidos en las vacaciones que Michelle y Sasha Obama (mujer e hija del presidente de EEUU) estaban llevando a cabo en España. Vamos, que coincidiríamos con ellas y con todo su séquito, lo cual nos producía una pequeña intranquilidad: ¿Cerrarían algún sitio? ¿Cortarían calles?

Granada 113En cualquier caso nosotros no alteramos nuestros planes, y comenzamos el día tal y como habíamos previsto. Cuando compras la Granada Card fijas el horario para visitar la Alhambra y el Generalife, y nosotros elegimos el último día a las 10:00. Hay que estar una hora antes, por lo que desayunamos prontito y fuimos caminando desde el hotel.

El acceso es un poco caótico. Está muy bien organizado (colas distintas para reservas por internet, para Granada Card, para gente que va a comprar) pero la afluencia de gente es tal que es difícil que no surjan imprevistos. Hay mucho personal que te orienta en todo momento, lo cual es de agradecer, y tras unos minutos de espera accedimos al recinto. En el conjunto Alhambra + Generalife hay infinidad de cosas para visitar, y aunque se va con total libertad hay una norma que se debe respetar: cada tícket da acceso a los Palacios Nazaríes a una hora en concreto. Si no se está en ese momento en el acceso se pierde la posibilidad de entrar a la auténtica joya de la corona de este impresionante recinto.

En nuestro caso, entramos a las 9:00 y teníamos una hora por delante, por lo que aprovechamos para ver algunas cosillas. Es recomendable llevar calzado cómodo, pues hay que andar durante toda la visita. Sin embargo, también hay que decir que el calor no es un problema: hay muchas sombras, fuentes y puestos de bebida en los que refrescarse.

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Lo primero con lo que nos topamos fue con varios vestigios arqueológicos de la antigua Medina. La gente pasaba de largo, pero como os podéis imaginar nosotros estuvimos un buen rato observándolos y comentándolos. Siguiendo con el recorrido pasamos delante de la Puerta de los Siete Suelos, una de las cuatro que hay en el exterior del recinto. En su momento servía de acceso a la zona alta de la medina, y lo que se ve en la actualidad es una reconstrucción echa en los años 60 del siglo XX a partir de representaciones previas a que los franceses la destruyeran por completo durante el transcurso de la Guerra de Independencia.

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Granada 119Los problemas derivados de que ese mismo día fuese a visitar la Alhambra parte de la familia Obama se traducían en una gran presencia de los medios de comunicación más variopintos. Además comprobamos algo muy propio de España: como tocaba una visita ilustre había infinidad de jardineros y limpiadores aderezando el lugar.

Granada 120Como sólo teníamos una hora desde que entramos hasta el momento en el que debíamos visitar los Palacios Nazaríes pasamos delante de cosas que visitaríamos después. Eso sí, después de consultarlo con un guía decidimos ir a ver la Alcazaba, pues según él teníamos tiempo de sobra. Por cierto, a esta parte del recinto sólo se puede entrar una vez.

Granada 121Recorrer la Alcazaba supone conocer un lugar muy especial, con un uso algo distinto a otros edificios de estas características. En general, al margen de ser fortaleza en tiempos de guerra, estos lugares son para albergar al ejército en tiempos de paz. Sin embargo, en este caso se trata del área residencial para la guarnición de élite del Sultán. Utilizando términos modernos se podría hablar de esta zona como la de máxima seguridad de la Alhambra. Por eso, no debe sorprender encontrarse con construcciones como la Torre del cubo, prácticamente inexpugnables.

Sin lugar a dudas, lo que más nos gustó fueron las vistas. Al ser una construcción defensiva ofrece unas panorámicas muy interesantes y variadas: desde los tejados del Albaicín (en una instantánea que nos recordó mucho a Bolonia) hasta los propios jardines de la Alhambra, sin olvidar la propia Abadía del Sacromonte. Tenemos decenas de fotos desde otros tantos puntos de vista, por lo que se podría decir que lo que más nos gustó de la Alcazaba fue todo lo que no está en ella.

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Otra zona muy interesante del recinto defensivo es el Barrio castrense, muy en la línea de lo que os hemos dicho un par de párrafos atrás. Se trata de una explanada en la que se conservan los cimientos de las viviendas de las tropas de élite del sultán. Lo bueno es que se puede observar desde una doble perspectiva: al nivel de los vestigios arqueológicos y con una vista cenital muy interesante desde un pequeño paseo de ronda que sale desde la Torre del Cubo.

