Granada ’10 – Capítulo III: Realejo, Centro y Sacromonte (día 2)

Nuestro segundo día en Granada comenzó con un abundante desayuno en el buffet del Hotel Los Ángeles, pues estaba incluido en la reserva. Había que coger fuerzas, pues nos esperaba un itinerario de lo más intenso recorriendo de principio a fin tres barrios granadinos: Realejo, Centro y Sacromonte. Este último pensábamos ir a verlo otro día, pero como ahora veréis todo se dio tan bien que al final nos animamos a visitarlo en nuestra segunda jornada en la ciudad granadina.

El punto de partida fue nuestro hotel, pues desde allí tomamos la salida para recorrer el Realejo (también conocido como Realejo-San Matías). Este barrio es quizá el menos turístico de la zona centro de Granada, pero teníamos intención de conocer la ciudad a fondo y no queríamos perdernos nada. Lo primero con lo que nos topamos fue con algunos conventos de aspecto bastante moderno, como el Convento de los Ángeles (que da nombre a nuestro hotel) o el Convento de Santa Catalina. Ambos tenían en común las paredes blancas y su mal estado de conservación. No es que se cayeran a pedazos, pero daban bastante peor imagen que otros que veríamos más tarde.

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Como ya hemos dicho, en nuestros primeros pasos los protagonistas fueron los distintos edificios religiosos que hay repartidos por el Realejo. Así, el siguiente que vimos fue el Convento Comendadoras de Santiago, del siglo XVI. Por cierto, a unos pasos estaba el Convento de Santa Cruz la Real, un enorme conjunto fundado por los Reyes Católicos. Eso sí, la desamortización del siglo XIX afectó a la construcción desmembrándola, y en la actualidad lo más destacable es la Iglesia de Santo Domingo, de estilo gótico. Como era bastante pronto estaba cerrada, pero por lo visto tiene una decoración de lo más interesante.

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Desde la Plaza de Santo Domingo nos perdimos un poco, pues las calles no están nombradas como en el mapa. En cualquier caso, tras estrujarnos un poco los sesos conseguimos llegar a la Casa de los Girones, un palacete almohade del siglo XIII que ha conservado algunas estancias originales. De hecho, su salón principal y su patio están decorados con unos estucos más antiguos que los de la Alhambra.

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La verdad es que este primer contacto con el centro de Granada nos estaba dejando un poco fríos, no solo porque los edificios no eran especialmente espectaculares sino porque buscando el Palacio de Bibataubín (el cual no encontramos) nos topamos con un ambiente al que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana en Madrid: atascos, aglomeraciones, contaminación… Por suerte, eso sólo se aprecia en las calles principales, por lo que cuando nos desviamos hacia la Iglesia de San Matías volvimos a disfrutar de un ambiente más relajado.

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La última parada en el Realejo fue el Museo Casa de los Tiros, que recibe ese peculiar nombre por los mosquetes situados en sus almenas. Está construida siguiendo el estilo de casa-torre del norte de España, del cual vimos innumerables ejemplos en nuestro viaje al País Vasco de 2008. El museo del interior no nos gustó nada: fue fundado en 1929 y parece que nadie ha actualizado nada desde entonces. Además, durante nuestra visita hubo una trabajadora del museo que no se despegó de nosotros ni un instante, haciéndonos sentir como delincuentes o algo por el estilo. Por favor, trabajadoras de museos del mundo: ¡NO ACOSÉIS A LOS VISITANTES! Menos mal que la entrada fue gratis, si no nos hubiésemos ido bastante mosqueados. Por cierto, justo al lado de la Casa de los Tiros está el Archivo de la Real Cancillería de Granada.

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Granada 49Y tras esa visita extraña e inquietante llegamos a la Plaza de Isabel la Católica, lo que suponía que dejábamos atrás el Realejo para pasar al distrito Centro de Granada. En este nuevo barrio ya empezábamos a ver lo más “gordo” de la ciudad, y no podía haber mejor bienvenida que el Monumento a las Capitulaciones. Se trata de una impresionante representación creada por Mariano Benlliure en 1892 para celebrar el cuarto centenario del “descubrimiento” de América, en la cual Isabel la Católica y Cristóbal Colón aparecen sencillamente impresionantes.