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La visita por la Alcazaba no debería llevar más de media hora, aunque se puede prolongar tanto como te gusten la Historia, el Arte y la Arqueología. En nuestro caso, como os podéis imaginar, apuramos el tiempo al máximo y nos fijamos hasta en el último detalle. Por ejemplo, estuvimos un buen rato debatiendo sobre la reconstrucción de la Torre de las Arras, y pasamos unos minutos identificando las distintas estancias de unos antiguos baños. Por cierto, queremos hacer una advertencia: si vuestro presupuesto os lo permite coged la audioguía. Nosotros no lo hicimos porque generalmente suele haber carteles y folletos, pero en la Alhambra no hay apenas explicaciones.

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Granada 129Pero, como ya hemos dicho, el principal atractivo de visitar la Alcazaba es disfrutar de las interesantes vistas que ofrece. Aunque ya era nuestro tercer día en Granada el Albaicín no lo visitaríamos hasta después de la Alhambra, por lo que cada panorámica del barrio servía para ponernos los dientes largos y, en cierto sentido, desear que llegase la tarde.

Eso sí, aún quedaba una última sorpresa antes de dejar atrás la Alcazaba: la Torre de la Vela. Se trata del punto más alto de la Alhambra, y desde allí las vistas son sencillamente inigualables. Os pondríamos más fotos, pero con las tres o cuatro ya os podéis hacer a la idea de que merece la pena infinitamente buscar cuantas panorámicas sean posibles. El caso es que este recinto defensivo nos encantó, y aunque se suele hablar siempre del Generalife o de los Palacios Nazaríes también queremos romper una lanza en favor de la Alcazaba.

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Una vez recorrida la Alcazaba, aprovechamos para hacer un pipí y fuimos al punto de acceso a los Palacios Nazaríes. Había una cola bastante larga, pero cuando llegó la hora convenida empezamos a pasar todos a buen ritmo. ¿La primera sensación que te deja esta parte de la Alhambra? Fría, muy fría. Para nuestro gusto entran demasiadas personas por turno, y en las primeras estancias que se visitan es casi imposible hacer una foto sin bicho o moverte sin chocarte con alguien. Incluso se produce una cierta sensación de agobio: flashes por todas partes (a pesar de estar prohibidos), calor, lloros de niños, tapones para cambiar de estancia… En fin, es lo que suele pasar en sitios tan turísticos. Sin embargo, en seguida nos acordamos del Museo de Altamira, donde también hay miles de visitantes cada día y sin embargo todo está organizado de tal manera que no hay sensación de agobio.

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Lo dicho, en las primeras estancias estábamos bastante decepcionados. Sin embargo, en cuanto se empieza a andar y el grupo se disipa por los diferentes ritmos de la gente (nosotros solemos ir bastante despacio) la cosa adquiere tintes normales. Pronto empezamos a quedar maravillados con las distintas estancias de los Palacios Nazaríes. La primera que llamó nuestra atención fue el Patio del Cuarto Dorado, el lugar de acceso a la sala en la que el sultán recibía a sus súbditos. La sala impresiona por sí sola, aunque quizá nos quedó mejor recuerdo del patio por ser el primer sitio en el que no nos sentimos agobiados. También nos gustó mucho el Patio de Comares (también conocido como Patio de los Arrayanes o Patio de la Alberca), pues a pesar de que el agua tenía un color verdecino respondía a las mil maravillas a la idea preconcebida que llevábamos de la Alhambra.

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Alrededor de esta zona es donde se encuentran tres de las estancias más interesantes de todo el conjunto de la Alhambra: la Sala de la Barca, el Salón de los Embajadores y el Baño de Comares. Las tres son estancias pertenecientes a la Torre de Comares. Con sus 45 metros de altura es la mayor de todas, y su ornamentación es sencillamente impresionante. Es una pena que nuevamente aquí hubiera un exceso de gente, pero aún así es un recinto imprescindible y que deja boquiabierto a todo el que entra en él.

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Granada 139En algunos momentos la visita a la Alhambra, por cuestiones de establecer un recorrido más o menos lógico por todo su interior, hace que el visitante se desoriente o que visite sitios en los que ya ha estado. Eso no siempre es malo, pues en nuestro caso quedamos encantados al disfrutar de una gran perspectiva de la ya citada Torre de Comares.