Sin perder ni un instante empezamos a recorrer la zona ubicada entre y alrededor de las calles Gran Vía y Reyes Católicos. Lo primero que vimos fue el Corral del Carbón (también llamado Alhóndiga Vieja), cuyo bonito acceso nos recordó las esencias del viaje a Marrakech y Essaouira de unos meses atrás. El exterior del edificio es precioso, sobran las descripciones teniendo la foto. Sin embargo, el interior nos decepcionó bastante por estar lleno de sillas y haber perdido toda su esencia. Además, aquí entramos de lleno en el turismo granadino: el edificio está en las rutas de los tour operadores y, como algunos otros lugares, su acceso siempre está concurrido (algo que no nos gusta en absoluto, pero bueno).

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Granada 52A unos metros del Corral del Carbón está el majestuoso Palacio de Abrantes (Palacio de los Duques de Abrantes), del siglo XVI. En él se suelen celebrar actividades culturales, y aunque estaba cerrado su bonita fachada gótica justifica haberse acercado hasta él. Aunque en menor medida, aquí también había turistas nipones con sus flashes.

Y cruzando hacia el otro lado de la calle Reyes Católicos fuimos a parar a un lugar de lo más pintoresco: la Alcaicería. Está ubicada en el mismo lugar que la alcaicería histórica (el lugar donde se comerciaba en las ciudades de al-Ándalus), pero ésta fue destruida por un incendio en 1843. En la actualidad sigue ejerciendo como mercado (más bien mercadillo), y se le ha dotado de un toque supuestamente musulmán que no nos gustó en absoluto: básicamente es un lugar para que los guiris hagan sus compras “andalusíes”. Casi todo lo que estaba en venta lo habíamos visto en Marrakech y Essaouira unos meses antes, pero con la diferencia de que en Granada su precio se multiplicaba por tres o por cuatro.

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El caso es que, se compre o no, la Alcaicería de Granada es un buen lugar de paso para seguir visitando el centro. Así, a través de ella llegamos a la Iglesia del Sagrario, emplazada en el solar de la antigua Mezquita Mayor. Arquitectónicamente reproduce el modelo de San Pedro del Vaticano, con planta de cruz griega inscrita en un cuadrado. El interior, solemne e impresionante a partes iguales, se visita de manera gratuita. Siguiendo la calle, a mano izquierda, está el Palacio Episcopal.

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De este modo llegamos a una de las visitas “estrella” de la ciudad: la Santa Iglesia Catedral Metropolitana de la Encarnación de Granada. Vamos, la Catedral de Granada de toda la vida. Esta obra cumbre del renacimiento, auspiciada por Carlos I y proyectada como mausoleo real, hace sentir pequeñito a todo el que se encuentra frente a su impresionante fachada. El acceso se hace justo por la parte contraria (es un poco lioso, la verdad) y a nosotros nos sirvió para seguir amortizando nuestra Granada Card, pues el bono incluye la entrada. El interior la verdad es que nos decepcionó un poco: majestuoso, sí, pero quizá algo monótono y para colmo hasta arriba de turistas. Además, también hay que tener en cuenta que existen edificios mucho más bonitos sólo a unos metros.

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Granada 61Y, como es costumbre en nuestros viajes, al salir de la catedral nos topamos con un edificio en obras. En este caso le tocó al Palacio de la Madraza, que conserva un mihrab de 1349. Además, el edificio fue la primera sede del ayuntamiento de Granada, por lo que también se le conoce como Ayuntamiento Viejo. Una pena no haberlo podido visitar.

Granada 62La salida a la calle no fue más que un paréntesis obligado al recorrer la Catedral, pues una de sus principales estancias, la Capilla Real se visita como un edificio aparte. De hecho, hay que pagar otra entrada (aunque a nosotros no nos costó nada, pues está también incluido en la Granada Card). Es vergonzoso, pero aún así es una visita imprescindible.

El principal atractivo de la Capilla Real de Granada, al margen de su belleza arquitectónica, es que allí se encuentran enterrados cuatro de los personajes más importantes de la Historia de España: los Reyes Católicos, Juana la Loca y Felipe el Hermoso. El lugar de enterramiento se creó a partir de una Real Cédula en 1504, y desde 1913 toda la capilla se ha estructurado como un museo sobre la figura de Isabel y Fernando. Hay piezas muy interesantes y variadas, pero nada comparable con estar a unos metros de del sepulcro. También queremos destacar, en la parte superior, el Sarcófago de los Reyes Católicos, una escultura de 1517 de Domenico Fancelli cuya absoluta carga simbólica es imposible de describir en unas líneas. Ni que decir tiene que es uno de los lugares más visitados de España.