La gran decepción (no solo de la Alhambra, sino de todo el viaje) fue el Patio de los Leones. La belleza del lugar está fuera de toda duda, así como su significado histórico y su interés turístico. ¿El problema? ¡Estaba en restauración! Andamios, lonas, fuente inaccesible… Un desastre, vamos. Los animales protagonistas del patio estaban en la exposición “Leones. La restauración de un símbolo“, pero os podéis hacer a la idea de que no es lo mismo. Una pena que prolonga nuestra maldición de que allá donde vamos siempre hay algo en restauración. Pero bueno, como siempre vemos el lado bueno de las cosas hay que decir que esto es una excusa perfecta para volver a Granada en el futuro y resarcirnos.

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A partir de aquí la visita fue más fluida, pues casi todas las estancias que quedaban (Sala de los Abencerrajes, Sala de la Justicia, Sala de las Dos Hermanas…) estaban también en restauración. Es muy incómodo visitar un sitio en obras, porque aparte de lo mucho que afean los andamios también se limitan los sitios de tránsito. Total, que estábamos en pleno momento “bluf” y el último tramo de la visita a la Alhambra nos pareció igual de decepcionante que el primero.

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Excepción a este mal sabor de boca son las Habitaciones del Emperador, una serie de estancias que Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico mando establecer tras su primera visita a la Alhambra en 1526. El mundo es un pañuelo, pero la Historia más: en una de las salas hay una inscripción que recuerda que Washington Irving no sólo se hospedó allí, sino que fue el lugar en el que escribió sus populares Cuentos de la Alhambra.

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Una pena, pero a pesar de todo los Palacios Nazaríes no nos dejaron mal recuerdo. Fue una visita a medio gas que esperamos repetir en el futuro con todo su esplendor. Además, aún quedaban muchas cosas por ver, y tras un tiempo bajo techo nos apetecía caminar un buen rato por los jardines. Así, hicimos un recorrido que nos llevó por el Patio de Lindaraja, por el Partal, por diferentes vestigios arqueológicos… El camino más corto o lógico hubiera sido seguir hacia el Geeneralife, pero por la hora de nuestra visita a los Palacios Nazaríes teníamos que volver a visitar algunas cosillas a las que todavía no habíamos entrado.

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Nuestros pasos nos llevaron al Palacio de Carlos V, un enorme edificio mandado construir por el emperador y que es el auténtico pionero del manierismo en España. Como ya hemos dicho, tras pasar unos meses en la Alhambra su majestad cesárea quedó encantado, por lo que quería tener un palacio propio en el sitio acorde con su estatus. Es evidente que arquitectónicamente rompe un poco el esquema del resto de la visita, pero aún así su belleza hace que sea una de las partes principales de la visita.

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Lo mejor de todo es que al margen de ser un edificio precioso en su interior alberga dos interesantes museos. El primero que visitamos fue el Museo de Bellas Artes de Granada, cuya entrada está incluida en la Granada Card. Es una pinacoteca bastante relevante, pues no sólo es la más antigua de España sino que además tiene una colección muy buena (en especial nos gustó la parte de Alonso Cano y sus seguidores). Cerca de él está el Museo de la Alhambra, no tan interesante ni tan bien montado. Ofrece muchos de los hallazgos arqueológicos que se han producido en el conjunto, aunque como ya decimos nos gustó menos que el de Bellas Artes.

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Y a unos pasos está la Iglesia de Santa María de la Encarnación de la Alhambra, conocida generalmente como Iglesia de Santa María de la Alhambra. Está construida sobre las ruinas de la gran mezquita real, proyectada por Muhammad III. El templo cristiano se comenzó a edificar en 1581, y a pesar de su sencilla fachada el interior está cargado de obras de arte muy interesantes: desde una figura del Ecce Homo hecha por Pedro de Mena hasta una pila bautismal en forma de concha.

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Terminamos de apurar esa interesante zona con una visita al Baño del Polinario, que en tiempos era el hammam anexo a la mezquita. Data de comienzos del siglo XIV, pero fue tremendamente transformado durante el siglo XIX. Se supone que alberga el Museo Ángel Barrios, pero nosotros no vimos nada relacionado con el músico. Probablemente no viésemos un acceso o algo por el estilo, ya que estábamos bastante ensimismados con la arquitectura del edificio (que, por otra parte, es preciosa). Eso sí, a la tarde veríamos un hammam que nos dejaría totalmente enamorados.