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Una vez vimos la Capilla Real decidimos poner rumbo al Monasterio de San Jerónimo, pues entraba en la Granada Card y si no lo veíamos antes de comer tendríamos que esperar hasta la tarde, lo cual nos descuadraba los planes por completo. Por eso fuimos hacia él, aunque de camino visitamos varias construcciones interesantes: la Colegiata de los Santos Justo y Pastor, de estilo barroco; el Colegio Mayo de San Bartolomé y Santiago, que en origen era el palacio de la familia Beneroso; el Palacio de los Caicedo, arquetípico de las casas-palacio granadinas; y el Palacio de los Ansoti, que también sigue el modelo granadino y que tiene una portada adintelada con columnas salomónicas muy interesante.

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Muy cerca de nuestro objetivo estaba la Iglesia del Perpetuo Socorro, que es un vestigio del antiguo oratorio de San Felipe Neri. El complejo sufrió muchas transformaciones, aunque especialmente agresivo fue el siglo XIX por la presencia de tropas galas durante la Guerra de Independencia y por la desamortización. Merece la pena pasar, aunque sea sólo un instante, para contemplar el interior de este impresionante edificio.

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Granada 71También queremos destacar el Hospital de San Juan de Dios, una institución que data del siglo XVIII y que sigue funcionando como centro sanitario. De hecho, y aunque no sea muy ortodoxo, como llevábamos toda la mañana caminando y no habíamos visto ni un solo baño aprovechamos para entrar y hacer un pipí.

Granada 72Y, por fin, llegamos al Monasterio de San Jerónimo, todo un símbolo de Granada. Su fundación remite a la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, que tras hacerse con ella ofrecen a las tres órdenes religiosas más importantes lo necesario para establecerse. De este modo, los Jerónimos recibieron una finca con casa, un molino y una huerta. El impulso definitivo para esta impresionante construcción vino de la mano de la viuda del Gran Capitán, que solicitó a Carlos I que el monasterio fuese panteón familiar, algo que obtuvo a cambio de sufragar parte de sus obras.

La visita al Monasterio de San Jerónimo está definida por la estructura interna del edificio. Dicho de otro modo, básicamente lo que se hace es bordear el claustro y desde él se van accediendo a las distintas estancias visitables. Antes de enseñároslas, merece la pena destacar la belleza del propio claustro. A nosotros (especialmente a Eri) nos encantan los claustros, por lo que este edificio nos pareció una delicia.

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Como decimos, a partir de él es posible acceder a distintas estancias como el refectorio o pequeñas capillas. Todo está adornado con obras de arte, aunque el general Sebastiani, durante la Guerra de Independencia, expolió el templo y se llevó un sinfín de piezas relacionadas tanto con la orden de los Jerónimos como con el Gran Capitán. Por cierto, aquí también se dice que no se pueden hacer fotos, cosa que cómo veis no respetamos al no tener ninguna lógica.

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Sin lugar a dudas, la parte más bonita del monasterio (la cual justifica la visita por sí sola) es la iglesia. Quizá los pilares corintios o el lugar de enterramiento del Gran Capitán sean interesantes por sí mismos, pero desde luego lo más destacado es la ornamentación policromada. Vamos, que ver cómo el templo utiliza desde el suelo hasta el techo para representar todo tipo de escenas a través de frescos es sencillamente algo fuera de lo común.

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Granada 81Con la visita al Monasterio de San Jerónimo nuestro recorrido por el barrio Centro de Granada prácticamente había llegado a su fin. Aún quedaban algunas cosillas, como la Iglesia de San Juan de Dios (del siglo XVIII, en la que lo más destacado son sus dos torres con chapiteles), pero lo más importante ya había caído. Aún era prontito, así que fuimos a ver algunas cosas algo apartadas aunque encaminando la ruta hacia una zona en la que poder comer. Por cierto, en este tramo pasamos por zonas algo más degradadas que el centro, con suciedad y cierta sensación de inseguridad.

Y es que, por ejemplo, en las inmediaciones de los bonitos Jardines del Triunfo nos topamos con varias gitanas que vendían romero: muy insistentes, malos modos, cierta coacción… Pero vamos, que con un “no” rotundo no hay ningún problema. Ya en el propio parque estuvimos dando una vuelta, nos sentamos en alguna sombra a descansar un rato (tampoco había demasiadas) y estuvimos viendo a lo lejos el Hospital Real. No nos acercamos a verlo porque pensábamos que no se podía visitar, pero luego hemos visto en internet que si se puede.

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Básicamente nuestros siguientes pasos consistieron en ir derechitos a una de las muchas zonas de tapas que hay en Granada. Eso sí, antes nos dejamos caer por sitios tan interesantes como la Puerta de Elvira o la Iglesia de San Andrés, que ya forman parte del Albaicín. Como primera toma de contacto no estuvo mal, aunque no quisimos ver nada más de ese barrio hasta el día siguiente, cuando ya nos meteríamos a fondo.

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Granada 87Al final fuimos a parar a la Plaza del Carmen, donde además del Ayuntamiento de Granada está el comienzo de una de las zonas de tapas más populares: la que se enmarca entorno a la Calle Elvira. Es evidente que las ciudades no sólo viven, turísticamente hablando, de museos o monumentos, y que las tapas son un atractivo de primer nivel.

¿Qué es irse de tapas? En muchas ciudades de España (quizá la más popular sea San Sebastián) es típico ir de bares en los que por tomar una bebida te ponen un aperitivo bastante hermoso, por lo que si vas a dos o tres sitios prácticamente sales comido. Es una tradición que algunos historiadores remontan a Alfonso X el Sabio, y que en cualquier caso es divertido a la par que un regalo para los sentidos. ¿La única pega? ¡Pues que se engorda! Nosotros fuimos a dos sitios: Navas 14, en el que nos pusieron melón con jamón y unas olivas; y Los diamantes, donde el acompañante fue un plato de pulpo. Total: 7.20€ entre los dos y ya habíamos comido.

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Ya con la barriga llena replanteamos un poco los planes que teníamos. Sin darnos cuenta habíamos hecho todo lo que teníamos pensado ese día, por lo que pensamos en ir a ver el famoso barrio del Sacromonte y así tener el último día para visitar algo de los alrededores.

Granada 90¡Dicho y hecho! Aprovechando que con la Granada Card vienen incluidos cinco viajes en autobuses de la ciudad, cogimos uno de la línea 35 en Plaza Nueva (mejor leed el anexo sobre transportes de Granada, ya que los folletos que te dan en la Oficina de Turismo están desactualizados) y en poco más de diez minutos llegamos a nuestro destino.

Aquí vino un pequeño fallo. Como no teníamos previsto ver el Sacromonte hasta dos días después aún no habíamos perfilado la visita, y en vez de bajarnos en la parada de Abadía del Sacromonte (que te deja arriba del todo y luego vas descenciendo) nos apeamos en la primera parada en la que ponía Sacromonte. Conclusión: a las 14:30, con casi 35º, teníamos que andar casi un kilómetro por un camino de asfalto hasta llegar a lo que queríamos ver. No hay que mirarlo todo por el lado negativo, pues mientras nos derretíamos también fuimos disfrutando de las coquetas casas blancas que configuran el barrio más original de Granada.

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En nuestra particular travesía por el desierto de las carreteras del Sacromonte vimos la Ermita del Santo Sepulcro, que es una especie de oasis en medio de la penuria, pues justo a su lado está el arco de entrada a la Abadía del Sacromonte, de la que ahora mismo os hablaremos. Eso sí, antes hay que decir que todavía quedaban unas cuantas cuestas por delante. Una de las cosas buenas que tiene nuestra forma de viajar es que con el palo del tiempo nuestros pies se han acostumbrado a este tipo de palizas y ahora son unos auténticos todoterreno.

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Y así, tras casi media hora caminando bajo un sol de justicia llegamos a la Abadía del Sacromonte, un lugar con un curioso origen. Resulta que en 1595 se halló en el lugar, entonces conocido como monte Valparaíso, una serie de reliquias de supuestos discípulos de Santiago Apóstol, además de los famosos libros plúmbeos (unas placas de plomo escritas en árabe que finalmente fueron falsificaciones). Una cosa llevó a la otra y tras ese hallazgo se elevaron en el lugar numerosas cruces, se realizó un camino para hacer peregrinaciones y se erigió un templo que poco a poco fue creciendo desde ser una pequeña capilla hasta ser el enorme conjunto que hoy es.