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Al terminar esa visita pusimos rumbo al Generalife, no sin antes atravesar otros interesantes jardines. En ellos destaca la presencia de numerosas construcciones defensivas, como la Torre de la Cautiva (uno de los espacios más destacados desde el punto de vista decorativo según la web de la Alhambra, aunque nosotros la vimos cerrada a cal y canto) o la Torre de las Infantas (que debe su nombre a las princesas Zaida, Zoraida y Zorahaida, y que también estaba cerrada).

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De este modo, por fin, llegamos al Generalife, otra de las estrellas del conjunto. Era la villa que los reyes musulmanes de Granada utilizaban como lugar de descanso. Tiene un toque teóricamente de villa rural, pero con el lujo inherente a un lugar destinado a tan ilustres moradores. Con el tiempo tanto los edificios como los jardines han sido muy reformados, pero conserva buenas muestras del precioso estilo nazarí. Está considerado unánimemente como uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura civil musulmana, y su visita es todo un regalo para los sentidos como ahora vais a poder ver.

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El acceso, al igual que pasaba en la Alcazaba o en los Palacios Nazaríes, sólo se puede hacer una vez. En cualquier caso, desde el primer momento queda patente por qué se trata de uno de los lugares más bellos de la Península Ibérica. Su estancia más reconocible es el Patio de la Acequia, cuyo abanico de sensaciones es impresionante. Vista, olfato, oído y tacto se ven prácticamente desbordados ante la belleza de la acequia, el sonido del agua, el aroma que desprenden las flores… Un sitio muy interesante, la verdad. No es especialmente grande, pero la visita se puede prolongar tanto como nos dejemos llevar por su belleza.

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Arquitectónicamente es impresionante. La ornamentación nos volvió a recordar a la que vimos en los momentos más brillantes del viaje a Marrakech y Essaouira. Eso sí, lo que no es comparable a nada que hayamos visitado antes son las vistas, pues desde las distintas estancias del Generalife hay unas panorámicas de lo más interesantes de la Alhambra y de la propia ciudad de Granada. Un lugar muy interesante también para fotógrafos, pues había un montón de gente cámara en mano jugado con luces y perspectivas.

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El caso es que este era el último tramo de la visita al conjunto de la Alhambra y el Generalife. Aún quedaban los últimos destellos, como por ejemplo el Jardín de los Cipreses (también llamado Jardín de la Sultana), un lugar bastante modificado en época cristiana pero en el cual perduran los ecos de las leyendas más interesantes del lugar. Al parecer, este fue el sitio elegido para los encuentros de la esposa de Boabdil con un caballero perteneciente al clan de los Abencerrajes (parientes del propio sultán). Un lugar pintiparado para el amor y para la imaginación, aunque también para la morriña: con él decíamos adiós a uno de esos enclaves que todo el mundo debería visitar alguna vez. Realmente nos embargó una sensación de nostalgia inmediata similar a la que sentimos al visitar Medina Azahara un par de años atrás.

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La visita a la Alhambra es bastante larga, y a estas alturas estábamos que nos moríamos de hambre. Eso sí, estábamos en la parte alta de la ciudad y teníamos todavía un largo descenso. Se podía hacer en autobús, pero fuimos andando para ver alguna cosilla interesante como la Puerta de la Justicia (de mediados del siglo XIV), el Pilar de Carlos V (cuya composición representa los tres ríos de la ciudad: el Darro, el Beiro y el Genil) o una estatua de Washington Irving que volvía a recordar el papel del literato americano en la ciudad. Es curiosa la relación que tienen algunas ciudades de España con escritores de EEUU, más o menos como Pamplona con Ernest Hemingway y los sanfermines.

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Granada 176El recibimiento de nuevo en la ciudad nos lo dio la Puerta de las Granadas, erigida en 1536, que fue creada con la intención de servir de entrada de postín a la Alhambra. Fue proyectada por Pedro Machuca, el cual también construyó el Palacio de Carlos V, y por tanto se observan algunas similitudes entre ambas edificaciones.

Aunque ya íbamos como zombies buscando sitios para comer, al llegar a la Plaza de Santa Ana decidimos aguantar un poco más antes de saciar nuestro apetito y darle un buen repaso a la plaza. No son pocas cosas las que hay aquí, aunque quizá lo más destacado sea el tridente formado por la Real Chancillería (actual Tribunal Superior de Justicia de Andalucía),la  Iglesia de Santa Ana y el Museo de San Juan de Dios (ubicado en la Casa de los Pisa). Éste último fue el que motivó la espera para comer, pues cerraba en poco tiempo y queríamos aprovechar para echar un ojo. El museo como tal es de pago y está dedicado a la vida de San Juan de Dios, pero como el tema no nos llamaba demasiado nos limitamos a visitar su interesante patio interior (lo cual se hace totalmente gratis). Por cierto, muy amable el personal del museo.

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Sin embargo, el hambre ya no perdonaba y no tuvimos más remedio que ir a comer. Por suerte, Granada tiene muchas zonas de tapeo, y a unos pasos de donde estábamos se encontraba la calle Elvira. En ella había muchas opciones, por lo que antes de pasar a ningún sitio decidimos echar un ojo por la zona. Al final pasamos a dos establecimientos: Taberna Salinas, donde nos pusieron como tapa un plato de carne en salsa con patatas; y Bar León, donde el acompañamiento era un plato de paella. En conclusión, nos pusimos hasta arriba por poco más de 7€. Para rematar la jugada, volvimos a la Plaza Santa Ana, donde nos compramos un helado cada uno y estuvimos un rato sentados a la sombrita.

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El descanso tomando el helado sirvió además para preparar la tarde, en la que por fin le hincaríamos el diente al último barrio que nos faltaba: el Albaicín (también lo podéis encontrar escrito como Albayzín). Es de origen andalusí, y en sus calles combina la presencia de edificios de renombre con una magia inexplicable que se proyecta a través de su gente. Da gusto pasear sin rumbo entre sus pequeños edificios, a cada cual más cargado de Historia y de leyendas. Eso sí, al igual que ocurre con la Alhambra el poblamiento es en altura y es recomendable calzado cómodo.

La incursión por el Albaicín comenzó bordeando el río Darro, y subiendo por una calle que aunque cambie de nombre (primero es Carrera del Darro y luego Paseo de los Tristes) nunca deja de ser preciosa. Es un lugar bastante romántico para pasear, pues aunque de vez en cuando pasa un coche en general se puede ir tranquilamente cerca del río, contemplando las diferentes estructuras que en su día servían para pasarlo (Puente Cabrera, Puente del Cadí) o para protegerlo (Puerta de los Tableros).

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El edificio más interesante de todos los que vimos en este paseo fue, sin duda, el Bañuelo (también llamado Baños del Nogal). Entrar es gratis, y hacerlo supone pasar al edificio civil más antiguo de la ciudad y al mejor hammam (desde el punto de vista de la conservación) de los que quedan en pie. En la actualidad está enmarcado en una casa remodelada de época cristiana, pero tras cruzar un patio se entra a las típicas estancias de baño. Lo más bonito, como de costumbre, las claraboyas del techo, que servían para ventilar, regular la climatización y dar luz. Estuvimos un buen rato en este edificio, no sólo porque nos gustó mucho sino porque fuera hacía mucho calor y aquí estábamos fresquitos.

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Granada 189El momento “el mundo es un pañuelo” llegó subiendo estas calles, pues nos encontramos con unos antiguos compañeros de la universidad. Siempre es agradable encontrarse con viejos conocidos, y más con gente a la que también le gusta la Historia, pues lo primero que nos preguntamos fue si habíamos visto la tumba de los Reyes Católicos.

El encuentro se produjo cerca de la Casa Árabe de Zafra, que veis en la imagen superior. La calle está llena de edificios históricos, y prácticamente a cada paso había un panel informativo sobre cada punto de interés (algo muy bien planteado en Granada y que desde luego se agradece). Así, nuestros pasos nos llevaron a la Casa de Castril (de estilo mudéjar, y que alberga el Museo Arqueológico, aunque nos quedamos con las ganas de visitarlo por estar en obras), a la Iglesia de San Pedro y San Pablo (que aunque data del siglo XVI es de las más recientes del Albaicín), al Convento de San Bernardo (fundado en el siglo XVI, aunque el edificio actual es del siglo XIX) y a la Casa de las Chirimías (una torre mirador que ha sido utilizada tradicionalmente por el Ayuntamiento para contemplar las fiestas que se celebraban en una explanada junto al río Darro, hasta que esta se transformó en el Paseo de los Tristes).