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Desde entonces el lugar en sí es una visita obligada, aunque sorprendentemente no está todo lo orientado al turismo que debiera. Sólo se accede a él a través de visitas guiadas, y sin un horario fijo (en la puerta ponen los minutos que faltan para la siguiente). Nosotros tuvimos que esperar media hora, que aprovechamos a partes iguales entre descansar de la dura subida a la sombra de un árbol y disfrutar de las vistas.

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La visita guiada costó 3€ por cabeza, y al ser una hora tan temprana apenas estábamos una pareja de alemanes, dos italianas y nosotros. A pesar de la mala organización entrar es totalmente recomendable, pues el itinerario incluye distintas estancias de la abadía, un interesante Museo (en el cual hay un valioso ejemplar de Generalidades sobre la Medicina de Averroes) y, sobretodo, las Santas Cuevas. Éstas últimas consisten en una serie de capillas excavadas en la propia montaña, fundamentalmente a fines del siglo XVI, y que no deben faltar nunca en una visita a Granada. No está permitido hacer fotos, y como llevábamos a la guía al lado apenas hubo momento para sacar la cámara.

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Granada 104Tras la visita guiada salimos con los ánimos renovados. No solo se nos había pasado el sofoco (en las cuevas hacía un fresquito que daba gusto) sino que habíamos quedado encantados con la Abadía del Sacromonte. ¿Lo mejor de todo? Que no estábamos más que ante la punta del iceberg, y ahora tocaba descubrir un barrio mágico.

Granada 105Lo que hicimos fue ir desde arriba del todo hasta el Museo Cuevas del Sacromonte (Centro de Interpretación del Sacromonte), un lugar de lo más interesante y que junto a la abadía constituye el principal polo de atracción para los turistas que se acercan al barrio. Antes de eso pasamos por el Museo de la Mujer Gitana – La Chumbera (cuyo acceso está en la foto de arriba), pero por desgracia no abría por la tarde y no pudimos visitarlo. En fin, centrémonos en el Museo Cuevas del Sacromonte: la entrada costó 5€ por persona, y la subida de acceso casi derrota a nuestros pies.

El museo consiste en una serie de once cuevas en las cuales se exponen los aspectos más relevantes de la Historia, la cultura y el medio del Sacromonte. Es una forma de lo más interesante de acercarse a un modo de vida tradicional en el que poblaciones desfavorecidas, desde moriscos a gitanos, han ido configurando una cultura de la cual se nutre fundamentalmente el arte flamenco. De hecho, este género de música y danza tiene en el precioso barrio del Sacromonte uno de sus focos de mayor influencia. Si bien el personal del recinto se reduce a una taquillera de lo más antipática, el discurso expositivo centrado en un ambiente diferente por cueva (vivienda, cuadra, cocina…) está tan logrado que hace que ésta sea una visita imprescindible en la ciudad de Granada, al mismo nivel que la Catedral o que el Parque de las Ciencias.

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Al terminar con el Museo Cuevas del Sacromonte nuestros pies habían dicho basta. Al cansancio del día anterior se le sumaba llevar desde primera hora pateando la ciudad, por lo que decidimos dar por terminado el día. Eso sí, volvimos a aprovechar los trayectos gratis en Bus que se incluyen con la Granada Card, y mientras esperábamos a que el vehículo nos recogiese estuvimos dando una vueltecita final por el barrio.

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Granada 112La última imagen que nos llevamos del Sacromonte sirvió para ponernos los dientes largos y avisar de lo que se venía al día siguiente, pues en el barrio hay un excelente mirador a la Alhambra. Quizá el más popular de la ciudad sea el mirador de San Cristóbal, pero este no tiene nada que envidiar y además ofrece una buena perspectiva de la ciudad.

El día terminó como el anterior, poniendo rumbo a nuestro hotel. Allí pasamos un buen rato en la piscina, cenamos y durante ocho horas echamos un concurso para ver quien era capaz de roncar más. Estábamos muy cansados, pero había que recuperar fuerzas… ¡Al día siguiente nos esperaban la Alhambra, el Generalife y el Albaicín!

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