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Granada 194Así llegamos al Paseo de los Tristes, que no es más que una continuación de la calle por la que íbamos. Fue una pequeña decepción, pues aunque es bonito tampoco se diferencia mucho de las calles de alrededor. Por cierto, recordemos que estaba visitando la visita la familia de Obama, pues la presencia de policía cada vez era más notable.

Granada 195De hecho, subiendo por la terrible Cuesta del Chapiz (su gran inclinación fue una auténtica tortura para nuestros gemelos, ya de por sí cansados) vimos pasar varias patrullas que se iban colocando cada pocos metros. Pensamos que en ese momento pasarían Michelle y Sasha Obama, pero no hacían más que tomar posiciones para unas horas después. Nosotros seguimos a lo nuestro, pues nos quedaba mucho por ver, pero junto a los policías se empezaban a agolpar todo tipo de curiosos que querían una instantánea de tan ilustre visita… no sabemos muy bien para qué.

En la misma calle por la que subíamos estaba el Archivo Histórico de la Ciudad de Granada, el cual estaba cerrado. Al final de la cuesta (cuando nuestras piernas ya se habían roto en mil pedazos) estaba la Iglesia de El Salvador. En una plaza en frente de la misma hicimos un descanso, pues no podíamos más, y aprovechamos para comprar una botella de agua en la tienda de un argentino. Tras coger unas pocas fuerzas llegamos al Convento de las Tomasas. Realmente es mucho más interesante que el propio convento el aljibe de las Tomasas, un depósito de agua del siglo XII.

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Granada 200No dejábamos de subir, puesto que el objetivo final era el Mirador de San Nicolás, el que para muchos ofrece la mejor panorámica de la Alhambra. No está muy bien señalizado, por lo que la mejor forma de saber que se ha llegado es toparse con la torre blanca de la Iglesia de San Nicolás. Es bastante sencillo llegar al lugar en transporte público, por lo que aunque nosotros ya llevábamos una buena caminata a nuestras espaldas había bastante gente para la que el mirador era el punto de partida de su recorrido por el Albaicín.

Como se ve en la foto de abajo a la izquierda, las vistas son impresionantes. Siempre habían tenido fama, pero viven en un boom constante desde que en 1997 el presidente de EEUU Bill Clinton dijese textualmente que “el atardecer que se contempla desde el mirador de San Nicolás es el más bonito de la Tierra”. Aunque las vistas sean increíbles, la zona no nos terminó de gustar por ser la que más sensación de inseguridad nos dio en todo el viaje. Había bastantes manguis, así que mucho cuidado con carteras y bolsos porque se acercaban a los turistas sin ningún pudor. Por otro lado, se había corrido el rumor de que las Obama iban a subir al mirador, por lo que se empezaba a ver movimiento de furgonetas de prensa.

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Sobre la marcha decidimos que lo que haríamos en lo que quedaba del día sería ver el resto del Albaicín, ir a darnos un baño en la piscina del hotel y volver al mirador de San Nicolás a ver atardecer. Dicho y hecho, por lo que seguimos nuestros pasos ahora en dirección descendente. No sabemos muy bien como llegamos de un sitio a otro, ya que aquí la herencia andalusí se traduce en calles sinuosas en las que es fácil perderse. El caso es que acabamos viendo distintos puntos de interés como el Algibe del Rey (cerca de él está el Centro de Interpretación del Agua, y aunque estaba cerrado, después de una Expo 2008 centrada en el agua nos hubiera gustado verlo), el Palacio de Dar-al-Horra (incomprensiblemente cierra por vacaciones en julio y agosto, que es cuando más turismo hay en la ciudad) o la Iglesia de San Miguel Bajo.

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Caminar cuesta abajo no es tan cómodo como parece, pues no solo se cargan las piernas sino también la espalda por ir haciendo de contrapeso. Así, poco a poco seguíamos bajando en altura pero también en energías. Una buena parada para descansar es la zona de sombra ubicada entre la Iglesia de San José y el Alminar de San José, pues hay escaleras en las que sentarse y además corre el airecillo.

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En el recorrido por el Albaicín andábamos buscando una calle que Eri recordaba de pequeña, aunque no sabía cual era. Finalmente dimos con ella: sale desde el Convento de San Gregorio, y es una cuesta que está llena de teterías y de tiendas de producto árabes. Es lo más parecido que hay en Granada a un zoco (mucho más auténtico que la Alcaicería, aunque con un tufo a cazaguiris que tira para atrás). No nos tomamos nada ya que teníamos muchas ganas de ir a la piscina, pero sin duda parece un lugar de lo más recomendable para hacer un alto en el camino.

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Granada 211Estábamos tan cansados que llegados a este punto nos acercamos a la Plaza de Isabel la Católica, desde donde cogimos un autobús al Paseo de la Bomba. Es una zona muy cerquita de nuestro hotel que desde el coche había parecido bonita, por lo que fuimos a ver como era. De paso entramos en un Mercadona y compramos unos bollos para merendar.

Lo dicho: de ahí fuimos al hotel y estuvimos una hora flotando en la piscina. Cuando parecíamos dos garbancitos, nos subimos a la habitación a darnos una ducha y a descansar un rato, tras lo cual pusimos rumbo nuevamente al Mirador de San Nicolás. Eso sí, nada de ir andando: cogimos el autobús, con lo que se cumplía el último trayecto en bus de los que venían incluidos con la Granada Card.

Al llegar nos dimos cuenta de que las cosas eran muy distintas a como las habíamos dejado unas horas antes: el mirador estaba atestado de cámaras de televisión, fotógrafos y curiosos, por lo que el atardecer íntimo y romántico que habíamos planeado se había convertido en un instante en un auténtico circo. De todos modos tuvimos suerte, puesto que al poco de llegar unos chicos se iban y pudimos “disfrutar” del atardecer sentados.

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Con el paso del tiempo nos fuimos enterando de lo que había pasado: Michelle y Sasha Obama habían esquivado a los periodistas y no habían obtenido ninguna foto de ellas. Se había confirmado que no subirían al mirador, pero éste era el mejor lugar para hacer una foto de la mujer y la hija del presidente de los Estados Unidos. Dado que estábamos allí, pusimos el objetivo largo a la réflex y nos decidimos a estrenar la sección de estrellas invitadas en Edu & Eri Viajes. Bromas aparte, al final nos hicimos con una instantánea que en nada tiene que envidiar a lo publicado en medios de renombre como el Diario de Sevilla o el Diario Vasco.

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Cuando la comitiva de las Obama asomó brevemente por una de las estancias de la Alhambra, se dispararon todos los flashes, y una hora después casi toda la prensa había desaparecido. A partir de ahí el atardecer fue más cómodo, aunque aún quedaban algunos reporteros de televisión para hacer conexiones con el telediario nocturno y curiosos que creían que luego subirían aquí las ilustres visitantes. Nosotros, al margen de lo curioso que fue vivir esa experiencia, nos quedamos con las distintas imágenes que nos regaló el atardecer en la Alhambra. Definitivamente parece el atardecer más bonito del mundo, aunque por si acaso no dejaremos de viajar juntos por todo el planeta en busca de un atardecer que le llegue a la altura.

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Granada 219Más que atardecer, lo que hicimos fue anochecer junto a la Alhambra. La iluminación es de lo más acertada, y contemplar el lugar por la noche es un regalo para la vista. Sin embargo, tampoco queríamos estar hasta muy tarde, pues a pesar de la prensa la zona seguía llena de chorizos varios y no nos sentíamos especialmente seguros.

La vuelta al hotel fue en autobús, con una pequeña trampa: utilizamos nuevamente la Granada Card. Los conductores no comprobaban si el bono turístico era de tres o de cinco días (el segundo incluye hasta nueve trayectos en transporte público), por lo que nos lo sellaron sin más y volvimos al hotel sin cansarnos demasiado y ahorrándonos un par de euros.

Aún nos quedaba un día de viaje, pero ya habíamos recorrido de principio a fin la ciudad de Granada. ¿El balance? Positivo a más no poder, uno de esos sitios, como ya hemos dicho varias veces en este cuaderno de viaje, que todo ser humano debería visitar al menos una vez en su vida.

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